lunes, 23 de agosto de 2010

CORN ISLAND Y SU FIESTA DE LIBERTAD

Un grupo de seis jóvenes afrodescendientes recolectores de coco observan en el horizonte una embarcación que se acerca cada vez más a la isla. Suben corriendo a Mount Pleasant y distinguen las insignias de la corona británica. Corren de prisa hacia los cuatro puntos cardinales anunciando el arribo de la embarcación. La nave recorre el costado oeste de la isla esquivando los arrecifes. La observan con mayor nitidez desde North End y Brig Bay. Siguen su recorrido desde la costa. Al pasar Waula Point gira hacia el oeste con decisión de tocar tierra. Ancla frente a Southwest Beach. Dos botes de remo llegan a la costa. Llaman a todos los nativos de la isla a reunirse para darles buenas nuevas.

Son más de noventa y se reúnen bajo la sombra de los cocoteros. Se presentan los extraños y Alexander McDonald, superintendente de la República de Honduras Británica, antes Belice y las Islas de la Bahía de Honduras, representante de la reina Victoria de Inglaterra en la Mosquitia y del Rey Misquito, Robert Charles Frederick, lee el edicto real que declara el fin de la esclavitud. Desde hoy son hombres y mujeres libres, dijo al finalizar la lectura el viernes 27 de Agosto de 1841.

Eufóricos, sin meditar aún sobre el significado de la libertad, se abrazan, besan, gritan de alegría, ruedan por el suelo, recuerdan con más claridad sus orígenes, sus ancestros. Se va la nave y no saben que hacer, son libres. Regresan a sus casas contentos a dar la buena nueva. Al caer la tarde se reúnen para celebrar pero como no tienen nada para ello, deciden ir al “swampo” a atrapar cangrejos y recolectar bananos para hacer sopa de cangrejos. Llega la noche y encienden una fogata. Toman la sopa y al ritmo de tambores bailan alrededor del fuego. Sacuden todo el cuerpo, caderas, torso, brazos y piernas, liberando el alma, se reencuentran con sus ancestros y juntos, se escapan, viajan en el tiempo, suben al cielo, encuentran sosiego y paz, liberándose de temores y pesares terrenales que los atormenta desde que fueron comercializados como esclavos. Amanecen extasiados, sudados y se bañan en las aguas cristalinas de la isla. Vuelen en si y descubren incrédulos que son libres. Han celebrado su libertad, la abolición de la esclavitud.

El ritual se repite cada año en Corn Island y los descendientes de los primeros liberados se preparan a lo grande. Sigue siendo el mismo pero con matices diferentes. Se elige a la reina de la isla, Miss Corn Island, entre las más bellas de los diferentes barrios, hay desfile de carrozas, competencias deportivas, juego de boliche, bailes tradicionales y la tradicional Crab Soup, sopa de cangrejos, modernizada con el paso del tiempo, la que se ofrece a los visitantes y participantes.

Esta fiesta, la fiesta de la libertad, comercializada como la fiesta del Cangrejo, es una de las más proyectadas en la Costa Caribe para incentivar y atraer el turismo, nacional e internacional. Por sus bellezas naturales, sus playas de arena blanca y aguas cristalinas en diferentes tonalidades, arrecifes de coral, la amabilidad de los cornaileños, la seguridad, las mejoras en la capacidad de alojamiento y hospedaje, la comida y la música caribeña, el ambiente de paz, los múltiples deportes acuáticos que se practican y los sitios históricos de la época esclavista hacen definitivamente que Corn Island y Little Corn Island sean unos de los mejores destinos turísticos del país.

Distante a 169 años de la abolición de la esclavitud, los retos de los habitantes de estas paradisíacas islas del Caribe, son mayores a los que se enfrentaron aquellos que escucharon el edicto real leído por Alexander McDonald declarándolos libres. Preservar la riqueza de sus mares, conservar sus arrecifes, luchar contra la narcoactividad, recuperar sus sitios históricos, luchar contra la discriminación y el racismo, dentro y fuera de su territorio, y mejorar constantemente los niveles de educación de las nuevas generaciones son algunos de ellos. La abolición de la esclavitud adquiere nuevos sentidos, nuevos retos.

Ronald Hill A.
La Colina.
Nueva Guinea, RAAS
Lunes, 23 de agosto de 2010

Fotografias cortesia de Nydia Taylor y Kenny Siu.

jueves, 19 de agosto de 2010

EL RECOLECTOR DE FRUTOS

George cumplió diez años y una tarde de verano, su padre, Lawrence James, le dijo que lo llevaría al bosque a recolectar frutos, oficio que ejercía y que fue heredado por sus ancestros. Esperaba desde siempre esa invitación.

