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viernes, 14 de agosto de 2026

TODAVÍA ESCUCHO LAS GAVIOTAS

 



Por momentos, todavía,

buscando una ola,

capto el canto de las gaviotas

que vuelan sobre mí,

una melodía en el aire.

 

Cantan por la alegría de hacerlo,

por el puro instinto del viento.

 

El sargazo inunda la orilla

de la playa de El Bluff.

 

De cierta manera, todavía,

después de más de vida y media,

conozco muchas palabras,

incluso algunas que nunca aprendí.

 

Tal vez estén entre ellas

las que entiende la bandada.

 

El tiempo cambió mi rostro,

dejó sus huellas,

pero no apagó del todo

al hombre que todavía mira,

escucha

y se sorprende.

 

Elevo la mirada.

 

Vuelan a baja altura,

altivas, alegres,

y les respondo

como quien todavía

tiene algo que decir.



14 de agosto de 2026

69 años.


jueves, 26 de febrero de 2026

MI AMIGO, EL POETA


La luz del atardecer
era algo más que la caída del sol
para él.
Era fuego ardiendo en el horizonte
sobre la montaña.
Decía que era una bola de oro
pintando cerros y llanos,
las copas de los árboles
y las llanuras.

Creció en Nueva Guinea,
pero no como quien crece en un sitio,
sino como quien crece dentro de un pecho.
La nombraba como se nombra a una madre,
como se nombra a una novia
cuando nadie escucha.

Nueva Guinea no era calles de polvo solamente,
ni barro pegado a los zapatos,
ni música alta en las esquinas.
Era una mujer de manos abiertas,
con olor a cacao y tierra mojada,
que lo miraba escribir
desde los corredores de madera.

Él le hablaba en silencio.
Le cantaba sus versos
como quien devuelve un favor antiguo.
Le decía que era fuerte,
aunque estuviera herida.
Que era hermosa,
aunque no lo supiera.

El cielo ya no era simplemente cielo,
sino una bóveda hermosa
pintada de naranja y chocolate,
con nubes doradas viajando lento.

“Son copas de oro que se rebalsan
en manos divinas”, decía.
Y el mérito
no era del sol que se va
y nos deja en la oscuridad.

Sus ojos guardaban un manto
para mirar lo gris y tenebroso
con el encanto de la fe
y la esperanza,
manteniendo su corazón
fresco y alegre.

A nosotros,
que solo vemos la crudeza del mundo,
nos entregó, generosamente,
una visión distinta,
sin egoísmos.

Pero no lo sabíamos,
y lo rechazábamos.
“Es un loco, fuera de este mundo”,
decíamos.

Era invitado a actos solemnes,
pero llegaba sencillo, sin pompa.
Hablaba poco, miraba mucho,
y al final todos callaban para oírlo.

Recorría festivales de poesía por todo el país,
un país de poetas,
y aun así lograba sorprenderlos.
No por ruido,
sino por esa calma
que dejaba temblando al que lo escuchaba.

Y cuando volvía,
siempre volvía,
era a su Nueva Guinea
a quien primero buscaba con la mirada.

Era mi amigo, el poeta.


20 de febrero de 2026.

Foto: Internet.


sábado, 1 de noviembre de 2025

BAJO LA TENUE LUZ DE LOS RECUERDOS

 



Llegas a la orilla.

Saltas del cayuco —¡splash!—

y lo arrastras con esfuerzo

hasta vararlo entre las raíces del manglar.

Centenares de cangrejos azules y ojones

han hecho su hogar en los alrededores,

orificios de todos los tamaños, según familia.

 

Cruzas la cuerda que llevas en la mano

entre troncos jóvenes y viejos,

tratando de asegurar ese medio pequeño

que te ha llevado, tantas veces,

de una orilla a otra,

con tus recuerdos y los míos.

 

Y dudando si quedó bien amarrado el cayuco,

lo compruebas una y otra vez,

como quien no confía ni en el nudo

ni en los días que lo alejaron del suyo.

