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lunes, 2 de septiembre de 2013

CREACIÓN LITERARIA Y AUTONOMÍA

Víctor Obando Sancho
“En un panal de rica miel
dos mil moscas acudieron
y por golosas murieron
presas de patas en él”.

Antes de cruzar la acera del Palacio Municipal vi a un hombre delgado con gafas, de mediana estatura, cubría con una boina negra una trenza larga de cabello medio gris y sostenía una libreta en sus manos. El hombre caminaba en círculos bajo la sombra de un centenario árbol de Caoba y volvía su mirada en varias direcciones confirmando la hora en su reloj de pulsera. “Es el”, pensé. En diversas ocasiones estuvimos en contacto por correo electrónico, pero hace un año, en ocasión del día de la Autonomía en Bluefields, nos vimos. Llamé a su número telefónico y quedamos de encontrarnos al día siguiente en el parque Reyes, cerca de la glorieta. Sin conocernos personalmente, me vio cuando agité las manos. “¿Dónde platicamos?”, preguntó Víctor Obando Sancho luego de estrecharlas. “Allá, en aquella banca que queda al lado del monumento en honor a los policías asesinados en su cuartel, bajo la sombra del árbol de Caoba”, respondí y caminamos hacia el sitio.

    Cuéntenos sobre sus inicios en la poesía.

Contar estas experiencias es parte de mi historia, de mi infancia, porque aún recuerdo cuando la abuela me subía en una mesa; apenas tenía yo a lo mejor cuatro o cinco años. En el campo, mientras los campesinos subían de haber vendido su producto, su banano, hacían una parada en la casa, en Kukra River, donde vivían mis abuelos, se tomaban una tacita de café, mi abuela hacía pan, empanada y aprovechaba para subirme a una mesa y yo les recitaba una que otra poesía. Siempre me acuerdo de una que inicia así: En un panal de rica miel/dos mil moscas acudieron/y por golosas murieron/presas de patas en él. Allí me inició en la poesía, ya después bajo a la ciudad, al San José; leer poesía de Rubén y otros autores me ayudó. En secundaria, en el Colón, en una ocasión se nos invitó a interpretar el “Brindis del Bohemio” y formamos un grupo que lo escenificamos. Yo escribía pero, como suele suceder, o no tenés oportunidad o el material no es de alguna calidad, jamás publicamos, hasta en los años 70, cuando cae Carlos Fonseca en Zinica; en el año 1976 yo escribo mi primer poema que es representativo, titulado “Yo Campesino” y allí digo que yo no puedo cultivar en esos campos donde hay cadáveres desconocidos, amontonados. El  padre Justiniano, que era párroco de aquí, me preguntó que si yo le daba permiso para publicar ese poema en La Vida Parroquial pero que tuviera cuidado porque la guardia tenía sus medios de seguridad y yo le dije que lo publicara, que asumía las consecuencias.

    ¿Yo Campesino?

Yo Campesino. Para mí éste fue, digamos, como el primer golpe que le di a la poesía porque ha prevalecido el poema. Un amigo de Cataluña que conoció el poema dice que le gustó mucho, que le impactó, fue en aquellos años en que tenía juventud. Después seguí escribiendo y conseguí una beca para estudiar lingüística en México donde continúe haciendo borrones. Al regresar, trabajando en la universidad URACCAN, es cuando comienzo a ordenar ya algún material, sistematizado y corregido. En  el año 2010 publico mi primer poemario personal. Pero antes de eso, en 1998, contribuí en el equipo que organizó la Primera Antología de Poesía de la Costa Caribe, con el finado Ronald Brooks y Eddy Alemán que todavía está allí en el barrio. Organizamos el material y con un financiamiento que gestionó la URACCAN publicamos esa primera antología. En el 2000 participé en un certamen nacional y gané en ensayo y poesía. Me entusiasmé tanto que pensé, “bueno, aquí hay algo que seguir fortaleciendo”. En el año 2003, cuando Bluefields estaba celebrando el primer centenario de ser elevada a ciudad, participé en un certamen financiado por el Banco Mundial a través de la alcaldía, cuando era Moisés Arana el alcalde; gané un segundo premio en leyendas de la Costa Atlántica con el tema El Otro, la Leyenda, donde abordé aspectos sociológicos. El tribunal consideró que lo merecía. En Antologías Nacionales he tenido oportunidad de publicar algunos poemas. En el año 2011, en diciembre, organizamos la Segunda Antología de la Poesía Caribeña. Esa ha sido someramente parte de la historia de Víctor Obando en la poesía.

    El poeta se inspira en el mundo que tiene a su alrededor, lo siente, corre por sus venas, lo procesa y manifiesta a través de la poesía. ¿Qué influencia ha tenido el proceso autonómico que se vive en la Costa Caribe en su quehacer poético?

