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viernes, 27 de julio de 2012

EL DESARROLLO EN TERRITORIOS TITULADOS DE LA COSTA CARIBE

La economía en los territorios titulados de la Costa Caribe no es homogénea, pero poseen rasgos afines que determinan una racionalidad económica común: se caracterizan por el asentamiento humano de familias (misquitos, sumos, mayangnas, ulwas, ramas, afrodescendientes y mestizos) en una propiedad comunal, explotada por sus integrantes conforme a una lógica productiva orientada a la satisfacción de sus necesidades de consumo y a la reproducción de sus condiciones de existencia; suelen articularse a nivel local en alguna forma de comunidad más amplia que las inserta en una estructura comunal, micro-regional y regional, con base a complejas y diferenciadas relaciones económicas, sociales y culturales.

Sus integrantes realizan diversas actividades en todos los aspectos y diferencias estacionales que se dan en la parcela; el pastoreo y crianza de ganado, aves y cerdos; la preparación y conservación de alimentos y bebidas; el mantenimiento y mejora de instalaciones; el aprovechamiento de los recursos del bosque; la caza y pesca; el tejido y labores artesanales; las operaciones comerciales, de intercambio y reciprocidad; el cuidado de los enfermos, la educación de los niños y la participación en actividades ceremoniales y sociales.

La gestión la ejerce el jefe de la comunidad, pero con amplia discrecionalidad por parte de las personas responsables de las diferentes funciones y tareas. El factor tecnológico está entrelazado con el hábitat, las costumbres y la cultura, y se manifiesta en el saber práctico sobre cultivos, crianzas, clima y medio ambiente, compartido por las distintas comunidades y que se transmite de generación en generación por vía oral y ceremonial. Los medios materiales se asientan todos sobre la tierra poseída y no son valorados, cambiados o desechados por la rentabilidad y ganancia, sino en cuanto a medios de vida con los que se establecen vínculos de pertenencia, afecto y reciprocidad.

Bajo estas condiciones, pareciera que no experimentan dinámicas de expansión y desarrollo, o que sean muy lentos y apenas sujetos a cambios observables. Si existe dinámica economía, ¿cómo se explica que se mantengan en la pobreza y no experimenten un desarrollo humano y social efectivo? El subdesarrollo y pobreza es atribuible al hecho que las formas económicas capitalistas los llevaron a una integración parcial y subordinada en los mercados modernos, al mismo tiempo que mutilaron y desordenaron sus formas tradicionales, con el resultado que no han llegado a contar con los beneficios y oportunidades de aquellas ni de éstas.

El nivel y calidad de vida, evaluado no en términos de la posesión de dinero y productos sino conforme a parámetros de satisfacción personal y social de necesidades, de autonomía y control de las propias condiciones de vida, y de integración social, eran sin duda superiores cuando sus formas económicas distintivas se desplegaban coherentemente sin interferencias de la modernidad, a cuanto lo son ahora.

Esas interferencias han consistido en invasión de los territorios, expropiación de tierras, exterminio militar, imposición de tributos expoliatorios, sustracción de la riqueza acumulada (bosques, recursos marinos, metales preciosos), en la introducción de enfermedades desconocidas para ellos y en exigencias de adaptación a ordenamientos jurídicos que no corresponden a sus formas de vida, a su cultura ni a su organización económica. Sin esas interferencias, después de siglos transcurridos, se hubieran podido desplegar procesos de expansión y diversificación económica que los habría llevado a alcanzar niveles y calidad de vida superiores a los que tienen actualmente.

Con las tierras bajo el dominio y posesión de los pueblos indígenas, cabe preguntarse sobre su futuro desarrollo. La demarcación y titulación es un esfuerzo de muchos otros necesarios. Es preciso recuperar sus valores e identidad cultural lo que se vincula estrechamente a la revalorización de formas de trabajo, tecnología, organización, distribución y reproducción económica que objetivan dichas culturas; formas económicas que se distinguen por consistentes elementos comunitarios y de integración solidaria.

