El polvo de aquella mañana de marzo todavía parece flotar en el aire
cuando Josefa Mejía empieza a hablar. Han pasado más de cincuenta años, pero
ella lo recuerda con una claridad que estremece. El sol caía sin piedad sobre
la pista de tierra, el viento golpeaba de frente y un avión enorme acababa de
abrir su vientre para dejarla allí, sola, en medio de la montaña. Hoy está
sentada en el corredor de su casa de madera, pequeña y firme como siempre, y
sus ojos vivarachos siguen brillando como si el tiempo no hubiera pasado.
—Esos fueron los mejores años de mi vida.
Recuerda el avión enorme, como si una bestia hubiera abierto el
vientre para vomitar en aquella montaña desconocida. Venía como damnificada del
terremoto de Managua, igual que muchas. Otras venían buscando horizontes nuevos
porque ya no había trabajo, porque estaban cansadas de servir en casas ajenas o
de ver a sus familias explotadas en algodoneras y cañaverales.
Allí estaba ella, en el centro de la pista, con sus cositas dentro
de un saco de bramante y un bolso de lona al hombro. El viento seco le
alborotaba el pelo. El polvazal golpeaba de frente. Era un mes duro del verano.
Un hombre con lápiz y cuaderno preguntaba nombre y procedencia.
Luego les indicaron caminar hacia una gran casa de campaña. Tres filas de
gente. Aviones que aterrizaban y despegaban sin descanso. Cuatro bajaron esa
tarde. Nadie conocía a nadie.
Pero vino la desilusión. La tierra solo se entregaría a parejas.
Aquella noche durmió bajo el alero de una iglesia recién construida.
Varias mujeres solas hicieron un redondel y se acomodaron juntas. El frío de la
madrugada las obligó a ovillarse. El calor humano fue el primer milagro en
aquella montaña.
Al amanecer les dieron café, tortillas con cuajada y frijoles
tiernos. El humo subía espeso. Se oían chicharras escondidas entre el monte
cercano y el olor a tierra caliente mezclado con madera fresca recién cortada
llenaba el aire.
Frente al rancho de paja, un hombre de lentes gruesos se subió a un
tractor de oruga. Habló del proyecto, de colonizar aquellas tierras, de
convertir el monte en producción, de futuro. La gente gritaba y aplaudía.
Hasta que volvió la advertencia: sin pareja, no había tierra.
Sintió la soledad como un machetazo. Pensó en Gilberto, su novio,
que no quiso venir por miedo a la montaña y a los peligros. Allí entendió algo:
el miedo no siembra nada.
Al día siguiente reunieron a los solteros. Mujeres a la izquierda.
Hombres a la derecha.
—Mírense. Conózcanse. Decidan —dijo el administrador—. Todos
vinieron por un pedazo de tierra.
El viento soplaba fuerte sobre la pista. Ella miraba sin saber a
quién mirar.
Y entonces lo vio. Moreno. Cabello negro, un poco crespo. Espalda
ancha. Ojos serenos. Se llamaba Julián. No habló mucho. Le dijo algo sencillo:
—Si vamos a sembrar, que sea para quedarnos.
No fue una declaración romántica. Fue una promesa de trabajo. Ella
sintió que esas palabras pesaban más que cualquier miedo. Se emparejaron.
Les dieron tierra. Monte cerrado. Árboles gruesos. Lianas. Zancudos.
El canto lejano de monos al amanecer. No había nada fácil.
Vinieron los años duros. Madrugadas con machete. Lluvias
interminables golpeando el techo de zinc. Meses de sequías que cuarteaban la tierra.
Hijos naciendo mientras el viento silbaba entre las tablas de la casa recién
levantada.
Pero también llegaron las primeras mazorcas. Los frijoles verdes
asomando. El olor a tierra mojada después del primer invierno. El maíz alto
como esperanza.
La montaña dejó de ser amenaza. Se volvió hogar.
—Ha sido una gran aventura —dice ahora.
Desde el corredor mira a sus nietos correr descalzos por el patio.
