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lunes, 29 de noviembre de 2010

VOLVAMOS A SOÑAR


Foto: Flick/nicacatra/©
Los sueños son solo eso, dicen muchos. De qué sirve soñar, si al despertar nos enfrentamos a una realidad que perturba lo más profundo de nuestro ser, dislocando nuestros sentidos hasta convertirnos en seres humanos indiferentes a casi todo lo que ocurre a nuestro alrededor, argumentan otros. Se refieren a ellos considerándolos únicamente como la actividad anímica del durmiente durante el estado de reposo.

Algunos dicen que soñar es cosa de niñas y niños. Construyen castillos de fantasía y el tiempo se encarga de destruirlos, al tener conciencia de las normas y reglas que los adultos hemos tejido para que se sujeten a ellas. Los soñadores son sólo eso, soñadores que puedes ver por todos lados, con vidas contrarias a las imaginadas, truncadas por ser impertinentes, desperdiciadas por un sueño inalcanzable, señalan otros.

¿Soñar despierto? Imposible. Nuestro tiempo no podemos desperdiciarlo en irrealidades. La vida agitada, abrumadora, donde actuamos como depredadores de nuestra propia especie, compitiendo contra todo y todos por espacio, empleo, dinero y reconocimientos, sin importar los daños que podamos ocasionar en nuestra frenética marcha de ambición y sobrevivencia; no podemos darnos el lujo de desperdiciar nuestro tiempo en quimeras.

La utopía dejó de ser colectiva y, sin darnos cuenta, se apropiaron de ella, es propiedad privada y los que la atesoran marcan las pautas con la intención de que actuemos sin ilusión propia. La convirtieron en partidos políticos, en poderes perversos del Estado, en campañas de propaganda electorera, en pintas grabadas en las paredes, en mensajes enlatados, vomitados miles de veces por los medios de comunicación para adormecernos; en cuentas bancarias a nombre de testaferros, en empresas que surgieron de la nada con efectos nefastos, manifestados en un pueblo hambriento; en niños que deambulan por las calles mendigando, en ingenieros sin ingenio, doctores vende brebajes contra todos los males, maestros sin vocación, profesionales sin empleo, en sexo que se oferta en las calles bajo la luz de los rótulos que reflejan brillantes sus eslogan y marcas.

Tratan de quitarnos hasta lo más íntimo, la posibilidad de soñar un mundo diferente. Debes pensar como ellos, tener sus mismos sueños aunque estés despierto, acompañarlos en sus marchas, en la promoción de sus nuevos productos, en sus batallas de garrotes y piedras, en sus restituciones de todo, arrogantes ante el derecho ajeno, porque de lo contrario no encuentras trabajo en sus instituciones ni empresas, y si lo tienes y no lo haces, caes nuevamente en la bruta y cruel realidad: desesperación, hambre y pérdida de autoestima. ¿Soñar con esa realidad?  Imposible, no más pesadillas.

Pero es posible cambiar la realidad, si todos, juntos a la vez, soñamos más allá de lo que a nuestro alrededor nos agobia; es cuestión de concentración, focalizarnos en lo deseado, en buscar el momento oportuno, el impulso necesario para convertirlos en realidad. Después de casi cinco décadas soñamos lo increíble y terminamos con una de las dictaduras más nefastas de Latinoamérica, ante la admiración del mundo entero; un día, luego de varios años de guerra entre hermanos, soñamos con la paz y la logramos.

¿Podemos encontrar en estos tiempos algo que nos unifique alrededor de un mismo sueño? Algo que esté por encima de defender la soberanía nacional, de lo cotidiano apremiante, de necesidades individuales insatisfechas; de partidos políticos que nos dividen como un cerco de espinas y al cruzarlo hiere y marca para siempre; mayor que la acumulación desesperada de riqueza; mayor al ejercicio del poder, que termina con quienes lo ejercen en un estado esquizofrénico, vacíos y arrinconados en los libros de historias mal contadas; algo que durante miles de años, en su búsqueda, la humanidad ha derramado sangre, derribado murallas y reventado cadenas; algo que no tiene precio, pero sí valor, un valor propio del ser humano, humanizador: el libre albedrío, la libertad. ¡Por supuesto que sí! Por ello vale la pena soñar. ¡Volvamos a soñar y reinventemos la utopía para convertirla en realidad!

 
Ronald Hill A.
La Colina
Nueva Guinea, RAAS
hillron@hotmail.com
Sábado, 27 de noviembre de 2010

jueves, 25 de noviembre de 2010

LA NUEVA GENERACION DE FUNDADORES

El primero de marzo de 1965, diecisiete campesinos pobres, que vivían en chozas de paja ubicadas en callejones de fincas en Carazo y Somoto, se encontraron en el Empalme de San Benito para iniciar la aventura de colonización más importante en la historia moderna de Nicaragua. Estos campesinos, entre ellos dos mujeres, motivados por el reverendo Miguel Torres, quien les había dicho que en la zona de Zelaya existían tierras libres, estaban convencidos de que allí encontrarían lo que buscaban y, además, que serían los pioneros de la fundación del primer pueblo de evangélicos en Nicaragua.

Junto al reverendo y varios funcionarios del entonces Instituto Agrario de Nicaragua (IAN), emprendieron camino hacia el corazón de la jungla, guiados por el pastor Uriel Gómez y Benito Luna, quien había sido un experto raicero y hulero de la zona. Avanzaron hasta donde llegaron los vehículos y después por un extenso trecho de cincuenta y dos kilómetros que sólo era transitable a pie, abriéndose paso al filo del machete.

Luego de cinco días de caminata, el 5 de marzo de 1965, llegaron a una inmensa zona boscosa. Encontraron un verdadero paraíso, el “Edén” del trópico húmedo. Toda la riqueza de la naturaleza fue descubierta y aprovechada por estos pioneros. Una montaña con diversidad de bosques primarios que alojaba múltiples especies de animales, atravesada por ríos y quebradas de aguas claras que les brindaban todo lo necesario para vivir. Fue así que iniciaron a construir sus primeras casas con techo de suita y paredes de tambor rajado; recolectaban frutos, pescaban y cazaban animales para sobrevivir en un mundo diferente a las secas e infértiles tierras de donde salieron.

Ese es el inicio de una historia sobre la que muchos han escrito; algunos apegados a la verdad y otros con exagerada imaginación elevando a niveles de epopeya los hechos, y de héroes y benefactores de las generaciones actuales a esos hombres de carne y hueso que buscaron y lograron mejorar sus vidas al llegar a “su luz en la selva”. Incluso, los que forman parte de la tercera generación de esos primeros diecisiete y otros que cada vez incrementan la lista, quisieran que los habitantes y autoridades de Nueva Guinea les rindan tributo celestial haciéndose merecedores, en muchos casos, de prebendas ya saldadas.

Con el IAN y el posterior Proyecto de Colonización Rigoberto Cabezas (PRICA), a esos “fundadores” se les entregó lo establecido en su momento: una hectárea de tierra para construir su vivienda y desarrollar economía de patio, criar gallinas y cerdos. Además, se les concedió una parcela de cincuenta hectáreas alrededor de la colonia de Nueva Guinea para cultivarla, facilitándoseles el apoyo necesario. Con el correr de los años, muchos de ellos, por diferentes motivos, se fueron deshaciendo de sus parcelas, bien por herencia o por venta ante la demanda creciente de tierras. La hectárea de tierra otorgada en el actual casco urbano también fue fraccionada, vendiéndose en lotes a pobladores necesitados de terreno para construir su vivienda o heredándola a sus familiares. Producto de ello, hoy se erige en esos antiguos lotes la cabecera municipal de Nueva Guinea.

En conmemoración de aquel hecho se celebra la fundación de Nueva Guinea cada 5 de marzo y los pocos fundadores que quedan, junto a los nuevos, hacen un desfile pomposo con carrozas por las principales calles de la ciudad. Su lucha es incesante y muchas de sus demandas han quedado obsoletas con el paso del tiempo.

La nueva generación de fundadores debería enfilar sus banderas de lucha contra la corrupción de organizaciones civiles donde sus “líderes” forman parte, ejercer presión sobre los gobiernos municipales para convertir las calles, lodosas en invierno y polvorientas en verano, en dignas de una ciudad; en la demanda justa contra los deficientes y encarecidos servicios de agua potable y energía eléctrica; por un mejor transporte colectivo hacia las comunidades rurales; en denuncia y clamor de justicia por la violación de niñas y niños; contra los altos índices de violencia doméstica donde el macho campesino se ensaña en la mujer; en la conservación y recuperación del bosque húmedo tropical y en la búsqueda del bien común que los nuevos tiempos exigen. Sus ancestros, osados y emprendedores, regresarían a encabezar sus demandas, obtendrían nuevos triunfos, unirían diversas voces y descansarían en paz.

Ronald Hill A.
La Colina
Nueva Guinea, RAAS
Viernes, 19 de noviembre de 2010

domingo, 21 de noviembre de 2010

ZELAYA CENTRAL: UN RETO AL PROCESO AUTONOMICO

Una de las zonas más ricas de la RAAS está conformada por los municipios de El Rama, Muelle de los Bueyes, El Ayote y Nueva Guinea. La riqueza se materializa en la actividad económica y en su población, la mayoría mestizos que han emigrado desde los años cincuenta hacia esta zona del país. Siempre fueron parte del departamento de Zelaya, vigente de 1930 a 1987 cuando se aprobó el Estatuto de Autonomía de la Regiones Autónomas de la Costa Atlántica de Nicaragua. Durante el período 1982 a 1987 formaron parte de la Zona Especial II y pasaron a llamarse Zelaya Central por las autoridades nacionales y de la Región V.

