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sábado, 12 de diciembre de 2015

LETTER TO BABY JESUS


Dear baby Jesus:

This Christmas as we celebrate to remember your birth in the grotto of Bethlehem, I realize that it has been over forty years since I wrote to you. Time has passed as a puff out of breath since that last time I did, and I apologize for not having continued to write to you. With the passage of time I realized that it was my parents the ones that accommodate near my bed the toys I was asking you for; just as I did with my children and now they do it with my grandchildren. I have no reproach; on the contrary, I am filled with joy by the web of illusions that I experienced waiting for your arrival.

Also, baby Jesus, with the passage of time, as I got a bit older, I used to party hard with my friends waiting for your arrival; I don't have to tell you, because you know and this was the  reason that I forgot to attend “La Misa de Gallo” (the Midnight Mass) or run home to embrace my parents; who are now by you side looking out for you baby Jesus;  I miss them so  much and for this reason I also ask for forgiveness, although I know you are seeing these tears I shed. But life is hard; you know better than I, because you suffered in the flesh when you were crucified for wanting to build a better world for us all.

Today, in our time, we are still being crucified in different ways; it was not enough with crucifying you, they turned it into a tradition, an evil tradition. You should see baby Jesus, the shopping malls, the propaganda on television and the promotional advertisements of consumerism that they make utilizing your name, only to stuff their bank accounts, without regards of anything else. They have no eyes, they can't see, they are blinded by greed and desire for power. I will not continue telling you, you know; I better get down to the nitty-gritty and express my wishes. You're miraculous and I know you can make anything a reality.

1.       Bring me a new breath of life so I can see my grandchildren grow up strong and happy; I ask you to bring it in a health package box. I'm going to leave the windows of my house open; you can enter without any difficulty, because they have no gates. What I ask you also goes on behalf of my wife, remember her knee.

2.      Light the way for my children. They are all grown up, I have given them all the advice you can imagine, but sometimes they ignore it. One day they will realize and say: "my dad was right", but meanwhile I commend them to you. Please enter their Home as well, do not forget them.

3.      On your tour, I ask that you to spray my surroundings, my backyard, Nueva Guinea,  the Caribbean coast and the entire Nicaragua with a good dosage of Concordia, so that it can germinate love in all the hearts and the longing to do good for others.

4.      Cover the fields full of flower; gently blow on the farmer’s seed so we have crops in abundance.

5.       Calm the waters and stop the storms so that fishermen have a good catch.

6.      I ask you to let fall those bright little stars; which like Estela accompany you on the heads of most of the politicians in our country, so you can enlighten their brain and they do not continue to commit the screw-ups that they commit every day, hurting these hard working folks in our country who deserve a better future.

Now I am eager for you to come and get this letter, I will leave it for you under my pillow, so you can find it easily. I will also send a copy to all my friends to dare them to write to you as well.

Good night, my dear baby Jesus.

Ronald Hill A.
La Colina
Nueva Guinea, RACCS.
Nicaragua, Nicaraguita.
Saturday, 12/12/2015


Ps: Baby Jesus, if you think that there are too many wishes, I ask that you attempt the first five; the last one, we are going to resolve it here, sooner rather than later. 

sábado, 5 de diciembre de 2015

CUANDO EL CAMINO BRILLA CON LA LLUVIA


En una tarde lluviosa,
cuando el camino brilla con la lluvia,
caminé de prisa chapaleando lodo,
acosados mis pensamientos por problemas sin resolverse.
Miré hacia un lado, borrosa ente la brisa,
la luz acogedora de una tienda.

Vi a través de la ventana
estantes llenos de colores:
lucecitas parpadeando, arbolitos navideños,
cohetes y triquitraques, tambores,
cajas de chocolate, caramelos,
juguetes a montones.
Un desorden patético y barato.

Con ojos expectantes
mi infancia apresurada regresó.
Una vez más eran tesoros deseados.
Con codicia volví la mirada sobre las canicas,
los patines, la bicicleta, los aviones y balones.
Luego seguí por el camino bajo la lluvia.

En una tarde lluviosa,
cuando el camino brilla con la lluvia;
allí, en la ventana iluminada de la tienda,
dejé mi niñez”.


05/12/15

lunes, 23 de noviembre de 2015

LA POBRETERÍA DE NUEVA GUINEA ES MI CLIENTELA

Siempre me ha llamado la atención un pequeño tramo ubicado de el monumento de Nueva Guinea una cuadra hacia el oeste. En diversas ocasiones he visto a decenas de campesinos y campesinas aglomerados alrededor de ese espacio que mide 1.30 mts. de ancho por seis de largo. Está ubicado en la propia esquina y siempre veo clientes que lo frecuentan. Fui a comprar tres libras de Urea y vi los diferentes productos que vende Delvis Hurtado, su dueño.

    ¿Desde cuándo tenés este negocio?

Comencé en el año 2003. Antes trabajaba para varias empresas, entre ellas CISA-AGRO y una empresa de exportación de hortalizas. También en el liceo agrícola de Juigalpa como docente por doce años y en la Escuela Normal. Por destinos de la vida vine a parar a Nueva Guinea. Un amigo que estaba en los Estados Unidos se vino para Nicaragua y le ofrecieron un trabajo en CISA AGRO exportadora y, como él estaba pagando una moto en el INTA, me dijo que me fajara en el trabajo. Fui a la entrevista, después de diez personas que estaban entrevistándonos yo me quedé. Así vine aquí en el 2001. Clasifiqué porque esa era mi área, como fui profesor de agroquímicos en el Liceo, lo que me preguntaban era de eso, era pan comido.

Al inicio no me gustaba Nueva Guinea porque aquí di el servicio militar en todas esas montañas, mucho llovía en esos tiempos. Me entrené en los BLI (Batallón de Lucha Irregular) en la escuela que estaba en Los Pintos, pero cuando probé el agua río el Zapote me quedé. Mi familia es de Juigalpa, trabajo de lunes a viernes y me voy para allá los sábados.

    ¿Cómo surgió la idea de establecer este negocio?