Uno tropieza y se levanta riendo. Julián sale despacio, con paso ya lento, pero
firme. Los llama por sus nombres.
El sol de la tarde cae sobre los potreros que antes fueron monte
cerrado. El viento mueve las hojas de los robles y las acacias.
Josefa lo mira a él. Luego mira la tierra. Y entiende que aquella muchacha que bajó del avión con miedo y un
saco de bramante no perdió nada.
Ganó compañero. Ganó hijos. Ganó raíces.
Y en marzo seco, mientras el polvo vuelve a levantarse suave sobre
el camino, Josefa sonríe. Porque sembró sin garantías… y cosechó un mundo entero.
No quiero hablar de la historia de nuestro municipio, porque otros ya lo
han hecho, pero quiero decirles que soy feliz que las familias de fundadores se
han organizado y están juntos en una agrupación propia. Gracias a todos y todas
por su disposición de mantener vivo el recordar y la historia de este municipio
que es Luz en la Selva.
Quisiera recordar aquí que después de la celebración de nuestro 50 aniversario lamentamos el fallecimiento del fundador y
las fundadoras Rodolfo Palacios, su esposa Socorro, y doña Rosa de Torrente.
Hoy quiero hablar de las necesidades de nuestros viejitos fundadores.
Cada año se nos mueren de 2 a 4 ancianos y ancianas. Unos 50 fundadores y
fundadoras ancianas están allá en sus casas en pobreza, enfermos, esperando a
la muerte en desesperanza, viviendo en un municipio rico, fundado por ellos ¡donde
la alcaldía de turno ha movido y mueve millones!
Casi todos los hijos e hijas de los fundadores son pobres; somos contados
los hijos e hijas que podemos mantener esas grandes necesidades de un anciano
enfermo. ¡Desgraciadamente los pobres
reproducen pobres!
En aquellos tiempos, en las condiciones de esta selva, en el tema
escolaridad nadie pensaba más allá que aprender a leer y a escribir. A nadie se
le ocurría pasar la primaria, y la secundaria, ni sabíamos que existía. Ir a la
universidad peor, mi papá decía: yo nunca he visto a un campesino viviendo del
lápiz; ¡así era antes! Hoy en día la educación tiene otro valor e importancia
para nosotros. El padre que no pone a sus hijos e hijas a la escuela les
condena para toda su vida a vivir solamente de una manera de trabajar: del
machete o de la cocina. Pero si les pone a la escuela, y los lleva hasta la
universidad, les provee otro posibilidad de vida, y el machete o la cocina serían
solamente una oportunidad más para ganarse la vida.
Llegué hasta la edad de 18 años siendo analfabeta, pero no culpo a mis
padres por eso; ellos eran producto de aquel sistema también. Pero si mis hijos
hoy en día fueran analfabetas y yo no los hubiese puesto a la escuela, entonces
sí fuera culpable y una madre irresponsable, porque hay escuelas casi por todos
lados.
En pleno siglo 21 la lucha ya no es por la simple capacidad de saber leer
y escribir. Todos tenemos que ir a la escuela, a la universidad o aprender una
profesión, porque estamos viviendo tiempos donde el mundo es exigente en
capacidades sociales y tecnológicas. La lucha actual no es por educación, sino
por la calidad de ella, es decir: cual educación me provee las capacidades para
vivir una vida digna, honesta y respetuosa con todo lo que vive.
Los hijos de los fundadores no son culpables de ser pobres, fueran
culpables si abandonaran a sus viejitos y los descuidaran. En tal situación de
pobreza es el Estado quien debe velar por los pobres. Velar no significa
regalar y crear dependencia, sino significa restituir verdaderamente los derechos. En el caso de los
fundadores significa darles una pensión, la cual puedan ir al banco a retirarla
con todo honor. Que no tengan la necesidad de decir gracias, de cepillar a
alguien y humillarse por algo a lo que tienen derecho. Nuestros padres
fundadores no le trabajaron a una empresa, ¡pues antes no habían! Pero si trabajaron
haciendo un poblado, hicieron carriles, hicieron casas, hicieron calles, midieron
solares y parcelas, hicieron una pista de aterrizaje, un cementerio, puentes
etc. Eso es así como quien trabaja en la alcaldía hoy en día y tiene derecho a
su sueldo y a su seguro de medicina y pensión de vejez por hacer esos mismos
trabajos que ellos y ellas hicieron en aquellos tiempos!
