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martes, 27 de octubre de 2026

ANTES DE QUE SONARA LA ALARMA

 


Eran las tres de la madrugada cuando desperté para ir al baño. Después regresé a la cama y me acosté con la seguridad de que la alarma del reloj sonaría a las cuatro y media, como todas las mañanas, para levantarme y salir a caminar. Me quedé dormido. Y soñé con mi muchacho, Ronald Tadashi.

Tengo la costumbre de dejar preparada mi ropa de caminar en la habitación donde él dormía, para no atrasarme por la mañana. En el sueño abrí la puerta de su cuarto para buscarla y me encontré con algo extraño. Una de las camas no estaba. En el lugar donde había estado parecía que habían lavado el piso. Miré alrededor, tratando de comprender qué había pasado. 

—Pero ¿qué pasó, Tadashi? —le pregunté.

—No sé, abuelo. Cuando vine estaba así, y con la ropa sucia tirada en esa otra cama.

—Pero, mi amor, ¿qué pasó?

—Mírela, allá está.

Volví la mirada hacia donde me señalaba. Allí estaba la ropa, sucia, y los suéteres también, todavía colgados en sus perchas. Todo me parecía extraño. No comprendía qué había sucedido con la cama ni por qué estaban las cosas de aquella manera. 

—Pero, Tadashi... —dije, y lo volví a ver.

Ya no estaba.

Desperté antes de las cuatro y media. Había soñado con mi nieto y me sentía alegre. Lo había visto otra vez, había escuchado su voz y conversado con él. Hasta le había dicho «mi amor», algo que no acostumbraba a decirle cuando estaba con nosotros. Aquellas dos palabras me salieron naturalmente, mientras lo tenía frente a mí en el sueño.

Me levanté, me alisté y salí a caminar. Durante toda aquella hora no dejé de pensar en lo que había soñado. Recordaba la habitación, la cama que faltaba, la ropa y la manera tan natural en que Tadashi me había respondido. Todo había sucedido como si él todavía estuviera allí, en su cuarto, como antes.

Caminé con aquella alegría de haberlo visto nuevamente, aunque fuera en un sueño. Pero mientras avanzaba, pensando en él, de pronto se me salieron las lágrimas. Lloré por mi muchacho, por lo mucho que me hace falta, por no poder volver a entrar en su habitación y encontrarlo allí. 

Había despertado alegre por haberlo visto. Y aquella mañana, mientras caminaba, terminé llorando por él.

 

27/10/2026