Cuando su padre regresaba, luego de tres meses de recorrer los bosques, sus amigos se juntaban en el corredor de la casa a escuchar las historias y pormenores de cada viaje. George no era ajeno a estos encuentros. Acostado en una hamaca escuchaba con atención las pláticas de su padre y soñaba ser como él, como su abuelo y su bisabuelo: un recolector de frutos.

Lawrence hacia sus viajes alternando cada año los territorios de recolección tal como sus antepasados le enseñaron. Hacia visitas a las zonas de Laguna de Perlas, Kukra Hill y al sur de Bluefields. En Laguna de Perlas se adentraba en las montañas al noroeste hasta Patch River y al norte de Orinoco, entre Wawashang y Punta Fusil. En la región de Kukra Hill recorría Loma de Mico, Laguna Malopi y el sur del Río Kama. En la región de Bluefields hacia el recorrido de Kukra River hasta Corn Creek para luego dirigirse más al sur hasta el río Punta Gorda pasando Torsuani y Willing Cay Creek.

En su primer viaje descubrió la pasión de su padre. De tanto escuchar las pláticas le pareció que nada de lo que miraba le era nuevo y comprendió que la naturaleza había sido generosa por muchos años con su familia al ver los cincuenta sacos de semilla o nueces de almendro, también llamado “Ibo” que habían recolectado para ser vendidos en Laguna de Perlas y Bluefields a lugareños e intermediarios. La venta era segura porque los habitantes de estas localidades preparaban con ellas una bebida típica llamada “fresco de ibo” con un sabor peculiar parecido a la vainilla.

Conoció el territorio de Laguna de Perlas, su gente, sus ríos, las aves, los animales silvestres, árboles de diferentes tipos pero quedó impresionado por el almendro de montaña, no por el hecho de dar los frutos que recolectaban ni por su gran tamaño, sino por la simbiosis que existía entre el árbol y las lapas verdes, porque anidaban en los huecos dejados por las ramas secas y se alimentaban de sus frutos.

George volvió a casa, a la escuela y sus amigos se aglomeraban a su alrededor para escucharlo. Su padre cada año partía a los diferentes territorios y con el paso del tiempo la cosecha cada vez era menor. Al cumplir veinte años, su padre recolectaba apenas la mitad de lo obtenido en su primer viaje pero los beneficios económicos eran mayores ante la alta demanda de Ibo. George escuchaba los lamentos de su padre y pensó que ya estaba muy viejo (tenía sesenta años), para las largas marchas así que decidió acompañarlo nuevamente y convertirse en el relevo generacional, en el nuevo recolector de frutos.

Regresaron al territorio de Laguna de Perlas, el mismo que recorrieron en su primer viaje. Su padre caminaba más despacio, su entusiasmo había disminuido y la pasión se había borrado de sus ojos. Está viejo, pensó George, convencido que era el momento de que su padre dejara el oficio. Caminaron la misma ruta hasta las profundidades del Patch River y observó gente nueva en las riveras del río, desconocidos para su padre, eran campesinos pobres que habían emigrado de Chontales y Matagalpa, sin ganado pero cultivaban frijol, maíz, yuca y chagüite, sus casas eran pequeños ranchos de madera rolliza y techo de palma y recién habían quemado el bosque para sus cultivos. Observó que muchos de los animales silvestres que antes se les cruzaban en la ruta habían abandonado el territorio pero sintió mayor decepción cuando llegaron al punto de mayor recolección de semillas de almendro y lo que encontraron fue un bosque devastado, quemado, con menos de veinte árboles de almendro, chamuscados por el fuego, sobrevivientes sin alma porque las lapas verdes también habían emigrado. Su padre se arrodilló a su lado y lloró como un niño. George no pudo llorar pero sintió que la sangre quería reventar sus venas y gritó varias veces con la mayor fuerza de su alma hasta caer al lado de su padre.

— ¿Y que pasó después? —le pregunté con mucha inquietud al ver que su mirada se nublaba y esquivaba la mía.

Pasaron varios segundos y no respondió. Se incorporó, levantó su mochila, la acomodó en sus hombros, me regresó la mirada, ahora más clara.

— ¡Me convertí en recolector de frutos! —dijo sonriente. ¡Apúrate, la panga está por salir y nos deja! —agregó apresurando el paso.

