Sueños del Caribe es un blog sobre la Costa Caribe y el sureste de Nicaragua. Lo componen relatos, crónicas, personajes, poesía y otros temas.
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lunes, 16 de abril de 2018
miércoles, 26 de agosto de 2015
EL DESARROLLO NUESTRO ES LA PRIODIDAD
Eso es lo que
nos dice el presidente del COSEP en su artículo del diario La Prensa publicado
el día de hoy titulado “Nuestra prioridad es el desarrollo”. Sí usted lo lee,
descubrirá que el desarrollo de la economía del país es visto por el
representante de la cúpula empresarial como condiciones generadas por factores
externos y la inversión de grandes empresas. Es un enfoque del desarrollo miope,
una visión sectaria, un desarrollo que se visualiza desde sus intereses.
La base de la
economía del país descansa en el sector agropecuario así como en la mediana y
pequeña empresa, y eso es algo innegable. Visualizar el desarrollo sobre la
base de las inversiones que realizan grandes empresas sin considerar el rol y
aporte que hacen miles de agentes económicos dispersos a lo largo y ancho de
país, es ver la realidad económica con ojo pacho.
Imagínese usted
a Nicaragua sin la producción que realizan los productores agropecuarios
(granos básicos, carne, leche, etcétera) y la pequeña y mediana empresa (ropa,
calzado, artesanía, prestación de servicios turísticos y una variada gama de
productos que consume la mayoría de la población). Imagine que de pronto
desaparecen como agentes económicos, que sus productos no existen en el
mercado. Nicaragua sería el reino de las grandes empresas, el reino de la
escasez para los sectores empobrecidos y la “clase media”. Los grandes empresarios
dominarían la economía, el mercado y seríamos presa de sus bucólicos antojos por
obtener cada vez más altos índices de ganancia. Ese es el desarrollo que
visualiza el presidente del COSEP.
El banco, el
pata de gallina, el trinomio “Gobierno – Empresarios – Trabajadores” ha sido
creado para lograr estabilidad y “paz empresarial”. Allí se discuten los temas
que son emblemáticos y que esgrime como indicadores de desarrollo el
representante de la cúpula empresarial, pero a la hora de negociar en la pata
de gallina el salario mínimo de los trabajadores en los diferentes sectores de
la economía, el salario de los pobres, pegan brincos y abandonan su lugar.
El desarrollo
del país será realmente desarrollo cuando todas las fuerzas productivas lo
logren, recibiendo los beneficios que históricamente se les ha negado, no
migajas, y que hoy disfrutan los grandes empresarios más que ayer.
martes, 27 de mayo de 2014
EL NEGOCIO MÁS LUCRATIVO DE NUEVA GUINEA
El negocio más lucrativo de Nueva
Guinea no es el cultivo de café robusta, ni de piña MD2, ni de frijoles, ni
quequisque y yuca. Ni las pulperías ni las grandes distribuidoras que obtienen altísimos
márgenes de ganancia con la venta de sus productos se equiparan con los servicios sanitarios ubicados en el mercado
municipal.
Son miles de personas que los
utilizan diariamente. A razón de C$ 5.00 por cliente —no importa si solamente
vas a orinar, eso tenés que pagar— obtienen un ingreso promedio mensual de 300,000.00
córdobas. Sus costos se resumen en personal (2), papel higiénico porque cuando
pagas te dan un pedacito que tienen listo, materiales de limpieza (creolina,
detergente, escobas, etc.) y pago por la succión de los sedimentos depositados
por los nuevoguineenses (de comarcas, colonias y del casco urbano que demandan
el servicio) cuando se llenan las fosas sépticas a una pipa que posteriormente
los arroja donde se le antoja contaminando el entorno.
Es altamente lucrativo y por ello
muchos se pelean para obtener la concesión del gobierno local y operarlos.
martes, 15 de enero de 2013
EL AUTOMOVIL Y LA CALIDAD DE VIDA
Se estima que en
Nicaragua se venden anualmente unos trece mil autos nuevos y esta cifra se
incrementa un treinta por ciento anual. Un elevado porcentaje del ingreso es
destinado a la adquisición y uso de este producto, a tal grado que ha llegado a
ser, después de la vivienda, el segundo de los bienes en importancia económica,
medida por la cantidad de recursos que se destinan a su producción y consumo.