Este negocio ha sido una escuela durante catorce años, esto era como un sueño que tenía desde niño; por ejemplo, la venta de semillas en paquetitos de 20 pesos era un sueño. Fui creado en un ambiente de agricultura. La gente vendía sólo en tarros grandes y como era muy pobre no podía comprar, por eso pensé siempre que un día iba a hacerlo. Cuando vine a Nueva Guinea lo primero que hice fue conocer a fondo la situación, así descubrí que hay unas 20 mil casas, que la tenencia de tierra es bien estable y que había una gran oportunidad de vender en pequeñas cantidades, en todas la presentaciones de un litro para abajo. Por eso le caí mal a un montón, al MAGFOR, al INTA, a los que regulan los agros servicios. Ellos no aceptan la realidad de que si un productor quiere un litro de herbicidas para compartirlo con diez se puede a 100 c.c. cada uno, pero pensé que yo se los podía ofrecer de manera directa, esa es mi manera de trabajar. Entonces lo vi factible, pensé en abastecer al menos un diez por ciento de los productores porque aquí hay más de 50 mil.

    ¿Quiénes son tus principales clientes?

La pobretería de Nueva Guinea es mi clientela. La personas que tiene una, cinco o diez manzanas. Me propuse abastecer hasta a las amas de casa, porque los solares de las casas son grandes, siempre hay malezas porque llueve todo el año, aquí hay hasta dos aguinaldos de lluvia, entonces hay que vender herbicidas, productos para fumigar los zancudos, ayudarle al MINSA que fumiga las casas en campañas, acabar con las cucarachas y los ratones. Por eso me propuse contar por lo menos con diez productos para eso, pero comencé con unos 200 productos con una inversión inicial pequeña. Si aquí hay 20 mil solares, un 10 por ciento me va a comprar a mí. Ellos necesitan cosas pequeñas y allí participo yo, pensé. Pero hay que comprar el producto y sobre todo de la mejor calidad porque si es malo el cliente te compra una sola vez. Compro el litro o el kilo y los re-envaso en pequeñas cantidades, de un litro de gramoxone hago ocho vasitos de 30 pesos. Si el litro me cuesta 150 más las otras cosas que invierto, me queda una ganancia de unos 80 a 100 córdobas dependiendo de la época.

Vine a Nueva Guinea con un sueño, una meta, una visión pero lo mejor es que me bañé en el Zapote y lo que hice con este negocio es como estar en un paraíso, a la gente le encanta, vienen y me dicen “deme cinco paquetitos de semilla” y yo les doy una extra, entonces eso les gusta.

    Por ejemplo, esa chavala que está allí, ¿qué te viene a comprar?

No, ella no anda comprando, ella es mi hija.

    ¿Anda de visita?

No ella vive aquí, es hija de otra mujer, es hecha con el mismo molenillo pero en distinta jícara, es consecuencia de beber agua del Zapote. Es hija de una chinandegana y estudia agronomía en la universidad URACCAN.

    Entonces, ¿te da para todo el negocito?

Así es, me da para comer, para tener agua, calabaza, miel y zacate para la burra.

    ¿Cómo fue el conflicto con las autoridades que regulan los agros servicios?

Fue un fuerte conflicto porque ellos no comprenden la visión. El gobierno lo tiene claro; impulsa el programa hambre cero, entregándole a los pobres del campo una vaquita, dos cerdas y un verraco, diez gallinas y un gallo, semillas de hortalizas, etcétera, pero los de abajo, los empleados, no entienden esa visión aunque sean ingenieros. En Nicaragua lo prohibido es prohibido, lo único prohibido es el narcomenudeo, después todo es permitido. Si compras un quintal de maíz lo podes vender en libras si querés, y así vivimos, sobrevivimos miles de nicaragüenses pero no todo mundo entiende eso. Por ejemplo, si una persona compra un perrito de raza como mascota, no va a comprar un litro de desparasitante, va a comprar lo que necesita. Aquí vendo semilla certificada de maíz, compró el quintal y luego lo empaco en bolsas de una, dos y cinco libras y le garantizó la viabilidad al productor al igual que las semillas de hortaliza.

Eso es lo que hago en este negocio, facilitarles a los productores y productoras de escasos recursos el acceso a los insumos según sus necesidades que son pequeñas en relación a los medianos y grandes productores. Hace quince años aquí nadie sembraba zanahoria, remolacha y repollo, ahora sí, esa es la idea que siembren de todo para contrarrestar el gran caballo negro del apocalipsis: la hambruna. Yo he visto gente comprando en el PALI cilantro y yerba buena y aquí crecen como maleza, por eso compro la semilla y la empaco en bolsitas para que la gente la siembre en sus patios, en el jardín, ya sea en maceteros o en llantas. Lo mismo hago con la papaya, compro la semilla y la vendo aquí. Todo es con el fin de que produzcan alimentos porque cada vez la carestía de la vida va en aumento. En Nueva Guinea, donde tenemos aguinaldo de lluvia, hasta de dos meses más, tenemos que aprovechar para producir alimentos, vender los excedentes para la gente del Pacifico que padece de la sequía y como consecuencia de hambre.

    Entonces, ¿es con el MAGFOR que tenés problemas?

Pues fíjate que poco a poco tienen que ir aprendiendo. Te lo digo porque gubernamentalmente está aprobado. Si el gobierno se ha dado a la tarea de entregarles a los pobres el bono productivo, alguien debe abastecerlos de las pequeñas cantidades de insumos que requieren.

    Pero,  ¿cuál es el planteamiento del MAGFOR?

Dicen que está prohibido, que está prohibido re-empacar. Pero cómo va a ser prohibido si lo que tenemos que hacer es buscar cómo sobrevivir. Además, intelectualmente estoy preparado para hacer esto.

    Entonces, ¿cómo haces para operar?, ¿tenés permisos como los otros?

Yo tengo permiso para vender todo. Tengo un permiso de comerciante y pago todos mis impuestos. Deberían de dármelo porque mi negocio es único y como este deberían de existir similares en todos los municipios. Ellos quieren homogenizar  todo, todo. No entienden que la economía es frágil y es por eso que vendo en presentaciones pequeñas para abastecer a los pobres. Si la constitución no me prohíbe vender, seguiré haciéndolo.