Para que tengan proyección de futuro y contribuyan al desarrollo, es necesario que la revalorización de las formas de organización y de los contenidos fundamentales de la racionalidad económica que le son propias se efectúe, no negando ni contraponiéndose radicalmente a la modernidad, sino aprovechando todos aquellos contenidos que puedan creativamente asimilar y hacer propios sin interferencias nefastas.

El encuentro de esas búsquedas autónomas es el camino para que dichas potencialidades puedan desplegarse eficazmente con el contacto, intercambio de experiencias y el establecimiento de relaciones económicas reales entre esos pueblos y otros grupos humanos que convergen hacia una racionalidad económica similar fundada en la solidaridad y el trabajo.

Ronald Hill A.
La Colina
Nueva Guinea, RAAS.
Lunes, 23 de julio de 2012

lunes, 23 de julio de 2012

LA SUERTE NO ES PARA CUALQUIERA

Tenía más de doce años de trabajar en San Rafael del Sur como ayudante en una vulcanizadora. Su jefe le dijo que su hermano, Vicente, necesitaba con urgencia un ayudante para reparar llantas en Nueva Guinea. Sin pensarla dos veces se decidió. “Me voy para allá, le ayudo a tu hermano y me regreso después de quince días”, le dijo Pablo Emilio Guerrero. Pasó por Diriamba dándoles la noticia a sus familiares y el 10 de agosto de 1978 se bajó del bus en Nueva Guinea.
           
Regresó a  buscar a su mujer, Salvadora Ortega Reyes, y volvió para quedarse definitivamente. “Me gustó. Había más trabajo que descanso, poca diversión y era bastante sano. En esa época llovía trece meses al año, no habían adoquines, ni luz eléctrica, ni agua potable. Pocas casas tenían energía eléctrica: el hospital le vendía luz a don Jesús Valle, el dueño de la única gasolinera existente, y el banco le suministraba a las casas de la ciudadela”, recuerda Pablo Guerrero.
           
Comenzó a trabajar con entusiasmo día y noche, ahorrando en el banco lo más que podía y cambió de trabajo. Lo que le favoreció fue el paro nacional. “El paro es peligroso, ya no vamos a seguir trabajando, si acaso hay algo que hacer me van a ayudar mis muchachitos”, le dijo don Jesús Valle, su jefe. Después del triunfo de la revolución se presentó en el Banco Nacional de Desarrollo a retirar los quince mil córdobas que tenía ahorrados pero le hicieron un préstamo por la misma cantidad. Compró una planta eléctrica, unas planchas, una camionada de tucas que las dio a aserrar e hizo un chinamito donde puso el taller. Darío Chamorro le prestó el lugar y comenzó a trabajar. Vendía gaseosas que el camión se las ponía en el taller, la gente de las colonias las llegaba a retirar y así armó su negocio.
           
Siempre ha jugado la lotería. “En una ocasión, estando en Managua, la vende-lotería me pasaba dejando el billete, lo ponía detrás de un espejo, yo lo retiraba y allí dejaba los reales. Ese día, cuando llegue de mañana a retirarlo, una hija de la vendedora me dijo que habían llevado grave a su mamá al hospital y que lo vendieron en una parada de buses. Se lo sacó un busero que le decían Tinajón, se me llevó el billete 5185 con el premio mayor”, recuerda a carcajadas. Siguió jugando y siempre sacaba premios de mil, dos mil y cincuenta mil córdobas.
           
Un día encontró en la gasolinera vieja de Nueva Guinea al vendedor de lotería, le hizo un abanico con los billetes y escogió uno al azar. Le pagó la mitad del valor y lo guardó en una repisa sin saber qué número era. Al día siguiente le pagó la diferencia y siguió en su trabajo. Días después otro vende lotería de Santo Tomás pasó por su taller y le dijo que en Nueva Guinea había caído el premio mayor. “Saqué el billete, se lo enseñé y casi se muere el hombre, no podía ni hablar, ni respirar, ni nada. ¿Qué fue?, le pregunté. ¡Ay hermanito!, ¡te sacaste el billete completo!, me dijo todo desesperado. Agarré el billete y lo volví a poner en la repisa y me gritó: ¡No lo ponga allí!, ¡se le puede perder!, recuerda Pablo.
           
