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sábado, 21 de febrero de 2026

SEMBRAR PARA QUEDARSE

 


El polvo de aquella mañana de marzo todavía parece flotar en el aire cuando Josefa Mejía empieza a hablar. Han pasado más de cincuenta años, pero ella lo recuerda con una claridad que estremece. El sol caía sin piedad sobre la pista de tierra, el viento golpeaba de frente y un avión enorme acababa de abrir su vientre para dejarla allí, sola, en medio de la montaña. Hoy está sentada en el corredor de su casa de madera, pequeña y firme como siempre, y sus ojos vivarachos siguen brillando como si el tiempo no hubiera pasado.

—Esos fueron los mejores años de mi vida.

Recuerda el avión enorme, como si una bestia hubiera abierto el vientre para vomitar en aquella montaña desconocida. Venía como damnificada del terremoto de Managua, igual que muchas. Otras venían buscando horizontes nuevos porque ya no había trabajo, porque estaban cansadas de servir en casas ajenas o de ver a sus familias explotadas en algodoneras y cañaverales.

Allí estaba ella, en el centro de la pista, con sus cositas dentro de un saco de bramante y un bolso de lona al hombro. El viento seco le alborotaba el pelo. El polvazal golpeaba de frente. Era un mes duro del verano.

Un hombre con lápiz y cuaderno preguntaba nombre y procedencia. Luego les indicaron caminar hacia una gran casa de campaña. Tres filas de gente. Aviones que aterrizaban y despegaban sin descanso. Cuatro bajaron esa tarde. Nadie conocía a nadie.

Le habían prometido tierra.

—¡Tierras, hija, tierras! —le dijo su mamá—. Probá suerte. Nada pedrés.

Pero vino la desilusión. La tierra solo se entregaría a parejas.

Aquella noche durmió bajo el alero de una iglesia recién construida. Varias mujeres solas hicieron un redondel y se acomodaron juntas. El frío de la madrugada las obligó a ovillarse. El calor humano fue el primer milagro en aquella montaña.

Al amanecer les dieron café, tortillas con cuajada y frijoles tiernos. El humo subía espeso. Se oían chicharras escondidas entre el monte cercano y el olor a tierra caliente mezclado con madera fresca recién cortada llenaba el aire.

Frente al rancho de paja, un hombre de lentes gruesos se subió a un tractor de oruga. Habló del proyecto, de colonizar aquellas tierras, de convertir el monte en producción, de futuro. La gente gritaba y aplaudía.

Hasta que volvió la advertencia: sin pareja, no había tierra.

Sintió la soledad como un machetazo. Pensó en Gilberto, su novio, que no quiso venir por miedo a la montaña y a los peligros. Allí entendió algo: el miedo no siembra nada.

Al día siguiente reunieron a los solteros. Mujeres a la izquierda. Hombres a la derecha.

—Mírense. Conózcanse. Decidan —dijo el administrador—. Todos vinieron por un pedazo de tierra.

El viento soplaba fuerte sobre la pista. Ella miraba sin saber a quién mirar.

Y entonces lo vio. Moreno. Cabello negro, un poco crespo. Espalda ancha. Ojos serenos. Se llamaba Julián. No habló mucho. Le dijo algo sencillo:

—Si vamos a sembrar, que sea para quedarnos.

No fue una declaración romántica. Fue una promesa de trabajo. Ella sintió que esas palabras pesaban más que cualquier miedo. Se emparejaron.

Les dieron tierra. Monte cerrado. Árboles gruesos. Lianas. Zancudos. El canto lejano de monos al amanecer. No había nada fácil.

Vinieron los años duros. Madrugadas con machete. Lluvias interminables golpeando el techo de zinc. Meses de sequías que cuarteaban la tierra. Hijos naciendo mientras el viento silbaba entre las tablas de la casa recién levantada.

Pero también llegaron las primeras mazorcas. Los frijoles verdes asomando. El olor a tierra mojada después del primer invierno. El maíz alto como esperanza.

La montaña dejó de ser amenaza. Se volvió hogar.

—Ha sido una gran aventura —dice ahora.

Desde el corredor mira a sus nietos correr descalzos por el patio. Uno tropieza y se levanta riendo. Julián sale despacio, con paso ya lento, pero firme. Los llama por sus nombres.

El sol de la tarde cae sobre los potreros que antes fueron monte cerrado. El viento mueve las hojas de los robles y las acacias.

Josefa lo mira a él. Luego mira la tierra. Y entiende que aquella muchacha que bajó del avión con miedo y un saco de bramante no perdió nada.

Ganó compañero. Ganó hijos. Ganó raíces.

Y en marzo seco, mientras el polvo vuelve a levantarse suave sobre el camino, Josefa sonríe. Porque sembró sin garantías… y cosechó un mundo entero.

