Mostrando entradas con la etiqueta felicidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta felicidad. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de abril de 2026

LA FELICIDAD

 


La felicidad

no siempre hace ruido.

 

A veces cae como lluvia fina

sobre los árboles del trópico húmedo,

golpeando hojas anchas,

dejando la tierra blanda y viva,

con olor a café recién colado

y humo de leña mojada.

 

Está en el campesino

que abre el surco con paciencia,

aunque le duelan los hombros

y la pobreza le camine al lado.

Sigue.

Porque la tierra responde.

 

Vive en el lodazal pegado a los pies,

en los niños y niñas

que saltan en los charcos

riendo sin motivo,

sin saber qué es eso,

exactamente eso,

es la dicha.

 

Está en el hombre

que corta flores silvestres

y camina hasta el río.

Yo lo vi.

La mujer que ama lava ropa,

el agua corre,

se miran.

 

Basta.

 

Se esconde en el monte,

cuando dos cuerpos se buscan

sin prisa,

con el canto de las aves de testigo

y el bosque respirando alrededor,

sabiendo que el encuentro es breve

pero verdadero.

 

Corre por los ríos,

cae en cascadas,

sube con la luna llena

y despierta temprano

cuando el sol parte el rocío

en dos mitades de luz.

 

En el Caribe,

la felicidad huela a sal

y a coco hirviendo.

Llega con los pescadores

cuando la faena es buena

y el mar, a veces duro,

cumple.

 

Está en el rostro de la mujer creole

que mueve la olla del rondón,

chile de cabro, pescado, yuca,

pensando en su amado

que hace chambas en el muelle

y volverá cansado,

pero vivo.

 

Vive en los enamorados

que se aman sobre la arena,

en la mujeres que bailan,

en las voces alegres

que recorren las calles

tomadas de la mano,

aunque mañana toque luchar de nuevo.

 

La felicidad no es grandeza.

 

Es lluvia regresando a la tierra.

Es el mar abriéndose otra vez.

 

 

9 de enero de 2026.

Foto: Sergio Orozco Carazo.


sábado, 27 de diciembre de 2025

EL HOMBRE QUE VENDE BOLSAS

 

El hombre que vende bolsas de plástico está sentado en una silla de ruedas. Está bajo la sombra que se extiende desde el frente de la tienda de los chinos, la Amazona y la calle de una sola vía donde casi se desbordan las ventas de verduras y hortalizas. Al salir del super, el sol golpea fuerte mi rostro. Me acerco con el carrito de compras.

El hombre vende bolsas como pan caliente a esta hora. Espero. Veo que una niña le ayuda a dar vuelto y a entregar bolsas. Él se ve contento.

Hay un movimiento acelerado de compradores que cruzan la calle entre esos tres comercios. Los taxis pasan buscando clientes. Los camiones que viajan hacia las colonias van repletos, acelerados, con pasajeros que cuelgan de la cola del camastro. A la izquierda, al sur, en la mera esquina de la casa donde vivía Donald Ríos, una rastra está cruzada porque no puede dar la vuelta, un parte de las llantas traseras están encaramadas sobre la acera y el flujo de vehículos se detiene.

La música suena alta y acompaña el trajín de la gente, de la corriente humana. Viene de La Amazona o del lado de los chinos.

—¿Cuántas quiere? —pregunta el hombre que está sentado en la silla de ruedas.

—Dos nada más —respondo.

La niña, con velocidad entusiasta, toma dos bolsas del moño sujeto al apoya brazos de la silla. Me mira con inocencia y me las entrega. Le doy veinte pesos al hombre y la niña, rápida, sin dudar, saca un billete de diez entre las monedas que el hombre tiene en una pana sobre sus piernas y me lo entrega.

—Gracias —digo y empujo el carrito de las compras hacia el estacionamiento.

Paso las compras a las bolsas y las ubico en la maletera del vehículo.

Cuando regreso a dejar el carrito, la veo empujando la silla de ruedas frente al súper. Lo hace con fuerza, con ganas, como si el hombre no pesara. Va rápido. Se ríe. Juega. El se deja llevar. No frena nada. Levanta el rostro al sol y sonríe grande, una sonrisa competa, de esas que no le piden permiso a nadie. La niña gira la silla y da vueltas: una, dos, tres. Se ríen los dos.

Como si el tiempo se detuviera, no hay silla, no hay ruido, ni música, no hay prisa, solo los dos en su alegría. Luego lo devuelve al mismo sitio de antes. Quedan ahí, bajo la sobra, contentos. Felices como si el mundo fuera solo eso.

Él se llama Julio Rostrán. Desde que lo conozco está pegado a esa silla.

—Ella es mi niña —dice. Se llama Allison. Viera usted qué inteligente es. Se sabe bien los números, va para tercer grado y ya le voy a alistar todos sus cuadernos para la escuela antes que se pongan caros.

