El agua que levanta la panga,
las espumas que se dispersan alrededor,
mi mano acariciándolas.
Y ese aroma a terruño
que viene a mi encuentro.
Los pasajeros conversan
en español, inglés creole y miskito.
Vamos dejando atrás
los primeros cayos de la bahía.
Los pescadores tiran sus tarrayas
desde sus botes de canalete.
Me quedo mirándolos.
Cuántas veces los habré visto
sin sentir lo que siento hoy.
Los pelícanos y las gaviotas
acompañan el trayecto.
La panga sigue.
Pienso en vos, Ronald Tadashi,
en tu alegría,
en cuánto me hace falta tu presencia.
El dolor de haberte perdido
me estruja el corazón.
El agua terrosa del comienzo
va quedando atrás.
Casi al llegar,
es verde y limpia.
La miro cambiar
con esta alegría de volver
y esta pena que viene conmigo.
Hace muchos años me fui.
Volví varias veces
y siempre vuelvo.
Ya te distingo, El Bluff,
la misma península,
deteriorada por aquí,
bella por allá.
Y me veo otra vez
corriendo por el andén,
desde el muelle de las pangas
hasta la casa de mis padres y abuelos.
Con esas ganas de llegar,
de estar entre los míos.
Hoy quisiera llegar así,
encontrar un abrazo,
quedarme un rato
sin tener que decir nada.
Las voces de mis amigos del pasado
se mezclan con las risas de los chavalos
que viven los sueños
que de joven tuve.
Por un momento
todos estamos otra vez allí.
Hoy las ausencias me rodean
con recuerdos de amor y cariño,
con ese calor de antaño
que tanta falta me hace.
Y vuelvo a vos con mis penas,
con los nombres que llevo conmigo.
Siempre serás mi refugio.
A vos vuelvo cuando duele
y cuando la vida me da una alegría
de esas que duran poco
y uno quisiera prolongar
entre su gente.
Así te vuelvo a ver, El Bluff.
Ayer y hoy.
Alegría y dolor.
Mi mano junto al agua,
mi nieto en el corazón
y estas ganas de llegar.
17 de Octubre de
2026.