Un grupo de siete campesinos se acercaron al tramo y Delvis dejó de atenderme por darles prioridad a ellos. Me despedí de él, comprendí la lógica de su negocio y recordé a la señora de una pulpería de la zona 6 que vende frijoles cocidos por tazas a su clientela que, por falta de dinero o tiempo, recurren a ella todos los días. 


17/Noviembre/2013

martes, 10 de noviembre de 2015

LLUVIA DE INVIERNO


La helada lluvia de la tormenta
inunda todo como música en concierto,
Debo proteger mi espíritu inquieto
cómodamente en la cama bajo refugio?
¿Debo hacer una poema suave
en mi oficina iluminada por un bombillo,
cuando afuera el viento sopla fuerte
y los caminos intransitables se llenan de lodo?
Con café y galletas de soda,
debo llenar mi estómago?
El tabaco bajo la lluvia es una tentación,
como acercarse al calor del fuego:
La poesía es mucho mejor.
La tierra está húmeda y se hace lodo,
La lluvia de invierno es helada.
A lo lejos la colina se pierde con el vaivén del viento.
Escuchó gritos, todo se inunda.
Tomo la pala y limpio las zanjas,
muero de frío, destilo agua, hago poesía.

10/11/2015

jueves, 29 de octubre de 2015

LOS CAMPESINOS SIEMPRE MARCHAN



Desde antes que salga el sol,
Llevando el morral de su padre a la milpa,
Ida y vuelta de la casa a la escuela,
Los campesinos siempre marchan.

Cargando la hamaca con el enfermo,
Socolando con el machete el tacotal,
Guiando a los bueyes para arar,
Sembrando la milpa y el frijolar,
Los campesinos siempre marchan.

Alegres y chajineados
al mercado del pueblo van,
con garrotes en la nuca les dan.
Comida barata por unos centavos.
Con esperanza vuelven a marchar.

Maíz y frijol para vos,
yuca y quequisque para tu sopa y el vigorón.
Sin sus chachitos fritanga no hay,
Sin sus tierras de hambre muere la nación.

Los campesinos siempre marchan,
para arriba y abajo, aunque les chime la bota,
en la guerra y en la paz,
sostienen esta nación y desbarrancan
a todo aquel que de ella se crea chingón.

Una marcha no es nada, su historia es de marchas.
Babosos, delincuentes y poderosos,
con sus marchas y el filo del machete abrieron los ojos,
pero están lejos de aprender la histórica lección.


29/10/2015


miércoles, 14 de octubre de 2015

LOS COMPADRES Y LA GANADERÍA


La maleza recién cortada brillaba entre el pasto que comenzaba a crecer después de la lluvia. Un rebaño de ganado se protegía de la inclemencia del sol bajo la sombra de los árboles de Guanacaste, apiñado en un corral de alambre; el estado de sus carnes, la flacura, es producto de la mala alimentación y la escasez de agua en las llanuras chontaleñas. Los pozos están secos, los caños y ríos perdieron su alegría, la carretera de asfalto se derrite en sus lados y el hervor que emana sube como calentura hasta la cabeza. “Necesito un oasis”, pensé al avanzar sobre el empalme de Lovago en dirección hacia a Acoyapa, buscando la salida a San Carlos.

Vi un bar y me detuve girando a la izquierda. Traspasé un pequeño andén de acceso y me senté en una silla de madera a la orilla de un bordillo de bambú barnizado. Una mujer de unos treinta años, con el cabello negro ondulado que caía hasta sus hombros, se acercó con el menú en sus manos. “El Bejuco”, decía la portada.

    ¿Va viajando?
    Sí, hacia Nueva Guinea. Este calor está insoportable.
    ¿Va a tomar algo?
    Un refresco natural. ¿Tiene limonada?
    Ya se la traigo.

Su cuerpo firme se onduló al vaivén de los pasos como macolla de jaragua en la llanura chontaleña azotada por el viento.

Volví la mirada y noté otro bordillo pero de concreto; en ese ambiente dos hombres conversaban degustando un litro de cerveza y más al fondo un rotulo indicaba la ubicación de los servicios sanitarios. De frente, el bar tender llenaba un vaso con hielo. Levanté la mirada y noté el cielo raso de caña de castilla, los horcones de madera sosteniendo el techo. Escuché el rugir de una licuadora. Una camionetona Land Cruiser doble cabina, de color fucsia quemado, se estacionó; un hombre de unos 60 años con barbita de chivo canosa, lentes de medida y luciendo un sombrero camoapaeño se bajó de ella. Con el taconeo de sus botas entró al Bejuco y la mujer regresó con el vaso de limonada.

    ¡Hola, comadre! —dijo saludando a la mujer.
    ¡Adelante, compadre Julio! —respondió y lo siguió.

Bebí la limonada granizada y me di cuenta que estaba hecha de limón de castilla. Después de tres sorbos sentí lo helado subiéndoseme a la cabeza. “Buena parada”, pensé mientras veía cómo un jeep BJ40 de los años 70, color verde, se estacionó al lado de la camionetona. La mujer y Julio se quedaron expectantes, mirando hacia el andén de acceso. Un hombre de cabello gris cubierto por una gorra azul traspasó el bordillo.

    ¡Ideay, compadre Adolfo!, ¿por qué renquea? —expresó Julio desde la mesa que ocupaba.

El hombre caminó lentamente, sosteniéndose la pierna derecha con la mano. Jaló una silla y se sentó al lado de Julio estirando la pierna renca. La mujer lo observaba sin decir palabra.

    Creo que tengo artritis, talvez sea ácido úrico.
    No joda, compadre, lo que usted tiene es rencura de perro.
    No sea jayán, compadre.
    ¿Qué van a tomar? —preguntó la mujer.
    Un cuartito de whisky, de Johnny caminante con soda —dijo Julio. —Las bichas le hacen daño a mi compadre Adolfo —agregó cuando la mujer caminó hacia el lado del bar tender.
    ¿Y la comadre?, ¿cómo está? —preguntó Adolfo.

