Mostrando entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de julio de 2026

CREACIÓN LITERARIA EN LA COSTA CARIBE DE NICARAGUA



La creación literaria en la Costa Caribe de Nicaragua constituye un campo cultural en proceso de afirmación, atravesado por la oralidad, la diversidad lingüística, la memoria comunitaria y tensiones históricas. A diferencia de otros procesos literarios del país, la creación literaria caribeña no surge inicialmente desde el libro impreso ni desde instituciones literarias consolidadas, sino desde la palabra hablada, los relatos comunitarios, los cantos, los mitos, las experiencias territoriales y las múltiples lenguas que conviven en la región.

Analizaremos este proceso considerando sus raíces, sus formas de desarrollo, sus principales aportes, sus avances reales y los desafíos que aún enfrenta para consolidarse como sistema literario regional.

Base cultural de la creación literaria caribeña:

Su base fundamental es la oralidad. Antes de la aparición de textos escritos, revistas, antologías o autores reconocidos, ya existía una práctica narrativa sostenida por las comunidades indígenas, afrodescendientes, creoles y mestizas de la región. Esta oralidad incluía mitos, relatos de origen, leyendas, cantos, proverbios, memorias familiares, historias de navegación, relatos comunitarios y formas de expresión ritual o ceremonial.

En este sentido, la creación literaria caribeña no debe entenderse como una simple imitación de modelos literarios nacionales o extranjeros, sino como una transformación de la palabra oral en escritura. Su originalidad radica precisamente en esa tensión: pasar de la voz al texto sin perder el ritmo, la memoria y la identidad del territorio.

La oralidad funciona como archivo cultural. En ausencia de documentos escritos sistemáticos, la memoria de las comunidades conservó conocimientos, formas de vida, valores, conflictos y visiones del mundo. Por ello, la creación literaria contemporánea de la Costa Caribe conserva una relación profunda con la narración oral, el habla cotidiana, el testimonio y la musicalidad.

Lengua, identidad y territorio:

Uno de los rasgos más relevantes es su carácter multilingüe e intercultural. En la región conviven el español, el creole, el miskitu, el mayangna, el rama y otras expresiones lingüísticas vinculadas a la vida comunitaria. Esta diversidad incide directamente en la creación literaria.

La lengua no es solo un instrumento de comunicación. En la escritura caribeña, la lengua es identidad, memoria y posición cultural. Escribir desde el Caribe implica muchas veces enfrentarse al problema de qué lengua usar, qué ritmo conservar, qué palabras mantener y qué elementos traducir o no traducir.

Durante mucho tiempo, los sistemas educativos y culturales privilegiaron modelos externos, especialmente el español académico o el inglés estándar. Esto produjo una distancia entre la literatura enseñada en las aulas y las formas propias de expresión de las comunidades. Como consecuencia, muchas voces locales fueron consideradas informales, populares o poco literarias.

Sin embargo, la creación literaria caribeña ha comenzado a reivindicar esas formas de habla como fuente estética. El territorio también cumple un papel central: el mar, la bahía, los ríos, los muelles, las comunidades rurales, las casas de madera, la lluvia, los caminos y la vida cotidiana aparecen como escenarios vivos de la creación literaria.

Desarrollo de la creación literaria:

El desarrollo de la literatura en la Costa Caribe puede entenderse como un proceso gradual que va desde la oralidad ancestral hasta la producción escrita contemporánea. En una primera etapa predominó la palabra oral como forma principal de transmisión cultural. Posteriormente surgieron intentos de escritura en español, creole, miskitu y otras lenguas de la región.

Dentro de ese tránsito hacia la escritura aparecen voces poéticas importantes como Sidney Francis, cuya poesía en creole evidencia la búsqueda de una expresión propia desde la lengua y la identidad cultural costeña. Su poema Looking Fa a Poem, citado por Víctor Obando Sancho, expresa una escritura marcada por el habla creole, la denuncia social, la libertad y la defensa de la vida, la naturaleza y la comunidad.

También debe destacarse el papel de Víctor Obando Sancho, no solo como poeta, sino como estudioso, promotor y organizador de la literatura de la Costa Caribe. Su reflexión sobre la literatura regional permite comprender los problemas de reconocimiento, organización y desarrollo que ha enfrentado la creación literaria costeña. Obando Sancho señala la importancia de la tradición oral, la débil presencia de políticas culturales sostenidas y la necesidad de fortalecer procesos de publicación, organización y formación literaria.

