Seguidores

viernes, 26 de junio de 2015

NO ES EL CONTRABANDO, ES EL SISTEMA


El sector empresarial vinculado a la ganadería ha creado una alharaca con la que arroja las culpas de la escasez de ganado para matanza industrial al contrabando y a la exportación de ganado en pie. Con ello se sacuden las culpas que han creado y que por décadas afectan a los pequeños y medianos productores del país.

Dicen, tratando de asegurarse el futuro con las posibles medidas que el gobierno ha de tomar por sus gritos, que el país pierde porque se evaden impuestos, se pierden empleos y, por lo tanto, se afecta la economía nacional. Recurren al grito porque saben que “el que más grita traga más pinol”.

La escasez de ganado en Nicaragua es cíclica, es estacional, es así por el sistema de producción extensivo que se practica en el 95 por ciento de las fincas existentes, en las fincas de los pequeños y medianos productores, en las de los “bota de hule”, de los “finqueros” ubicados en zonas lejanas e históricamente sin acceso a fuentes de financiamiento a largo plazo que contribuyan a romper la lógica del sistema de producción imperante. La producción ganadera es estacional porque depende de las condiciones climatológicas, es decir, de los periodos secos y lluviosos.

Durante la época seca los niveles de producción se reducen drásticamente por la escasez de pastos y, debido a ello, la mayoría de ganaderos practica la trashumancia del ganado, trasladándolo desde las zonas secas del país hacia las zonas húmedas en busca del verdor de los pastos. Las zonas secas quedan despobladas de ganado y los ganaderos que no tienen finca en la zona húmeda deben de buscar cómo resolver el problema  de subalimentación del hato, venderlo o armarse de hasta piedras para aprovechar el cuero de los animales que se les mueren. Los que logran ordeñar sus vacas son premiados con el incremento del precio de la leche, no por la calidad, muchos menos por elevar sus rendimientos (litros por vaca), sino por la escasez de la misma.

En las zonas húmedas se da una sobrepoblación de ganado que provoca la caída del precio de la leche y sus derivados, convirtiéndose en el escenario de la lucha entre compradores de ganado en pie, muchos de ellos intermediarios, llamados “programadores de ganado” de los mataderos. En esa lucha, cuando existe la posibilidad de vender ganado para ser exportado en pie, miles de pequeños ganaderos obtienen beneficios porque se le paga un mejor precio por el kilo de carne en comparación con lo que paga el matadero. La red social ganadera se activa, los compadres y amigos confían entre ellos, la correspondencia a caballo funciona, los compradores de dos y tres animales mueven ese negocio que, al final, termina en inmensos corrales para ser exportados en barcos hacia Venezuela.

Después que inicia el periodo lluvioso, el ganado de ordeño se traslada a sus zonas de origen y, por el llamado “golpe de leche”, las plantas reducen drásticamente el precio por litro que les pagan a los productores. Los novillos continúan en la zona húmeda y se da la sobreabundancia de animales machos lo que provoca, sin la competencia de los exportadores de ganado en pie, una caída en el precio; así los mataderos aumentan el aprovechamiento de su capacidad instalada, es decir la matanza diaria y, por ende, sus beneficios.

El cuento del contrabando ni ellos mismos se lo creen. Nicaragua es el país más seguro de la región centroamericana, pero tal parece que para estos señores dicha seguridad debe usarse según sus intereses. Ahora resulta que los puntos ciegos son los causantes del desastre que ellos mismos han causado en el sector ganadero. Ahora dejan en entredicho el trabajo que la Policía Nacional y el Ejército de Nicaragua realizan en el campo, en las comunidades rurales y en la montaña, con el fin de evitar que se siga exportando ganado en pie, exportación que beneficia a los pequeños y medianos productores, a las comunidades, a los arrieros y a los “bota de hule” porque se les paga mejor precio.

La competencia es vital para que el sistema de producción ganadero se desarrolle, pero mientras los factores claves para lograrlo (tecnología, financiamiento, acopio, transformación, comercialización) continúen en manos de empresarios que actúan sin riesgos, con lógica oportunista frente a los problemas, demandándole al gobierno medidas que incrementen sus beneficios como listado en una carta al niño Dios, la ganadería en el país seguirá siempre a la deriva.


Ronald Hill A.
26 de junio de 2015

martes, 23 de junio de 2015

LO PERDIDO



Antes, lo que no imaginaba, hoy admiro.
El tiempo no lo valoraba, se escapaba
en amaneceres y atardeceres descoloridos.

