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miércoles, 16 de noviembre de 2011

TE GANASTE UN DIEZ

La noche oscura, la suave arena y el sonido de las olas reventando en la playa, cubrían su figura y el ruido de sus pasos. Se aproximaba sigiloso como tigre hambriento dispuesto a desarmar al vigilante. Recorría el tramo de costa entre La Colonia y el astillero, en dirección hacia el muelle de los barcos camaroneros. En el trayecto recordó las mil batallas liberadas como oficial del Ejército y en el internacionalismo guerrillero practicado junto a las tropas del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional. También recordó el día que conoció al gringo Rodney Herndon, propietario de la empresa Gulf King.

    Necesito una persona con tu experiencia —dijo el gringo—. Estoy harto de que roben de día y de noche en la empresa.

El teniente coronel Cástulo Manríquez, retirado del Ejercitó y propietario de la empresa de seguridad “El Vigilante”, observaba a Hernán Solano con detenimiento. Chaparro, cuerpo fornido, bigote negro filoso y con una gorra sobre su cabello chiriso, se levantó de la mesa en posición de firmes para estrechar la mano del gringo, aceptando su nuevo puesto como jefe de vigilantes de la empresa.

    Te espero la próxima semana en El Bluff —dijo Rodney.
    Allí estaré puntual —respondió Hernán.

“Cuando me contrataron de vigilante en el turno de día, todos nos mirábamos como hermanos, no teníamos problemas. Pero cuando apareció H4, así le decían a Hernán Solano en el puerto, todo cambió”, dijo Virgilio. Al bajarse de la panga casi se cae al agua y al panguero, al tratar de ayudarle, lo amenazó con la pistola Makarov; “si me tocas te palmo”, le gritó.

El gringo Rodney, junto a Gary Luck, otro gringo, uno alto y barbudo, jefe de la Planta, reunió a los vigilantes de los dos turnos. Éramos veinte, diez de la noche y diez del día. “De ahora en adelante este hombre será su jefe”, nos dijo Rodney y H4 dio un paso de militar frente a nosotros sacando el pecho. Se cuadró con las manos cruzadas en su espalda y nos quedó viendo con mirada de odio, igualito como quien mira a un enemigo. “Conmigo no van a andar jugando; ustedes vigilan, pero yo nos les quitaré los ojos de encima”, nos dijo H4. El gringo Rodney y Gary Luck se volvieron a ver sonrientes y se retiraron a sus oficinas. Luego de presentarnos, H4 cambió el turno de trabajo y los puntos de vigilancia que teníamos asignados: la planta, La Colonia, el portón del muelle, el muelle y el astillero. Nos movió a todos y por temor a perder el trabajo no protestamos. “Desde entonces comencé a celar de noche”, dijo Virgilio.

Se ganó la confianza de Gary Luck. Recorría las cantinas por las tardes y después de las siete de la noche se dirigía a La Colonia con varias botellas de guaro para bebérselas con el gringo. “Eran como uña y carne, pipitos”, dijo Virgilio juntando los dedos índices de sus manos.

El primer conflicto que tuvo H4 fue con los capitanes de los barcos camaroneros. Una mañana, después que descargaron la captura de camarones, varios capitanes se dirigían a sus casas con un saco lleno de pescados y, al pasar por el portón del muelle, H4 no les permitió sacarlos, los detuvo enllavando la cadena del portón. “Se armó una discusión, un molote que tuvieron que llamar a Gary Luck. El gringo les pidió disculpas porque H4 no se daba cuenta de esa costumbre, pensaba que se estaban robando los pescados”, dijo Virgilio. También tuvo problema con los marineros de los barcos. Cuando atracaban en el muelle, después de pescar por la noche, hacían su comida y en varias ocasiones le ofrecieron, pero se negaba a aceptarles bocado. “Ustedes creen que me van a comprar con esa comida de mierda”, les decía. Pero cuando andaba tomando se aparecía por las noches en el muelle, se subía a los barcos y los quería obligar a que le cocinaran a su antojo. Se quejaron con los capitanes y desde entonces era mal visto por todos en el muelle.

“A nosotros nos hizo la vida imposible”, cuenta Virgilio rascándose la cabeza. Se vestía con una chaqueta y gorra negra. En altas horas de la noche recorría los puestos de vigilancia. A varios los encontró dormidos y los desarmaba, colgaba las escopetas de su hombro y las guardaba en la caseta donde tenía su oficina. “Te ganaste un diez”, les decía cuando llegaban sin el arma, amenazándolos con el despido si volvía a ocurrir.

Una noche se fue la energía eléctrica en todo el Puerto. Yo vigilaba en la Planta y H4 se apareció a las once de la noche con sus tragos y los ojos rojos como demonio asustado. Dijo: “ya voy a ir a joder a estos dormilones” y se dirigió a La Colonia. Antonio Pérez, el vigilante de turno en La Colonia, estaba pendiente de su llegada y al aproximarse lo iluminó con el foco. “Pensé que estabas dormido”, le dijo. Habló con Gary Luck y se dirigió hacia el muelle. Antonio le ofreció el foco pero lo rechazó.

A unos veinte metros del puesto de vigilancia ubicado en el astillero, el vigilante del puesto le dio la voz de alto y no respondió. El segundo alto lo dio cuando el bulto estaba como a diez metros. A los cinco metros le dio el tercer alto y H4 seguía sin responder. Escuchamos el escopetazo casi a las doce de la noche. En la mañana vi el cuerpo de H4 tendido en una camilla del puesto de salud con un hueco en la garganta. Al vigilante lo detuvo la Policía, pero a los quince días salió libre. Todos los trabajadores de la empresa le decían al vigilante del puesto del astillero: “Te ganaste un diez”.

En la empresa corrían los rumores de que H4 y Gary Luck eran socios en negocios turbios que hacían a escondidas de Rodney. “Yo escuché decir que cuando el mero jefe estaba ausente vendían camarones en El Rama y de esa manera el gringo logró comprar varias fincas en el Río Escondido. Después me vine para estos lados, cuando la empresa Gulf King dejó de funcionar, dejando en la calle, hambrientos y con deudas a todos los pobladores de El Bluff”, dijo Virgilio al despedirse.

Ronald Hill A.
Viernes, 11 de noviembre de 2011