En este mismo proceso sobresalen autores como Avelino Cox, vinculado a la recuperación de la cosmovisión de los pueblos indígenas de la región; Allan Boudier, con aportes poéticos desde la sensibilidad regional; Rolando Sotelo, asociado a la poesía escrita desde Bluefields; y José Antonio Mairena, con trabajos relacionados con la tradición sumu-mayangna. Estos autores aparecen entre las obras publicadas por URACCAN y otros organismos durante los años noventa, junto con la Antología poética de la Costa Caribe de Nicaragua, lo que evidencia un esfuerzo colectivo por registrar, afirmar y proyectar la memoria cultural de la región.

A nivel narrativo, uno de los referentes centrales sigue siendo Lizandro Chávez Alfaro, nacido en Bluefields, cuya obra permitió insertar elementos del Caribe en la narrativa nicaragüense moderna. Obando Sancho destaca su reconocimiento nacional e internacional desde la publicación de Los monos de San Telmo, Premio Casa de las Américas en 1963, pero también advierte que la región necesita conocerlo y apropiárselo más profundamente.

En la poesía de afirmación identitaria, autores como Carlos Rigby, David McField y June Beer contribuyeron a fortalecer una estética afrocaribeña y nicaribeña, marcada por la oralidad, el ritmo, la identidad negra, el creole y la memoria cultural. Estas voces rompieron con modelos literarios tradicionales y ampliaron la idea de lo que puede considerarse literatura nicaragüense.

Más recientemente, escritoras como Yolanda Rossman Tejada y Andira Watson han ampliado el campo desde perspectivas de género, etnicidad, territorio e identidad. La escritura de mujeres indígenas y afrodescendientes ha permitido cuestionar no solo el centralismo cultural nacional, sino también las exclusiones internas dentro del propio campo literario.

En conjunto, estos autores y autoras muestran que la creación literaria en la Costa Caribe no es un fenómeno aislado. Es un proceso plural, construido desde la oralidad, las lenguas, la memoria, la poesía, la narrativa, la investigación cultural y la afirmación identitaria.

Espacios de promoción y formación:

La producción literaria ha sido impulsada por revistas, universidades, talleres, encuentros literarios, festivales, colectivos culturales y proyectos editoriales. Instituciones como URACCAN, BICU, CIDCA y la revista Wani han desempeñado un papel importante en la documentación, publicación y reflexión sobre la cultura caribeña.

Estos espacios han permitido visibilizar autores, promover nuevas voces, abrir oportunidades de formación y crear una conciencia más clara sobre la necesidad de escribir desde la identidad regional. Sin embargo, todavía existe una diferencia importante entre actividad cultural y consolidación literaria.

La existencia de talleres, recitales o festivales no garantiza por sí sola el desarrollo de un sistema literario. Para que la creación literaria se fortalezca, los procesos deben terminar en textos trabajados, publicaciones, crítica, circulación y continuidad. De lo contrario, el riesgo es que la creación se quede en el momento de la presentación pública, sin convertirse en obra sostenida.

Aportes de la creación literaria caribeña:

Aporta al país una visión distinta de la literatura nacional. Su principal contribución es ampliar el mapa cultural de Nicaragua. Frente a una tradición literaria históricamente dominada por el Pacífico y el centro del país, la Costa Caribe introduce otras lenguas, otros ritmos, otros territorios y otras memorias.

Entre sus aportes más importantes pueden señalarse los siguientes:

Primero, la incorporación de la oralidad como forma estética. La literatura caribeña no solo cuenta historias; conserva la cadencia de la voz, la musicalidad y la memoria colectiva.

Segundo, la afirmación de identidades indígenas, afrodescendientes, creoles y mestizas. La escritura se convierte en un acto de presencia cultural.

Tercero, la recuperación del territorio como espacio literario. La bahía, el mar, los ríos, las comunidades y los paisajes del Caribe no funcionan solo como fondos descriptivos, sino como elementos vivos de la narración.

Cuarto, la apertura hacia una literatura intercultural. La Costa Caribe obliga a pensar la literatura nicaragüense no como una sola tradición homogénea, sino como un conjunto diverso de voces.

