martes, 21 de junio de 2022

CREADORA DE FELICIDAD

Son sonrisas de satisfacción, eso es lo que pienso al ver las amplias sonrisas de los clientes de mi hija cuando retiran sus pasteles. No importa el tamaño, el peso, el tipo ni la forma del pastel, porque siempre se dibuja una amplia sonrisa en sus rostros al tenerlo por primera vez en las manos.

Y los veo, así, sonrientes, de pie en el corredor de la casa. Cuando Emiljamary hace la entrega siempre dan las gracias con esa sonrisa característica de felicidad, de agradecimiento, aunque paguen por el pastel, la gratitud dibujada en la plenitud de la sonrisa, sonrisas plenas, y así, sonriendo se retiran ya sea en motocicleta o en vehículo para disfrutarlo con el agasajado, con el cumpleañero, con la mamá, con la hija, el hijo, la amiga, el novio, la amante, o el padre, el abuelo, la abuela, la familia.

Pienso que en el trayecto esa sonrisa no se apaga, va por las calles de Nueva Guinea como una estela de felicidad que deslumbra a los caminantes hasta llegar a su destino, y allí se multiplica, explota y  contagia a los participantes del festejo. Y de eso es lo que la labor de mi hija se ocupa.

Es creadora de pasteles, de felicidad, no sólo en los que consumen sus pasteles sino en el entorno en que trabaja, en mi casa, su casa, llena el ambiente de alegría, de felicidad, y siempre voy a ella después que escucho desde mi oficina para darme cuenta de que es lo que le causa esa gran carcajada que comparte con Emilce, su mamá, mi mujer, y me contagia de esa dicha que crea al combinar los ingredientes de los pasteles, cuando entran al proceso del horno, al hacer los decorados con aquella paz y tranquilidad requerida para que sean una obra de arte. Ella en su labor, creando, relajada y feliz.

Luego, cuando ha finalizado, después de muchas horas trabajando con esmero, la veo pasar con el pastel en sus manos creadoras para colocarlo en el sitio que ha elegido y tomarle la foto para compartir su obra en su página llamada “dulces para el corazón”.

Los admiro, me encantan. Y más aún cuando provoca esas sonrisas con su trabajo, sonrisas que veo, indicadores de satisfacción de sus clientes, que van por el camino llenos de alegría y festejan con sus seres queridos. La felicidad se hace, se moldea y se transmite.

Y yo me lleno de ella, siempre espero a sus clientes para ver la sonrisa dibujada en sus rostros, el indicador de la felicidad que con sus manos hace mi hija.

 

20 de junio de 2022.