Fue el 12 de agosto de 1991 cuando la suerte le cambió.  Con el billete premiado numero 11402 se sacó noventa y cinco mil dólares. Se dirigió al banco, mostró el billete al gerente y le solicitó que se lo cambiaran. “Me hicieron un recibo y dos días después me mandaron a llamar para entregármelos. ¿Qué va a hacer con los reales?, me preguntaron. Por ahora no necesito comprar nada, les respondí y dejé los reales allí en mi cuentecita. Con calma me puse a pensar en qué podía hacer y comencé a comprar propiedades. Compré el terreno donde estaba antes la Coca Cola en seis mil dólares y ahora me han ofrecido 220 mil dólares; compre aquí donde tengo el taller, mi casa, donde vive mi mamá y una finca de 250 manzanas”, explica con orgullo.
           
La suerte no lo volvió a abandonar. Seis veces se ha sacado premios grandes. Cuando le pregunté cómo es que hace, si se sabe algún “sontín” para sacársela, se puso a reír y respondió: “es cuestión de estar en la jugada, estoy pendiente de los números que caen y no caen. Todo número es bueno antes de jugarlo. A veces me retiro una o dos semanas y después sigo jugando, pero la suerte no es para cualquiera. Enrique, el que vive allí, indica con sus manos en dirección al frente de su casa, se sacó los 20 millones que rifaba la Cruz Roja. No compró nada, solamente una gran mesa donde pasó jugando desmoche y bebiendo guaro hasta que se le acabaron los reales. Una mañana vi a la vendedora de lotería que bajaba las gradas del parque y seguí trabajando. Cuando la busqué ya no estaba, había doblado para el lado de la gasolinera que puso Lolo Rocha y le vendió mi billete a Severiano Lumbi: el enano se sacó el premio mayor y ya ves, por esos realitos lo mataron en su casa, por eso te digo que la suerte no es para cualquiera”.
           
Pablo Emilio Guerrero siempre sigue jugando la lotería, está pendiente de los números y se entretiene en su taller de vulcanización donde, además de reparar llantas, construye bombas de mecate, fogones y cocinas industriales. Sus hijos, ya mayores, le ayudan y no lo dejan hacer casi nada. ¿En cuánto estima su patrimonio?, le pregunté;  después de hacer cálculos en el aire respondió “creo que tengo más de un millón y medio de dólares”.


Ronald Hill A.
La Colina
Nueva Guinea, RAAS
Lunes, 16 de julio de 2012

jueves, 19 de julio de 2012

LOS NACATAMALES DE JUANITA

Juanita Betancourt tiene más de quince años de elaborar nacatamales en Nueva Guinea. En Managua aprendió y, al trasladarse a esta ciudad, los siguió haciendo. Con su trabajo, cuatro veces al mes los elabora, produce 1000 nacatamales, lo que le permite mantener su casa y a su familia, entre ellos, dos hijos con capacidades diferentes.

En este vídeo te presento a Juanita y el trabajo que realiza. La cena de hoy fue uno de esos deliciosos nacatamales con una buena taza de cafecito. Mira el vídeo dando click.



lunes, 16 de julio de 2012

ANTE LAS DESGRACIAS NOS UNIMOS

Cuando un miembro de nuestra comunidad, un amigo, un familiar o simplemente un conocido tienen problemas, acudimos para tenderles la mano, ponernos a su disposición, para ayudarle en la medida de nuestras posibilidades. Las desgracias nos dejan perplejos y nos unen.

