miércoles, 18 de enero de 2023

HUMANOS DE NUEVA GUINEA: REYNALDO Y SU CARRETÓN


En varias ocasiones lo he visto montado en su carretón por las calles de Nueva Guinea. Siempre va cargado, trasladando productos entre las diferentes zonas o barrios de la ciudad. Es su nueva forma de vida, su emprendimiento, desde que recortaron personal en una empresa que lo contrataba para cuidar antenas de comunicación.

Es Reynaldo Sánchez Jirón, un hombre mayor, pero se conserva con energía y fuerzas suficientes para dedicarse al acarreo con su carretón jalado por un caballo. Su domicilio está ubicado en la zona 6. 

“Tengo más de 10 años de trabajar en esta actividad, desde que me despidieron me dedico a esto y sigo adelante”, dice Reynaldo.

Ha tenido varios caballos. Menciona sus nombres con orgullo, sin pensarlo mucho, porque es consciente de que el trabajo conjunto con el animal es lo que le ha permitido salir adelante.

“Uno se llamaba Zanate, otro Capirote porque lo compré en una finca llena de esos árboles, luego tuve una yegua, una buena yegua llamada la Chana que me dejó una cría, una hembrita que le puse la Chiripa porque pensé que se me iba a morir, después tuve al Choto que tuve que amansar. Ahora tengo a este que se llama el Grano, cuando lo compré el pobrecito parecía una mazorca de maíz mal desgranada, con un pelotero de garrapatas por todas partes, lo recuperé y ahora tiene 8 años”.

¿Cuántos viaje hace por día, más o menos?

“Hago siete viajes. Ya la gente me conoce y me llama a mi número de teléfono, el 89083529. Me llaman personas particulares, de algunas abarroterías para trasladar productos a sus clientes, también de empresas para que traslade televisores, cocinas, lavadoras, muebles y hasta camas. Está maderita la llevo hasta la zona siete. Así paso el día, a veces me llaman de las colonias cercanas para trasladar de todo, hasta pizarras de las escuelas”.

¿Qué es lo más importante en este trabajo?

“El animal, amigo, el animal, porque sin caballo no hay acarreo. Estoy pendiente de sus cascos, de su lomo, que no esté chimado, que se mantengan sanos porque un animal enfermo no rinde. No los obligo al sobreesfuerzo, no; los hago trabajar sin sofocación, sin prisa. Gasto lo necesario en su alimentación, compro maíz que se lo doy molido con el concentrado y pasto, y también que no le falte agua limpia, esa es la vida”.

Mientras conversaba con Reynaldo, su teléfono sonó varias veces. Siempre respondiendo que va cerca, que está por llegar con la carga, que ahorita no, más tarde puedo, y así, hablando con sus clientes.

“Ya ve como me llaman, pero a veces tengo que decirles que hasta mañana porque trabajo desde las 7 de mañana hasta las 4 de la tarde. No trabajo más noche porque la luz de los carros afecta a la bestia”.

Los caballos son principalmente animales diurnos, sin embargo, pastan de noche, lo cual sugiere que tienen algo de visión nocturna. Sus ojos son sensibles a la luz débil, por lo cual ven relativamente bien al anochecer, pero no tienen la habilidad de ajustarse rápidamente a la oscuridad.

¿Cómo lo tratan los conductores de vehículos cuando va por las calles de Nueva Guinea?

Hasta el momento bastante bien, pero hay algunos, jóvenes, sobre todo, que son mal educados, que andan desesperados manejando y me gritan que me aparte, que los estoy atrasando, que los caballos deben andar en potreros y no en las calles, y cosas así, pero son los menos. Me lleno de paciencia, no les digo nada y siempre espero mi turno, mi momento para avanzar, doblar por una calle o cruzar las avenidas.

En la alcaldía municipal tengo inscrito mi fierro, ese es prácticamente mi sticker de rodamiento, mi calcomanía para circular por las calles.

Volvió a sonar el teléfono 89083529, ya estoy cerca, dijo don Reynaldo y nos despedimos.

Movió las riendas, le habló al caballo y siguió avanzando en su recorrido.

 

21 de enero de 2023.
Foto Propia.

domingo, 15 de enero de 2023

COTTON TREE Y SU BRIGADA COMUNITARIA CONTRA INCENDIOS

 


Hombres expectantes, chavalos y mujeres con su teléfono móvil grabando el incendio que consumió tres casas en el barrio Punta Fría o Cotton Tree, un gentío aglomerándose a medida que el fuego avanza y consume una casa de madera, sirenas de bomberos irrumpen en la calle que te lleva al Four Brothers y la gente grita desesperada. Muchos huyen del lugar, es natural ante las amenazas que enfrentamos y ponen en riesgo nuestras vidas, pero otros, muchos de ellos deciden enfrentar el fuego que amenaza con avanzar más allá y consumir las viviendas de la cuadra.

