jueves, 13 de junio de 2024

HÉROES SALVA BARCOS

 



Fuimos contratados antes de que llegaran las lluvias.

Éramos tres, yo y dos hermosas mujeres de color,

black creole las dos.

Piquetear el sarro de cisternas,

cubiertas de barcos atracados en el muelle,

su obra viva y su obra muerta sobre el astillero.

¿Por dónde comenzamos?

Preguntó una de ellas, la de ojos color de miel,

con el casco protector, lentes defendiendo sus bellos ojos

y piqueta en mano protegida con guantes de cuero.

Solo nos explicaron que el óxido

acaba con la nave y debíamos salvarla,

¡serán héroes!

Dentro de la cisterna el constante piqueteo

aturdía nuestras cabezas

y el calor de las mañanas lamía la piel

de nuestras espaldas y caras.

En el astillero, colgados de gruesas cuerdas,

sentados en tabloncillos cual columpios,

reíamos y bromeábamos felices ante las ocurrencias

de la flaca que cubría su cabello rasta con un pañuelo azul.

El silencio nos invadía al apreciar la manguera

a presión de Sandblast eliminando del casco

las esponjas, corales, moluscos, percebes, ascidias y algas.

Luego el esmeril dejaba la superficie

resplandeciente como plata marina.

¡Éramos parte de la cuadrilla de héroes, héroes salva barcos!

Fuertes y robustos, ellas sobresalían por sus piernas color ébano

y nosotros por robustos brazos.

Siempre de buen humor, altivos al viento, aprendiendo

el bien en acciones y palabras de otros,

salvadores de barcos que navegaban

impecables por la mar Caribe.

 

13 de Junio de 2024

Foto: Internet.


viernes, 7 de junio de 2024

HAIKU I

 




Entre El Bluff y Yolaina

He construido un hogar en la colina

Con los susurros del viento.



7 de Junio de 2014.

Foto Propia.


martes, 21 de mayo de 2024

EN LA LAGUNA DE ESCOFRAN

 



Es un paseo y ocho van en la panga.

La mañana radiante invita al disfrute en los alrededores de la bahía:

el viento se ha marchado y las olas han desaparecido.

Arriman en la orilla del río, pasando Escofran Walk Lagoon,

frente a un bosque nutrido de cocoteros, un cocal productivo.

 

Los jóvenes abandonan sus ropas y se lanzan al río,

chapotean con alegría y revuelven las aguas.

Son cuatro las bellas que caminan por los alrededores,

van en shorts y buscan manzanas de coco para su deleite.

Ellas son flores silvestres exóticas en el bosque de cocoteros.

 

El cielo en el horizonte se torna gris plateado.

Ellos se cansan, suben a tierra y a los cocoteros.

Con destreza de caribeños los pelan con machetes para ellas.

Qué delicia, en un día caluroso, saborear el agua de coco.

Ellos se muestran orgullosos y ellas admiran sus cuerpos.

 

Llega la lluvia primeriza de Mayo.

Las bellas blufileñas están preocupadas por el cabello y sus cejas.

La corriente arremete contra la panga, la suben y la atan a un cocotero.

Se emparejan en los cuatro puntos cardinales del cocal.

Intensa lluvia baña sus cuerpos y una cortina plomiza los resguarda.

 

La lluvia ha cesado y el tapiz que los protegía desaparece:

las flores exóticas se muestran exuberantes.

El regreso es distinto a su partida: ríen y cantan en la panga.

Una leve brisa y un oleaje con olor a mangle acarician sus espaldas.

Es el mes de Mayo y la dicha se muestra en sus rostros.

 


20 de mayo de 2024.

Foto: Internet.


miércoles, 15 de mayo de 2024

EN EL DÍA DEL PROFESIONAL AGROPECUARIO

 



Bajo el manto gris de un cielo que promete,

el campesino se arrodilla ante la tierra,

sus manos callosas como raíces que se hunden

en el suelo fértil de su esperanza.

Cada surco que abre, cada semilla que siembra,

es un susurro al futuro, un canto silencioso de fe en el mañana.

Las primeras gotas de mayo, cargadas de vida,

caen sobre su rostro curtido, lavando el polvo del pasado

y anunciando la promesa de una cosecha abundante.

Su labor, tejida con hilos de sudor y perseverancia,

es el latido de un corazón que nunca se rinde.