Por eso hablamos de de-re-chos, ¡y no
tan sólo de regalos! Los regalos y la atención especial son necesarios para
sentirse bien. Pero eso no repone el derecho.
Mis hermanas y hermanos y yo podremos decir que mi madre no tiene
necesidad de pedir una pensión al municipio, pero que honor sería para ella si
le dijeran que tiene ese derecho, porque trabajó en aquellos tiempos.
Nosotros somos 8 hermanos y hermanas y entre todos tenemos un hermoso
sistema del cual estoy orgullosa y se lo recomiendo a todos los hijos e hijas
que me escuchan y que tienen madres y padres ancianos.
Cada uno de nosotros los hijos y las hijas pone una cuota. De eso mi mamá
paga medicina, alimentación y las necesidades sencillas de su hogar.
También le tenemos a una mujer que
la cuida y nos llama inmediatamente en caso de emergencia. Adicionalmente a eso, tenemos una rutina
individual para visitarla y la otra forma de visitación es que hacemos todas las
celebraciones de cumpleaños de nosotros y los nietos y otro tipo de fiestas en
su casa. De esa manera le llevamos alegría ¡y hasta trabajo ...! Pues, ella nos
atiende con mucho gusto. Es un sistema muy bueno, porque ella maneja dinero, ella
sabe como lo invierte. No le damos la gran cantidad por que no podemos, pero
ese poco dinero le eleva su auto estima y le da dignidad!
Nosotros como hijos e hijas de fundadores estamos organizados y estamos
creando un presupuesto en el cual contemplamos en primer lugar el cuido de unos
50 viejecitas y viejecitos fundadores quienes todavía están con nosotros y nos
preocupamos del rescate de la cultura campesina de las y los fundadores de
Nueva Guinea.
Tenemos comisiones de visitación, y la idea es no llegar con manos vacías
a sus casas. Queremos que las y los ancianos no tengan que esperar horas para
ser atendidos en el hospital. Pero sobre todo quisiéramos poder conseguirles el
medicamento para sus enfermedades crónicas que no se recibe en el hospital
porque son caras y escasas.
Esa es una tarea inmensa y difícil, pero vamos a tocar puertas, y las
primeras puertas serán las del gobierno municipal que es el administrador
actual del municipio que nuestros padres fundaron.
Vamos a solicitar al gobierno municipal que de los ingresos municipales nos
apruebe una cantidad de dinero anual para cuidar de las viejitas y viejitos. Hasta
ahora solamente nos han dado para la celebración del 5 de marzo.
Dependiendo de la respuesta del gobierno municipal, sabemos que tenemos
la posibilidad de ir directamente al
pueblo a solicitar su solidaridad. Y no tenemos años para esperar, las y los
viejitos se están yendo y no queremos que se vayan sin el reconocimiento a su
derecho.
Y para terminar, quiero pedirle al pueblo de Nueva Guinea nos acompañe en
la tarea de cuidar a nuestros fundadores, ya sea directamente con su apoyo
personal o exigiendo junto con nosotros la pensión municipal.
Y a nosotros los hijos e hijas, les pido que entren en nuestra agrupación
de familias de fundadores, juntos seremos más visibles.
Ya sabemos que hoy en día no está bien visto que uno se acomode en grupos
independientes porque los poderosos quieren ser siempre poderosos, y su poder
está basado en nuestra debilidad, y nosotros somos débiles cuando estamos dispersos o divididos. Así
como cuando una oveja es seducida por el zacate verde, se separa de la manada y
cae en manos del lobo rapaz.