Julio tomó un puro del bolsillo de su camisa, le quitó el plástico, lo mordió, raspó un fósforo de lucifer en la mesa y lo encendió. El humo de puro rebotó en el cielo raso y su aroma se coló por mi nariz hasta estremecerme los pulmones. “Ummm, buen puro”, pensé.

    Está bien, recuperándose del tal chikungunya. Al rato eso es lo que usted anda, compadre. Ella así se levantaba de la cama, con esa rencura de perro, pero ya está mejor —dijo Julio tirando humo por la boca como dragón sentado en la piedra de Cuapa.
    No compadre, yo me conozco, esto no es ese tal chikun…, ya me enredé la lengua, ja, ja.

La mujer regresó a ellos con una bandeja sostenida por su mano izquierda y les sirvió. Al retirarse la llamé.

    ¿Se le ofrece algo más?
    Algo para comer, algo liviano.
    Le ofrezco quesillo, tacos y sándwich.
    Un quesillo, por favor. ¡Ah!, y otra limonada.
    No tardo —dijo y noté los ojos de color miel bajo sus pastosas cejas.

El ruido de una caravana de seis camiones ganaderos sobre la carretera, en dirección hacia el empalme de Lovago, estremeció los cimientos de El Bejuco.

    Mire, compadre Julio, allí van los novillos —dijo Adolfo de pie, sosteniendo su pierna renca.
    Esos vienen del lado de Nueva Guinea, allí hay abundancia pero están carísimos —respondió Julio luego de empinarse el vaso.
    Viera, compadre, cómo se apiñan esos camiones al lado de la catedral de Nueva Guinea, amanecen esperando que abran las puertas de la alcaldía.
    Ya los he visto, pero no he podido comprar terneros, nadie quiere venderlos y si se deciden te piden antojos de locura.
    Esa es la pechuga de la ganadería en estos tiempos, los toretes de doscientos cincuenta kilos.
    A propósito, compadre, ¿y los que me prometió?

El compadre Adolfo se empinó el vaso y saboreó el trago; sin responder se levantó y caminó renqueando en dirección a los servicios sanitarios. La mujer regresó y me sirvió la limonada y el quesillo.

    ¡Hola, amigo! —dijo Julio dirigiendo el saludo hacia mi lado. Volví a ver si era a otra persona y me di cuenta que me saludaba.
    Hola —respondí.
    ¿Va viajando?
    Sí, voy para Nueva Guinea por el lado de El Almendro.
    ¿Viaje de negocios?
    No, allá vivo.
    Su cara me parece conocida, ¿desde cuándo vive allá?
    Viví varios años en Juigalpa, pero desde 1990 radico en Nueva Guinea.

El compadre Adolfo regresó a la mesa, estiró la pierna renca y se sentó. La mujer estaba expectante con uno de sus hombros descansando sobre la barra del bar tender. Los hombres que bebían cerveza gritaron pidiéndole otro litro.

    El amigo es de Nueva Guinea —dijo Julio y Adolfo me saludó desde la mesa.
    Allí está el progreso —respondió Adolfo.
    Por aquí también se nota —respondí.
    Acoyapa es el pueblo típico ganadero, la ganadería es la fuente principal de su riqueza —dijo Julio.
    Los ganaderos viven el clímax del boom ganadero —dije.
    Los precios están buenísimos —dijo Adolfo.
    No se haga el chancho, compadre, ¿qué pasó con la ternerada?
    Mire, compadre, me ofrecieron un precio parejo, no pude negarlos.
    Se fija, compadre, por eso estamos como estamos, ni entre nosotros nos correspondemos. Por eso, porque no somos unidos, hasta de contrabandistas nos acusan los arribistas de los mataderos.
    Pero, compadre, vendí los cuarenta terneros a 62 córdobas el kilo, el lote entero, sin apartar cabeza, cuerpo y cola.
    Busque como reponerlos pronto porque los banqueros andan regando la bola que va a bajar el precio del ganado —dijo Julio.
    Dónde ha visto que la carne baja de precio, ese es amarre que tienen los banqueros que también son exportadores con los mataderos —dijo Adolfo.
    Póngase vivo, usted amárrese conmigo, la próxima ternerada me la aparta. Le voy a dar un cheque de anticipo. 
    Eso, mi compadre, en seis meses le tengo cincuenta toreritos.
    Pero no haga otra caballada, repóngalos, no ande de igualado, cuidado se va a comprar una camionetona.

Llamé a la mujer y pedí la cuenta. “Son cien pesos”, dijo. Me levanté y me dirigí a la mesa de los compadres ganaderos.

    Ha sido un gusto conocerlos —dije y les estreche las manos.
    Por allí nos vemos en Nueva Guinea —dijo Julio.
    Hágase la prueba del ácido úrico —le dije a Adolfo.

La mujer regresó con el vuelto, le di una propina y sus ojos brillaron. “Que le vaya bien”, dijo. En el trayecto hasta el empalme del Pájaro Negro, antes de girar hacia El Almendro, no vi ni una sola cabeza de ganado.


Octubre, 2015.

lunes, 28 de septiembre de 2015

REGGAE STYLE RECARGADO



En 1986 me sentía uno de los seres más desgraciados de Juigalpa. Atrás habían quedado los años de universidad y, más allá, los bellos recuerdos de mi adolescencia y niñez al lado de mi familia en el puerto de El Bluff. Debía trabajar para poder sobrevivir. Pero eso no es todo: tampoco me gustaba porque debía cargar un fusil para poder desplazarme por todo Chontales. Despreciaba a mis jefes y la pequeña casa en que vivía al lado de mi esposa con mis pequeños hijos. Todos dormíamos en la misma habitación y siempre estaba caliente porque los vecinos tenían una cocina de leña pegada a la pared que se mantenía encendida; vivíamos en un horno de ladrillos de barro, en una olla de presión.

