Sueños del Caribe es un blog sobre la Costa Caribe y el sureste de Nicaragua. Lo componen relatos, crónicas, personajes, poesía y otros temas.
viernes, 14 de noviembre de 2014
miércoles, 12 de noviembre de 2014
ADVOCACIÓN CANALERA
Salí a la acera
y me encontré con Héctor, el padrecito. Luego de saludarlo le pregunté por su
viejo. “Está en casa”, dijo. “Para allá voy”, respondí al despedirnos. Cuando
escuchó mi voz desde afuera, desde las verjas, salió a abrirlas y no saludamos
como siempre, con un fuerte apretón de manos. “Así me mantengo, encerrado para
protegerme de la banda de la bulla y los incendiarios”, dijo y me ofreció una
silla.
El día anterior
pasé por la imprenta de Santo Tomás y aproveché para conversar con su
propietario sobre el costo del librito que siempre tengo en mente y, para convencerme,
me mostró como seis recién elaborados, la mayor parte de ellos de personas
conocidas de Chontales. Entre ellos uno de Héctor Molina Pérez. Al tenerlo en
mis manos y darle una hojeada, pensé: “Al fin, el libro de toda su vida” y lo
celebré por ver su empeño materializado. Ahora que estaba allí, visitándolo y
conversando en la comodidad de su casa, el no hacía alarde de su obra, sino que
nos referíamos a la familia y él a sus permanentes problemas de salud.
“Voy a cenar, movámonos
al comedor”, dijo y la mujer que lo acompaña en sus años de viudez nos recibió
atentamente en la mesa. “Un vasito de agua”, para mí le respondí cuando me
preguntó si quería tomar algo. “El es un amigo de siempre, desde los tiempos de
la universidad”, le dijo a la mujer. “Vi tu libro”, le dije y dejó de masticar
por unos instantes con la mirada sobresaliendo encima de sus lentes. “El de los
gallos”, respondió con el semblante lleno de orgullo. Se levantó de la mesa y
regresó con el libro y un afiche con la imagen de varios gallos. Terminó de
cenar y buscó un lapicero. “Para Ronald Hill, siempre amigos. Octubre 2014”, escribió
y lo firmó.
Nuevamente en la
sala, entró a su habitación y me entregó 18 páginas sueltas con 17 poemas que
ha escrito, entre otros de su autoría. Léelos, si te gusta alguno de ellos
puedes publicarlos en tu blog”, dijo. “El poema Canción del bosque para una
mujer de ojos verdes lo he leído siempre que vengo a verte”, le dije y su
semblante oscureció. Es el poema dedicado a su esposa, María Odilly. “Hay
otros, unos calientitos, pero muchos de aquí no les entienden”, dijo y agregó, “uno
dedicado al canal de los chinos”.
I
España buscaba un
paso a la mar del sur
Y llegar a las
especierías
Pedrarias se apoderó
de Nicaragua
Los ingleses
inventaron al rey mosco
Se apoderaron de la
mosquitia
Vanderbilt y Walker
se apoderaron de la ruta de tránsito
Walker asaltó el país
Roosevelt tomó Panamá
Colombia se atragantó
el Caribe
II
China es una cultura
milenaria e enigmática
Como un gran panal
Melificado por el
Yuan
III
Allí los billetes no
nacen en las ramas de los arboles
Sino en la mano de
los chinos
China es un país
diligente
Sus habitantes han
aprendido a encender el sol y apagar la luna
Surcar canales y
torcer los ríos
IV
Cuando Wang Jing y
sus tambochas
Hayan creado el
megasurco
Seremos el ombligo
del mundo
y
Lo celebraremos en
versos de Han Yu
En una gala con pato
a la Pekin
Regada con huangjiu
Y música de Ling Lu
VI
Y la historia de
Nicaragua será otra
Y el rostro del mundo
será distinto.
Héctor Molina
10/10/2014
martes, 4 de noviembre de 2014
EL GALLEGO
Salí al patio frontal de la casa
y escuché crujir las hojas secas de Caoba en la grama. Lo vi correr velozmente
y se subió a un árbol de Caña Fístula.
Lo observé con detenimiento y vi sus grandes crestas: un Gallego macho, adulto.
Pasó toda la mañana tomando sol, por la tarde se bajó, trasladándose al tronco
de una Palmera donde pude fotografiarlo completo. Una hembra corrió entre unos
arbustos y se bajó del tronco como un rayo para perseguirla.