La lógica de esta nomenclatura territorial fue forzada principalmente por ser escenario de guerra con amplia base de apoyo y sustento de la Resistencia, además de la gran dispersión territorial, la cultura campesina, la distancia e incapacidad de ser atendidas por la Zona Especial II cuya cabecera era Bluefields. Resultaba más lógica su atención desde Juigalpa, sede la Región V.

Al ser aprobado el Estatuto de la Autonomía, en 1987, se estableció en el título VI, artículo 42, que “las zonas que se encuentran actualmente bajo otra jurisdicción se incorporarán a su respectiva Región Autónoma a medida que las circunstancias lo permitan y que éstas sean definidas y determinadas por la Región Autónoma respectiva en coordinación con el Gobierno Central”.

Desde que se aprobó el Estatuto de la Autonomía hasta la fecha han transcurrido 23 años y tal parece que no se han dado las circunstancias para que los municipios de la zona llamada Zelaya Central se incorporen a la RAAS, lo que ha generado diferentes propuestas de separación.

En 1996 se presentó en la Asamblea Nacional la iniciativa para constituir el departamento 17 del país llamado Departamento de Zelaya Central, lo que no tuvo, por parte del Ejecutivo y la Asamblea Nacional la aceptación debida y hoy duerme en los archivos de la Comisión de Defensa y Gobernación.

Recientemente se ha resucitado dicha propuesta con el nombre de Sub-Región de Zelaya Central aglutinando a los mismos municipios y se argumenta para su creación la falta de atención por parte de la RAAS, la cultura mestiza y campesina de su población, el potencial productivo de los mismos. Y descaradamente los políticos de estos municipios juegan con sentimientos xenófobos aduciendo que “los negros no nos pueden gobernar porque no piensan como nosotros, que no comemos rondón ni coco, son haraganes y corruptos". 

Esta nueva propuesta ha transitado hasta culminar con la ambición de ciertos diputados de la RAAS de crear una Tercera Región Autónoma de la RAAS llamada Región Autónoma de Zelaya Central, aduciendo los mismos planteamientos para obtener su reelección.

La autonomía es política, como establece su Reglamento, y esto implica la facultad de elegir a sus propias autoridades mediante el voto universal, igual, directo, libre y secreto. A la igualdad ante la ley se le suma la igualdad de oportunidades. Se asume que para que las personas tengan capacidad real de elección e intervención en igualdad de condiciones no basta con afirmarlo formalmente, hay que generar sus condiciones de posibilidad. El Consejo Regional las puede crear estableciendo una resolución, por mayoría plena de sus miembros, que permita a estos municipios tener consejeros que pueden ser nombrados directamente por los consejos municipales, bien a los mismos concejales o los que el gobierno municipal determine con la participación activa de la sociedad civil de cada municipio. Los costes de inserción de éstos pueden ser asumidos por los gobiernos municipales de manera transitoria. La representación en el Consejo Regional de la RAAS ya no sería únicamente por grupos étnicos sino también por territorios, es decir que de los 45 concejales al menos ocho de ellos serían representantes de los municipios de El Rama, Nueva Guinea, Muelle de los Bueyes y El Ayote, nombrando al menos a dos cada uno.

El Consejo Regional de la RAAS, los gobiernos municipales y el Gobierno Central deben lograr acuerdos y elaborar una propuesta para que en las próximas elecciones de autoridades regionales se logre concretar una elección con la participación activa de todos los ciudadanos, en el marco de la Ley Electoral, la cual debe ser reformada para tal efecto. Solamente así se lograría la integración real de estos municipios y la RAAS sería fortalecida en lo territorial, político, social y económico propiciando mayores espacios para desarrollar un buen gobierno y la gobernabilidad democrática que los ciudadanos aspiramos, por el futuro de las nuevas generaciones.
http://hillron.mediashare.com/?selectedalbum=hillron492589

Ronald Hill A.
La Colina
hillron@hotmail.com
Nueva Guinea, RAAS

jueves, 18 de noviembre de 2010

EL AGUA DE ENACAL Y LA DE LOS FRIJOLES

Ayer llovió a eso de las cuatro de la tarde. Don Benito había llegado de visita minutos antes. Me sorprendió, tenía rato de no verlo, igual que el sonido de las gotas de agua sobre el techo de zinc. Hace más de veinte días que no llovía y, muy temprano en la mañana, decidí abrir la llave del medidor de agua de ENACAL para regar las plantas frente a mi casa. Que descanse el pozo, pensé. La tierra ya presenta grietas, síntomas de sequía.

Después de los saludos me habló del problema de agua que andaba resolviendo en ENACAL. Sin gastar mucha agua cobran demasiado y ya he hecho varios reclamos, dijo sacando de la bolsa de la camisa tres recibos de agua. Mírelos, me dijo. Los revisé y en efecto aparece una deuda de más de tres mil córdobas. Y como resolvió el problema, le pregunté. Pues me bajaron la deuda hasta seiscientos córdobas y con un plazo para pagarla de tres meses, dijo con decepción en su cara. Para no estar en este problema y salir ya de esto, tuve que aceptarlo, agregó. Debe estar pendiente del medidor y del que llega a medirlo, le dije. Si uno se descuida le ponen la cantidad que quieren. Además, cierre la llave después que se ha ido el agua y cuando vuelven a bombear, al día siguiente, ábrala una media hora después. Porqué, me preguntó. En el sistema de agua potable, en los tubos de la red de distribución, no tienen instalados filtros por donde escape el aire y cuando bombean agua de los tanques, lo primero que pasa por el medidor es un chorro increíble de aire y el medidor lo mide como agua, le dije. Ve hombre, es cierto, en la mañana se escucha el zumbido de aire antes que llegue el agua, dijo con ánimos, como quien dice ya no me van a seguir jodiendo.

Mientras platicábamos llovía. Una lluviecita babosa, pendeja, pero refrescó la tarde y la noche se puso agradable. Le ofrecí una taza de café y me bebí un té de manzanilla. Mucho café estoy tomando y el estómago se comienza a resentir, el doctor me mandó a tomar una capsulas dos veces al día y Magnun cuatro veces, dos cucharadas por la mañana y dos por la tarde, le explique.

Los frijoleros deben de estar alegre, le dije. Si amigo, ojalá que sea una buena señal, debe ser el cambio de la luna, dijo. Son como unas 30 mil manzanas de frijol las que se siembran en esta época de apante en Nueva Guinea con las que se cosechan unos 360 mil quintales. Todos los campesinos tienen ya preparada la tierra, están a la espera de esta agua, ya era hora que cayera, dijo. La cosecha sale entre febrero y abril. De ella dependen miles de familias que se dedican a este cultivo y muchas de ellas se asientan en la zona exclusivamente en esta época del año, ayudando a familiares, alquilando tierras o trabajando a media con otro. El problema de siempre es que llueve mucho al momento del arranque y secado perdiéndose la cosecha o sino llueve bastante al inicio y luego se pierden las lluvias con cosechas malas, dijo con sabiduría campesina.

Pero si les va bien se echan los billetes, le dije. Sí, eso sí, a como está el precio ahorita se chinean, dijo. Como es la vida, yo ando preocupado por el recibo de ENACAL, que al final es una tontera, que tal que estuviera con la tierra preparada para sembrar frijoles, siembra que me daría para comer una buena parte del año, pagar deudas y que no lloviera, dijo levantando la cabeza y arrugando el ceño. No estuviéramos platicando de esto, le dije. Por eso yo siempre siembro sólo para la comida, lo que me gusta es el ganado, nunca se pierde. Lo bueno de la agricultura es que se necesita poca tierra, en poquito se trabaja, pero es muy riesgosa, dijo.

Sonó su teléfono celular y luego de hablar varios minutos, se despidió diciéndome “salúdeme a la doña cuando hable por teléfono con ella a la yunai”. Al montarse en su jeep, gritó: ¡Mañana abro la llave del agua después que pase la tormenta de aire!

Ronald Hill A.
La Colina
Nueva Guinea, RAAS
Miércoles, 17 de noviembre de 2010

martes, 16 de noviembre de 2010

LA IMAGEN DE LA COSTA CARIBE DE NICARAGUA

Cuerpos sin vida flotando en las turbias aguas del río, confundidos con canastos de alimentos, tanques de gas butano y animales. Decenas de personas alrededor del muelle, en pangas y botes de canalete, tratando de auxiliar a los pasajeros que nunca llegaron a su destino previsto. Esa fue la imagen de la tragedia del Promar 59 en El Rama. Fue una más de las tantas que se viven a diario en las Regiones Autónomas de la Costa Caribe Nicaragüense. Son cientos de imágenes de tragedias las que el pueblo caribeño de Nicaragua ha vivido a lo largo de la historia. Muchas de ellas nunca vistas por el resto del país sino hasta los últimos años con el desarrollo de las comunicaciones y los medios de información.