En cada amanecer, cuando el sol apenas se asoma

tímido sobre el horizonte, él se levanta con una sonrisa

que desafía la adversidad. Su mirada, fija en el horizonte,

ve más allá del presente, ve campos verdes y frutos maduros,

ve la recompensa de su esfuerzo.

 

A su lado, el profesional agropecuario, guía y aliado,

camina los mismos senderos.

Conocimiento en mano, comparte su sabiduría,

brindando orientaciones que iluminan

el camino del campesino.

Juntos, forman un dúo invencible,

uniendo la ciencia y la tradición

en un abrazo que fortalece la tierra.

 

El 15 de mayo, Nicaragua celebra a estos héroes del campo.

A los profesionales agropecuarios que, con su dedicación,

elevan la labor del campesino, mejorando cada día su producción.

Su trabajo es un puente que conecta

el saber con la tierra, un faro de esperanza

que brilla en cada hectárea cultivada.

 

En cada grano de maíz,

en cada hoja verde,

late el esfuerzo conjunto de dos manos diferentes,

pero con un mismo propósito.

Son guardianes del futuro,

cultivadores de sueños,

y en cada semilla que brota,

florece la promesa de una tierra más fértil

y un mañana más próspero.

 

15 de mayo de 2024.

Foto: Propia.


martes, 30 de abril de 2024

UN ACTO DE TERNURA Y VALENTÍA

 



Los bordes de la carretera hacia Juigalpa se muestran

cubiertos de vainas de guanacastes, impregnándolos

de una tonalidad marrón en contraste con el hormigón asfaltico.

 

La luz temprana de la mañana avanza suavemente

sobre la copa de los arboles y el pasto seco de los potreros.

Robles y malinches florecen en las fincas del trayecto.

 

El ganado volverá con las lluvias

mientras los caballos pastan alegres por el rocío

y así pasarán todo el día, solos y felices.

 

Otra vez en casa, ella canta canciones de cuna,

“los cochinitos y los elefantes”, llena la sala de ternura

al ritmo de la mecedora, mientras Thiago balbucea alegre.

 

La madre no olvida, vuelve una vez más

a cantar, a dar calor y alegría, y me acerco a ella

contagiado por su ternura, llenándome de gozo, una vez más.

 

Thiago está en mis brazos, en mis piernas, y le hablo

achiquitando la voz, le hago cosquillas, no deja de sonreír,

se empuja y mueve su cabecita tratando de levantarla.

 

Estoy en una mecedora en horas de la madrugada,

canto las mismas canciones a mis hijos, les doy su pacha,

y me duermo al llegar a los quince elefantes. ¡Papá, los elefantes!

 

Es un acto de valentía, de gozo al sentir la tierna piel.

Me doy cuenta de que no hay nada como esa ternura,

y que, si volviera al pasado, cantaría toda la vida.

 

Cae la tarde, los árboles a mi espalda pierden su luz.

El tránsito se torna lento y los ojos de los caballos

que pastan brillan con la luz de los vehículos.

 

Ella va a mi lado. Su silencio dice lo dichosa que está.

Lleva un halo de ternura, el mismo que tuvo al acurrucar

y cantarles a sus hijos, a sus nietos y ahora a su sobrino segundo.

 

 

28 de abril de 2024.

Foto Internet.


martes, 23 de abril de 2024

LA EMPRENDEDORA QUE VENDE ALIMENTOS EN LAS CALLES DE NUEVA GUINEA

 


Me encuentro frente al negocio de Daniel Cabrera. Estoy haciendo los mandados de la casa, pero lo visito para conocer su estado de salud. “No está”, dijo una muchacha. “Anda en Bluefields, ya sabe, en lo de la hemodiálisis”, agregó.

Doy la vuelta y el sol está radiante sobre la calle que lleva hacia el Pali. Allí ha surgido un nuevo mercadito en Nueva Guinea, con negocios de todo tipo: frutas y verduras, abarroterías, farmacias, venta de carne, queso y crema, pollos enteros y en piezas, ropa y calzado, sorbetes, la tienda Amazona y muchos otros que son ambulantes. Entre estos está el Pelón con su camioncito donde ofrece frutas frescas en trozos empacadas, papayas, sandías y ceviches, y otros que ofrecen artículos para decorar el vehículo. Y también se observan varios mendigos que se ubican frente a la entrada del Pali. 