 

Yo te observo, en silencio,

como quien mira al hermano que tuvo cerca

y ya no sabe cómo hablarle.

 

En todo —vida y mar—

navegas con calma y suavidad,

sin prisas, sin remordimientos,

sin grandes expectativas,

porque ya todo lo has dejado atrás.

 

Caminas en silencio

bajo la luz rosada del atardecer,

con los pasos pesados, lentos,

como si temieras que el suelo recordara

los juegos, las voces,

la infancia que compartimos.

 

Cuentas tus historias

como antes,

esas que te llenan de felicidad:

joven, guapo, valiente,

cosechando amores y promesas.

A veces callas, pensativo,

y de pronto lo dices todo de un golpe,

como un faro que lanza su luz al horizonte,

sin mirar si alguien la ve.

 

Un día decidiste ir por el mundo

en busca de la fe perdida.

Subiste montañas heladas,

navegaste ríos caudalosos,

alcanzaste tus sueños y anhelos

y un amor siguió tu navegación errante.

 

Ahora es fácil seguirte:

vas cansado, solitario,

con pocos amigos,

alejándote cada vez más

en tu viejo cayuco,

como si olvidar fuera tu único destino.

 

Hoy, que los vivos prenden velas

y los muertos se asoman al recuerdo,

te pienso con la congoja

de quien vela lo que aún respira.

No has muerto, lo sé,

pero tu silencio me duele,

como si el mar te guardara

del otro lado de la luz.

 

Vuelves la mirada a la izquierda,

y allí estoy.

No dices nada.

Solo sigues el vuelo de una tijereta

que busca cangrejos en la orilla

con la fe que tú has perdido.

 

Sopla fuerte el viento,

el mismo que separa a los barcos del muelle,

el mismo que aleja a los hermanos

sin razón ni despedida.

 

Y ambos, desde la muralla invisible que has puesto,

flotamos durante el día,

bajo la tenue luz de los recuerdos.

 

 

1 de noviembre de 2025.

Foto: Sergio Orozco Carazo


lunes, 8 de septiembre de 2025

ORGULLO DE CORNAILEÑA

 



En un rancho a la orilla de la playa,

pasando por Sally Peache,

piso de arena tibia, techo de palma de coco,

muebles de madera que crujen con el peso,

música caribeña en inglés,

las parejas bailan libres bajo la luz opaca

de bombillos azules y rojos

colgados del entramado del techo.

 

Aromas espesos: café fuerte,

colombiano, llegado por San Andrés,

cerveza amarga, ron dulce que quema,

cigarrillos de contrabando, humo denso

que nubla el aire y enciende los sentidos

al ritmo del soca y el reggae.

 

En la orilla del camino de grava

hay sombras expectantes,

ojos brillando en la penumbra del anochecer.

Entran y salen a la pista

cuando el ritmo alegre

toca sus entrañas.

 

En las esquinas del rancho

los cuerpos se buscan,

piel contra piel, sudor alegre,

movimientos eróticos y sensuales

que se entrelazan como olas nocturnas.

 

Afuera, a escasos metros,

revienta un oleaje silencioso.

Lo sientes crecer al caminar por la arena,

mientras esquivas cocoteros vencidos

que se acuestan sobre el mar

como gigantes cansados.

 

La música del rancho se va apagando.

El leve oleaje, espuma breve,

marca el compás de mis pasos

bajo un cielo encendido de estrellas

que laten como corazones abiertos.

 

Al regresar, allí te encuentro,

cornaileña de mi encanto,

alegre y sonriente, bailando descalza,

tu falda levantada por la brisa,

la música estremeciendo tu cintura.

 

En ningún lugar vas a ver el cielo

como aquí, desde la arena,

acompañados del oleaje breve,

de los cocoteros cómplices

y las estrellas que tiemblan de vida.

