viernes, 29 de mayo de 2026

MADRES DE MI VIDA

 


Mi madre, Ofelia,

era refugio y sacrificio,

una luz despierta antes del amanecer

cuidando mis sueños.


Mi padre pescaba lejos

y era ella quien sostenía la casa,

quien nos despertaba temprano

para cruzar la bahía de Bluefields

camino a la escuela.

 

No importaban las tormentas,

el viento

ni el mar embravecido.

 

Ella siempre estaba allí.

Mirándonos partir desde el muelle

y corriendo a abrazarnos al regreso

como si nos arrancara nuevamente

de las manos del mar.

 

Se fue demasiado joven.

Todavía tenía negro el cabello.

 

Despues comprendí

que el Caribe está lleno de mujeres parecidas a ella.

 

Madres de frijoles,

cuidando hijos ajenos,

vigilantes ante peligros

como centinelas de la noche.


Madres negras de voz profunda,

cantando himnos moravos

mientras hornean pan de coco

y esperan pescadores frente a la bahía.

Mujeres que sostienen la vida

sin hacer ruido.

 

Y más allá del mar,

las madres campesinas del trópico húmedo.

 

Mujeres de manos ásperas,

pies llenos de lodo,

que siembran maíz y esperanza,

aunque el hambre camine cerca.

 

Y después apareciste vos,

madre de mis hijos,

con tu manera silenciosa

de sostener los días difíciles

sin dejar caer el amor.

Mi atlética mujer.

 

Entonces entendí algo:

todas las madres se parecen un poco.

 

La que espera frente al mar.

La madre de frijoles.

La que siembra bajo el sol.

La que abraza a sus hijos mientras duermen.

 

Todas llevan el mismo cansancio hermoso

debajo de los ojos.

 

Y todas terminan pareciéndose a la tierra:

fértiles,

fuertes

y eternas.

 

 

29 de Mayo de 2026.

Foto: Ofelia Álvarez.