lunes, 19 de marzo de 2012

CLUB 4 X 4 DE ESTELI EN NUEVA GUINEA

El Club 4 x 4 de Estelí realizó demostración de sus vehículos de doble tracción y destreza de sus conductores en la antigua pista de aterrizaje de Nueva Guinea el día domingo 18 de Marzo. Aquí les dejo este vídeo donde además de la demostración un miembro de Club de Estelí nos explica la labor social que realizan.

Dale click al vídeo




Ronald Hill A.
La Colina
Nueva Guinea, RAAS
18/03/2012

jueves, 15 de marzo de 2012

NIÑA SOLA, NIÑA HERIDA

Me sitúo a tú lado. Estás sentada sobre un tronco de madera emblanquecido, aun húmedo por las olas del mar que subieron hasta las piedras de la orilla, enloquecidas por la luna llena.  Veo las patitas de gallo alrededor de tus grandes y redondos ojos color de miel, opacados por la tristeza cuando te quedas con la mirada perdida, imperceptible en el oleaje del horizonte y entro en los destellos de tus pensamientos. Siempre quise hacerlo, miles de intentos después de visitarte toda una vida. ¡Ahora te conozco, al fin! Nunca dejaste de ser la misma niña, la niña sola, la niña herida. La niña que creció en una casa de paredes de madera, piso de concreto, techo de zinc bajo sombras de mango, aguacate y cocoteros, la casa que vive fresca en tú memoria.

Fuiste primera hija y segunda en todo. No te culpo; ahora, con el correr de los años, siento la misma pena, la misma rabia, el mismo dolor, parte de tú vida al transitar los recuerdos. Ahora comprendo, al fin; un beso, una caricia, una mirada complaciente, un cuento de fantasía por la noche, siempre te fueron negados. Creciste con limitaciones a tú alrededor: agua dulce racionada en cubetas, cargadas en carretas haladas por black creoles de cabello blanco, techo ennegrecido por el humo de candiles, cuentos de obeah, golondrinas transfiguradas en pájaro macuá, baños misteriosos y fantasmas de la noche; fetiches y creencias. Carencia de tela para los shorts cortitos, pero nunca falta de ingenio: las sábanas, cortinas y manteles te suplían, haciéndolos a escondidas.

Jugaste en medio de la calle arenosa, eras marimacha, siempre con los amigos del barrio que te enseñaron a ser fuerte. Esa es tú fortaleza, “tenés que aprender, los hombres no lloran” y lo creíste; por eso el corazón te palpita herido sin dar muestras de tus penas. La soledad duele, quema y mata. Te ofrezco papel y lápiz, ábreme tus recuerdos.

“Nací lejos de mi casa, la casa de mis abuelos porque nunca tuve casa, cerca de un cerro que tenía a sus pies campos azules y una poza llamada “pool”, donde salen duendes y fantasmas en las noches de luna llena. Mi mamá me dejó desde niña con ellos. Ella era la mujer más bella de la ciudad, a mi papá no lo conocí ni quiero conocerlo, mucho menos ahora que los años y la rutina me han envejecido. Sólo tengo el apellido de mi madre, igual al de mis tíos y tías”.

¡No, no, no dejes de pensar en ello! No importa, llora, llora toda lo que quieras, nadie puede impedirlo, llorar es un derecho humano y refresca el alma. ¡Mancha el papel con tus lágrimas!

“Tuve todo tipo de privaciones. La pobreza duele, pero mayor dolor causaba la ausencia de mi madre. Cuando ella llegaba a la casa de mis abuelos me trataba con indiferencia: nunca me decía cosas bonitas, menos abrazarme, acariciarme, nunca dijo: ¡niña linda, te quiero mucho!,  siempre andaba de prisa y cuando la buscaba ya se había ido. Para dónde, no sé, sólo escuchaba decir que debía tomar un barco y se perdía por meses. Eso sí, cuando le ponían quejas me pegaba, tomaba una faja de mis tíos y me daba con todas sus fuerzas. Después nació mi hermana, tampoco sé quién es su padre y tiene otro apellido. Con ella siempre fue distinta: la besaba, la acurrucaba cantándole canciones en el swing; los mejores trajes y zapatos eran para ella. Crecimos juntas, pero siempre fuimos diferentes, hasta en la piel, ¡mírame!, media negra, ¡así me llamaba!, así he sido siempre”.