Lo dices con orgullo de cornaileña,

y tomados de la mano caminamos hacia Long Bay,

hasta perdernos en las ansias de nuestros cuerpos.


Allí, sobre la arena tibia,

nos unimos con la noche.

Las olas suaves revientan en la orilla

y rozan nuestra piel extasiada,

mientras el cielo nos cubre

con su manto palpitante de estrellas.


Todo quedó en mi memoria con tu partida.

La magia se deshizo en mi pecho,

y aunque la isla sigue latiendo con tambores y estrellas

para encantar a los enamorados,

yo camino con la nostalgia de saber

que su verdadero encanto se fue con vos.

 

4 de Septiembre de 2025.

Foto: Internet.


martes, 1 de julio de 2025

FUISTE MÍA

 


Fuiste mía,

solo un instante,

pero ay, qué instante…

fuiste mía.

 

Tus labios —mi condena—

sabían a piña rosada prohibida, 

a deseo que no se disimula.

Los rocé,

y el mundo se volvió un suspiro.

 

Fuiste mía,

un fuego que no avisa,

un adiós sin sonrisa,

fuiste mía.

 

Tus besos bajaban despacio,

como si cada uno dijera:

“no hay regreso, solo eternidad.”

Y yo, loco de vos,

me perdía sin culpa.

 

Tu cintura era un río lento,

una curva que pedía ser leída

como oración sin iglesia.

La recorrí con las manos temblando,

como quien toca lo prohibido… y se queda.

 

Y aunque el mundo te llevó,

y aunque el miedo te escondía,

yo me quedo con la herida…

porque fuiste mía.

 

Tus palpitaciones eran golpes de tambor,

cada uno más cerca, más dentro.

Bajo mis dedos,

tu piel hablaba,

decía lo que tu boca callaba.

 

El calor de tu cuerpo —ay, amor—

era un incendio dulce.

Tu espalda sudaba ternura,

y tu vientre era la puerta

que abriste sin pedir permiso.

 

Solo un instante,

pero ay, qué vida…

fuiste mía,

fuiste mía.


Mi ser creyó en tus promesas suaves.

Fue altar de palabras gastadas,

hogar de silencios fingidos,

una farsa que pedía caer…

y yo caí.

 

29 de Junio de 2025.

Foto: Sergio Orozco Carazo


miércoles, 28 de mayo de 2025

¿UNA VIDA, PARA ESTO?

 


Al inicio, tus caricias me salvaban del mundo,

yo te miraba y no dudaba: éramos destino,

éramos fuego, canción, refugio… mentira bendita.

 

Los años pasaron, y con ellos tus promesas,

cada una más hueca, más blanda, más falsa,

como un abrazo frío con olor a excusa.

 

Dormíamos espalda con espalda, como extraños,

nos dolían las mismas cosas, pero en silencio,

y el amor se pudría en la alacena de los hábitos.

 

Un día, entre platos sucios y miradas rotas,

nos lo dijimos sin rabia, sin lágrimas ni teatro:

duramos toda la vida… para ya no nos soportarnos.

 

 

27 de Mayo de 2025.

Foto: Internet

martes, 4 de marzo de 2025

NUEVA GUINEA: FORJA DE PIONEROS

 



En el corazón del trópico húmedo,

donde la selva respira con aliento de eternidad,

se alzó un pueblo de manos firmes,

de sueños fértiles como la tierra.

 

Llegaron de todos los rincones,

con acentos distintos, con historias propias,

y en la fragua de su encuentro,

forjaron un hogar de mil raíces.

 

Son hombres y mujeres de temple,

obreros del alba, sembradores de futuro,

con el sudor labran la esperanza,

con la honradez levantan sus muros.

 

En las colonias bulle la vida,

mercados rimbombantes despiertan el día,

como feria de asombros y trueques,

donde el país entero se encuentra en sus calles.

 

Sus mujeres, faro y cimiento,

madres y forjadoras de valores,

navegan entre hogar y comercio,

con la firmeza del amor en sus manos.