El pueblo de Nueva Guinea, conformado por los campesinos que labran la tierra, los ganaderos, los comerciantes, los trabajadores por cuenta propia, los técnicos y profesionales, es inmensamente solidario. La adversidad ha sido su escuela, han aprendido por los golpes sufridos que dejó una guerra entre hermanos, por huracanes, inundaciones y desbordes de los ríos.
           
En los últimos días, la desgracia provocada por torrenciales lluvias se hizo presente en la comunidad de Puerto Príncipe, ubicada a unos 45 kilómetros al sureste del casco urbano. El río Chiquito se desbordó, provocando que muchas casas quedaran cubiertas por la furia del agua, y resultaran evacuadas y damnificadas más de doscientas cincuenta familias. El pueblo de Nueva Guinea no se hizo esperar y, mediante un hablatón organizado a la urgencia del caso, apoyó como siempre con víveres, ropa, calzado y otros enseres de uso personal.

El alcalde municipal, Denis Obando, y los miembros que conforman el Comité Municipal de Prevención y Mitigación de Desastres Naturales (COMUPRED) se unieron para atender la emergencia. Allí, en el lugar del desastre, ante la adversidad de la gente, al fin se pudieron reunir las instituciones del Estado que por ley deben integrar esa instancia local, presidida por el alcalde militante del Partido Liberal Constitucionalista (PLC). Al fin pudieron coordinar acciones, sandinistas y liberales con sus aliados, para atender a la población afectada. Es su deber y es de esperarse que lo hagan. Nada tiene de raro, pero en el caso de Nueva Guinea, las instituciones del Estado y el gobierno local, caminan como cuando se encuentran dos enemigos: evitan el encuentro cambiando de acera desde que se divisan en la distancia, sin ni siquiera intercambiar miradas.

Si en condiciones normales, en el quehacer diario, el gobierno local y las instituciones del Estado trabajaran de la misma manera, coordinados, reconociéndose ambos como actores vitales para impulsar el desarrollo económico y social, Nueva Guinea avanzaría por otros senderos. La imagen deseada del municipio, construida por todos y todas, únicamente se puede establecer mediante relaciones de integraciones bilaterales, complementarias, formando con ellas distintos caminos para construir una nueva realidad, un futuro mejor lleno de esperanzas, seguridad, libertad e igualdad.
            
Nueva Guinea posee el potencial para convertirse en “la luz en la selva” de Nicaragua. Para ello es urgente que los funcionarios de las instituciones del Estado y el gobierno local se quiten la venda partidista que les nubla el actuar, guiados por slogans vacíos de derecha e izquierda.

Los políticos locales tienen un gran desafío. Trabajar unidos por un pueblo que desea el progreso, la paz y el desarrollo. El reto es enorme, pero la próxima contienda electoral por ocupar la silla edilicia nos mostrará quién es quién y podremos elegir al mejor de ellos porque ante las desgracias nos unimos.

Ronald Hill A.
La Colina
Nueva Guinea, RAAS.
Viernes, 13 de julio de 2012

miércoles, 11 de julio de 2012

LOS CHINOS EN LA COSTA CARIBE DE NICARAGUA

Chinos reunidos frente a su club social (Bluefields, 1930).
Los chinos llegaron por primera vez a la Costa Caribe de Nicaragua en la última parte del siglo diecinueve; la mayoría de ellos se establecieron en ciudades como Bluefields, Laguna de Perlas, El Rama, La Cruz de Río Grande, Waspam y Puerto Cabezas. Tres factores incidieron en el proceso de inmigración china: el descubrimiento de oro en California en 1848, la construcción del ferrocarril transcontinental en Estados Unidos de Norteamérica entre 1865 y 1869, y la construcción del ferrocarril interoceánico de Panamá entre 1850 y 1855. Los principales motivos que provocaron la emigración de los chinos fueron una serie de guerras (guerra del opio de China con Inglaterra entre 1838-1842), rebeliones y desórdenes civiles, así como inundaciones, hambrunas y sequías que hacían difícil la vida en China.