Para calcular el
volumen global de consumo de bienes y servicios implicados en esta actividad
debemos tener en cuenta: a) los automóviles, con todo lo que implica su
producción y utilización por los usuarios; b) su transporte, distribución y
comercialización; c) los lugares donde se guardan y protegen en las residencias
de sus poseedores, y los lugares públicos de estacionamiento; d) los terrenos
de alto valor que se utilizan en ello (aproximadamente un 30 por ciento del
espacio urbano en las grandes ciudades); e) los repuestos y accesorios; f) el
tiempo que se emplea en su manutención, limpieza y reparación; g) la
producción, distribución y consumo de combustibles, aceites, neumáticos y los
demás elementos indispensables para su funcionamiento; h) la gran cantidad de
talleres mecánicos y eléctricos donde se efectúan servicios de mantenimiento y
reparación; i) el personal y los recursos destinados a regular el tránsito
vehicular, los semáforos y sistemas de control; j) los seguros contra accidentes
y robos; k) los accidentes de tránsito (una de las principales causas de muerte
y que dan lugar al uso de un elevado porcentaje de los presupuestos de salud) y
l) la construcción, manutención, utilización y ampliación de calles y
carreteras.
Estas actividades
han sido y, tal parece ser, seguirán dinamizando la economía, contribuyendo en
un alto porcentaje en los indicadores de crecimiento de la producción y
consumo. Pero, ¿constituye realmente un proceso de desarrollo si lo evaluamos
desde las personas y la comunidad, que son el fin último de la economía?
En cuanto a
necesidades, la más importante que atienden estos bienes y servicios es el
transporte y desplazamiento de las personas. Pero a medida que aumenta la
cantidad de automóviles que se desplazan por Managua, la satisfacción marginal
(la que proporciona cada nueva unidad de producto que se utiliza) va
disminuyendo rápidamente porque la introducción de cada vehículo en el sistema
de transporte incrementa la congestión del tránsito de tal modo que disminuye
la velocidad media de circulación.
En las horas
pico, la velocidad media de circulación oscila entre 10 y 20 kilómetros por
hora y, si consideramos el tiempo que las personas dedican a estacionar, lavar,
mantener, reparar y utilizar sus automóviles, y se lo divide entre la cantidad
de kilómetros que las personas se desplazan en ellos, se llega a cifras del
orden de 5 a 10 kilómetros por hora, esto es, tanto como desplazarse caminando.
Cualquier
aumento adicional en el consumo de automóviles disminuye aún más la utilidad
neta de ellos, medida según la satisfacción de necesidades humanas que
proporcionan, y aumentan los costos globales implicados en la satisfacción de
esta necesidad (ensanchamiento de calles y carreteras, espacios de estacionamiento
y accidentes de tránsito) así como el aumento del ruido, el impacto sobre el
medio ambiente y las consecuencias a nivel de salud física y psicológica de las
personas.
Es cierto que,
en sentido inverso, no se ha planteado la satisfacción de otras necesidades,
además de movilizarse, que proporciona el automóvil a sus propietarios, como
las relacionadas con el prestigio social (¡conducir un Four Wheel Drive
en la ciudad!), sobre el cual, dicho sea de paso, habría mucho que decir
respecto a la calidad de satisfacción que se obtiene de esa manera.
Es de esperarse
que a futuro se dicten medidas de restricción a la circulación de
vehículos —que tienen el mismo efecto
que una disminución del consumo— para mejorar la eficiencia global del
transporte en Managua y concitan la adhesión de los usuarios afectados por la
misma restricción tal como hoy lo manifiestan en Twitter.
Lunes, 07 de enero de 2013
Ronald Hill A.
lunes, 29 de octubre de 2012
LA ECONOMÍA DOMÉSTICA O FAMILIAR
La economía doméstica tiene un
peso significativo en la economía global del país por la magnitud de la fuerza
de trabajo que ocupa y las necesidades básicas de la población que satisface.
En ella se realiza habitualmente una importante cantidad de trabajo productivo
y se efectúa una insustituible contribución al desarrollo. De ella se han
ocupado muy poco los economistas debido a que las familias suelen ser
consideradas como unidades de consumo, y no de producción de bienes y servicios
y de reproducción de factores económicos.
La economía doméstica no es tan
pequeña como aparece en las estadísticas y cuentas nacionales, pues una parte
relevante de su producción está orientada al autoconsumo o se distribuye por
los canales de la llamada “economía informal” que no deja registros
susceptibles de su apropiada cuantificación. Es por esa falta de reconocimiento
que podemos hablar de la “invisibilidad” del trabajo doméstico autónomo, lo que
se explica básicamente porque su producción no tiene expresión monetaria y, por
ello, la dificultad para cuantificarlo y apreciar su magnitud.