Regresaba de mal humor, con un dolor de cabeza que era producto de la decepción, la amargura y la rebeldía. Los sueños que tuve en mis tiempos de estudiante se habían convertido en una pesadilla. Mi familia me pedía que saliera del país por temor a la guerra. “¿Eso es lo que habías soñado?”, me preguntaban, “¿trabajar por una miseria, vivir en un horno, soportar la escasez de todo lo básico, no tener esperanzas ni un futuro?” Yo quería tener alas y volar.

Nunca me interesó hacer dinero, sino vivir la vida sosegada. Debía tomar decisiones: me propusieron que diera clases en la universidad de Juigalpa y acepté. Me convertí en un lector entusiasta, leía lo que caía en mis manos y descubrí mis habilidades para mostrarles la realidad a los estudiantes. La pizarra se convirtió en mi aliada para toda la vida, en ella plasmaba esquemas, figuras y matrices sin necesidad de un papel en mis manos para impartir las clases, mucho menos necesitaba dictar como la mayoría de los profesores. El entusiasmo regresó a mi lado: convertía mi estado de decepción en discursos figurados y me sentía seguro de mí mismo.

Luego de seis años las cosas cambiaron. Renuncié a mi trabajo principal porque las nuevas autoridades del gobierno de la UNO me hicieron la vida imposible: me retiraron el apoyo con medios materiales y notaba la desconfianza en sus miradas porque seguía siendo el director de Planificación y Proyectos del MAG en Chontales. Cuando cambió el gobierno, en 1990, los recibí en mi oficina con la carta de renuncia, pero me dijeron que ellos querían que siguiera desempeñando el cargo, que reconocían mi profesionalismo. Se quedaron sorprendidos cuando les presenté mi carta de renuncia con un listado exhaustivo de todo lo que estaba bajo mi responsabilidad, los medios materiales y el estado de situación de más de cuarenta proyectos de cooperación para el desarrollo financiados con fondos externos. Me quedé sin empleo pero me sentí liberado, sin la carga que  había tenido encima de mis hombros.

Me fui a pasar Navidad a Utila; nos volvimos a reunir con mis padres mi hermano, mi hermana y yo. Mi hermano viajó de los Estados Unidos y volvimos a querernos como cuando niños. Todos estaban bien, el miserable era yo. Cuando regresé tocaron la puerta de mi casa buscándome de una organización de las Naciones Unidas. “Te hemos buscado por todos lados, tenemos un trabajo para vos”, me dijo el oficial del Programa. “Otra vez a la misma cosa”, pensé… Pero acepté. Un  mes después estaba en Nueva Guinea ayudándole a la gente a volver a empezar, a reasentarse, a construir nuevos proyectos de vida. Me enamoré del trópico húmedo, del verdor permanente, de los ríos y del lodo; la libertad de la montaña me atrapó para siempre. En esa realidad cautivadora una ONG llamada Ayuda en Acción me ofreció trabajo; allí pasé 14 años como Director hasta que hice el cierre de las operaciones. Durante un año estuve despidiéndome de las comunidades, de su gente, de las instituciones del Estado y de otras ONG. Tengo una colección de diplomas de reconocimientos; cuando Ayuda en Acción me entregó el suyo me di cuenta que me estaba poniendo viejo, pero ya no seguía siendo un miserable: “te vas por la puerta grande”, me dijeron.

Desde entonces trabajo de manera independiente, a mi ritmo. He aprendido que las preocupaciones matan, que no vale la pena vivir en una olla de presión, que hay que esforzarse para ayudar a los demás, que los jefes son traicioneros, que la vida se vive mejor por cuenta propia, que la base de la pirámide de la vida, el entorno, hay que obviarlo; que el centro, el trabajo, vale la pena cuando se ayuda a la gente sin aprovecharse de su realidad. Ahora sé que la cúspide, la familia, es lo mejor de todo, lo único que cuenta.

Por ello ahora vivo feliz; sin ser adinerado, la riqueza está a mi lado. Vivo la vida al suave, al ritmo del Reggae Style. Estoy aprendiendo a ser vago, vaga-mundo. Si un día lo haces, vas a empezar a vivir; nunca es tarde, pero tenés que comenzar desde ya.


Estelí
Septiembre, 2015.

martes, 8 de septiembre de 2015

A MIS AMIGOS REGADOS POR EL MUNDO (UNA NOCHE, UN AMOR)



I

Un hombre, independientemente de su condición social, debe tomar decisiones que lo marcan para siempre; pero son pocos los que se orgullecen de ello en el transcurso de su vida. Esa verdad innegable, el coraje con que lo expresa, su peculiar forma de actuar, el entusiasmo y muestras de aprecio que me brinda al encontrarnos por las calles de Bluefields, pidiéndome que salude a todos sus amigos, me motivó a proponerle una entrevista. En dos ocasiones anteriores se lo había dicho y siempre lo evitaba, pero seguí insistiendo hasta que aceptó.

    ¿A qué hora nos vemos? —le pregunté por teléfono.
    Yo te voy a llamar.
    Tiene que ser donde estemos tranquilos —le propuse.
    Te voy a llevar a un lugar que te va a encantar.
    Sin tomar alcohol, no bebas —puntualicé.
    No te preocupes, yo soy serio.

Caminé por las calles y me dirigí al parque Reyes. Era una mañana luminosa, los rayos de sol se filtraban entre las ramas de los centenarios árboles de Caoba, haciendo resplandecer el tono de los colores rojo, naranja, amarillo, verde, azul y violeta con que se encuentran pintadas las bancas, el muro perimetral y las paredes con sus murales. La gente disfrutaba el ambiente; mujeres sin compañía, otras conversando, adultos mayores, hombres jóvenes y muchachas estaban conectados a Internet mediante sus teléfonos celulares, tabletas y computadoras portátiles, usaban la señal inalámbrica libre que existe en todos los espacios. Trabajadores de la comuna cortaban la grama con una guaraña haciéndola volar en trocitos; respiré el aroma tierno, el aroma de la esperanza cubriendo la superficie tosca del andén como manto que reviste los pecados de los caminantes que lo ensucian con sus pasos. Saqué mi cámara de la mochila y comencé a fotografiar a las personas desde una distancia desde la cual no lo notaran. En ello estaba cuando sonó el timbre del teléfono; era él.

