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sábado, 10 de junio de 2017

AL RITMO DE LAS VACAS


Camina sin prisa porque sabe que va a llegar y nadie desespera en su espera. Deja que las vacas se desplacen al paso que desean mientras observa lo alto de las ramas en busca de un pájaro aguador.

¿Cuántas ordeñan? Son poquitas, unas cinco, suficiente para las cuajadas de la casa y la leche de mis hermanitos.

¿La ponen a cocer? Sí, cocida y con un poco de canela, así nos encanta.

¿Y antes? Sólo nos daban un poquito, un vasito nada más porque toda la vendían. Ahora nos dan hasta arroz de leche, siempre con las rajitas de canela que me mandan a cortar al fondo del patio.

¿A quién se la vendían? A los vecinos y en el pueblo, pero ahora mi papá dice que no vale la pena, está botada y la quieren regalada, sale mejor que nos empachemos nosotros y que se mamen los terneros.

¿Por qué está botada? Dice mi papá que por lo de siempre, aunque unos dicen que es por la lluvia tempranera que provoca el golpe de la leche. Yo no entiendo cómo nos puede golpear la leche si es una bendición de Dios. Mi papá dice que son mañas de los dueños de las planta de acopio porque siempre nos hacen lo mismo como si no fuéramos nosotros los que les entregamos leche, nos tratan como si fuéramos sus enemigos. Pero también dice que el gobierno tiene culpa porque deja que hagan lo que quieren con nosotros como si no fuéramos de este país, no nos defiende para nada.

¿No vas a la escuela? Si voy, pero hoy es sábado.

¿Y vas a pasar mañana? Siempre, todos los días paso por la mañana.

¿Qué quieres ser cuando seas grande? Cualquier cosa, tal vez maestro porque no quiero vivir como mi papá, el pobre vive de la esperanza y siempre sale mal en sus negocios, nada le sale bien, ni los frijoles, ni la yuca, ni la leche. Así no quiero vivir. ¡Miré, se metieron en aquel callejón!

El niño corrió detrás de ellas, las arreó nuevamente por el centro de la carretera y me dijo adiós de manos al seguir el camino hacia su casa, sin prisa, al ritmo de las vacas.

jueves, 31 de mayo de 2012

CERO LECHE, CERO CARNE

“Cero leche, cero carne” es el eslogan que emplean los pequeños y medianos productores de Chontales, “Zelaya Central” y Río San Juan en su lucha por alcanzar mejores precios de la leche y el ganado frente a los acopiadores, industria láctea y cárnica del país. Es una lucha entre productores e industria mediana y grande, una lucha histórica, una lucha por la sobrevivencia.

La producción agropecuaria está regulada por las estaciones del año y por ello las variaciones del precio se conocen precisamente como “estacionales”. El pico del precio mínimo se da en la época de mayor producción, puesto que, a su vez, es el de mayor oferta.  A partir de ese momento comienza a ascender hasta llegar a la pre-época de la nueva producción en que la curva estacional del precio alcanza su pico de máxima. A partir de entonces comienza a descender en la medida que aumenta la afluencia al mercado de la nueva producción. En el momento en que ésta llega a su máximo, el nivel del precio alcanza su nivel mínimo y luego nuevamente empieza a ascender dando comienzo a un nuevo ciclo estacional.
            
Históricamente, los productores han sido castigados una vez que se da “el golpe de leche” mediante la caída de los precios de sus productos. La industria reduce el precio al inicio del periodo lluvioso por la sobreoferta de productos que se da con la recuperación de los pastos en las fincas. Consideran que los costos de producción de los productores se reducen porque no deben continuar suplementando el hato con concentrado, melaza ni forraje picado. De igual manera, muchos productores ven castigada la calidad de su producto que en el periodo seco es A y en el periodo lluvioso se torna en C.
           
Los pequeños y medianos ganaderos siempre han estado en desventaja debido a que no pueden almacenar sus productos, no pueden conservarlos como sucede con los granos básicos y, debido a ello, no pueden modificar la curva estacional de precios. Pero pueden incidir en la mejora del nivel de precios presionando a la industria nacional y al mismo gobierno para que defina políticas públicas que los beneficien, tal como lo ha hecho con la industria. Eso es lo que pretenden los productores del movimiento “Cero leche, cero carne” al anunciar el paro de la entrega de leche a los acopiadores (salvadoreños y hondureños), la industria láctea nacional y ganado a los mataderos industriales.
            
El Estado, a través de sus instituciones que atienden el sector agropecuario, debería establecer un sistema de seguimiento y monitoreo de los costos de producción en diferentes estratos de productores de las distintas zonas productivas del país con el fin de establecer márgenes de precios que sirvan de referencia para regular el precio. De igual manera debe tomar en cuenta la correlación existente entre el precio interno y el del mercado internacional para ejercer su función de regulador porque, tanto el queso como la carne, se exportan.
           
En materia económica, en nuestro país predomina la coyuntura sobre lo estratégico a excepción de lo que dictan los organismos internacionales en torno a la macroeconomía. Veremos tranques, paro de transporte de productos y daños económicos porque la industria tiene suficiente leche en polvo para utilizarla enriquecida y continuar ofertando leche,  igual  los mataderos que importan ganado en pie para sacrificarlo.
            
