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martes, 8 de septiembre de 2015

A MIS AMIGOS REGADOS POR EL MUNDO (UNA NOCHE, UN AMOR)



I

Un hombre, independientemente de su condición social, debe tomar decisiones que lo marcan para siempre; pero son pocos los que se orgullecen de ello en el transcurso de su vida. Esa verdad innegable, el coraje con que lo expresa, su peculiar forma de actuar, el entusiasmo y muestras de aprecio que me brinda al encontrarnos por las calles de Bluefields, pidiéndome que salude a todos sus amigos, me motivó a proponerle una entrevista. En dos ocasiones anteriores se lo había dicho y siempre lo evitaba, pero seguí insistiendo hasta que aceptó.

    ¿A qué hora nos vemos? —le pregunté por teléfono.
    Yo te voy a llamar.
    Tiene que ser donde estemos tranquilos —le propuse.
    Te voy a llevar a un lugar que te va a encantar.
    Sin tomar alcohol, no bebas —puntualicé.
    No te preocupes, yo soy serio.

Caminé por las calles y me dirigí al parque Reyes. Era una mañana luminosa, los rayos de sol se filtraban entre las ramas de los centenarios árboles de Caoba, haciendo resplandecer el tono de los colores rojo, naranja, amarillo, verde, azul y violeta con que se encuentran pintadas las bancas, el muro perimetral y las paredes con sus murales. La gente disfrutaba el ambiente; mujeres sin compañía, otras conversando, adultos mayores, hombres jóvenes y muchachas estaban conectados a Internet mediante sus teléfonos celulares, tabletas y computadoras portátiles, usaban la señal inalámbrica libre que existe en todos los espacios. Trabajadores de la comuna cortaban la grama con una guaraña haciéndola volar en trocitos; respiré el aroma tierno, el aroma de la esperanza cubriendo la superficie tosca del andén como manto que reviste los pecados de los caminantes que lo ensucian con sus pasos. Saqué mi cámara de la mochila y comencé a fotografiar a las personas desde una distancia desde la cual no lo notaran. En ello estaba cuando sonó el timbre del teléfono; era él.

    Te estoy esperando.
    ¿Dónde estás? —pregunté.
    En la galería Aberdeen.
    ¿Estás tomando?
    No, no, sólo una cervecita. ¿Y vos dónde estas?
    En el parque, ya voy para allá.

Entré al salón de la galería Aberdeen y su espacio amplio me absorbió. Las paredes son una galería de pinturas en exposición para la venta, desde el fondo se desprende el aroma de los dulces expuestos en un mostrador y, más allá, desde la cocina fluyen los olores de los platillos que preparan. Sus clientes degustaban al ritmo del que no tiene prisa, con la música acogedora para entablar una conversación. Miré hacia el segundo piso y allí estaba. Al verme me indicó que subiera por las gradas que tenía a mi espalda.

    Sentate aquí —dijo.
    ¿Te vas a tomar otra? —pregunté al sacar una libreta y un lapicero de la mochila.
    Es en serio la cosa, sos bandido. Yo sé, por eso te aprecio mucho —dijo y se acomodó con placer en la silla.
    Primero te voy a tomar una foto, ¿no hay problema?
    No, para nada, vos hace lo que se te ocurra, ahorita soy todo tuyo —respondió con una sonrisa transparente como el brillo de sus ojos color miel detrás de los lentes graduados que lleva puestos.
    Mirá, si no te gusta te tomo otra.
    Y con una libélula en el fondo, ¡ay que linda te quedó!
    ¿Otra cerveza?
    Ya que insistís tanto, una más —respondió y llamó al mesero.
    Para mí un café, después la cerveza —dije y el mesero se retiró.

Tomé el teléfono y abrí las notas de voz. Pulsé la opción de grabación nueva y lo coloqué cerca de él para lograr una grabación limpia.

    ¿Y me vas a grabar? —preguntó, después de saborear intensamente la cerveza.
    ¿Resulta un problema para vos?
    No, no, yo soy libre como libélula, nadie me puede cuestionar porque te voy a contar la pura verdad, eso es lo que vos querés, que te cuente la historia de mi vida para que la conozcan mis amigos regados por el mundo.

II


Mi nombre es Miguel Hermógenes Bejarano Cabrera, pero todo mundo, en Bluefields y más allá de las fronteras de Nicaragua, me llama Mike. Nací aquí en Bluefields, soy Blufileño cien por ciento. Nací el 29 de septiembre de 1946, soy hijo de Hermógenes Bejarano y Concepción Cabrera. Voy a cumplir sesenta y nueve años, ¡ay!, cómo me encanta ese número, el “sixty nine”.

Mi abuela tenía una cantina que se llamaba “La Generala” en los tiempos de la guerra de Moncada, ella era generala de los liberales; para comprar armas y poder derrocar a Zelaya, asaltaron el banco Wells Fargo que quedaba en la propiedad del Moravo en 1926. Se llamaba Lucila Delgado, oriunda de León, del barrio Santa Lucía; se vino para acá así como emigraron muchos granadinos y leoneses. Tuvo una hermana que se llamaba Otilia Delgado, esposa de Berty Smith. Yo me crié con mi abuela, era de reales, ¡uy!, demasiados reales tenía, le prestaba reales a los chinos, a William Woo y a otros para que realizaran sus negocios. En esos tiempos comíamos con chelines, con centavos, porque todo era barato.

