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martes, 10 de diciembre de 2013

EL ANDÉN DE MI PUERTO

El andén de mi puerto ha recibido pasos largos y apresurados por reencuentros, cortos y lentos por despedidas, mierda de perros y orines de borrachos ambulantes, desgracias que nunca terminan en su forma de U. Un barranco en un extremo acogiendo almas desesperadas, alucinadas, precipitándose hasta caer en el fondo de la nada y, en el otro, una fila de iglesias donde se ruega con golpes en el pecho por la vida eterna y el perdón de Dios.

El andén de mi puerto fue construido con pico y pala, arena blanca de mar sin tamizar, piedra azul basáltica extraída desde las entrañas de la tierra y cemento importado en barcos a granel. Bajo el ardiente sol caribeño su superficie azul brillaba en contraste con la grama verde y macollas tupidas de brujitas florecidas de rosado y amarillo. En su ancho de metro y medio, los transeúntes de diversas nacionalidades facilitaban el paso a la luz del día con manos y reverencia cortesanas. Pero por las noches, resplandeciendo su superficie por la luna llena o las estrellas parpadeantes, esos mismos transeúntes formaban tumultos en el recorrido hacia el barco con prostitutas extasiadas ante los ojos locales que observaban por rendijas de sus casas de madera apiñadas a sus lados.

En el andén de mi puerto se libró guerras entre bandos: los del lado de las iglesias y los del barranco; se liberaba a los capturados luego de que se escondían entre matorrales o en la loma del parque hasta terminar bañados de sudor cuando se apagaban las luces de la aduana. En el andén de mi puerto desfilaron hacia el altar novias vestidas de blanco y parejas de enamorados hacia las gradas del parque de la loma al atardecer.

En el andén de mi puerto nunca se celebraron marchas por la Independencia porque los que lo hacían en el resto del país un día nos la robaron a nosotros e impusieron un nuevo orden que todavía nos mantiene sumidos en la penumbra, hambrientos y con sed de una verdadera autonomía. En el andén de mi puerto desfilaron grandes hombres que un día pagaron penas de destierro en su propia patria, exiliados en la última península habitada por el coraje con que denunciaron y enfrentaron las injusticias.

El andén de mi puerto ha recibido gotas de sudor derramadas por chamberos en el afán por conseguir el pan, lágrimas de dolor en el último recorrido terrenal que nos conduce sobre hombros a las filas de iglesias para luego descansar eternamente frente al mar con su ronco oleaje reventando en la playa como música de fondo.

En el andén de mi puerto viven para siempre grandes personajes, caminan de día y de noche sin descanso alguno, se encuentran en la esquina imaginaria de Miss Lilian y se apoderan del parque abandonado colmándolo de cantos y risas. Masayita, Victoriano, Tiquitito y Tapalwás deambulan por el andén de mi puerto; si abres tus sentidos un día te los puedes encontrar y te lo contarán.


10/12/2013