El tránsito de vehículos, por momentos, se torna pesado: se escucha el motor de las motos, de las camionetas, taxis, gritos de los vendedores, risas y silbidos.

Bajo la sombra que da el alero del negocio del hijo de Daniel Cabrera, Javier, se encuentra una mujer ofreciendo alimentos que lleva en un carretoncito. Todo lo que ofrece está cubierto con un mantel y dentro de un termo.

A esta mujer la he visto toda la vida por las calles vendiendo con su carretoncito. Me acerco a ella para conversar sobre su actividad económica, su pequeño negocio, su emprendimiento.

Se llama Jesenia Castro, tiene 49 años de edad y desde hace 25 años se gana la vida vendiendo alimentos en las calles de Nueva Guinea.

—¿Qué es lo que comenzó vendiendo?

Comencé con atol de trigo, arroz de leche, manjares y comiditas de cinco pesos de esos tiempos: arroz, salpicón, guineo cocido, puré de papa.

—En ese tiempo Nueva Guinea era más pequeña, prácticamente solo era el centro, la alcaldía, el banco, Enitel.

Uhh sí, todo esto que es la calle central hasta el mercado.

—Y ahora, con el crecimiento de la ciudad, ¿por dónde se mueve?

Me muevo por las 10 cuadras del casco histórico de la ciudad, doy la vuelta y cruzo por la rotonda los 4 evangelios hasta la gasolinera.

—¿Y cómo le va? Cuéntenos.

Pues ahorita están bajas las ventas, se han bajado últimamente.

—Pero usted ya tiene su clientela.

Claro que sí, en la policía, en el mercado, en la alcaldía, en las instituciones. La gente me espera con mi venta.

—¿A qué hora, más o menos?

Entre las 10 y las 11 de la mañana, no me fallan.

—¿A qué hora sale de su casa?

Entre las 8:45 y 9:00 de la mañana.

—¿A qué hora termina un día bueno?

Le voy a explicar, son dos ventas las que saco. Por la mañana vendo comida: papas rellenas, empanadas de maduro, pollo rostizado, tajadas con queso y repochetas. Por la tarde vendo postres: atol de trigo, arroz de leche, manjar y repostería, todo eso de la 1:45 a las 5 de la tarde. Siempre hago el mismo recorrido y mis clientes son hombres, mujeres y niños. La gente de las colonias me compran manjares para llevar.

—Con este negocio ha sacado adelante a su familia, a sus hijos. ¿Tiene hijos?

No, no, soy soltera. Vivo con mi mamá, ella tiene 70 años.

—Pero, ¿tiene gente que le ayuda a preparar sus productos?

Si, una sobrina que ha aprendido mucho. Ahorita ella está preparando la venta de la tarde. Para sacar esta venta, la de la mañana, desde la cinco estamos trabajando.

—Me alegro mucho, le digo. Siempre la he visto por las calles con su venta. La felicito mucho y le deseo lo mejor, que todos los días sean buenos para usted.

Ella sonríe. Usted debe conocer a mi mamá, dice. Es doña Coco, la de las Sopas Doña Coco, se acuerda.

—Ah, ya, doña Coco, claro que sí.

Un camión viene rugiendo del lado Norte, pita desde la esquina, se detiene al cruzar la calle. Frente al lugar en que estoy platicando con Jesenia vuelve a detenerse y se escucha el pito de los taxis que no avanzan. Tres hombres se suben al camión que se dirige hacia una colonia, va atiborrado de gente como si de sacos se tratara.

Sigo haciendo mis mandados, pero no dejo de pensar en Jesenia. Una mujer sola que tiene muchos años de andar con su carretoncito por las calles de Nueva Guinea, sin importar el estado del tiempo. Estoy seguro de que fue doña Coco, la de las sopas, su madre, la que le enseñó a preparar los alimentos y ahora ella le ha enseñado a su sobrina. Es el "saber hacer" transmitido en generaciones.

Ese saber hacer es un factor importante para emprender junto con las ganas de trabajar. El convencimiento de que sí se puede, es lo que a Jesenia le ha permitido transitar en el tiempo con su negocio, además de su capacidad organizacional y de gestión, pues es ella la que administra y dirige su microempresa. Planifica en el espacio y el tiempo porque sabe exactamente las horas en que la población demanda sus productos (alimentos fuertes: entre 9 y 11 a.m. y postres por la tarde) y ha trazado sus rutas de venta por las calles, enfocándose en las instituciones y el mercado.