Recordar tantas de esas imágenes no es nada grato pero perduran en lo más profundo de nuestras mentes. Los cuerpos de miembros de la Policía Nacional asesinados en su propio cuartel, crimen que aún hoy día no se esclarece; el asesinato de Francisco García Valle en su propia casa de habitación por supuestos sicarios; miles de casas desbaratadas y dispersas después del paso de huracán Juana por Bluefields: el éxodo de miles de familias miskitas hacia Honduras huyendo de su tierra por temor a perder la vida ante el conflicto armado que azotó y casi extermina a uno de los principales grupos étnicos del país; hambruna en las riberas del río Coco por ataque de ratas a los cultivos; jóvenes flacos y amarillos que deambulan por las calles como zombis realizando actos delincuenciales motivados por el consumo de cocaína o piedras de crack; pescadores de cultura milenaria convertidos en pescadores de la droga que los narcotraficantes abandonan en alta mar; carreteras en pésimo estado con promesas anuales de ser reparadas y las que al ser transitadas, por el viajero frecuente entre Managua y Bilwi, el tiempo le parece interminable; matanza entre hermanos por el derecho a la tierra; bosques preciosos arrasados por mafias bien organizadas de madereros; miles de buzos que mueren producto del síndrome de la descompresión; gobiernos regionales electos por la voluntad popular que traicionan los principios de la autonomía y a su sufrido pueblo con actos de corrupción e ineficiencia en la administración pública y más, mucho más.

En el IV Simposio Internacional de la Autonomía celebrado en el mes de septiembre del año 2004 se organizó una mesa temática en la que se abordó el tema de la “imagen de la Costa Caribe”. Diversos argumentos de los participantes insistían en que los medios de comunicación venden la imagen negativa de la Costa Caribe, la noticia sensacionalista y el amarillismo. El pronunciamiento de la mesa señala enfáticamente que “los medios nacionales difunden una imagen intolerable sobre los pueblos indígenas y comunidades étnicas de la Costa Caribe nicaragüense”, y es válido, porque al hacer un balance entre imágenes gratas y cautivadoras que contribuyan a la promoción del desarrollo del Caribe nicaragüense y las de la tragedia, la balanza se inclina hacia estas últimas.

¿Quién tiene la responsabilidad de crear la imagen que se desea transmitir de la Costa Caribe nicaragüense, esa imagen que los costeños deseamos? Desde mi perspectiva la imagen no se puede crear únicamente desde la costa, la responsabilidad es de todos. Del Gobierno Central adoptando una posición real, sincera y comprometida con el proceso autonómico y la aplicación de las leyes que del mismo se derivan, de las instituciones del Estado cumpliendo de manera eficiente con sus deberes en beneficio de los habitantes del Caribe, de los miembros de los Gobiernos Regionales cumpliendo fielmente el juramento que hacen al asumir sus cargos, de los alcaldes y sus concejales cumpliendo sus deberes y obligaciones con austeridad, eficiencia y entusiasmo, de la cooperación internacional apoyando proyectos que surgen de las propias comunidades y, por último, de los costeños asumiendo con responsabilidad la ciudadanía para participar activamente en la construcción, con hechos cotidianos que dispersos se van juntando, de la imagen deseada.

El reto es inmenso, tenemos la posibilidad y responsabilidad de crearla para difundirla por encima de la tragedia.

Ronald Hill Álvarez
La Colina
Nueva Guinea, RAAS. Nicaragua.
Publicado en La Prensa el 4/02/06

viernes, 12 de noviembre de 2010

EL CALLEJON OLVIDADO

I

¡Pasajeros del vuelo 453 de American Airlines con destino a la ciudad de Miami, por favor pasar a chequeo en la sala de migración! ¡Se les recuerda llevar a mano su pasaporte y boleto de embarque! ¡Este es el primer llamado! Esa voz de mujer, oculta tras los altoparlantes, sosegadora de angustias, hace que Joseph Norton se levante, abandone los pensamientos nostálgicos y se dirija a una vida nueva, a la aventura esperada por años, al trabajo de navegante. Ha logrado su sueño de ser un ship out man.

Se encuentra solitario, sus familiares están reunidos en Bluefields, tan anhelantes como él. Minutos antes ha conversado con su madre por teléfono. Le ha dicho que siempre se encomiende a Dios, que estará en sus plegarias y que nunca olvide su gente, sus raíces y su historia. Por su parte, Benjamín, su padre, le ha dicho: “no te preocupes, cuidaré a tus hermanos menores y a tu madre, disfruta el trabajo, descubrirás el mundo, la vida es corta y pronto volveremos a estar juntos, no tienes nada de qué avergonzarte, debes ser fuerte y evitar problemas”. Al abordar el avión y acomodarse en la sección 24C su ansiedad disminuye. Está nervioso, es su primer vuelo. Al elevarse la aeronave, sus recuerdos retroceden en el tiempo, vuelan hacia su barrio y al callejón donde ha crecido.

— ¿Vas a llamarme por teléfono? —pregunta Ivy con lágrimas que transitan amargas por sus mejillas.
— ¡Sí, mi amor, no habrá un día en que deje de hacerlo! —responde Joseph al mismo instante que se levanta de la cama en busca de su ropa. La observa frágil, dolida por la despedida.
— ¡Prometo esperarte toda la vida si es necesario! ¡Nada ni nadie podrá evitar que te siga amando! ¡Mi amor es sólo tuyo y para siempre! —concluye Ivy mientras Joseph se acerca a ella, toma su mano y le pone un anillo de compromiso en el dedo anular izquierdo.
— ¡Mi amor, mi vida!, ¡siempre he esperado este momento! —dice Ivy y se aferra a él como una niña con el corazón palpitante de emoción, con la alegría que le brinda la confirmación del anillo. Lo conoce bien, desde que eran niños y jugaban por todos los rincones del callejón de Beholden. Está segura que cumplirá la promesa.

Joseph recuerda este momento con dolor por la separación de su novia, amiga y cómplice de penas y sueños. Regresan a su mente los primeros besos que a escondidas se dieron bajo el viejo cocotero plantado en una de las esquinas, testigo de su amor y de la vida tormentosa y desesperada que se filtra desvaneciéndose en el callejón. Su padre le ha dicho que de nada debe avergonzarse y esas palabras inhiben lo más profundo de su existencia.

Se encuentra en la entrada principal del callejón, entre la esquina que lleva a la casa de Stubbs y la calle en dirección a la iglesia San Martín. Aún no cumple los dieciséis años. Asiste a clases en el colegio de Breda Wine por la mañanas y por las tardes ejerce las funciones de enlace entre los asiduos visitantes y extraños que recurren en busca de lo prohibido. Todos lo conocen, es el que media entre la ansiedad y la felicidad, entre la realidad y la fantasía, es la conexión con el mercader de la droga: cocaína, crack y la yerba que exalta sonrisas y pensamientos profundos. Sin él nadie logra lo deseado. Conoce a todos y le es fiel a Zangó, el hombre, el rey del callejón, el mercader invisible.

— ¡Nunca te atrevas llevar a mi casa a una de esas almas en pena! —dice Zangó. Ni que se trate del presidente del consejo regional, ni el alcalde. Ninguna persona puede conocer mi casa.
— No te preocupes, ninguna persona cruzará el callejón en tu búsqueda —le asegura Joseph. Inquieto le pregunta: ¿cómo haces cuando te buscan por las mañanas, cuando estoy en clases?
— Eso no es asunto tuyo. Tu puesto está cubierto por otra persona que no conoces ni debe interesarte —responde el mercader mientras asoma la cabeza a través de la ventana que está contigua al andén principal del callejón.

Zangó es misterioso, cauteloso y desconfiado como una fiera herida. Por las mañanas, mientras Joseph acude a la escuela, Dorothy, una muchacha de quince años que estudia por las tardes, ocupa su puesto. Durante su turno de enlace pasa inadvertida pelando cocos secos con un machete corto y filoso, acomodada en un banco de madera bajo la sombra de un árbol de pera de agua. Ese es su señuelo, pelar cocos, así es identificada por los tránsfugas de la realidad, evasores de penas y por los que se prestan a adquirir el boleto a ello.

Ambos han sido reclutados a través de familiares cercanos necesitados de la misma mercancía y por la carencia del dinero en el hogar familiar. Son los tiempos en que el trabajo ha abandonado Bluefields y únicamente pueden adquirirlo los que se han involucrado en actividades políticas y partidistas. La chamba es escasa y acarrear maletas de turistas en los muelles o salir a pescar a la bahía no alcanza para las necesidades crecientes de las familias. Zangó, de manera cumplida le entrega semanalmente a Joseph un sobre con la suma de mil quinientos córdobas y nunca se le ha ocurrido ni interesado preguntar por la cantidad que recibe Dorothy.

Además del turno que ejercía por las tardes, Joseph se encargaba de la misión más importante asignada por Zangó. En la madrugada de todos los jueves, entre las tres y cuatro de la mañana, después que ha terminado la fiesta en Four Brothers y Sima Club, debe esperar en su puesto de enlace una camioneta Toyota Prado color blanco. A las tres de la mañana en punto, Zangó le entrega un maletín “samsonite” con llave de combinación y al detenerse la camioneta abre la puerta trasera, coloca el maletín al fondo, junto al respaldar del asiento, y retira un saco de bramante con veinte kilogramos de peso. Sin revisar el contenido y mirar la cara de los ocupantes camina de prisa por el callejón hasta la casa de Zangó y lo entrega. Horas antes, el mismo día de todas las semanas, una camioneta Toyota Hilux de color celeste con plomo y luces intermitentes, recorre el barrio ahuyentando a los transeúntes, despejando el camino para consumar la operación; igual al campesino que labra la tierra para luego plantar la semilla que deberá dar sus frutos.