Quinto, la participación creciente de mujeres y jóvenes, quienes amplían las temáticas y cuestionan las formas tradicionales de representación.

Avances reales:

En la actualidad se observan avances importantes. Hay mayor conciencia identitaria, mayor presencia de escritores emergentes, más espacios de lectura, más interés por las literaturas regionales y una creciente utilización de plataformas digitales.

También se ha fortalecido la idea de que la creación literaria caribeña no debe depender exclusivamente del reconocimiento externo. Cada vez resulta más claro que la región necesita construir sus propios espacios de formación, publicación, crítica y circulación.

Otro avance importante es la recuperación del valor de la oralidad. Lo que antes podía considerarse únicamente folclor hoy empieza a reconocerse como base legítima de creación literaria.

Desafíos principales:

A pesar de los avances, la creación literaria en la Costa Caribe enfrenta desafíos estructurales. El primero es la falta de publicación sostenida. Muchos escritores producen textos, pero pocos logran convertirlos en libros, antologías o publicaciones de circulación amplia.

El segundo desafío es la débil crítica literaria. Sin crítica no hay crecimiento estético, ni debate, ni construcción de canon. La crítica no debe entenderse como ataque, sino como acompañamiento riguroso para mejorar la calidad de las obras.

El tercer desafío es la circulación. Las obras caribeñas suelen quedar en espacios locales o institucionales, con poca presencia en bibliotecas, librerías, ferias, universidades y plataformas nacionales.

El cuarto desafío es la fragmentación. Existen autores, talleres, colectivos e instituciones, pero muchas veces trabajan de manera aislada. La consolidación de un sistema literario requiere articulación.

El quinto desafío es la sostenibilidad. Muchos procesos dependen de proyectos temporales, apoyos externos o esfuerzos personales. Cuando esos recursos desaparecen, los procesos se debilitan.

Perspectiva de consolidación:

La creación literaria en la Costa Caribe necesita avanzar hacia una etapa de consolidación. Esto implica articular cinco dimensiones fundamentales: formación, publicación, crítica, circulación y organización.

La formación debe incluir escritura creativa, lectura crítica, edición, memoria cultural, oralidad, identidad, género, territorio y lenguas. La publicación debe considerar libros físicos, revistas digitales, antologías, colecciones temáticas y producción bilingüe. La crítica debe desarrollarse desde la academia, los medios culturales, los talleres y las comunidades. La circulación debe fortalecer bibliotecas, ferias, plataformas digitales, recitales, escuelas y universidades. La organización debe reunir a escritores, colectivos, instituciones culturales, universidades, editoriales y comunidades.

Solo mediante esa articulación la creación literaria podrá dejar de ser una suma de esfuerzos aislados para convertirse en un sistema literario regional.

Conclusión:

La creación literaria en la Costa Caribe de Nicaragua no parte de cero. Tiene raíces profundas en la oralidad, en la memoria colectiva y en la diversidad cultural de sus pueblos. Ha producido autores, obras, antologías, revistas y movimientos de afirmación identitaria.

Sin embargo, su principal desafío no es la falta de creatividad, sino la falta de estructura. La literatura caribeña existe, tiene voz y tiene fuerza. Lo que necesita es consolidar las condiciones que permitan formar escritores, publicar obras, ejercer crítica, circular textos y organizar el campo literario.

Dicho de manera directa: la creación literaria caribeña no necesita demostrar que existe. Necesita construir el sistema que la sostenga, la valore y la proyecte.

 

Ronald Hill A.

Este documento es un resumen de la ponencia del mismo nombre realizada en el XI Festival de Poesía Mayo Ya 2026 el 22 de Mayo en la Universidad URACCAN de Bluefields, RACCS.


 

 


domingo, 14 de enero de 2024

VIVIMOS INMERSOS EN HISTORIAS

 


Platón creía que somos presos de nuestra propia visión del mundo, como los personajes lo son de su propia historia. Es innegable que pasamos un alto porcentaje de nuestras noches y días escuchando, leyendo, atendiendo y formulando historias. Y lo hacemos mucho más de lo que nos damos cuenta.