Antes, lo que no sentía, hoy duele.
El mínimo gesto se extinguía
sin sonrisas y rubores de alegría.

Antes corría de prisa, osadía.
Piedras y espinas,
engaños y mentiras.
Un maratón sin derrotero, desgastado.

Del antes aprendí lecciones.
Mentiras distantes reconozco,
la ocena a traición percibo.
Esquivas miradas hoy cautivo.

Con pasos lentos me levanto.
Andante del camino,
guerrero de la vida,
redescubriendo lo perdido.



Nueva Guinea.
23 de Junio 2014.
Día del Padre.
Foto: La vida y su abstracción de Sergio Orozco.

martes, 16 de junio de 2015

SÓLO EN NUEVA GUINEA (I)


“No dilatan ni cinco minutos. Se aparecen los pirucas, escogen las mejores, las pelan y  hacen rodajas para pasar el trago con ellas”, dijo Moncho Jarquín desde la esquina de su tienda cuando vio que le tomé foto al basurero lleno de piñas. “Se tiran su piñita colada”, le contesté.

“Varios piñeros (productores de piña variedad MD2, llamada piña dorada) las tiran al campo para que se incorporen al suelo, otros las hacen en trozos y se las dan a las lombrices para hacer lombrihumus (orín que desechan las lombrices en la descomposición de la materia orgánica), pero la mayoría se las da a las vacas, no solo las golpeadas sino que también las buenas, pequeñas y grandes, cuando el precio se les viene al suelo por la abundancia, por la sobreproducción”, dijo Mauricio Mendoza cuando le conté el asunto.

Con ellas, aunque estén golpeadas, en otros pueblos hacen arroz con piña, empanadas rellenas de piña, pastel de piña y hasta chicha. No se desperdician tanto como en Nueva Guinea porque todos los productores cosechan en la misma época y no existe capacidad de procesamiento, conservación y transformación para elaborar con ellas productos como zumos, néctares, pulpa y jalea, mucho menos empacar rodajas en latas. Es lo mismo de siempre, quizás en el futuro las cosas cambien para mejorar.

   

martes, 9 de junio de 2015

LAS PIPAS DE AGUA DE JUIGALPA (Galvanizadas en la Memoria)




He visto varias carretas cargando una pipa en la que se distribuye agua por las calles de Juigalpa, la misma imagen en diferentes colores. “¿Por qué pintas esa imagen?”, le pregunté a Julio Madrigal al sentarme a su lado, luego de saludar a Carlos Medrano, entre centenares de voces murmurando en la calle, frente a la  casa de familia Guerra Gallardo.

Julio Madrigal me cuenta: "esas pipas eran de mi padre Juan Castilla Tablada, él me dejó una foto que aún conservo y si hago bulla se desbarata. Decidí pintarlas para dar a conocer cómo se distribuía el agua en Juigalpa. Él tenía varias pipas, había una roja, una verde y otra azul, por eso las he pintado en varios colores”.

    ¿Y en diferentes calles?

Las calles de Juigalpa se parecen, sus casas esquineras son grandes, de adobe y teja, con el mismo diseño arquitectónico. Cuando la gente mira el cuadro provoca la discusión entre los juigalpinos: unos dicen que es la esquina de donde fulano, otros de donde zutano, pero realmente la esquina es por donde doña Teresita Pantoja, es decir allá donde vivía Tapa Chiche, la esquina de don Aníbal Cruz. Metían la pipa de retroceso para el lado de donde la Tersa Urbina, allí antes era un guindo y le ponían una cuña. La foto fue tomada en esa esquina, eso me lo comentó Alejandro Castilla, mi hermano, uno de los que va montado. Entonces, como todas las esquinas son parecidas, da la impresión de que se ha paseado por toda la ciudad.

    ¡Esa es una imagen que te quedó grabada desde chavalo!

Así es. Conozco todo el procedimiento, desde el pozo, cómo se parqueaba la pipa, cómo se trasegaba el agua del pozo a la pipa, todo eso me quedó galvanizado en la memoria y le puse alas porque ahora hay pipas en Europa, en Estados Unidos, en Sur América y en Cuba.

    ¿Cómo es que las pintas?

En tela con técnica mixta, la base va curada con cola, los polos de la lona, acrílico especial y luego una mezcla de óleo, es un técnica mixta. He pintado como unas doscientas pipas.

