Mostrando entradas con la etiqueta Ganadería. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ganadería. Mostrar todas las entradas

sábado, 11 de noviembre de 2023

LA FERIA, UNA TRADICIÓN QUE SE RESISTE



En la pista de antaño, donde aviones solían aterrizar,

ahora se erige la feria, un espectáculo sin par.

Maquinaria reluciente, tractores y camionetas en hilera,

la gente asombrada, mira y se regocija entera.

Ganaderías de renombre, desfilan con altivez,

ganado de raza, como estrellas en el revés.

Productores y bancos entrelazan destinos,

facilitando el progreso con lazos divinos.

Niños corretean, risas en el aire,

juegos mecánicos, en su diversión se declaran.

Y al caer la noche, la barrera cobra vida,

toros desafiantes, montadores en la arremetida.

Gritos de emoción, chicheros en acción,

La fiesta se desborda, ¡qué gran celebración!

Chinamos llenos, de bebedores ansiosos,

bailando a su estilo, con sus vaqueras hermosas.

Botas de vaquero y jeans llenos de lodo,

bailan hasta el amanecer, con un ritmo a todo nodo.

Grupos renombrados, llenan el escenario,

música que alimenta, hasta el último repertorio.

Corrales en silencio, el ganado descansa,

cuidadores y bestias, en paz se balancean.

La feria se apaga, pero en la memoria persiste,

tres días de algarabía, una tradición que resiste. 


11 de noviembre de 2023

Foto cortesía de Orlando González

lunes, 5 de marzo de 2018

NUEVA GUINEA: FLUJO DE ESPERANZA




Nueva Guinea,

abundancia de árboles, ríos y praderas,

suficiente para sustentar una familia,

como lo probaron los fundadores

y miles que anhelaban un pedazo de tierra.

 

Un lugar donde los Ulwas y los huleros

confiaron en la madera y el agua,

en un juego salvaje y floreciente,

marcado por huellas, cascos, pezuñas y alas.

 

Pradera donde la hierba crece

más alta que un hombre,

nutrida por el calor, el frío, la lluvia y la sequía,

sostenida por raíces de hondura inimaginable.

 

Hoy, vidas y raíces se han alterado;

asentamientos, concentración de tierras,

monocultivo y ganadería nos empujan

hacia el sureste, camino al litoral.

 

El prado del Caribe central fue arado,

sus suelos han dado abundancia,

han nacido colonias, parcelas y fincas

que sostienen miles de familias.

 

Aquí, en los senderos de las fincas,

se tocan historias de vida,

semillas que respiran azul y verde,

que escuchan la música del insecto, la hoja, el pájaro,

el eco del puente sobre el arroyo que fluye y nos une.

 

Nos conecta con el pasado,

donde meditamos inmersos en el flujo de la esperanza,

en la adversidad, la alegría y la tristeza de esta tierra,

donde tantos deambularon y quedaron hechizados al pasar.


5 de marzo
58 aniversario  
Foto propia.



miércoles, 14 de octubre de 2015

EL BEJUCO: LOS COMPADRES Y LA GANADERÍA


La maleza recién cortada brillaba entre el pasto que comenzaba a crecer después de la lluvia. Un rebaño de ganado se protegía de la inclemencia del sol bajo la sombra de los árboles de Guanacaste, apiñado en un corral de alambre; el estado de sus carnes, la flacura, es producto de la mala alimentación y la escasez de agua en las llanuras chontaleñas. Los pozos están secos, los caños y ríos perdieron su alegría, la carretera de asfalto se derrite en sus lados y el hervor que emana sube como calentura hasta la cabeza. “Necesito un oasis”, pensé al avanzar sobre el empalme de Lovago en dirección hacia a Acoyapa, buscando la salida a San Carlos.

Vi un bar y me detuve girando a la izquierda. Traspasé un pequeño andén de acceso y me senté en una silla de madera a la orilla de un bordillo de bambú barnizado. Una mujer de unos treinta años, con el cabello negro ondulado que caía hasta sus hombros, se acercó con el menú en sus manos. “El Bejuco”, decía la portada.

    ¿Va viajando?
    Sí, hacia Nueva Guinea. Este calor está insoportable.
    ¿Va a tomar algo?
    Un refresco natural. ¿Tiene limonada?
    Ya se la traigo.

Su cuerpo firme se onduló al vaivén de los pasos como macolla de jaragua en la llanura chontaleña azotada por el viento.