 

 

21 de febrero de 2026.

Foto: Internet.


martes, 4 de marzo de 2025

NUEVA GUINEA: FORJA DE PIONEROS

 



En el corazón del trópico húmedo,

donde la selva respira con aliento de eternidad,

se alzó un pueblo de manos firmes,

de sueños fértiles como la tierra.

 

Llegaron de todos los rincones,

con acentos distintos, con historias propias,

y en la fragua de su encuentro,

forjaron un hogar de mil raíces.

 

Son hombres y mujeres de temple,

obreros del alba, sembradores de futuro,

con el sudor labran la esperanza,

con la honradez levantan sus muros.

 

En las colonias bulle la vida,

mercados rimbombantes despiertan el día,

como feria de asombros y trueques,

donde el país entero se encuentra en sus calles.

 

Sus mujeres, faro y cimiento,

madres y forjadoras de valores,

navegan entre hogar y comercio,

con la firmeza del amor en sus manos.

 

Gente de fe, libre en su credo,

en su anhelo de poseer y crear,

de educar con voz propia a sus hijos,

de construir con justicia su hogar.

 

Aguerridos como los vientos bravos,

que doblan las ramas, pero no las quiebran,

resisten tormentas, desafían abismos,

y renacen más fuertes con cada prueba.

 

Porque en estas tierras de luchas antiguas,

la historia no es sombra, sino antorcha encendida.

Cada 5 de marzo, la memoria despierta,

y en júbilo de fiesta, se abraza la vida.

 

Aquí, el campo y la ciudad se encuentran,

sus manos unidas transforman el suelo,

y con su esfuerzo, su ingenio, su audacia,

siguen labrando un destino nuevo.

 

Nueva Guinea

Capital del trópico húmedo,

estandarte de lucha y esperanza,

hogar de un pueblo que nunca se rinde.

 


Foto: Placa en Museo Comunitario.

En el LX Aniversario de fundación de Nueva Guinea.

4 de marzo de 2025.

La Colina, Nueva Guinea.

RACCS.

lunes, 4 de marzo de 2024

REDUCIENDO LAS PROFECÍAS DE LA ESCLAVITUD

 


Fueron los primeros, con la bandera ondeante

de la esperanza, que cruzaron la montaña

por picadas, trochas y veredas

bajo el sol y las estrellas.

¿Cómo no iban a lograrlo?

Machetes abriendo el paso,

sacos sobre sus espaldas

con provisiones, ¿arroz? ¿frijoles?, ¿sal?

¿Quién recuerda? ¿Qué hombre dijo adelante compañeros?

La lluvia, el frío, el amanecer, el atardecer en la montaña.

¿Su voluntad, coraje y valor iluminaran siempre estos valles y colinas?


Donald Ríos. Víctor Ríos.

Nicanor Velásquez. Marcos Alvir.

José Benito Luna. Reynerio Cadenas.

Julián Dávila. Sara Pérez Olivas.

Doroteo Sánchez. Celestino García.

Una lista parcial de los 17 primeros colonizadores,

motivados por José Miguel Torres Reyes, guía espiritual,

cultivando la fe, solidaridad y hermandad,

desafiando a los potentados de las tierras del país,

paso a paso, reduciendo las profecías de la esclavitud,

y pasar a la historia sin usar armas ni derramar sangre.

Su batalla fue contra la naturaleza,

enfrentando el hambre y la desesperación.

Añorando el pasado inmediato hasta que

unos pocos abandonaron los sueños.

 

El 5 de marzo de 1965, llegaron a

la Guinea Vieja luego de varios días de caminata.

A la orilla del río El Zapote, en sus riveras

y cerca del salto, se asentaron días después

donde hicieron el campamento que

llamaron el Vivero, metáfora de semilla que

germina para tener vida en paz y armonía.

 

El líder, sentado al lado de una fogata,

hundido en su cuaderno, anotando sus memorias:

el primer herido, el primer desertor,

la caza del primer Danto, el primer picado de culebra,

los chillidos de los monos y el sabor de la Gongolona.

Corriendo las palabras por las páginas, antes de que

pierda los sonidos, olores, sabores y las imágenes

(luna, río, niebla, árboles, animales, los hombres y sus rostros)

y antes de que la mente olvide, como un centinela

olvida el incidente de la semana pasada.

Luego un listado de suministros, un parcial inventario:

machetes, limas, sal, aceite, arroz,

voluntades, motivaciones y cosas desechas.

 

De pie, con los primeros rayos de sol,

llama al grupo a marchar:

¡A socolar compañeros, a abrir más brechas,

talar árboles, construir casas y cazar

para vivir es esta tierra!

 

Y sin que nada ni nadie los detuviera,

caminando al futuro en que nos encontramos,

construyeron los inicios de la próspera Nueva Guinea.