El Gallego, basilisco verde o basilisco de doble cresta (Basiliscus
plumifrons) es una especie de lagarto nativo de América, a excepción de
Angloamérica (EU y Canadá), y gran parte de América del Sur (Argentina, Chile,
Bolivia, Uruguay, etc.). Su hábitat natural abarca desde México a Ecuador. En
ciertas zonas de México es conocido como tequereque o "teterete"
Los basiliscos verdes son
omnívoros y se alimentan de insectos, pequeños mamíferos como roedores, e
incluso algunas especies más pequeñas de lagartos. Su dieta incluye también
frutos y flores. Entre sus predadores más frecuentes se encuentran las aves de
presa, las zarigüeyas y las serpientes.
Las hembras de esta especie ponen
entre 5 y 15 huevos a la vez. Depositan estos huevos en lugares cálidos, arena
húmeda o tierra. Demoran entre ocho y diez semanas en incubar, tras lo cual el
joven espécimen nace ya como un lagarto totalmente independiente.
Al igual que otros basiliscos,
este lagarto tiene la habilidad de correr sobre el agua por escasas distancias,
utilizando unas membranas especiales en sus patas que aumentan su superficie de
apoyo sobre el agua. En muchos lugares le llaman “Jesucristo” por esa
habilidad. No obstante esto, es también un notable nadador, pudiendo estar
sumergido por períodos de tiempo superiores a los 30 minutos.
martes, 28 de octubre de 2014
EL GALERÓN DE LOS MACHETEROS (“Sola, siempre sola”)
Me detuve para
fotografiar el arco que da acceso a la hacienda de Hato Grande y, al ver la
inmensa casa colonial, lo traspasé sin pedir permiso. Caminé hasta el fondo. Al
enfocar la casa la vi, solitaria en el inmenso corredor; me acerqué y la
saludé.
—
¡Buenos días!
—
¿Anda paseando?
—
Sí, voy para Puerto Díaz y entré para
fotografiar el arco.
—
Si va a subir al cerro le abro el portón, yo
tengo la llave.
“La vista debe
ser espectacular, pero otro día voy a venir para ver el lago, las islas, el
volcán Mombacho de Granada, la isla de Ometepe con sus volcanes y la cordillera
de Amerrisque”, pensé.
—
No puedo, me esperan en Puerto Díaz, ¿cómo se
llama usted?
—
Nubia Miriam Guillén.
—
¿Qué edad tiene?
—
¿Yo?, tengo
57 años.
—
¿Y de vivir aquí?
—
35 años.
—
¡En Hato Grande! ¿Y cuántos hijos tiene?
—
Sólo cuatro; dos que están en Costa Rica, una
casada y un soltero.
—
¿Todos nacieron aquí?
—
¡Sí!
—
¿Cuántos años tenía cuando se vino a vivir aquí?
—
Vine de 19 años.
Cruza el arco de
Hato Grande. Cabello liso, suelto al vaivén del viento, inhala por primera vez
el aroma de la hacienda, observa la majestuosidad del cerro con sus ojos
zarcos. Una maleta con pocas cosas descansa a sus pies. Su falda va suelta
coqueteando con el calor del suelo; su corazón palpita de emoción frente al
futuro incierto. Una flor choteada en los llanos de la hacienda señorial.
—
¡Sus ojos son lindos! De seguro tuvo muchos
enamorados. ¿Ya tenía hijos cuando llegó?
—
¡No!, todos nacieron aquí, los cuatro.
—
¿Cómo le llaman a esta casona?
—
Este era el galerón de los macheteros.
—
¿Cómo?, ¿el galerón de los macheteros?
Observo la
inmensa casona, joya viviente de un pasado esplendoroso. El corredor frontal
tiene cuatro metros de ancho. El techo es sostenido por diez pilares de madera
con dimensiones de 6 x 6
pulgadas de ancho, separados cada 5 metros; son 4.5 metros de alto. En
cada pilar descansan las vigas y, entre ellos, 6 piezas de 4 x 4 pulgadas hacen de
alfajillas sobre las cuales está clavada la madera que sostiene las tejas de
barro. El espacio que se encuentra entre cada pilar delimita diez cubículos a
ambos lados del galerón cuyas paredes son de adobe; eran usados para alojar a
los macheteros. Escucho murmullos, risas y gritos, el rechinar de limas
sostenidas por manos callosas que afilan los machetes por la mañana, el
chischil de las espuelas avanzando al ritmo de los pasos en el corredor, pero
ella me regresa a su lado.
—
Aquí vivían los que hacían el trabajo de campo,
campistos y jornaleros, pero yo pasaba en la pista de Hato Grande, allá abajo.
—
¿La pista de aterrizaje?
—
Sí, yo tenía una casita que él me había dado, el
papá de Roberto, pero como él vendió …
—
¿Cómo se llamaba el papá?