Lo seguí, salimos al muelle de Orinoco y abordamos la panga hacia Laguna de Perlas. En el trayecto pensaba en lo que George dijo y no lo entendía. ¿Cómo era recolector de frutos si el bosque en todos esos territorios ya había desaparecido con su alma?, me preguntaba. Al llegar a Laguna de Perlas, le di la mano para que se apoyara y saliera al muelle porque tenía la edad de su padre cuando lloró en el bosque y, antes de despedirnos, porque se dirigía a Bluefields, le pregunté.

—Trabajo en la comisión de demarcación de tierras para los pueblos indígenas, doy charlas en las universidades de la costa y luchó junto a otros por salvar el bosque del trópico húmedo y las lapas verdes —dijo.

Su panga encendió el motor y, al girar para iniciar su viaje, George se levantó, me regresó la mirada y gritó: ¡Recolecto frutos nuevos, nuevas conciencias!

Ronald Hill A.
La Colina
Nueva Guinea, RAAS
19 de agosto de 2010.

domingo, 15 de agosto de 2010

TIPOS DE COOPERANTES EN NICARAGUA

Nicaragua depende de la cooperación internacional para poder sobrevivir y destinar recursos que buscan como aliviar la situación de pobreza extrema en que se encuentra la mayoría de su población. Es una realidad innegable, dependemos de los recursos que organismos internacionales aportan al país como el Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, etc. De igual manera apoyan con fondos organismos de las Naciones Unidas, de la Unión Europea, la cooperación bilateral entre gobiernos y los organismos no gubernamentales de cooperación internacional. Todos ellos apoyando a Nicaragua para que podamos salir de la pobreza. Son varias centenas de millones de dólares que entre todos destinan para que busquemos como mejorar nuestras condiciones de vida.

Si tratamos de darle una revisión a este tema podemos descubrir ciertos aspectos contradictorios del mismo. No me refiero a la creación de dependencia porque ese asunto es bastante polémico, sino a las personas que le trabajan a la cooperación, a esos hombres y mujeres de carne y hueso que en el argot popular nica les llamamos los “cheles”, no importando si son alemanes, franceses, holandeses, ingleses, españoles, daneses o canadienses.

Como en todo, hay diferentes tipos de “cheles”. Los hay entusiastas, comprometidos, dedicados, trabajadores, honrados, solidarios. A este grupo pertenecen los que saben escuchar a la gente, se ponen en su lugar, nunca engañan porque dicen lo que sienten y piensan, explican con hechos concretos sus ideas sin tratar de aparentar que son eruditos, acompañan en los retos, no sustituyen y están abiertos a que critiques su concepción de nuestra realidad sin imponer su criterio. Son transparentes en su actuar y para tomar decisiones consultan hasta que llegan a consenso. Por principios nunca buscan como representar los intereses de un Nicaragüense porque tienen claro su papel, están aquí para cooperar. Muchos de ellos estaban empleados en su país y por opción propia aplican a una organización para venir a trabajar. Estos son los “cheles cooperantes”.

Los otros “cheles” son diametralmente opuestos. Están trabajando para lo mismo pero por su actitud y forma de hacerlo se diferencian de los primeros. Muchos eran desempleados en su país de origen o su puesto de trabajo fue cancelado. Al ocupar en Nicaragua un cargo intermedio en la cooperación su vida cambia. Son prepotentes, ven por encima del hombro a sus compañeros de trabajo Nicaragüenses, toleran actitudes serviles y las promueven, hacen la guatusa, son conspiradores, creen ser imprescindibles y que solo ellos tienen la razón. No escuchan a la gente, si se presentan problemas no ayudan a resolverlos y siempre buscan culpables, nunca reconocen los logros de los demás, se aprovechan de sus cargos y contratan a sus amistades. Son expertos en buscar consultores porque así trabajan menos, no tienen principios porque se mueven entre los altos y bajos que tiene su organización en la que se acomodan rápido porque se han acostumbrado a un estilo de vida. Cuando un superior extranjero visita la organización en que labora trata de aparentar lo contrario a sus características: saluda, sonríe y da la mano pues quiere quedar bien. Lo peor es que descaradamente hablan de Nicaragua como si fueran Nicaragüenses frente a agentes externos, nos sustituyen, pues conocen bien el país porque hacen turismo permanente visitando a lo largo y ancho el territorio nacional en compañía de muchos de su tipo. Estos son los “cheles aventureros”.

Esta tipología podría fragmentarse en subtipos pero con estas dos es suficiente. Las diferencias son bien marcadas y se les podrá reconocer con las características antes descritas.

