Desde hace días te esperábamos.
Como se espera la primera lluvia
después del verano largo,
como se espera una lancha
apareciendo en el horizonte,
como se espera el amanecer
cuando la noche parece no terminar.
Y hoy llegaste,
a la 1:29 de la mañana.
Pequeñita,
envuelta en el asombro de la vida,
con tus manos cerradas,
como quien trae secretos del cielo,
y tus ojos nuevos
buscando un lugar entre nosotros.
Tu padre te mira orgulloso,
sin encontrar palabras suficientes.
Tu abuela sonríe
como si el tiempo hubiera dado una vuelta
completa
para regalarle nuevamente
la alegría de una niña en brazos.
Tus tías,
que ayer parecían tan pequeñas,
andan felices imaginando juegos,
inventando canciones,
disputándose el derecho
de cargarte primero.
Y nosotros,
los que llevamos más caminos recorridos,
los que guardamos recuerdos
en fotografías amarillentas
y en viejos álbumes familiares,
te miramos llegar
como se mira encenderse una luz
en una casa querida.
Porque tu nacimiento
ha llenado de risa los corredores,
de preguntas las conversaciones,
de esperanza los corazones.
Todavía no conoces nuestros nombres,
ni las historias que algún día te
contaremos,
pero ya ocupas un lugar inmenso
entre nosotros.
Aquí te esperan abrazos.
Te esperan brazos dispuestos a sostenerte.
Te esperan canciones de cuna,
cuentos al caer la tarde,
y un amor tan grande
que necesitarás muchos años
para descubrirlo por completo.
Bienvenida, Montserrat.
Que el viento bueno acompañe tus pasos,
que la vida te regale días luminosos
y que nunca olvidés
que desde antes de abrir los ojos al mundo
ya eres profundamente amada.
02 de Junio de 2026.