Te levantas, recoges conchas y las lanzas con fuerza al oleaje. Caminas en la arena haciendo círculos, te detienes frente al mar. Regresas la mirada, sonríes y te desnudas. Admiro tú belleza: media negra, piel caoba; niña sola, niña herida. Caminas hacia el agua, entras en ella y te conviertes en la diosa del pasado: la mujer de atardeceres dominicales, reina de semana santa y sirena encantada de las lagunas. Regresas lentamente fascinando mí mirar.

“Me dejaron solitaria en esta casa, frente a la bahía que añora los barcos mercantes sobre sus aguas, igual que yo, los pasos, voces y risas de mis abuelos.  Uno a uno se marcharon y olvidaron que yo hacía falta, me quedé para siempre como testigo del pasado. La suerte nunca estuvo de mi lado, tuve amores llenos de engaños que me dieron hijas y ahora tengo nietas. ¿Esa es la belleza que añoras?”.

Sí, ¿existe otra? Perdona sus faltas, olvida tus penas, mira la vida en sus diferentes perspectivas, colma tú ser de orgullo, llénate de esfuerzo, comienza a soñar porque como vigía cuidare tus fantasías. Te ofrezco papel y tinta, es todo lo que tengo. Te acompañare en ese viaje mientras pueda, niña sola, niña herida.


Ronald Hill A.
La Colina
Nueva Guinea, RAAS
Lunes, 12 de marzo de 2012

lunes, 12 de marzo de 2012

DESCONTROLADOS


Salgo a las calles de esta ciudad del sureste de Nicaragua asentada en el corazón de trópico húmedo; las recorro de este a oeste y de norte a sur. Llego al mercado a hacer las compras que mi patrona me encomienda, me dirijo al tramo de doña Mary, un tramo pequeño, situado en una esquina donde casi siempre está ocupadísima atendiendo a otros clientes o acomodando sus productos que saca y mete diario entre una hilera de tablas para protegerlos de “los amigos de lo ajeno”, aun cuando paga un vigilante con sus vecinas. Aprovecho su quehacer y meto mano en la canasta de bananos: uno, dos, tres y pregunto por el depósito de basura; “allí, debajo de esa mesa”, contesta sonriente. Le dejo la lista de las compras y camino hacia la sección de las comiderías, “¿amor que vas a comer?”, “¡vení papacito, aquí tengo esta sopita para controlarte los nervios!”, “tomá amor, esta tortilla calientita, como te gusta”, dicen halándome de la mano, descontrolándome las muchachas provocadoras que ahora les llaman “impulsadoras”, mientras las dueñas sonríen como si se dieran cuenta de lo que pienso.

Con ellas quisiera quedarme todo el día, así quién no, pero cómo dice Chico Vela, “chiva con el supervisor, tengo que estar con el ojo pelado, nunca se sabe”. La que hace las tortillas es una diosa del maíz, las palmea con encanto; toma masa con su mano derecha, la juega, la acaricia con la palma de sus manos cargada de fineza, hace una pelota, se queda como hipnotizada y de pronto vuelve su mirada de reojo en alerta hacia los clientes como tratando de descubrir si la observan. Dejo de mirarla, vuelve a la pelota y de una palmada la aplasta como recordando alguna pena o dicha, y adopta una posición de seguridad: abre sus largas piernas, mueve en círculos su cintura al ritmo que palmea la masa, le quita el plástico con maestría y la tira al comal ardiente. “¡Dame veinte tortillas!, ¡sos mi tortillera preferida!”, le digo. Es joven, alta, morena como la canela, pelo negro largo lleno de colochos y se pinta los labios de rojo. Mientras escoge las tortillas le cuento lo de la reina de la masa. “¡Ay señor, usted me descontrola!”, contesta sonriente y por instinto vuelve a tomar masa con su mano derecha.