Un día sus nombres brillarán en calles, avenidas

y parques para que su epopeya perdure 

en la memoria de las actuales y futuras generaciones.

 

 

4 de marzo de 2024

Foto: Placa donada por la Universidad “Mariano Gálvez” de Guatemala.

Marzo 2005. Año del XL aniversario de fundación de Nueva Guinea.

Museo Comunitario de Nueva Guinea.

lunes, 7 de marzo de 2016

LOS POBRES REPRODUCEN POBRES

No quiero hablar de la historia de nuestro municipio, porque otros ya lo han hecho, pero quiero decirles que soy feliz que las familias de fundadores se han organizado y están juntos en una agrupación propia. Gracias a todos y todas por su disposición de mantener vivo el recordar y la historia de este municipio que es Luz en la Selva.
Quisiera recordar aquí que después de la celebración de nuestro 50 aniversario  lamentamos el fallecimiento del fundador y las fundadoras Rodolfo Palacios, su esposa Socorro, y doña Rosa de Torrente. 
Hoy quiero hablar de las necesidades de nuestros viejitos fundadores. Cada año se nos mueren de 2 a 4 ancianos y ancianas. Unos 50 fundadores y fundadoras ancianas están allá en sus casas en pobreza, enfermos, esperando a la muerte en desesperanza, viviendo en un municipio rico, fundado por ellos ¡donde la alcaldía de turno ha movido y mueve millones!
Casi todos los hijos e hijas de los fundadores son pobres; somos contados los hijos e hijas que podemos mantener esas grandes necesidades de un anciano enfermo. ¡Desgraciadamente los pobres reproducen pobres!
En aquellos tiempos, en las condiciones de esta selva, en el tema escolaridad nadie pensaba más allá que aprender a leer y a escribir. A nadie se le ocurría pasar la primaria, y la secundaria, ni sabíamos que existía. Ir a la universidad peor, mi papá decía: yo nunca he visto a un campesino viviendo del lápiz; ¡así era antes! Hoy en día la educación tiene otro valor e importancia para nosotros. El padre que no pone a sus hijos e hijas a la escuela les condena para toda su vida a vivir solamente de una manera de trabajar: del machete o de la cocina. Pero si les pone a la escuela, y los lleva hasta la universidad, les provee otro posibilidad de vida, y el machete o la cocina serían solamente una oportunidad más para ganarse la vida.
Llegué hasta la edad de 18 años siendo analfabeta, pero no culpo a mis padres por eso; ellos eran producto de aquel sistema también. Pero si mis hijos hoy en día fueran analfabetas y yo no los hubiese puesto a la escuela, entonces sí fuera culpable y una madre irresponsable, porque hay escuelas casi por todos lados.
En pleno siglo 21 la lucha ya no es por la simple capacidad de saber leer y escribir. Todos tenemos que ir a la escuela, a la universidad o aprender una profesión, porque estamos viviendo tiempos donde el mundo es exigente en capacidades sociales y tecnológicas. La lucha actual no es por educación, sino por la calidad de ella, es decir: cual educación me provee las capacidades para vivir una vida digna, honesta y respetuosa con todo lo que vive.
Los hijos de los fundadores no son culpables de ser pobres, fueran culpables si abandonaran a sus viejitos y los descuidaran. En tal situación de pobreza es el Estado quien debe velar por los pobres. Velar no significa regalar y crear dependencia, sino significa restituir verdaderamente los derechos. En el caso de los fundadores significa darles una pensión, la cual puedan ir al banco a retirarla con todo honor. Que no tengan la necesidad de decir gracias, de cepillar a alguien y humillarse por algo a lo que tienen derecho. Nuestros padres fundadores no le trabajaron a una empresa, ¡pues antes no habían! Pero si trabajaron haciendo un poblado, hicieron carriles, hicieron casas, hicieron calles, midieron solares y parcelas, hicieron una pista de aterrizaje, un cementerio, puentes etc. Eso es así como quien trabaja en la alcaldía hoy en día y tiene derecho a su sueldo y a su seguro de medicina y pensión de vejez por hacer esos mismos trabajos que ellos y ellas hicieron en aquellos tiempos!
