Seguidores

lunes, 30 de diciembre de 2013

CAMINO AL MAR


He transitado caminos diferentes: por caminos secos, cubiertos de polvo y pétalos de flores rojas y amarillas de árboles sembrados a sus lados; por caminos húmedos, chirres y fríos con el sol parpadeando sobre la copa de los árboles en su intento por calentarlos; por caminos cortos e inclinados; por caminos llanos en zigzag. Si en el caminar hubiese anotado los kilómetros recorridos, hoy estaría compartiendo la cifra alcanzada. Pero no, no lo hice, la vida en el caminar no lo permitió. 

He caminado encorvado por la pendiente de la cordillera de Yolaina, tratando de avanzar hasta vomitar para no desmayar. También lo he hecho sin parpadear por el andén de El Bluff para ver a la mujer sin cabeza vestida de blanco diciendo adiós en noches de luna llena, desde el último peldaño del parque de la loma donde el coronel Peters volvía la mirada sonriendo hacia la aduana como un niño y festejando la alegría creole bajo el sol caribeño en las calles asfaltadas de Bluefields. He caminado atento al desplaye del lodo en las piedras de las calles de Nueva Guinea donde las damas caminan con zapatos de tacones altos como garzas erguidas sin inmutarse en el fango, inhalando el aroma del campisto en las calles de Juigalpa con el rugir del león hambriento y recolectando nácar en las calles de arena y grava de Corn Island bajo el cielo estrellado.

De casi todos los caminos guardo gratos recuerdos, lo que persiste bajo la piel. Muchos de esos caminos no los volveré a recorrer, el paso del tiempo no lo permitirá. Trato de no volver la mirada, de olvidar las piedras, las vallas y espinas encontradas en el trayecto de algunos de ellos. Si tuviera la posibilidad de atrapar un momento fugaz del pasado y retenerlo para volver a recorrer el mismo camino escogería sin dudas el camino al mar.

Por el camino al mar florecen los recuerdos, la emoción del brinco sin resbalar sobre piedras dispersas entre las aguas sucias del manglar, personas de ayer que ahora añoro y voces vivas que alientan mi paso con los hombros cargados hasta salir en las dunas de arena, cubiertas de grama de playa, recibiendo la brisa húmeda en el rostro y la espuma explotando de alegría en mis pies descalzos. Camino al mar y no me detendré en el andar.

30/12/2013

martes, 17 de diciembre de 2013

EL VALOR DE LOS DETALLES

Nuestra vida es a la vez común y mítica. Vivimos y morimos, maravillosamente bellos por la edad y llenos de arrugas. Despertamos en las mañanas, compramos pan y esperamos tener dinero suficiente para seguir haciéndolo. En ese mismo instante, nuestros magníficos corazones bombean sin importar toda la tristeza, los días grises y lluviosos que vivimos. Somos importantes, nuestras vidas son verdaderamente magníficas; por ello vale la pena grabar todos sus detalles. Aquí estamos, somos seres humanos, así es como vivimos.  Démoslo a conocer, nuestros detalles son importantes.

Un día soleado visité la tumba de mis abuelos, Manuela y Felipe, en El Bluff, iba acompañado por Javier Benavidez. Luego de conversar en silencio con ellos y con la brisa del mar golpeándome el rostro, caminamos por el cementerio identificando a todos los conocidos del puerto. Al llegar al precipicio que da a la bahía, Javier me mostró las tumbas de unos pescadores coreanos, sus nombres estaban escritos en su idioma “hangueo”, frente a las lápidas hay una pequeña loza de concreto en la que sus compañeros se arrodillan haciéndoles reverencia. Ver esos nombres escritos en su idioma es algo único, diferente al resto de las tumbas, pero siempre serán reconocidos y recordados por sus amigos, así como yo lo hice al leer el de mis abuelos y otros blufeños del pasado. Un nombre es algo que llevamos por toda la vida, respondemos a él cuándo es llamado en el aula, a su pronunciación en una graduación, al ser susurrado en la noche.

