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miércoles, 15 de mayo de 2024

EN EL DÍA DEL PROFESIONAL AGROPECUARIO

 



Bajo el manto gris de un cielo que promete,

el campesino se arrodilla ante la tierra,

sus manos callosas como raíces que se hunden

en el suelo fértil de su esperanza.

Cada surco que abre, cada semilla que siembra,

es un susurro al futuro, un canto silencioso de fe en el mañana.

Las primeras gotas de mayo, cargadas de vida,

caen sobre su rostro curtido, lavando el polvo del pasado

y anunciando la promesa de una cosecha abundante.

Su labor, tejida con hilos de sudor y perseverancia,

es el latido de un corazón que nunca se rinde.

En cada amanecer, cuando el sol apenas se asoma

tímido sobre el horizonte, él se levanta con una sonrisa

que desafía la adversidad. Su mirada, fija en el horizonte,

ve más allá del presente, ve campos verdes y frutos maduros,

ve la recompensa de su esfuerzo.

 

A su lado, el profesional agropecuario, guía y aliado,

camina los mismos senderos.

Conocimiento en mano, comparte su sabiduría,

brindando orientaciones que iluminan

el camino del campesino.

Juntos, forman un dúo invencible,

uniendo la ciencia y la tradición

en un abrazo que fortalece la tierra.

 

El 15 de mayo, Nicaragua celebra a estos héroes del campo.

A los profesionales agropecuarios que, con su dedicación,

elevan la labor del campesino, mejorando cada día su producción.

Su trabajo es un puente que conecta

el saber con la tierra, un faro de esperanza

que brilla en cada hectárea cultivada.

 

En cada grano de maíz,

en cada hoja verde,

late el esfuerzo conjunto de dos manos diferentes,

pero con un mismo propósito.

Son guardianes del futuro,

cultivadores de sueños,

y en cada semilla que brota,

florece la promesa de una tierra más fértil

y un mañana más próspero.

 

15 de mayo de 2024.

Foto: Propia.


viernes, 25 de febrero de 2011

LA LUCHA POR EL FRIJOL

Colmados de entusiasmo, miles de campesinos de Nueva Guinea han decidido preparar sus tierras para cultivar frijoles. Se les observa en la ciudad haciendo gestiones en sus organizaciones y ante instituciones de gobierno para ser abastecidos de semilla, en las microfinancieras solicitando crédito y en el mercado municipal comprando insumos para los noventa días que dura el cultivo. Una minoría de ellos se apresta a sembrar frijol negro para exportarlo a Venezuela.

El ambiente del campo es esperanzador y en la ciudad los comerciantes han llenado sus bodegas ante el incremento de la demanda de productos de consumo campesino debido a la inmigración, desde diferentes zonas del país, de campesinos pobres que alquilan tierras para cultivarlas.

Las tierras del Pacífico, anegadas por las intensas lluvias en la época de siembra de primera y postrera, han provocado un desabastecimiento de frijol en el país, elevándose el precio al consumidor. Los campesinos esperan obtener un buen precio, más allá del precio justo. Los acopiadores y comerciantes del grano han hecho sus cálculos y estiman que la cosecha alcanzará unos trescientos ochenta mil quintales, de los cuales esperan acopiar la mayor cantidad posible, abastecer el mercado Oriental de Managua y a los exportadores, quienes se han pronunciado contra el gobierno al restringir los niveles de exportación del grano mientras éste aduce que de esa forma garantizará la seguridad alimentaria del país.

Los campesinos se pronuncian en contra de los comerciantes y acopiadores llamándolos parásitos eternos de sus esfuerzos. Argumentan que no producen absolutamente nada y se lucran con lo que ellos generan. En tiempos de buena cosecha, como la esperada, le bajan el precio al producto para quedarse con la mayor ganancia, lo que para ellos es un abuso flagrante. También los acusan de que, al bajar los precios, igualmente su ganancia está cubierta, ya que si bien venden a menor precio también compran a menor precio, mientras que ellos no pueden hacer lo mismo.

Se escuchan las voces de los consumidores, organizados en la comisión de defensa de los consumidores, principalmente de los pobladores de la ciudad. Han manifestado que los intermediarios ganan demasiado, se lucran en exceso en detrimento de su presupuesto, que el costo de la canasta básica es inalcanzable por su bajos y congelados salarios. Los comerciantes no solamente afectan al productor sino a ellos por el hecho que si sube el precio del frijol el comerciante le gana en exceso al venderlo a mayores precios, mientras ellos no tienen ningún mecanismo para defender su salario y debido a las trampas que imponen se solidarizan con los campesinos.

Los comerciantes y acopiadores afirman que su papel es tan importante como el de los productores, pues a través de ellos es que sus productos llegan a las ciudades. Han explicado los costos en que incurren, entre ellos el costo elevado del combustible y el mal estado de los caminos que deterioran sus camiones incurriendo en costos no previstos. Señalan que la retribución que reciben en su labor es variable y está dada entre el margen del precio de venta y el de compra, menos los gastos directos e indirectos originados en la operación. Han tratado de borrar la imagen negativa que se tiene de ellos indicando que son mayores aliados de los campesinos que las microfinancieras y los distribuidores de insumos porque se mantienen a su lado todos los años permitiéndoles realizar su producción.