Según Eddie Kühl Arauz, en su libro “Nicaragua: Historia de Inmigrantes”, al recibir la noticia sobre el descubrimiento del oro en California, muchos chinos de la provincia Cantonesa de Kuangtung viajaron en grupos de amigos de la misma villa a Hong Kong donde se embarcaron hacia California. “La mayor parte de ellos pedían dinero prestado a sus familiares o agencia para el viaje con el acuerdo de pagarse una vez estando en California. Les llamaban “coolies” por el hecho de llegar con este tipo de contrato de trabajo. Desde 1849 empiezan a llegar chinos a California atraídos por las minas y los trabajos anexos ligados a la extracción de oro. En 1852 llegan los primeros 195 contratistas de mano de obra china a Hawái, quienes enganchan a más de 20,000 chinos que llevan a California. En 1865 la compañía de ferrocarril Central Pacific Co., empieza a engancharlos para la construcción del tramo entre Santa Fe y San Francisco que fue completado en 1869”.

La construcción del ferrocarril de Panamá se inició en 1850 y el primer tren de pasajeros recorrió más de la longitud total el 28 de enero de 1855; su infraestructura fue vital para la construcción del canal de Panamá a través de una ruta paralela medio siglo después. Los obreros que trabajaron en la obra provenían de Estados Unidos, Europa, China, las Antillas, incluyendo algunos esclavos africanos.

La ruta de tránsito de los chinos hacia la costa Caribe de Nicaragua fue desde California hasta Nueva Orleans por tren y de allí se embarcaban en ferry bananeros con destino al puerto de El Bluff. Muchos llegaron directamente desde Jamaica y otros, después de asentarse temporalmente en Greytown, se trasladaron a Bluefields. La entrada por la costa Caribe era mucho más fácil porque había menos controles migratorios. “En la costa Caribe nicaragüense, el Gobernador General Duarte, por decreto # 31 del 4 de junio de 1895 basado en el articulo 17 de la Constitución de 1893, prohibió el desembarque de inmigrantes chinos en la llamada Costa Atlántica. Posteriormente encontraron maneras como evadir esta medida pagando cuotas por su entrada al país” (Kühl, 2007). En su libro Oral History of Bluefields, Hugo Sujo Wilson señala: “Algunos de los ancianos de Bluefields todavía recuerdan cómo solían traer a los chinos de contrabando. Afirman que algunos de los chinos vinieron en barriles y que a veces hasta los lanzaban al mar cuando había posibilidad de que el barco fuera registrado por personas inconvenientes”.

En 1925 solicitan naturalización el señor Wah Kan Sin, residente en Bluefields, y el señor Juan Ow, residente en la Cruz de Río Grande. En Prinzapolka vivían Willy Lam, casado con María Herrera, y Francisco Onsang, casado con Judith Mendoza (Kühl, 2007).  Después de llegar y establecerse se involucraron en casi todo lo que generaba dinero: exportación, importación, venta al por mayor, venta al por menor, restaurantes, bares, lavanderías, fábricas de ropa, fábrica de jabón, estudios fotográficos, fábricas de confites, fábricas de galletas, transporte y juegos de azar. Fueron los primeros en introducir a Bluefields la mini lotería, conocida hoy con el nombre de “duqui” (Sujo, 1998).

En 1938 el cónsul chino era Zeenag Teh Ing. Ese mismo año, sólo en Bluefields habían 30 negocios chinos (Kühl, 2007). En los días florecientes del predominio comercial chino en Bluefields, la gente mayor todavía recuerda las grandes celebraciones públicas anuales del Kuomintang, el partido republicano fundado por el Dr. Sun Yat-sen el 11 de octubre de 1912. En esas ocasiones repartían en la sede de su club paquetes de dulces a todos los niños que asistían al evento, desplegaban una impresionante cantidad de fuegos artificiales y hacían que un dragón artificial se tragara a una dama, lo que era impresionante para todos los espectadores. Desde los días en que prácticamente todo el centro comercial de Bluefields pertenecía a los chinos, todas las tiendas permanecían abiertas de noche hasta las ocho de lunes a viernes y hasta las nueve los sábados. En aquellos días, la ciudad presentaba un aspecto alegre con todas las luces de las tiendas y las calles atestadas de gente: algunos comprando y otros paseando. La esquina de Wing Sang era la más popular de noche, allí se reunían los hombres para chismear y ponerse al día de las noticias (Sujo, 1998).