    Te estoy esperando.
    ¿Dónde estás? —pregunté.
    En la galería Aberdeen.
    ¿Estás tomando?
    No, no, sólo una cervecita. ¿Y vos dónde estas?
    En el parque, ya voy para allá.

Entré al salón de la galería Aberdeen y su espacio amplio me absorbió. Las paredes son una galería de pinturas en exposición para la venta, desde el fondo se desprende el aroma de los dulces expuestos en un mostrador y, más allá, desde la cocina fluyen los olores de los platillos que preparan. Sus clientes degustaban al ritmo del que no tiene prisa, con la música acogedora para entablar una conversación. Miré hacia el segundo piso y allí estaba. Al verme me indicó que subiera por las gradas que tenía a mi espalda.

    Sentate aquí —dijo.
    ¿Te vas a tomar otra? —pregunté al sacar una libreta y un lapicero de la mochila.
    Es en serio la cosa, sos bandido. Yo sé, por eso te aprecio mucho —dijo y se acomodó con placer en la silla.
    Primero te voy a tomar una foto, ¿no hay problema?
    No, para nada, vos hace lo que se te ocurra, ahorita soy todo tuyo —respondió con una sonrisa transparente como el brillo de sus ojos color miel detrás de los lentes graduados que lleva puestos.
    Mirá, si no te gusta te tomo otra.
    Y con una libélula en el fondo, ¡ay que linda te quedó!
    ¿Otra cerveza?
    Ya que insistís tanto, una más —respondió y llamó al mesero.
    Para mí un café, después la cerveza —dije y el mesero se retiró.

Tomé el teléfono y abrí las notas de voz. Pulsé la opción de grabación nueva y lo coloqué cerca de él para lograr una grabación limpia.

    ¿Y me vas a grabar? —preguntó, después de saborear intensamente la cerveza.
    ¿Resulta un problema para vos?
    No, no, yo soy libre como libélula, nadie me puede cuestionar porque te voy a contar la pura verdad, eso es lo que vos querés, que te cuente la historia de mi vida para que la conozcan mis amigos regados por el mundo.

II


Mi nombre es Miguel Hermógenes Bejarano Cabrera, pero todo mundo, en Bluefields y más allá de las fronteras de Nicaragua, me llama Mike. Nací aquí en Bluefields, soy Blufileño cien por ciento. Nací el 29 de septiembre de 1946, soy hijo de Hermógenes Bejarano y Concepción Cabrera. Voy a cumplir sesenta y nueve años, ¡ay!, cómo me encanta ese número, el “sixty nine”.

Mi abuela tenía una cantina que se llamaba “La Generala” en los tiempos de la guerra de Moncada, ella era generala de los liberales; para comprar armas y poder derrocar a Zelaya, asaltaron el banco Wells Fargo que quedaba en la propiedad del Moravo en 1926. Se llamaba Lucila Delgado, oriunda de León, del barrio Santa Lucía; se vino para acá así como emigraron muchos granadinos y leoneses. Tuvo una hermana que se llamaba Otilia Delgado, esposa de Berty Smith. Yo me crié con mi abuela, era de reales, ¡uy!, demasiados reales tenía, le prestaba reales a los chinos, a William Woo y a otros para que realizaran sus negocios. En esos tiempos comíamos con chelines, con centavos, porque todo era barato.

Tengo hermanos de distintas familias, hay Bejarano Cabrera que son cuatro, después están los Bejarano Pérez, Nelson Bejarano, Javier Bejarano que ahora tiene una aseguradora de carros y vende vehículos, Nelson es el financiero del gobernador en la casa de gobierno. Estudié la primaria en el Colegio San José y después la secundaria en el Colón, en el tiempo de los hermanos cristianos, pero fui vulgareado por ser homosexual; como mi abuela tenía reales no me importaba que me vulgarearan. Fue en los tiempos en que los gringos mandaban aquí; los familiares de los gringos, cuando tenían un hijo homosexual, era vudú: lo mandaban a un seminario y también a iglesias que ellos manejaban. Yo tuve un padre que se llamaba el padre David que era homosexual y había hasta un monseñor. Me vulgareban por celos, celos platónicos o celos solapados. A mí nunca me puso el pie encima ninguno de esos desgraciados. Yo tenía un montón de amigos, por mi tendencia homosexual vivía enamorado de ellos. A Lambert, el mejor basquetbolista de Nicaragua, lo encontré romanceando con el padre David donde se vestían los sacristanes. Era un vulgareo de poder, ellos daban notas por manoseo y relaciones homosexuales. En ese tiempo era un escándalo ser homosexual, era el tiempo que daban clases Gustavo Meza que era profesor de física y química, Roy Hodgson que era pianista, fue el que hizo los himnos del San José y del Colón.

No terminé mis estudios en el Colón, llegué hasta tercer año. Me fui para Managua donde hice un curso de telecomunicaciones. Como yo machacaba el inglés me fue fácil, eso lo hice en el instituto de comunicaciones ubicado cerca de las Piedrecitas. Nunca trabajé, para qué si mi abuela tenía un cachimbo de reales. Mi tío era José Delgado, secretario del Partido Liberal en la Costa Atlántica y cónsul de Colombia.

    ¿Van a ordenar algo más? —preguntó el mesero al retirar la botella y la taza vacía.
    ¿Qué querés vos?  —me preguntó Mike.
    Una botellita de agua.
    A mi tráeme otra cerveza, ¡búscamela cubierta de velo!

El mesero, un black creole de unos veinticinco años, mostró sus dientes blancos al sonreír y Mike continúo su relato.