Observo que Carlos Guerra sale de la casa. Me disculpo y camino hacia él esquivando los pies de los estudiantes que están sentados en sillas blancas y han llenado la calle. Nos apretamos las manos, le doy condolencias por la muerte de María Elena y nos abrazamos. Los periodistas lo rodean, me despido y regreso donde Julio.

    Julio, esa pipa también está pintada en el parque de Palo Solo.

Es un mural que fue pintado por Ricardo Gómez. Él fue mi alumno cuando comencé a dar clases de dibujo y pintura en lo que es hoy La Asunción, antes la escuela José Aníbal; allí comenzamos con María Ramos a impartir los primeros talleres a raíz de la Revolución donde acudió Ricardo, un morenito, a dar sus trazos iniciales. Ahora es un gran escultor y pintor nacional que da clases en la Escuela de Bellas Artes. Él la pintó, pero no lleva los detalles que tenían las Pipas de mi papá.

    ¿La pintaste sin pensar que podrían regresar esas condiciones de distribución de agua por el despale, la ganadería extensiva y el cambio climático global?

Cuando uno pinta quiere dar a conocer algo que pasó, porque es una pena que ahora no hay ni una pipa para tenerla en un museo. Aquí en Chontales el oro se trasladaba desde La Libertad a Puerto Díaz en carretas. Don Juan Manuel González, el músico acordeonista, era el jefe de todas las carretas. Ahora no hay ni una carreta y ni una pipa. A lo mejor volvemos a eso porque en algunas comarcas no hay agua, por ejemplo en Piedras Grandes, pero en la ciudad hay las 24 horas del día por un gran proyecto que hicieron los coreanos para abastecernos desde el lago de Nicaragua.

    ¿Sonaban una campana avisando que pasaba la pipa?

No, sólo gritaban “la agua, la agua, última vez que paso”. La gente abría sus puertas, entraban y llenaban el tanque o la pila

    ¿A qué precio vendían el cántaro de agua?

    A quince centavos, ¿verdad, Carlos? —dice Julio preguntandole a Carlos Medrano.
  Veinticinco centavos, era equivalente a una lata —responde Carlos.
    El cántaro era de bronce como esos cantaritos de oro que hacen para pendientes —dice Julio.
    Hay que aclarar una situación —dice Carlos —habían otro dueños de pipas: Agustín Castilla Solís, Pablo Urbina, Antonio Urbina, llamado “Toño Pipero”, y Juan Castilla, el papá de Julio.
    Don Arturo Tablada, mi tío abuelo, mi abuelo se llamaba Nicolás Tablada, le dio a su sobrino, mi papá, dos pipas para que trabajara; fue desarrollando la microempresa y como era rentable los otros se metieron y hasta hicieron un pozo al lado del suyo —explica Julio.

    ¿Por todo eso es que pintas las pipas?

Las llevo galvanizadas en la memoria, como decía Neruda.

Veo el reloj, se hace tarde. Le agradezco a Julio la oportunidad de entrevistarlo. Observo que comienzan a sacar las ofrendas florales de la casa. Me despido y quedamos de vernos en la catedral donde se hará la misa de cuerpo presente de María Elena. Camino hacia la esquina de Palo Solo e imagino en estos tiempos a las pipas abasteciendo de agua a los juigalpinos.

Juigalpa, Chontales.
3/6/2015.

viernes, 5 de junio de 2015

EL ÚLTIMO IGUALTIL (En el día del Medio Ambiente)





Me bajé del jeep para revisar una llanta y escuché el sonido del golpe seco y continuo. Crucé caminando la carretera que conduce a La Libertad, Chontales. Un hombre estaba con un hacha derribando un árbol de Igualtil (Genipa americana L.), llamado también Tapa Culo. Daba cinco hachazos al lado derecho y cinco al izquierdo hasta que lo derribó. Al caer el tronco no se desprendió y le tomé la foto cuando lo separaba en dos. Con hacha, ¿y las motosierras?, pensé.

“Aquí, en estos llanos ya no se escuchan, la gente se vuela los palos con hacha y cuando de leña se trata, se suben con serrucho a cortar las ramas gruesas”, dijo Julio Duarte cuando le mostré la foto en su finca La Heredad ubicada en la comarca El Quebrantadero de Juigalpa.

“Al menos aquí le tienen miedo a las autoridades pero en otros lados arrasan con los bosques y todo el mundo se hace de la vista gorda”, le respondí. “Ese era el último Igualtil de estos lados”, respondió.