domingo, 31 de julio de 2022

UN POEMA EN LA ARENA

 


Temprano por la mañana.

Un viaje inesperado.

Jeep, carretera, hotel,

panga, bahía, arena.

 

Sentado en el alto tetraedro,

unidos por miles forman un brazo,

tetrápodos cerrando una herida,

recuperando la playa del mar.

 

Una pareja corre tambaleante en la arena,

sonríe contra el viento y las olas.

En su alrededor picotean gaviotas

y pelícanos en bandadas cruzan la escena.

 

Una mototaxi roja se aproxima,

inaudible deja atrás el verdor de la loma del faro.

Se ralentiza en la arena profunda

y los tetrápodos frenan su avance.

 

Allí viene una familia de cinco.

Tres niños corren a los arbustos.

El hombre va tras ellos con un balde de plástico.

Mamá sacude su falda, quejándose un poco.

 

El viento del noreste desprende

palmas del techo de los ranchos

y el oleaje socava sus cimientos

ayudado por negociantes de arena.

 

Los niños saborean icacos.

Papá carga el cubo de plástico.

Mamá sonríe y dice adiós.

Caminan festejando sus pasos.

 

La pareja en madera de balsa se explaya.

Cabello negro largo y rizado el de ella.

Segura y sonriente, enamorada,

entre los hombros del él.

 

Caminantes van al norte y vuelven al sur.

Cuerpos cansados, raída y sucia la ropa.

Esperanzas en sus pasos y ojos gatunos.

Bendiciones empacadas buscan al ir y venir.

 

Sentado con los pies al aire,

el viento en la espalda y el rugir del oleaje.

La marea arrastra la puesta del sol.

Gruesas y gordas nubes lo cubren de chocolate.

 

Los niños corren, gritan en la arena.

Los enamorados se besan.

El oleaje se calma.

Los caminantes desaparecen.

 

En el hotel frente a la cabaña,

todo se nubla, estoy cansado.

Entro a la cama, en calma busco

un poema en la arena.

 

 

sábado, 30 de julio de 2022.

Foto propia.