Mi papá tenía una cantina muy famosa, se llamaba “El Coquito Bar”, era cantina y prostíbulo. Yo le ayudaba a mi papá. Quedaba en el barrio de la cantina de Lindo, la gente le decía así porque había un viejo que le llamaban así y vendía guaro. Quedaba en el sector de  “La Poza del Diablo”. Allí me iba a bañar con mis amigos, bebíamos guaro porque mi abuela era la regenta y socia de los licores Bell; yo me robaba el guaro y pasábamos disfrutando. Yo sólo bebía cerveza, pero con miedo porque mi papá era muy rígido, ¡uf, uf! Él no andaba perdiéndome a mí nunca, ninguno de mi familia me perdió a mí; él estaba enamorado de sociedad obrera de Bluefields, era presidente del Club de los Obreros y, como él tenía sus enamoradas, no nos hacía caso a nosotros porque estábamos bajo la tutela de mi abuela. Tenía un taller de zapatería y era muy machista, machista, machista. Una vez me encontró en un cuarto encerrado con un amigo mío de colegio que se llamaba Chico, vivía aquí cerca, al lado de la casa de un chino que era fotógrafo; me cachimbió con el tira pie y me dijo “aquí ya no quiero cochones”. Pero, ¿qué?, árbol que nace torcido no se puede enderezar de la noche a la mañana.

En aquel tiempo nos vulgareaban, la homosexualidad era perseguida. Llegó un día en que me puse furioso y le contesté a alguien: “¿qué pasó?, ¿por qué me vulgariás a mí?, andá buscá, andá a las iglesias, allí hay, andá busca a los seminarios, allí hay montones, solapados, yo ando libre gracias a Dios”. En esa etapa éramos como 150 maricones: Arnal, Chico Arce, Allan, el hermano de Anthony Matthew y otros. Yo te digo, mientras no viva del gobierno, mientras no le trabaje a nadie, a mí me vale verga, porque a mí me respeta mi familia, los Bejarano, me vale lo que diga el resto del mundo. Hasta Papas han salido maricones, nadie dice nada, como son benditos. Aquí hay muchos políticos que son maricones, unos son culos benditos y otros son turcas benditas y son aceptados, nadie les dice nada.

El mesero se acercó a la mesa con una bandeja, vació la cerveza en un vaso y abrió la botella de agua. Mike se quedó en silencio, yo escuché las voces de una pareja de gringos que hablaban en inglés cerca del área del balcón de la galería.

    Este hombre es fino, por eso me encanta venir aquí. ¿Viste como chorreó la cerveza? —dijo Mike y el mesero dio la vuelta, siempre sonriendo.
    Contáme lo de las cantinas de ese tiempo, ¿cómo eran?

Las cantinas en aquel tiempo eran unas cantinas sanas, no había crímenes, nadie te asaltaba, podías ir a un Palo de Mayo, a cualquier parte, y nadie te tocaba. Mi lugar era donde “La Vilma Roja”, era mi lugar de reuniones con mis enamorados. Unos de mis amigos eran “Cañeco” y “Pitri”. Esa señora era rígida en su cantina. Yo llegaba con Allan, éramos íntimos amigos, me ha respetado y yo lo he respetado, viajamos juntos a cumpleaños de otros homosexuales de Managua, él pagaba la avioneta porque tenía su cantina, su putal. La cantina de él quedaba en Santa Rosa, también estaba la de la Marlene, la de la Urania, la de la Delia, habían varios prostíbulos. Yo también tenía uno, chiquitito, se llamaba “Kamikaze Bar”, me lo regaló un japonés que era capitán de un barco que se llamaba Kamikaze Maru. En ese entonces estaba Pedrito Bustamente, me dio una mantenedora, no tenía sillas. Doña Aurelia, hermana de Harry Brautigam, esposa del doctor Hooker, me regaló las primeras mesitas. Era chavalo, chavalo, pero con ideas de superar.

Llegaban varios que me cerraban la cantina, entre ellos Pablo Corrochel, Felipe Perdomo, el papá de Martín, Harold Springer. Había bastantes cubanos que se vinieron después de la Revolución, eran mis clientes y fueron los pioneros en la pesca de langosta aquí en la Costa porque aquí nadie sabía nada de eso.

    ¿Y visitabas las cantinas de El Bluff?

¡Claro, oye!, visitaba varias: “El Mameluco” que quedaba en la salida a la playa, “El Vietnam” de la Shirley y otras como “La Cabaña”, “El Dragón de Oro”. Yo tenía mi negocio, pero fíjate que yo soy un maricón raro, nunca abusé de nadie, nunca toqué, no; beber, beber, ser maricón es ser maricón. Ahora hay un montón de mariconcitos aquí en Bluefields que no sé si están enojados, pero yo no los apoyo. Desde que nací tengo todos los derechos que cualquier ciudadano tiene, ellos están pidiendo más y más, ¿para qué?  Por allí machetearon a uno, manoseó, le tocó las partes a un hombre y no le gustó, el hombre le cortó la mano. Hace poco el doctor Alba le hizo la operación, se está recuperando.

    ¿Entonces, ibas a El Bluff y te quedabas allá?

Claro, cuando tocaba el conjunto de José Luis iba a la fiesta de la virgen del Carmen, iba con mis putas y Allan llevaba las suyas.

    ¿Y llevabas a tus amores? ¿Se miraban allá?

No, yo fui un maricón tan excepcional: tuve tres amores y hasta allí ya llegué. El primero fue Chuch, profesor de matemática del Colón, el segundo fue el que era jefe de deportes del San José pero era muy culión, y el último es Pachanga, era joyero y miembro del partido Sandinista que ahora ni lo vuelven ni a ver al pobre, se está muriendo, tiene hemorroides. Por eso es que yo no me meto en la política, si me hubiera metido, ¡uh! Fíjate que una vez me invitaron, de un partido me dijeron “Mike, no querés ser del partido para que seas tal cosa”, “no, no me gusta la política”.

Yo tengo un hermano que me adora mucho, se llama Javier Bejarano, todo me acepta, me invita a beber guaro, me respeta: como soy el hermano mayor de la familia Bejarano, él me adora mucho, todos mis hermanos me adoran.

    Esa fue la etapa de tu juventud, tu esplendor.

Sí. Me enamoré de uno de El Bluff, de Juan, el hijo del coronel Brenes. El coronel no, pero la esposa, Yolanda, me volaba verga, me llamó y me dijo que me iba a mandar a echar preso. Como era hija del coronel Peters, ella quería mandar. Yo le contesté, “mire, señora, no me ande molestando, deje a su hijo, además él no es para mí”. Yo lo consentía en mi negocio, él se atendía solo, si había gallo pinto, comía gallo pinto. Era joven, culiaba, pero a mí me encantaba.