Son hombres del barrio, la mayoría, como es de esperarse en Cotton Tree son black creoles, que toman la iniciativa. Comienzan a sacar baldes y cubetas para llenarlas de agua de la cañería, ¡gracias a Dios hay agua!, y se organizan en una fila por la que van trasegando las cubetas medio llenas de agua para tirarlas en la casa que arde, en los restos de madera que arde, madera chamuscada, entre las llamas ardientes, en el rojo vivo, ese color que va expandiéndose, llamas que se elevan y son visibles desde cinco cuadras a la redonda y sus voces fuertes, sus gritos, en ese inglés creole tan nuestro, se toman la escena, no hay gritos en español, en spaniard como dicen ellos, no, son las voces y los gritos del barrio organizado, la gente organizada frente a la necesidad de salvar vidas y viviendas y así van cubetas con agua en la cadena, de mano en mano, mientras otras regresan vacías a una, dos, tres casas, otras las llenan de un pozo, todos, casas y pozo a la orilla de la calle y en ese alboroto sobresale la voz de Neyda Dixón, con su cámara que transmite en vivo, hablando y gritando en ingles creole, le grita a los niños, les dice que se aparten, que busquen un lugar seguro, va grabando y sigue gritándole a los hombres que ayuden, que dejen de ser simple espectadores ante el siniestro que ya ha consumido tres casas de madera y amenaza con avanzar hacia otra. Pregunta qué pasa con los bomberos que han extendido la manguera desde hace rato pero no funciona la bomba de la cisterna, no pueden bombear agua mientras el fuego avanza, son simples espectadores, bomberos uniformados con traje, casco y botas para combatir el fuego pero ahora, allí, están inertes, sin poder hacer nada, mientras que la gente de la vivienda amenazada, la casa vecina de las consumidas, comienzan a sacar sus cosas, sus muebles, sus roperos, su refrigeradora, y en una esquina del techo, en un alero comienza a salir humo, el fuego se ha cruzado, va a consumirla también, pero siguen los hombres del barrio tirando agua con baldes desde todos lados, desde el pozo donde sacar agua se hace lentamente por la falta de un mecate y Neyda lo grita, ¡consigan un mecate para sacar agua del pozo!, y enfoca a una mujer joven que está en la fila de los pasadores de baldes de agua, es un ejemplo, la única mujer que está activa con su manos y cuerpo ayudando a combatir el fuego, y alguien llega con el mecate, se lo pasan al hombre que está en el brocal del pozo. De tres lugares salen baldes de agua y su tirada se focaliza ahora en la casa de concreto que está próxima a quemarse, son baldadas de agua se riegan en el techo, al lado de la calle, otros entran a la casa y siguen tirando agua.

La policía ha llegado a la escena, hacen un cordón frente a la gente que se aglomera en la acera, también ha llegado otra cisterna de los bomberos, alguien grita que ya funciona la bomba de la cisterna, dos bomberos comienzan a irrigar de agua las casas consumidas, alguien grita que le tiren agua a la casa que se ve amenazada por el fuego y hacia allá dirigen el agua a presión.

Tres casas de madera consumidas y una de concreto parcialmente afectada, no pasó a más, ¡thanks to the lord! La gente del barrio de Cotton Tree son los héroes de Bluefields en este día, los hombres vestidos con pantalón corto, camisetas desmangadas y chinelas, con cabello tipo rasta, los mismo que emplearon sus fuerzas, sus voces y sus gritos para organizar inesperadamente su propia brigada contra incendios y frenar el fuego que amenazaba su gente, su barrio, su comunidad. Son ejemplo vivo de que, ante las amenazas, mientras unos huyen, otros nos unimos para enfrentar la adversidad. Son ejemplo para los otros barrios de la ciudad, ejemplo para Nicaragua.

Y también, hay que decirlo, el periodismo ciudadano, desde su propia trinchera, más allá de la cámara que graba, tiene el poder y la fuerza para influir y contribuir a organizar a la población para combatir las amenazas que enfrentan, así como lo observé en vivo a través de la voz e imágenes de Neyda Dixon en Noticias de Bluefields.

Felicitaciones al pueblo de Cotton Tree y a su brigada comunitaria contra incendios, también a Neyda por su poder de convocatoria y excelente cobertura.

 

Domingo, 15 de enero de 2023.
Foto: Noticias de Bluefields.

domingo, 8 de enero de 2023

LLUVIA, MI COMPAÑERA

 


Monstruos, uno para el otro,

se apoderaron de mí sin intentos de partir:

un grito de soledad, soledad en el corazón,

y la lluvia furiosa inundando el bosque.

 

No pienses al ver el sol brillar en pisos de baldosas

y paredes de concreto, que evitan el paso del viento,

que soy feliz con ellos, una lumbrera ardiente.

Lejos del calor interno, de mis deseos y causas.

 

Camino mejor por el sendero sobre piedras,

lavo mis heridas con la lluvia, lluvia curativa.

Mi corazón palpita con menos dolor

cubierto de frío en el bosque, lejos de la sensatez.

 

Siempre hay que elegir, ¿cuál es tú elección?

La soledad, o la soledad y la lluvia del bosque.

 

8 de enero 2023.

Foto Propia.