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jueves, 24 de noviembre de 2011

MACHO TIME

Macho time es el momento que los hombres buscamos para nosotros, sin ellas. No me refiero al tiempo que requerimos para leer nuestro libro preferido, escuchar nuestra música predilecta ni abandonarnos en la soledad para meditar, escribir, pensar en los problemas que debemos resolver por el peso de las cargas diarias o en ella, si es que nos mandó a dormir a la casa del perro, al dog house como decía mi papá.
           
Considero Macho time como ese tiempo que los hombres inventamos, creamos, casi conspirando contra ellas, para encontrarnos con nuestros amigos, nuestros broders, nuestros yuntas, sin que ella participe. Ese espacio con “tus amigotes”, así les llaman ellas, es una necesidad; es innegable, inaplazable, aunque a ellas no les guste. Por supuesto que si las tenemos abrazaditas, dándoles besitos, apapachándolas, acariciándolas o si simplemente estamos acostados en el sofá de la sala viendo la televisión bajo el control de sus miradas, siempre van a estar contentas y felices. Por lo general, nos miran con malicia como tratando de entrar en las entrañas de nuestros pensamientos para adivinar en qué diablos estamos pensando. No te preocupes, así son ellas.
           
Cuando surge la necesidad de ese momento me las ingenio. Hago cualquier cosa por halagarla, estoy pendiente de sus necesidades, como casi siempre, pero con los cinco sentidos en alerta: si hay que barrer la casa lo hago, si tengo que lampacear, lavar el inodoro, recoger la basura, hacer los mandaditos que me encomienda, cocinarle sus antojitos, hermano, no lo dudes, lo hago con el mayor esmero que puedas imaginarte. Pero como me conoce como a la palma de sus manos, “así te conozco”, dice mostrando su mano, es difícil que no descubra mis intenciones. Y de allí para allá busco el pretexto indiscutible para reunirme con mis “amigotes”: “tengo que llevar el jeep al taller, cambiarle el aceite, lavarlo y pastearlo” o simplemente “ya vengo, voy a ir a visitar a los nietos” y me escapo. Eso sí, lo que digo que voy a hacer lo cumplo para no herir sus sentimientos. Ronald Jr., mi hijo, es el rey del ingenio. “Hoy vengo tarde, tengo que salir a hacer un avalúo”, dice y se escapa.
           
El Macho time se planifica, se construye y se organiza. Hoy mejor que antes, por la tecnología, basta una llamada o un mensajito para que te provoquen: “en la gasolinera de los panaderos están a quince las coronas, allí nos vemos”, “en el rancho de Simón están haciendo un chancho al estilo cubano, a las cinco lo comienza a repartir”, “Julio está haciendo una sopa de huevos de toro”, “Harry se volvió loco, tiene a doce las toñas” y así otros indicios más para juntarnos a lo grande.
           
“Ustedes, los hombres, sólo hablan de mujeres cuando están sin nosotras”, dijo Ana, mi nuera. Está equivocada, bueno, no totalmente porque también hablamos de ellas, de ellas, las otras, “las guapas”. “Vieras como está la chavala que tiene el lunar en la nariz”, dijo Charrasca. “Ya te diste cuenta, la Manía anda empaquetada y no se sabe quién se la apeó”, dijo Chico volviendo a ver a Harry y a Rudy. Y entre vieras o fíjate la testosterona sube y fluye, llena el ambiente. Pero también hablamos de otras cosas que se las decimos a ellas, pero entre amigos las hacemos más chistosas. “No jodas, acabó de amarrar 20 vacas por teléfono, mañana caen los billetes, otra tanda por favor para esta mesa”, dijo Aster, mi hijo. “El teléfono de Ronald me lo sé de memoria, chiva andarlo grabado, dos cuarenta y cinco y una treinta y ocho por si aguanta los primeros dos balazos”, dijo Chico.

También nos comentamos cosas al oído, esas que sólo compartimos entre machos y evitamos que ellas se den cuenta. Y los chistes, los que nos hacen reír a carcajadas, son infaltables. El chele de El Verdun, es el rey de los chistes, podes pasar toda la noche a su lado sin que repita uno. Se encuentran dos amigos y uno le dice al otro: “Ideay broder, te veo como mueble de carpintería fina”. “Cómo es eso hermano”, contesta el otro. “Bien pulido, bien acabado” dice y todos ríen a carcajadas. El más picante es el del “huevo de paloma” y si no te lo sabes otro día te lo voy a contar, chiva con ellas. Y es que entre fíjate, vieras, los negocios y los chistes, siempre suena el teléfono de todos, son ellas las que llaman. “Mesero, ya no traiga las cervezas, ya me voy, mi mujer me está llamando”, dijo Aster en voz alta con la llamada activa. “Ya voy amor, sólo una más me voy a beber, ya te pedí un pollito asado” y cualquier otra cosa para prolongar el Macho time.

A la hora de la pagar la cuenta, se divide entre todos. “Celos, vos crees que te cela, es a los reales, no seas baboso”, dijo Chico. Cuando llega el momento no deseado, las despedidas son efusivas y las bromas siguen. “No jodas, te fijas, yo te dije, no te cases, la cagaste todita, ahora tenés que aguantarla”.
           
Cuando regreso a mi casa, entro como gato en casa ajena. Ella ya está dormida, aparentemente, pero apenas siente que me acomodo en la cama se voltea y me da la espalda y, al amanecer, le tengo preparado su cafecito. “Qué barbaridad, nunca te vas a componer, ya estas viejo para andar con ese montón de chavalos”, dice. “Amor, pero si son mis hijos y sus amigos, es un espacio que me relaja y me divierto”, le contestó, pero se hace la loca. Ya no le interesa como antes lo que estoy pensando, esa etapa ya pasó y por eso me imagino el próximo Macho time. A los otros no sé cómo les va, pero he escuchado que varios amanecen en la casa del perro, los mandan al dog house. Y vos, ¿ tenes tu Macho time?

Ronald Hill A.
Martes, 22 de noviembre de 2011