Primero están las narraciones que nos brinda la literatura; aunque nos quejemos que se lee poco y mal, la mayoría de las personas que saben leer y escribir han aprovechado esta capacidad para consumir crónicas, cuentos y novelas.

Luego, debemos mencionar las formas más importantes de consumo narrativo que han desplazado a la lectura: el cine y la televisión. Estas industrias están entre las más grandes del mundo, porque deseamos y necesitamos que nos cuenten historias. Así que sumemos al tiempo de nuestras lecturas el tiempo que pasamos en el cine, más el que pasamos consumiendo series o películas frente a cualquier pantalla y, por supuesto, en las redes sociales.

También hay que añadir que nuestra conversación sería imposible sin escuchar y contar historias. Casi cada vez que empezamos a platicar con alguien los hacemos invitándolo a contar una pequeña historia. “¿Cómo estás?”, “¿Cómo te fue?”, “¿Qué pasó con…?”. Todos los días formulamos preguntas de este tipo, que los demás responden con frases hechas o, si hay tiempo y confianza, pequeñas historias casi siempre provisionales o inacabadas, puesto que siguen sucediendo. Desde luego, con frecuencia similar son los demás los que nos hacen preguntas y nosotros quienes las respondemos. La buena conversación está hecha de historias y de reciprocidades.

Además, está el tiempo que dedicamos noche tras noche a nuestros sueños (aunque, en sentido estricto los sueños no tienen secuencia narrativa, pero es al recordarlos cuando les damos temporalidad). Pero ya sea al soñar o al evocar nuestros sueños, todos somos dramaturgos de nuestros anhelos y nuestros temores. Nos soñamos como si no fuéramos nosotros quienes soñamos, sino una tercera persona: nos vemos desde afuera, con una perspectiva imposible en la vigilia, como si nos miráramos a través de una cámara emplazada a metros de distancia, o como lo haría un autor escribiendo en tercera persona. Todos, hasta las personas menos dotadas de imaginación y vocación literaria, somos visitados cada noche por las musas. Mientras el cuerpo descansa, nuestra inteligencia se embarca al turbulento mar de la inconsciencia, en el que nuestra experiencia se combina, se recrea y se decanta; cuando arriba al puerto de la consciencia, podemos contar nuestros sueños como historias.

Todavía nos falta añadir otro tipo de historias a las que dedicamos más tiempo que a todas las demás: casi ocho horas diarias, según algunos estudios. Me refiero a las cavilaciones o ensoñaciones diurnas; a esos pasajeros estados mentales en los que nos imaginamos lo que podría suceder si hiciéramos tal cosa o si nos pasara tal otra. Especulamos casi sin descanso acerca de circunstancias hipotéticas a las que podríamos tener que enfrentarnos, mismas que ensayamos en nuestro efímero teatro mental. Deseos, temores, esperanzas, preocupaciones, posibilidades, sueños tontos, se escenifican una y otra vez, así sea fugazmente, en nuestra mente. Cada una de estas ensoñaciones diurnas dura en promedio 14 segundos. Parece poco, pero tenemos cerca de 2,000 diarias; de ahí que equivalgan más o menos a una jornada laboral.

No hay duda: pasamos una gran parte de nuestro tiempo inmersos en historias.

 

14 de enero de 2024 (un día antes de comenzar el año, pero esa es otra historia).

Fuente: Boullosa, Pablo. El corazón es un resorte: Metáforas y otras herramientas para mejorar nuestra educación.

Foto: Internet.


jueves, 6 de julio de 2023

GLOSAS SOBRE EL LIBRO "EL GÉNESIS DE NUEVA GUINEA"

 

En la tarde del 24 de junio del 2023 se presentó en el Restaurante La Colina, ciudad de Nueva Guinea, Región Autónoma de la Costa Caribe Sur nicaragüense, el libro “El Génesis de Nueva Guinea”.

Esta obra es de la autoría de Ronald Hill Álvarez, licenciado en Zootecnia por la Universidad Centroamericana de Nicaragua (UCA), destacado en la dirección y gerencia de diversos programas y proyectos como activo profesional y ciudadano radicado desde hace más de 30 años en la localidad a la que con este escrito rinde tributo.

Se trata de un libro de cubierta blanda de papel sulfito emplasticado a todo color en la cual aparece el legendario Cerro Brujo de fondo. Teniendo en la portada el nombre del autor y el título de la obra, y en la contraportada una reseña biográfica del autor firmada por el licenciado Hilario Amador Sánchez.

