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miércoles, 24 de agosto de 2016

5 LEYENDAS URBANAS QUE PUEDEN DAÑAR A UN ESCRITOR

Tan pronto como le digas a tu familia y amigos que estás intentando escribir un cuento o una novela, comenzarán a decirte todo tipo de cosas que se llaman “leyendas urbanas sobre la escritura”. Son cosas que todo el mundo sabe y aún así están mortalmente equivocados.

LEYENDA # 1: NO ERES LO SUFICIENTEMENTE INTELIGENTE PARA LOGRARLO.

¿Qué tan inteligente debes ser para escribir un cuento o una novela? ¿Cómo lo sabes? ¿Qué tiene que ver el IQ con la escritura? Lo cierto es que lo que más necesita un escritor es tener la capacidad de aprovechar sus “fuentes emocionales” y crear una historia que pueda impactar  a los que la lean. Un gran número de escritores se encuentran entre un rango de inteligencia que va del promedio (normal) a ultra alto, pero cada uno de ellos son personas que serían felices si los dejaran abandonados por largos períodos de tiempo en una isla desértica. Los que escriben ficción son personas excepcionalmente honestas que no se niegan a decir sus verdades internas. Si puedes hacer eso, puedes escribir un cuento o una novela.

LEYENDA # 2: NO TIENES SUFICIENTE TALENTO PARA HACERLO.

¿Qué es el talento? ¿Alguien sabe cómo medir el talento? ¿Qué pasa si el talento es algo que crece y no algo que se hereda? El hecho es que la escritura creativa requiere varias habilidades. Nunca vas a encontrar a alguien que tenía todas esas habilidades cuando comenzó a escribir. Todo aquel escritor que ha publicado ha pasado largas horas aprendiendo el arte de la ficción. Todos tienen algo en común: la persistencia. No tenemos idea de lo que puede ser el talento, pero sabemos de la persistencia cuando la vemos. Si tienes persistencia, tienes altas posibilidades de lograrlo como muchos otros.

LEYENDA # 3: NO TIENES NADA SOBRE QUÉ ESCRIBIR.

¿Sólo hay un tipo de cuento o novela que se pueda escribir? ¿Todos los que escriben un cuento o novela deben ser de Nueva York o mejor de Managua? ¿Todos deben ser populares o “cool”? Si has vivido lo suficiente, tienes algo sobre qué hacerlo. Si alguna vez has tenido miedo, alegría, hambre, placer, dolor, si has sido rechazado, has amado, has sentido rabia, placer, entonces tienes mucho sobre lo que escribir. Si has sobrevivido a una niñez miserable, a una desagradable experiencia en la escuela, a una relación tóxica, si has estado en el infierno y has regresado, entonces tienes suficiente material para escribir sobre lo que quieras en tu carrera de escritor. Si tu vida ha sido un flujo constante de felicidad desde el principio hasta el fin, entonces tienes que esforzarte un poco más, pero aún pueden obtener una historia de ello.

LEYENDA # 4: TIENES QUE CONOCER GENTE PARA QUE TE PUBLIQUEN.

¿Quién conocía a Stephen King antes que su trabajo fuera publicado? ¿Quién conocía a Tom Clancy? ¿Quién conocía a Gabriel García Márquez? ¿Quién conocía a J. K. Rowling? Si tienes un buen escrito en tú haber, conocerás gente rápidamente. Solamente debes mostrar en los alrededores lo que tienes y las personas indicadas te conocerán. La buena escritura siempre logra buenas conexiones.

LEYENDA # 5: OLVIDARÁS A TUS AMIGOS CUANDO SEAS FAMOSO.

¿Qué escritor famoso olvidó a sus amigos cuando las luces del público se posaron en él? ¿Por qué harían eso? Si te vuelves famoso vas a ser sitiado por personas haciéndose pasar por amigos y lo único que buscan es un pedacito de tu éxito. Muy pronto te darás cuenta que los amigos que te conocieron entonces, son los únicos amigos que estas seguro que te quieren por lo que eres, por ser ti mismo. Nunca olvidarás a tus verdaderos amigos, los valoraras más que nunca. Sí, es cierto, hay muchos que los olvidan pero esos no son escritores, son miserables.