Muchos de ellos, principalmente los “cheles cooperantes” logran realizar su vida, en nuestro país, o su lugar de origen, debido a su eficiencia y méritos, lo que les permite ser promocionados dentro de su organización o en otra que los valora. Los del otro tipo andan de organización en organización, de país en país, como verdaderos mercenarios errantes, desnaturalizando la cooperación internacional y tratando de justificar su estilo de vida a través de la lucha contra la pobreza.

Ronald Hill Alvarez
La Colina
Nueva Guinea, RAAS
Nicaragua

lunes, 9 de agosto de 2010

DESARROLLO DEL CARIBE: ¿HASTA CUANDO?


Ningún ciudadano de este país puede poner en tela de duda que la mayor riqueza que posee Nicaragua se encuentra en el inmenso territorio que conforman las Regiones Autónomas de la Costa Caribe Nicaragüense. Hay que enfatizar en eso cada vez más, porque hasta hoy, en los albores del siglo XXI, la población de dichas regiones no puede disfrutar de esas riquezas que la naturaleza les ha brindado al permanecer en el abandono y la miseria. Más aún, no existe una estrategia de desarrollo regional coherente que se inserte en el marco del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos de Norteamérica, con el ALBA y, con sus beneficios, poder cubrir todas las necesidades básicas insatisfechas de su población.

A finales del siglo XIX e inicios del XX la llamada Reserva Mosquita, mantenía relaciones comerciales con empresas de los Estados Unidos de Norteamérica establecidas en Nueva Orleáns y otras de las islas del caribe. Los principales rubros que se vendían eran bananos, madera, oro, coco y hule. La ciudad de Bluefields era el principal centro comercial por su cercanía al puerto El Bluff. Toda esa prosperidad motivó a promulgar el decreto legislativo que le dio categoría de ciudad el 5 de Octubre de 1903.

Después de transcurridos más de 100 años parece ser que nunca más volverán a prosperar, aun cuando el territorio y los ciudadanos del Caribe “están reincorporados” con derechos consignados en la Constitución Política de Nicaragua y en la Ley de Autonomía. ¿Por qué se da esta situación si esas Regiones tienen “memoria comercial” de larga data con el Caribe y los Estados Unidos de Norteamérica? Hoy tenemos un Estado Moderno, de economía abierta, con vínculos comerciales entre naciones como nunca antes. Existen un sinnúmero de leyes que inciden en el usufructo de la riqueza del Caribe tales como La Ley de Pesca y Acuicultura, Ley de Minas e Hidrocarburos, Ley de Tierras Comunales, Ley de Promoción e Incentivo al Turismo, Ley de Inversiones Extranjeras, leyes y más leyes.

Las mayores bellezas escénicas y paisajísticas del país están en el Caribe. La promoción del turismo es prácticamente nula. Tantos cayos, islas, lagunas, playas de arena blanca, aguas cristalinas con diversos tonos azulados, vida marítima en abundancia en miles de kilómetros de arrecifes, etc., esperan por los proyectos de inversión turística en los cuales los caribeños puedan involucrarse aportando contrapartidas a la inversión externa. Ningún país de Centroamérica posee la riqueza marítima que hay en la Costa Caribe, camarones rojos y blancos, langostas, peces en variedad sin explotarse, caracoles, moluscos, etc. que no son aprovechados al máximo, por la inexistencia de plantas de procesamiento industriales que le incorporen el valor agregado necesario y la flota de barcos adecuada manejada por pescadores de tradición milenaria propios de la región. Extensiones de tierras que no se aprovechan con proyectos que promuevan practicas agroforestales destinadas a producir hule, cacao, coco, etc. debido a los conflictos y litigios que han provocado muertes al no ser legalizadas en el marco de la ley.

Ríos caudalosos y navegables recorren de oeste a este la Regiones Autónomas. Plantas hidroeléctricas son necesarias en estos tiempos de crisis y “guerra petrolera”. Con el desarrollo de estas dejaríamos de ser menos dependiente del petróleo y, porque no aspirar a elevar los ingresos del país, exportando energía a nuestros vecinos.

Se requieren inversiones en las Regiones Autónomas. El Estado Nicaragüense debe propiciarlas destinado las partidas presupuestarias para ello, no importando si deben realizarse en un período de gobierno o más, y buscar a los mejores socios comerciales que estén dispuestos a invertir para volver a la prosperidad y bienestar en el Caribe.

Tenemos los recursos y las leyes que regulan su usufructo. Lo que hace falta es reconocer con verdadero sentido de nación que mientras esa parte de Nicaragua, la más rica en todos los sentidos, la Costa Caribe, continué abandonada y vista como un gran territorio con grupos étnicos atrasados, el país no podrá jamás salir de la pobreza. El gobierno central así como los diputados de la Asamblea Nacional, deben comprender de una vez por todas, que mientras la Costa Caribe continué así, su gestión de gobierno será un fracaso. Similar es para los gobiernos y consejos regionales, criticados frecuentemente de ser ineptos e inconsecuentes con las aspiraciones de su pueblo. ¿Hasta cuando volverá a florecer el Caribe?

