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lunes, 6 de octubre de 2014

LOS MISMOS DE SIEMPRE



Sí, son ellos, los mismos de siempre;
los que se apropian de todo,
de calles y aceras,
de los parques, de sus bancas,
de la sombra de los árboles,
de escuelas y universidades,
del cantar del pueblo y del presupuesto ajeno,
luciéndose con cursis corbatas en la podredumbre
que han creado y que con aplausos los recibe.
No te equivoques, son ellos, los mismos de siempre.

Los que un día fueron maldecidos por tu abuelo y,
luego, con el calor del fuego en sus palabras, por tu padre.
Los que dicen defender la justicia, pero terminan quitándole el velo,
para venderla en figurines con poses obscenas al mejor postor,
pasando de mano en mano hasta terminar indefensa, desnuda y violada
por la insaciable e interminable cadena de corrupción.
Son ellos, los de siempre; los que juraron aliviarnos el dolor,
y se convierten en verdugos vestidos de blanco.

Sí, son ellos; a los que el paso del tiempo no los cambia,
son los mismos de siempre.
Los que caminan altivos en la sombra de sus cuarteles,
mostrando sus grados con el mentón en alto,
con la furia de la soberbia pintada en sus ojos,
delatando los gritos y miserias que soportan
los que se encuentran en mazmorras
bajo la custodia de sus botas.
Los que se postran frente al altar,
con el rostro en tierra, recordando la agonía de Jesús,
aunque han violado a millones de niños y niñas alrededor del mundo.

Son ellos, los mismos de siempre.
Los que por paga o migaja quieren dividirnos.
Los protegidos del capital.
Los que hacen rimar su poesía con el corazón vacío.
Los que ciegamente obedecen dictados para enriquecerse.
Los que terminan solitarios al abandonar su trono de inmundicias.
Los que eternamente han pretendido callarnos.
No te equivoques, son ellos, los mismos de siempre.

05/10/2014
Foto: Sergio Orozco.

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