El campo y la ciudad vibran igual que las voces y deseos de los campesinos, comerciantes y consumidores. La gente inunda las colonias, comarcas, valles y campos como levitando bajo el radiante sol de octubre. Los ánimos abren surcos, las aves con su canto alegre se alimentan de insectos y gusanos que surgen al paso de arado mezclándose con el olor a tierra removida. La mayoría siembra en noviembre y unos pocos en diciembre, es la época de siembra llamada de “apante”.  Llenos de esperanzas abogan por un buen periodo de lluvias que les dé excelente cosecha para obtener beneficios y solventar la crisis económica provocada por la caída de los niveles de exportación de raíces y tubérculos y de ganado en pie.

Las condiciones climáticas se convierten en el mayor enemigo de los campesinos. Una vez plantada la semilla, sólo esperan la bendición de Dios. El efecto de “la niña” ha provocado una sequía inesperada durante noviembre y parte de diciembre. Al finalizar el año la bendición llega tardía y al momento de cosechar las lluvias persisten. Los cálculos de los productores estiman pérdidas mayores al diez por ciento del área sembrada. Febrero es el mes del arranque y aporreo para los que sembraron temprano y evitan mayores pérdidas colgando los manojos de frijol en los cercos de la finca. Los que sembraron en diciembre esperan ansiosos la retirada de las lluvias para lograr la cosecha, mientras los ganaderos rebosan de alegría por el verdor de sus pastos.


Nueva Guinea, RAAS
Viernes, 25 de febrero de 2011

jueves, 18 de noviembre de 2010

EL AGUA DE ENACAL Y LA DE LOS FRIJOLES

Ayer llovió a eso de las cuatro de la tarde. Don Benito había llegado de visita minutos antes. Me sorprendió, tenía rato de no verlo, igual que el sonido de las gotas de agua sobre el techo de zinc. Hace más de veinte días que no llovía y, muy temprano en la mañana, decidí abrir la llave del medidor de agua de ENACAL para regar las plantas frente a mi casa. Que descanse el pozo, pensé. La tierra ya presenta grietas, síntomas de sequía.

Después de los saludos me habló del problema de agua que andaba resolviendo en ENACAL. Sin gastar mucha agua cobran demasiado y ya he hecho varios reclamos, dijo sacando de la bolsa de la camisa tres recibos de agua. Mírelos, me dijo. Los revisé y en efecto aparece una deuda de más de tres mil córdobas. Y como resolvió el problema, le pregunté. Pues me bajaron la deuda hasta seiscientos córdobas y con un plazo para pagarla de tres meses, dijo con decepción en su cara. Para no estar en este problema y salir ya de esto, tuve que aceptarlo, agregó. Debe estar pendiente del medidor y del que llega a medirlo, le dije. Si uno se descuida le ponen la cantidad que quieren. Además, cierre la llave después que se ha ido el agua y cuando vuelven a bombear, al día siguiente, ábrala una media hora después. Porqué, me preguntó. En el sistema de agua potable, en los tubos de la red de distribución, no tienen instalados filtros por donde escape el aire y cuando bombean agua de los tanques, lo primero que pasa por el medidor es un chorro increíble de aire y el medidor lo mide como agua, le dije. Ve hombre, es cierto, en la mañana se escucha el zumbido de aire antes que llegue el agua, dijo con ánimos, como quien dice ya no me van a seguir jodiendo.

Mientras platicábamos llovía. Una lluviecita babosa, pendeja, pero refrescó la tarde y la noche se puso agradable. Le ofrecí una taza de café y me bebí un té de manzanilla. Mucho café estoy tomando y el estómago se comienza a resentir, el doctor me mandó a tomar una capsulas dos veces al día y Magnun cuatro veces, dos cucharadas por la mañana y dos por la tarde, le explique.

Los frijoleros deben de estar alegre, le dije. Si amigo, ojalá que sea una buena señal, debe ser el cambio de la luna, dijo. Son como unas 30 mil manzanas de frijol las que se siembran en esta época de apante en Nueva Guinea con las que se cosechan unos 360 mil quintales. Todos los campesinos tienen ya preparada la tierra, están a la espera de esta agua, ya era hora que cayera, dijo. La cosecha sale entre febrero y abril. De ella dependen miles de familias que se dedican a este cultivo y muchas de ellas se asientan en la zona exclusivamente en esta época del año, ayudando a familiares, alquilando tierras o trabajando a media con otro. El problema de siempre es que llueve mucho al momento del arranque y secado perdiéndose la cosecha o sino llueve bastante al inicio y luego se pierden las lluvias con cosechas malas, dijo con sabiduría campesina.

Pero si les va bien se echan los billetes, le dije. Sí, eso sí, a como está el precio ahorita se chinean, dijo. Como es la vida, yo ando preocupado por el recibo de ENACAL, que al final es una tontera, que tal que estuviera con la tierra preparada para sembrar frijoles, siembra que me daría para comer una buena parte del año, pagar deudas y que no lloviera, dijo levantando la cabeza y arrugando el ceño. No estuviéramos platicando de esto, le dije. Por eso yo siempre siembro sólo para la comida, lo que me gusta es el ganado, nunca se pierde. Lo bueno de la agricultura es que se necesita poca tierra, en poquito se trabaja, pero es muy riesgosa, dijo.

Sonó su teléfono celular y luego de hablar varios minutos, se despidió diciéndome “salúdeme a la doña cuando hable por teléfono con ella a la yunai”. Al montarse en su jeep, gritó: ¡Mañana abro la llave del agua después que pase la tormenta de aire!

Ronald Hill A.
La Colina
Nueva Guinea, RAAS
Miércoles, 17 de noviembre de 2010