Ronald Hill A.
La Colina
Nueva Guinea, RAAS.

viernes, 16 de julio de 2010

ESPLENDOR Y MISERIA

Siempre está en mis pensamientos, en esos momentos difíciles de la vida, de angustia, desesperación y decepciones por lo fallido, siempre regresa, sin llamarlo, como una luz que me da ánimos para seguir adelante. Nunca podré olvidarlo. Sus rincones, lugares de encuentros, de paseos, la vida de su gente, los amigos de juventud, la vida vivida en él siempre están presentes. La cálida casa de mi abuela Manuela, contiguo a la de mis padres, regresa y me encuentro sentado en la mesa redonda de la cocina comedor, junto a mi abuelo Felipe, noto como sazona y saborea la suculenta comida, escucho sus palabras claramente, me vuelve a ver, sonríe, continua hablando siempre de cosas buenas, siempre trae buenas noticias a la mesa. La imagen se nubla y vuelvo a la realidad. Suspiro y me lleno de coraje.

Cambió en todos los aspectos. En lo físico, como nos sucede con el paso del tiempo, los excesos marchitaron su belleza y encantos porque la codicia de unos cuantos casi terminó con sus riquezas. La naturaleza le jugó una mala pasada, rompió sus vínculos con la franja costera y lo convirtió en una isla en medio de la nada. Su gente cambió, la mayoría de los jóvenes se marcharon en busca de un futuro mejor y cuando regresan son extraños entre los que volvieron a poblarlo. La vida cambió de una manera dolorosa pasando de la abundancia a la miseria en corto tiempo, en un suspiro la pujante actividad económica que le daba esplendor desapareció y sin invitación aparecieron la miseria, el hambre, las drogas, la delincuencia. Sus aguas perdieron profundidad y la riqueza marina a su alrededor también emigró. Muchos barcos quedaron varados y con el tiempo se convirtieron en chatarra oxidada, abandonados, como fantasmas de mar y por muchos años su muelle principal estuvo ocioso.

La adversidad hundió a muchos en la droga y se convirtieron en “zombies”, enemigos de la poca riqueza de su gente y también en enemigos a muerte de los perros flacos hambrientos que detectan sus pasos en la calma de la noche. Durante el día deambulan por sus andenes, se concentran en el muelle de las pangas sentados en las bancas a la espera de pasajeros y corren tras los bolsos para cargarlos a cambio de monedas y, si te rehúsas a ello, te acompañan en el recorrido pidiendo sin cesar para la comida. Algunos vagan por la costa con los ojos amarillentos, perdidos en el horizonte, con esperanza de que las olas les entreguen algo que vender. A otros la adversidad no los ha podido doblegar y han encontrado nuevas formas de vida. Unos pican piedra y venden piedrín para ser utilizadas como materiales de construcción, otros han encontrado en la venta de agua el sustento de sus familias y en la venta de chatarra al por mayor ante la abundancia de este recurso. Para el verano y semana santa, algunos han logrado construir pequeños ranchos de paja en la playa, donde venden bebidas y comida a los veraneantes que cada vez son más por la belleza de su playa. La mayoría esta de brazos cruzados, obligados a permanecer en estado de miseria por una Empresa gringa llamada Gulf King que le debe al Estado de Nicaragua y a ellos, su salario, vacaciones e indemnizaciones según las leyes laborales del país porque se ha declarado en quiebra y nadie hace nada por el hecho de ser norteamericana.

La desesperación los ha obligado a ejercer presión tomándose el plantel de la empresa Petronic cortando el abastecimiento de combustible y paralizando al instante la economía de la RAAS. El gobierno Regional les prometió reactivar la pesca habilitando unos diez barcos camaroneros sin contar con los recursos para ello. El gobierno Central envía regularmente alimentos básicos y los exonera del pago del servicio de luz eléctrica. Con estas medidas los líderes suspendieron la toma pero la población los acusó de haberse vendido al Gobierno y otro grupo se volvió a tomar el lugar, entre ellos los enemigos nocturnos de los perros.

La problemática es tan profunda que la solución no está al alcance de las autoridades regionales. Solamente se podrá superar con una empresa fuerte, integrada, con una flota moderna de barcos, con un astillero para su mantenimiento, con mercado seguro de sus productos, que genere empleo permanente y temporal, y lo más importante, que contribuya a recuperar las esperanzas y el esplendor de El Bluff. El gobierno Central tiene las posibilidades y el reto de hacerlo realidad.