sábado, 20 de agosto de 2016

SATURDAY NIGHT

Los sacos de basura quedaron regados sin volver a su lugar porque no les importa que los hayan encontrado acomodados ese no es su trabajo están alineados con un horario y un salario que con costo da para la comida sin guantes ni mascarillas ni uniforme aunque sea una camiseta del montón se merecen desde la madrugada andan por allí con los barriles azules donde un tiempo almacenaban agroquímicos con la leche para lala en camiones destartalados llenos con la basura que nos tomamos pero no dejo que el pajarito beba agua sucia cantando clarito y alegre aunque la pajarita tiene ya casi un mes de haberse ido y lo dejó solo con la compañía de Lucas que de vez en cuando come pero canta todos los días son gritos de desesperado le voy a enseñar a decir vulgaridades como me alegraría que dijera ¡hijo de puta! por lo menos los cenzontles comen de lo que deja regado cuando hay algo por lo menos decir que te quiero con un abrazo es bueno alivianar el alma de vez en cuanto aunque después se derrita como hielo en el desierto con los truenos los relámpagos los remolinos de los árboles la motosierra se los vuela en un engaño como los camarones gigantes sólo por encima todo mundo dando vueltas en ese remolino sin pagar las deudas sin dar la cara jurando que sí si no se pudiera llegar tan lejos todo acabaría en puras mentiras pero en el otro lado es pura fiesta hasta la madrugada de que sirve salir a caminar por la mañanas de lunes a viernes si Saturday night estás hasta la mera cachimba de imbécil con el hígado que ya no aguante ni el Whatsapp se apaga ni de día ni de noche triste ya no me acuerdo del PIN de la cuenta ni del olor del perfume que usa USA USA me voy a ir a dar una vuelta a los parques como montañero pero las mujeres de río están ida y vuelta no se van a detener como turtle punch que se quedó en las hojas del cuaderno con todito arreglado que se espere no hay prisa los mitos urbanos aquí no cuentan ni las pendejadas de otros tiempos me quedó por eso la uña horrible cuando acaricie a la pantera en la madrugada se va a carcajear porque lo vio lleno de sangre y duele antes y ahora también al teclear t a m b i é n estabas allí no te hubieras movido chancletas viejas que nunca se estiraron aumentan los gritos las cuentas son mías USA USA zapatos usados viejos suaves placenteros no los cambio solo quería bailar nada más desesperado llamando por teléfono desde la cárcel de Bluefields hola cómo estas soy yo te acordás de mi ve que frescura entre las rejas y con el oleaje de la bahía acurrucando el sueño en uno de los cayos Perlas acopiando por tres meses esto no es mío mamacita linda perdóname se llaman transacciones especiales para que te des el lujo de hacer maravillas nada de castillos de arena mejor de madera de caoba y granadillo de San Miguelito el nivel del lago ya no subió hasta allí llegamos como la chancha que iba arreada por la mañana hasta a las chanchas les llega su sábado con los naca-tamales del domingo pero paso puedo vomitar el colesterol con rosquillas del lunes mejor me aguanto las ganas de cortar la grama ojalá no siga lloviendo sanado la cuenta son más de diez sacos de basura los que quedaron regados no me va a dar tiempo de leer las babosadas del domingo.

martes, 31 de mayo de 2016

EL CUMPLEAÑOS DE EMILCE

Ayer, 30 de Mayo, día de las Madres en Nicaragua, le celebramos su cumpleaños a Emilce. Fue una actividad entre familia, los estrellas fueron los nietos y nietas que colmaron de alegría la actividad. El año pasado lo celebramos con un almuerzo pero creo que fue una mejor opción hacerle una piñata para que los chavalos hicieran la fiesta a su manera.

Aquí les dejo algunas fotos de la actividad:

LOS PARTICIPANTES:

Daniela

Harrington
White Bush
Ronald Tadashi

Maria Fernanda

Arleni

LA ALGARABÍA DE LA REVENTADA:







UN POCO DE VIGORÓN:

:




UN SORBETITO:







CANTANDO EL HAPPY BIRTHDAY:




LA HORA DEL PASTEL:



Y luego se abrieron los regalos de Emilce y repartió los paquetes.

Creo que cada vez que celebremos nuestros cumpleaños lo haremos con una piñata para que los chavalos lo disfruten, es la mejor forma para pasarlo juntos y que se diviertan con los abuelos.