Las primeras generaciones de chinos formaban un grupo cerrado; no se mezclaban mucho con la población local. Como inmigrantes en tierra extraña, eran muy unidos; toda disputa era arreglada entre ellos mismos, nunca acudían a las autoridades locales por asuntos relacionados con uno de sus paisanos. Los chinos más viejos, después de establecerse, y cuando tenían la posibilidad económica, mandaban a la China a traer a sus esposas que habían dejado atrás o pedían esposas por correo. Esto se hacía, entre otras cosas, enviando retratos de sí mismos junto con sus pedidos. Pero algunos de los más pragmáticos simplemente se unieron con una de las mujeres locales, con o sin matrimonio. La mayoría de la generación más joven, tanto hombres como mujeres, comenzaron a casarse con personas de la localidad, a veces aun en contra de la voluntad de sus padres (Sujo, 1998). Siendo la mayor parte de los inmigrantes varones, muchos de ellos encontraron en las atractivas mujeres nicaragüenses la pareja ideal para compartir su dedicación al trabajo, al estudio y a la familia;  una de las razones por las cuales la raza china reproduce uno de los mestizajes más interesantes de Nicaragua. 

En Bluefields, algunos miembros de la comunidad china llegaron a ser bien conocidos y populares por motivos especiales. Había un chino llamado Chow Wing Sing que acuñaba sus propias monedas, según Luis M. Chong (2011). También estaba el Sr. John Fong, llamado “Jack” por sus amigos de la ciudad, quien era una atleta multifacético: jugaba baloncesto, balompié, tenis, voleibol y, cuando estaba demasiado viejo para ello, patrocinaba diferentes equipos. Otro personaje era Pim Poy,  tenía un pequeño restaurante, vendía comida muy buena y barata. Tres chinos que eran “verdaderos agricultores”, abastecían con una gran variedad de  verduras de calidad a la ciudad: Mantalón que vivía en Old Bank, así como Chow Ping y Cua Ho que vivían en Punta Fría (Sujo, 1998).

Los jóvenes de esa época se burlaban de los chinos haciéndolos pasar momentos desagradables; se burlaban de su manera de vestir, su manera de comer y de hablar, se mofaban de ellos y hacían toda clase de travesuras, hacían cualquier cosa para enojarlos, porque para ellos la cosa más divertida era oír a los chinos maldecir y pronunciar algunas de las obscenidades locales (Sujo, 1998).

¿Cuál es el legado que la inmigración de los chinos dejó en la Costa Caribe de Nicaragua? Contribuyeron en el abanico multicolor del mestizaje, enriqueciendo con su sangre la multietnicidad y pluriculturalidad de la costa Caribe. Enriquecieron los aromas y sabores de la comida caribeña, lo que perdura para el deguste de las nuevas generaciones. Trajeron ilusiones y sueños que convirtieron en realidad a pesar de la adversidad y nos sirven de ejemplo de que con esmero, disciplina y dedicación se puede salir adelante. Es por ellos que cuando te relacionas con un descendiente de aquellos primeros chinos de apellidos Lau, Sujo, Chang, Cheng, Woo, Siu, Kuan, Chow, Chiong, Wong, Samqui, San-Cam y otros, se puede ver el orgullo en sus rostros.