Volví la mirada y noté otro bordillo pero de concreto; en ese ambiente dos hombres conversaban degustando un litro de cerveza y más al fondo un rotulo indicaba la ubicación de los servicios sanitarios. De frente, el bar tender llenaba un vaso con hielo. Levanté la mirada y noté el cielo raso de caña de castilla, los horcones de madera sosteniendo el techo. Escuché el rugir de una licuadora. Una camionetona Land Cruiser doble cabina, de color fucsia quemado, se estacionó; un hombre de unos 60 años con barbita de chivo canosa, lentes de medida y luciendo un sombrero camoapaeño se bajó de ella. Con el taconeo de sus botas entró al Bejuco y la mujer regresó con el vaso de limonada.

    ¡Hola, comadre! —dijo saludando a la mujer.
    ¡Adelante, compadre Julio! —respondió y lo siguió.

Bebí la limonada granizada y me di cuenta que estaba hecha de limón de castilla. Después de tres sorbos sentí lo helado subiéndoseme a la cabeza. “Buena parada”, pensé mientras veía cómo un jeep BJ40 de los años 70, color verde, se estacionó al lado de la camionetona. La mujer y Julio se quedaron expectantes, mirando hacia el andén de acceso. Un hombre de cabello gris cubierto por una gorra azul traspasó el bordillo.

    ¡Ideay, compadre Adolfo!, ¿por qué renquea? —expresó Julio desde la mesa que ocupaba.

El hombre caminó lentamente, sosteniéndose la pierna derecha con la mano. Jaló una silla y se sentó al lado de Julio estirando la pierna renca. La mujer lo observaba sin decir palabra.

    Creo que tengo artritis, talvez sea ácido úrico.
    No joda, compadre, lo que usted tiene es rencura de perro.
    No sea jayán, compadre.
    ¿Qué van a tomar? —preguntó la mujer.
    Un cuartito de whisky, de Johnny caminante con soda —dijo Julio. —Las bichas le hacen daño a mi compadre Adolfo —agregó cuando la mujer caminó hacia el lado del bar tender.
    ¿Y la comadre?, ¿cómo está? —preguntó Adolfo.

Julio tomó un puro del bolsillo de su camisa, le quitó el plástico, lo mordió, raspó un fósforo de lucifer en la mesa y lo encendió. El humo de puro rebotó en el cielo raso y su aroma se coló por mi nariz hasta estremecerme los pulmones. “Ummm, buen puro”, pensé.

    Está bien, recuperándose del tal chikungunya. Al rato eso es lo que usted anda, compadre. Ella así se levantaba de la cama, con esa rencura de perro, pero ya está mejor —dijo Julio tirando humo por la boca como dragón sentado en la piedra de Cuapa.
    No compadre, yo me conozco, esto no es ese tal chikun…, ya me enredé la lengua, ja, ja.

La mujer regresó a ellos con una bandeja sostenida por su mano izquierda y les sirvió. Al retirarse la llamé.

    ¿Se le ofrece algo más?
    Algo para comer, algo liviano.
    Le ofrezco quesillo, tacos y sándwich.
    Un quesillo, por favor. ¡Ah!, y otra limonada.
    No tardo —dijo y noté los ojos de color miel bajo sus pastosas cejas.

El ruido de una caravana de seis camiones ganaderos sobre la carretera, en dirección hacia el empalme de Lovago, estremeció los cimientos de El Bejuco.

    Mire, compadre Julio, allí van los novillos —dijo Adolfo de pie, sosteniendo su pierna renca.
    Esos vienen del lado de Nueva Guinea, allí hay abundancia pero están carísimos —respondió Julio luego de empinarse el vaso.
    Viera, compadre, cómo se apiñan esos camiones al lado de la catedral de Nueva Guinea, amanecen esperando que abran las puertas de la alcaldía.
    Ya los he visto, pero no he podido comprar terneros, nadie quiere venderlos y si se deciden te piden antojos de locura.
    Esa es la pechuga de la ganadería en estos tiempos, los toretes de doscientos cincuenta kilos.
    A propósito, compadre, ¿y los que me prometió?

El compadre Adolfo se empinó el vaso y saboreó el trago; sin responder se levantó y caminó renqueando en dirección a los servicios sanitarios. La mujer regresó y me sirvió la limonada y el quesillo.