Ronald Hill Álvarez

La Colina
Viernes, 16 de julio de 2010
Nueva Guinea, RAAS.
hillron@hotmail.com

martes, 13 de julio de 2010

ECONOMIA Y DESARROLLO DE LAS REGIONES AUTONOMAS DE NICARAGUA

La crisis socio económica que se vive en la Regiones Autónomas de la Costa Caribe de Nicaragua es recurrente porque ningún gobierno, sin excepción, ha podido contribuir a resolverla. Hemos visto hasta la saciedad las manifestaciones de esta cruda realidad: despale indiscriminado en zonas de reserva biológica, drástica reducción en los niveles de captura de mariscos, reducción en los niveles de productividad agrícola, red vial en permanente estado de deterioro, altos niveles de desempleo, hambre y miseria, institucionalidad autonómica de papel sin valoración positiva por parte de la población.

Se ha remarcado, hasta la saciedad, que el territorio de las Regiones Autónomas es el mas rico pero, contradictoriamente, con los mayores índices de pobreza y marginación del país. Se reconoce sus aportes a la economía nacional en pesca, agricultura y ganadería, minas, bosques y productos de la madera y turismo. Se estima que la contribución económica de las actividades productivas de las Regiones Autónomas al PIB de Nicaragua es alrededor del seis por ciento lo cual es bajo en relación al potencial existente. Las actividades productivas más importantes imprimen el carácter de economía primaria con carácter agroexportador donde se emplea aproximadamente las tres cuartas partes de la población económicamente activa ocupada. Las actividades con mayor peso en el PIB Nacional, según su orden de importancia son: la pesca (42%), silvicultura (31%), pecuario (21%), minería (14%) y agricultura (13%).

Históricamente el modelo de producción en la Costa Caribe se ha estigmatizado como el de “economía de enclave” donde grandes empresas trasnacionales controlan la producción, distribución, consumo y apropiación de los excedentes económicos obviando las leyes del país, imponiendo un estado dentro del nuestro. La realidad pone al descubierto todo lo contrario ya que un alto porcentaje las actividades productivas son desarrolladas por economías de subsistencia familiar y comunal. La mayor absorción de mano de obra se da principalmente en los sistemas productivos agroforestales de las comunidades indígenas y afrodescendientes, en la economía campesina de subsistencia en los territorios intermontanos, llanos y costas, en la pesca artesanal de litoral, en ríos y en las intermediaciones de las lagunas costeras. El nivel de desarrollo del sector secundario de la economía en la Regiones Autónomas es prácticamente inexistente a excepción del procesamiento de camarones y langostas que cuenta con más de medio siglo de existencia, lo que es un indicador del bajo nivel de desarrollo de la actividad industrial a pesar de la abundante dotación de recursos naturales con potencial de transformación para abastecer el mercado regional, nacional e internacional.

El aporte al PIB Nacional de las Regiones Autónomas pone en evidencia el potencial existente y es preciso reformular nuevos argumentos más allá de aquellos que indican que no son dinámicas desde el punto de vista económico, con los que se pretende mantener el perverso circulo de exclusión histórica, económica, social, cultural y política que se ha padecido desde la anexión de 1894 como resultado de la ausencia de políticas de inversión y de considerarlas como fuente inagotable de materias primas y recursos naturales.

Es preciso releer la realidad económica de la Regiones Autónomas y ubicarlas en su contexto conjugando actores participantes, carencias y potencialidades en cada uno de los sistemas productivos para definir planes de inversión acorde con las expectativas de población, municipios, gobiernos regionales y fuentes confiables de financiación. El Estado debe ser el principal actor que garantice, con la participación activa de los Consejos Regionales, la elaboración de un Plan de Desarrollo de la Costa Caribe de Nicaragua que pueda concretizarse en la realidad y que supere el estado de deseos y “buenas intenciones” que posee el Plan de Desarrollo Humano de la Costa Caribe promovido por el Consejo de Desarrollo de la Costa Caribe. Las buenas intenciones no lograrán jamás superar los siglos de abandono, miseria y marginación sufrida por los pueblos de las Regiones Autónomas, mucho menos el hecho de que los planes hayan sido formulados de manera participativa por funcionarios del gobierno central de origen costeño garantiza que sean convertidos en una realidad y que no se archiven en la memoria del abandono.