Mucho, porque es el aspecto social, político y cultural que forma parte del entorno para escribir y por ello la poesía debe reflejarlo obligatoriamente. Como cualquier poeta o escritor, hay un motivo, una frase, una palabra, una imagen, y uno corre a anotarlo para luego desarrollarlo. Pero sobre todo la poesía conduce al ser humano a una mayor sensibilidad, a una mayor calidad humana. El lenguaje que se cultiva. Por allí decía uno que mi poemario tenía un lenguaje rebuscado, pero no, yo estudie lingüística, di clases en primaria, en secundaria y universidades; y todo lo que he leído, bueno yo manejo términos que son parte de mi mundo cotidiano. A uno el lenguaje lo vuelve más sensible y, como decía este filósofo alemán, Wittgenstein, “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”.

    ¿Cree usted que con veinticinco años de autonomía se ha dado un florecimiento cultural alrededor de la creación literaria, del verso y la prosa?

Yo diría que con salvedades. No se ha institucionalizado lo suficiente.

    ¿Se refiere a falta de apoyo?

No sólo de apoyo sino también falta de visión. Cada quien que ha publicado ha sido un esfuerzo duro, un esfuerzo personal. Yo he tenido que sacar de mis ahorritos para publicar mi poemario que la gente lo ha valorado bien, a los estudiantes les ha gustado bastante, pero no hay una institución, o sea la visión autonómica todavía no ve claramente cómo la creación literaria, la prosa  y el verso, la literatura, puede contribuir a formar una personalidad autonómica, a fortalecer la propia autonomía. De tal manera que los pocos esfuerzos se ven opacados por el contexto social que son los estudiantes, los obreros, que no conocen porque este producto literario no fluye de manera sistemática a la juventud, a la niñez, a la adolescencia y yo sostendría que si lo hiciésemos así, en términos de unos cinco o diez años, estamos viendo ese florecimiento literario cultural en la Regiones Autónomas. Se nos está muriendo la gente y no estamos conociendo todo ese saber. Por ejemplo, Mango Ghost se murió este año. Le hice un poema porque, ¡caramba!, un personaje como ese no se puede morir sin quedar plasmado en las letras, en la poesía. Tantos otros que se están muriendo, se nos están yendo con toda esa riqueza y nuestro deber, nuestro compromiso, es rescatarlos para que sean parte de la simbología autonómica local.

    Entonces, ¿hay poco apoyo al quehacer literario por parte de las autoridades regionales?

Casi ninguno. Hace poco en la universidad BICU se realizó una semana literaria. A mí me invitó Pedro Chavarría. Yo dije que ojalá no pasen otros 25 años para que se realice otro evento como ese. Porque allí estuvieron Abelino Cox, que es un misquito de Bilwi, Fabio Ramón de El Rama y Allan Budier de aquí. Estuvieron versando sobre sus enfoques alrededor de la poesía, participaron en poesía coral los niños, escribieron poesía que yo leí los textos, algunas están bien, muy bien, muy críticas y también declamaron. Eso debe hacerse con frecuencia, cada seis meses, cada año y llevar un historial, sistematizar para no caer en el viejo refrán de “coyol quebrado, coyol comido”, porque cómo vamos a hablar de historia autonómica si no hacemos esos eventos de manera organizada para mejorarlos. Pero no existe esa visión institucional.

    ¿Existe alguna dependencia en el Gobierno Regional que debería apoyar y promover la cultura, incluida la creación literaria?

Sí, tanto en el Consejo Regional, gobierno Regional, e inclusive en la alcaldía. A lo mejor tienen planes y suficientes recursos, pero este aspecto específico de lo literario y poético y de cómo trabajar este aspecto de lo humano en el quehacer cultural general no está bien claro. En la práctica se nota porque yo llego a un aula y le pregunto a los alumnos “¿conocen a tal persona y su obra?” La respuesta es no y tal vez ellos son parte de la antología poética caribeña que ya se ha publicado. No existe promoción, no es tangible porque no se dan cuenta de este patrimonio cultural existente.

    ¿Cuáles son sus planes en el corto plazo?

Antes que me suceda cualquier cosa, tengo preparado un poemario y me han prometido cierto financiamiento para publicarlo quizás a finales de este año, seguramente será en el 2013. Pero tengo un compromiso muy familiar, mi abuelo, mi abuela y mi padre, mis raíces, el terruño que fue mi entorno, el escenario donde pasé mis primeros años. También publicar La Leyenda del Castaño: donde yo nací, en el patio de la casa había un enorme Castaño que servía de refugio a los pájaros, daba fruta, daba sombra, daba frescura y alimento. Estamos organizando una antología ya mayor que incluya poetas del norte y del sur de la Costa Caribe, para lo cual estamos haciendo gestiones con el poeta David Mcfield, un gran personaje para nosotros, para obtener algún financiamiento.