Por eso hablamos de de-re-chos, ¡y no tan sólo de regalos! Los regalos y la atención especial son necesarios para sentirse bien. Pero eso no repone el derecho.
Mis hermanas y hermanos y yo podremos decir que mi madre no tiene necesidad de pedir una pensión al municipio, pero que honor sería para ella si le dijeran que tiene ese derecho, porque trabajó en aquellos tiempos.
Nosotros somos 8 hermanos y hermanas y entre todos tenemos un hermoso sistema del cual estoy orgullosa y se lo recomiendo a todos los hijos e hijas que me escuchan y que tienen madres y padres ancianos.
Cada uno de nosotros los hijos y las hijas pone una cuota. De eso mi mamá paga medicina, alimentación y las necesidades sencillas de su hogar.
También le tenemos a una  mujer que la cuida y nos llama inmediatamente en caso de emergencia.  Adicionalmente a eso, tenemos una rutina individual para visitarla y la otra forma de visitación es que hacemos todas las celebraciones de cumpleaños de nosotros y los nietos y otro tipo de fiestas en su casa. De esa manera le llevamos alegría ¡y hasta trabajo ...! Pues, ella nos atiende con mucho gusto. Es un sistema muy bueno, porque ella maneja dinero, ella sabe como lo invierte. No le damos la gran cantidad por que no podemos, pero ese poco dinero le eleva su auto estima y le da dignidad!
Nosotros como hijos e hijas de fundadores estamos organizados y estamos creando un presupuesto en el cual contemplamos en primer lugar el cuido de unos 50 viejecitas y viejecitos fundadores quienes todavía están con nosotros y nos preocupamos del rescate de la cultura campesina de las y los fundadores de Nueva Guinea.
Tenemos comisiones de visitación, y la idea es no llegar con manos vacías a sus casas. Queremos que las y los ancianos no tengan que esperar horas para ser atendidos en el hospital. Pero sobre todo quisiéramos poder conseguirles el medicamento para sus enfermedades crónicas que no se recibe en el hospital porque son caras y escasas.
Esa es una tarea inmensa y difícil, pero vamos a tocar puertas, y las primeras puertas serán las del gobierno municipal que es el administrador actual del municipio que nuestros padres fundaron.
Vamos a solicitar al gobierno municipal que de los ingresos municipales nos apruebe una cantidad de dinero anual para cuidar de las viejitas y viejitos. Hasta ahora solamente nos han dado para la celebración del 5 de marzo.
Dependiendo de la respuesta del gobierno municipal, sabemos que tenemos la posibilidad  de ir directamente al pueblo a solicitar su solidaridad. Y no tenemos años para esperar, las y los viejitos se están yendo y no queremos que se vayan sin el reconocimiento a su derecho.
Y para terminar, quiero pedirle al pueblo de Nueva Guinea nos acompañe en la tarea de cuidar a nuestros fundadores, ya sea directamente con su apoyo personal o exigiendo junto con nosotros la pensión municipal.
Y a nosotros los hijos e hijas, les pido que entren en nuestra agrupación de familias de fundadores, juntos seremos más visibles.
Ya sabemos que hoy en día no está bien visto que uno se acomode en grupos independientes porque los poderosos quieren ser siempre poderosos, y su poder está basado en nuestra debilidad, y nosotros somos débiles cuando  estamos dispersos o divididos.  Así como cuando una oveja es seducida por el zacate verde, se separa de la manada y cae en manos del lobo rapaz.
En Honduras asesinaron anteayer a una activista indígena de nombre Bertha Cáceres, ella y su pueblo se oponían a la toma de sus tierras y la destrucción de uno de sus ríos sagrados, es una concesión hidroeléctrica, parecido a la construcción del canal chino aquí con el cual van a destruir el río Punta Gorda, el lago de Nicaragua y desplazarán a miles de campesinos. Desde ayer la población hondureña y del mundo anda mostrando pancartas que dicen. "Cortarán la flor pero no detendrán la primavera" y con la cara de Bertha estampada en la pancarta dice: Volveré y seré millones.