—
Don Alberto Rondón, casado con doña Gloria
Sacasa. Ellos eran el papá y la mamá de don Roberto, Tito Rondón, Juan Rondón,
Nicarina y María Rondón.
—
A todos los conoció, en esos tiempos eran
chavalos.
—
Eran hombres y mujeres, pero jóvenes.
—
¿Venían desde Managua en avión?
—
Sí, pero sólo don Roberto piloteaba aviones;
tenía un Cessna C47 y un Push Bull.
Trasladarse en
una avioneta desde Managua a Hato Grande es cruzar la parte occidental del óvalo del Lago Cocibolca, se aprecia el
volcán Mombacho y, conociendo el espíritu jovial y juguetón de Roberto,
sobrevuela la costa, se desliza como arriero volador sobre miles de cabezas de
ganado que pastan en las llanuras, se eleva sobre la copa de los árboles, gira
el ala izquierda para subir sobre el cerro y da la vuelta para tomar posición
de aterrizaje sobre la pista de la hacienda más grande de Nicaragua, referente
del latifundio oligárquico heredado de la Colonia y del sistema de producción
ganadero extensivo.
—
¿Usted siempre estaba en la pista?
—
Siempre estaba en la pista, pidiendo vía para la
bajada de noche, a las siete y ocho de la noche, cuando venían los turistas,
delegaciones de China, de Japón, Noruega, Holandeses y así.
—
Me imagino que aquí eran bien atendidos.
—
Yo apuntaba la hora de salida y de entrada.
—
Usted llevaba el registro. ¿Quién tiene esos
registros?
—
Cada mes los llevaba a Aeronáutica Civil.
—
¡Ah, ya!
—
Sí. Sola, siempre sola, tenía que ir cada mes.
—
Y así se quedó viviendo aquí. ¿Ya tiene nietos?
—
Ya tengo esos dos —responde señalando a un niño
que sonríe al lado de una puerta.
—
¿Sólo dos nietos?
—
Allí, lo está viendo a él.
—
Bueno, doña Nubia …
—
Yo vivo sola …
—
Además de jefa de aeronáutica, ¿qué más hacía?
—
En Managua fui del hospital El Retiro, cuando
era El Retiro.
Una bandada de
pájaros se posó en el árbol de Palo de Hule que se encuentra inclinado hacia la
derecha del corredor, inundando el galerón con su canto. El niño se acercó;
ella colocó su brazo izquierdo sobre sus hombros, acurrucándolo en su costado
izquierdo.
—
¿Allí fue enfermera? ¿Después se vino para acá?
—
Sí … después, cuando me … me metí a eso de
aeronáutica …
—
Enfermera, aeronáutica y ¿qué más?
—
En bordado y costura.
—
Y ahora abuela.
—
¡Abuela! ¡Vamos para más arriba!
—
¡Qué bueno doña Nubia! ¡Un gusto conocerla!
¡Está bendecida!
—
Que le vaya bien.
Vi hacia mi
derecha y noté una cruz de madera ubicada al final del corredor del galerón. La
observé inmensa, mucho más alta que yo.
—
¿Puedo tomarle una foto a la cruz?
—
Sí, no hay problema; es la que se usa en la
procesión de Semana Santa. ¡Mire, aquella es la capilla!
—
Se ve linda. ¡Adiós!
En Puerto Díaz
le comenté a Sergio lo del galerón de los macheteros y le mostré la foto para
ver si lograba reconocerla.
—
Sí. Sí, es ella. Siempre estaba al lado de la
pista, siempre sola —dijo.
De regreso me invadió cierta nostalgia al ver cómo una hacienda señorial, una gran casona y una bella mujer, antes llenos de vigor y gloria, hoy se encuentran abandonados a un pasado que nos atrapa a todos, sin excepción.
25/10/2014
Nueva Guinea,
RACS.
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miércoles, 22 de octubre de 2014
EL QUERQUE
Antes de llegar a El Coral me detuve a fotografiar un árbol que es raro, lo han exterminado, es un sobreviviente del despale indiscriminado, el Zapote de Monte. En eso estaba cuando una pareja de Querques (Polyborus plancus audubonii) se posó en una rama. El Querque pertenece a la familia o grupos de las aves rapaces.
Tiene las piernas bastante largas y una cresta. No tiene plumas en la cara y la base del pico es roja. La corona es negra; los lados de la cabeza, el cuello y la garganta son blancos; el resto de las partes de arriba es negro; el pecho es blanco y la barriga es marrón gris. La cintura y la mayor parte de la cola son blancas con una ancha raya negra; volando muestra dibujos blancos en las alas. La cría es casi similar, sólo es más marrón en todo el cuerpo y en las partes de abajo es más rayada.