Los fines de semana son los más alegres en la vida de la gente del callejón. Salen de compra, se dirigen al mercado y visitan las principales tiendas de abarrotes. Zangó comparte con sus vecinos una parte de las ganancias de su próspero negocio. Se han convertido en sus cómplices, servidores y guardianes. Es el líder del callejón, la autoridad real, el que dicta lo que debe hacerse y lo prohibido. Antes lo fue Kahló, Janté y Zambá. Todos ellos ocupantes del trono por sucesión, un reinado no mayor a los quince años, una herencia real ganada por la confianza depositada en ellos por los habitantes del callejón, pero consagrada por la mano y el rostro invisible del poder. Ninguno de ellos, reyes sin corona, ostentan su riqueza; todo lo contrario, viven en las penumbras, en la casa de madera y techo de zinc más vieja, la casa que desprende un olor a madera en estado de descomposición por la invasión de las termitas y el pasar de los años sin que sus inquilinos se percaten de ello. El mismo olor que Zangó desprende de su aliento, sudor y orina.

Joseph conoció desde niño las normas establecidas en el callejón. Sin cuestionarse ni preguntar el por qué de ese particular modo de vivir, aceptó con naturalidad el trabajo de enlace, un trabajo de prestigio que garantizaba la continuidad de la vida de ancianos abandonados, de mujeres con hijos sin padres a cargo, de jóvenes drogadictos ambulantes y de hombres maduros sin sueños, esperanzas ni anhelos. También comprendió porque la mercancía de Zangó era la de mejor calidad, garantía de su alta demanda y las razones por las que nunca escaseaba, aun cuando en los titulares de los principales periódicos nacionales y en las radios locales anunciaban grandes decomisos de droga a narcotraficantes en alta mar y quiebres de puestos de venta en otros barrios de la ciudad.

La última madrugada del jueves en su puesto de enlace, al estacionarse la camioneta y depositar el maletín, encontró el saco acostumbrado y una bolsa de papel con un contenido enrollado. Una voz desde la cabina le dijo: “haz lo de siempre, pero no entregues la bolsa a Zangó, quédate con ella y guarda su contenido en una cuenta bancaria a nombre de tu padre para que en tu ausencia cubra los gastos de la familia mientras te acomodas y puedas ayudarle”. Zangó le explico a Joseph esta generosa medida como producto del nivel de estima de los seres invisibles de la camioneta, por su constancia y fidelidad. También le dijo que debía hacer exactamente lo que indicaban, luego de tomar una parte para emprender su viaje. Fue con su padre al banco e hizo la apertura de una cuenta de ahorro por la suma de tres mil dólares.

Nunca probó la droga, ninguna de las extremas, a excepción de un puro de marihuana ocasionalmente. Sus sueños no se lo permitían. Deseaba salir del callejón, dejar esa viciada vida, ver otro mundo. La oportunidad le llegó luego de hacer los trámites en la agencia de reclutamiento de marinos ubicada en su mismo barrio, después de concluir sus estudios de bachillerato. De unos trescientos aspirantes para ser ship out man, fue uno de los cinco elegidos y ahora que volaba hacia Miami en busca de sus sueños, nostálgico por su barrio, por el amor de Ivy y el mismo callejón, se preguntaba si las manos y rostros invisibles de la camioneta de los jueves habían intervenido en su favor.

Sus recuerdos se desvanecieron al escuchar el anuncio de la llegada del vuelo al aeropuerto internacional de Miami. Al salir de aduanas un empleado de la empresa naviera que lo empleaba sostenía una hoja impresa con su nombre: Joseph Norton. Se sintió libre, importante, comprendió que su vida cambiaria para siempre.

II

La empresa Majestic Sea le brindó la oportunidad esperada. Inicialmente tuvo que pasar un curso a bordo de un crucero para especializarse como asistente de camarotes. El dominio del inglés y del español fue una ventaja que supo aprovechar para ganarse el puesto y la confianza de su jefe inmediato. Después de quince días en alta mar firmó su primer contrato por un año con la posibilidad de renovarlo. Una vez firmado llamó entusiasmado a Ivy dándole la noticia y preguntando sobre su familia. Su sueldo básico mensual era de mil quinientos dólares, sin incluir las propinas generosas que los turistas entregan voluntariamente a los empleados que por su esmero se las merecen. En sus viajes como asistente de camarote tenía garantiza la alimentación, el vestuario y una buena cama donde descansar. Ese ambiente limpio y reluciente, con olor a nuevo y ordenado, le parecía un espejismo cuando los recuerdos del callejón regresaban a él.

Siempre fue amistoso con sus compañeros, lo que le permitió ganarse el cariño y respeto de ellos. Estaba a cargo de varios camarotes y suites. En su labor se esforzó al máximo, asegurándose que estuviera siempre en orden, garantizando a los turistas unas vacaciones placenteras. Cambiaba la ropa de cama y limpiaba totalmente las habitaciones y, al concluir su labor, antes de cerrar la puerta, revisaba cada rincón del camarote dos o tres veces. No descuidaba ningún detalle. Si un huésped usaba espejo de mano, lo limpiaba. Si encontraba abierta una computadora portátil, le quitaba el polvo. Esos detalles lo hacían merecedor de jugosas propinas y el primer mes de trabajo logró juntar setecientos dólares.

Además del salario y las propinas, lo que más le gustaba a Joseph del trabajo en el crucero eran los viajes. En su primer año conoció las Bermudas, Cozumel, Gran Caimán, Puerto Rico, República Dominicana, Panamá y varias islas de las antillas menores. En cada uno de estos destinos aprovechaba para salir junto con sus compañeros de trabajo y llamaba a Ivy para contarle las maravillas de esos mundos y recordarle su promesa de amor. Ivy, por su parte, le comentaba la situación de su casa, del barrio y el callejón, así como la confirmación de la transferencia mensual de trescientos dólares que hacia a su nombre para entregárselos a su padre.

Al concluir el primer año como asistente de camarotes en la naviera Majestic Sea le comunicaron que debía tomar un mes de vacaciones y le extendieron el contrato por tres años renovables. Al regresar a Fort Lauderdale, proveniente de Martinica para tomar sus vacaciones, el boleto de regreso a Bluefields lo esperaba.

III

Ivy fue a su encuentro en el aeropuerto que cambia de nombre según el partido político que ostenta el poder: para los de derecha Las Mercedes y para los cristianos, socialistas y solidarios, Augusto Cesar Sandino. Desde que lo vio a través de los ventanales de vidrio se dio cuenta de lo mucho que había cambiado. Vestía con pantalones jeans color azul, camiseta de cuello color celeste, tenis blanco marca Adidas, chaqueta de cuero color café y sobre su pecho colgaba una gruesa cadena de oro. El cabello lo llevaba bien corto y en su cara sobresalía un exuberante bigote que terminaba afinado en las comisuras labiales. Su cuerpo había cambiado, lo notaba robusto, con varias libras de peso de más y esa nueva apariencia hacia palpitar de entusiasmo su enamorado corazón.

Al salir con sus maletas (tres, más su bolso de mano), Ivy corrió a sus brazos. Se abrazaron, se besaron, dejaban de hacerlo, se miraban a los ojos y volvían a besarse como dos locos enamorados mientras robaban las miradas de otros que esperaban a sus seres queridos sin atreverse a demostrar su amor y cariño como ellos. Tomaron un taxi y se hospedaron en el hotel Camino Real por su cercanía al aeropuerto para partir en el primer vuelo del siguiente día hacia Bluefields.

Se alojaron en la mejor habitación. Al entrar, los besos no cesaron, las caricias, los deseos retenidos y la pasión desbocada, explotaron como un volcán en erupciones múltiples hasta que los cuerpos, vencidos por el agotamiento placentero, dejaron las huellas de su amor en el amplio sofá que amueblaba el ambiente y en las sábanas blancas de la cama king size. Renovados de espíritu salieron al restaurante donde cenaron como enamorados en su primera cita.

— Veo que aún llevas el anillo que te entregué hace más de un año —dice Joseph al acariciar su mano.
— Nunca me lo he quitado. Ha sido mi compañero fiel desde que te fuiste, testigo de mi soledad y confort del recuerdo de tu amor —respondió Ivy acariciándole las mejillas, sintiéndolas rellenas y un poco más abultadas.
— Prepárate, es tiempo que uses uno nuevo, uno definitivo, el que llevaras el resto de tu vida —dice Joseph mientras le muestra dos anillos de oro, anillos de compromiso con sus nombres gravados.
— ¡Joseph, no te entiendo!, ¿qué estas pensando? —pregunta Ivy mirando los anillos.
— Mi amor, nos vamos a casar. Quiero que seas la mujer que me acompañe de por vida, quiero que me des hijos, quiero una nueva vida y solamente con vos la podré alcanzar —responde besando sus labios.
— Pero así, de pronto. Tenemos que planear bien el matrimonio —dice Ivy, aún incrédula y llena de emoción.
— No te preocupes, todo está arreglado. Desde hace quince días hable con Breda Wine por teléfono para que en su iglesia nos casemos. Él ya lo sabe y nos casamos dentro de cinco días.
— ¡Pero Joseph, hay que hacer otros preparativos! No tengo traje de novia, tenemos que invitar a nuestros amigos y familiares —agrega Ivy.
— Todo está arreglado. Traigo tu traje de novia y las tarjetas para los invitados, espero que solamente sean familiares y ciertos amigos.
— ¿Por qué no me lo dijiste por teléfono? —cuestiona Ivy.
— Debes preaparte desde ahora para nuevas sorpresas. Espero sean muchas en nuestra futura vida —dice Joseph con una confianza que rebasaba los límites de la temeridad.