Elba Rivera.
Discurso del 51 Aniversario de Nueva Guinea.
5/03/2016
Nueva Guinea, RACCS.


martes, 3 de febrero de 2015

"CUANDO VENIMOS A NUEVA GUINEA, VENIMOS A SUFRIR"



Ronald (R): Nos encontramos con el señor Donald Ríos Obando, uno de los primeros fundadores, que nos va a conceder una entrevista en el marco del 50 Aniversario de la Fundación de Nueva Guinea. Cuéntenos en qué fecha vinieron.

Donald Ríos Obando (DRO): La fecha en que llegamos a la orilla del Río El Zapote, en El Salto, fue el 5 de marzo de 1965. Nos llevó cinco días de viaje, desde nuestro lugar de origen hasta llegar a El Zapote.

R: En el caso de usted, ¿de qué lugar venía?

DRO: Yo venía de Somoto Grande.

R: ¿Fueron 17 los primeros colonos?

DRO: Los primeros fuimos 17, incluyendo dos mujeres; veníamos 5 de Somoto Grande y venían 12 de Carazo, y venían las dos mujeres.

R: Y de esos 17, ¿cuántos se encuentran con vida en la actualidad?

DRO: De los primeros 17 vivimos 4.

R: ¿Quiénes son?

DRO: Está Reynerio Cadena Obando, Nicanor Velázquez, Víctor Ríos Obando y yo, Donald Ríos Obando; 4 de la primera columna.

R: ¿Cuáles fueron los primeros retos que ustedes enfrentaron a su llegada a Nueva Guinea?

DRO: El primer reto fue que, cuando llegamos a esta montaña, realmente desconocíamos porque veníamos de lugares secos, de lugares que se compraba en cualquier lugar y venirse a asentar a una montaña donde no encontrábamos, digamos, aquí abundaba la carne, pero no había el bastimento. Entonces, nosotros aquí, íbamos a pescar, metíamos el anzuelo y ahí venía el pescado, los guapotitos, las mojarras, los sábalos; eso era una belleza: tirábamos un pavón, una guatuza, un jabalí o un chancho de monte. De eso aquí había de sobra, pero el problema que tuvimos nosotros fue el bastimento, ¿dónde hallar tortilla?

R: Acostumbrados a tortilla, sin guineos, sin plátanos. Y con frío, con la lluvia, ¿no?

DRO: Eso fue de las otras condiciones: la lluvia. Aquí, en ese entonces, llovía mínimo, mínimo, diez meses sin cesar, un agua como la que acaba de pasar hace unos cuatro días, no un agua ofensiva pero sí permanente. Más el problema de que no sabíamos dónde hallar comida, porque nosotros decimos “comida” cuando estamos hablando de arroz, de frijoles, de tortilla; nos hacía falta también aceite, jabón, sal, azúcar, esas cosas no las teníamos.

R: No venían con provisiones.

DRO: No veníamos con suficientes provisiones; los puchitos que traíamos cargando nos duraron como unos diez o quince días. Después viene el problema. Ahí es cuando nosotros tenemos una gran decepción: de los primeros 17 se fueron 12; quedamos 7. De Carazo sólo se quedaron 2 y de los de Somoto se fueron, pero no se fueron de viaje, sino que fueron a traer a su esposa; ese fue el caso de Víctor Ríos y de don Marquito Alvir que también fue a traer a su esposa. Eso era necesario porque nosotros aquí teníamos que lavar nuestra ropa, buscar cómo hacer nuestra comida. La gente de Carazo dijo “bueno, aquí, esto es confites en el Infierno, nos vamos” y no volvieron. Nosotros desconocíamos que Miguel Torres había hecho contacto con el doctor Mejía Ubilla, que era Presidente del Instituto Agrario Nicaragüense y, como esto había nacido con la Alianza para el Progreso, era un proyecto que desconocíamos. Cuando venimos aquí, venimos realmente a sufrir. Pero quiero decirte que nosotros aquí, en Nueva Guinea, si vos la ves, históricamente Nueva Guinea es un kilómetro cuadrado y vas a ver que sus calles son rectas. Es ahora que los alcaldes la curvearon porque allí esta esa calle de aquí a los cien metros hay una curva, pero esa la hicieron los trabajadores, los ingenieros de la Alcaldía, pero aquí esto es recto.

R: Se delimitó.

DRO: Se delimitó por cuatro ingenieros. Aquí hay 20 cuadras completitas.

R: Que son el casco histórico.

DRO: Que es el casco histórico de Nueva Guinea.

R: La zona 1, la 2, la 3 y la 4.

DRO: Correcto, eso es todo. Lo demás nació con los problemas. Esos problemas grandes que había… En el mes de abril, a finales de abril trajeron más gente, de León, de Carazo, y vinieron cantidades de gente, pero debido a la lluvia y a la problemática, no hallaba las condiciones y mucha de esa gente se regresó, pero se quedó una parte y así pasó todo ese año. Se pasó trayendo gente el Instituto Agrario. ¿Cuál es la problemática?, estamos hablando del abastecimiento. El Instituto Agrario mandó camiones cargados con mercadería a dejarlos ahí donde doña Engracia López Lazo, una señora que acaba de fallecer.

R: ¿En qué lugar vivía ella?

DRO: En El Espavel buscando El Rama. Ahí había un lugarcito un kilómetro antes de llegar al pobladito de El Espavel; ahí nos apeábamos, es decir, veníamos a salir a El Coral. En ese entonces lo que se hizo fue que se compraron unas mulas y se buscó a unos muleros, entre esos a Ramiro Luna y al que le decían El Chon Güateras, ya falleció también. Esos fueron los que se encargaron de traer las provisiones para acá y de esa forma quedó más gente. El problema es que había gente que había traído niños y eso sí era grave, porque un niño aquí, sin leche, sin avena, sin nada, pues. ¡Imagínate! Entonces después, uno de los problemas más grandes que sufrimos después en Nueva Guinea fueron las enfermedades diarreicas porque no teníamos la cultura de los excusados.

