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jueves, 12 de marzo de 2026

CAYMAN ROCK

 



La competencia de pesca de Mayo Ya es esperada cada año por aficionados y turistas. Nosotros tres —Rafael, Joaquín y yo— también nos anotamos en el torneo, con nuestras cañas, anzuelos, engañadores, carnada y la esperanza de que el mar ese día estuviera de nuestro lado.

Aquella mañana abordamos una panga y navegamos hacia Rama Cay. El oleaje estaba tranquilo. Bandadas de pájaros nos sobrevolaban nerviosos, como si supieran algo que nosotros aún ignorábamos. El sol resplandecía sobre la inmensa piel de la bahía de Bluefields.

Pero el tiempo manda. Pasaron tres horas tirando líneas por aquí y por allá, y nada picaba.

—Nada hacemos aquí —dijo Rafael.

—Es tiempo de movernos —agregó Joaquín.

Así que salimos de la bahía rumbo a Cayman Rock. El aire olía a sal vieja y a sargazo calentado por el sol. La panga avanzaba con el motor ronco, mascando el agua verde de la bahía.

Dicen que en Cayman Rock, aun cuando los peces hayan desaparecido del mar, siempre queda alguno esperando el anzuelo.

Al salir por la barra de El Bluff, con la loma del faro a nuestra izquierda, vimos avanzar el viento sobre el agua. Venía como una sombra oscura corriendo sobre el espejo del mar.

—No se preocupen, siempre ocurre —dijo El Macho, el panguero.

Nos quedamos sentados esperando que pasara.

—Se acerca, mirá cómo levanta el agua —dijo Rafael, con un poco de temor.

Nos aferramos a la panga y ajustamos los viejos salvavidas.

Entonces llegó.

Sentí el golpe en el pecho. El viento me sacudió la cara y me alborotó el pelo. Una lluvia fina de sal nos pegó en el rostro. El cuerpo se me erizó como cuando una mujer te toca con ganas de quedarse.

Las olas golpeaban el casco de fibra de vidrio, el toldo de lona quería desprenderse y las aves marinas enloquecían. La panga se levantaba, caía y volvía a levantarse sobre el lomo oscuro de las olas. Por un momento parecía que el mar jugaba con nosotros.

Después siguió su rumbo. Entró por la barra cabalgando el oleaje como un caballo del mar, en dirección a la costa de la isla del Venado.

—Qué maravilla —dijo Joaquín—. Nunca había visto algo igual.

El agua cambió de verde a un azul oscuro y profundo cuando doblamos hacia el norte y nos acercamos a Cayman Rock.

—Nunca van a tener mejor pesca que en Cayman Rock —les dije riendo.

Cayman Rock es apenas un lomo de piedra levantado en el mar, a unos once kilómetros de El Bluff y tres kilómetros mar adentro de la línea de playa. No hay árboles ni sombra. Solo roca desnuda golpeada por el viento y la sal.

Allí viven las aves marinas. Llegan en bandadas, llenan la roca con su griterío, hacen sus nidos en las grietas y ponen sus huevos sobre la piedra caliente mientras el mar respira alrededor.

Al atardecer llegó la recompensa. Rafael atrapó y sacó del agua un barracuda enorme. Medía un metro con cincuenta y siete centímetros y pesaba veintinueve libras con ocho décimas. Un pez largo, plateado, con la boca llena de dientes finos como agujas.

Estaba vivo y furioso cuando cayó dentro de la panga. Golpeaba el fondo húmedo con su cuerpo duro, como si el mar no quisiera soltarlo tan fácilmente. Sus ojos redondos y fríos miraban todavía hacia el agua, como si en cualquier momento fuera a regresar a su reino.

—Cayman Rock —repetía Rafael con orgullo—. Fue en Cayman Rock.

