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domingo, 31 de marzo de 2024

UN DÍA DE COMPRAS EN BLUEFIELDS

 


Todo el contenido de las bodegas se lo llevaron en un día, el miércoles 18 de febrero del año 2004, pero tardaron meses en hacer los preparativos para abastecerse. Ese fue uno de los testimonios que pude obtener de pobladores de Bluefields, muchos años después del suceso sin ningún precedente en la historia reciente de la ciudad.

Maycol estuvo presente ya que encontraba de vacaciones después de seis meses como marino en un barco de cruceros por el mar Caribe. “Fue impresionante, nunca había visto tanta gente aglomerada por comprar un producto”, dijo.

Rafael, habitante de ciudad Rama, fue testigo del movimiento de carga en el puerto Arlen Siu debido a que su pequeña pulpería se ubica frente a los portones que dan acceso al muelle. “Durante tres meses, quizás cuatro, observé camiones que bajaban mercancías que posteriormente eran subidas a la plana para trasladarlas por el río Escondido hasta la ciudad de Bluefields”, dijo sin dejar de atender a sus clientes que pedían gaseosas, bolsitas de papa y galletas. “Son clientes permanentes, son estibadores del puerto”, agregó.

Kenneth, un chambero que se mantiene en el muelle municipal de Bluefields, recuerda esa época en que llegaban las planas repletas de mercancías. “Mirá amigo, no había carretera, solo se hablaba de ella, pensábamos que eran promesas porque ni un tractor estaba ahí trabajando, pero mirá, la plana no dejaba de venir. Antes de lo sucedido, la plana siempre venía con mercadería: verduras, comida pues, camionetas, productos para ferreterías, de todo lo que te imaginas. No paraba ni por el mal tiempo, vos sabes como es el mal tiempo, lluvia con rayería y tronadera, y el río furioso trayendo desde allá arriba de todo, incluida la plana cubierta de carpas y plástico negro para proteger la carga. Más lluvia, más furia del río y más veloz el viaje de la plana río abajo, y así se seguían haciendo los dos viajes por semana de hasta 14 horas”, dijo Kenneth.

“Me contrataron para hacer las mejoras del sistema eléctrico en el local”, dijo Gustavo, electricista con muchos años de experiencia. Lo remodelaron completamente, desde el techo hasta el piso, incluyendo las paredes pintadas con los colores propios de la empresa, además del sistema eléctrico. “El plano incluía más de cincuenta enchufes eléctricos y la iluminación fue llamativa, no escatimaron recursos en el arreglo del local, tampoco en la inmensa bodega. Imagínate que instalaron una hermosa planta eléctrica debido a los cortes constantes de energía en esos tiempos del gobierno del presidente Enrique Bolaños”, agregó.

Toda la propaganda, los comerciales, fueron contratados desde la capital con la radio más potente y antigua de la ciudad de Bluefields, haciendo énfasis en su lema “la cuota más baja” y la facilidad de acceder al crédito con solo presentar la cédula de identidad. Invitaban a la población de la ciudad y los municipios aledaños (Kukra Hill, Laguna de Perlas y sus comunidades, Corn Island, El Bluff y la Desembocadura del Río Grande) para aprovechar los precios de inauguración y adquirir los artículos necesarios para el hogar. “La propaganda invadía los hogares por la mañana, tarde y noche”, dijo Arthur, un radioescucha de Bluefields.

“Todos los días, como siempre, hacía mis labores. Ya sabes, alistar a los niños para la escuela, hacer el desayuno para ellos y mi marido que es pescador, lavar ropa, trapear, tender en el alambre y todo lo demás. La radio me entretenía, me acompañaba día y noche, yo escuchaba constantemente sobre la inauguración de la tienda. Cuando necesitaba un descanso, me cruzaba el patio para ir a visitar a mis amigas y comentábamos sobre las cosas que deseábamos comprar porque en esos años nada se encontraba. Tantas cosas que necesitábamos que prácticamente teníamos que comprar todo para la casa y nuestros maridos nos apoyaban haciendo el listado”, dijo Clarisa, habitante de Tasbapounie.

Joe y Julie son habitantes del barrio Nueva York de Bluefields. Los encontré comprando mariscos en la esquina del mercado municipal. Le hablé sobre el tema y no dudaron en compartir sus opiniones. “Nos programamos para ese día de compras”, dijo Joe. “Necesitábamos un ropero y cambiar nuestra cama”, agregó Julie. “No nos preocupamos tanto por electrodomésticos, ya sabes, ni lavadora, ni televisor, ni horno, ni licuadora por la grave situación que pasábamos de hasta 8, y a veces, incluso 10 horas sin energía eléctrica”, agregó Joe. “Nos alistamos desde la noche anterior porque sabíamos que mucha gente iba a hacer sus compras”, agregó Julie.