Tengo hermanos de distintas familias, hay Bejarano Cabrera que son cuatro, después están los Bejarano Pérez, Nelson Bejarano, Javier Bejarano que ahora tiene una aseguradora de carros y vende vehículos, Nelson es el financiero del gobernador en la casa de gobierno. Estudié la primaria en el Colegio San José y después la secundaria en el Colón, en el tiempo de los hermanos cristianos, pero fui vulgareado por ser homosexual; como mi abuela tenía reales no me importaba que me vulgarearan. Fue en los tiempos en que los gringos mandaban aquí; los familiares de los gringos, cuando tenían un hijo homosexual, era vudú: lo mandaban a un seminario y también a iglesias que ellos manejaban. Yo tuve un padre que se llamaba el padre David que era homosexual y había hasta un monseñor. Me vulgareban por celos, celos platónicos o celos solapados. A mí nunca me puso el pie encima ninguno de esos desgraciados. Yo tenía un montón de amigos, por mi tendencia homosexual vivía enamorado de ellos. A Lambert, el mejor basquetbolista de Nicaragua, lo encontré romanceando con el padre David donde se vestían los sacristanes. Era un vulgareo de poder, ellos daban notas por manoseo y relaciones homosexuales. En ese tiempo era un escándalo ser homosexual, era el tiempo que daban clases Gustavo Meza que era profesor de física y química, Roy Hodgson que era pianista, fue el que hizo los himnos del San José y del Colón.

No terminé mis estudios en el Colón, llegué hasta tercer año. Me fui para Managua donde hice un curso de telecomunicaciones. Como yo machacaba el inglés me fue fácil, eso lo hice en el instituto de comunicaciones ubicado cerca de las Piedrecitas. Nunca trabajé, para qué si mi abuela tenía un cachimbo de reales. Mi tío era José Delgado, secretario del Partido Liberal en la Costa Atlántica y cónsul de Colombia.

    ¿Van a ordenar algo más? —preguntó el mesero al retirar la botella y la taza vacía.
    ¿Qué querés vos?  —me preguntó Mike.
    Una botellita de agua.
    A mi tráeme otra cerveza, ¡búscamela cubierta de velo!

El mesero, un black creole de unos veinticinco años, mostró sus dientes blancos al sonreír y Mike continúo su relato.

Mi papá tenía una cantina muy famosa, se llamaba “El Coquito Bar”, era cantina y prostíbulo. Yo le ayudaba a mi papá. Quedaba en el barrio de la cantina de Lindo, la gente le decía así porque había un viejo que le llamaban así y vendía guaro. Quedaba en el sector de  “La Poza del Diablo”. Allí me iba a bañar con mis amigos, bebíamos guaro porque mi abuela era la regenta y socia de los licores Bell; yo me robaba el guaro y pasábamos disfrutando. Yo sólo bebía cerveza, pero con miedo porque mi papá era muy rígido, ¡uf, uf! Él no andaba perdiéndome a mí nunca, ninguno de mi familia me perdió a mí; él estaba enamorado de sociedad obrera de Bluefields, era presidente del Club de los Obreros y, como él tenía sus enamoradas, no nos hacía caso a nosotros porque estábamos bajo la tutela de mi abuela. Tenía un taller de zapatería y era muy machista, machista, machista. Una vez me encontró en un cuarto encerrado con un amigo mío de colegio que se llamaba Chico, vivía aquí cerca, al lado de la casa de un chino que era fotógrafo; me cachimbió con el tira pie y me dijo “aquí ya no quiero cochones”. Pero, ¿qué?, árbol que nace torcido no se puede enderezar de la noche a la mañana.

En aquel tiempo nos vulgareaban, la homosexualidad era perseguida. Llegó un día en que me puse furioso y le contesté a alguien: “¿qué pasó?, ¿por qué me vulgariás a mí?, andá buscá, andá a las iglesias, allí hay, andá busca a los seminarios, allí hay montones, solapados, yo ando libre gracias a Dios”. En esa etapa éramos como 150 maricones: Arnal, Chico Arce, Allan, el hermano de Anthony Matthew y otros. Yo te digo, mientras no viva del gobierno, mientras no le trabaje a nadie, a mí me vale verga, porque a mí me respeta mi familia, los Bejarano, me vale lo que diga el resto del mundo. Hasta Papas han salido maricones, nadie dice nada, como son benditos. Aquí hay muchos políticos que son maricones, unos son culos benditos y otros son turcas benditas y son aceptados, nadie les dice nada.

El mesero se acercó a la mesa con una bandeja, vació la cerveza en un vaso y abrió la botella de agua. Mike se quedó en silencio, yo escuché las voces de una pareja de gringos que hablaban en inglés cerca del área del balcón de la galería.

    Este hombre es fino, por eso me encanta venir aquí. ¿Viste como chorreó la cerveza? —dijo Mike y el mesero dio la vuelta, siempre sonriendo.
    Contáme lo de las cantinas de ese tiempo, ¿cómo eran?