R: Las condiciones higiénicas y sanitarias.

DRO: Sí, y por otro lado las lluvias. Pues, como te digo, la fundación de Nueva Guinea fue de alegría y de sufrimiento, por otro lado. Pero aquí hubo una cosa buenísima: donde está fundada Nueva Guinea, y donde están la mayoría de sus colonias, eran tierras nacionales; no venimos a perjudicar a nadie, por eso no tuvimos problemas.

R: A nadie se le quitó tierras.

DRO: A nadie se le quitó tierras. Por ahí nosotros no tuvimos problemas. El problema de nosotros fue con la adversidad de la zona, la lluvia, los mosquitos, las culebras; el primero que falleció aquí fue mordido por una serpiente, una terciopelo, fue el primero. La primera mujer que murió aquí era mi esposa;murió de que no pudo dar a luz, porque no había condiciones y no teníamos partera bien entrenada, mucho menos teníamos médicos. Esos eran los problemas que nosotros teníamos.

R: Estamos hablando del inicio, ya con el PRICA.

DRO: Ya con el PRICA. Cuando te digo de esas comidas que traían ahí, ahí lo que venía eran productos que daba la Alianza para el Progreso.

R: ¿Cuáles son los tres principales problemas que considera que sufrieron los primeros pobladores de Nueva Guinea?

DRO: Uno, la salud, porque no teníamos médicos, no teníamos medicinas; aquí se morían los niños, se enfermaban y se morían por falta de medicina. El otro problema, y lo sentíamos como lo sienten los campesinos, era la falta de caminos; nosotros deseábamos tener una carretera para viajar, porque antes se llevaba uno para salir tres días, los que caminaban más suave se llevaban más tiempo. Después, la falta de crédito para desarrollarnos; ese se nos concedió porque se creó un banco que se llamaba Crédito Supervisado que era parte del Banco Nacional. Crédito supervisado con el IAN con fondos del BID; te daban dos vacas paridas, no es que te daban lo que vos pedías, dos vacas, un caballo y cuatro rollos de alambre. Esas eran nuestras necesidades más sentidas.

R: En esa época.

DRO: En esa época. Porque nosotros de alguna manera resolvíamos, digamos con el agua, para nosotros aquí los ríos, pues.

R: ¿Hacían pozos?

DRO: Hacíamos pozos, pero en el campo no sientes que el agua que estás tomando tal vez está contaminada. Con tal de encontrar el agua. Entonces, eso no era tan de primera necesidad como era el otro problema: pertenecíamos a El Rama, entonces para asentar que se había muerto un niño, no teníamos dónde. Teníamos que ir a Rama y nadie iba porque no teníamos plata, hay que ser honesto. La otra necesidad que nosotros planteamos fue ¿quién nos iba a comprar los productos? A eso tuvimos respuesta en el año de 1968 porque en cuatro lugares pusieron silos, el que antes se llamaba INCEI; entonces ahí nos compraban los productos y ya hubo una respuesta. Pero la carretera la seguimos gestionando y te digo que gracias a los desastres nacionales que se dieron en Nicaragua tuvimos carretera.

R: ¿Cómo El Cerro Negro?

DRO: Esa fue la primera, en 1970, El Cerro Negro. Nosotros teníamos la pista. Entonces vino el diputado Pancho Papi, vino el Obispo de León y una Delegación. Nosotros les hicimos una presentación de todos los productos que aquí se cultivaban; se fueron encantados de ver todo lo que aquí se daba. Había un periódico de Somoza que se llamaba Novedades y en primera página salió ahí: “Nueva Guinea, la tierra de la que fluye leche y miel”. Entonces todo mundo se fijó en Nueva Guinea. Pero estamos hablando de 1970; pasamos 5 años aquí sin camino.

R: Sin comercializar y con un montón de necesidades.

DRO: Primero fueron las necesidades, después se dio el terremoto y entonces ahí hicieron la carretera; así es como nos vino la carretera a Nueva Guinea.

R: De La Curva a Nueva Guinea. ¿En 1972 la inauguraron?

DRO: Sí.

R: Entonces, ya con el IAN, ya con las colonias, ya con la carretera, ya la situación cambia totalmente.

DRO: Es correcto.

R: Ya tienen condiciones mejores, están felices, comercializan, hay un progreso, ¿o no?

DRO: Hay un progreso. Como ese ya fue un proyecto con el Banco Mundial, ¿verdad?, dijeron “bueno, vamos a hacer un hospital”: dos manzanas ahí y se hizo el hospital. Nosotros le decimos hospital; es un centro de salud con camas, pero como nos dijeron que era hospital le seguimos diciendo hospital.

R: Ya con todas esas condiciones, después triunfa la Revolución Sandinista en la zona, cuéntenos cómo fue esa etapa aquí, a grandes rasgos.