En Honduras asesinaron anteayer a una activista indígena de nombre Bertha
Cáceres, ella y su pueblo se oponían a la toma de sus tierras y la destrucción
de uno de sus ríos sagrados, es una concesión hidroeléctrica, parecido a la
construcción del canal chino aquí con el cual van a destruir el río Punta
Gorda, el lago de Nicaragua y desplazarán a miles de campesinos. Desde ayer la
población hondureña y del mundo anda mostrando pancartas que dicen. "Cortarán
la flor pero no detendrán la primavera" y con la cara de Bertha estampada en
la pancarta dice: Volveré y seré millones.
Ronald (R): Nos
encontramos con el señor Donald Ríos Obando, uno de los primeros fundadores,
que nos va a conceder una entrevista en el marco del 50 Aniversario de la
Fundación de Nueva Guinea. Cuéntenos en qué fecha vinieron.
Donald Ríos Obando (DRO): La
fecha en que llegamos a la orilla del Río El Zapote, en El Salto, fue el 5 de
marzo de 1965. Nos llevó cinco días de viaje, desde nuestro lugar de origen
hasta llegar a El Zapote.
R: En
el caso de usted, ¿de qué lugar venía?
DRO: Yo
venía de Somoto Grande.
R:
¿Fueron 17 los primeros colonos?
DRO: Los
primeros fuimos 17, incluyendo dos mujeres; veníamos 5 de Somoto Grande y
venían 12 de Carazo, y venían las dos mujeres.
R: Y de
esos 17, ¿cuántos se encuentran con vida en la actualidad?
DRO: De
los primeros 17 vivimos 4.
R:
¿Quiénes son?
DRO: Está
Reynerio Cadena Obando, Nicanor Velázquez, Víctor Ríos Obando y yo, Donald Ríos
Obando; 4 de la primera columna.
R:
¿Cuáles fueron los primeros retos que ustedes enfrentaron a su llegada a Nueva
Guinea?
DRO: El
primer reto fue que, cuando llegamos a esta montaña, realmente desconocíamos
porque veníamos de lugares secos, de lugares que se compraba en cualquier lugar
y venirse a asentar a una montaña donde no encontrábamos, digamos, aquí
abundaba la carne, pero no había el bastimento. Entonces, nosotros aquí, íbamos
a pescar, metíamos el anzuelo y ahí venía el pescado, los guapotitos, las
mojarras, los sábalos; eso era una belleza: tirábamos un pavón, una guatuza, un
jabalí o un chancho de monte. De eso aquí había de sobra, pero el problema que
tuvimos nosotros fue el bastimento, ¿dónde hallar tortilla?
R:
Acostumbrados a tortilla, sin guineos, sin plátanos. Y con frío, con la lluvia,
¿no?
DRO: Eso
fue de las otras condiciones: la lluvia. Aquí, en ese entonces, llovía mínimo,
mínimo, diez meses sin cesar, un agua como la que acaba de pasar hace unos
cuatro días, no un agua ofensiva pero sí permanente. Más el problema de que no
sabíamos dónde hallar comida, porque nosotros decimos “comida” cuando estamos
hablando de arroz, de frijoles, de tortilla; nos hacía falta también aceite,
jabón, sal, azúcar, esas cosas no las teníamos.
R: No
venían con provisiones.
DRO: No
veníamos con suficientes provisiones; los puchitos que traíamos cargando nos
duraron como unos diez o quince días. Después viene el problema. Ahí es cuando
nosotros tenemos una gran decepción: de los primeros 17 se fueron 12; quedamos
7. De Carazo sólo se quedaron 2 y de los de Somoto se fueron, pero no se fueron
de viaje, sino que fueron a traer a su esposa; ese fue el caso de Víctor Ríos y
de don Marquito Alvir que también fue a traer a su esposa. Eso era necesario
porque nosotros aquí teníamos que lavar nuestra ropa, buscar cómo hacer nuestra
comida. La gente de Carazo dijo “bueno, aquí, esto es confites en el Infierno,
nos vamos” y no volvieron. Nosotros desconocíamos que Miguel Torres había hecho
contacto con el doctor Mejía Ubilla, que era Presidente del Instituto Agrario
Nicaragüense y, como esto había nacido con la Alianza para el Progreso, era un
proyecto que desconocíamos. Cuando venimos aquí, venimos realmente a sufrir. Pero
quiero decirte que nosotros aquí, en Nueva Guinea, si vos la ves,
históricamente Nueva Guinea es un kilómetro cuadrado y vas a ver que sus calles
son rectas. Es ahora que los alcaldes la curvearon porque allí esta esa calle
de aquí a los cien metros hay una curva, pero esa la hicieron los trabajadores,
los ingenieros de la Alcaldía, pero aquí esto es recto.