Las cantinas en aquel tiempo eran unas cantinas sanas, no había crímenes, nadie te asaltaba, podías ir a un Palo de Mayo, a cualquier parte, y nadie te tocaba. Mi lugar era donde “La Vilma Roja”, era mi lugar de reuniones con mis enamorados. Unos de mis amigos eran “Cañeco” y “Pitri”. Esa señora era rígida en su cantina. Yo llegaba con Allan, éramos íntimos amigos, me ha respetado y yo lo he respetado, viajamos juntos a cumpleaños de otros homosexuales de Managua, él pagaba la avioneta porque tenía su cantina, su putal. La cantina de él quedaba en Santa Rosa, también estaba la de la Marlene, la de la Urania, la de la Delia, habían varios prostíbulos. Yo también tenía uno, chiquitito, se llamaba “Kamikaze Bar”, me lo regaló un japonés que era capitán de un barco que se llamaba Kamikaze Maru. En ese entonces estaba Pedrito Bustamente, me dio una mantenedora, no tenía sillas. Doña Aurelia, hermana de Harry Brautigam, esposa del doctor Hooker, me regaló las primeras mesitas. Era chavalo, chavalo, pero con ideas de superar.

Llegaban varios que me cerraban la cantina, entre ellos Pablo Corrochel, Felipe Perdomo, el papá de Martín, Harold Springer. Había bastantes cubanos que se vinieron después de la Revolución, eran mis clientes y fueron los pioneros en la pesca de langosta aquí en la Costa porque aquí nadie sabía nada de eso.

    ¿Y visitabas las cantinas de El Bluff?

¡Claro, oye!, visitaba varias: “El Mameluco” que quedaba en la salida a la playa, “El Vietnam” de la Shirley y otras como “La Cabaña”, “El Dragón de Oro”. Yo tenía mi negocio, pero fíjate que yo soy un maricón raro, nunca abusé de nadie, nunca toqué, no; beber, beber, ser maricón es ser maricón. Ahora hay un montón de mariconcitos aquí en Bluefields que no sé si están enojados, pero yo no los apoyo. Desde que nací tengo todos los derechos que cualquier ciudadano tiene, ellos están pidiendo más y más, ¿para qué?  Por allí machetearon a uno, manoseó, le tocó las partes a un hombre y no le gustó, el hombre le cortó la mano. Hace poco el doctor Alba le hizo la operación, se está recuperando.

    ¿Entonces, ibas a El Bluff y te quedabas allá?

Claro, cuando tocaba el conjunto de José Luis iba a la fiesta de la virgen del Carmen, iba con mis putas y Allan llevaba las suyas.

    ¿Y llevabas a tus amores? ¿Se miraban allá?

No, yo fui un maricón tan excepcional: tuve tres amores y hasta allí ya llegué. El primero fue Chuch, profesor de matemática del Colón, el segundo fue el que era jefe de deportes del San José pero era muy culión, y el último es Pachanga, era joyero y miembro del partido Sandinista que ahora ni lo vuelven ni a ver al pobre, se está muriendo, tiene hemorroides. Por eso es que yo no me meto en la política, si me hubiera metido, ¡uh! Fíjate que una vez me invitaron, de un partido me dijeron “Mike, no querés ser del partido para que seas tal cosa”, “no, no me gusta la política”.

Yo tengo un hermano que me adora mucho, se llama Javier Bejarano, todo me acepta, me invita a beber guaro, me respeta: como soy el hermano mayor de la familia Bejarano, él me adora mucho, todos mis hermanos me adoran.

    Esa fue la etapa de tu juventud, tu esplendor.

Sí. Me enamoré de uno de El Bluff, de Juan, el hijo del coronel Brenes. El coronel no, pero la esposa, Yolanda, me volaba verga, me llamó y me dijo que me iba a mandar a echar preso. Como era hija del coronel Peters, ella quería mandar. Yo le contesté, “mire, señora, no me ande molestando, deje a su hijo, además él no es para mí”. Yo lo consentía en mi negocio, él se atendía solo, si había gallo pinto, comía gallo pinto. Era joven, culiaba, pero a mí me encantaba.

    ¿Y después del triunfo de la Revolución cómo era el ambiente?

La cosa fue peor. Los sandinistas mandaron desparecer los prostíbulos. En el tiempo de la guardia igual, el general Somoza cae, no porque era malo, sino por los que andaban detrás de él, los allegados, varios coroneles que manejaban la prostitución, cantinas y ruletas. Yo iba a la Tropicana, ese lugar era de uno de los grandotes, de un coronel que mangoneaba, Victorino Lara, era el cobrador de todos esos negocios. ¡Ideay!, ganaban un sueldo y tenían una casa de vidrio, ¡ja, ja, ja! Vienen los sandinistas y dicen “vamos a poner una sociedad proletaria y ahora salen burgueses”. Saben a quién tocan, porque nunca tocaron a los Pellas ni a los Chamorro, ni Somoza los pudo tocar. Les volaron verga a los homosexuales, a las prostitutas y cerraron los negocios, pero dejaron los que a ellos le interesaban como “Aquí Polanco”, un prostíbulo donde llegaban hasta embajadores de todos los países.

    ¿Y ahora, en esta etapa?

Ya adulto, maduro, sigo siendo el mismo Mike. Hola, hola, tengo muchas amistades, tanto hombres como mujeres. Adiós, buenos días, buenas tardes, hasta allí, no más. Me dedico al Duqui, vendo mis duqui, hago mis rifas, vendo lotería escamoteada porque la gerente de la lotería no me quiere; ella fue impuesta por Schwartz y desde el tiempo que ella llegó allí nunca me apoyó. Ya me dieron mi jubilación, te la voy a enseñar.

Un camión comenzó a pitar en la calle, frente a la galería. Mike sacó su billetera, me mostró su carnet de jubilado y puse en pausa la grabación para verlo. Escuché el ruido proveniente de la cocina y las voces de los clientes. Una mujer joven, con el pelo amarrado en moño y de lentes, cruzó el salón y se sentó en una mesa cercana de la pared derecha cubierta por cuadros de pintura. De su bolso sacó una computadora portátil; yo regresé con Mike.