 

Gente de fe, libre en su credo,

en su anhelo de poseer y crear,

de educar con voz propia a sus hijos,

de construir con justicia su hogar.

 

Aguerridos como los vientos bravos,

que doblan las ramas, pero no las quiebran,

resisten tormentas, desafían abismos,

y renacen más fuertes con cada prueba.

 

Porque en estas tierras de luchas antiguas,

la historia no es sombra, sino antorcha encendida.

Cada 5 de marzo, la memoria despierta,

y en júbilo de fiesta, se abraza la vida.

 

Aquí, el campo y la ciudad se encuentran,

sus manos unidas transforman el suelo,

y con su esfuerzo, su ingenio, su audacia,

siguen labrando un destino nuevo.

 

Nueva Guinea

Capital del trópico húmedo,

estandarte de lucha y esperanza,

hogar de un pueblo que nunca se rinde.

 


Foto: Placa en Museo Comunitario.

En el LX Aniversario de fundación de Nueva Guinea.

4 de marzo de 2025.

La Colina, Nueva Guinea.

RACCS.

martes, 4 de febrero de 2025

DESDE MOUNT PLEASANT HILL

 


Dicen que en la mar está la paz,

pero yo sé que también es un abismo,

porque por la mar te fuiste

una tarde de verano,

dejándome en esta isla

de arenas blancas y arrecifes dormidos.

 

Desde Mount Pleasant Hill

vi tu sombra desvanecerse,

esperé que las estrellas emergieran

donde tu figura se hundió en el horizonte,

pero solo quedó el eco

de un adiós que no quise escuchar.

 

Ahora miro al Norte

y te imagino perdida en un mar distinto,

de calles frías y atiborradas,

corriendo tras un sueño

que no sé si aún te pertenece.

 

En la profundidad de la memoria

busco nuestra risa entre los cocoteros,

las canciones que juramos eternas,

y me duele saber

que en poco tiempo todo ha cambiado:

las palabras, las promesas,

las verdades en que creíamos.

 

Aquí sigue el sol,

el viento y las olas,

las estrellas brillando sobre la mar,

pero ya no sé si traen paz

o solo la tristeza de saberte lejos.

 

Es tan tarde ahora,

pero lo es mucho más

en un lugar donde nunca estaré

para verte otra vez.

 

 

4 de Febrero 2025

Foto: Internet


domingo, 29 de septiembre de 2024

ACUARELA GRIS Y MARRÓN

 



Los que sufren escuchan el aguacero que cae,

ven gotas de lluvia que empañan la ventana de su lecho,

imaginan que cubren las calles, la acera, el vado, el puente,

la casa, el árbol y los destrozos que causa.

 

Miran lo que a su vista se oculta,

la lluvia mancha de marrón sus pensamientos,

nubes grises sobrevolando el cuerpo empapado de dolor,

desesperación familiar, llanto de madre,

desinterés de quienes por obligación deben tenerlo, 

exponiéndose ante el dolor ajeno.

 

Dolor y llanto, agua y lluvia.

El que sufre pinta con lágrimas su dolor

para eliminarlo, el dolor eterno, la angustia, corazón dolido,

dolor de la herida, dolor que sangra, el dolor de perder el alma,

El dolor de la impotencia, dolor en lluvia de lágrimas.

 

Cuantas lágrimas serán necesarias para que surja la empatía

con los que sufren.

Un aguacero de lágrimas, un tormenta,

un río desbordado, un lago ahogado.

La lluvia no termina y acompaña al dolor,

pinta el gris y marrón en acuarela. 


29/09/2024

Foto: Internet.


martes, 24 de septiembre de 2024

ECOS EN LA HOJARASCA

 



El viento sopla al revés,
intensificándose con las horas,
sus ráfagas baten ramas, desprenden hojas.

La hojarasca es un colchón de recuerdos
que guardaré cuando te vayas,
en cada hoja surgirán los momentos.