R: Se
delimitó.
DRO: Se
delimitó por cuatro ingenieros. Aquí hay 20 cuadras completitas.
R: Que
son el casco histórico.
DRO: Que
es el casco histórico de Nueva Guinea.
R: La
zona 1, la 2, la 3 y la 4.
DRO:
Correcto, eso es todo. Lo demás nació con los problemas. Esos problemas grandes
que había… En el mes de abril, a finales de abril trajeron más gente, de León,
de Carazo, y vinieron cantidades de gente, pero debido a la lluvia y a la
problemática, no hallaba las condiciones y mucha de esa gente se regresó, pero
se quedó una parte y así pasó todo ese año. Se pasó trayendo gente el Instituto
Agrario. ¿Cuál es la problemática?, estamos hablando del abastecimiento. El
Instituto Agrario mandó camiones cargados con mercadería a dejarlos ahí donde
doña Engracia López Lazo, una señora que acaba de fallecer.
R: ¿En
qué lugar vivía ella?
DRO: En
El Espavel buscando El Rama. Ahí había un lugarcito un kilómetro antes de
llegar al pobladito de El Espavel; ahí nos apeábamos, es decir, veníamos a
salir a El Coral. En ese entonces lo que se hizo fue que se compraron unas
mulas y se buscó a unos muleros, entre esos a Ramiro Luna y al que le decían El
Chon Güateras, ya falleció también. Esos fueron los que se encargaron de traer
las provisiones para acá y de esa forma quedó más gente. El
problema es que había gente que había traído niños y eso sí era grave, porque
un niño aquí, sin leche, sin avena, sin nada, pues. ¡Imagínate! Entonces
después, uno de los problemas más grandes que sufrimos después en Nueva Guinea
fueron las enfermedades diarreicas porque no teníamos la cultura de los
excusados.
R: Las
condiciones higiénicas y sanitarias.
DRO: Sí,
y por otro lado las lluvias. Pues, como te digo, la fundación de Nueva Guinea
fue de
alegría y de sufrimiento, por otro lado. Pero aquí hubo una cosa buenísima:
donde está fundada Nueva Guinea, y donde están la mayoría de sus colonias, eran
tierras nacionales; no venimos a perjudicar a nadie, por eso no tuvimos
problemas.
DRO: Ya
con el PRICA. Cuando te digo de esas comidas que traían ahí, ahí lo que venía
eran productos que daba la Alianza para el Progreso.
R:
¿Cuáles son los tres principales problemas que considera que sufrieron los
primeros pobladores de Nueva Guinea?
DRO: Uno,
la salud, porque no teníamos médicos, no teníamos medicinas; aquí se morían los
niños, se enfermaban y se morían por falta de medicina. El otro problema, y lo
sentíamos como lo sienten los campesinos, era la falta de caminos; nosotros
deseábamos tener una carretera para viajar, porque antes se llevaba uno para
salir tres días, los que caminaban más suave se llevaban más tiempo. Después,
la falta de crédito para desarrollarnos; ese se nos concedió porque se creó un
banco que se llamaba Crédito Supervisado que era parte del Banco Nacional.
Crédito supervisado con el IAN con fondos del BID; te daban dos vacas paridas,
no es que te daban lo que vos pedías, dos vacas, un caballo y cuatro rollos de
alambre. Esas eran nuestras necesidades más sentidas.
R: En
esa época.
DRO: En
esa época. Porque nosotros de alguna manera resolvíamos, digamos con el agua,
para nosotros aquí los ríos, pues.
R:
¿Hacían pozos?