    ¡Hola, amigo! —dijo Julio dirigiendo el saludo hacia mi lado. Volví a ver si era a otra persona y me di cuenta que me saludaba.
    Hola —respondí.
    ¿Va viajando?
    Sí, voy para Nueva Guinea por el lado de El Almendro.
    ¿Viaje de negocios?
    No, allá vivo.
    Su cara me parece conocida, ¿desde cuándo vive allá?
    Viví varios años en Juigalpa, pero desde 1990 radico en Nueva Guinea.

El compadre Adolfo regresó a la mesa, estiró la pierna renca y se sentó. La mujer estaba expectante con uno de sus hombros descansando sobre la barra del bar tender. Los hombres que bebían cerveza gritaron pidiéndole otro litro.

    El amigo es de Nueva Guinea —dijo Julio y Adolfo me saludó desde la mesa.
    Allí está el progreso —respondió Adolfo.
    Por aquí también se nota —respondí.
    Acoyapa es el pueblo típico ganadero, la ganadería es la fuente principal de su riqueza —dijo Julio.
    Los ganaderos viven el clímax del boom ganadero —dije.
    Los precios están buenísimos —dijo Adolfo.
    No se haga el chancho, compadre, ¿qué pasó con la ternerada?
    Mire, compadre, me ofrecieron un precio parejo, no pude negarlos.
    Se fija, compadre, por eso estamos como estamos, ni entre nosotros nos correspondemos. Por eso, porque no somos unidos, hasta de contrabandistas nos acusan los arribistas de los mataderos.
    Pero, compadre, vendí los cuarenta terneros a 62 córdobas el kilo, el lote entero, sin apartar cabeza, cuerpo y cola.
    Busque como reponerlos pronto porque los banqueros andan regando la bola que va a bajar el precio del ganado —dijo Julio.
    Dónde ha visto que la carne baja de precio, ese es amarre que tienen los banqueros que también son exportadores con los mataderos —dijo Adolfo.
    Póngase vivo, usted amárrese conmigo, la próxima ternerada me la aparta. Le voy a dar un cheque de anticipo. 
    Eso, mi compadre, en seis meses le tengo cincuenta toreritos.
    Pero no haga otra caballada, repóngalos, no ande de igualado, cuidado se va a comprar una camionetona.

Llamé a la mujer y pedí la cuenta. “Son cien pesos”, dijo. Me levanté y me dirigí a la mesa de los compadres ganaderos.

    Ha sido un gusto conocerlos —dije y les estreche las manos.
    Por allí nos vemos en Nueva Guinea —dijo Julio.
    Hágase la prueba del ácido úrico —le dije a Adolfo.

La mujer regresó con el vuelto, le di una propina y sus ojos brillaron. “Que le vaya bien”, dijo. En el trayecto hasta el empalme del Pájaro Negro, antes de girar hacia El Almendro, no vi ni una sola cabeza de ganado.


Octubre, 2015.

viernes, 26 de junio de 2015

NO ES EL CONTRABANDO, ES EL SISTEMA


El sector empresarial vinculado a la ganadería ha creado una alharaca con la que arroja las culpas de la escasez de ganado para matanza industrial al contrabando y a la exportación de ganado en pie. Con ello se sacuden las culpas que han creado y que por décadas afectan a los pequeños y medianos productores del país.

Dicen, tratando de asegurarse el futuro con las posibles medidas que el gobierno ha de tomar por sus gritos, que el país pierde porque se evaden impuestos, se pierden empleos y, por lo tanto, se afecta la economía nacional. Recurren al grito porque saben que “el que más grita traga más pinol”.

La escasez de ganado en Nicaragua es cíclica, es estacional, es así por el sistema de producción extensivo que se practica en el 95 por ciento de las fincas existentes, en las fincas de los pequeños y medianos productores, en las de los “bota de hule”, de los “finqueros” ubicados en zonas lejanas e históricamente sin acceso a fuentes de financiamiento a largo plazo que contribuyan a romper la lógica del sistema de producción imperante. La producción ganadera es estacional porque depende de las condiciones climatológicas, es decir, de los periodos secos y lluviosos.

Durante la época seca los niveles de producción se reducen drásticamente por la escasez de pastos y, debido a ello, la mayoría de ganaderos practica la trashumancia del ganado, trasladándolo desde las zonas secas del país hacia las zonas húmedas en busca del verdor de los pastos. Las zonas secas quedan despobladas de ganado y los ganaderos que no tienen finca en la zona húmeda deben de buscar cómo resolver el problema  de subalimentación del hato, venderlo o armarse de hasta piedras para aprovechar el cuero de los animales que se les mueren. Los que logran ordeñar sus vacas son premiados con el incremento del precio de la leche, no por la calidad, muchos menos por elevar sus rendimientos (litros por vaca), sino por la escasez de la misma.

