Mis
abuelas, mi madre, mis tías,
mis
primas, mi hija, mi mujer.
Mujeres orgullosas, valientes,
decididas,
trabajadoras, luchadoras.
Lo han
hecho todo.
Parir.
Reír.
Llorar.
Luchar.
Decidir.
Las he
visto madrugar
cuando
el gallo rompe la madrugada
y la
neblina todavía descansa
sobre
los caminos de arena y lodo.
Encienden
el fogón.
El café
levanta su aroma
mientras
el día comienza.
Las he
visto estudiar
con la
noche pegada a los ojos
y el
cuaderno abierto
sobre la
mesa.
Las he
visto trabajar
donde
haga falta sostener la vida.
Mis mujeres no se doblan.
Son solidarias y agarran las riendas
cuando
el mundo se desordena.
Bailan.
Y cuando
bailan
el
trópico les despierta en la sangre.
Besan.
Abrazan.
Aman.
Transforman la tristeza en alegría.
Llenan de vida
los espacios que habitan.
Ahora las veo.
Todas
juntas.
Agarradas
de la mano.
Con la
frente en alto.
Caminan
hacia el futuro.
El viento acaricia sus rostros.
Sus ojos van llenos de luz.
7 de
marzo de 2026.
Foto:
Internet.