Felicidades Emilce!



sábado, 9 de abril de 2016

LOS RECOLECTORES DEL CAMINO


Una ráfaga leve de brisa húmeda alegró las ramas de los árboles de Caoba. Mi piel se erizó y el cielo se tornó gris por unos instantes, retrasando la fuerza del sol que irrumpe en las mañanas veraniegas del trópico húmedo. Los canarios cantaron alegres, intensificaron su besuqueo, mientras Lucas, el cotorro, agitó sus alas con más fuerza de lo acostumbrado, gritando sin cansancio “pobre…cito, pobre…cito” como si notara la nostalgia existente en los alrededores.

"Ojalá llueva", pensé. Un chubasquito en el verano no cae mal, aplaca el polvo, ese polvo que se mete por las ventanas, en los roperos y hasta en los orificios mejor resguardados cuando los camiones, camionetas, taxis y motocicletas circulan a alta velocidad como endemoniados con la urgencia de una necesidad fisiológica impostergable. Pensaba en eso, saboreando mi café de palo y el tac, tac, tac que escuché desde el lado del camino atrajo mi atención.

Un hombre picaba leña con machete; al lado, en el suelo, tenía un saco. Tres chavalos vestidos de uniforme escolar se detuvieron a verlo como tratando de retrasar el tiempo de adoctrinamiento de la escuela. El hombre recolectaba ramas largas, las partía de un sólo golpe en trozos de unos tres metros de largo y las acomodaba al lado del camino. Sus botas de hule estaban curtidas de blanco, un blanco similar al del polvo que existe en el sector de Tierra Blanca cuándo se torna en lodo, quizás de allí venía con el saco en los hombros y a última hora decidió recolectar la leña, o puede ser que pasó en la madrugada hacia esos lados y le echó el ojo a las ramas secas. De cualquier manera, ahora nada lo detenía, ni los chavalos ni yo que lo observábamos atentos; no nos prestaba atención.

Eso sí, el hombre no quitaba su vista del saco, lo volvía a ver después de cada machetazo. Los chavalos siguieron su camino; tras de ellos otros uniformados pasaron rumbo al pueblo. Me acerqué al hombre para saludarlo. “Hola amigo, ¿recogiendo leña?" “Sí, para el fuego”, respondió con una sonrisa esquiva.  “Esas ramas fueron cortadas por una brigada de Dissur”, agregué, y su mirada cambió. “Vale más, así no me acusan los ambientalistas, porque aunque no me crea, es para la casa. Hace una semana por este mismo camino lloraba una motosierra, sus gemidos venían del lado del cerro de Los Palacios, desde temprano que pasé hacia Los Ángeles hasta las cuatro de la tarde que regresé, seguía rugiendo. Eso no lo escuchan los de MARENA ni los de la alcaldía, se hacen los sordos”, dijo mientras comenzó a armar apresurado su carga de leña.

Varias motocicletas pasaron con chavalos de uniforme escolar como pasajeros, sin casco pero de prisa porque faltaban quince minutos para las siete de la mañana. Tres camionetas y un camión nos bañaron de polvo. El recolector de leña tomó con ambas manos la carga y la acomodó en sus hombros; se ladeó hacia la derecha y agachándose levantó el saco. Delante de él iban los chavalos hacia la escuela, sin prisa, y unas vacas andaban desperdigadas en el camino como cansadas de que las ordeñen sin premiarlas con una buena ración de concentrado en estos meses de verano.

Lo vi alejarse y regresé a mi cafecito, un poco frío; saboreándolo me acordé del saco. ¿Qué llevaba en el saco?, no pregunté. Tal vez unas libritas de frijoles y unas mazorcas de maíz que le regalaron, quizás un encargo de su mujer que cuidaba con recelo, unas cuajaditas, no sé, pero era algo que para él tenía mucho valor. Mejor no sigo especulando, estoy convencido que llevaba una carga de esperanza; no era una carga como la de los camiones que van repletos con trozas de madera preciosa por las carreteras del país sin que los detengan.

Lucas se puso inquieto, los pajaritos de amor cantaron sin besuquearse y las nubes grises desaparecieron abriéndole paso al intenso sol. Volví la mirada y vi a otros que poco a poco fueron pasando por el camino. Cargaban alforjas llenas de limones mandarinas, un saco de yuca, una carga de leña rolliza, una cabeza de guineo cuadrado sobre los hombros, todos ellos recolectores del camino; los pobres dirigiéndose con la carga sobre sus hombros hacia el pueblo.