En las zonas húmedas se da una sobrepoblación de ganado que provoca la caída del precio de la leche y sus derivados, convirtiéndose en el escenario de la lucha entre compradores de ganado en pie, muchos de ellos intermediarios, llamados “programadores de ganado” de los mataderos. En esa lucha, cuando existe la posibilidad de vender ganado para ser exportado en pie, miles de pequeños ganaderos obtienen beneficios porque se le paga un mejor precio por el kilo de carne en comparación con lo que paga el matadero. La red social ganadera se activa, los compadres y amigos confían entre ellos, la correspondencia a caballo funciona, los compradores de dos y tres animales mueven ese negocio que, al final, termina en inmensos corrales para ser exportados en barcos hacia Venezuela.

Después que inicia el periodo lluvioso, el ganado de ordeño se traslada a sus zonas de origen y, por el llamado “golpe de leche”, las plantas reducen drásticamente el precio por litro que les pagan a los productores. Los novillos continúan en la zona húmeda y se da la sobreabundancia de animales machos lo que provoca, sin la competencia de los exportadores de ganado en pie, una caída en el precio; así los mataderos aumentan el aprovechamiento de su capacidad instalada, es decir la matanza diaria y, por ende, sus beneficios.

El cuento del contrabando ni ellos mismos se lo creen. Nicaragua es el país más seguro de la región centroamericana, pero tal parece que para estos señores dicha seguridad debe usarse según sus intereses. Ahora resulta que los puntos ciegos son los causantes del desastre que ellos mismos han causado en el sector ganadero. Ahora dejan en entredicho el trabajo que la Policía Nacional y el Ejército de Nicaragua realizan en el campo, en las comunidades rurales y en la montaña, con el fin de evitar que se siga exportando ganado en pie, exportación que beneficia a los pequeños y medianos productores, a las comunidades, a los arrieros y a los “bota de hule” porque se les paga mejor precio.

La competencia es vital para que el sistema de producción ganadero se desarrolle, pero mientras los factores claves para lograrlo (tecnología, financiamiento, acopio, transformación, comercialización) continúen en manos de empresarios que actúan sin riesgos, con lógica oportunista frente a los problemas, demandándole al gobierno medidas que incrementen sus beneficios como listado en una carta al niño Dios, la ganadería en el país seguirá siempre a la deriva.


Ronald Hill A.
26 de junio de 2015

martes, 10 de junio de 2014

“PARA MÍ LA SEQUÍA NO ES PROBLEMA”


Si la mayoría de los pequeños y medianos ganaderos de Nicaragua invirtieran en la mejora de las condiciones de su finca en cuanto a la alimentación del ganado se refiere, los índices productivos y reproductivos del hato nacional se elevarían, tendrían mayor seguridad frente a  elementos externos que no pueden controlar como la sequía prolongada que se da por el fenómeno del niño, se reduciría la presión sobre las áreas boscosas, es decir que se frenaría el avance de la frontera agrícola, y cada vez serían menos los conflictos sangrientos por la tierra en territorios indígenas del Caribe.

El señor Alfredo Hidalgo Mejía, ganadero de Nueva Guinea, ha mejorado progresivamente las condiciones de su finca para garantizar la alimentación necesaria de su hato conformado por 60 cabezas e implementar un sistema de manejo semi-estabulado. Ha invertido en una galera, comederos, pastos mejorados, cultivo de caña de azúcar, pastos de corte, picadora y un trapiche para producir melaza que emplea en la alimentación del ganado. Es un proceso que ha venido desarrollando desde hace varios años y ahora considera que no tiene problema con la alimentación del ganado.

“Hay que prepararse porque aquí toda la gente tiene pasto Retana, si queremos tener un animalito hay que prepararse. Es caro pero el gusto es tener estos animalitos. Para mí la sequía no es problema”, dice Hidalgo con seguridad. “El agua se ha escaseado pero siempre tengo agua”, agrega.

Ahora su problema es la mano de obra porque no encuentra trabajadores. “La gente no quiere trabajar, quiere ganar bastante pero no quiere trabajar. Un ratito viene uno, un ratito viene otro”, señala.

Al igual que Alfredo existen en el país otros ganaderos que hacen la diferencia, pero la inmensa mayoría de ellos dependen del obsoleto sistema de producción extensivo. Sus inversiones se concentran en tierras y ganado “cholenco” sin ninguna mejora tecnológica. Por ello la ganadería del país tiene bajos índices productivos y reproductivos, y junto a los depredadores ambientales —los invasores de tierras indígenas y los madereros—, sigue siendo considerada enemiga del medio ambiente.