Son las ganas de salir adelante, tener la idea para emprender, mantener la motivación para la consecución de los objetivos trazados aunque se cometan errores, porque estos se corrigen, se mejora, se perfeccionan y diversifican los productos con el tiempo. Y es a través de tiempo que se logran beneficios económicos y prestigio social, el reconocimiento del emprendimiento por la sociedad. Ahora, muchos programas de gobierno apoyan con medios y recursos diversos emprendimientos, los que cuando inició Jesenia, hace 25 años, no existían.

 

21 de abril de 2024.
Nueva Guinea, RACCS.
Foto Propia.

martes, 16 de abril de 2024

EL CRUCE DE REGRESO A CASA

 


Hay pensamientos y recuerdos que se manifiestan,

con un intenso dolor como herida que se calma en la piel

hasta que regresan con el tiempo, casi siempre.

 

El cielo azul y las aguas calmas de la bahía,

su cruce es el único camino de regreso a casa:

cada lugar donde he amado me ha obligado a irme.

 

Después está la memoria, aún,

que llena de delfines el trayecto, suspiro

brisa marina húmeda, el laurel florecido, espuma en la orilla.

 

¿Cómo se llama el aroma de madre y el tono palpitante del atardecer al llegar?

Bluff, de ti me he alejado de las raíces ahora agonizantes,

de todo lo que llamamos parientes.

 

Déjame recordar lo que había dejado en el poco tiempo que queda:

tu playa y lagunas, tu andén florecido, tus atardeceres,

tu gente y amigos, tu resguardo y noches de calma.

 

¿Alguno de nosotros volverá a ser lo que una vez fuimos?

¿Para cuándo?

Dime y allí estaré.

 

15 de abril de 2024.

Foto propia.


martes, 9 de abril de 2024

UN MUNDO VERDE Y AZUL SE DERRUMBA

 


He estado allí y lo he visto:

árboles, polvo, lodo y la mar.

¿Estarán allí por siempre?

No impondré significados.

 

En Abril, la lluvia es un chisporroteo de alegría

entre las hojas secas que cubren la tierra agrietada.

Luego vendrá con su ímpetu arrollador,

aplausos sonando en las hojas nuevas.

Un proceso eterno que no se detiene, aún.

 

El viento, aliado de la lluvia, empuja el agua

fuera de su curso, desbordando lagunas y ríos,

en dirección hacia la mar donde las aguas se aparean

dando nuevas vidas, vida en abundancia.

 

Desde el muelle pienso en esto.

El río desbordado, el agua saltando

como animal herido y la boca abierta.

El océano, un animal lleno de otros animales.

 

Un zopilote viejo come el espinazo

de un pescado en el borde del muelle,

que apunta en dirección a El Bluff,

tras los picoteos desgarradores, lucha

contra otros más jóvenes que lo acechan

para tomar su turno y devorar lo que queda.

 

Desde la caseta del muelle de las pangas

veo el aleteo de los Cormoranes que en su vuelo

hacen espumas en el agua y cantan de alegría.

El atardecer se manifiesta con un viento sutil.

Entre los pilares de la red eléctrica, testigos silenciosos,

la silueta de los patos se eleva sobre el verdor de los cayos.

 

Una ola, luego otra, revientan en los cimientos del muelle,

en  llantas parachoques, en el basurero de la orilla de la bahía

donde mueren entre la inmundicia que libera hedores tóxicos.

 

En el río seco cae el día. Los pájaros desesperados

se refugian entre las ramas de los árboles pidiendo agua con su canto.

Profundo verano, luego la lluvia.

 

En el borde del muelle respiro profundo.

El oleaje, el aire salado, el graznido de las gaviotas,

el rugir del motor de la panga.

Adiós Bluefields, bye bye Half Way Cay, welcome dice El Bluff.

 

Barcos hundidos, casco y mástiles oxidados.

Cuerpos enjutos, rostros amarillos con ojos tristes.

¿Estarán allí por siempre?

¿Quiénes los abandonaron?

Vamos a la deriva en un mundo

verde y azul que se derrumba.

 

7 de abril de 2024.

Foto propia.