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lunes, 4 de junio de 2012

¡OBEAH-ME!, ¡SONTÍNEAME!

“Obeah” (Obi, OBEA u Obia) es un término utilizado en el Caribe para referirse a la magia popular, hechicería, brujería y las prácticas religiosas derivadas de África Occidental, especialmente del pueblo Igbo. Es similar a otras religiones como Palo, Vudú, Santería, Rootwork  y se asocia con la mala suerte. Fue traída a Nicaragua por los esclavos africanos, pero no es una práctica religiosa sino una manera de realizar maravillas por medio de fuerzas misteriosas.

En su libro, Oral History of Bluefields, Hugo Sujo Wilson nos brinda un capítulo completo sobre la práctica de Obeah en dicha ciudad: “para algunos es una especie de ciencia oculta, para otros es magia. Esa es la razón por la cual al Obeah man o brujo lo llaman a veces science man (hombre de ciencia). Entre la gente de habla española, el Obeah llegó a llamarse sontín (something) porque cuando el cliente consultaba con el Obeah man, después que este escuchaba el caso, le decía en inglés “I am going to give you something”  (voy a darte algo).

El profesor Sujo habla únicamente del Obeah man pero existen Obeah women (brujas) que también predicen el futuro y elaboran encantamientos, entre estos, cito a Sujo, “ahuyentando a un hombre o una mujer; prosperando en el trabajo y los negocios; causando el fracaso de un enemigo en el trabajo y los negocios; curando una enfermedad misteriosa e incurable por otros medios; causándole a un enemigo alguna enfermedad incurable y misteriosa; poniendo un espíritu o fantasma en la casa de alguien, o sacándolo de allí; “arreglando” a los caballos para que ganen las carreras; “arreglando” a los jugadores de baseball para que ganara su equipo; “arreglando” a un tahúr para que siempre ganara; colocando sapos y tortugas dentro del estómago de las personas, o sacándolos de allí” y agrego, pintando a una persona o haciéndole un conjuro.

¿Cómo operan los brujos y las brujas, los Obeah man y Obeah women? De diferentes formas, pero siempre de manera misteriosa. Hacen ritos, ceremonias y se surten de diferentes materiales. “En algunos de los asuntos con espíritus y fantasmas, entraban al cementerio desnudos a media noche para decir o hacer ciertas cosas. Para curar o causar ciertas enfermedades, enterraban o desenterraban, en la oscuridad de la noche, pequeñas botellas y otros objetos misteriosos. En materia de amor usaban pedazos de nidos de golondrina, conocida localmente como macúa, así como pociones y baños misteriosos. Para obtener resultados en otras actividades usaban murciélagos, gatos negros, tierra de sepultura y agua que había sido usada para bañar a un muerto. En algunos casos leían capítulos del libro de los Salmos de la Biblia cristiana”, señala Sujo.

A continuación te dejo algunas prácticas sobre Obeah realizadas en Bluefields según el profesor Sujo:

Cómo deshacerse de una persona:

Si alrededor tuyo hay una persona que te estorba, que no te gusta o te está causando problemas, puedes deshacerte de ella si haces lo siguiente: escribe el nombre de la persona en un pedazo de papel, envuélvelo en un pedazo de tela negra, marca una cruz roja sobre la tela y mételo dentro de una botella pequeña. Luego vete a un arroyo, llama el nombre de la persona y tira la botella dentro de la corriente de agua, sin volver a ver hacia atrás. Eso hará que la persona se vaya y no regrese jamás.

Cómo hacer que un hombre deje a una mujer:

Si un hombre tiene una mujer a quien quiere dejar pero no tiene la fuerza de voluntad, esto es lo que se debe hacer: comprar una camisola nueva y ponérsela; ponerse un saco y hacer ejercicio hasta sudar. Luego debe exprimir el sudor de la camisola dentro de un guacal nuevo, agregarle un pequeño trago de ron y bebérselo todo. Debe quemar la camisola y sentarse encima de ella mientras todavía está echando humo. Finalmente debe enterrar las cenizas. Eso tiene que hacerlo dos veces en el mes. Cumpliendo todo esto logrará olvidarla, pero mientras se encuentra bajo este tratamiento no debe comer nada de la mujer.

Cómo retener a un hombre:

Si una mujer quiere conservar a un hombre sólo para ella, por el tiempo que ella desee y hacerlo incapaz de dejarla, esto es lo que se debe hacer: mezclar en una bebida del hombre un poco de agua en que ella se ha bañado. Otra manera consiste en lavar la ropa íntima del hombre y enterrar el agua en un hoyo en el suelo debajo del dormitorio de ambos.