Ronald Hill Álvarez

Martes, 13 de julio de 2010
La Colina
Nueva Guinea, RAAS.
hillron@hotmail.com

martes, 6 de julio de 2010

LIBROS Y ENGAÑOS: El suegro del poeta.



Muy temprano, Miguel y su hija adolescente me visitaron. Juan Pérez, gritó, así me dice y así le digo por una historia inventada de los años ochenta, ¿Dónde estás?

Me levanté de la silla de mi escritorio y salí a la sala para recibirlos.

“Esta chavala anda buscando el libro Sombras nada Más de Sergio Ramírez”, dijo Miguel. “Por aquí lo vi”, agregó, mirando hacia mi oficina y los libros desordenados. “Préstamelo, porque lo necesita para un trabajo de la escuela”.

Lo buscamos por todos lados, pero no lo encontramos. Además, echó un vistazo a Los Años de Granada de Ernesto Cardenal, la segunda parte de Vida Perdida, y no dudó en prestármelo.

“Es de la biblioteca”, dije por si acaso, pero estoy seguro de que regresará en sus manos.

“¿Cómo es posible que no esté, si un día de estos estaba allí?”, dijo, señalando el librero.

“Eso pasa siempre: presto los libros, casi nunca regresan, desaparecen".

“Conmigo están seguros”, respondió Miguel. “Un día de estos te traigo el que me prestaste”.

Salimos al corredor y comentamos sobre la historia de Sombras nada Más, y la conversación nos llevó a Ernesto Cardenal y, obligatoriamente, a José Coronel Urtecho.

“Yo los conocí a los dos en Solentiname cuando trabajé para el INRA”, dijo. “En ese tiempo, les daba asistencia técnica a las islas del archipiélago y me hice muy amigo de Alejandro Guevara, el comandante de San Carlos. Yo vivía en una isla aparte y visitaba las otras todos los días. Así conocí a Ernesto Cardenal, a Cortázar, a una hija de Salvador Allende y a muchos otros. Pero quiero contarte sobre Coronel Urtecho, tengo un libro de él que te voy a prestar”.

Continuó hablando entusiasmado mientras su hija estaba inquieta porque no encontrábamos el libro que buscaba.

“Mi hermano Víctor, el ingeniero, trabajaba en San Carlos”, continuó hablando, “y lo mandaron a hacer un levantamiento topográfico de las islas. Era un fin de semana y me dijo que le ayudara de cadenero. Nos fuimos y por la tarde conocimos a José Coronel Urtecho. Estaba sentado solo, cerca de una gran mesa, y Víctor dijo: Mira, ese es Coronel Urtecho”.

“Si no aprovechamos la ocasión, nunca podremos hablar con él”, le respondí.

Lo saludamos y con amabilidad nos invitó a sentarnos. Le contamos lo que hacíamos y nos contó muchas historias, una relacionada al trabajo de Víctor sobre las Fincas San Francisco y Santa Fe.

“El papá de la esposa de Coronel Urtecho, María Kautz, era un ingeniero de origen alemán de apellido Kautz que se casó con una Sancarleña de apellido Gross. José Santos Zelaya lo contrató para que le hiciera los estudios sobre el canal interoceánico a través del Río San Juan”.

“Un día, Zelaya lo mandó a llamar a Managua para que le explicara los avances del estudio. Luego le dijo que en la ruta del canal hiciera dos fincas y que a una le pusiera el nombre de San Francisco y a la otra Santa Fe. “De las dos, la más bonita será tuya”, agregó Zelaya.

“Luego de haber hecho las fincas como le había indicado Zelaya, se fue nuevamente a Managua. Zelaya le preguntó: “¿Y al fin hiciste las fincas?”

“Sí, le respondió, una se llama San Francisco y la otra Santa Fe, como usted ordenó”.

“Zelaya lo quedó viendo con un poco de recelo y luego preguntó: ¿Y cuál es la más bonita?

El alemán pensó en sus adentros: “Si le digo que San Francisco es la más bonita, este se queda con ella, así que le diré que Santa Fe es la mejor.”

“Santa Fe es la más bonita”, contestó Kautz.

“Bueno, dijo Zelaya, ¡esa es la tuya!".

Al final, Coronel Urtecho se reía a carcajadas. El alemán, por dárselas de vivo, salió perdiendo", comentó Miguel.

Su hija estaba inquieta por irse y él seguía hablando. "Nos vemos", me dijo, "voy a regresar un día de estos a dejarte el libro".

Me quedé riendo. Ojalá me traiga el libro de Coronel Urtecho, pensé, porque el otro, el de Cardenal, está seguro en sus manos. Miguel, al menos con los libros, no es como el suegro del poeta.