IV

De regreso en Bluefields, Joseph anuncia el matrimonio a su familia y a la de Ivy. Ambas lo celebran con alegría y señal de un mejor porvenir. Visita a Breda Wine y le entrega quinientos dólares para que se encargue de los preparativos de la iglesia. Camina hacia la casa de Zangó y un joven de unos dieciocho años se interpone en su camino. Es el nuevo enlace hacia el rey del callejón. Luego de explicarle sus motivos y al regresar con el visto bueno de Zangó, entra a la vieja casa donde lo espera acostado en una hamaca que cuelga en la sala.

— Has regresado. Como te veo, parece que te ha ido muy bien —dice el rey sin invitarlo a tomar asiento porque no existen, mientras se inclina empujando sus piernas sobre la hamaca.
— ¿Quién es el que ha ocupado mi lugar? —dice Joseph con cierto aire de celos mientras introduce su mano en el bolsillo derecho del pantalón para sacar dinero y dárselo a Zangó.
— No quiero ningún regalo de tu parte. No me debes nada. Al contrario, siempre estaré agradecido por tus servicios de enlace, el mejor que he tenido en estos últimos años. El nuevo enlace se llama Roger y te ha reemplazado desde que te fuiste.
— ¿Y Dorothy?, ¿aún esta a tus servicios? —pregunta Joseph mientras se sienta en el soporte inferior de la ventana de madera que da al callejón.
— Siempre. A ella le he confiado la espera de la camioneta Toyota Prado de los jueves —responde Zangó mientras se levanta de la hamaca. —Es una chavala seria y muy responsable —agrega.
— ¿Y como está el negocio?
— Mucho mejor. La situación ha mejorado. Tengo nueva clientela, las visitas son mas frecuentes. Hay mucha gente refinada que busca la cocaína, gente de las altas esferas sociales de Bluefields. El crack lo consumen los que ya no encuentran el placer del polvo, esos que puedes ver por las calles en estado lamentable, vagabundos que hacen cualquier cosa por drogarse.
— ¿Y vos?, ¿cuenta cómo te ha ido? —pregunta Zangó.

Joseph le explica con entusiasmo el tipo de trabajo que realiza, los lugares que ha conocido, las amistades que ha hecho, la cantidad de dinero que ha ganado en el transcurso del año y su continuidad por la renovación del contrato. Zangó ha regresado a la hamaca y lo escucha atento sin perderse ningún detalle.

— Eso me llena de alegría, se nota en tu rostro lo contento que estás, siempre supe que lo lograrías —dice Zangó cuando Joseph concluye.
— Me casare con Ivy el domingo, he venido a invitarte a la boda. Quiero que asistas.
— Joseph, querido Joseph, sabes muy bien que no podré asistir, mi vida no me lo permite, no puedo frecuentar ni siquiera la iglesia —dice Zangó con cierta pesadez en sus palabras, con un destello de dolor que sale de la profundidad de su ser.
— Pero puedes asistir a la boda civil. Se realizará en casa de Ivy el día jueves —insiste Joseph.
— Lo siento mucho, no podré. Recuerda que es el día del intercambio y debo preparar cuentas. Te deseo la mayor felicidad de este mundo desquiciado. Ivy siempre ha sido una buena muchacha y estoy seguro que serán felices. Ven, acércate, déjame darte un abrazo.

Joseph se acerca. Zangó se levanta de la hamaca y ambos se aferran en un abrazo fuerte y profundo. Es un abrazo de hermanos, del maestro con el aprendiz, del pasado con el futuro. El abrazo del rey en su calabozo y del súbdito libre, liberado de esa vida del callejón que se desvanece, que se erosiona con el paso del tiempo sin dejar huellas. Ese abrazo para Joseph duró una eternidad y el tiempo que permaneció aferrado a Zangó volvió a vivir su pasado, reconoció las caras que buscaban la droga, el ruido de la camioneta de luces intermitentes, el maletín de los jueves y las vidas desperdiciadas de los habitantes del callejón, de los niños, jóvenes, mujeres y de los ancianos. Se sintió lleno de culpa.

— Siempre he tenido la necesidad de saber, siempre me he preguntado si alguien intervino para que se me diera la oportunidad de irme embarcado —dice Joseph mirándolo fijamente a los ojos.
— Lo que está para vos nadie podrá quitarlo de tu camino. Todas las cosas que nos suceden tienen un fin, un propósito y el tuyo ya está definido —dice Zangó con un cierto aire filosófico.
— ¡Contesta mi pregunta! —insiste Joseph.
— El tiempo te dará la respuesta, él se encarga de aclararnos el camino y la mente. No te precipites, disfruta tu nueva vida, ama a Ivy, cría a tus hijos, edúcalos y sácalos de este maldito callejón. Ahora vete, visita a tus amigos, disfruta tu estadía en Bluefields —concluye Zangó.
— Volveré a visitarte, antes que regrese al trabajo —agrega Joseph al despedirse.
— No lo hagas, no debes exponerte más. Es por nuestro bien. Te deseo lo mejor —dice Zangó al verlo bajar las gradas de la casa.

Al caminar por el callejón Joseph medita. Aún siente el abrazo que le dio Zangó y un ardor en el pecho. Su cuerpo está impregnado de su olor. No comprende lo que le dijo, no termina de entenderlo, sus dudas han aumentado. De lo que sí está claro es que debe salir del callejón, abandonar definitivamente el lugar que lo vio nacer, el lugar donde sus ancestros y su familia ha vivido de por vida. Los olores pesados que inhala, la suciedad a su alrededor, los cuerpos drogados tirados en los corredores, los niños que corren desnudos y descalzos, los viejos que languidecen esperando la gracia divina para llevarlos a una vida mejor; son imágenes que se contraponen en espejos de realidades paralelas, entre su vida del callejón y la de olores fragantes, la higiene, lo reluciente, lo ordenado, las sonrisas de satisfacción y la fantasía que se vive en el crucero y los hoteles de descanso donde espera una nueva travesía por el majestuoso caribe.

V

El día domingo, a las nueve y treinta de la mañana, Joseph está listo en su casa, viste de traje con chaleco y corbata adornada por lunares blancos. Aparenta mayor edad. Por su parte, Ivy luce espléndida, reluciente y bella con el vestido de bodas que resalta sus mejores cualidades. Él aún no la ha visto vestida de novia. Joseph se dirige hacia la iglesia con su madrina. Ha escogido certeramente a Dorothy y nadie ha cuestionado su decisión. Al llegar a la iglesia es recibido por los invitados, principalmente familiares y amigos de ambos.

Luego de los saludos, caminan hacia el altar donde Breda Wine los espera sonriente con su traje de ceremonia, aparenta tener la conciencia y alma limpia. Ha realizado los preparativos de la boda con un esmero nunca antes visto. La iglesia se encuentra adornada con cortinas nuevas, flores silvestres y ha dado retoques de pintura color pastel a los cuatro costados de su templo. De pie, frente al altar, Joseph se acomoda al lado izquierdo de Dorothy y, tras una espera de diez minutos, se escucha la marcha triunfal de Mendelssohn que anuncia la llegada de Ivy. La comitiva adquiere la forma de un desfile que marcha al ritmo de la música, encabezado por las damas de honor y seguidas por Ivy que lleva sostenido con ambas manos el ramo de flores, mientras su padre sostiene con su mano izquierda su brazo derecho y al caminar ella lleva medio paso adelante. Los pasos de ambos son cortos y juntan los pies tras cada avance hacia el altar.

Todas las miradas se concentran en Ivy quien luce bella, hermosa, radiante de alegría y determinación. Joseph desde el altar la admira, nunca antes la había visto tan bella como en esta ocasión en que sellaran su amor para siempre. Al llegar al altar, el padre de Ivy toma su mano y se la entrega a Joseph quien se encuentra maravillado al verla tan reluciente y le dice: “te entregó a mi hija, luz de mis ojos, corazón de mi corazón y confío en que sabrás honrarla y amarla por siempre”.