    ¿Cómo cuántos son tus ingresos?

Semanalmente me gano como unos tres mil córdobas en todos mis bisnes. A veces más, a veces menos.

    Ya tenés tus clientes, clientes fijos.

¡Ah, claro que sí! Soy poquitero. No te estoy diciendo que la Revolución es un cambio, pero muchos delegados de las oficinas del gobierno creen que ellos son los dueños. No, eso no es así.

    ¿Existe una organización de homosexuales en Bluefields?

Sí hay. Hay como mil y pico de homosexuales, pero organizados son pocos, los más allegados al Presidente que se llama Tyron. A mí me buscan cuando los quieren quitar de la directiva, cuando lo están desbarrancando, cuando hay elecciones para que vote por ellos, por él, para que lo reelijan. En esa organización hay lesbianas y hay homosexuales. Son como dos mil quinientos entre maricones y cochonas. En mis tiempos la población era como de siete mil personas, ahora hay más de cien mil. En esos tiempos, cuando venía un chavalo con una chavala del puente para allá era casamiento, cuando venía de las piletas de Martínuz en Pointeen era casamiento, ¡ja, ja, ja, ja! Hasta yo iba a esos lugares, pero como te digo, siempre fui un maricón raro.

    ¿Siempre tuviste montones de hombres que te enamoraban?

¡Ay, Dios mío!, desde el sesenta y pico para acá se me olvidaron todos lo que yo he querido. Cada noche tenía un amor; una noche, un amor. Los becados de los hermanos cristianos, ¡ay, ay, ay, ay!, me seguían, eran becados del hermano Lucas. En esos tiempos también había varias prostitutas, “la Diablo Rojo”,  “la Panameña”, “la Rosa Paisana”, “la Vicky Me Voy”, ¡ja, ja, ja!

    Entonces ahora estás tranquilo, con tus negocios, con tu pensión, ¿seguís teniendo amores?

Estoy feliz, feliz, pero amores no, ya no porque en Bluefields los homosexuales estamos perdidos. Los nuevos homosexuales, los jóvenes, le están echando el clavo al pollo, por el pollo, que por el pollo. El hijo de una lideresa liberal, es maricón, ¡uf!, hay un montón.

    ¿Qué querés decir con una noche, un amor?

¡Ah!, que cada noche, aunque no hiciera nada, me sentía feliz, me sentía como la Lady Diana en Inglaterra.

    Has disfrutado la vida y tenés amigos, ¿te sentís realizado?

¡Claro!, ¡gracias a Dios! He viajado, estuve en Panamá, en Costa Rica, en México, me di gusto. Tuve un amigo granadino que tenía un bus Pulman. Mi familia es de la burguesía de Granada, de sangre pura y noble. En Panamá fui tan egoísta, se enamoraban y me decían: “¡oye chico!,  ¡papi!, ¡nunca he probado a un Nica!”, “ni lo vas a probar, porque este mortorio no es para cualquier zopilote”, les decía. Llevaba guaro y cotonas bordadas, yo no andaba en esa cosa. Tengo amigos regados por todo el mundo, por eso te digo que me saludes a mis amigos regados por el mundo, a toda la comunidad Lasallista que me conoció aquí en Bluefields. Yo no tengo prejuicios contra nadie y lo mejor de todo es que sólo me enamoré de uno, de Lambert. Yo soy homosexual y nunca he creído en el amor entre los hombres, porque es una inversión monetaria de parte de los hombres. ¡Imaginaté!, ¡yo ya vieja y haciendo tortillas!, ¡Ave María! Salúdamelos, a todos, a todos mis amigos regados por el mundo, a Chico Vela, a Tilo, a todos, todos.

Claro que sí Mike. Estoy seguro que van a recordar esos tiempos de chavalos, te van a recordar con mucho cariño, le dije; apagué la grabadora y terminé la entrevista.

Bluefields, Nicaragua.
Agosto de 2015.

martes, 9 de junio de 2015

LAS PIPAS DE AGUA DE JUIGALPA (Galvanizadas en la Memoria)




He visto varias carretas cargando una pipa en la que se distribuye agua por las calles de Juigalpa, la misma imagen en diferentes colores. “¿Por qué pintas esa imagen?”, le pregunté a Julio Madrigal al sentarme a su lado, luego de saludar a Carlos Medrano, entre centenares de voces murmurando en la calle, frente a la  casa de familia Guerra Gallardo.

Julio Madrigal me cuenta: "esas pipas eran de mi padre Juan Castilla Tablada, él me dejó una foto que aún conservo y si hago bulla se desbarata. Decidí pintarlas para dar a conocer cómo se distribuía el agua en Juigalpa. Él tenía varias pipas, había una roja, una verde y otra azul, por eso las he pintado en varios colores”.

    ¿Y en diferentes calles?

Las calles de Juigalpa se parecen, sus casas esquineras son grandes, de adobe y teja, con el mismo diseño arquitectónico. Cuando la gente mira el cuadro provoca la discusión entre los juigalpinos: unos dicen que es la esquina de donde fulano, otros de donde zutano, pero realmente la esquina es por donde doña Teresita Pantoja, es decir allá donde vivía Tapa Chiche, la esquina de don Aníbal Cruz. Metían la pipa de retroceso para el lado de donde la Tersa Urbina, allí antes era un guindo y le ponían una cuña. La foto fue tomada en esa esquina, eso me lo comentó Alejandro Castilla, mi hermano, uno de los que va montado. Entonces, como todas las esquinas son parecidas, da la impresión de que se ha paseado por toda la ciudad.