DRO:
Hacíamos pozos, pero en el campo no sientes que el agua que estás tomando tal
vez está contaminada. Con tal de encontrar el agua. Entonces, eso no era tan de
primera necesidad como era el otro problema: pertenecíamos a El Rama, entonces
para asentar que se había muerto un niño, no teníamos dónde. Teníamos que ir a
Rama y nadie iba porque no teníamos plata, hay que ser honesto. La otra
necesidad que nosotros planteamos fue ¿quién nos iba a comprar los productos? A
eso tuvimos respuesta en el año de 1968 porque en cuatro lugares pusieron
silos, el que antes se llamaba INCEI; entonces ahí nos compraban los productos
y ya hubo una respuesta. Pero la carretera la seguimos gestionando y te digo
que gracias a los desastres nacionales que se dieron en Nicaragua tuvimos
carretera.
R:
¿Cómo El Cerro Negro?
DRO: Esa
fue la primera, en 1970, El Cerro Negro. Nosotros teníamos la pista. Entonces
vino el diputado Pancho Papi, vino el Obispo de León y una Delegación. Nosotros
les hicimos una presentación de todos los productos que aquí se cultivaban; se
fueron encantados de ver todo lo que aquí se daba. Había un periódico de Somoza
que se llamaba Novedades y en primera página salió ahí: “Nueva Guinea, la
tierra de la que fluye leche y miel”. Entonces todo mundo se fijó en Nueva
Guinea. Pero estamos hablando de 1970; pasamos 5 años aquí sin camino.
R: Sin
comercializar y con un montón de necesidades.
DRO:
Primero fueron las necesidades, después se dio el terremoto y entonces ahí
hicieron la carretera; así es como nos vino la carretera a Nueva Guinea.
R: De La
Curva a Nueva Guinea. ¿En 1972 la inauguraron?
DRO: Sí.
R:
Entonces, ya con el IAN, ya con las colonias, ya con la carretera, ya la
situación cambia totalmente.
DRO: Es
correcto.
R: Ya
tienen condiciones mejores, están felices, comercializan, hay un progreso, ¿o no?
DRO: Hay
un progreso. Como ese ya fue un proyecto con el Banco Mundial, ¿verdad?,
dijeron “bueno, vamos a hacer un hospital”: dos manzanas ahí y se hizo el
hospital. Nosotros le decimos hospital; es un centro de salud con camas, pero
como nos dijeron que era hospital le seguimos diciendo hospital.
R: Ya
con todas esas condiciones, después triunfa la Revolución Sandinista en la
zona, cuéntenos cómo fue esa etapa aquí, a grandes rasgos.
DRO: Bueno,
esa etapa en esta zona no se sintió mucho. Digamos al final, porque aquí, una
columna que venía por la montaña fue aniquilada.
R:
Jacinto Hernández, era.
DRO:
Jacinto Hernández. Fue aniquilada, entonces aquí realmente no se conoció mucho
de eso, pero con la euforia nosotros ya teníamos organizada aquí la célula y
habíamos mandado 300 muchachos a la columna de aquí de la carretera, de El
Rama, la que traía Pancho. Lo primero que pensábamos era querer ser Municipio,
queríamos independizarnos.
R: ¿Eso
es ya después que triunfa la Revolución?
DRO:
Desde antes queríamos porque no teníamos dónde hacer las gestiones, como te
digo, dónde ir a asentar.
R:
Triunfa la Revolución ¿y qué pasa entre los años de 1980 y 1984?
DRO: Bueno,
en 1979 nosotros hicimos un Comité de Defensa Sandinista (CDS). Ese comité fue
el que se encargó de hacer las gestiones para que fuéramos una Junta de
Gobierno. Llegamos a ser Junta de Gobierno en noviembre, pero sin ser
Municipio; la Revolución aceptó que realmente Nueva Guinea tenía las
condiciones para ser Municipio. Ahí es donde me nombran Coordinador de la Junta
de Gobierno.
R:
Primer Alcalde de Nueva Guinea.