    ¿Y después del triunfo de la Revolución cómo era el ambiente?

La cosa fue peor. Los sandinistas mandaron desparecer los prostíbulos. En el tiempo de la guardia igual, el general Somoza cae, no porque era malo, sino por los que andaban detrás de él, los allegados, varios coroneles que manejaban la prostitución, cantinas y ruletas. Yo iba a la Tropicana, ese lugar era de uno de los grandotes, de un coronel que mangoneaba, Victorino Lara, era el cobrador de todos esos negocios. ¡Ideay!, ganaban un sueldo y tenían una casa de vidrio, ¡ja, ja, ja! Vienen los sandinistas y dicen “vamos a poner una sociedad proletaria y ahora salen burgueses”. Saben a quién tocan, porque nunca tocaron a los Pellas ni a los Chamorro, ni Somoza los pudo tocar. Les volaron verga a los homosexuales, a las prostitutas y cerraron los negocios, pero dejaron los que a ellos le interesaban como “Aquí Polanco”, un prostíbulo donde llegaban hasta embajadores de todos los países.

    ¿Y ahora, en esta etapa?

Ya adulto, maduro, sigo siendo el mismo Mike. Hola, hola, tengo muchas amistades, tanto hombres como mujeres. Adiós, buenos días, buenas tardes, hasta allí, no más. Me dedico al Duqui, vendo mis duqui, hago mis rifas, vendo lotería escamoteada porque la gerente de la lotería no me quiere; ella fue impuesta por Schwartz y desde el tiempo que ella llegó allí nunca me apoyó. Ya me dieron mi jubilación, te la voy a enseñar.

Un camión comenzó a pitar en la calle, frente a la galería. Mike sacó su billetera, me mostró su carnet de jubilado y puse en pausa la grabación para verlo. Escuché el ruido proveniente de la cocina y las voces de los clientes. Una mujer joven, con el pelo amarrado en moño y de lentes, cruzó el salón y se sentó en una mesa cercana de la pared derecha cubierta por cuadros de pintura. De su bolso sacó una computadora portátil; yo regresé con Mike.

    ¿Cómo cuántos son tus ingresos?

Semanalmente me gano como unos tres mil córdobas en todos mis bisnes. A veces más, a veces menos.

    Ya tenés tus clientes, clientes fijos.

¡Ah, claro que sí! Soy poquitero. No te estoy diciendo que la Revolución es un cambio, pero muchos delegados de las oficinas del gobierno creen que ellos son los dueños. No, eso no es así.

    ¿Existe una organización de homosexuales en Bluefields?

Sí hay. Hay como mil y pico de homosexuales, pero organizados son pocos, los más allegados al Presidente que se llama Tyron. A mí me buscan cuando los quieren quitar de la directiva, cuando lo están desbarrancando, cuando hay elecciones para que vote por ellos, por él, para que lo reelijan. En esa organización hay lesbianas y hay homosexuales. Son como dos mil quinientos entre maricones y cochonas. En mis tiempos la población era como de siete mil personas, ahora hay más de cien mil. En esos tiempos, cuando venía un chavalo con una chavala del puente para allá era casamiento, cuando venía de las piletas de Martínuz en Pointeen era casamiento, ¡ja, ja, ja, ja! Hasta yo iba a esos lugares, pero como te digo, siempre fui un maricón raro.

    ¿Siempre tuviste montones de hombres que te enamoraban?

¡Ay, Dios mío!, desde el sesenta y pico para acá se me olvidaron todos lo que yo he querido. Cada noche tenía un amor; una noche, un amor. Los becados de los hermanos cristianos, ¡ay, ay, ay, ay!, me seguían, eran becados del hermano Lucas. En esos tiempos también había varias prostitutas, “la Diablo Rojo”,  “la Panameña”, “la Rosa Paisana”, “la Vicky Me Voy”, ¡ja, ja, ja!

    Entonces ahora estás tranquilo, con tus negocios, con tu pensión, ¿seguís teniendo amores?

Estoy feliz, feliz, pero amores no, ya no porque en Bluefields los homosexuales estamos perdidos. Los nuevos homosexuales, los jóvenes, le están echando el clavo al pollo, por el pollo, que por el pollo. El hijo de una lideresa liberal, es maricón, ¡uf!, hay un montón.

    ¿Qué querés decir con una noche, un amor?

¡Ah!, que cada noche, aunque no hiciera nada, me sentía feliz, me sentía como la Lady Diana en Inglaterra.

    Has disfrutado la vida y tenés amigos, ¿te sentís realizado?

¡Claro!, ¡gracias a Dios! He viajado, estuve en Panamá, en Costa Rica, en México, me di gusto. Tuve un amigo granadino que tenía un bus Pulman. Mi familia es de la burguesía de Granada, de sangre pura y noble. En Panamá fui tan egoísta, se enamoraban y me decían: “¡oye chico!,  ¡papi!, ¡nunca he probado a un Nica!”, “ni lo vas a probar, porque este mortorio no es para cualquier zopilote”, les decía. Llevaba guaro y cotonas bordadas, yo no andaba en esa cosa. Tengo amigos regados por todo el mundo, por eso te digo que me saludes a mis amigos regados por el mundo, a toda la comunidad Lasallista que me conoció aquí en Bluefields. Yo no tengo prejuicios contra nadie y lo mejor de todo es que sólo me enamoré de uno, de Lambert. Yo soy homosexual y nunca he creído en el amor entre los hombres, porque es una inversión monetaria de parte de los hombres. ¡Imaginaté!, ¡yo ya vieja y haciendo tortillas!, ¡Ave María! Salúdamelos, a todos, a todos mis amigos regados por el mundo, a Chico Vela, a Tilo, a todos, todos.

Claro que sí Mike. Estoy seguro que van a recordar esos tiempos de chavalos, te van a recordar con mucho cariño, le dije; apagué la grabadora y terminé la entrevista.

Bluefields, Nicaragua.
Agosto de 2015.