Ronald Hill A.
La Colina
Nueva Guinea, RAAS.
Domingo, 08 de julio de 2012

domingo, 8 de julio de 2012

LA LAGUNA DE HIDALGO

Hace unos cuatro meses, al fin, un módulo de construcción de caminos raspó el tramo de carretera entre Nueva Guinea y el banco de material llamado Tierra Blanca. De allí extraen miles de metros cúbicos de material selecto para reparar caminos y calles del casco urbano de Nueva Guinea.

Al raspar el tramo, el operario de la motoniveladora selló la entrada de una alcantarilla ubicada a unos 300 metros de la ciudad, (sias caballo, diría Kevin) propiamente frente a la parcela del Sr. Hidalgo donde entra el agua que proviene de su propiedad. Con las lluvias de los últimos días se ha formado una laguna en la parcela del Sr. Hidalgo y el agua se desborda sobre la carretera. Con el paso de los camiones volquetes de la alcaldía, los camiones ganaderos y los IFA el tramo se verá afectado y ya no digamos los problemas de salud que se pueden presentar por el estancamiento de las aguas.

Ni el Sr. Hidalgo, ni el Sr. Palacios, dueño de la parcela donde tiene salida el agua, se han preocupado por plantear esta problemática. Aquí les dejo estas fotos para ver si la alcaldía de Nueva Guinea resuelve el problema, porque el MTI, bien gracias.



Domingo, lluvioso.
08/07/2012

Ronald Hill A.

jueves, 5 de julio de 2012

LA GONGOLONA

El segundo camino que hicieron los fundadores entre la Guinea Vieja y Nueva Guinea salía propiamente frente a un inmenso árbol de Ceiba, el más grande de la entonces colonia. “Una mañana, al salir al claro del camino, vi una gallina de monte grande llamada Gongolona, color azul, pintada, sin cola, echada entre las inmensas gambas de la Ceiba. Al vernos salió volando, le tiré el machete y le saqué plumales nada más, no la maté, se me fue”, recuerda Donald Ríos Obando, uno de los primeros diecisiete colonos que fundaron Nueva Guinea. Desde entonces a ese lugar le llamaron “La Gongolona”.
           
A inicios de la colonización en Nueva Guinea había diversos tipos de aves, entre ellas pavones, gallinas de monte y Gongolona (Crypturellus soui), todas comestibles. La Gongolona pertenece a la familia de las Tinamidae por lo que se les llama Tinamúes. Pertenece al clado (rama del árbol filogenético) de las ratites (Ratitae). A diferencia de otras ratites, los tinamúes pueden volar, aunque en general no son fuertes voladoras. Todas las ratites evolucionaron de las prehistóricas aves voladoras y los tinamúes son los parientes vivos más cercanos de ellas. La palabra Crypturellus soui  es un diminutivo de Crypturus, (género de otro tinamú), proviene del griego kruptus que significa escondida y hace alusión a la cola muy corta que queda cubierta o escondida por las plumas que cubren la cola. El epíteto soui, es el nombre que le daban los indígenas y se refiere a la vocalización del ave.
           
“El primer muerto que tuvimos fue Migdonio Amador. Estaba limpiando el monte en la parcela de don Eleazar Marenco para la siembra de postrera y cortó a una culebra barba amarilla por la mitad, pero un pedazo se le fue. Dejó una burra de monte, se emburró y regresó por la tarde para terminar el trabajo. La mitad de la barba amarilla, la parte de la cabeza, estaba allí y le picó arribita del ojo del pie. En esos tiempos no se usaban botas de hule sino que unos zapatos que llamábamos “burrones”, eran de cuero con tachuelas en la suela. Don Eleazar lo llevó al salto del río el Zapote, al “vivero” y allí murió. Nos pusimos a pensar en dónde lo íbamos a enterrar y nos acordamos del lugar donde vimos a la Gongolona. Allí lo enterramos, a la orilla del camino y desde entonces así se llama el cementerio general de Nueva Guinea”, explica Donald.

