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sábado, 17 de septiembre de 2016

NIÑOS DE GUERRA



    No, no, vos no te metas en la plática, porque vos sos de otra época —dijo El Bizco cuando traté de explicar las diferencias generacionales entre ellos, los tres amigos que conversaban sobre su niñez, y la mía.

Nosotros nacimos en época de guerra. De nuestra infancia, el único recuerdo que siempre sigue vivo es la abundancia de escasez, penuria de todo, de comida, de ropa y de juguetes en la época de navidad. La guerra se nos metió en la sangre, en el cerebro, nos dejó jodidos de por vida. Imagínate que en la escuela aprendimos a contar con una cartilla en la que todos los símbolos que empleaban eran de guerra. Una granada más dos granadas, ¿cuántas son?, preguntaba la maestra. A vos te enseñaron a contar con granitos de maíz o de frijoles, con arbolitos, con un método fresa. Dos AK-47 por dos AK-47, ¿cuántas resultan?, seguía la maestra. A nosotros nos jodieron. Las navidades se celebraban con balaceras de pistolas, los fusiles iluminaban el cielo con balas trazadoras, de los cuarteles del ejército volaban luces de bengala, y nosotros en una esquina del barrio gritábamos de alegría.

— Bizco, Bizco, contá lo del Pájaro Negro —lo interrumpió Pitoreta.

El Black Bird, siguió contando el Bizco, cuando el Pájaro Negro se metía en Juigalpa, ya sabíamos, el ruido, el bombazo, la tembladera de todo lo que había alrededor, nos tirábamos debajo de los pupitres, los maestros debajo del escritorio, las chavalas lloraban, unos se orinaban, las clases quedaban suspendidas. El tiempo se detenía, el silencio de adueñaba de todo, quedábamos en shock, la temblorina me quedaba todo el día porque nos habían metido el cuento de que el pajarito iba a dejar caer bombas por todos lados.

    Mirá ahora como es la cosa —dijo Pitoreta y el Bizco se sentó a su lado.

Como siempre había chavalos nefastos. Esos que son mayores y te quieren cachimbiar por algo, por algo tuyo que quieren, por algo que les gusta. Eso que ahora le llaman “bullying”. Nosotros vivimos esos años de chavalos en un constante acoso psicológico por parte del sistema, por la guerra,  ¿no era todo eso un maltrato psicológico?, pero sólo para que te des una idea, cuando uno de esos matones, esos chavalos nefastos, nos querían joder la vida, con sólo que le dijéramos ¡Reagan, Reagan, Reagan!, dejaban de jodernos, se escondían porque Reagan era el mismísimo demonio y Sandino el héroe.

    Nos entreteníamos aprendiendo el arte de la guerra —dijo Gánster, y el Bizco y Pitoreta se carcajearon.

Es cierto, aunque ustedes se rían, ya no se acuerdan que nos íbamos al río, a la quebrada de Carca, con los amigos de mi papá, contentísimos porque llevaban armas, unos grandes fusiles de francotiradores, ¿cómo se llamaba?, Dragunov, sí, era inmenso, con patitas para apoyarlo en el suelo, el cargador era curvo y nos decían, ¡a ver chavalos!, ¡vamos a ver quién aguanta la patada!, y nos poníamos pecho en tierra para disparar contra el paredón de piedras, al pie de la poza, y ¡bang!, el cachimbazo que nos tiraba para atrás, quedábamos con el hombro inflamado. Y las granadas venían después, eran granadas como un huevo, con un resalte a los lados donde se unen las dos mitades de la carcasa. Era un entrenamiento de guerra, imagínate, zipotes en esas, “mirá la espoleta y cuando se la quites, así, mirá, tírala a la poza, vas a oír un pop y la tiras de inmediato”, nos decían. Y aquella lluvia de agua que salía de la poza, el cachimbo de pescaditos muertos, y las piedras de la orilla quedaban todas bañadas de agua, y nosotros dando gritos de alegría. Por eso, además de bañarnos, nos encantaba ir al río con los amigos de nuestros padres.

    Ustedes son de la generación que no cree en nada ni en nadie —dije luego de un momento de silencio.
    Nada de nada, de política mucho menos. Somos niños de guerra, nuestra lucha es la sobrevivencia —respondió el Bizco.
    Y los vinagres —agregó Gánster.
    Pero los critican, dicen que pueden cambiar la realidad, cambiar el país y no hacen nada.
    Que se jodan todos, que Patria ni que cuentos, nos jodieron —dijo Pitoreta.
    ¡Echémonos un trago! —agregó el Bizco tomando por el cuello la botella de Chivas Regal.


17/09/2016

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