Cómo
puedo estar en mí y en ti,
ser y no
ser, ir y venir,
para que
sientas el vacío en que vivo,
ese frío
—hondo, sin fondo— que me habita.
En las
tempestades por las que navego,
ciego a
veces, a veces me niego,
en los
temores que me acechan —me estrechan—,
en las
penas que me arrugan y no aflojan.
Cuando
te veo, y sé que sufres y vives,
que
resistes, que persistes,
y temes
igual que yo,
igual de
humano, igual de roto.
Cómo
hacer que el amanecer te alcance,
que te
cruce la luz y no te esquive,
que las
sombras se caigan de tus pasos
como
polvo viejo que ya no vuelve.
Que la
noche se retire de tu sangre,
que el
pulso recupere su camino,
que el
cuerpo recuerde cómo era
antes
del peso, antes del ruido.
Que el
dolor se disuelva sin dejarte
esa
marca callada en la mirada,
que no
quede esa grieta en lo que tocas,
ni ese
eco oscuro cuando callas.
Qué
puedo hacer,
si ya lo
he intentado todo…
y, sin
embargo,
me quedo
—quieto—,
esperando
—desesperando— el milagro
a tu
lado.
27 de
Marzo de 2026.
Foto:
Internet.