Ese día amaneció despejado, con el cielo azul y el sol radiante. “A las cinco y media de la mañana estaba en el muelle de Laguna de Perlas. Desde allí zarparon seis pangas grandes, de esas que tienen capacidad para 20 pasajeros, pero me di cuenta de que solo llevan dos o tres y que los asientos del centro y los delanteros estaban vacíos. ¿Qué sucede?, pregunté. Van de compras a Bluefields, hoy inauguran la tienda que tienen meses de anunciar por la radio, respondió un amigo que pescaba en ese instante. Unos minutos después salieron, uno detrás de otro, cuatro barcos de carga que trasladan mercaderías. Desde el norte de la laguna vi que una fila de seis barcos cruzaba frente al muelle, todos provenientes de las comunidades de Orinoco, Marshall Point, Brown Bank, La Fe, Tasbapounie y Wawashang. Te hubieras sorprendido, la gente que pasaba gritaba y se despedía, luego pasaron más pangas desde el norte hacia Bluefields”, dijo Cañal.

 “Cuando atracaron los barcos y las pangas que llegaban de las comunidades, la gente desembarcó de prisa a buscar taxis para trasladarse a la tienda que inauguraban. ¡Mirá amigo!, era una locura; las calles estaban abarrotadas de gente. Muchos contrataban chamberos como yo y camionetas de acarreo para que los esperaran cerca de la tienda y así poder cargar las cosas que iban a comprar”, agregó Kenneth.

“La gente hacía fila para entrar al local, pero era enorme, con hombres y mujeres ansiosos esperando la apertura. Nunca había visto tanta gente, representando todas las comunidades, haciendo fila. Escuchaba un gran rumor mezclado de voces en inglés creole, rama, misquito y español. Allí estaban personas de todas las comunidades y de los barrios de Bluefields”, agregó Maycol.

“Fuera de la tienda, los parlantes resonaban con música del momento, mientras que frente al portón se veía al personal del negocio y a autoridades locales listos a cortar la cinta de inauguración. Todo el frente estaba decorado con chimbombas de colores característicos del negocio. Después de unas palabras de felicitaciones y agradecimientos, cortaron la cinta y la puerta se abrió al público”, agregó Gustavo.

“A pesar del gentío, no hubo ningún relajo”, agregó Joe. “En la puerta de acceso controlaban la cantidad de gente que entraba para evitar aglomeraciones y permitir compras tranquilas y ordenadas. Además, había suficientes vendedores que eran muy atentos”, agregó Julie. “No tardamos más de media hora en el local, ya que sabíamos exactamente lo que necesitábamos y lo compramos de contado, pues comenzamos a ahorrar desde que anunciaron la apertura”, agregó Joe. “Estrenamos ropero y cama”, dijo Julie con una gran sonrisa en el rostro.

“Fue un día de compras en Bluefields como nunca antes visto”, dijo Arthur. Me fui a asomar y miraba a la gente que salía con todo tipo de electrodomésticos: planchas, licuadoras, tostadoras, hornos eléctricos, pantallas de televisión y computadoras. Otros salían con artículos para el hogar como camas, muebles, roperos. Noté que muchos, principalmente negociantes de Bluefields y personas de las comunidades, llevaban plantas eléctricas de diferentes capacidades, pequeñas y grandes, para hacer frente a la crisis energética de esos años”, agregó Artur.

“Las pangas salían cuando ya no podían cargar más, iban repletas y la gente reía y bromeaban entre ellos. Me dieron propina, ¡sí, hermano!, imagínate que ese día me hice más de mil córdobas de esos años, era bastante dinero. Los barcos fueron cargados, pero salieron hasta el día siguiente por que se les hizo de noche. Después de hacer sus compras y cargar sus cosas, la gente salió de fiesta hacia restaurantes, cantinas y discotecas. Ese fue un día de fiesta aquí en Bluefields”, recuerda Kenneth.

Martha, fue trabajadora de la empresa, y señaló que aquel día fue especial, tanto para ellos como para la empresa en general, pero también para todos en Bluefields, reflejando las necesidades de productos y la gran disponibilidad de dinero en la región durante esa época. “¡Como deseaba que un día así se repitiera para mejorar mi comisión y salario! Pasaron meses en abastecernos, pero en un solo día todo se vendió”, señaló.

