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lunes, 29 de octubre de 2012

LA ECONOMÍA DOMÉSTICA O FAMILIAR


La economía doméstica tiene un peso significativo en la economía global del país por la magnitud de la fuerza de trabajo que ocupa y las necesidades básicas de la población que satisface. En ella se realiza habitualmente una importante cantidad de trabajo productivo y se efectúa una insustituible contribución al desarrollo. De ella se han ocupado muy poco los economistas debido a que las familias suelen ser consideradas como unidades de consumo, y no de producción de bienes y servicios y de reproducción de factores económicos.

La economía doméstica no es tan pequeña como aparece en las estadísticas y cuentas nacionales, pues una parte relevante de su producción está orientada al autoconsumo o se distribuye por los canales de la llamada “economía informal” que no deja registros susceptibles de su apropiada cuantificación. Es por esa falta de reconocimiento que podemos hablar de la “invisibilidad” del trabajo doméstico autónomo, lo que se explica básicamente porque su producción no tiene expresión monetaria y, por ello, la dificultad para cuantificarlo y apreciar su magnitud.

El reconocimiento del trabajo doméstico como verdadero trabajo ha tenido lugar a partir de los intentos por valorizar el trabajo de la mujer en el hogar y en función de reivindicar ciertos derechos asociados a dicho trabajo. Determinada la actividad del trabajo familiar, se procede a valorarla con base en los precios que tienen en el mercado bienes y servicios similares (cocinar, limpiar, lavar ropa, hacer compras, atender a los menores y a los ancianos, etcétera).

En la valoración del aporte de la economía doméstica al desarrollo del proceso de producción hay que considerar, además del implicado en la producción de bienes y servicios, el que corresponde a la producción y reproducción de factores económicos. Gran parte de los ingresos de las familias es destinado, a través de los gastos de alimentación, salud, educación, cultura y recreación,  al mantenimiento y expansión de las capacidades laborales, de los conocimientos técnicos y de los valores de integración social y comunitaria. Aunque la parte de los ingresos familiares destinada a estos fines sea considerada habitualmente como “gastos de consumo”, si se analiza bien se trata en muchos casos de verdadera inversión productiva.

La magnitud y diversidad de la economía doméstica difiere según los contextos y niveles socio-económicos. La contribución que hacen en la satisfacción de las necesidades es mucho mayor en familias pobres que en aquellas de nivel medio y alto donde muchas actividades que tradicionalmente eran efectuadas por los integrantes de la familia suelen ser realizadas por trabajo externo contratado: empleadas domésticas, jardineros, vigilantes, choferes, etcétera.

En décadas y años recientes es notoria la realización de actividades que antes se desplegaban en términos mercantiles. En ese sentido, algunos fenómenos inciden en una ampliación de los espacios de la economía familiar: los altos niveles de desempleo,  empleos de medio tiempo, el desarrollo tecnológico que ha llevado al seno del hogar un conjunto de máquinas electrodomésticas y electrónicas que prestan servicios eficientes y facilitan el trabajo, el desarrollo de los medios de comunicación, la computación y la informática que abren formas de trabajo que pueden ejecutarse sin necesidad de salir de casa, la difusión del bricolaje o “hágalo usted mismo”. Además, están en curso ciertos cambios culturales que alteran los roles de los sexos y las generaciones que en alguna medida amplían las actividades productivas domésticas.

¿Existen posibilidades de expansión y perfeccionamiento de la economía doméstica que eleven sus niveles de productividad? La fuerza de trabajo está constituida por personas que no tienen empleos formales y por el uso de tiempos excedentes respecto a los requerimientos del trabajo asalariado. Los medios materiales que se utilizan –la casa, los artefactos, las herramientas y otros implementos– tampoco pueden ser utilizados industrialmente. Los conocimientos tecnológicos, las capacidades organizativas y el financiamiento constituyen un aporte adicional que las familias hacen a la producción. Existe reducción de costos (transporte, transferencia, distribución, publicidad) que no son necesarios y que determinan que la economía doméstica sea económicamente conveniente en ámbitos crecientes. El desarrollo tecnológico reduce el tamaño, el costo de equipos y aparatos para uso productivo con grandes posibilidades de aumentar su productividad.

Otra posibilidad es el desarrollo de una educación que vuelva a preocuparse por las necesidades de conocimiento y formación requerida por la economía y producción doméstica. Pero lo más importante es la necesidad de un cambio cultural que permita descubrir las potencialidades de realización humana implicados en la recuperación de las familias como comunidades de trabajo y vida, integradas en barrios y comunidades dinámicas y en desarrollo.

22/10/2012

MERCADITO CAMPESINO EN BLUEFIELDS


Desde las siete de la noche del día domingo salen con dos botes cargados de productos. Atracan en el muelle a las dos de la mañana y a las cuatro comienzan a atender a los pobladores de los diferentes barrios de Bluefields. Son los productores y productoras del Río Escondido, unos setenta, provenientes de seis comunidades: Paraíso, Se Se, Magnolia, Honk Creek, Belén y Kisimbila. Se rotan cada quince días y, los lunes, “bajan” unos 35 para vender sus productos a precios favorables.

Tienen más de un año de hacerlo con el apoyo de FADCANIC y la Universidad BICU. “Nuestros precios son más bajos, un 20 a 25% más bajo que el de las pulperías”, dijo Salvador Ríos Quiroz, coordinador del grupo.

Venden diferentes productos: carne (de cerdo, res, pelibuey  y de monte: guilla y cusuco), musáceas (plátano, banano, cuadrado), verduras, yuca, quequisque, chile de cabro, carbón, ayote, tamales, etcétera. “El queso es el más apetecido, cada quince días vendemos entre 500 y 600 libras, vuela, no damos abasto”, agregó Salvador.

Si estás en Bluefields, te recomiendo que los visites y degustes su carne asada, su sopa de gallina de patio y sus tamales, vale la pena apoyarlos y participar en ese intercambio, no sólo de productos sino también cultural, entre la cultura campesina y la kreole.



Lunes, 29 de octubre de 2012