 

Corregido el 8/12/2023

Martes, 06 de julio de 2010
Foto del libro POL-LA
D'ANANTA
KATANTA
PARANTA
Dedójmia T'élson
Imitaciones y Traducciones 

jueves, 1 de julio de 2010

EL TRANSPORTE ACUATICO DE PASAJEROS EN LA RAAS

Navegar por lagunas y ríos en la Costa Caribe de Nicaragua es experimentar una de las emociones más satisfactorias que se pueden sentir en ese bello territorio de nuestro país. La velocidad de las “pangas”, pequeña embarcación con motor fuera de borda, en los últimos años se ha incrementado hasta el límite con motores de doscientos caballos de fuerza y en algunos casos con dos motores de ciento cincuenta recorriendo grandes distancias en poco tiempo.

El recorrido entre ciudad Rama y Bluefields es uno de los tantos atractivos que existen en esa región por el disfrute de la brisa, lo apacigüe del río Escondido y, en periodo seco o verano, por la limpieza y claridad de las aguas que muestran el reflejo de las nubes y la vegetación que aun existe. Es una sensación de contacto directo con la naturaleza. En poco tiempo, no más de una hora y treinta minutos, se hace el trayecto y muchas emociones brincan a flor de piel, principalmente cuando “el panguero” debe hacer girar la embarcación en una de las muchas vueltas que tiene el río. Da la impresión de ir volando sobre el agua porque la velocidad permanece casi constante.

Años atrás, la navegación por el Escondido se realizaba en lanchones que transportaban carga de todo tipo y pasajeros. El trayecto duraba unas doce horas y para su comodidad los pasajeros tendían sus hamacas para descansar. Con el paso de tiempo aparecieron los famosos “Bluefields Express”, permanentes aun en la memoria por la canción que el grupo musical Dimensión Costeña dedicó a estas embarcaciones. Salían muy temprano por la mañana de Bluefields y llegaban a El Rama al mediodía para regresar a Bluefields como a las cinco y media de la tarde. El viaje era cómodo y placentero porque brindaban servicios de alimentación y bebidas creándose en el recorrido un ambiente fiestero, que en la mayoría de las veces, siempre culminaba por las noches en la ciudad de los campos azules. Ese era el transporte más utilizado porque eran pocas las pangas que hacían el trayecto y casi siempre las utilizaban usuarios apresurados por llegar a su destino final teniendo que pagar viajes expresos de alto costo. En ese entonces las pangas utilizaban motores fuera de borda de cuarenta y cinco caballos de fuerza y muy pocas de setenta y cinco.

El oficio de panguero es uno de los más fascinantes para los jóvenes. Recorrer los ríos y lagunas, conocer lugares que solamente se oyen en las pláticas de los mayores, viajar a alta velocidad y ganarse la vida honradamente son motivos que a muchos los impulsaron a convertirse en pangueros profesionales. Muchos nombres de pangueros están llenos de prestigio por la responsabilidad con que asumían su labor llevando a los pasajeros con puntualidad, prudencia, pericia, esmero, cortesía, educación y seguridad a su destino final. Muchos de ellos fueron “pangueros oficiales” de empresas e instituciones por muchos años debido a esos valores propios característicos del oficio y algunos son hoy en día empresarios del transporte acuático, con una flota de varias pangas de fibra de vidrio con capacidad para transportar un promedio de veinte pasajeros con motores impresionantes por su potencia.

La frecuencia de los accidentes acuáticos, específicamente en lo que a colisión entre medios de transporte se refiere, han venido en aumento en los últimos años. Varias son las causas de que estos sucedan pero las principales son la alta velocidad de desplazamiento y la imprudencia del panguero. Aspectos tales como carencia de señales o rótulos en las vueltas de los ríos indicando el peligro o la reducción de la velocidad, carencia de chalecos salvavidas adecuados y en buen estado son importantes pero no los puntos centrales del problema. Si bien es cierto que la Dirección General de Transporte Acuático otorga licencia para el oficio del panguero es necesario establecer un sistema de supervisión y evaluación permanente de los que ejercen el oficio y del mismo deben formar parte, además de las instituciones involucradas, los empresarios del transporte acuático por la responsabilidad que en ellos recae ante los fatales accidentes. Es el momentos oportuno para regresarle al oficio del panguero los valores que muchos de ellos tuvieron cuando lo ejercían y así rescatar para poner al servicio de los miles de usuarios eso que hoy se ha perdido y que sin duda alguna es una de las causas que pone en riesgo vidas humanas.

Ronald Hill Álvarez
Miércoles, 30 de junio de 2010
hillron@hotmail.com