El reconocimiento del trabajo
doméstico como verdadero trabajo ha tenido lugar a partir de los intentos por
valorizar el trabajo de la mujer en el hogar y en función de reivindicar ciertos
derechos asociados a dicho trabajo. Determinada la actividad del trabajo
familiar, se procede a valorarla con base en los precios que tienen en el
mercado bienes y servicios similares (cocinar, limpiar, lavar ropa, hacer
compras, atender a los menores y a los ancianos, etcétera).
En la valoración del aporte de la
economía doméstica al desarrollo del proceso de producción hay que considerar,
además del implicado en la producción de bienes y servicios, el que corresponde
a la producción y reproducción de factores económicos. Gran parte de los
ingresos de las familias es destinado, a través de los gastos de alimentación,
salud, educación, cultura y recreación,
al mantenimiento y expansión de las capacidades laborales, de los
conocimientos técnicos y de los valores de integración social y comunitaria.
Aunque la parte de los ingresos familiares destinada a estos fines sea
considerada habitualmente como “gastos de consumo”, si se analiza bien se trata
en muchos casos de verdadera inversión productiva.
La magnitud y diversidad de la
economía doméstica difiere según los contextos y niveles socio-económicos. La
contribución que hacen en la satisfacción de las necesidades es mucho mayor en
familias pobres que en aquellas de nivel medio y alto donde muchas actividades
que tradicionalmente eran efectuadas por los integrantes de la familia suelen
ser realizadas por trabajo externo contratado: empleadas domésticas,
jardineros, vigilantes, choferes, etcétera.
En décadas y años recientes es
notoria la realización de actividades que antes se desplegaban en términos
mercantiles. En ese sentido, algunos fenómenos inciden en una ampliación de los
espacios de la economía familiar: los altos niveles de desempleo, empleos de medio tiempo, el desarrollo
tecnológico que ha llevado al seno del hogar un conjunto de máquinas
electrodomésticas y electrónicas que prestan servicios eficientes y facilitan
el trabajo, el desarrollo de los medios de comunicación, la computación y la
informática que abren formas de trabajo que pueden ejecutarse sin necesidad de
salir de casa, la difusión del bricolaje o “hágalo usted mismo”. Además, están
en curso ciertos cambios culturales que alteran los roles de los sexos y las
generaciones que en alguna medida amplían las actividades productivas domésticas.
¿Existen posibilidades de
expansión y perfeccionamiento de la economía doméstica que eleven sus niveles
de productividad? La fuerza de trabajo está constituida por personas que no
tienen empleos formales y por el uso de tiempos excedentes respecto a los
requerimientos del trabajo asalariado. Los medios materiales que se utilizan
–la casa, los artefactos, las herramientas y otros implementos– tampoco pueden
ser utilizados industrialmente. Los conocimientos tecnológicos, las capacidades
organizativas y el financiamiento constituyen un aporte adicional que las
familias hacen a la producción. Existe reducción de costos (transporte,
transferencia, distribución, publicidad) que no son necesarios y que determinan
que la economía doméstica sea económicamente conveniente en ámbitos crecientes.
El desarrollo tecnológico reduce el tamaño, el costo de equipos y aparatos para
uso productivo con grandes posibilidades de aumentar su productividad.
Otra posibilidad es el desarrollo
de una educación que vuelva a preocuparse por las necesidades de conocimiento y
formación requerida por la economía y producción doméstica. Pero lo más
importante es la necesidad de un cambio cultural que permita descubrir las
potencialidades de realización humana implicados en la recuperación de las
familias como comunidades de trabajo y vida, integradas
en barrios y comunidades dinámicas y en desarrollo.
22/10/2012
jueves, 6 de octubre de 2011
DÍAS DE ROSQUILLAS
| Elisa Martínez |
El día de doña Elisa Martínez comienza antes del amanecer: despierta a las tres de la mañana, revuelve el maíz con trozos de queso, carga su carretón y se dirige al molino del mercado municipal de Nueva Guinea. A las cuatro y media está de regreso en la cocina de su casa y comienza a preparar la masa agregándole crema y margarina. Su hija, su nuera y una empleada se ponen a enrollar, hacen las rosquillas, viejitas y empanadas, mientras el horneador atiza el fuego del horno para que, una hora después, comience a recibir las primeras bandejas.