DRO: Es
correcto, primer Alcalde de Nueva Guinea. Esa fue una elección a mano abierta. Nosotros
aquí ya teníamos una cooperativa, pero era una cooperativa agraria, todavía
existe, está ahí en frente de la UNAG, La Unión Campesina, todavía existe. Aquí
vinieron unos israelitas a formar cooperativas, porque en los países de ellos
hay cooperativas. Nosotros ya teníamos conocimiento de eso, pero no se había
hecho tan masivo. Con la Revolución sí, porque ya viene entonces eso de que hay
que unir las tierras. Pero donde lo hicieron fue en Jerusalén, ahí con Tuno y
otra gente que unieron sus tierras; otros no lo hicimos, nos quedamos en la
cooperativa pero sólo como socios sin unir nuestra tierra. Se dieron un montón
de proyectos, porque eso sí trajo la Revolución. Nosotros mismos, cuando
pasamos a funcionar como Junta de Gobierno, en 1981 nos están declarando el
primer municipio que creó la Revolución. Entonces ya nosotros trajimos todas
las instituciones, porque ese era el problema, que no habían instituciones;
donde no hay municipio no hay instituciones. Ahora en Nueva Guinea están todas
las instituciones y nosotros en la Alcaldía comenzamos a hacer gestiones. Una
de las primeras gestiones que hicimos fue la del agua potable. Metimos cartas
en la Secretaría de Asuntos Municipales (así se llamaba antes) y al Banco
Mundial. Nos aprobaron el proyecto y vinieron a hacer el levantamiento
topográfico para el agua. Aquí éramos 3,500 habitantes en el casco urbano,
entonces a la hora en que se inició el proyecto tuvimos problemas porque con la
guerra Nueva Guinea creció.
R:
¿Estamos hablando a partir de qué año de la guerra?
DRO: En
1984 comenzó la gente a salir.
R:
Comenzaron a evacuar a la gente a la montaña.
DRO: No,
la evacuación fue en 1988.
R: En
1986, 1987, 1988.
DRO: Pero
esa gente comenzó a regresar. La gente que se quedó aquí fue la gente que salió
espontáneamente, que tienen su finca y ellos sacaron a su familia. Una familia
que llega a un pueblo, ya es difícil que la hagas regresar. Ese fue uno de los
problemas que hubo aquí con los finqueros y los parceleros. Se salieron y ya la
mujer dijo “yo no me vuelvo a ir, me matan o me matan a mi hijo si se lo
llevan, o me violan a mi muchacha”. Ese es un problema que se dio.
R:
Sufrió la gente del campo.
DRO:
Correcto, la gente sufrió en el campo, eso está claro.
R: Esa
es una etapa entonces de contradicción, de conflicto, de guerra, de migración,
cuando la gente se va para Costa Rica.
DRO: Y se
fueron a la guerra unos, otros se fueron al Ejército, otros se fueron para
otros municipios, otros para otro país.
R:
Después tenemos los años de 1990, cuando pierde el Frente, ¿qué es lo más
significativo para usted en esta etapa de los años de 1990?
DRO: La
paz, la reconciliación, porque fíjate que Nueva Guinea, a pesar de que vivió
unos ocho años, porque hay que ser honestos, nosotros en 1981, 1982 estábamos
tranquilos; ya de 1983 para allá comenzó la guerra, hasta 1988… Y viene el huracán Juana que fue en 1988. Pero en ese tiempo también se dan los acuerdos
de Sapoa y de Esquipulas, entonces aquí se hicieron comisiones de paz. Esas comisiones de paz jugaron un gran papel. Dábamos un documento de Presidencia de
la República donde se le decía al alzado que si se retractaba nadie lo iba a
tocar. No se hablaba con el alzado, se hablaba con los familiares, con los
delegados de la palabra, con los pastores evangélicos. En esa forma fueque aminoró la guerra. Lo importante
fue cuando todo el mundo entregó las armas y aquí hubo paz. Borrón y cuenta
nueva. Para serte honesto, yo pensé, yo que fui Alcalde, los primeros 10 años y
medio que tuvo Daniel Ortega yo también los tuve, pensé que aquí iba a haber
cacería de brujas o pasadas de cuentas, y mira, gracias a dios, aquí no hubo
nada. Porque realmente se cometieron errores de los dos lados, con la lengua,
con la lengua de uno le pasaban la cuenta a uno, con la lengua del otro le
pasaban la cuenta al otro, y entonces para mí esa desamistad estaba en la
gente, pero aquí gracias a Dios la gente venía aburrida de la guerra, y la
gente está aburrida de la guerra, la gente no quiere guerra.
