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lunes, 23 de abril de 2012

EL DERROCHE DE AGUA EN NUEVA GUINEA

El sistema de agua potable de Nueva Guinea, inaugurado en el año 1993, fue diseñado para abastecer a 1500 usuarios del “casco histórico” de la ciudad. Desde el rio el Zapote, ubicado al suroeste del casco urbano, mediante una represa se capta el agua que es bombeada a la planta de tratamiento y posteriormente a los tanques de almacenamiento para distribuirse por gravedad. Según la filial de ENACAL, durante el año 2011, desde el río se bombearon 1.74 millones de metros cúbicos de agua y 1.25 desde la planta a la red de distribución.

La planta de tratamiento es subutilizada. De diez floculadores cinco funcionan y dos de tres sedimentadores. Por el lavado de ambos se pierden 28,800 metros cúbicos (7,6 millones de galones) anualmente al ser vertidos a una quebrada sin retornar al rio. Esa cantidad equivale al 2.3 por ciento del agua tratada en el año 2011 y, si la restamos del agua bombeada desde el río, existe una diferencia anual de 463, 268 metros cúbicos (122.2 millones de galones) con el agua tratada y bombeada desde la planta, lo que significa que únicamente se distribuye el 72.9 % del agua extraída. La diferencia, el 27.1%, equivale a 3.2 meses de agua bombeada desde el río y 4.5 meses del volumen tratado y distribuido por la planta hacia los tanques de almacenamiento. ¿Qué sucede con esa cantidad de agua? ENACAL debe brindar las respuestas debidas.

De dos tanques de almacenamiento se utiliza uno con capacidad de 250 mil galones y una pila de 150 mil ubicados a 229 metros sobre el nivel del mar (msnm). Una vez llenos, el agua es distribuida a la población por gravedad y se precipita velozmente hacia las zonas bajas (menos de 205 msnm) tales como el sector de “la montañita”, la ultima calle ubicada al sur de las zonas tres, dos, el sector de las cantinas del río El Zapote y ciertos lugares de las zonas uno y cuatro.

En las zonas bajas el agua se derrocha; mantienen llaves abiertas las veinticuatro horas del día y negocian con ella mediante lavaderos de carros, camiones y raíces y tubérculos. Hasta que cierran las llaves y el nivel del agua sube, en horas de la madrugada, los habitantes que viven arriba de los 205 msnm (zonas 5, 6 y 7) logran, si es que les llega, almacenarla en baldes y tanques.

Actualmente se atiende a 4800 usuarios, de los cuales el 30 por ciento no posee medidor que controle su consumo. También existen centenares de familias conectadas ilegalmente a la red de distribución ocasionando altos niveles de desperdicio. Los “tubos madres” del sistema son antiguos y se rompen con facilidad, provocando fugas prolongadas debido a carencia de equipos y herramientas adecuadas para resolver situaciones de emergencia en pocas horas.

El caudal del rio tiende a bajar y para muchos la problemática se debe al cambio climático global. Desde la década de 1990, el río El Zapote ha sido objeto de intervención de varios proyectos para reforestarlo, capacitar a los productores y a la población de la colonia Los Ángeles, ubicada en la zona alta de la cuenca. Los resultados se observan solamente en informes de esos proyectos. ¿Dónde está el impacto de miles de dólares invertidos en la cuenca del río?

Para reducir el derroche del agua y garantizar sostenibilidad, ENACAL debe evitar pérdidas mejorando la gestión del agua extraída del rio, reciclando el agua vertida en la quebrada, regulando la distribución mediante llaves de pase y aplicando el peso de la ley en los usuarios derrochadores. De igual manera, es prioritario que brinde mantenimiento adecuado a la planta, aumente la capacidad de  almacenamiento con nuevos tanques ubicados a mayor altura para abastecer las zonas altas y fortalecerse con medios técnicos para resolver situaciones de emergencia sin suspender por días la distribución.

El gobierno municipal no está exento de responsabilidades y debe coordinar acciones con ENACAL para contribuir a resolver la problemática, aun cuando no le signifique ingresos, porque todos tenemos derecho a un servicio de calidad y sostenible, razón suficiente para que se involucre activamente en el marco de la ley 620, “Ley General de Aguas” y, en conjunto, generen conciencia ciudadana mediante programas de sensibilización sobre el valor del agua.


Ronald Hill A.
La Colina
Nueva Guinea, RAAS.
Viernes, 20 de abril de 2012