Joaquín y yo reíamos mientras a Rafael le entregaban el premio del primer lugar en la categoría Barracuda. El sol ya se hundía entre los cayos de la bahía de Bluefields y en el muelle se había juntado un grupo de pescadores y curiosos comentando el tamaño del pescado. 

Sobre el piso de concreto del muelle, el barracuda brillaba bajo la última luz de la tarde. Su piel plateada se reflejaba como una lámina de metal recién salida del mar.

Y allá, mar adentro, Cayman Rock volvía a quedarse solo, cuidado por el viento, las aves y la noche que caía sobre el Caribe, mientras que en la ciudad se oía el ritmo alegre que ameniza las comparsas en Mayo Ya.

  

Marzo 2026.

Foto: Cortesía de Rafael Alvarez.



miércoles, 7 de mayo de 2025

PALO DE MAYO UNA VEZ MÁS

 


La última vez fue hace muchos años, en su barrio negro de Old Bank. Fue al caer la noche y una de esas casualidades que, con el pasar de los años, lo sigo recordando. Quiero que vuelva a suceder, volver a vivirlo, disfrutarlo. Porque ahora, cada vez que lo materializo en imágenes, me lleno de entusiasmo.

Ella salió de su casa con su hermana mayor. Caminaron desde Beholdeen hacia Old Bank.

Vivían cerca de la capilla de San Martín, y cuando llegué a buscarla, no la encontré. “Salieron a bailar Palo de Mayo”, dijo su mamá desde el corredor de la casa de madera. Caminé hacia la punta, y noté el ambiente festivo en la calle y en los corredores de las casas.

La gente, hombres, mujeres y niños, caminaba dando adioses con manos y voces a quienes los miraban pasar desde ambos lados. En esos años no había muchos vehículos en Bluefields. La verdad, nunca recorrí sus calles en un carro.

Antes de llegar a la punta de Old Bank, a unos veinte metros, la gente se reunía en una plazoleta. Hablaban entre ellos, se escuchaban risas. Todo el ambiente se llenaba de una alegría comunitaria contagiosa, como si un hechizo los envolviera a todos al mismo tiempo.

Me detuve. La busqué con la mirada entre el gentío, pero no logré dar con ella.

Desde los corredores, las mujeres ayudaban a los mayores, hombres y mujeres de cabello blanco, a bajar las gradas. Ellos avanzaban con pasos lentos, cansados, hacia la plazoleta donde ya los esperaban con bancas de madera alineadas en la primera fila del semicírculo. Varios jóvenes trepaban a los árboles de fruta de pan, compitiendo por el mejor puesto para observar el espectáculo. Los niños y niñas corrían cortando el viento que venía desde la bahía, envueltos en su algarabía.

De una de las casas salieron varios hombres cargando el tronco de un árbol. Se dirigieron al centro de la plazoleta, donde los esperaban otros que ya habían excavado un hoyo. Entre todos lo sembraron, apretujándolo con piedras y tierra hasta dejarlo erguido, pero antes varias mujeres se acercaron con cintas de colores. Lo encintaron desde la parte superior hasta su base. Y así quedó el palo, vestido de fiesta, listo para que todo comenzara.

La música estalló de pronto. Tambores y voces se elevaron al ritmo de “singsaimasinmailo”, que parecía brotar de la tierra misma y vibraba en el aire tibio y húmedo, como un llamado ancestral. La gente se acercó con entusiasmo, cerrando el círculo humano alrededor del palo, con los ojos encendidos por la emoción y los cuerpos ya inquietos por moverse.

Fue entonces cuando apareció. Salió de la penumbra, sonriente, con una mirada traviesa que encendió mi corazón de golpe, como una llama imprevista. Llevaba una falda amplia que resaltaba el movimiento de sus caderas, con su cabello rizado en trenzas, dibujando círculos que hipnotizaban mis sentidos.