Doña Elisa prepara la masa obtenida de las cincuenta y cinco libras de maíz en cinco porciones en la medida que se va enfriando, porque sale caliente del molino y está pendiente del trabajo de los otros. En el día hace tres horneadas y una tostada, introduciendo en el horno tres veces todas las bandejas. A las seis de la tarde concluye el trabajo del día.
Lunes, miércoles y viernes repite la rutina. En esos días, sus fieles clientes acuden a retirar sus encargos a partir de la una de la tarde. “No saco venta a las calles, aquí las vendo todas, gracias a Dios. Me vienen pedidos de hasta dos mil quinientas rosquillas que las envían a familiares que viven en los Estados Unidos”. Domingo, martes y jueves se dedica a nesquisar el maíz. Comienza a hacerlo a partir de las once de la mañana. “Lo pongo a cocer con cal, no lo dejo muy cocido y apenas pela, lo bajo del fuego”, explica. Entre las dos y tres de la tarde lo deja escurriendo en una pana colador para molerlo al amanecer.
Aprendió a hacer rosquillas ayudándole a una cuñada que es de Somoto. Al inicio hacia poquito, unas quince libras de maíz, no tenía quien le ayudara. Lleva quince años ganándose la vida con sus rosquillas. “En los años ochenta no podía hacerlo porque todo era controlado”, dice doña Elisa. Aprendió a hacer rosquillas somoteñas, pero se dio cuenta que a sus clientes le gustan más las que ella hace. Cuando pregunté por la diferencia existente entre las somoteñas y las de ella, me dijo: “Las somoteñas se hacen con el maíz sancochado, le ponen queso entero y muchos le agregan huevo. La masa queda demasiado suave y hay que pasar hasta dos días tostándolas para que queden bien”. “Una vez vino una muchacha de la universidad, estudiante de administración, para hacer un estudio de mi negocio. Le di toda la información, la misma que usted pide, y al final, salió diciendo que no progreso porque soy analfabeta”, comentó con desconfianza.
Los costos en que incurre doña Elisa ascienden a C$ 34,526 equivalentes a 1,529 dólares a la tasa de cambio oficial. Estos costos han sido estimados con base en los doce días del mes que elabora sus productos. Los insumos empleados son maíz, queso, crema, margarina, dulce, canela y cal. También se incluye la leña y el pago del molino. La mano de obra empleada corresponde a la del horneador, tres ayudantes (dos familiares, su hija y nuera) y el trabajo de ella. Los insumos equivalen al 74%, la mano de obra al 21%, mientras que la leña y el pago del molino al 5%.
Los ingresos se han calculado con base en las cinco mil unidades que produce en cada horneada. De ellas, el setenta por ciento corresponde a rosquillas, mientras que el restante treinta por ciento se divide entre viejitas y empanadas en igual proporción. Al mes vende un total de 42 mil rosquillas, 9 mil viejitas y 9 mil empanadas. Las rosquillas y viejitas son vendidas a un córdoba, mientras que las empanadas a dos. Sus ingresos totales ascienden a 69 mil córdobas, equivalentes a 3,040 dólares.
La utilidad neta de Doña Elisa es de 126 dólares por cada día de rosquillas, mientras que a la semana asciende a 378 y al mes a 1,511 dólares. Su relación costo–beneficio es de 1.99, es decir que, por cada dólar invertido recupera 0.99 centavos de dólar, casi el 100 por ciento. Por supuesto que su utilidad está sujeta a la variación de precios de los productos que emplea. “Hace unos meses compraba el maíz a 850 córdobas el quintal, ahora, al salir la cosecha, lo compro a 320. El precio del queso siempre sube y baja. No dejé de hacer rosquillas por mantener el negocio y no perder a mis clientes”, dice doña Elisa.
Doña Elisa tiene un negocio exitoso y no amplía su capacidad de producción, no por ser analfabeta, sino porque se siente satisfecha con sus resultados. El éxito se encuentra en el “saber hacer”, en su experiencia, en la recíproca colaboración voluntaria de los miembros de su familia, en la conciencia de que son parte de una misma realidad; el reconocimiento de objetivos e intereses compartidos que le dan fuerza a su actividad productiva en el entorno familiar. Es otro ejemplo de la economía popular que predomina en nuestro país donde el factor comunitario es vital. “Con estos días de rosquillas me gano la vida, no necesito trabajarle a otro, esto me da para vivir”, dijo sonriente.
Ronald Hill A.
La Colina
Nueva Guinea, RAAS.
Domingo, 02 de octubre de 2011
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