domingo, 1 de febrero de 2026

MI BARCO

 


Desde hace muchos años

he pensado en tener mi propio barco.

No como lujo,

sino como punto de encuentro.

Hace unos meses lo ordené

y ahora lo espero

amarrado al muelle de Pearl Lagoon,

mirando el agua y el manglar.

 

Será un barco sencillo, 

de madera, pero firme,

donde la amistad no sea discurso

sino costumbre,

donde la paz se sienta

como el vaivén de las olas

y el amor

como sal que se adhiere a la piel.

 

Desde ya ruedan invitaciones,

no en sobres finos,

sino en la memoria y el afecto.

Vendrán familiares,

amigos de toda la vida,

brothers de Bluefields,

Managua, Juigalpa y Nueva Guinea,

rostros curtidos por el sol,

manos que saben remar juntas

aunque no se vean seguido.

 

El barco es grande,

lo suficiente para todos,

solos o acompañados,

porque aquí nadie estorba

y nadie sobra.

 

Haremos travesía por Laguna de Perlas:

Orinoco, Wawashang y Tasbapounie

donde haremos el haul over para salir

de la laguna al mar.

Iremos a los Cayos,

tocaremos Corn Island

y Little Corn Island.

Tal vez San Andrés,

si el viento se pone de acuerdo

con nuestras ganas.

 

En cada lugar bajaremos a tierra,

a estirar las piernas,

a saludar a la gente,

a probar su comida,

a escuchar historias nuevas

que se mezclen con las nuestras.

 

Habrá música,

poetas y poetisas,

cantantes con voz de marea,

fiestas sencillas

bajo cocoteros

y atardeceres lentos

que permanecen para siempre.

 

El barco tendrá camarotes

y una cubierta abierta al cielo,

sofás para dejarse caer

y mirar pasar las aves marinas

mientras la luna llena se levanta

sin apuro.

 

Habrá ron, cervezas,

jugos tropicales,

vino si alguien lo prefiere.

Sonará la música que provoque el cuerpo:

salsa, palo de mayo,

merengue, reggae, rock,

lo que pida el momento.

 

El que quiera pescar,

que se prepare.

Los peces saltan

sobre la mar azul

como si también celebrarán.

 

La idea es esa:

reír, comer, beber,

contar lo vivido

sin reloj ni prisa.

 

Otros viajes se quedaron esperando.

Otros barcos nunca zarparon.

 

Navegaremos dejando atrás

una estela clara,

no de espuma,

sino de alegría compartida

y hermandad verdadera.

 

Mi barco los espera.

 

 

 

13 de enero de 2026

Foto: Internet.