Entró al círculo formado alrededor del palo y tomó una de las cintas en sus manos con una gracia innata, natural y casi felina. Giraba en torno al tronco, y su cuerpo, sensual y orgulloso, parecía flotar con cada paso que daba al compás del Palo de Mayo. La seguí con la mirada, sin pestañear, con una emoción profunda y antigua que se apoderó de mí.

A su alrededor, hombres y mujeres se unían al baile con euforia creciente. Gritaban y reían en medio de la cadencia creciente del tambor: “mayayslasinki, mayayaoo”.

La energía colectiva era electrizante; niños brincaban al ritmo, mientras parejas se acercaban peligrosamente en una danza que era celebración y seducción al mismo tiempo.

Entonces ella me vio. Su sonrisa se amplió, cálida y pícara, mientras sus ojos brillaban con el reflejo de las luces del barrio. Extendió su mano hacia mí, invitándome a entrar en el remolino festivo que había creado con su presencia. Sin pensarlo, crucé el gentío, tomado por una fuerza irresistible, y juntos bailamos.

Giramos alrededor del palo decorado, riendo y respirando uno frente al otro, compartiendo un instante tan fugaz como eterno, tan intenso que ahora, al recordarlo, aún siento en la piel su esencia de mujer caribeña y el eco sensual de la música, “tululupasanda”, de aquella noche inolvidable.

Quiero verla bailar Palo de Mayo una vez más. Porque sé que solo en esa danza, rodeado por la alegría eufórica de nuestra gente, podré reencontrarme con aquella juventud perdida y con ella, que sigue girando, luminosa y eterna en mis memorias.


7 de Mayo 2025.

Foto: Arpillera de Nydia Taylor.




domingo, 30 de abril de 2023

¡MAYO VENGA YA!

 



Aquí estás, un año después, y ya se escuchan los tambores. Nuestras almas están inquietas y la ciudad engalanada te esta esperando.

Te fuiste a la media noche, silencioso para que siguiéramos ilusionados con la dicha que nos diste durante un mes, tu mes Mayo Ya. Cuando el sol salió, todo cambió: los rostros quedaron sombríos, sin sonrisas, con ojos tristes, ojeras de trasnochados y, al hacer cuentas, los bolsillos quedaron volteados y lavados.

La tristeza nos volvió a invadir, pero somos fuertes Mayo Ya. En nuestras mentes y corazones te teníamos presente, ansiosos esperando tu regreso. No tenemos resentimientos, te fuiste lejos, navegaste por los siete mares y en el norte desapareciste de nuestra brújula que marcó en un inicio tus desplazamientos. Llenaste tus bolsas de bendiciones y ahora regresas para compartirlas con nosotros. ¡Bienvenido Mayo Ya!

Nos despojamos de la tristeza, para que sirve quejarse durante esos otros meses que tienen feos nombres, que no nos gustan, meses de penurias, aunque la distracción se organice para quitarnos la cabanga, la arrechura por tu ausencia Mayo Ya, por todos lados tratan de distraernos, date cuenta que por eso vamos a la playa, a las barreras, a los hípicos, a los ríos, pero nunca te la vamos a pegar, nunca, jamás de los jamases Mayo Ya, porque sos el mes de la fertilidad, el de la lluvia que nos empapa.

Y cuando estamos alrededor de vos, adorándote, te muestras orgulloso porque te cubrimos de cintas de colores, mueves tus ramas de excitación al ver tantos cuerpos que giran en movimientos sexuales ansiosos, pidiéndote que derrames dicha y bendiciones en la semilla que será fecundada para darnos nueva vida Mayo Ya.

Vida prolífica para que en los campos germinen las semillas, para que la mar nos de buenas faenas, para que los negocios sean bendecidos, para que surja entre nosotros el amor y la armonía, eso, eso Mayo Ya, libéranos del mal, aparta las enfermedades de nuestras casas, ilumina nuestros caminos con la luz que acumulaste en tu viaje y danos fuerzas para aguantar este bacanal que nos encanta, que nos enloquece al ritmo de los tambores que martillan en nuestras cabezas sin dejar de pensar en otra cosa más que en el tululu, en el lanchtanova, en el sinsaima, en el mero vacilón, danos fuerza Mayo Ya.