Cargando la bolsa caliente decido ir a dar una vuelta por la terminal que recién han mejorado, cubriendo con concreto rígido la explanada frente a la caseta del parqueo de buses y camiones. Los comerciantes se quejaron porque el negocio se le había venido abajo al trasladar el estacionamiento frente al mercado, cerca de la esquina del movimiento. Como sucede en todo, “si no te quejas, no agarras”, dice Archibold; apresuraron el trabajo y ya está funcionando en su antiguo lugar, aun cuando faltan obras por finalizar. Terminal casi nueva, pero el mismo descontrol: camiones IFA con ciudadanos y ciudadanas sentados en bancas, los que agarran lugar, hacinados como sardinas enlatadas; el resto colgados o encima del techo para dirigirse a sus colonias en los desbaratados caminos de todo tiempo que unen la ciudad con ellas. El gobierno local echándole la culpa al MTI, quien no hace nada hasta que la gente se levanta y protesta por la mala calidad del trabajo de mantenimiento que hacen en los caminos, mientras los transportistas y sus “cooperativas”, bien que tal, tienen el monopolio del transporte y la venta de combustible, así quien no, se aprovechan del descontrol y de la vista “pachona” de las autoridades, porque hasta cantinas tienen que les llaman “automarket”.

Regreso donde doña Mary, cargo las compras y me dirijo a DISSUR. Ya no los aguanto, la cuenta no baja, sube y sube todos los meses. “Necesito que revise el consumo de energía de mi casa, ese medidor debe estar descontrolado”, le digo a la jefa de la oficina. “Usted consume 8.15 kwh por día”, contesta luego de hacer el cálculo según la factura. Le argumento que desde hace meses vivimos solos mi mujer y yo, que tengo un abanico, un televisor que lo encendemos por la noche al acostarnos para ver las noticias, una computadora, que le enciendo una bujillita a la virgen después de las seis de la tarde, una lámpara de cuarenta watts por la noche y una bujía ahorrativa. “Otras casas que hacen fiesta, llenas de gente y electrodomésticos pagan menos, necesito que me cambie el medidor”, insisto. “Pague esta factura y cuando le llegue la próxima haga el reclamo”, me dice sin respirar, sin parpadear, sin verme a los ojos, como un robot.

Debo pasar por el banco. La fila es interminable. A esa hora los depositantes cargan grandes bolsas llenas de dinero; los vende pollo, los vendedores de cerveza y ron, las microfinancieras que “tienen descontrolados a los campesinos, hasta el cuello”, como dice “el Pelón” de la UCA, los grandes comerciantes de ganado y la fila no avanza, la gente desespera. “¡“Viejo, hace fila”!”, dice el Guatuso que siempre anda la camisa mal abotonada. “Respetá mis canas, tengo prioridad por Ley”, le digo volviendo a ver al vigilante y me ubicó en frente de la ventanilla sin entrar en la fila. “¡Don Ronald, usted todavía no tiene sesenta años!”, dice Irlanda. “La cédula habla sola”, contesto. “Usted anda por los cuarenta y cinco, lo veo rejuvenecido como lechuga recién cortada”, dice y todos ríen a carcajadas. “Tres cuartos” mete su cuchara cuestionándome, tratando que ingrese a la fila y al decirle que sí dejara de pintarse el pelo tendría prioridad, se queda calladito. Al retirarse el cliente que atienden en la ventanilla tomo su lugar. La cajera que atiende está cansada, pero trata que no se le perciba sonriendo por obligación, “buenas tardes”, le digo y entrego la cédula y tarjeta. Al ver la cédula duda por segundos, me observa detenidamente, vuelve a sonreír, sonrisa verdadera, hace la transacción y, al concluir, entrega los documentos diciéndome en voz baja: “hoy todos andan descontrolados”.

Foto: Krieg de Sergio Orozco.

Ronald Hill A.
La Colina
Nueva Guinea, RAAS
Sábado, 10 de marzo de 2012

jueves, 8 de marzo de 2012

EPIDEMIA EN LOS CAYOS DE UTILA

Una semana antes habían planeado el viaje: prepararon cayucos, velas, canaletes e hicieron cálculo de los racimos de banano que cosecharían para abastecer a los pobladores de Utila y a los compradores que visitaban los Cayos en goletas para luego comercializarlos en New Orleans. En los primeros días de junio hacían el viaje a Cuero, una región del departamento de Atlántida en Honduras donde tenían tierras que cultivaban; cortaban la fruta, la embarcaban y regresaban a sus hogares. Esa mañana divisaron la majestuosidad de la cordillera Pico Bonito descubierta por el cielo transparente y se despidieron de sus seres queridos. Partieron con entusiasmo remando en dirección hacia el sur para cubrir el trecho de dieciocho millas de mar que los separaba del continente.