Nueva Guinea, RACCS.
08/04/2016

miércoles, 30 de marzo de 2016

EL RATONCITO TRU - TRU


Érase una vez un ratoncito muy simpático y muy alegre. Siempre iba por la calle cantando tru, tru, tru, tra, tra, tra. Por eso le llamaban Tru-Tru. Vivía Tru-Tru en un agujero cerca de la palma de coco.  Cada vez que salía de su casita, primero sacaba su cabecita con mucho cuidado, miraba hacia arriba para comprobar que no le cayera encima algún coco maduro y no le aplastase  entero. Después de confirmar que no había peligro salía de su agujero corriendo, hasta alejarse del cocotero.

Los amigos de Tru-Tru le tenían envidia.

 – Tru-Tru, descríbenos cómo sabe el coco – decían ellos –, tú lo sabrás mejor que nadie, ya que vives justo debajo del árbol. Y el pequeño ratoncito empezaba a inventar mil sabores que no existían. Le daba vergüenza reconocer que aún no lo había probado. Pero Tru-Tru no era un mentiroso y se sentía muy mal cuando tenía que mentir a sus amigos.
 
Un día iba a salir, cuando vio justo delante de su puerta un coco que le estaba cortando el paso. ¡A ver! Pensó Tru-Tru. ¡Vivo debajo del  cocotero! ¿Es qué no tengo boca o gusto, para probar el coco? Dicho y hecho. Hizo un agujero y ¡hala, estaba dentro bañándose en la deliciosa leche de coco! Y se bañaba, y cantaba: – tururú-tururú, qué maravilla,  tururú-tururú, la vida es una fiesta.

Comía la pulpa, bebía la leche, daba volteretas y ¡cómo no, cantaba!  Estaba tan feliz, que no pensaba en nada más que disfrutar de su fiesta sorpresa.  No sabía cuánto tiempo llevaba allí, había comido tanto  que la barriguita se le había hinchado como un globo. Poco a poco le entró sueño y se quedó dormido. Al parecer tenía dulces sueños, porque una sonrisa iluminaba su pequeña carita. De repente, ¡buum! un terrible ruido le hizo despertar de sus dulces sueños.

– Ay, ¿qué ha pasado? – dijo el ratoncito bostezando –. Bueno, hay que salir de aquí.
– ¡Qué bien me lo he pasado! – pensó el ratoncito.
Sí, pasar se lo pasó muy bien. Pero en cuanto se acercó al agujero, por donde había entrado: ¡Vaya desgracia! ¡Qué agujero más pequeño!
Así que, decir que iba a salir era fácil pero hacerlo, muy difícil.
Y el ratoncito empezó a chillar:
 – Ay, ay, ay, me he hinchado dentro del coco, me he quedado aquí  atrapado. Ay, ay, ay, ay… Ahora ¿cómo salgo  yo, convertido en un globo, de este agujero tan pequeño? 
Y lloraba, y movía su cabecita con desesperación. Pobre Tru-Tru, estaba atrapado dentro del coco.

 – Pero ¿quién eh, quién me mandó entrar aquí? – se lamentaba el pobre ratoncito.
 – ¡Socorro, socorro! Que alguien me saque de aquí.
Ya empezaba a guardarse el sol. Todo el mundo estaba en sus casas. El único vecino que había salido a pasear, era el peor enemigo de Tru-Tru, adivinen, el gato sordo. Este sólo vio el coco moviéndose y se acercó.
– Mrr… ¡Qué coco tan extraño! – dijo el gato sordo –. ¡No sabía que los cocos se movieran! Mrrr…

Pobre Tru-Tru, lo que le faltaba. Ver al gato, fue el colmo. Perdió los nervios y empezó a llorar a mares. Afortunadamente, el gato como era sordo, no oía nada. Se limitó a mirar y se marchó.

Tru-Tru lloró tanto, que no le quedaron más lágrimas. Mientras lloraba desesperadamente se acordaba de su casa, de su padre, de sus amigos, de sus largos paseos  que daba cuando era “libre”… 

De repente abrió los ojos y ¡qué alegría! delante de sus narices el agujero había crecido. Y el ratoncito había vuelto a ser el mismo pequeño Tru-Tru de antes. Se había deshinchado de tanto llorar. Salió del coco y se fue corriendo a su casita. Juró ante el retrato de su padre, que jamás de los jamases volvería a comer coco, por muy delicioso que fuera. Tru-Tru había aprendido la lección: nunca más mentiría a sus amigos, para no tener remordimientos, y jamás se metería en agujeros desconocidos. 

Marina Mikayelyan