    ¡Esa es una imagen que te quedó grabada desde chavalo!

Así es. Conozco todo el procedimiento, desde el pozo, cómo se parqueaba la pipa, cómo se trasegaba el agua del pozo a la pipa, todo eso me quedó galvanizado en la memoria y le puse alas porque ahora hay pipas en Europa, en Estados Unidos, en Sur América y en Cuba.

    ¿Cómo es que las pintas?

En tela con técnica mixta, la base va curada con cola, los polos de la lona, acrílico especial y luego una mezcla de óleo, es un técnica mixta. He pintado como unas doscientas pipas.

Observo que Carlos Guerra sale de la casa. Me disculpo y camino hacia él esquivando los pies de los estudiantes que están sentados en sillas blancas y han llenado la calle. Nos apretamos las manos, le doy condolencias por la muerte de María Elena y nos abrazamos. Los periodistas lo rodean, me despido y regreso donde Julio.

    Julio, esa pipa también está pintada en el parque de Palo Solo.

Es un mural que fue pintado por Ricardo Gómez. Él fue mi alumno cuando comencé a dar clases de dibujo y pintura en lo que es hoy La Asunción, antes la escuela José Aníbal; allí comenzamos con María Ramos a impartir los primeros talleres a raíz de la Revolución donde acudió Ricardo, un morenito, a dar sus trazos iniciales. Ahora es un gran escultor y pintor nacional que da clases en la Escuela de Bellas Artes. Él la pintó, pero no lleva los detalles que tenían las Pipas de mi papá.

    ¿La pintaste sin pensar que podrían regresar esas condiciones de distribución de agua por el despale, la ganadería extensiva y el cambio climático global?

Cuando uno pinta quiere dar a conocer algo que pasó, porque es una pena que ahora no hay ni una pipa para tenerla en un museo. Aquí en Chontales el oro se trasladaba desde La Libertad a Puerto Díaz en carretas. Don Juan Manuel González, el músico acordeonista, era el jefe de todas las carretas. Ahora no hay ni una carreta y ni una pipa. A lo mejor volvemos a eso porque en algunas comarcas no hay agua, por ejemplo en Piedras Grandes, pero en la ciudad hay las 24 horas del día por un gran proyecto que hicieron los coreanos para abastecernos desde el lago de Nicaragua.

    ¿Sonaban una campana avisando que pasaba la pipa?

No, sólo gritaban “la agua, la agua, última vez que paso”. La gente abría sus puertas, entraban y llenaban el tanque o la pila

    ¿A qué precio vendían el cántaro de agua?

    A quince centavos, ¿verdad, Carlos? —dice Julio preguntandole a Carlos Medrano.
  Veinticinco centavos, era equivalente a una lata —responde Carlos.
    El cántaro era de bronce como esos cantaritos de oro que hacen para pendientes —dice Julio.
    Hay que aclarar una situación —dice Carlos —habían otro dueños de pipas: Agustín Castilla Solís, Pablo Urbina, Antonio Urbina, llamado “Toño Pipero”, y Juan Castilla, el papá de Julio.
    Don Arturo Tablada, mi tío abuelo, mi abuelo se llamaba Nicolás Tablada, le dio a su sobrino, mi papá, dos pipas para que trabajara; fue desarrollando la microempresa y como era rentable los otros se metieron y hasta hicieron un pozo al lado del suyo —explica Julio.

    ¿Por todo eso es que pintas las pipas?

Las llevo galvanizadas en la memoria, como decía Neruda.

Veo el reloj, se hace tarde. Le agradezco a Julio la oportunidad de entrevistarlo. Observo que comienzan a sacar las ofrendas florales de la casa. Me despido y quedamos de vernos en la catedral donde se hará la misa de cuerpo presente de María Elena. Camino hacia la esquina de Palo Solo e imagino en estos tiempos a las pipas abasteciendo de agua a los juigalpinos.

Juigalpa, Chontales.
3/6/2015.

jueves, 19 de febrero de 2015

NUEVA GUINEA: “UN SUEÑO HECHO REALIDAD”




“Mi padre era líder campesino de un movimiento que demandaba tierras en el norte de Nicaragua, en el departamento de Jinotega, y él, al frente de un grupo, hicieron gestiones ante el Instituto Agrario de Nicaragua (IAN) y les ofrecieron tierras en el Atlántico. Fue así que en 1967, mi padre con un  grupo de familias campesinas vino a Nueva Guinea y nos instalamos en Río Plata”, dice el Ingeniero Víctor Barrera Duarte (VDB).

Ronald (R): ¿Desde que llegaron se instalaron en Río Plata?

VBD: No, estuvimos transitoriamente unos tres o cuatro días aquí, en Nueva Guinea, que en ese momento era un área despalada con unas cuantas chozas, con unas treinta o cuarenta familias. No existían calles ni buenas viviendas, había un edificio de madera que era una cooperativa, un puesto de salud donde es hoy la alcaldía y las oficinas del IAN que estaban atrás de la iglesia bautista, donde vivía el coordinador del proyecto del IAN.

R: Después se trasladaron a Río Plata.

VBD: Sí, el pastor Miguel Torres Lazo eligió ese lugar para hacer la colonia. Era selva, totalmente, pura selva. Salías de aquí a doscientos metros después del monumento de los cuatro evangelios y todo eso para allá era selva.