“En esos tiempos la cosa era muy diferente. El dinero circulaba por todas partes; podías verlo en la gente que compraba y construía sus casas. Los bares, discotecas y cantinas estaban siempre llenos, los taxis circulaban alegres por las calles al ritmo de narcocorridos y los restaurantes se mantenían llenos. La vida en Bluefields era alegre, ya sabes cómo somos los caribeños. Se gastaba mucho dinero, pero no había respaldo con trabajo. Por eso decían que toda esa plata que circulaba tenía su origen en el lavado y trafico de drogas. Ese estigma no se nos va a quitar por muchos años”, dijo Juan, un líder local.

 

21 de marzo de 2023.

Foto: Internet.


lunes, 23 de noviembre de 2015

LA POBRETERÍA DE NUEVA GUINEA ES MI CLIENTELA

Siempre me ha llamado la atención un pequeño tramo ubicado de el monumento de Nueva Guinea una cuadra hacia el oeste. En diversas ocasiones he visto a decenas de campesinos y campesinas aglomerados alrededor de ese espacio que mide 1.30 mts. de ancho por seis de largo. Está ubicado en la propia esquina y siempre veo clientes que lo frecuentan. Fui a comprar tres libras de Urea y vi los diferentes productos que vende Delvis Hurtado, su dueño.

    ¿Desde cuándo tenés este negocio?

Comencé en el año 2003. Antes trabajaba para varias empresas, entre ellas CISA-AGRO y una empresa de exportación de hortalizas. También en el liceo agrícola de Juigalpa como docente por doce años y en la Escuela Normal. Por destinos de la vida vine a parar a Nueva Guinea. Un amigo que estaba en los Estados Unidos se vino para Nicaragua y le ofrecieron un trabajo en CISA AGRO exportadora y, como él estaba pagando una moto en el INTA, me dijo que me fajara en el trabajo. Fui a la entrevista, después de diez personas que estaban entrevistándonos yo me quedé. Así vine aquí en el 2001. Clasifiqué porque esa era mi área, como fui profesor de agroquímicos en el Liceo, lo que me preguntaban era de eso, era pan comido.

Al inicio no me gustaba Nueva Guinea porque aquí di el servicio militar en todas esas montañas, mucho llovía en esos tiempos. Me entrené en los BLI (Batallón de Lucha Irregular) en la escuela que estaba en Los Pintos, pero cuando probé el agua río el Zapote me quedé. Mi familia es de Juigalpa, trabajo de lunes a viernes y me voy para allá los sábados.

    ¿Cómo surgió la idea de establecer este negocio?

Este negocio ha sido una escuela durante catorce años, esto era como un sueño que tenía desde niño; por ejemplo, la venta de semillas en paquetitos de 20 pesos era un sueño. Fui creado en un ambiente de agricultura. La gente vendía sólo en tarros grandes y como era muy pobre no podía comprar, por eso pensé siempre que un día iba a hacerlo. Cuando vine a Nueva Guinea lo primero que hice fue conocer a fondo la situación, así descubrí que hay unas 20 mil casas, que la tenencia de tierra es bien estable y que había una gran oportunidad de vender en pequeñas cantidades, en todas la presentaciones de un litro para abajo. Por eso le caí mal a un montón, al MAGFOR, al INTA, a los que regulan los agros servicios. Ellos no aceptan la realidad de que si un productor quiere un litro de herbicidas para compartirlo con diez se puede a 100 c.c. cada uno, pero pensé que yo se los podía ofrecer de manera directa, esa es mi manera de trabajar. Entonces lo vi factible, pensé en abastecer al menos un diez por ciento de los productores porque aquí hay más de 50 mil.

    ¿Quiénes son tus principales clientes?

La pobretería de Nueva Guinea es mi clientela. La personas que tiene una, cinco o diez manzanas. Me propuse abastecer hasta a las amas de casa, porque los solares de las casas son grandes, siempre hay malezas porque llueve todo el año, aquí hay hasta dos aguinaldos de lluvia, entonces hay que vender herbicidas, productos para fumigar los zancudos, ayudarle al MINSA que fumiga las casas en campañas, acabar con las cucarachas y los ratones. Por eso me propuse contar por lo menos con diez productos para eso, pero comencé con unos 200 productos con una inversión inicial pequeña. Si aquí hay 20 mil solares, un 10 por ciento me va a comprar a mí. Ellos necesitan cosas pequeñas y allí participo yo, pensé. Pero hay que comprar el producto y sobre todo de la mejor calidad porque si es malo el cliente te compra una sola vez. Compro el litro o el kilo y los re-envaso en pequeñas cantidades, de un litro de gramoxone hago ocho vasitos de 30 pesos. Si el litro me cuesta 150 más las otras cosas que invierto, me queda una ganancia de unos 80 a 100 córdobas dependiendo de la época.