La música ha bajado el ritmo, ahora suena Juan Gabriel con Así fue. La vía está desatascada, pero para ellos la felicidad sigue intacta, mientras se acompañan.

Me recuerdan algo simple y duro: la felicidad no siempre tiene piernas, ni dinero, ni vitrinas. A veces va despacio, empujada por manos pequeñas, sostenida por una sonrisa sincera. No vive en los lujos, ni en lo que presume. Vive adentro. En lo poco que se comparte. En el amor que no se rinde, aunque la vida apriete.

Ojalá les dure para siempre, pienso.

Les digo adiós de manos cuando regreso al vehículo.

 

26 de diciembre de 2025.

Foto Propia.


martes, 21 de junio de 2022

CREADORA DE FELICIDAD

Son sonrisas de satisfacción, eso es lo que pienso al ver las amplias sonrisas de los clientes de mi hija cuando retiran sus pasteles. No importa el tamaño, el peso, el tipo ni la forma del pastel, porque siempre se dibuja una amplia sonrisa en sus rostros al tenerlo por primera vez en las manos.

Y los veo, así, sonrientes, de pie en el corredor de la casa. Cuando Emiljamary hace la entrega siempre dan las gracias con esa sonrisa característica de felicidad, de agradecimiento, aunque paguen por el pastel, la gratitud dibujada en la plenitud de la sonrisa, sonrisas plenas, y así, sonriendo se retiran ya sea en motocicleta o en vehículo para disfrutarlo con el agasajado, con el cumpleañero, con la mamá, con la hija, el hijo, la amiga, el novio, la amante, o el padre, el abuelo, la abuela, la familia.

Pienso que en el trayecto esa sonrisa no se apaga, va por las calles de Nueva Guinea como una estela de felicidad que deslumbra a los caminantes hasta llegar a su destino, y allí se multiplica, explota y  contagia a los participantes del festejo. Y de eso es lo que la labor de mi hija se ocupa.

Es creadora de pasteles, de felicidad, no sólo en los que consumen sus pasteles sino en el entorno en que trabaja, en mi casa, su casa, llena el ambiente de alegría, de felicidad, y siempre voy a ella después que escucho desde mi oficina para darme cuenta de que es lo que le causa esa gran carcajada que comparte con Emilce, su mamá, mi mujer, y me contagia de esa dicha que crea al combinar los ingredientes de los pasteles, cuando entran al proceso del horno, al hacer los decorados con aquella paz y tranquilidad requerida para que sean una obra de arte. Ella en su labor, creando, relajada y feliz.

Luego, cuando ha finalizado, después de muchas horas trabajando con esmero, la veo pasar con el pastel en sus manos creadoras para colocarlo en el sitio que ha elegido y tomarle la foto para compartir su obra en su página llamada “dulces para el corazón”.

Los admiro, me encantan. Y más aún cuando provoca esas sonrisas con su trabajo, sonrisas que veo, indicadores de satisfacción de sus clientes, que van por el camino llenos de alegría y festejan con sus seres queridos. La felicidad se hace, se moldea y se transmite.

Y yo me lleno de ella, siempre espero a sus clientes para ver la sonrisa dibujada en sus rostros, el indicador de la felicidad que con sus manos hace mi hija.

 

20 de junio de 2022. 

viernes, 15 de marzo de 2019

CAMINATA DE FELICIDAD



“El domingo vamos a irnos de caminata”, le dije a mis nietas, Daniela y María Fernanda, al regresar a casa después de hacer mi caminata vespertina de todos los días (entre 4 y 5:30 p.m.). Mostraron entusiasmo y White Bush se unió al plan. Al día siguiente, sábado, no dejaban de recordarme que íbamos a hacer la caminata el domingo, y al llegar el día, antes de la hora, Emiljamary y ellos estaban listos.

Caminamos desde las 3:45 hasta las 5:30 p.m.

Aquí les dejo las fotos.


El camino

Sol, mucho sol
Alegría
Llegamos

Los protagonistas: Daniela, María Fernanda, White Bush y Emiljamary.

Compartiendo galletas
Mamá, ya no aguanto

miércoles, 29 de noviembre de 2017

CAÍDA CON AMOR

Desde que nacemos estamos propensos a las caídas. Si no nos sostienen en el momento que llegamos confundidos a este mundo, sin dudarlo sufriríamos nuestra primera caída. Los seres humanos, quizás porque nos sostienen, no consideramos normal tener una caída, pero durante toda la vida las sufrimos.

De niños, jóvenes y en la adultez sufrimos caídas. Un gen que llevamos en nuestros cromosomas hace que las superemos. Con el tiempo, luego de una caída sufrimos raspones, heridas y hasta fracturas, y luego de meditar sobre ellas nos reímos y la contamos como una historia o un chiste a nuestros seres queridos y amistades.