R: ¿Qué recuerda usted de esa selva? Eras chavalo. ¿Qué edad tenías?

VBD: Éramos un grupo de chavalos que veníamos con nuestros padres, con nuestras familias, que nos habíamos criado unidos allá donde vivíamos y que la mayoría estuvimos juntos en la escuela. En ese tiempo, en los momentos de ocio, nos dedicábamos a recorrer la selva con cuidado, por allí cerca, no salíamos muy lejos porque también había peligros como culebras y víboras. Esto era una maravilla, era algo como la Amazonia, no había nada que pedirle a la Amazonia.

R: ¿Qué animales recuerda haber visto en esos años?

VBD: Había absolutamente todo, menos Anaconda. Te encontrabas con tigres, pumas, tigrillos, todo, todo, una fauna total, jabalíes, unas cuatro especies de monos, mono araña, cara blanca, mono bayo grande, el mono aullador, mono Congo y un monito chiquitito que le llamaban Ceibita, un primate más pequeño que una ardilla. Estábamos en la selva virgen, en la selva lluviosa.

R: ¿Y comienzan a construir sus viviendas?

VBD: En ese año, 1967, se estaba instalando un aserrío detrás del gimnasio que está en lo que era la pista de aterrizaje. Allí se procesaba la madera para las primeras viviendas que comenzaban a construir aquí. Prácticamente la madera se la regalaban a los campesinos para que levantaran sus viviendas, les daban el techo y las construían siguiendo un modelo definido.

R: En ese entonces no existía la carretera entre Nueva Guinea y La Curva. La gente salía en La Camiona. Cuéntenos cómo era la Camiona.

VBD: Cuando venimos sólo existía la trocha que la hicieron con un tractor en la época de verano y funcionaba hasta el mes de abril, después eso era lodo, totalmente lodo. Entonces se salía a pie, ocasionalmente viajaba un aparato que le llamábamos la Camiona que era un gancho de madera con un tabique de tabla que, jalado por un tractor, traía las provisiones; pero conseguir un raid en la Camiona era como conseguir un vuelo en un avión. Era tanta la gente que tenía necesidad de salir que eran pocos los privilegiados que lograban un cupo en la Camiona; de aquí para allá, de allá para acá, venía totalmente cargada. Pero yo viajé en dos oportunidades en la Camiona y funcionó hasta mediados de 1969.

R: Cuéntenos sobre la construcción de la carretera entre La Curva y Nueva Guinea.

VBD: Esa carretera se construyó en tres etapas. La primera etapa fue el tramo entre La Curva y El Coral. En el siguiente verano llegó hasta un lugar que se le llama El Enchape, aquí por El Níspero, y en el  verano del año 1972 ya entró hasta Nueva Guinea. Fue construida en tres veranos, tres años. Ese año fue inaugurada, allí donde está el Monumento de Nueva Guinea, por Somoza que vino con su Estado Mayor y su gabinete de gobierno.

R: ¿Cómo aprovechaban inicialmente la madera?

VBD: Inicialmente tumbaban los árboles con hacha y la canteaban con sierra relámpago, esa que se utiliza entre dos personas. A finales de 1969 vino la invasión de las moto-sierras, la demanda fue mayor y se instalaron más aserríos.

R: Ya con moto-sierras, con los aserríos, se comienzan a construir las primeras colonias. Díganos cuáles fueron esas primeras colonias.

VBD: Después de Nueva Guinea se construye El Verdún, Yolaina y Río Plata. Se construyen al estilo español, con el sistema cuadrado de cien por cien metros la manzana. Después se dio una variante en el diseño urbano de la colonia, a raíz de la llegada de la misión israelí; modificaron eso al modelo de los asentamientos israelíes y fundaron la colonia Jerusalén y una que se iba a llamar Jericó, pero que se cambió por los Ángeles a raíz de la erupción del cerro Negro.

R: ¿En qué consiste ese modelo del asentamiento israelí?

VBD: Es un modelo donde las calles no son al estilo español de una manzana cuadrada, sino que son calles que van siguiendo las curvas de nivel, van capeando las vaguadas, las vertientes y se construyen conforme a las curvas de nivel. En los años de 1967, 1968, 1969, se empezaban a dar movimientos en la zona del norte y comenzaron a llegar campesinos de las zonas cafetaleras y se asentaron en Jerusalén. Inicialmente el punto de apoyo, de logística, para Jerusalén fue en un lugar llamado La Leona, que antes le decían El empalme viejo. Ese campamento lo dirigían unos norteamericanos de los Cuerpos de Paz; allí estaba un joven llamado David Schigan y en Río Plata estaba otro llamado Richard Lamus, que apoyaban a las familias de esas colonias en su etapa de fundación.

R: Después de Jerusalén las siguientes colonias siguen ese modelo. ¿Cuáles fueron esas colonias?

VBD: Cuando se da el terremoto de Managua comienza a llegar gente de todos lados de Nicaragua, no sólo de Managua. Así se inició una colonización masiva en el norte de Nueva Guinea, comenzando por Caracito donde se encontraba la logística para atender a esas familias; se atendían unos tres o cuatro días y después se iban a ubicar en Los Laureles, Jacinto Baca, Talolinga, Kurinwas, San José, San Martín, San Antonio, San Ramón, San Miguel. Para eso, la misión israelí había enviado al arquitecto Jorge Martínez a conocer el sistema de la colonia, de asentamiento en Israel; él vino a implementarlo, a darle continuidad al modelo israelí que se utilizó en la colonia de Jerusalén.