DRO: Bueno, esa etapa en esta zona no se sintió mucho. Digamos al final, porque aquí, una columna que venía por la montaña fue aniquilada.

R: Jacinto Hernández, era.

DRO: Jacinto Hernández. Fue aniquilada, entonces aquí realmente no se conoció mucho de eso, pero con la euforia nosotros ya teníamos organizada aquí la célula y habíamos mandado 300 muchachos a la columna de aquí de la carretera, de El Rama, la que traía Pancho. Lo primero que pensábamos era querer ser Municipio, queríamos independizarnos.

R: ¿Eso es ya después que triunfa la Revolución?

DRO: Desde antes queríamos porque no teníamos dónde hacer las gestiones, como te digo, dónde ir a asentar.

R: Triunfa la Revolución ¿y qué pasa entre los años de 1980 y 1984?

DRO: Bueno, en 1979 nosotros hicimos un Comité de Defensa Sandinista (CDS). Ese comité fue el que se encargó de hacer las gestiones para que fuéramos una Junta de Gobierno. Llegamos a ser Junta de Gobierno en noviembre, pero sin ser Municipio; la Revolución aceptó que realmente Nueva Guinea tenía las condiciones para ser Municipio. Ahí es donde me nombran Coordinador de la Junta de Gobierno.

R: Primer Alcalde de Nueva Guinea.

DRO: Es correcto, primer Alcalde de Nueva Guinea. Esa fue una elección a mano abierta. Nosotros aquí ya teníamos una cooperativa, pero era una cooperativa agraria, todavía existe, está ahí en frente de la UNAG, La Unión Campesina, todavía existe. Aquí vinieron unos israelitas a formar cooperativas, porque en los países de ellos hay cooperativas. Nosotros ya teníamos conocimiento de eso, pero no se había hecho tan masivo. Con la Revolución sí, porque ya viene entonces eso de que hay que unir las tierras. Pero donde lo hicieron fue en Jerusalén, ahí con Tuno y otra gente que unieron sus tierras; otros no lo hicimos, nos quedamos en la cooperativa pero sólo como socios sin unir nuestra tierra. Se dieron un montón de proyectos, porque eso sí trajo la Revolución. Nosotros mismos, cuando pasamos a funcionar como Junta de Gobierno, en 1981 nos están declarando el primer municipio que creó la Revolución. Entonces ya nosotros trajimos todas las instituciones, porque ese era el problema, que no habían instituciones; donde no hay municipio no hay instituciones. Ahora en Nueva Guinea están todas las instituciones y nosotros en la Alcaldía comenzamos a hacer gestiones. Una de las primeras gestiones que hicimos fue la del agua potable. Metimos cartas en la Secretaría de Asuntos Municipales (así se llamaba antes) y al Banco Mundial. Nos aprobaron el proyecto y vinieron a hacer el levantamiento topográfico para el agua. Aquí éramos 3,500 habitantes en el casco urbano, entonces a la hora en que se inició el proyecto tuvimos problemas porque con la guerra Nueva Guinea creció.

R: ¿Estamos hablando a partir de qué año de la guerra?
       
DRO: En 1984 comenzó la gente a salir.

R: Comenzaron a evacuar a la gente a la montaña.

DRO: No, la evacuación fue en 1988.

R: En 1986, 1987, 1988.

DRO: Pero esa gente comenzó a regresar. La gente que se quedó aquí fue la gente que salió espontáneamente, que tienen su finca y ellos sacaron a su familia. Una familia que llega a un pueblo, ya es difícil que la hagas regresar. Ese fue uno de los problemas que hubo aquí con los finqueros y los parceleros. Se salieron y ya la mujer dijo “yo no me vuelvo a ir, me matan o me matan a mi hijo si se lo llevan, o me violan a mi muchacha”. Ese es un problema que se dio.

R: Sufrió la gente del campo.

DRO: Correcto, la gente sufrió en el campo, eso está claro.

R: Esa es una etapa entonces de contradicción, de conflicto, de guerra, de migración, cuando la gente se va para Costa Rica.

DRO: Y se fueron a la guerra unos, otros se fueron al Ejército, otros se fueron para otros municipios, otros para otro país.

R: Después tenemos los años de 1990, cuando pierde el Frente, ¿qué es lo más significativo para usted en esta etapa de los años de 1990?