Al llegar a Cuero bebieron agua de un pozo comunal y los pobladores les informaron que una epidemia de viruela había azotado la aldea. Los habitantes de los Cayos no conocían la enfermedad y acudieron a varias viviendas con el fin de visitar a los enfermos porque nunca antes habían visto los síntomas. Sorprendidos y llenos de horror al verlos, salieron despavoridos hacia sus casas el sábado 13 de junio de 1891. Pero Daniel Howell se quedó hasta el día quince con su hijo Edwin, un adolescente de diecisiete años de edad, porque la fiebre lo había atacado y le impedía hacer el viaje.

Salieron de Cuero a las seis de la mañana en su canoa de remos sin techo bajo un sol incandescente. La fiebre aumentó en Daniel y Edwin remó todo el trayecto bajo la inclemencia del sol. Llevaban un pequeño cántaro con agua y su padre solamente se mojaba los labios, permitiéndole que tomara la mayor cantidad posible debido al esfuerzo que lo deshidrataba.

Entre las cinco y seis de la tarde del mismo día llegaron a los Cayos. Consciente de su enfermedad, Daniel le pidió a Edwin que lo dejara en el cayo Jack O´Neal, deshabitado en esos años. Lo bajó del cayuco acomodándolo en una pequeña choza y le dio aviso a su madre quien acudió de inmediato a atenderlo. Daniel le mostró las ampollas que habían brotado en su cuerpo, pero ella tomó la decisión de trasladarlo a su casa. La fiebre nunca cedió; siguió cuidándolo hasta que el consejo de salud ordenó que lo trasladaran nuevamente a Jack O´Neal, donde murió el día sábado 20 de junio.

Entre aquellos hombres que salieron despavoridos al ver los estragos de la epidemia y regresaron a sus casas sin pensar que se habían contagiado se encontraba mi bisabuelo paterno, Simeón Hill, hijo de George Hill y Mary Francis “Molly” Wood. La viruela ya había contaminado sus cuerpos y brotó en Simeón el 22 de junio y en su esposa, Prudence Cooper, el 8 de julio. Ambos fueron retirados de su casa y puestos en rígida cuarentena. Prudence fue separada de sus padres, de sus hijos, uno de ellos un bebé —Ernest Simeón Hill, mi abuelo paterno— y de todos sus seres queridos, sin poder escuchar sus voces, sin nadie a su lado para ayudarla ni aliviarla en la condición deplorable y lastimosa en que se encontraba, aun cuando Simeón estaba a su lado, inútil y nauseabundo por la enfermedad. Tuvo una agonía incontable, dolorosa y observó el rostro de Jesucristo el 19 de junio a la edad de treinta y tres años.

El domingo por la mañana vi una canoa acercándose desde los Cayos. Llegó hasta tocar la boya en el puerto de Utila, el lugar destinado en esos días para que atracaran los cayucos de los Cayos. Un barco se acercó desde la costa y regresó. Me encontraba frente a la residencia Woodville con la señora Woodville, la señorita Carrie Warren y la señora Gabourels, y luego llegó el capitán Woodville proveniente del muelle. Se detuvo frente a nosotros y con dolor dijo: “¡Prudence ha muerto!”, y dimos nuestras condolencias al tío Jimmy (James David Cooper) y a Catherine Jane Cooper, los padres de la difunta”, relata el Sr. Edward Rose en sus memorias sobre Utila.

En esos años nadie en Utila sabía cómo tratar la enfermedad, pero en Roatán había una mujer española que conocía su tratamiento y la municipalidad contrató sus servicios. Una vez que se confirmó que la enfermedad era viruela, el consejo de salud de la municipalidad decretó la cuarentena en los Cayos y las partes infestadas de las costas de la isla. Organizaron un almacén exclusivo y bien abastecido de alimentos y medicinas para que los habitantes de los Cayos acudieran a retirar sus provisiones. La población tomó todas las precauciones para evitar el contagio. Fueron solidarios y considerados con las familias y los enfermos de los Cayos, sus parientes y primeros pobladores de la isla de Utila.