Es común en zonas rurales. Es un ave de presa fuerte, cuyo alimento no se limita a la carroña. Usualmente se les ve en parejas o grupos pequeños. Muchas veces se observa estas aves caminando en el suelo. Vuela fuertemente, pero parece no poder mantenerse planeando.
miércoles, 15 de octubre de 2014
CANTO A YOLAINA
Cuentan nuestros fundadores
que Yolaina era un paraíso
pero a través de los años azotaron los huracanes
y el hombre criminal
con el rifle y el hacha en mano
destruyeron nuestra flora y nuestra fauna natural.
Dale click al vídeo para que disfrutes la canción:
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tala del bosque
jueves, 9 de octubre de 2014
LA TORTOLITA
La Tortolita (Columbina
talpacoti) es una pequeña Columbinae de América. Es una paloma de cola corta,
que mide 17 centímetros con un peso de aproximadamente 47 gramos. Los machos
adultos tienen la cabeza y el cuello gris pálido, con manchas negras debajo de
las alas; la cola es negruzca y la parte inferior de las alas es canela y
negro. Las hembras son gris oscuro, por lo general coloradas y con menos
contraste entre la cabeza y el cuerpo que el macho.
Vive desde México al sur de Perú,
en Brasil y en Paraguay; también se encuentra en el norte de la Argentina y en
Trinidad y Tobago. En ocasiones se puede ver tan al norte como en el sudeste de
los Estados Unidos en el Sur de Tejas y en el Sur de California; principalmente
durante el invierno.
La incubación lleva entre 12 a 13 días con 12 a 14 días complementarios para el emplumaje de los polluelos. Ocasionalmente puede incubar un tercer pichón.
Su vuelo es rápido y directo, con
aleteos regulares y ocasionalmente con movimientos vigorosos y rápidos de las
alas, que son característicos de las palomas en general.
La Tortolita, llamada también Cocochita, es muy común en las
zonas de rastrojos y otros páramos abiertos. La fotos que presento fueron tomada en
un árbol de Caoba plantado frente al porche de mi casa.
Si deseas conocer más sobre La Tortolita, ver más fotos y vídeos en otros lugares así como escuchar su canto, te recomiendo visitar la pagina The Internet Bird Collection.
Si deseas conocer más sobre La Tortolita, ver más fotos y vídeos en otros lugares así como escuchar su canto, te recomiendo visitar la pagina The Internet Bird Collection.
lunes, 6 de octubre de 2014
LOS MISMOS DE SIEMPRE
Sí, son ellos, los mismos de
siempre;
los que se apropian de todo,
de calles y aceras,
de los parques, de sus bancas,
de la sombra de los árboles,
de escuelas y universidades,
del cantar del pueblo y del presupuesto
ajeno,
luciéndose con cursis corbatas en la
podredumbre
que han creado y que con aplausos
los recibe.
No te equivoques, son ellos, los
mismos de siempre.
Los que un día fueron maldecidos
por tu abuelo y,
luego, con el calor del fuego en
sus palabras, por tu padre.
Los que dicen defender la justicia,
pero terminan quitándole el velo,
para venderla en figurines con
poses obscenas al mejor postor,
pasando de mano en mano hasta
terminar indefensa, desnuda y violada
por la insaciable e interminable cadena
de corrupción.
Son ellos, los de siempre; los que
juraron aliviarnos el dolor,
y se convierten en verdugos
vestidos de blanco.
Sí, son ellos; a los que el paso
del tiempo no los cambia,
son los mismos de siempre.
Los que caminan altivos en la
sombra de sus cuarteles,
mostrando sus grados con el mentón
en alto,
con la furia de la soberbia pintada
en sus ojos,
delatando los gritos y miserias que
soportan
los que se encuentran en mazmorras
bajo la custodia de sus botas.
Los que se postran
frente al altar,
con el rostro en tierra, recordando
la agonía de Jesús,
aunque han violado a millones de
niños y niñas alrededor del mundo.
Son ellos, los mismos de siempre.
Los que por paga o migaja quieren
dividirnos.
Los protegidos del capital.
Los que hacen rimar su poesía con
el corazón vacío.
Los que ciegamente obedecen
dictados para enriquecerse.
Los que terminan solitarios al
abandonar su trono de inmundicias.
Los que eternamente han pretendido
callarnos.
No te equivoques, son ellos, los mismos
de siempre.
05/10/2014
Foto: Sergio Orozco.
Foto: Sergio Orozco.
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