Luego que los padrinos se acomodan a ambos lados de los novios, Breda Wine inicia la ceremonia dando la bienvenida. Como bien sabe hacerlo, dirige palabras alentadoras que relajan el ambiente tenso por el que pasan los novios. Procede a la liturgia del evangelio, lee a Tobías 8, 5 - 10 del viejo testamento y luego pasa a la homilía haciéndola bastante informal, aleccionando a los novios sobre el significado del matrimonio. En el interrogatorio ambos asienten, han decidido contraer matrimonio de forma libre, con la voluntad de guardarse fidelidad y cumplir con las distintas obligaciones matrimoniales. Luego procede a desarrollar el consentimiento con la participación de los novios:

— Ivy, ¿quieres ser mi mujer? —pregunta Joseph.
— Sí, quiero, Joseph —responde Ivy.
— Joseph, ¿quieres ser mi marido? —pregunta Ivy.
— Sí, quiero, Ivy — dice Joseph.
— Ivy, yo te recibo como esposa y prometo amarte fielmente durante toda mi vida, todos los días y todas las noches —dice Joseph con emoción.
— Joseph, yo te recibo como esposo y prometo amarte fielmente el resto de mi vida, en los momentos de felicidad y angustias, en la salud y enfermedad, hasta el último de mis días —concluye Ivy con lágrimas de felicidad en sus ojos.

Sellan su compromiso con los anillos y, al ser declarados marido y mujer, se abrazan como la primera vez y besan ansiosos, con un beso que concluye por los extensos aplausos de los participantes en la ceremonia. Al voltearse hacia los invitados, Joseph observa hacia la entrada principal de la iglesia y descubre la camioneta Toyota Prado de los jueves que sale deprisa del parqueo. No le presta mucha atención debido a los saludos, abrazos y deseos de felicidad para ambos por parte de los presentes. Está inquieto pero no permite que esa visión perturbe el momento de felicidad.

La fiesta de la boda se realiza en el segundo piso del hotel South Atlantic numero dos y termina hasta muy entrada la noche. Antes de finalizar la fiesta los novios se trasladan hacia el hotel Oasis donde han decidido pasar tres días con sus noches disfrutando su luna de miel. Al concluir, los invitados quedan satisfechos y recordarán el acontecimiento como uno de los mejores de los últimos años en la ciudad por la exquisitez de la comida, el ambiente bien decorado, la música variada y la felicidad de Ivy y Joseph.

VI

Acude nuevamente a su trabajo de asistente de camarotes. Previo al viaje ha convencido a Ivy que deben abandonar la vida del callejón. Para ello acuerdan buscar un terreno para iniciar la construcción de su casa. Viaja nuevamente a Miami, ahora más confiado que antes y con la determinación de ahorrar para rehacer su vida. Sus recuerdos y nostalgias se concentran en Ivy. Recuerda su luna de miel, revive los tres días de amor y placer compartidos sin inhibiciones, similar a un río que se esparce inundando con su torrente desconsiderado lo que encuentra en su curso.

Al llegar a Miami se dirige en otro vuelo a Fort Lauderdale para zarpar al siguiente día en el mismo barco hacia las Bahamas por cuatro días. Desempeña su labor con mayores ánimos y diario se comunica con Ivy. Al concluir el crucero le informan que a partir de ese momento ha sido asignado a una nueva ruta de viajes y promovido al cargo de supervisor de asistentes de camarotes con un salario mensual de cinco mil doscientos dólares. La vida le ha jugado una buena pasada y recuerda con claridad lo que Zangó le dijo aquella mañana, acostado en la hamaca, cuando lo visitó en su casa del callejón.

Viaja a Hawai. Se embarca en el Rhapsody of the Seas de la empresa de cruceros Royal Caribbean con capacidad de dos mil cuatrocientos pasajeros, doscientos setenta y nueve metros de eslora y velocidad de crucero de veintidós nudos. Un barco lujoso que hace la travesía por las islas de Hawai y culmina en Vancouver, Columbia Británica. Con frecuencia mensual deposita cuatro mil dólares en una cuenta bancaria a su nombre y transfiere siempre trescientos a su padre y el resto a Ivy a través de Western Union. Ivy en una de sus conversaciones telefónicas le comenta que tiene tres meses de embarazo. Joseph se siente el hombre más feliz de la embarcación, lo comunica a sus amigos, compañeros, a su jefe inmediato y celebran sin freno al llegar a Vancouver. Joseph insiste ahora más que antes en abandonar el callejón mientras Ivy le dice que ha buscado diversos terrenos en Bluefields y que en su próximo regreso tendrá que decidirse por uno para construir la casa deseada por ambos.

Durante un año continuo se desempeña en el puesto haciendo el mismo recorrido. Al término del periodo regresa a Bluefields con la ilusión de cargar en sus brazos a su hijo. Un día después de pasar en el barrio, en el callejón, visita diversos terrenos que se ofertan y decide comprar uno en el barrio Loma Fresca, un sitio alejado del centro de la ciudad y de su barrio, en el que se han construido casas modernas, pequeñas mansiones con arquitectura nunca antes vista en Bluefields.

Discute con Ivy porque ha tomado la decisión de salir lo antes posible del callejón. No quiere que su hijo, a quien ha nombrado Samuel, siga en la casa de sus padres. Los siguientes días se hospedan en un hotel, hace los trámites legales para la compra del terreno y busca una vivienda en alquiler para que Ivy y su hijo se trasladen a vivir en ella tras su ausencia. Los padres de ambos resienten la decisión tomada pero al final aceptan los argumentos de Joseph: quiere una nueva vida para su mujer y su hijo. En una visita a Zangó lo felicita y le augura un esplendido porvenir.

VII

Con el paso de los años Joseph continúa embarcado y regresa cada año a Bluefields en sus vacaciones. Cinco años después de haber comprado el terreno en Loma Fresca concluye su casa soñada. Los planos y su diseño se los hizo un arquitecto que conoció en uno de sus viajes y que lo acompaño a Bluefields para inspeccionar el terreno de una manzana. La casa es majestuosa. Es de dos pisos con una fachada parecida a la de la Casa Blanca. En el primer piso tiene un área de recepción, una amplia sala amueblada con todo lo necesario y moderno, una sala con una mesa de billar, a un lado una terraza con un moderno horno para hacer asados, dos baños de lujo y una espléndida cocina. En el piso de arriba seis habitaciones cuentan con aire acondicionado, baños privados con ducha caliente, camas king size, televisores de plasma de treinta y dos pulgadas y en el centro de ellas una amplia sala de estar con un bar exquisitamente surtido. Un pozo artesiano abastece de agua que almacena en dos tanques de cinco mil galones cada uno.

Luego de veinticinco años como jefe de camareros en los cruceros de Royal Caribbean, decide retirarse. Ivy no ha podido darle más hijos. Samuel estudia ingeniería en la Universidad Católica de Managua. En el garaje de su casa hay tres vehículos parqueados. Un Toyota Corolla que utiliza Ivy, una camioneta Mercedes Benz de color blanco cubierta totalmente y una camioneta Ford Explorer que Joseph utiliza en sus salidas por las calles de Bluefields.

Zangó ha transferido el trono. Su reinado ha concluido. Ahora el rey del callejón es Kachá y su enlace de los jueves sigue siendo Dorothy, la madrina de matrimonio de Joseph. Uno de esos jueves de transacción, la camioneta en que debe depositar el maletín y retirar el saco de bramante ha cambiado. Dorothy lo sabe, Kachá se lo ha dicho. Luego de circular la camioneta color celeste con plomo y luces intermitentes ahuyentando a los trasnochados, una camioneta Mercedes Benz color blanco se estaciona, Dorothy deposita el maletín y retira el saco, su peso ha aumentado, ahora es de treinta kilogramos. Escucha una voz en la cabina que la saluda. Su rostro cambia de semblante, deja de estar nerviosa y se siente segura, en confianza porque reconoce la voz, sabe quién es el nuevo suplidor de la mercancía.

Mientras Zangó ha desaparecido del callejón y Joseph ha realizado sus sueños, la vida del callejón se esfuma, se disipa al igual que el humo del crack o la cocaína inhalada mientras el futuro de los niños y los jóvenes es cada vez mas incierto, sin que nadie cuestione y actúe para erradicar el mal deseado por muchos que viven a expensas de generaciones que se pierden en la marginación, la pobreza y las drogas.

Ronald Hill A.
La Colina
hillron@hotmail.com
Miércoles, 10 de noviembre de 2010
Nueva Guinea, RAAS.


lunes, 1 de noviembre de 2010

CUANDO UN HOMBRE NO TIENE AUTONOMIA, NO TIENE NADA MAS

Es uno de los principales personajes de Bluefields. Una mañana decidí visitarlo en las oficinas de la Fundación Autónoma para el Desarrollo de la Costa Atlántica de Nicaragua (FADCANIC), donde ejerce el cargo de director. Con hospitalidad me atendió la recepcionista y se comunicó por teléfono con él. De inmediato subí al segundo piso. Al fondo del mismo tiene su despacho. Es el profesor Hugo Sujo Wilson. Me identifiqué y comentó haber conocido a mi padre. Le expliqué que deseaba hacerle una entrevista y quedamos para el día siguiente. Comparto con ustedes una de las conversaciones más amenas e interesantes que he tenido en estos meses.

Estimado profesor, coméntenos sobre sus orígenes, sobre su familia.

Siempre digo en conversaciones entre amistades y personas que me hacen esa pregunta, me gusta decir siempre que yo tengo todititas las razas de la humanidad, no me pueden mencionar una sangre de una raza que no tengo, tengo sangre negra, sangre china, sangre indígena, de blanco, todos, todos, de todas las razas. Pero me considero, me identifico como un verdadero negro creole.

¿Pero cual es el origen de su apellido, Sujo?