Aunque parezca irrelevante es importante decir los nombres de quienes somos, los nombres de los lugares en los que hemos vivido, escribir los detalles de nuestras vidas.  “Vivo en Nueva Guinea, cerca de la ciudad, buscando la salida hacia Los Ángeles, rodeado de árboles, frente a una trocha que siempre se encuentra en mal estado porque los camiones volquetes de la alcaldía transitan por ella todo el año, de día y de noche, cargados de material para construir otros caminos y no hacen nada por repararla”.

Estamos vivos, nuestros momentos son importantes. Debemos ser portadores de los detalles que conforman nuestra historia, preocuparnos por las cosas sencillas. Registrar los detalles de nuestras vidas es una postura contra la capacidad destructiva de una bomba, contra su excesiva velocidad y eficiencia,  contra los que son capaces de activarla.

Hay que decirle sí a la vida en todas sus formas: el chorro de agua que se precipita por el canal y llena de alegría a los niños, la mirada esquiva, el venadito de viruta que acompaña el adorno navideño. No hay que decir “soy un tonto que vive en un pueblo pequeño y cena todos los días en una fritanga con nombre Nacionalista”. No. Hay que decirle un sí alegre a las cosas reales que existen en nuestras vidas, la verdad real de quiénes somos con nuestras libras de más, lo gris y frío de las calles, el poeta caribeño que sonríe junto a su compañera rubia que está pendiente de unos niños negros.

Escribo aceptando las cosas, amando los detalles, avanzando con un sí en los labios para que dejen de existir los no en este mundo, el no que invalida la vida y detiene los detalles de su continuidad.


16/12/2013

martes, 10 de diciembre de 2013

EL ANDÉN DE MI PUERTO

El andén de mi puerto ha recibido pasos largos y apresurados por reencuentros, cortos y lentos por despedidas, mierda de perros y orines de borrachos ambulantes, desgracias que nunca terminan en su forma de U. Un barranco en un extremo acogiendo almas desesperadas, alucinadas, precipitándose hasta caer en el fondo de la nada y, en el otro, una fila de iglesias donde se ruega con golpes en el pecho por la vida eterna y el perdón de Dios.

El andén de mi puerto fue construido con pico y pala, arena blanca de mar sin tamizar, piedra azul basáltica extraída desde las entrañas de la tierra y cemento importado en barcos a granel. Bajo el ardiente sol caribeño su superficie azul brillaba en contraste con la grama verde y macollas tupidas de brujitas florecidas de rosado y amarillo. En su ancho de metro y medio, los transeúntes de diversas nacionalidades facilitaban el paso a la luz del día con manos y reverencia cortesanas. Pero por las noches, resplandeciendo su superficie por la luna llena o las estrellas parpadeantes, esos mismos transeúntes formaban tumultos en el recorrido hacia el barco con prostitutas extasiadas ante los ojos locales que observaban por rendijas de sus casas de madera apiñadas a sus lados.

En el andén de mi puerto se libró guerras entre bandos: los del lado de las iglesias y los del barranco; se liberaba a los capturados luego de que se escondían entre matorrales o en la loma del parque hasta terminar bañados de sudor cuando se apagaban las luces de la aduana. En el andén de mi puerto desfilaron hacia el altar novias vestidas de blanco y parejas de enamorados hacia las gradas del parque de la loma al atardecer.

En el andén de mi puerto nunca se celebraron marchas por la Independencia porque los que lo hacían en el resto del país un día nos la robaron a nosotros e impusieron un nuevo orden que todavía nos mantiene sumidos en la penumbra, hambrientos y con sed de una verdadera autonomía. En el andén de mi puerto desfilaron grandes hombres que un día pagaron penas de destierro en su propia patria, exiliados en la última península habitada por el coraje con que denunciaron y enfrentaron las injusticias.