R:
Entonces esa es la etapa del decenio de 1990 y de los primeros diez años del
2000; de los gobiernos neoliberales, ahora, en este nuevo contexto en el
que nos encontramos, ¿cómo ves la situación de Nueva Guinea? Vemos que los
campesinos están inconformes, la gente anda marchando en las calles. ¿Cómo ve
la situación, usted que es de los colonos iniciales de Nueva Guinea?
DRO: Mira,
yo te digo, en este momento yo creo que los campesinos tienen razón, en cuanto
a ellos levantarse porque el gobierno no ha tenido la suficiente claridad de
venir y decirle al campesino qué es lo que va a hacer y qué es lo que les va a
tocar. Vinieron midiendo diez kilómetros a cada lado del río. ¿Qué hicieron?,
poner a la gente alborotada: “¿cómo es esto?”, estás hablando de un carril de
veinte kilómetros, dijeron, y después entregaron Nicaragua, como lo han dicho.
R: ¿Esa
gente es parte de la misma gente que sufrió la guerra o no?
DRO: En
parte sí, claro que sí. Ahí están viviendo unos que fueron comandantes de la
Resistencia, ahí están. Pero, ¿qué es lo que sucede?, la falta de comunicación,
la falta de acercamiento es lo que ha hecho ese problema. El otro problema es
que el gobierno local, aunque yo digo que es el gobierno nacional porque si
tiene empleados aquí tendría que mandarlos a esclarecer en qué consiste el proyecto. Más bien se les fueron arriba: ahí
andan los de otros partidos, ahí en La Unión andaban dos diputados del PLI,
andaban de Juigalpa y los de aquí. Y andaba un concejal que es del PLC. Esa
gente anda hablando lo que ellos piensan, lo que ellos imaginan, porque ellos
no se han sentado a platicar con el gobierno para decir “el proyecto consiste
en esto”. Hay desinformación por los dos lados.
R: Y la
desconfianza es peligrosa.
DRO: Sí, sí,
por lo que les han dicho, pero ahora que se maneja, que vino Telémaco y les dijo aquí en URACCAN que lo más
que se puede afectar son dos kilómetros de ancho, entonces la gente está más
apaciguada.
R: Pero
la gente no deja entrar a nadie allí.
DRO: Ah,
sí, porque le siguen manejando la problemática de los que andan con la bandera
del medio ambiente, que van a secar el lago, es lo primero que te andan
diciendo aquí los políticos y les andan diciendo que les van a expropiar sus
tierras.
R: Esta
es otra etapa del desarrollo donde ya hay una semilla de conflicto, digamos. A
pesar de ese conflicto que sufre la gente del campo, de aquí a 15 o 20 años,
¿cómo ve la zona de Nueva Guinea?
DRO: La
miro con mucho futuro. Precisamente hoy hablaba en un entierro con una
compañera, y en la esquina, por el parque, allá antes era de Adolfo Hernández,
tenía un taller de mecánica, tenía sucias las paredes y todo ahí. Y hoy que voy
ahí están construyendo una casa de dos pisos, y antes habían construido otra
casa de dos pisos, de la hermana del doctor Rodríguez. Estamos viendo el
progreso que se está desarrollando en Nueva Guinea. Ahorita Nueva Guinea
recibió el premio del mejor café Robusta, en Europa. Y debido a eso ahora se va
a llegar a 10 mil manzanas de café. Otros están con el asunto del cacao. Eso
quiere decir que están viviendo grandes proyectos para Nueva Guinea, como la
piña, pues.
R:
Entonces ve un futuro promisorio, siempre y cuando se resuelvan los problemas.
DRO: Que
se resuelvan, que le paguen a la gente, pero el progreso no lo puede parar nadie.