Ronald Hill A.
La Colina
Nueva Guinea, RAAS.
Martes, 06 de marzo de 2012

lunes, 5 de marzo de 2012

LOS FUNDADORES DE NUEVA GUINEA

Hoy por la mañana se realizó el acto de celebración del 47 aniversario de Nueva Guinea con desfile de carrozas, los fundadores aun con vida y la población en general. El acto tuvo lugar el la cancha multiuso del parque central presidido por autoridades locales, fundadores, lideres religiosos y parte de la familia de don José Miguel Torres. Su hijo, Denis Torres Perez, en su discurso hizo lectura del pasaje bíblico que inspiró a su padre para nombrar "luz en la selva" (Génesis 28, versículos 18 y 19) al actual municipio de Nueva Guinea.

En este vídeo les dejo a estos campesinos que interpretan la canción LOS FUNDADORES DE NUEVA GUINEA interpretada por Matusalén. Dale click para verlo.

domingo, 4 de marzo de 2012

NUEVA GUINEA: UN CENTRO DE DESARROLLO INTERMEDIO

Nueva Guinea celebra este cinco de marzo el 47 aniversario de su fundación, aquella hazaña que diecisiete campesinos sin tierra emprendieron para fundar su “luz en la selva”, inspirados en los evangelios que predicaba su guía espiritual, don José Miguel Torres. Los sueños de aquellos fundadores persisten y, a pesar de los múltiples problemas enfrentados desde entonces —marginación, guerra, violencia y desastres naturales—, el municipio presenta los mayores niveles de desarrollo económico productivo y comercial de la zona llamada “Zelaya Central”, la Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS) y del sureste de Nicaragua.
           
La población de Nueva Guinea es originaria de casi todos los departamentos del país; es honrada, cristiana, trabajadora y solidaria. De un pequeño pueblo, la ciudad se ha ampliado hasta en nueve zonas, proyectándose elevar a esa categoría cuatro barrios nuevos. Su actividad comercial es vigorosa, a tal grado que el mercado municipal y su calle central se ha convertido en la arteria que nutre de servicios a la población. De una ciudad alumbrada por candiles, ahora varias universidades iluminan la mente de las nuevas generaciones. De un municipio productor de granos básicos, la diversificación productiva agropecuaria florece en sus campos y la producción obtenida eleva los volúmenes de exportación que Nicaragua realiza en diversos rubros.
           
Nueva Guinea se puede definir, después de 47 años de su fundación, como un “centro de desarrollo intermedio”. Una ciudad que se encuentra entre Managua, la metrópolis, y la población rural que vive en el municipio, donde miles de ellos se movilizan a Nueva Guinea, su ciudad más cercana, en gestiones de servicios públicos, venta de bienes, búsqueda de empleo, estudios universitarios y entretenimiento. La ciudad de Nueva Guinea es un centro articulador territorial donde se manifiestan diversas interacciones sociales, económicas, culturales y políticas que establece con su entorno rural: treinta colonias y 180 comarcas. De igual manera, los “puertos de montaña”, con sus días rimbombantes de mercado, se nutren de la ciudad y suplen las necesidades de compra y venta de la población campesina de “montaña adentro”.
           
Cualquier visitante que llega a Nueva Guinea después de muchos años, observa los cambios que se han generado y puede establecer las diferencias entre antes y ahora. Nueva Guinea ya no es un municipio en “extrema pobreza”, lo que no significa que no existan pobres, pero las desigualdades que se observan en otras ciudades del país son menos visibles. En Nueva Guinea no se observan niños ni niñas, ancianos, personas con capacidades diferentes ni mujeres con niños en sus brazos mendigando por sus calles y los productores han incorporado prácticas amigables con el medio ambiente en sus actividades (reforestación, manejo adecuado de fuentes de agua, conservación de suelos, mejora de la infraestructura productiva, etcétera).
           