Los días que pasé contigo,
no dejaré que se los lleve el viento,
porque siempre te voy a amar.

En tu ausencia seguiré viviendo,
como si estuvieras a mi lado.
Oiré cantar a las oropéndolas junto a tu mecedora vacía.

Beberé mi té en el corredor,
caminaré los andenes que caminaste,
y tu recuerdo iluminará mi camino.

 

24/09/24

Foto propia.


miércoles, 14 de agosto de 2024

ECOS DE VIDA

 



En el lienzo del tiempo, un esbozo trazado,
cada rayo de sol, cada sombra abrazada,
los caminos recorridos,
los trabajos que construyeron mi ser,
las risas compartidas en cada lugar,
y las despedidas que dejaron huella.

Desde El Bluff, donde las olas susurran,
bajo el cielo vasto del caribe,
y Bluefields, donde la brisa acaricia,
los días de niñez y adolescencia en la arena dorada,
he vivido en los ecos de la historia,
en el murmullo del mar,
y en la quietud del amanecer.

En Managua, época de estudios,
aventuras y trabajos;
vida urbana casi anárquica,
cambios bruscos y sorpresas cotidianas,
donde los sueños se entrelazaban
con la vibrante energía de la ciudad.

Cada rayo de sol, cada sombra,
una época de madurez en la adversidad,
resonando en Juigalpa, caracolitos negros,
Amerrisque y sus llanos ganaderos.

Ahora, al cumplir 67 años,
mi corazón resuena con gratitud,
en Nueva Guinea, el trópico húmedo,
donde vivo y cosecho nietos,
por cada paso, cada lucha,
cada momento que tejió mi destino.
Celebro la vida en su esplendor,
con el peso de las memorias,
y la ligereza de un nuevo comienzo.

Con la sabiduría del tiempo,
brindo por los sueños que aún persigo,
y por la belleza que habita en el ahora,
pues cada año es un regalo,
un poema que sigue escribiéndose 
en la paleta de la existencia.

 

14/08/2024
Nueva Guinea, RACCS

lunes, 12 de agosto de 2024

CHISPAS DE UN PÁLIDO ÉXTASIS

 



Anoche, el niño...


—ya ha llorado y gatea

a través de la ventana,

observa a alguien que alguna vez fue

y escucha los susurros.

Diez años en blanco, sin nada en sus venas ni en su cerebro

y todavía está aquí.

 

No, no y no, no más, ni una sola vez más,

rechaza lo que le hace sentir poderoso;

contra su voluntad, sostiene el fuego

debajo de la cuchara.

 

Se acerca como si diera su último aliento

en el buen sentido de la palabra.

Los vapores y el calor son dulces,

chispas de un pálido éxtasis

que atraen su brazo con besos.

La tentación de la felicidad

se mezcla con una canción extraña,

recuerda y crece, alta, fuerte, hermosa,

hasta que desaparezca, hasta que volátil sea.

Y adiós, buenas noches a esta vida,

volando entre las nubes, sin importar el color—.

 

Y el niño juega en los charcos del camino,

llamando con una sonrisa encantadora.

 

¡Dale, dale otra vez! dice, tomando su mano,

pero le ruega que se detenga.

“No más, basta ya”.

 


12 de agosto de 2024

Nueva Guinea.

Foto de Internet.


jueves, 11 de julio de 2024

UN PÁJARO CADA AMANECER

 



Si todavía tienes las ganas y fuerzas,

si haces caminatas todos los días,

sí llevas mucho tiempo a ese ritmo, nada se olvida.

Piernas y brazos se vuelven una invención,

la piel se descama al viento.

Te lo dices y recuerdas.

Ahora son historias de aves las que cuentas para ti.

 

Recuerdo a una tijereta que se eleva verticalmente sobre las nubes

y luego baja en picada, con las alas recogidas,

dejando una estela de pensamientos aéreos

bajo el cielo azul.