Hay muchas otras maneras para enloquecer a un hombre; si te encanta rezar, te recomiendo que leas “el conjuro”, pero la forma más real y practica lo leí en la novela: “La Isla Bajo el Mar” de Isabel Allende que tiene como fondo histórico la lucha de los negros en Haití por su liberación de la esclavitud. Aquí te dejo un fragmento del capitulo "el huevo de paloma":

 “…quiso levantarla en brazos para conducirla al lecho, que podía ver en la habitación contigua, pero Violette no le dio tiempo; sus manos de odalisca abrieron la bata de las garzas y bajaron las calzas, sus opulentas caderas culebrearon encima de él sabiamente hasta que se ensartó en su miembro pétreo con un hondo suspiro de alegría. Étienne Relais sintió que se sumergía en un pantano de deleite, sin memoria ni voluntad. Cerró los ojos, besando esa boca suculenta, saboreando el olor de mango, mientras recorría con sus callosas manos de soldado la suavidad imposible de esa piel y la abundante riqueza de esos cabellos. Se hundió en ella, abandonándose al calor, el sabor y el olor de esa joven… En pocos minutos estalló como un adolescente atolondrado, con un chorro espasmódico y un grito de frustración por no haberle dado placer a ella, porque deseaba, más que nada en su vida enamorarla… Relais no supo cuánto rato estuvieron así abrazados, hasta que volvió a respirar con normalidad y se despejó un poco la densa bruma que lo envolvía, entonces se dio cuenta de que todavía estaba dentro de ella, bien sujeto por esos músculos elásticos que lo masajeaban rítmicamente, apretando, soltando. Alcanzó a preguntarse cómo había aprendido esa niña aquellas artes de avezada cortesana antes de perderse nuevamente en el magma del deseo y la confusión de un amor instantáneo…. Loula restringió los gastos y subió la tarifa de su ama y cuanto más caro cobraba, más exclusivos se consideraban sus favores. Se encargó de inflar la fama de Viollete con una estrategia de rumores: decía que su ama podía mantener a un hombre dentro de ella toda la noche o resucitar la energía del más cansado doce veces seguidas, lo había aprendido de una mora y se ejercitaba con un huevo de paloma, salía de compras, iba al teatro y a las peleas de gallo con el huevo en su lugar secreto sin quebrarlo ni dejarlo caer”.

Ya ves pues, hay distintas maneras para que hagas tus ejercicios. ¡Obeah-me!, ¡Sontíneame!


Ronald Hill A.
La Colina
Nueva Guinea, RAAS.
Miércoles, 30 de mayo de 2012

domingo, 24 de octubre de 2010

EL CONJURO


Llueve a cántaros. El trayecto es corto pero se torna cada vez más intenso. Va sentado en la parte delantera. Asoma la cabeza fuera del plástico y observa la oscuridad de la noche. Minutos después, mar y cielo se estremecen con la furia de los truenos. La luz de las descargas eléctricas muestran caras desconocidas a su lado, nunca antes vistas, caras de muertos en vida. Se acurruca sobre sus rodillas y le pide a Dios que lo proteja. Sus manos tiemblan, las quijadas desesperadas hacen contacto veloz de manera involuntaria. Sólo escucha el rugido de los truenos, el ruido del motor y el contacto de las furiosas olas con la panga. De pronto la velocidad disminuye, signo de cercanía al muelle, agradece al Señor.

En la maniobra para acercarse al muelle la panga cruza entre varios barcos, el rumbo estaba equivocado por la tormenta. Se desliza en las aguas sorteando las gruesas amarras de los barcos; al tratar de observar lo que ocurre sacando la cabeza por encima del plástico, impacta en su pecho una de ellas y cae al agua. Abatido, logra salir a la superficie y su cuerpo hace contacto con uno de los barcos por el arrastre de la corriente. Escucha gritos, observa el destello de luces a su alrededor. Una soga cae a su derecha y se aferra a ella. Lo han rescatado.

Camina en la oscuridad de la noche por el andén. Su cuerpo tirita de frío. En el recorrido no encuentra una sola alma. Un perro negro sale violentamente a su paso y trata de clavar en su pierna izquierda las mandíbulas filosas y chorreantes de saliva espesa. Corre desesperado, a su encuentro sale un perro blanco que se trenza en lucha a muerte con el negro hasta ahuyentarlo, se queja moribundo de dolor, temblando con el rabo entre las piernas. El perro blanco lo acompaña el resto del camino.

