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domingo, 1 de marzo de 2026

PENSANDO EN VOS NUEVA GUINEA


Bajo la sombra de las caobas, con una taza de café, dejo que los pensamientos hagan su trabajo y pienso en vos, Nueva Guinea.

No sos solo calles para mí. Sos mi memoria caminando descalza sobre tu lodo antiguo, ese barro que fue trabajo y carácter.

El café al estilo salvadoreño que servía don Pablito en su comedor, no era simplemente café. Era la mañana empujándome a seguir, una voz tibia diciéndome que la vida empezaba temprano y no esperaba a nadie.

Y La Lola, gritando desde la puerta del bus: ¡Managua, Managua!, hacía que la distancia pareciera un sueño posible. El mundo era grande, y mis amigos y yo creíamos que nos cabía entero en el pecho.

Sigfrid pedaleaba con sus cuadernos temblando en la cubeta. No lo sabíamos entonces, pero llevaba futuro en el manubrio, mientras Macolo, entre tuercas y martillos, operaba motores con paciencia de santo y sus manos negras de grasa parecían recordarnos que todo lo que se daña puede volver a encender.

Las tardes no tenían prisa. Allan Forbes soltaba leyendas que flotaban como humo espeso, y las cervezas demoraban el sol como si quisiéramos detener el tiempo sin decirlo en voz alta.

En el monumento de Nueva Guinea, tu monumento, un extranjero preguntaba por una dirección que nadie conocía y daba vueltas entre las piedras y el lodazal, perdido. A veces pienso que así éramos también nosotros, girando dentro de una juventud que parecía eterna.

En El Peñón, el refresco de maracuyá era sol líquido bajando despacio. La torta de piña sabía a tarde larga, a conversación que no quería despedirse.

La música en la Casa Comunal y en el Eclipse 2000 nos movía la sangre como tambor viejo. De jueves a sábado vivíamos como si el lunes no existiera.

El mercado latía con fuerza los martes y jueves. Era ruido, sudor y esperanza mezclada. Los IFA llegaban cubiertos de lodo y mercancías, y nosotros también veníamos llenos de camino.

La pista era una apuesta diaria. Cerdos y caballos cruzando sin apuro, y el avión descendiendo con fe prestada, como si aterrizar fuera un acto de confianza. Y en los meses de verano, bajo la luna llena, esa misma pista nos recibía en silencio. Llegábamos con termos, mesas, bancos y ron, y la convertíamos en celebración sencilla, haciendo de la noche un territorio nuestro.

En el parque central, los enamorados se besaban sobre la tierra tibia mientras los niños peleaban por los columpios como si se disputaran el reino del mundo. La barrera vieja, cada cinco de marzo, se desbordaba en orgullo y multitud, y los jóvenes, hoy viejos, eran sorteadores y montadores de toros.

El gallo pinto de la tía Hilda, a la hora del desayuno, sabía a casa firme. Donde la Mencha, el pollo asado ardía como noche joven y las cervezas enfriaban las penas. La cantina de las Pellejos guardaba risas que todavía resuenan en la memoria.

Los cuartitos del hotel de Cruz Robles guardan secretos de paredes delgadas. Respiran historias que nunca se cuentan completas, murmullos que el calor y la noche dejaban suspendidos en el aire. En verano, cuando el calor se volvía insoportable, salía a recoger la carpa del camastro de un camión para tender la hamaca buscando un poco de brisa. Dormir era pactar con el sudor. Y el turno del baño llegaba a las cuatro de la mañana, cuando el agua fría del amanecer caía sobre el cuerpo como un golpe limpio que despertaba más que el sol. No era sacrificio; era simplemente la vida que llevábamos.

El río El Zapote nos enseñó a nadar contra corriente, a reír con el agua hasta el cuello, a resistir. En las corrientes y pozas del río Plata pescábamos sábalos y guapotes laguneros por pura diversión entre amigos, como si el tiempo no tuviera apuro y la vida se midiera en carcajadas mojadas.

Los viajes a tus colonias, cercanas pero distantes, eran encuentros de esperanza. En esos caminos fuimos sembrando amistades que el tiempo convirtió en lazos entrañables.