Este movimiento de productores debe ser el inicio, una oportunidad para que el Estado escuche sus propuestas y resuelva sus demandas, aun cuando sea a través del precio político, el precio que mejor maneja y para que se organicen, se integren horizontales y verticalmente alrededor de sus productos.


Ronald Hill A.
La Colina
Nueva Guinea, RAAS
hillron@hotmail.com
Jueves, 31 de Mayo de 2012

miércoles, 18 de enero de 2012

LA LUCHA POR LA LECHE

La producción de leche se sostiene por el trabajo laborioso de miles de pequeños y medianos productores ganaderos a lo largo y ancho del territorio nacional. El sistema de producción que practican es catalogado como de “doble propósito” porque no existe especialización tendiente a la producción y se obtiene de un mismo hato o rebaño los principales productos de demanda creciente por parte de la población: carne y leche.
         
Se tipifica como tradicional por ser el empleo de tierra, ganado y mano de obra sus factores económicos predominantes. Los niveles de productividad a nivel nacional son bajos. La tasa de parición es del 45 por ciento, mientras que el intervalo entre partos es mayor a los dieciocho meses; la producción de leche por vaca por día es de 3.8 litros, los novillos alcanzan el peso deseado para el sacrificio, entre 380 y 400 kilogramos, a los tres y medio o cuatro años.
         
Los pequeños productores y el campesino “finquero” de montaña se encuentran atomizados. Ordeñan al “pie de la vaca” bajo las inclemencias climáticas, transforman la leche en queso artesanal con mano de obra familiar y lo transportan grandes distancias en bestias para comercializarlo en los “puertos de montaña” donde funciona la ley de un sólo precio debido a que el mercado se satura, provocando la baja del precio que es establecido por intermediarios acopiadores que obtienen los excedentes.
         
Los pequeños y medianos productores ubicados en zonas con acceso a caminos, tales como “la vial láctea” ubicada en Muy Muy, Matiguas y Río Blanco, “el cuadrilátero lechero” ubicado en Nueva Guinea, El Almendro y El Coral, así como los productores de la zona de Boaco, Camoapa y Chontales, venden la leche fluida en pichingas al borde de carretera a plantas acopiadoras de inversionistas salvadoreños y hondureños que la transforman en queso para exportarlo a sus países, obteniendo grandes ganancias por el diferencial del precio pagado al productor nacional y el precio que pagan los consumidores en sus países de origen.
         
En esas zonas han surgido cooperativas lecheras como respuesta de los productores para enfrentar unidos los retos de sus empresas. Sus sistemas de producción se han visto mejorados por inseminación artificial, construcción de galeras para el ordeño y su higiene, introducción de pastos mejorados y de corte, suplementación con sales minerales; elevan así sus volúmenes de producción y productividad a tal grado que han construido pequeñas plantas de acopio y procesamiento en las que producen queso, crema, quesillo y yogurt. A pesar de ello, no tienen capacidad de transformar toda la leche acopiada y, luego de almacenarla en tanques de enfriamiento, abastecen a las grandes plantas industrializadoras existentes en el país.
         
El ordeño sin ternero, la suplementación alimenticia con concentrado y el doble ordeño, son características que definen una granja lechera especializada. Estas representan menos del dos por ciento del total de unidades productivas del país y se concentran alrededor de los grandes centros urbanos. Sus propietarios están vinculados a la industrialización, exportación, financiamiento, tecnología, a los grupos de poder y a las grandes organizaciones gremiales que luchan incesantemente por el alza de los precios de la leche, en la búsqueda constante de maximizar su tasa media de ganancia, lo cual es legítimo ante el incremento de los costos de producción.
         
Los exportadores de queso y las plantas industrializadoras son los que se apropian de los excedentes económicos del sistema. El incremento del nueve por ciento en el costo de la energía eléctrica distorsiona su estructura de costos, igual que el incremento del precio del concentrado en las granjas lecheras especializadas. La fuente principal para negociar un incremento del precio de la leche al consumidor que sufre las consecuencias del alza generalizada de los precios de mercado, exceptuando el precio de su propia fuerza de trabajo provocando conflictividad social, se encuentra en la estructura de costos de esos tres agentes económicos y es en ellos donde las instituciones del Estado deben incidir para cumplir con su rol regulador ante la inequitativa distribución de la riqueza.
         
La industria láctea pretende regresar a la época en que importaban más de diez mil toneladas de leche en polvo para ofertar leche fluida. El precio en el mercado internacional de la misma asciende a 3590 dólares y el gobierno debe evitar que lo logren libre de aranceles bajo el argumento de cuotas preferenciales contingentes, lo que equivale a decir de manera subsidiada.  Nicaragua produce suficiente leche para abastecer el mercado nacional y es el momento oportuno para definir políticas públicas coherentes que beneficien a consumidores y a los pequeños y medianos productores de leche.


Ronald Hill A.
La Colina
Nueva Guinea, RAAS.
Miércoles, 18 de enero de 2012