Hace mucho tiempo
me fui de
Bluefields,
con una maleta
pequeña,
dos camisas limpias
y un sueño grande
apretado en el
pecho,
dice George McKenzie.
Dejé atrás la
bahía,
oscura y mansa,
como si ella
supiera
que yo no volvería
igual.
Me fui embarcado
en un crucero
enorme,
blanco como nube
extranjera,
con luces
encendidas
hasta en la
madrugada.
Vi ciudades
levantadas
a la orilla del
mar,
puertos con nombres
raros,
mujeres hablando
idiomas
que yo apenas
entendía,
hombres vestidos de
lino,
niños rubios
corriendo
sobre cubiertas
brillantes.
Vi mares azules,
tan limpios y
hondos,
que por un momento
pensé
que el mundo era
fácil
para los que tenían
dinero.
Pero yo no iba de
paseo.
Iba a trabajar.
Lavé platos,
cargué maletas,
limpié mesas,
sonreí cansado
a gente que nunca
supo
cómo se llamaba mi
tristeza.
Cada dólar guardado
tenía destino.
Una parte la
mandaba a casa,
otra la ahorraba con
paciencia
para levantar,
algún día,
mi propia vivienda
en Bluefields.
Y así fue.
Con los años
levanté paredes,
puse techo firme,
colgué mi swing,
compré mi carro,
sembré flores
frente al corredor
y regresé pensando
que la felicidad
me estaba esperando
sentada en la sala.
Pero mi casa estaba
callada.
Mis hijos ya eran
grandes.
Crecieron sin mis
manos,
sin mi voz en la
mañana,
sin mis pasos
entrando
con pan de coco
o pescado fresco.
Mis amigos tampoco
estaban.
Unos se fueron
lejos,
otros se fueron
bajo tierra,
y algunos quedaron
perdidos
en las esquinas
antiguas
de una ciudad
que también
envejeció conmigo.
Ahora bajo al
malecón
cuando cae la
tarde.
Miro la bahía de
Bluefields,
sus aguas oscuras,
sus pangas
cansadas,
sus gaviotas
regresando
como almas
conocidas.
El viento me trae
nombres.
Nombres de
muchachos
que rieron conmigo,
que bebieron
conmigo,
que soñaron conmigo
y bailábamos juntos
en Mayo Ya
cuando no teníamos
nada
y sin embargo
lo teníamos todo.
Entonces comprendo.
Mi viaje fue largo.
El barco fue
grande.
El dinero llegó.
La casa quedó
bonita.
El carro duerme dentro.
Pero algo de mí
se quedó navegando
en aquellos años
perdidos.
Y cuando regreso
solo
por las calles
húmedas
de Bluefields,
sé que no todo
sueño cumplido
trae descanso.
A veces uno vuelve
con las manos
llenas,
pero con el corazón
mirando hacia
atrás.
5/6 de Junio 2026.

Muy real y maravilloso poema.
ResponderEliminarMuchas gracias. Abrazos.
Eliminar