Allí está el cenzontle, señor de los imitadores,

que le canta a la perra su propio llanto desesperado,

al estar amarrada, viendo los movimientos

que identifica dentro de la casa.

Recuerdo a la oropéndola que canta desde la cumbre

de los árboles más altos del trópico húmedo,

haciendo un sobreesfuerzo al doblar su cuello,

y aletear de felicidad cuando la ve en el corredor de la casa.

 

Y frente a la ventana de vidrio, entre las verjas que la protegen,

los pájaros se engañan ante su reflejo.

Allí están el sargento con su fiel e inseparable amada,

que vigila su ligereza,

las viudas, la reinita amarilla, el güis macho, el batará búlico,

tanto negro o café rojizo con blanco.

Solamente allí han visto sus plumas de queratina y colágeno

que un día llenaron los bosques con su color.

 

Y nuevamente estoy aquí, al alba, sin estar seguro

del cómo, pero siento el proceso desde el que se desprende

la piel del cuerpo en cada movimiento,

en cada paso de los más de diez mil

que pelan la carne sin tener otro cuerpo donde refugiarse.

 

Cada suspiro, una sorpresa al amanecer.

El corazón todavía es fuerte y late agradecido.

Estos huesos son demasiado ruidosos

y poco a poco se van desgastando.

¿De tanto correr?

Y los tejidos se descarnan, hay grietas, moretones,

que hacen dolorosas erupciones.

 

Y voy como un pájaro cada amanecer.

Un paso más, faltan pocos, la meta está cerca.

Ya cansado, ese pájaro está dentro de mí,

siento sus alas, escucho su canto,

empuja más y más sobre las grietas,

picotea los moretones como al vidrio de la ventana.

 

¿Dejarás algún día al pájaro en libertad?

Sigo caminando cada mañana,

esperando que no llueva, con la brisa en el rostro.

El cuerpo, cansado, recuerda.

Un día, como los pájaros, será libre,

soltando sus cargas, elevándose con el viento,

en un vuelo sin final.

 

domingo, 7 de julio de 2024

Foto propia: Mielero patirrojo.


miércoles, 26 de junio de 2024

SIN SABER QUIÉN ERES

 



No sé cómo hablarte, si en inglés creole o español,

escucho tus palabras susurrando debajo de las sábanas,

un poco más allá de mi ombligo.

La vida te ha llenado de rencor, no lo escondes,

y entre palabras viertes gotas amargas sobre los recuerdos

sin dejar ver cómo la luna controla las mareas.

 

No sé lo que eres.

¿Una rosa que perdió sus pétalos con el viento?

¿Una mancha de café en las estrofas de un poema de amor?

¿Una golondrina con alas deformes?

Veo tu boca, tus labios tiemblan,

y escucho ese grito más poderoso que el dolor.

 

Dime, ¿en ingles creole o español?

En español escucho las oraciones de la madre con sus niños

en el atrio de la iglesia, pidiendo el pan nuestro de cada día,

arrodillados por el dolor de la pobreza.

En ingles creole fluyen por la calles los himnos de las iglesias,

pidiendo la salvación de las olas turbulentas,

y la guía del barco hacia un puerto seguro.

 

La lluvia y el viento se toman un descanso.

Espalda contra espalda nos entendemos,

un camino pedregoso y escarpado.

Dime cómo debo hablarte

si el sol deja de brillar en el horizonte.

 

Los recuerdos dolorosos a veces desaparecen.

De puntillas selecciono estrellas

para no zozobrar en la oscuridad.

El amor ha perdido su nombre,

los deseos no permanecen estables.

Un día lejano, gris y frío, volveremos a vernos

sin saber quién eres.

 

18 de junio de 2024.

Foto propia.


lunes, 17 de junio de 2024

REGALO DE NOCHE LLUVIOSA

 



Anoche la lluvia en Nueva Guinea fue intensa, dos horas o más,

luego dejó alrededor empapado,

humedad por fuera y por dentro de todo,

una calma absorbente atrayendo los sentidos.