Es chino, mi papa es un chino de Cantón. La mayoría de los chinos que vinieron a Bluefields eran de Cantón. Usted se acuerda de que Zelaya prohibió la entrada de los chinos, pero siguieron entrando legales e ilegales, sobornando a los oficiales, no pudieron parar jamás la inmigración china y había dirigentes políticos en Nicaragua que hablaban cosas muy denigrantes de los chinos, decían que eran la peor raza de la tierra. En el barrio donde vivo yo, siempre he vivido allí, en la corta calle donde nací en Punta Fría, había tres tiendas chinas; uno de esos chinos se metió con mi mamá o mi mamá se metió con él, no sé cómo fue, pero yo soy el producto de ellos.

¿Como se llamaba su Papa?

Carlos Sujo; bien conocido por entre los negros del barrio como Charles. Él se trasladó, cuando las cosas iban mal en Bluefields, a Boaco. Era un nómada de verdad.

¿Como se llamaba su Mama?

Elena. En esos tiempos los extranjeros se metían con las mujeres locales. Es una hija de un norteamericano. Eran los tiempos del auge del banano. Ella es media yankee. Tengo una hija, la doctora Katia Sujo, como es nieta de ella, puede verse la herencia indirecta.

Coméntenos sobre su niñez y adolescencia.

Mi familia, de parte de mi mamá, era de los más pobres del lugar. Nací en la pobreza. He estado trabajando desde que tengo memoria, desde los 8 o 9 años estaba vendiendo en el barrio, pattie, johnny cake, vendiendo de todo y buscando chamba. Cuando llegue a mi adolescencia, a los 15 o 16 años, junto con otros muchachos de los barrios, nos metimos a todo, en botes de canalete a pescar y en otras cosas como poder ganarse la vida.

¿Estudió aquí en Bluefields?

En esos tiempos había algunos criollos que tenían una instrucción relativa, tenían pequeñas escuelas en casas particulares, eran unos buenos viejos maestros, algunos eran misioneros, algunos negros muy educados de origen jamaiquino que también estudiaron en Jamaica y daban clases. Eran misioneros, uno de mis primeros maestros era el abuelo del doctor Cyril Omier, en el barrio usaban esos libros ingleses que se llamaban Star Reader y Royal Star Reader. Esos libros abarcaban un poquito de todo: historia, geografía y tenían un glosario, un tipo de diccionario después de cada lectura. Yo llegué hasta el quinto grado en esos libros, por eso aprendí mucho de la cultura e historia inglesas.

Ya en el quinto grado, mi mamá fue al colegio Moravo. La directora era Miss Marx y ella me contó que mi mamá llegó donde ella con lágrimas en sus ojos pidiéndole una beca para que estudiara en el Colegio. Yo había llegado hasta el quinto grado sólo en inglés, pero eso sí, daban también matemática, aritmética. Cuando llegué al colegio Moravo, yo no sabia ni abc en español y por eso me bajaron hasta tercer grado. Pero me resultó fácil por la aritmética y las otras clases. Allí me bachilleré en 1955. En esos tiempos daban la calificación y vino el tribunal de Managua a hacer el examen de bachillerato. Fui uno de los dos o tres que se bachilleró con notas de sobresalientes.

Yo abandoné los estudios en secundaria como dos o tres veces por la necesidad de trabajar antes de recibirme. Una vez, cuando estaba en tercer año, un grupo de muchachos nos fuimos a Managua, no había carretera, fuimos en un bote por el río hasta el Recreo y de allí a pie hasta donde llegaba la carretera y nos dieron raid, éramos doce jóvenes en busca de trabajo. Estando en Managua, mi mamá me mandó una carta triste diciéndome que escribía con lágrimas en sus ojos y pedía que regresara. No pude aguantar y regresé precisamente cuando conseguí un trabajo, un empleo con la TEXACO por medio de un amigo que trabajaba allí, exalumno del colegio Moravo, llamado Gonzalo Sequeira; él me presentó y cuando llegué el jefe encantado me dijo que siempre habían querido emplear a un muchacho bilingüe.

Cuando regresé a Bluefields, mi mamá fue al colegio y le pidió a Miss Marx que me aceptara y me aceptó contra todo el reglamento y la ley por la ausencia larga; ella escribió una nota que decía “matricula renovada” para que se la enseñara a todos los profesores y de aula en aula la iba enseñando. Cuando aparecí el primer día y anduve en las calles, todos mis viejos compañeros jodieron diciendo que era un fantasma. De allí continúe y logre bachillerarme. Cuando me bachilleré, mi único objetivo de bachillerarme era para estudiar derecho porque vivía enamorado de la profesión de abogado y todavía sigo estando enamorado de esa profesión.

Al bachillerarme, Miss Marx me pidió dar un año de clase y como no tenía trabajo ni nada más, como quien dice ni otro palo donde ahorcarme, decidí quedarme dando clase un año. Y me quedé dando clases desde 1955 a 1998. La mayor parte me quede allí trabajando, una gran parte de mi vida, la mayor parte, un total de 43 años.

Coméntenos de sus tiempos en el CIDCA

Cuando se fundó CIDCA, con el primer gobierno revolucionario, ya no podía vivir del sueldo de maestro y solicite trabajo en CIDCA. Estaba de colaborador un norteamericano negro, llamado Edmundo Gordon, que era el director y Charles Hale. Encantados me recibieron, siempre dijeron que querían a alguien como yo allí. Edmundo dijo: Sujo, vos y yo vamos a poner a Bluefields en el mapa.

Con la ayuda de Mundo y algunas de las clases de mi carrera universitaria breve, fui tomando unos cursos de profesionalización en Managua y me contagiaron con la investigación histórica. Tenía un profesor de historia en Managua llamado Roberto Fuentes que simpatizaba mucho conmigo. Me interesé mucho por la historia y las técnicas de investigación. Eso fue en la UNAN, en la facultad de Ciencias de la Educación, y tenía una escuela de profesionalización para los maestros empíricos. Casi todos mis profesores en la primaria y secundaria, jamás tuve un profesor titulado, eran empíricos, eran bachilleres, eran muy buenos, por eso digo que los buenos bachilleres de antaño equivalen a más que los licenciados de ahora.

¿Que lo motivó a escribir la Historia Oral de Bluefields?

Había muchos cuentos, supersticiones, y cosas curiosas e interesantes. Se publicó en 1998, pero fue escrito tal vez diez años antes porque no había oportunidad de publicarlo, publicar era misión imposible y el CIDCA lo publicó. Me motivó recoger las creencias, supersticiones, costumbres y ciertos conceptos erróneos que se tenían de los bluefileños. Siempre me ha gustado, no sé si es una virtud o vicio combatir ciertas cosas. Yo le dije a mi esposa, después de este artículo El 11 de octubre no es el cumpleaños de Bluefields, que un día de estos la gente me va a linchar. Hay cosas erróneas.

¿Qué cree que le hizo falta incluir en la Historia Oral de Bluefields?

Si yo me pusiera a pensar, hallaría muchas cosas. Muchas personas me dicen hace falta esto, falta esto otro. Algunos personajes populares, yo no tengo todo, solamente algunos criollos, pero faltan unos mestizos. Si me pusiera a pensar. Yo por eso digo que esto es sólo el comienzo y me gustaría que otra persona lo continuara. Esto fue lo primerito, nadie antes había escrito algo de esta naturaleza. Estudiantes universitarios vienen a visitarme a cada rato para utilizarlo como referencia de sus investigaciones. Pero a mí me gustaría ver una versión aumentada.

¿De los buenos tiempos, que es lo que más añora de su Bluefields?

Bluefields, man, cualquier persona de mi edad debe recordar que Bluefields era mas sano, moral y socialmente. Yo no estoy de acuerdo con el famoso dicho de que todo tiempo pasado fue mejor. Todavía Bluefields tiene sus cosas buenas, pero sí, en el pasado habían algunas cosas: más seguridad ciudadana, seguridad en el hogar, en las calles, más empleo, menos hambre. La gente más pobre vivía comiendo gallo pinto con coco y pescado y carne de monte. Todas esas cosas ahora no son comida de pobre. Se podían ver en el solar de cada hogar de Bluefields árboles frutales, uno o dos árboles, mangos, caimitos, aguacates, así como pequeños huertos detrás de las casas con plátanos, banano, yuca, quequisque, etcétera. Ahora no y todo es caro.

¿Qué es lo que más le preocupa de la situación actual de Bluefields?

A mí, como yo tengo una vena política, lo que a mí de disgusta es cómo los políticos locales y las personas electas a puestos de responsabilidad obedecen a Managua, reciben órdenes de Managua a pesar de que estamos viviendo legalmente un proceso de autonomía y que por nuestra propia culpa no tenemos el valor de implementarlo debidamente. Seguimos dependientes, casi todos lo políticos, principalmente los de los grandes partidos Nacionales, reciben ordenes de Managua y algunos lo dicen descaradamente para justificar su conducta. Cuando un hombre no tiene autonomía no tiene nada más. Los políticos locales sienten que la sede de poder en todos los partidos está en Managua y que sin ellos no pueden adelantar personalmente; para mí eso es vergonzoso.