A la Gongolona la cazaban con disparos de rifles calibre 22 o las atrapaban con trampas; hacían jaulas de madera donde colocaban cebo de arroz o maíz, con un pedazo de cabuya o un buen bejuco, llegaban y tropezaban quedando adentro. También había palomas pequeñas de color blanco y las comunes. Esas aves ya no se encuentran en la zona, solamente en la reserva biológica “Indio–Maíz”.

“Después de ése siguieron muriendo chavalos, principalmente de diarrea y enfermedades propias de la montaña. Venía el doctor Parajón, por allá, cada seis meses, a vacunar y nos traía medicina. También había un practicante que era guardia que nos daba medicamentos, sobretodo para la malaria. Don Miguel Torres nos enseñó que la cáscara o corteza del arbusto llamado “hombre grande” es bueno para la malaria, aunque bien amarga. También había bastante raicilla o ipecacuana que se usaba para la diarrea, pero por muy amarga no se le daba a los chavalitos”, explica Donald.

En 1967 murió la primera mujer que fue enterrada en La Gongolona. “Era mi esposa, murió de parto, se llamaba Irma Palma Hernández”, recuerda Donald con nostalgia. Con la llegada de nuevos colonos los difuntos se fueron incrementando, algunas mujeres morían de parto o al dar a luz. Para tiempos de la guerra, la Gongolona fue muy visitada. “Se llenó para la guerra, a veces enterrábamos a ocho o más de once. En una emboscada entre San Antonio y San Martín, en un lugar llamado El Infiernito, en una vuelta entre cerros, mataron a once trabajadores de EFOCFASA y los enterramos en la Gongolona. También recuerdo que mataron a otros ocho en una emboscada en el campamento de la misma empresa, allí donde se llama ahora Puerto Príncipe”, agrega.
           
Por la misma mortandad que se dio en tiempos de la guerra no se respetó el ordenamiento de La Gongolona, quedó desordenado. “Habíamos hecho andenes y callecitas, pero la gente no les hizo caso. Por eso es que ahora, cuando entras al cementerio, tenés que caminar sobre las tumbas”, explica Donald.
           
Para Donald Ríos Obando, ex alcalde de Nueva Guinea, La Gongolona debe ordenarse para seguir utilizándose. “Hay lugar todavía pero debe ordenarse, aún demoler varias casas, porque han hecho construcciones muy grandes que ocupan demasiado espacio. Es necesario construir hacia arriba, hacer las bóvedas sobre los familiares que están enterrados. La Gongolona no tiene cerco perimetral y el de alambre de púas está caído en varias partes. Cuando fui alcalde construimos el muro de entrada, en el frente, al lado de la carretera, pero debimos hacerlo todo”, recuerda Donald.
           
Con la guerra muchos perdieron a sus familiares, de ambos bandos, los enterraron allí, vendieron sus parcelas y se fueron para otros lados. Nadie llega a verlos, están abandonados en La Gongolona. Según Freddie Altamirano, director de servicios municipales de la alcaldía, existen más de 1300 personas enterradas y en el día de los muertos solamente un veinte por ciento, unas 300 personas, acuden a visitar a sus familiares, les llevan flores y medio arreglan las tumbas. Ante la problemática existente en la Gongolona, la municipalidad ha construido otro cementerio en la zona número siete del casco urbano llamado “Monte de los Olivos”, en el que existen 546 lotes ocupados y 25 reservados.
           
La Gongolona, esa ave maravillosa, queda en el recuerdo de los primeros colonos de Nueva Guinea, pero los familiares de los sepultados en el cementerio que lleva su nombre, con el paso de los años, los han olvidado por diversas causas. Como tributo a los primeros colonizadores y al ave extinguida en el municipio, el gobierno local debería mejorar el cementerio general mediante ordenamiento, obras de infraestructura y ornato para que ambos, ave y sepultados, perduren en la memoria.

Ronald Hill A.
La Colina, Nueva Guinea.
RAAS
Martes, 03 de julio de 2012