R: ¿Y las colonias del sur y del este?

VBD: Se construyen casi simultáneas; unos pocos meses después inició la colonización en ese sector, ya vino Providencia, Naciones Unidas y Nuevos Horizontes en el este, y en el sur El Serrano y La Fonseca. Incluso Las milpas fue parte de esa etapa. Después vinieron asentamientos que ahora tienen calificativo de colonias pero realmente no lo son, son asentamientos espontáneos que nacieron siguiendo el estilo de la colonia.

R: Cuéntenos sobre el actual casco urbano. ¿Quién fue el primer maestro de Nueva Guinea?

VBD: Cuando vine había un profesor que era empírico, voluntario, que se llamaba Juan López; vivía y daba clases en El Verdún. En 1968 vino el profesor William Salomón que aun está vivo en Bluefields, dando clases en el Colón. El profesor Salomón fue el primer profesor oficial del Ministerio de Educación. Con el plan de colonización, después del terremoto de Managua, vino una gran cantidad de maestros normalistas del lado de Diriamba y San Marcos, y se fueron a cada una de las colonias. En cada colonia había un agrónomo de parte del IAN, era como el administrador de la colonia, así le llamaban, pero era un técnico, un facilitador. También en ese momento se instaló el comando de la Guardia Nacional. Antes del terremoto era sano, ni ventas de licor habían, solo allí por el instituto había un lugar que le llamaban El Tope, pero después del terremoto vinieron las cantinas, billares, juegos de azar, el mercado. En ese mismo período se construyó La ciudadela, esas dos manzanas, allí en el sector de los bancos, que era una especie de colonia urbana donde estaban las viviendas para los profesores, agrónomos y funcionarios, pero con el tiempo no cubría la demanda de este sector. Para descongestionar Nueva Guinea, el IAN estaba construyendo unas instalaciones que se llamaba el CRS, el Centro Regional de Servicios, que estaba ubicado en Los Pintos, que posteriormente fue una escuela de agricultura y luego una base militar. Allí se estaban construyendo oficinas para bancos, salud, viviendas para técnicos, una radioemisora; al final se perdió todo eso, pero el objetivo del CRS era descongestionar Nueva Guinea de todas las instalaciones administrativas.

R: Se ha dicho que con el IAN se construyeron fincas modelos. ¿Qué conoce usted de esas fincas modelos?

VBD: Las fincas modelo fue un proyecto, un plan de Somoza para repartirle tierras a los altos mandos de la Guardia Nacional. Eso estaba contemplado en la zona de lo que es hoy Puerto Príncipe, en la zona Este. En esa zona estaba contemplado repartir tierras en grandes fincas modelos para los guardias, altos militares. Estaba contemplado repartirlas en dos etapas, esa de Puerto Príncipe y otra posterior al lado del Cerro Silva. De esas fincas solamente se delimitaron dos a un coronel Zúñiga y a René Zelaya, pero no tomaron posesión por el triunfo de la Revolución. Sin embargo, se habla de unas fincas modelos que en realidad no lo fueron; más bien eran latifundios que se formaron alrededor de las colonias, producto del boom en el desarrollo agrícola y se apoderaron de tierras como Cornelio Hueck en la zona de Caracito, los Borges en los Ranchitos, Urcuyo Maliaños en la zona de Providencia, Gene Thomas en la zona de Cerro Silva y otros al lado de El Chasmolar. Te hablo de un boom de desarrollo agrícola porque hubo una producción exagerada de frijol. Naturalmente ya no era la misma selva, ya había aserríos en Nuevo León, en Jerusalén, dos en Nueva Guinea y otro al lado de caño Chiquito. Con ese boom vino el INCEI y se instalaron silos en Jerusalén, en Yolaina y aquí en Nueva Guinea.

R: Y a la par del boom agrícola se fueron construyendo los caminos.

VBD: Con el boom agrícola y la colonización vinieron varios proyectos, entre ellos el Plan de Caminos financiado por el BID, con el que se instaló un plantel por donde es el actual mercado, con una maquinaria moderna en ese momento. Con eso se comenzaron a construir los caminos a las colonias. De igual manera había un plan de mantenimiento de puentes, principalmente en la vía a la Curva.

R: Después de toda tu experiencia de vida en Nueva Guinea, ¿cómo ves la perspectiva del desarrollo a mediano y largo plazo, considerando la dinamización de la economía local, la comunicación entre Nueva Guinea y Bluefields a través de la carretera, la construcción de la carretera a Monkey Point y que tengamos una paz duradera en el municipio?

VBD: Yo creo que las perspectivas del desarrollo económico y social de Nueva Guinea van a ser increíblemente superiores a lo que vemos hoy. Sólo pensemos en las capacidades técnicas que se van a ir desarrollando a través de las universidades; muchos jóvenes van a estar preparados para ese tiempo. Además podemos ver proyectos de desarrollo agrícola fuertes como el café, cacao, raíces y tubérculos, frutas, madera inclusive. El desarrollo integral entre Nueva Guinea y Bluefields se va a dar, va a haber un intercambio comercial y un desarrollo intercultural muy importante. Muchos de nuestros productos van a abastecer a Bluefields, ya no van a tener que llegar de Santo Tomás, de Rama, de Muelle de los Bueyes con el pedacito de queso en botes, el saco de yuca, de carbón, porque de aquí van ser camionadas las que van a caer allá. El tráfico de Bluefields a Managua ya no va a tener el problema de las lluvias, de las pangas, el peligro en el río. La mercadería, sobre todo las verduras que llegan maltratadas a Bluefields por la manipulación en los muelles, en los buses, en camiones; aquí va a ser un transporte directo de Managua a Bluefields con una linda terminal que va a haber en Bluefields y otra que está programada aquí, con todo y su bypass por la zona del final de la pista al salir al empalme de El Verdún, el hospital regional y otras cosas que no imaginamos que van a existir.