El mosquitero forma una rectángulo que cubre la cama,

invitando al cuerpo con sus párpados perezosos,

y me deslizo en la burbuja que acurruca mis sueños.

 

El recuerdo vuelve una y otra vez, es su figura un deleite.

Va y viene, camina ligero, corre veloz, cabello al viento,

y se aferra al cuerpo con dominio interplanetario,

un polvo del pasado en el presente, un poema

deslizándose en la piel, brillando en los ojos,

y de repente desaparece como si los sentimientos

y deseos no significan nada.

 

La medianoche ha comenzado,

divide la oscuridad en antes y después.

La luz del día se muestra al noreste del parque,

pero el poema sigue allí aferrado en la mente

como un regalo de la noche lluviosa.

 

 

17/06/2024

Foto: Internet

 


martes, 16 de abril de 2024

EL CRUCE DE REGRESO A CASA

 


Hay pensamientos y recuerdos que se manifiestan,

con un intenso dolor como herida que se calma en la piel

hasta que regresan con el tiempo, casi siempre.

 

El cielo azul y las aguas calmas de la bahía,

su cruce es el único camino de regreso a casa:

cada lugar donde he amado me ha obligado a irme.

 

Después está la memoria, aún,

que llena de delfines el trayecto, suspiro

brisa marina húmeda, el laurel florecido, espuma en la orilla.

 

¿Cómo se llama el aroma de madre y el tono palpitante del atardecer al llegar?

Bluff, de ti me he alejado de las raíces ahora agonizantes,

de todo lo que llamamos parientes.

 

Déjame recordar lo que había dejado en el poco tiempo que queda:

tu playa y lagunas, tu andén florecido, tus atardeceres,

tu gente y amigos, tu resguardo y noches de calma.

 

¿Alguno de nosotros volverá a ser lo que una vez fuimos?

¿Para cuándo?

Dime y allí estaré.

 

15 de abril de 2024.

Foto propia.


martes, 9 de abril de 2024

UN MUNDO VERDE Y AZUL SE DERRUMBA

 


He estado allí y lo he visto:

árboles, polvo, lodo y la mar.

¿Estarán allí por siempre?

No impondré significados.

 

En Abril, la lluvia es un chisporroteo de alegría

entre las hojas secas que cubren la tierra agrietada.

Luego vendrá con su ímpetu arrollador,

aplausos sonando en las hojas nuevas.

Un proceso eterno que no se detiene, aún.

 

El viento, aliado de la lluvia, empuja el agua

fuera de su curso, desbordando lagunas y ríos,

en dirección hacia la mar donde las aguas se aparean

dando nuevas vidas, vida en abundancia.

 

Desde el muelle pienso en esto.

El río desbordado, el agua saltando

como animal herido y la boca abierta.

El océano, un animal lleno de otros animales.

 

Un zopilote viejo come el espinazo

de un pescado en el borde del muelle,

que apunta en dirección a El Bluff,

tras los picoteos desgarradores, lucha

contra otros más jóvenes que lo acechan

para tomar su turno y devorar lo que queda.

 

Desde la caseta del muelle de las pangas

veo el aleteo de los Cormoranes que en su vuelo

hacen espumas en el agua y cantan de alegría.

El atardecer se manifiesta con un viento sutil.

Entre los pilares de la red eléctrica, testigos silenciosos,

la silueta de los patos se eleva sobre el verdor de los cayos.

 

Una ola, luego otra, revientan en los cimientos del muelle,

en  llantas parachoques, en el basurero de la orilla de la bahía

donde mueren entre la inmundicia que libera hedores tóxicos.

 

En el río seco cae el día. Los pájaros desesperados

se refugian entre las ramas de los árboles pidiendo agua con su canto.

Profundo verano, luego la lluvia.

 

En el borde del muelle respiro profundo.

El oleaje, el aire salado, el graznido de las gaviotas,

el rugir del motor de la panga.