Y en sesiones de trabajo, reunidos alrededor de una mesa sencilla, compas y contras, fundadores y técnicos, funcionarios y autoridades, dejábamos atrás diferencias para pensar en vos. Entre discusiones largas y café compartido, dibujábamos sueños de futuro que hoy caminan como presente.

Tus mujeres, siempre guapas, hermosas, firmes y constantes, han sostenido tu bienestar con trabajo y visión. En noches lluviosas o sudorosas de verano siguen soñándote, creyendo en un mañana mejor y empujándolo con sus manos.

Y así pasaron los años. Te desarrollaste en poco tiempo, como una niña que crece y se vuelve mujer sin perder sus encantos primeros. Otras generaciones comenzaron a soñarte también, dándote nuevo pulso y nuevas preguntas.

Tus calles fueron lodo y luego polvo. Madrugadas mojadas. Veranos ásperos. Y en cada etapa dejamos algo de nosotros.

Miro que el café ya se enfría entre mis manos. No te extraño, Nueva Guinea. Extraño la juventud que dejé en vos y que todavía camina conmigo.


 

 24 de febrero de 2025

Foto propia: Monumento de Nueva Guinea.


viernes, 8 de abril de 2022

45 AÑOS DESPUÉS

 

Emilce remendaba mis pantalones sentada en la cama, poniéndoles hilos nuevos en los mismos orificios de la costura de los lados para que durarán un poco más, después de años de no poder comprar jeans nuevos. También les cambiaba el elástico a mis calzoncillos para que no se me bajaran. Yo la miraba deslumbrado, como todos los días, no era para menos. Siempre fue una mujer bella.

Tenía el cabello corto, ondulado con un mechón que caía sobre su frente. Sus labios finos de color rosa mostraban una amplia sonrisa, sus ojos color de miel mostraban el brillo de los míos, su piel clara y tersa y su cuerpo esbelto y firme, era un cuerpo de atleta. Bien podía haber enamorado a cualquier hombre, incluso muy adinerado, pero se decidió por mí.

Ella siempre olía a limpio, a frescura. En casa no faltaban detalles que hicieran sentirme a gusto, en esa casita de Juigalpa donde vivíamos en tiempos de postguerra, una casa pequeña y calurosa, y si no fuera por ella se hubiera transformado en un infierno.

Eran tiempos de muchas carencias, de temores y desesperanzas, pero en nuestra casita nada de eso nos desanimaba. Todo por Emilce. Por ella salí de Juigalpa, me vine para el trópico húmedo, abandoné todos los años de vida en esa ciudad, años de trabajo intenso de hasta tres empleos, por las mañanas, por las tardes y por las noches, para poder sobrevivir con nuestros chavalos.

Ella siempre estuvo a mi lado aun cuando me quedé sin empleo en un ambiente hostil, y con su trabajo y sus emprendimientos logró mantener a flote a nuestra familia. Todo ello me hizo ver que nadie puede quitarte tus ideales y, muchos menos, la voluntad y amor que sentimos.

Hoy la sigo viendo de la misma manera. La veo activa en casa, pendiente de todos nuestros hijos y nuestros nietos, cuidando sus plantas y tomando iniciativas que a todos nos brindan un puerto seguro. La veo caminar en los alrededores del patio de nuestra casa y no sé qué haría sin ella, aunque a veces los nietos digan que dejemos de pelear. La conocí un 5 de abril y hoy, 45 años después, la sigo amando.

 

viernes, 8 de abril de 2022
Nueva Guinea, RACCS.

jueves, 28 de octubre de 2010

LA AUTONOMIA: AVANCES Y DESAFIOS

Foto Kenny Siu
Este 30 de octubre se celebran veintitrés años de haberse aprobado el Estatuto de la Autonomía, así se institucionalizó dicha fecha como el día de la Autonomía. En la Regiones Autónomas se desarrollan diversos eventos para conmemorar ese hecho que reivindica los sueños y aspiraciones de los diferentes grupos étnicos que las conforman y que viste a Nicaragua de diversas tonalidades al reconocerse como un Estado multiétnico y pluricultural, elevando en el escenario internacional su nivel de prestigio.