Aquí les dejo este vídeo donde el productor nos explica sus logros.

jueves, 7 de junio de 2012

ENTREVISTA EN UN TRANQUE A PRODUCTOR DEL MOVIMIENTO CERO LECHE, CERO CARNE

Hoy amanecieron varios tranques del movimiento de productores "Cero Leche, Cero Carne" en diferentes zonas del país (Empalme de Lóvago, Empalme de la Curva, La Gateada de Chontales, Empalme del Triunfo y Pájaro Negro de Río San Juan y Empalme de El Verdun en Nueva Guinea). Demandan precio justo por la leche y el ganado.

Aquí les dejo este vídeo donde el productor Rodney Alvarez nos explica las razones y lo que pretenden alcanzar con esta medida. Dale click





jueves, 31 de mayo de 2012

CERO LECHE, CERO CARNE

“Cero leche, cero carne” es el eslogan que emplean los pequeños y medianos productores de Chontales, “Zelaya Central” y Río San Juan en su lucha por alcanzar mejores precios de la leche y el ganado frente a los acopiadores, industria láctea y cárnica del país. Es una lucha entre productores e industria mediana y grande, una lucha histórica, una lucha por la sobrevivencia.

La producción agropecuaria está regulada por las estaciones del año y por ello las variaciones del precio se conocen precisamente como “estacionales”. El pico del precio mínimo se da en la época de mayor producción, puesto que, a su vez, es el de mayor oferta.  A partir de ese momento comienza a ascender hasta llegar a la pre-época de la nueva producción en que la curva estacional del precio alcanza su pico de máxima. A partir de entonces comienza a descender en la medida que aumenta la afluencia al mercado de la nueva producción. En el momento en que ésta llega a su máximo, el nivel del precio alcanza su nivel mínimo y luego nuevamente empieza a ascender dando comienzo a un nuevo ciclo estacional.
            
Históricamente, los productores han sido castigados una vez que se da “el golpe de leche” mediante la caída de los precios de sus productos. La industria reduce el precio al inicio del periodo lluvioso por la sobreoferta de productos que se da con la recuperación de los pastos en las fincas. Consideran que los costos de producción de los productores se reducen porque no deben continuar suplementando el hato con concentrado, melaza ni forraje picado. De igual manera, muchos productores ven castigada la calidad de su producto que en el periodo seco es A y en el periodo lluvioso se torna en C.
           
Los pequeños y medianos ganaderos siempre han estado en desventaja debido a que no pueden almacenar sus productos, no pueden conservarlos como sucede con los granos básicos y, debido a ello, no pueden modificar la curva estacional de precios. Pero pueden incidir en la mejora del nivel de precios presionando a la industria nacional y al mismo gobierno para que defina políticas públicas que los beneficien, tal como lo ha hecho con la industria. Eso es lo que pretenden los productores del movimiento “Cero leche, cero carne” al anunciar el paro de la entrega de leche a los acopiadores (salvadoreños y hondureños), la industria láctea nacional y ganado a los mataderos industriales.
            
El Estado, a través de sus instituciones que atienden el sector agropecuario, debería establecer un sistema de seguimiento y monitoreo de los costos de producción en diferentes estratos de productores de las distintas zonas productivas del país con el fin de establecer márgenes de precios que sirvan de referencia para regular el precio. De igual manera debe tomar en cuenta la correlación existente entre el precio interno y el del mercado internacional para ejercer su función de regulador porque, tanto el queso como la carne, se exportan.
           
En materia económica, en nuestro país predomina la coyuntura sobre lo estratégico a excepción de lo que dictan los organismos internacionales en torno a la macroeconomía. Veremos tranques, paro de transporte de productos y daños económicos porque la industria tiene suficiente leche en polvo para utilizarla enriquecida y continuar ofertando leche,  igual  los mataderos que importan ganado en pie para sacrificarlo.
            
Este movimiento de productores debe ser el inicio, una oportunidad para que el Estado escuche sus propuestas y resuelva sus demandas, aun cuando sea a través del precio político, el precio que mejor maneja y para que se organicen, se integren horizontales y verticalmente alrededor de sus productos.


Ronald Hill A.
La Colina
Nueva Guinea, RAAS
hillron@hotmail.com
Jueves, 31 de Mayo de 2012