Observa su casa a la distancia. Al acercarse, el perro blanco le ladra tres veces como despidiéndose y lo abandona. Una luz tenue ilumina la entrada. Un gentío está en el porche pero ninguna persona le es conocida. Escucha muchas voces, en varios idiomas, ninguna le es familiar. Entra a la sala. La busca entre la gente y, al observar hacia el fondo, nota que sube las gradas hacia el segundo piso. No le ve la cara, sólo su figura. Es ella, piensa. Vuelve la mirada hacia un lado y observa a una mujer acostada en una tijera. Es joven, lo invita a acostarse a su lado. Cansado se acuesta, siente la tibieza de su cuerpo y las manos que acarician su rostro. Las manos se tornan gélidas y se levanta asustado. Busca a la otra, no la encuentra. Vuelve la mirada a la tijera y allí está, dormida con una bata blanca. La otra ha desaparecido. Qué raro, piensa.

De pronto todos comienza a gritar. Corren enloquecidos de un lado a otro en la casa sin saber qué hacer. Observa y se da cuenta que el agua inunda la casa, fluye por los lados y se derrama desde el segundo piso. ¿Qué pasa?, pregunta. ¡Es un conjuro, un conjuro!, le gritan. No halla qué hacer. Vuelve la mirada en busca de ella y la tijera está vacía, pero llena de sangre, sangre que también se derrama. Ha desparecido. No comprende lo que pasa. La gente barre el agua sin descanso y a su lado se torna roja. ¿Qué se hicieron?, pregunta. ¡Se fueron, se fueron a la otra casa!, le responde una voz de niño. ¿Hacia dónde?, pregunta. ¡Allá, allá, a la casa de verde con blanco, la que está al final del andén!, le responde la misma voz.

Sale de prisa, asustado. No comprende lo que ha visto. Se llena de valor y sigue caminando en busca de la casa verde con blanco. En el trayecto, al dar la vuelta en una esquina, la esquina desde donde se observa el mar, se le cruzan en el camino siete hombres armados. Primero pasan a su lado cuatro, los otros tres se detienen. De pronto, uno de los que están frente a él carga el fusil y corre a su encuentro tirándolo a sus pies. Al darse cuenta de la intención corre a un lado y se refugia en el tambo de una casa. Se dispara el fusil en automático y se entabla un combate entre todos ellos. Los disparos lo ensordecen, en la última ráfaga se vuelven a juntar como si nada hubiera pasado y siguen su camino. ¡Dios mío!, ¿qué es esto?, se pregunta y sigue en busca de la casa.

Al llegar, la encuentra vacía. Entra a la sala. No hay muebles, no hay espejos, solamente un silencio ensordecedor. Con temor camina hacia el fondo. Al salir a un corredor en la parte posterior observa impresionado. Están reunidos en un círculo, son siete. En el centro está ella. Lleva la misma bata blanca pero cubre su rostro con un pañuelo rosado y el cabello con un turbante rojo. En su mano izquierda sostiene una flor roja. Se esconde a un lado de la puerta y la escucha decir:

"Santa Elena, reina fuiste y al calvario llegaste, tres clavos trajiste: uno lo tiraste al mar para que los navegantes se salvasen; el otro se lo diste a tu hijo; el tercero que te queda no te lo pido dado sino prestado para clavarlo en el corazón de Marvin, para que venga a mí amante y cariñoso, fiel como un perro manso, como un cordero caliente, como un chivato; que venga, que venga, que nadie lo detenga; que corra, que corra, que nadie lo socorra; si hay una silla que no se siente; si hay una cama que no se acueste; que venga por el camino de Santa Elena; que los pasos se le alarguen y el camino se le acorte. Amén".


    ¿Y dio resultado el conjuro? —le pregunta Raúl a Marvin veinticinco años después.
  No jodas, salí corriendo como un demonio. Al inicio no creía en esas pendejadas, dice con el rostro aún asustado. Pero me hizo pasar una época en la que me volvía loco por regresar a ella y me desbocaba así como le pidió a la Santa.
  ¡Un clavo saca otro clavo! ¡Ese clavo de Santa Elena me lo sacaron en Diriomo, me llevaron donde un brujo! —dice Marvin con una sonrisa nerviosa.
    No te creo, solo cuentos sos —le dice Raúl.
  ¡No jodas, cuídate! ¡Atenerse al santo y no rezarle es jodido! —contesta Marvin con las manos temblorosas.


Ronald Hill A.
La Colina
Nueva Guinea, RAAS
Domingo, 24 de octubre de 2010