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domingo, 27 de mayo de 2012

ERA OTRO PALO DE MAYO

La primera vez que recuerdo haber visto bailar Palo de Mayo fue en El Bluff. Los black creoles de Bluefields que laboraban como estibadores en el muelle de la aduana se instalaban en una casa vieja de madera donde sus cocineros preparaban la comida. Cuando pasaba por allí, caminando en el andén, cerca de la oficina de don Octavio Bustamante, agente aduanero de esos tiempos, el aroma exquisito de sus panes, rice and beans con coco, turtle meat y carne con huesos en caldillo, me atraía hasta su cocina. Y compartían con alegría: “taste this; taste that, ¿you like it?

Ellos eran los que organizaban el baile del Palo de Mayo por las noches. Lo hacían frente a la casa de dos pisos de concreto que ahora ocupa la Naval, donde había una explanada grande bien engramada. Cortaban un árbol o una rama grande y la sembraban en el lado derecho del andén, como que vas para la aduana. Todos los habitantes lo sabían, por la noche se aglomeraban alrededor del palo que con esmero lo adornaban de cintas, popas y otras cosas, creo que hasta botellas de whisky importado, contrabandeado pues. Fue en los tiempos antes de que surgiera los “barbaros del ritmo”, antes de “Mango Gosth”, hace mucho tiempo.

Ellos también eran los músicos, sus instrumentos eran guitarra, una tina con un orificio del que salía un mecate amarrado a un palo era el bajo, una quijada de mula o caballo que le sacaba ritmo al rozar sus dientes, el colador para rayar coco lo empleaban rascándolo con algo pero su sonido se combinaba con los otros y se armaba el baile con la armonía de sus voces que en ingles contaban sucesos, recordaban su historia, su pasado llenos de orgullo.

Si te estás imaginado lo que ves ahora, estás equivocado. Nada que ver, nada de relajo, nada de ese baile de movimientos estrafalarios, nada de pegarse al cuerpo de la mujer, no se dejaban manosear, nada de agarrase de su cintura menos pegársele como macho en celo de las nalgas tratando de penetrarla por atrás con todo y ropa. Para eso otro lado, la cama el mejor sitio. Era otro Palo de Mayo. Era diferente: las parejas bailaban con orgullo y movimientos sensuales, recordando a sus ancestros y mediante el baile, su ritual, dando vueltas alrededor del palo, los recodaban, los convocaban para que les trajeran dicha, felicidad, un mejor porvenir y agradecerles por la vida, la abundancia, la fertilidad, para que les señalaran el camino a seguir y superar sus temores, sus necesidades.

Ahora es otro Palo de Mayo, son comparsas que recorren las calles al sonido de tululu, el ritual por la vida convertido en mercancía barata que se vende en cualquier lado, en nigth clubs, en fiestas de los poderosos. La herencia ancestral por la vida y su camino se va perdiendo sin que muchos, frente a falsas ilusiones, se den cuenta.




Domingo, 27 de mayo de 2012