Yo militaba en el partido liberal, bajo el régimen de más de uno de los Somoza, en mi juventud. Yo no era de ese tipo de políticos. En aquellos tiempos era el departamento de Zelaya, y yo por mis escritos e información era dirigente sindicalista y armaba mucha bulla en la política local. Tenía un movimiento fuerte y con otros jóvenes dirigentes, usted sabe cómo es la juventud, a veces loca y vanidosa, nos jactábamos diciendo que los que no nos respetaban nos temían, por nuestros escritos y nuestra dirigencia. Y llega un momento que los grandes partidos tradicionales de las dos paralelas históricas, para fortalecerse ellos, el partido liberal me agarro a mí y el conservador a Cash. Él continúo en la política, pero yo decidí retirarme porque las cosas se pusieron demasiado sucias y hasta la vez son así. Los políticos hasta la vez también son malditos. Y pensando en mi familia y en mis hijos decidí retirarme. Como liberal escalé lo puestos mas altos que cualquier costeño podía alcanzar, me nombraron gobernador del departamento de Zelaya, se conocían como jefes políticos y eran nombrados por el presidente. Yo no pude cambiar ni guardar silencio.

Cuando fui gobernador teníamos aquí en Bluefields un buen comandante militar que se portaba bien con la gente, un coronel, el coronel Adrián Gross, y cuando se iba hicieron una gran despedida para él en el Club Social y me invitaron, no como un gran miembro de la alta sociedad, sino como jefe político. Usted sabe cómo son las fiestas, uno debe hablar, dar su discursito. En esa despedida del coronel Gross, como siempre joven fogoso, también le di un discurso fogoso y dije que lamentamos que se va el coronel Gross, un hombre tan bueno como él, pero que aquí en Bluefields también muchos saben en carne propia lo que hace la guardia. Al día siguiente comenzaron a llover telegramas al general Somoza diciendo que el jefe político atacó a la guardia. Eso fue el fin mío como el político gobernador. Me sacó Somoza de la manera más humillante y descortés, no como lo hacen mandando un telegrama diciendo gracias por sus servicios, sino que nombraron inmediatamente a Luciano S. Benoit en mí lugar. Al día siguiente sin comunicarme nada, llego a mi casa personalmente a enseñarme el telegrama, yo no dije nada y caminamos, porque no había taxis, a la oficina para entregarle.

¿Desde entonces abandono la vida política?

No, no. Continúe escribiendo, interviniendo, criticando y reclamando. Cuando se descachimbó, en buen nicaragüense, el gobierno liberal somocista, todos los grandes liberales y ex funcionarios huyeron. Lo único que hice por desconfianza, en una de esas migraciones, mandé a toda mi familia a Costa Rica por miedo a algunos fanáticos. Mi orgullo no permitía que corriera. Cuando era diputado existía la práctica de tener deudas y no pagar, y conseguir libres para importación de vehículos para venderla pero yo nunca las vendí. Yo era suplente de doña Alba Rivera y cuando fue nombrada ministra de educación ocupé su lugar por dos años. Cuando dejó de ser ministra volvió a ocupar su curul. Muchos amigos me decían que era baboso porque no me aproveche de eso. Por eso no tenía razones de huir, no tenía nada que temer.

Y cuando el nuevo gobierno Sandinista decidió, tuvo anuente y por razones tácticas políticas, dar la autonomía, me invitaron a participar. Yo no tenía nada de eso en mente. Algunos fanáticos sandinistas sabían que trabajaba como liberal con Somoza y me respetaban, así que me involucré.

¿Cuales son sus preocupaciones actuales?

Es humillante, me da vergüenza cómo actúan los políticos. Muchos son amigos míos, pero no tienen el valor cívico, político, ni moral. Yo tuve el valor de decirle en su cara lo que pensaba al coronel Gross, eso me costó el cargo, eso fue mi caída en tiempos de Somoza.

¿Cómo quisiera, como le gustaría ver Bluefields?

A mí me gustaría que muchos jóvenes se metieran a política por razones sanas, cívicas, con independencia de los partidos nacionales, eso sería lo ideal. Fui uno de los fundadores de una organización negra llamada OPROCO, Organización Progresista Costeña,  junto con Charles Mitchell, Foster Downs, Roberto Hodgson, entre otros; ese fue un movimiento de negros bien fuerte. Algunos trataron de denigrar el grupo llamándonos racistas. Tuvimos que hacer eso porque en esos tiempos ningún criollo fue nombrado en una posición importante en el gobierno. Nosotros buscábamos defender los derechos de las etnias criollas, buscar el progreso y comenzamos a construir la carretera, la trocha hacia Kukra River, con kermeses, rifas y un montón de actividades y trabajo voluntario, pero llegamos al convencimiento que no se podía construir con eso. Había un joven de Bluefields, asesor de Somoza para la Costa, y acudimos a él, no voy a mencionar su nombre, y talvez para ahorrarle dinero al gobierno de Somoza y quedar bien dijo que la carretera no era viable. Por la presión que ejercimos, mandó a un ingeniero que lo llevamos hasta Kukra River con un baqueano, y regreso caminando y rindió su informe diciendo que no era factible. Luego en una mesa de tragos dijo que debía informar así porque tenía miedo de que lo mandaran a construir esa carretera. Conseguimos una contribución del gobernador de Wisconsin, pusimos un monumento allí en la entrada con una placa agradeciendo esa contribución, creo que se la robaron porque últimamente ahora venden todo lo de metal. Lo mismo que hacia Twee Twee, pero éste era honrado, hombre fuerte y milagroso que buceaba en el fondo. Era un hombre misterioso.

Quiero ver a la juventud asumir, tomar posesión dentro del verdadero espíritu de la autonomía. De eso nos acusaban a algunos, cuando estábamos trabajando el proyecto de autonomía, de ser separatistas, pero la autonomía puede ser una realidad funcional como en muchos países, como en España.

¿Qué balance hace de la Autonomía?

Tenemos dos universidades funcionando y en plena vigencia un programa de educación intercultural, bilingüe, y lo de la salud y el simple hecho de poder de elegir nuestras propias autoridades, aunque no sirvan, pero es algo. En los mismos estatutos de la Autonomía, en la letra de la autonomía, tenemos derecho a disfrutar de una parte justa de lo que producimos, pero no se cómo va eso en concreto.

¿Qué opina de que muchos Costeños ocupan cargos públicos de alto nivel en este gobierno?

Ningún gobierno nacional antes ha dado a los criollos tantos puestos de significación, puestos altos como embajadores, etcétera. Y más importante, seamos sandinistas o no, tenemos que reconocer que el gobierno sandinista es el primero en la historia que ha estado anuente a darnos una autonomía política. Aunque en la historia, antes de la incorporación, éramos un pequeño estado casi independiente bajo el dominio de los ingleses, era una autonomía también.  Por eso digo que el presente proceso de autonomía que estamos viviendo no es algo nuevo, es la recuperación, la reconquista de la autonomía que conocieron nuestros antepasados, gracias al movimiento político e inteligente de los sandinistas darnos eso. Aunque para algunos nicaragüenses esto era un riesgo, pero nosotros no queremos nada de separatismo. Sólo queremos una verdadera autonomía para manejar nuestros propios asuntos.

Pero no nos dejan los mismos partidos

Exactamente, lo poco que tenemos en la ley no lo usamos. Hay una ley de Lenguas que obliga a los edificios públicos a poner rótulos y tener traductores en las instituciones como la policía y los juzgados, pero nadie lo hace. La gente debe llevar su propio traductor. Menos mal que la mayoría de los criollos hasta cierta edad somos bilingües. Sólo una minoría, unos cuantos viejitos, sólo hablan ingles, pero ya ni les importa.

La ley de tierras es un gran logro. Ese reconocimiento es una gran cosa. El gobierno de Bolaños creo que fue el que empujó esa ley por recibir reales, pero no les gusta, están arrepentidos.

Lo importante de la Universidades es que los profesionales se queden aquí para el desarrollo de la región. Las dos dicen que tienen la filosofía costeñista. Mi esperanza sigue siendo la juventud, tiene que ser por lógica la juventud el relevo para cambiar las cosas.

La administración de justicia, hay todas clases de disparates. Yo escribí que la juventud debe hacer algo y mencioné que, cuando éramos jóvenes, ante la situación de injusticia y explotación, había un tal Millet, de la Casa Cruz, que era así, sacamos una manifestación publica, sin permiso, con un ataúd diciendo se murió doña Ley. La juventud debería hacer algo parecido.

¿Cómo se siente usted ahora, como persona?:

No he perdido la esperanza, es lo último que se pierde. No tengo el menor interés en política partidista. Voy a seguir escribiendo, molestando, pero sin ningún partido político. No tengo interés en ningún puesto notable. Quiero ver a los jóvenes de todos los grupos étnicos en acción.

¿Qué edad tiene?

Tengo 78 cumplidos en mayo.

¿Qué otra cosa le gustaría hacer, algo que tenga pendiente?

Me gustaría, aunque ha pasado de moda, poniéndose obsoleto, un periódico escrito. Un periódico local. Yo escribía semanalmente en la Información un editorial y después Juan Santamaría tenía El Debate. Después hicimos un periódico mimeografiado, un periodiquito loco, violento y hasta ofensivo para algunas personas. Un periodiquito arrecho. Teníamos algunas suscripciones y pequeños comerciales. Esto es un deseo nada más.

Ronald Hill A.
La Colina
Nueva Guinea, RAAS.
Viernes, 29 de octubre de 2010