Adiós Bluefields, bye bye Half Way Cay, welcome dice El Bluff.

 

Barcos hundidos, casco y mástiles oxidados.

Cuerpos enjutos, rostros amarillos con ojos tristes.

¿Estarán allí por siempre?

¿Quiénes los abandonaron?

Vamos a la deriva en un mundo

verde y azul que se derrumba.

 

7 de abril de 2024.

Foto propia.


domingo, 4 de febrero de 2024

LAS ESTRELLAS DE EL BLUFF

 


El Bluff,

el lugar donde las estrellas

cuelgan tan bajo que puedes tocarlas,

tan bajo que acarician tu alma

con su luz infinita.

Debajo de su mirada celestial,

la tierra se levanta para mezclarse

con ellas y la mar.

 

Después del mediodía,

en la pendiente que lleva al faro,

más allá de la antigua pista,

bordeando matorrales verdes,

una pareja de misquitos

caminan aferrados a sus manos.

La pasión, ojos brillantes y labios ardientes,

los descubren como tesoro sin ser visto.

 

Al atardecer,

cuando el cielo es un lienzo de naranja y chocolate,

 un guerrero melancólico,

y una doncella milenaria,

danzan bajo las estrellas de El Bluff.

Cuelgan tan bajo,

tan bajo, que purifican el alma

con su presencia.

 


4 de febrero de 2024.

Foto: José Juan López Lafuente

Nota: apague la luz y disfrute las estrellas.


miércoles, 31 de enero de 2024

UN POEMA CON PALOS EN LLAMAS

 


Como una estrella de mar con volcanes de arena

que lleva entre los tubérculos de su espalda.

Como hilachas de algas marinas ondeando conta la corriente

sobre un coral de abanico en el fondo del mar.

Como una mantarraya nadando a sus anchas,

con peces que limpian su piel a cambio de protección.

Como la damisela que aletea alegre y nerviosa,

mirando constantemente su reflejo en la inmensidad de una pecera.

Como una tortuga Carey desovando entre cocoteros

en la playa de arena blanca de los Cayos Perlas.

Como la cola de golondrina alimentándose de zooplancton

en estado de alerta entre laderas del banco de coral.

Como amante enamorada que espera ansiosa en el muelle

al marinero que carga un bolso de ilusiones pintadas de azul.

Como mujer solitaria a la vista de otros que llora y canta

de alegría para llenarse de coraje y reírle a la vida.

Ella que no tiene casa, ¿Dónde está la casa que no tiene?

En su hoguera, ¡está ardiendo, está ardiendo!

Frente al fuego, ella escribe un poema con palos en llamas que comienza así:

Como una estrella de mar …

 

25 de Enero de 2024

Foto: Internet.

martes, 9 de enero de 2024

UN HOMBRE SOLITARIO

 




En la soledad del hombre, su amada se ha ido,

a tierras lejanas, dejando un vacío escondido.

Día a día, sus nietos y sobrinos lo acompañan,

a veces presentes, a veces en la distancia que empañan.

 

En el patio, entre la niebla revisa las plantas de quequisque,

corta cocos y naranjas con manos que buscan alivio.

Habla con las hojas, les confiesa su amor ausente,

abraza un árbol como si fuera la presencia que él siente.

 

Mira al cielo, suspira, lágrimas recorren su piel,

un eco de tristeza, un susurro del laurel.

De un lado a otro, camina sin descanso,

grita el nombre de ella, su eterno encanto.

 

Piedras lanza al zanate, maldiciones en el aire,

enfrenta la naturaleza, a su modo, sin temor a desaires.

Canta el gallo, desafiante en su alboroto,

el hombre grita su lamento, su desahogo.

 

Al atardecer, chavalos corren alrededor de su morada,

él les grita con furia, una mezcla de pena guardada.

"Dejen de joder", resuena en el viento,

sinfonía de soledad, en su triste lamento.

 

15 de diciembre 2023.

Foto: Internet..