Sos una pausa en la tormenta que nos ahoga, sos la luz que ilumina nuestra alma caribeña, eso y más Mayo Ya. Desde hace días escuchamos los preparativos, los calentamientos y queremos que sea ya, que Mayo venga Ya, ahora, ya, en este instante, Mayo en la calle, Mayo en la casa, Mayo en el parque, Mayo en el barrio, Mayo en la sangre, Mayo con vos Mayo Ya, bailando en la playa, en la arena, en Corn Island, en Pearl Lagoon, en El Bluff, en todos los lugares, contorsionando nuestros cuerpos, tululiando todos los días y sus noches, una noche un amor en el mes de la fertilidad, el que hace olvidar rencores y  penas, dejándolo todo atrás para comenzar con la alegría que nos traes Mayo Ya.

Y si te vas al amanecer del último día de tu mes, Mayo Ya, y nos vas a dejar con las calles barridas y descoloridas, con la misma tristeza y desdicha que vive en nuestro corazón los otros once meses del año, te seguiremos esperando con la fe de que volverás a llenar de alegría a estos corazones que palpitan por ser feliz eternamente. ¡Mayo venga ya!


30 de abril de 2023

Foto: cortesía de  Jesús Salgado.


domingo, 29 de mayo de 2022

¡NO TE VAYAS MAYO YA!

 


Mis amigos han publicado libros sobre la historia del Palo de Mayo. Uno dice que el otro le ha plagiado y que no le cita en la bibliografía. Los poetas sin paga han elevado al cielo sus sentimientos sobre mayayalasinki, túlulu, sinsaimasinmailo y lanchtanova. Y los pagados solo ven los colores del dinero.

Y así todos celebramos Mayo Ya, cada quien a su manera. Unos bailando, otros haciendo círculos entre bailarines alrededor del palo, muchos entre el tumulto van y vienen hasta pasar debajo, passanda, y no importa si estás sereno, con tus sentidos en alerta, o si andas hasta los pelos vomitando por las calles: ¡breda!, es la fiesta de Mayo.

Y ahora se nos vienen de todos lados, descubriendo nuevamente lo descubierto por vos, por nosotros y por aquellos que ya se fueron y están ausente en este Mayo Ya. La ciudad se viste como nunca antes para acogerlos, para agasajarlos, para fulminarlos de dicha, de algarabía al ritmo de comparsas, al son de los tambores en las calles, barrios, plazas y parques porque estamos orgullosos de nuestra tradición, y por ellos en nuestras casas se mete el Palo de Mayo, en nuestro cuerpo, es nuestra sangre, es nuestra cultura, es nuestra tradición.

Y se acaba la noche y vuelve el día con el mismo son, el mismo ritmo, el mismo sentir, exaltado por los colores y la pintura de la ciudad, un fin se semana vienen unos y otros se van, singsaimasinmailo. Un mes de bacanal breda.

Un mes dormido, con el dios Baco enaltecido, y en la casa terminamos con los bolsillos volteados sin monedas, mayayalasinki, porque no aprovechamos como muchísimos otros el montar un emprendimiento, no vendemos güirilas, ni quesillos o queso, ni verduras colocadas en canastos en la acera, nos lentiamos. ¡Yufela!, otros se llevan nuestro dinero.

Y se acaba el mes, no te vayas, vení, quédate, que la dicha que nos das sea eterna, que esta celebración por la fertilidad no termine, porque mañana, mañana Mayo Ya, el cielo amanecerá gris, lluvioso y saldremos a las calles barridas y descoloridas con la misma tristeza y desdicha que vive en nuestro corazón los otros once meses del año. ¡No te vayas Mayo Ya!


29 de Mayo de 2022
Mes de Mayo Ya.