Hay caídas que nos marcan para siempre como aquella que nos ha dejado con fracturas pero también las hay que sin daños físicos nos hacen daños psicológicos por no obtener lo que ambicionamos en nuestra vida. No obtener el empleo deseado luego de luchar muchos años por ello nos marca para siempre, no conquistar el amor de una mujer de la que nos hemos enamorado apasionadamente y muchos más aspectos nos llevan a una caída de nuestro estado de ánimo y a muchos a sufrir de estrés permanente.

Las caídas son eso, caídas, y debemos superarlas porque está en nuestro ADN el lograrlo. Y como al nacer, el entorno familiar contribuye a ello. Las caídas son más frecuente en los niños y niñas y en las personas mayores, además es una de las causas principales de muerte. Según la OMS se calcula que anualmente mueren en todo el mundo unas 646,000 personas debido a caídas, y más de un 80% de esas muertes se registran en países de bajos y medianos ingresos.

Yo he sufrido varias caídas pero me he recuperado. Un día de estos tuve una de las más chistosas, y claro sin sufrir lesión alguna. Desperté de la siestecita que hago casi todos los días y al salir al patio de enfrente de la casa me di cuenta que mi hija Emiljamary nos visitaba con sus hijas, mis nietas, Daniela y María Fernanda. Al verlas les grité: ¡Mis princesas! María Fernanda corrió hacia mí al verme, gritando: ¡Abuelooo! Bajé un peldaño del andén que tiene una pendiente de más o menos un 15% de declive hacia la dirección en que ella se encontraba corriendo. Para abrazarla y poder levantarla me bajé de cuclillas al nivel del suelo. Llegó veloz a mí, nos abrazamos y besé a mi princesa. Unos segundos después me incliné para levantarme pero su peso me sacó de desbalance y no pude sostenerme. Al darme cuenta que estaba teniendo una caída con ella en mis brazos pude balancearme en dirección a la grama y nos caímos. Mi mujer y mi hija nos observaban desde la galera del jardín y vieron la caída. Mi hija corrió veloz hacia nosotros y nos levantó del suelo. ¡Abuelo, me botaste!, dijo mi princesa y todos nos reímos a carcajadas. 

Espero que en el futuro María Fernanda no tenga miedo de correr hacía mi para que la abrace y levantarla en mis brazos. Esa sería una gran pérdida emocional, una caída lamentable porque no disfrutaría ese contacto cariñoso, casi angelical, con mi nieta.

28/11/2017

viernes, 31 de diciembre de 2010

¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!



Sencillo decirlo, pero esas palabras contienen un gran significado para nosotros, seres de carne y hueso. Por la felicidad luchamos siempre, todos y todas queremos ser felices y que nuestra existencia sea prospera. La búsqueda es incesante.

Somos felices de distintas maneras. Es un estado que muchas veces no logramos describirlo porque se manifiesta de formas diversas. Encontrar el amor que hemos buscado, la pareja ideal nos hace felices, más cuando nuestros sentimientos son correspondidos y nos vemos en esa persona tal como somos, la amamos, nos ama; la deseamos, nos desea. El amor es parte importante de la felicidad, si no tenemos amor no podemos decir que somos felices. Muchos han perdido el amor del ser amado, lo buscan sin cesar y pocas veces lo vuelven a encontrar tal como lo vivieron con anterioridad.

Para otros la felicidad se obtiene con satisfactores materiales tales como tener el auto soñado, la computadora de última generación, la vestimenta de moda, el teléfono inteligente, en fin, el consumo masivo de productos que el mercado se encarga que nuestros sentidos los deseen a tal grado que nos volvemos consumistas. Ese tipo de felicidad no es duradera porque el mismo mercado se encarga de terminar con ella al ofrecernos en segundos algo diferente, algo nuevo, algo mejor, y caemos en sus trampas.

La prosperidad está íntimamente relacionada con la felicidad. Ver crecer sanos y fuertes a nuestros hijos e hijas, formar un hogar en nuestra casa propia, tener un trabajo digno bien remunerado, subir en la escala de valores dentro de la empresa u organización a la que pertenecemos, ver crecer nuestra empresa y negocios, cumplir nuestras metas y objetivos sean cual sean, son aspectos que valoramos como signos de prosperidad.

Todo lo anterior es válido, son parte de las aspiraciones del ser humano.

Mis deseos, los deseos de Sueños del Caribe, para ustedes son que tengan una feliz navidad y un próspero año nuevo.

Feliz para que seamos felices, para que tengamos amor que llene totalmente nuestros sentidos y crezca en un nivel superior, pasando del individual al colectivo. Prosperidad para sentirnos orgullosos de nosotros mismos, del esfuerzo materializado en nuestras metas, pero que ello se convierta también en compartir con otros, con aquellos que no lo han logrado por las circunstancias adversas que cada vez son mayores en este mundo consumista, depredador y excluyente.

¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!

Ronald Hill A.
La Colina
Nueva Guinea, RAAS
Viernes, 31 de diciembre de 2010