DRO: La paz, la reconciliación, porque fíjate que Nueva Guinea, a pesar de que vivió unos ocho años, porque hay que ser honestos, nosotros en 1981, 1982 estábamos tranquilos; ya de 1983 para allá comenzó la guerra, hasta 1988… Y viene el huracán Juana que fue en 1988. Pero en ese tiempo también se dan los acuerdos de Sapoa y de Esquipulas, entonces aquí se hicieron comisiones de paz. Esas comisiones de paz jugaron un gran papel. Dábamos un documento de Presidencia de la República donde se le decía al alzado que si se retractaba nadie lo iba a tocar. No se hablaba con el alzado, se hablaba con los familiares, con los delegados de la palabra, con los pastores evangélicos. En esa forma fue que aminoró la guerra. Lo importante fue cuando todo el mundo entregó las armas y aquí hubo paz. Borrón y cuenta nueva. Para serte honesto, yo pensé, yo que fui Alcalde, los primeros 10 años y medio que tuvo Daniel Ortega yo también los tuve, pensé que aquí iba a haber cacería de brujas o pasadas de cuentas, y mira, gracias a dios, aquí no hubo nada. Porque realmente se cometieron errores de los dos lados, con la lengua, con la lengua de uno le pasaban la cuenta a uno, con la lengua del otro le pasaban la cuenta al otro, y entonces para mí esa desamistad estaba en la gente, pero aquí gracias a Dios la gente venía aburrida de la guerra, y la gente está aburrida de la guerra, la gente no quiere guerra.

R: Entonces esa es la etapa del decenio de 1990 y de los primeros diez años del 2000; de los gobiernos  neoliberales, ahora, en este nuevo contexto en el que nos encontramos, ¿cómo ves la situación de Nueva Guinea? Vemos que los campesinos están inconformes, la gente anda marchando en las calles. ¿Cómo ve la situación, usted que es de los colonos iniciales de Nueva Guinea?

DRO: Mira, yo te digo, en este momento yo creo que los campesinos tienen razón, en cuanto a ellos levantarse porque el gobierno no ha tenido la suficiente claridad de venir y decirle al campesino qué es lo que va a hacer y qué es lo que les va a tocar. Vinieron midiendo diez kilómetros a cada lado del río. ¿Qué hicieron?, poner a la gente alborotada: “¿cómo es esto?”, estás hablando de un carril de veinte kilómetros, dijeron, y después entregaron Nicaragua, como lo han dicho.

R: ¿Esa gente es parte de la misma gente que sufrió la guerra o no?

DRO: En parte sí, claro que sí. Ahí están viviendo unos que fueron comandantes de la Resistencia, ahí están. Pero, ¿qué es lo que sucede?, la falta de comunicación, la falta de acercamiento es lo que ha hecho ese problema. El otro problema es que el gobierno local, aunque yo digo que es el gobierno nacional porque si tiene empleados aquí tendría que mandarlos a esclarecer en qué consiste el proyecto. Más bien se les fueron arriba: ahí andan los de otros partidos, ahí en La Unión andaban dos diputados del PLI, andaban de Juigalpa y los de aquí. Y andaba un concejal que es del PLC. Esa gente anda hablando lo que ellos piensan, lo que ellos imaginan, porque ellos no se han sentado a platicar con el gobierno para decir “el proyecto consiste en esto”. Hay desinformación por los dos lados.

R: Y la desconfianza es peligrosa.

DRO: Sí, sí, por lo que les han dicho, pero ahora que se maneja, que vino Telémaco y les dijo aquí en URACCAN que lo más que se puede afectar son dos kilómetros de ancho, entonces la gente está más apaciguada.
                 
R: Pero la gente no deja entrar a nadie allí.

DRO: Ah, sí, porque le siguen manejando la problemática de los que andan con la bandera del medio ambiente, que van a secar el lago, es lo primero que te andan diciendo aquí los políticos y les andan diciendo que les van a expropiar sus tierras.

R: Esta es otra etapa del desarrollo donde ya hay una semilla de conflicto, digamos. A pesar de ese conflicto que sufre la gente del campo, de aquí a 15 o 20 años, ¿cómo ve la zona de Nueva Guinea?

DRO: La miro con mucho futuro. Precisamente hoy hablaba en un entierro con una compañera, y en la esquina, por el parque, allá antes era de Adolfo Hernández, tenía un taller de mecánica, tenía sucias las paredes y todo ahí. Y hoy que voy ahí están construyendo una casa de dos pisos, y antes habían construido otra casa de dos pisos, de la hermana del doctor Rodríguez. Estamos viendo el progreso que se está desarrollando en Nueva Guinea. Ahorita Nueva Guinea recibió el premio del mejor café Robusta, en Europa. Y debido a eso ahora se va a llegar a 10 mil manzanas de café. Otros están con el asunto del cacao. Eso quiere decir que están viviendo grandes proyectos para Nueva Guinea, como la piña, pues.

R: Entonces ve un futuro promisorio, siempre y cuando se resuelvan los problemas.

DRO: Que se resuelvan, que le paguen a la gente, pero el progreso no lo puede parar nadie.

R: OK, muchas gracias.