R: Nueva Guinea va a ser un centro de desarrollo intermedio increíble, con un mayor desarrollo que el actual.

VBD: Increíble. Podemos decir que esto va a ser como los puertos de montaña que se van creando hasta donde llega la carretera. Aquí va a converger la producción del sur, de Atlanta, de Monkey Point, de Bluefields, del sureste y del norte inclusive.

R: ¿Crees vos de que Nueva Guinea, con esas condiciones, pueda en un momento determinado materializarse, que sea la cabecera del potencial departamento de Zelaya Central o la Tercera Región Autónoma?

VBD: De hecho no tardamos mucho tiempo en ver eso, de hecho ya nos dan un tratamiento como departamento. Si hacemos comparaciones del desarrollo que han tenido tantos pueblos en este país en 100 y 150 años de existencia, respecto a lo que tenemos nosotros en 50 años de existir, es increíble la diferencia. Esto siempre ha ido para adelante y siempre va a ir para adelante. Estamos en un punto estratégico de la región, en un punto de convergencia de los otros territorios, y más con la carretera, va a haber mayor integración. Esto va a influir en el desarrollo urbano. Ya podemos observar que la infraestructura urbana poco a poco va mejorando, se está saliendo de la casita tradicional de cuatro paredes y ves edificios con una arquitectura más actualizada, van mejorando las calles, este año se van a adoquinar casi tres kilómetros de calles, vienen proyectos de aguas negras, ampliación de sistemas de agua, nuevos barrios van naciendo, Río Plata va a ser un barrio de Nueva Guinea, nos estamos uniendo con La Verbena, pronto con los Ángeles y Verdún, esto va a ser una ciudad muy grande pronto, no podemos evitarlo. Cada vez más la gente viene de las comunidades buscando las universidades, los hijos no quieren vivir en el campo solamente, quieren prepararse y el gobierno les da las oportunidades. Allí va el desarrollo.

R: Vos que has vivido aquí desde chavalo, ¿cómo podrías describirme todo este proceso de desarrollo de Nueva guinea, desde sus inicios hasta este momento, en tres palabras?, ¿cómo lo ves vos, cómo lo valoras, cómo lo sentís?

VBD: Yo diría tres momentos, y el cuarto que viene. Desde su momento de fundación hasta 1980 fue una cosa muy diferente a la que se dio de 1990 al 2000, incluso al 2010, fue diferente a los planes de futuro. Si valoramos estos momentos el más importante es el que viene.

R: ¿Cuál es el que viene?

VBD: Bueno, hablábamos de la carretera a Bluefields, a Monkey Point, las carreteras que nos van a unir con el sur, con Río San Juan, con San Miguelito, el mejoramiento de la infraestructura urbana, los programas de gobierno, los programas de producción y tantas cosas más que todavía no conocemos.

R: Y sobre todo el empeño de la gente. La gente de Nueva Guinea tiene una característica, que tiene un impulso, una dinámica propia, y así fue que comenzaron, “cuando nosotros venimos aquí, venimos sin nada, venimos a luchar por vivir”, dice; y sigue luchando, es luchadora, es emprendedora.

VBD: Hay cultura de superación en la gente. Hay cambios muy importantes, la gente se da cuenta del problema ambiental que tenemos producto de la tala indiscriminada de los bosques, que sucedió en estos años anteriores producto del mismo desarrollo: la gente para cultivar tenía que derribar la montaña y todo eso no fue controlado, estamos viendo las consecuencias de eso. Ahora se miran áreas reforestadas, se miran los cultivos silvopastoriles, la ganadería ya no es la misma, ves ganadería tecnificada, ves picadoras, embalajes de heno, el hato ganadero ha aumentado en cantidad y calidad.

R: Todo esto lo ves como lo soñaron los primeros fundadores, soñaron con el paraíso, construir la luz en la selva, ¿crees vos que la tengamos?

VBD: Definitivamente yo nunca me imaginé llegar a ver este municipio como está hoy, porque en el tiempo en que nosotros venimos era de ponerse a llorar, era de hincarse a llorar cuando se vivían dificultades, enormes dificultades; a veces enfermos que cómo los ibas a sacar a la Curva, cómo lo ibas a llevar a Juigalpa; si no había un avión que viniera a llevárselo estaba muerto. Pensar en lo que esto fue, en lo que es y lo que va a ser en el futuro, es un sueño, realmente es un sueño.

R: ¿Es un sueño hecho realidad?

VBD: ¡Es un sueño hecho realidad! Muy pronto veremos más cosas, de hecho.

R: OK, Víctor, muchas gracias por compartir con nosotros.

VBD: Gracias a usted y esperemos, pues, a ver qué nuevas nos traen los próximos años.

R: Vamos a celebrar el 5 de marzo, entonces.

VBD: Obviamente que sí.

R: Va, pues, Víctor. Gracias.

VBD: Va, pues.

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