Vine a Nueva Guinea con un sueño, una meta, una visión pero lo mejor es que me bañé en el Zapote y lo que hice con este negocio es como estar en un paraíso, a la gente le encanta, vienen y me dicen “deme cinco paquetitos de semilla” y yo les doy una extra, entonces eso les gusta.

    Por ejemplo, esa chavala que está allí, ¿qué te viene a comprar?

No, ella no anda comprando, ella es mi hija.

    ¿Anda de visita?

No ella vive aquí, es hija de otra mujer, es hecha con el mismo molenillo pero en distinta jícara, es consecuencia de beber agua del Zapote. Es hija de una chinandegana y estudia agronomía en la universidad URACCAN.

    Entonces, ¿te da para todo el negocito?

Así es, me da para comer, para tener agua, calabaza, miel y zacate para la burra.

    ¿Cómo fue el conflicto con las autoridades que regulan los agros servicios?

Fue un fuerte conflicto porque ellos no comprenden la visión. El gobierno lo tiene claro; impulsa el programa hambre cero, entregándole a los pobres del campo una vaquita, dos cerdas y un verraco, diez gallinas y un gallo, semillas de hortalizas, etcétera, pero los de abajo, los empleados, no entienden esa visión aunque sean ingenieros. En Nicaragua lo prohibido es prohibido, lo único prohibido es el narcomenudeo, después todo es permitido. Si compras un quintal de maíz lo podes vender en libras si querés, y así vivimos, sobrevivimos miles de nicaragüenses pero no todo mundo entiende eso. Por ejemplo, si una persona compra un perrito de raza como mascota, no va a comprar un litro de desparasitante, va a comprar lo que necesita. Aquí vendo semilla certificada de maíz, compró el quintal y luego lo empaco en bolsas de una, dos y cinco libras y le garantizó la viabilidad al productor al igual que las semillas de hortaliza.

Eso es lo que hago en este negocio, facilitarles a los productores y productoras de escasos recursos el acceso a los insumos según sus necesidades que son pequeñas en relación a los medianos y grandes productores. Hace quince años aquí nadie sembraba zanahoria, remolacha y repollo, ahora sí, esa es la idea que siembren de todo para contrarrestar el gran caballo negro del apocalipsis: la hambruna. Yo he visto gente comprando en el PALI cilantro y yerba buena y aquí crecen como maleza, por eso compro la semilla y la empaco en bolsitas para que la gente la siembre en sus patios, en el jardín, ya sea en maceteros o en llantas. Lo mismo hago con la papaya, compro la semilla y la vendo aquí. Todo es con el fin de que produzcan alimentos porque cada vez la carestía de la vida va en aumento. En Nueva Guinea, donde tenemos aguinaldo de lluvia, hasta de dos meses más, tenemos que aprovechar para producir alimentos, vender los excedentes para la gente del Pacifico que padece de la sequía y como consecuencia de hambre.

    Entonces, ¿es con el MAGFOR que tenés problemas?

Pues fíjate que poco a poco tienen que ir aprendiendo. Te lo digo porque gubernamentalmente está aprobado. Si el gobierno se ha dado a la tarea de entregarles a los pobres el bono productivo, alguien debe abastecerlos de las pequeñas cantidades de insumos que requieren.

    Pero,  ¿cuál es el planteamiento del MAGFOR?

Dicen que está prohibido, que está prohibido re-empacar. Pero cómo va a ser prohibido si lo que tenemos que hacer es buscar cómo sobrevivir. Además, intelectualmente estoy preparado para hacer esto.

    Entonces, ¿cómo haces para operar?, ¿tenés permisos como los otros?

Yo tengo permiso para vender todo. Tengo un permiso de comerciante y pago todos mis impuestos. Deberían de dármelo porque mi negocio es único y como este deberían de existir similares en todos los municipios. Ellos quieren homogenizar  todo, todo. No entienden que la economía es frágil y es por eso que vendo en presentaciones pequeñas para abastecer a los pobres. Si la constitución no me prohíbe vender, seguiré haciéndolo.

Un grupo de siete campesinos se acercaron al tramo y Delvis dejó de atenderme por darles prioridad a ellos. Me despedí de él, comprendí la lógica de su negocio y recordé a la señora de una pulpería de la zona 6 que vende frijoles cocidos por tazas a su clientela que, por falta de dinero o tiempo, recurren a ella todos los días. 


17/Noviembre/2013