Con la Autonomía ganamos todos. La Autonomía debería llenar de orgullo a todos los nicaragüenses. Los derechos, sueños y aspiraciones de los pueblos indígenas del Pacifico, Centro y Norte del país se han visto fortalecidos y, en muchas ocasiones, materializados con la aprobación de la Autonomía para los pueblos indígenas y afrodescendientes de la Costa Caribe; similar triunfo al de un hermano desaparecido que ha regresado a casa y todos lo festejan con alegría. El resto de los Nicaragüenses también deberían llenarse de orgullo: muchas voces, diferentes razas, diferentes culturas, diferentes formas de ver el mundo es una riqueza que hemos recuperado cuando vemos en otras partes del planeta el exterminio de ellas por la intolerancia, la codicia, la avaricia y el etnocidio.

Nicaragua cambió para siempre después de haber aprobado el Estatuto de la Autonomía; le reconoció a la Costa Caribe, después de noventa y tres años de la reincorporación violenta y avasalladora por el régimen de Zelaya, el derecho de practicar sus formas tradicionales de tenencia y uso del territorio, sus recursos naturales, sus formas de organización y la libertad de elegir a sus propias autoridades. Eso es lo que festejamos.

Al hacer un balance de estos años, en Autonomía el saldo es negativo a pesar de los grandes avances que se han dado. Nicaragua es un estado moderno, ejemplo para muchos otros que hoy debaten lo que nosotros hemos realizado. Tenemos todo el andamiaje jurídico y legal para que las cifras rojas del proceso autonómico vivido hasta hoy se conviertan en números halagadores que muestren con mayor claridad el porvenir, que iluminen el futuro de las nuevas generaciones que lo demandan.

Con la Autonomía los pueblos de la Costa Caribe han creado sus propias instituciones. Una de ellas son los Consejos Regionales, eligiendo a sus propias autoridades, para bien o para mal, pero propias, dejando a un lado la práctica de la imposición desde Managua, por el partido de turno en el poder, la figura del gobernador o del jefe político. Ahora son los pueblos garifunas, misquitos, creoles, ramas, sumos, mayangnas y mestizos, los que aseguran su representación en la máxima instancia política regional para gobernar su territorio, algo nunca antes visto y negado por siglos. La universidades de la Costa Caribe, URACCAN y BICU, son instituciones que tienen claridad en su visión y misión para contribuir a fortalecer el proceso autonómico, formando a las nuevas generaciones que ya no deben viajar a las universidades del resto del país para incidir en el desarrollo de su territorio acorde con sus potencialidades. Hay otras instituciones, pero estas dos son ejemplo de avances.

Lo negativo, lo perverso, lo indeseable, lo que resalta las cifras rojas, continua siendo, aun con Autonomía, el grado de miseria y abandono; los altos niveles de corrupción; la impunidad de los funcionarios autonómicos corruptos; la alta inestabilidad jurídica y legal de las tierras indígenas, incluso cuando se les ha reconocido su derecho histórico mediante la demarcación y titulación; el narcotráfico y narcomenudeo que invade las aulas de clases; los altos niveles de desempleo que motivan actos delincuenciales y la inseguridad ciudadana; la falta de sensibilidad de todos los gobiernos centrales que todavía consideran que con discursos y proclamas la realidad puede cambiarse; la complicidad de los grandes partidos nacionales que corroen y motivan con sus ambiciones de poder los actos corruptos de sus símiles en las esferas de las Regiones Autónomas.

La Autonomía tiene un gran desafío. Los mestizos de la llamada Zelaya Central, conformada por los municipios de El Rama, Muelle de los Bueyes, El Ayote y Nueva Guinea, ven con recelos el proceso vivido hasta hoy por los hechos y porque han sido marginados de la misma. Sus voces y propuestas no han sido escuchadas por el articulo 42 del Estatuto de la Autonomía que literalmente señala “las zonas que se encuentran actualmente bajo otra jurisdicción se incorporarán a su respectiva Región Autónoma a medida que las circunstancias lo permitan y que éstas sean definidas y determinadas por la Región Autónoma respectiva en coordinación con el Gobierno Central”.

¿Hasta cuándo lo permitirán las circunstancias? Con el balance logrado hasta hoy pareciera que nunca. Es más probable, más seguro, que con el correr de los años, tome fuerza y forma el parto doloroso y no esperado por muchos de una Tercer Región Autónoma si la situación actual que se vive con la Autonomía no se revierte para que dé los frutos deseados.

Ronald Hill A.
La Colina
Nueva Guinea, RAAS
Martes, 26 de octubre de 2010