El andén de mi puerto ha recibido gotas de sudor derramadas por chamberos en el afán por conseguir el pan, lágrimas de dolor en el último recorrido terrenal que nos conduce sobre hombros a las filas de iglesias para luego descansar eternamente frente al mar con su ronco oleaje reventando en la playa como música de fondo.

En el andén de mi puerto viven para siempre grandes personajes, caminan de día y de noche sin descanso alguno, se encuentran en la esquina imaginaria de Miss Lilian y se apoderan del parque abandonado colmándolo de cantos y risas. Masayita, Victoriano, Tiquitito y Tapalwás deambulan por el andén de mi puerto; si abres tus sentidos un día te los puedes encontrar y te lo contarán.


10/12/2013

miércoles, 4 de diciembre de 2013

HERE WAS AMUZEC (Aquí fue AMUZEC)

Aquí, en este local ubicado en ciudad Rama, funcionaban las oficinas de la otrora ASOCIACIÓN DE MUNICIPIOS DE ZELAYA CENTRAL (AMUZEC). Promovida, organizada y amada por los alcaldes liberales en el marco de su visión organizativa  de Zelaya Central, AMUZEC fue la punta de lanza del anhelado departamento de Zelaya Central o la Tercer Región Autónoma (Región Autónoma de Zelaya Central) a conformarse entre Nueva Guinea, El Rama, Muelle de los Bueyes y Paiwas por el abandono histórico y la atención atomizada de los mismos por parte del gobierno central. Prácticamente ha dejado de existir porque las nuevas autoridades municipales no quieren saber nada de dicha organización. 

R.I.P.  AMUZEC.








domingo, 1 de diciembre de 2013

EL MERCADO CAMPESINO DE EL RAMA

Enfrentaban el mismo problema que afecta a la mayor parte de productores y productoras del país: la comercialización de sus productos. Con apoyo del Instituto para el Desarrollo y la Democracia (IPADE Nicaragua), unos 100 productores y productoras  de unas 13 comunidades trabajaron en la diversificación agrícola de su fincas con productos no tradicionales y siempre se preguntaban lo mismo: ¿Dónde vamos a vender nuestros productos?  Luego de darle vuelta y vuelta al asunto surgió la idea de vender directo al consumidor  a precios por debajo de los precios del mercado tradicional. De allí surgió el Mercado Campesino de El Rama.

“Al inicio éramos unas siete familias provenientes de las comunidades María Cristina, Las Iguanas, El Castillo, Julio Buitrago, San Antonio, La Virgen, La Sardina, El Pavón y Río Rama. Ahora, luego de 10 años —en el mes de Julio estuvieron de aniversario—somos más de 80 y de ellos 50 son mujeres”, dijo Juan Antonio Jarquín, vice-presidente y fundador de la Cooperativa COMPOR R.L. que promueve la comercialización de sus productos en el mercado campesino.

Todos los sábados llenan una cuadra del centro de ciudad Rama con sus productos. Allí, en la calle, instalan sus toldos para ofertar sus productos y, en un área de las bodegas de la alcaldía, funcionan los comedores que agasajan a los visitantes con la comida campesina.

El hermanamiento entre ciudad Rama y la ciudad holandesa de Maastricht les ha apoyado al igual que la municipalidad y otras organizaciones locales.
De la venta que realizan, el 7% lo destinan a un fondo común del Mercado Campesino y con eso pagan a las personas que arman y desarman los toldos (“los tolderos”) y la limpieza de la calle y el predio de la bodega.

Por el éxito logrado, han facilitado la promoción de otros procesos constitutivos de mercados campesinos a través de intercambios de experiencias con Bluefields, Nueva Guinea, Kukra Hill, Juigalpa y San Pedro de Lóvago.

Con las fotos que te comparto podes ver, oír las voces, palpar  y hasta respirar el aroma que se desprende del mercado campesino de El Rama.