Y en el interior del texto, además de la dedicatoria y las referencias que hace el autor a los suscriptores de honor y seguidores de su Blog “Sueños del Caribe”, de inmediato aparece una excepcional presentación escrita por el reconocido intelectual y académico Guillermo Rothschuh Villanueva en la cual pone en el acto al lector en el contexto histórico, geográfico y estilístico de la obra.

Luego el autor entra en acción mediante el prefacio para indicar cómo, cuándo y por qué llegó a Nueva Guinea, el pueblo que ahora lo ha inspirado para escribir este libro. Acto seguido el autor muestra al lector una caracterización cultural y sociodemográfica con el epígrafe “Los neoguineanos” que es el gentilicio de la población de la localidad sujeto de este compendio.

Después de estos elementos introductorios el autor divide el libro en tres secciones, denominándolas:

 Una historia reciente”, en la cual, y siguiendo el estilo de la crónica periodística matizada con diálogos que se derivan de entrevistas y encuentros amistosos sostenidos con autores directos de la historia de Nueva Guinea, el autor expone la historia que abarca desde el primer día (1 de marzo de 1965) en que 17 jefes de familia procedentes de distintas partes de Nicaragua entraron a los agrestes parajes donde fundarían una colonia agrícola que luego, desde el 8 de noviembre de 1981 en que se declaró como tal, vendría a ser el más próspero de los 153 municipios de Nicaragua.

Testimonios después de la guerra”, en la que se recoge la expresión oral y vital de quienes fueron víctimas directas del impacto de la guerra sufrida en los 80 (del recién ido siglo XX) en Nueva Guinea y sus alrededores.

Nueva Guinea y su gente” en la que, mediante la crónica, reseñas biográficas, reportes periodísticos y hasta alusiones anecdóticas el autor retrata a la gente de a pie que día con día forja la historia de un pueblo que vibra, vive y siente. Y se pasa así revista sobre personajes que reflejan la vulnerabilidad de la psique humana como fue la dolorosa experiencia de Abraham Sánchez, de la solidaridad sin límite como la manifestada hacia Nueva Guinea por el alemán Sigfrid Erwin Ruthing, el tesón por el trabajo honrado como lo reflejan el colono Efraín Martínez Fonseca, la leñadora doña Jacoba, la horneadora Elisa Martínez, la chef Juanita Betancourt, el diversificador agrícola Pedro Figueroa Cruz, los técnicos en electrónica Daniel Meneses y Martín Palacios, el carretonero Reynaldo Jirón, y los personajes colectivos y anónimos que se retratan bajo los títulos ¡Adiós cuñadito” y “Las lavadoras de raíces y tubérculos”. Se consigna también en esta sección del libro una crónica del que ha sido el único que en Nueva Guinea ha obtenido el premio mayor de la Lotería Nacional de Nicaragua. Y no podía faltar, como para completar el cuadro humano de quienes habitan en esta localidad, el padecimiento a causa de la Diabetes que sufre el otrora ágil beisbolista y creativo ebanista Julio César Amador Henríquez, quien al momento del encuentro con el autor de la obra que comentamos ya había perdido parte de su miembro inferior derecho. 

Así, Ronald Hill Álvarez plasma el desenvolvimiento humano de la gente de esta parte del país en las 153 páginas que conforman su libro “El Génesis de Nueva Guinea”, con un lenguaje libre de rebuscamientos lingüísticos, diáfano e inteligible; apto para lectores avezados, así como para principiantes. Por lo que su lectura es inexcusable tanto para quienes busquen conocer los orígenes de esta parte del Caribe Nicaragüense como para quienes cursan los primeros pasos de la educación formal.

De momento este libro puede hallarse en las principales librerías de Nueva Guinea, y en particular contactándose con Aster Hill al teléfono 8922-5212 quien indica cómo obtenerlo. Adquirirlo no solamente será útil para deleitarse en su lectura, sino para saber hacia dónde va la gente de estos lares partiendo de saber quiénes son, dónde están y de dónde vienen. Y como dice un amigo por ahí: “¡Sea buen nicaragüense, consuma lo que el país produce!”

 

Richard Wilson A.

24/6/23