El fin de la guerra, la cooperación externa, el espíritu emprendedor de sus pobladores y la pavimentación de la carretera entre la ciudad y La Curva, motivaron un crecimiento económico con mayor reducción de pobreza donde los niveles de desigualdad económica no son tan marcados como los que se observan en ciudades de gran tamaño, cargadas en sus periferias de miles de familias que viven sufrientes en la miseria.
           
A pesar de ello, existen diversos factores que limitan el desarrollo territorial inclusivo: violencia rural y doméstica, inseguridad en el campo, trasiego de drogas, desigualdad de género y trabas institucionales que se manifiestan en bajos niveles de inversión pública debido a la falta de coordinación entre el gobierno central y el gobierno municipal, causada por la ceguera partidista que, como “venda negra”, cierra sus ojos frente a las posibilidades reales para abordar, de manera integral, propuestas de desarrollo que potencien sus fortalezas y mitiguen sus debilidades con el fin de construir “la luz en la selva” que soñaron sus fundadores.
           
Es tiempo de que los líderes políticos de Nueva Guinea dejen de argumentar que vivimos en un municipio de “pobreza extrema” y, en reconocimiento a aquellos diecisiete pioneros visionarios, busquen cómo trabajar en armonía para materializar sus sueños, hoy más vigentes que nunca. La pelota del juego por el desarrollo está en la cancha de las señoras y señores aspirantes a ocupar la silla edilicia, la población de Nueva Guinea lo demanda y estoy seguro que no dejará pasar las faltas cometidas.


Ronald Hill A.
La Colina
Nueva Guinea, RAAS.

Jueves, 01 de marzo de 2012

martes, 28 de febrero de 2012

¿EXISTE COMUNIDAD BLOGUERA NICARAGUENSE?

Una comunidad es, según la vigésima segunda edición del diccionario de la Real Academia Española, entre sus diversas definiciones: 1). Cualidad de común (que, no siendo privativamente de ninguno, pertenece o se extiende a varios). 2). Conjunto de personas vinculadas por características e intereses comunes.
           
Sobre la pregunta, ¿existe comunidad bloguera Nicaragüense?, la respuesta para muchos, principalmente aquellos ligados a grandes medios de comunicación impresos o digitales, sean estos revistas o diarios nacionales, oficialistas o no, es negativa y consideran a los “blogueros” como personas que tienen un espacio, un blog o bitácora, principalmente para evacuar desahogos en contra de empresas, servicios y condiciones reales que afectan su comunidad o derivan en conflictos sociales, culturales, ambientales, económicos y políticos. De tal forma consideran a los blogueros como dispersos, sin cohesión, “disparados”, según la percepción que cada quien tiene frente a la realidad.
           
En septiembre del año 2011, un grupo inicial de diez blogueros organizamos el I Festival de Blogs de Nicaragua. De diez, el grupo creció exponencialmente hasta constituirse en más de ciento diez blogueros nicaragüenses, dentro y fuera del país. El interés común que nos acercó fue la problemática real, muchas veces invisibilizada en los grandes medios de comunicación por la que atraviesan personas y familias que deben unirse al doloroso camino de la migración, con las secuelas que marcan sus vidas para siempre. Esta iniciativa exitosa es un ejemplo concreto de los esfuerzos por crear una comunidad bloguera y muchos de los participantes desde ya esperamos ansiosos una nueva versión del Festival.
           
El argumento esgrimido de atomización podemos irlo descartando. Cuando surge una idea que en consenso respaldamos, existe unidad y nos vinculamos alrededor de ella con nuestros “post” en diversos formatos (una narración, un poema, una fotografía, un video) y desde diversas herramientas: blogger, worldpress, twitter, facebook, que plasman la diversidad de matices y sentimientos, comunicando a los demás nuestra percepción del problema. Si lo hacemos de esa manera, ¿existe cohesión?; entendiendo cohesión como la acción y el efecto de reunirse o adherirse, unión de algo con otra cosa (mi blog diferente al tuyo, al de él y ella pero unidos alrededor de un tema en común), respondo que sí existe. Desde mi perspectiva existe comunidad bloguera, igual que existen otras comunidades: la comunidad lésbica, la comunidad gay, la comunidad católica, la comunidad de alcohólicos anónimos, etcétera.
         
La comunidad, la recíproca colaboración voluntaria, la conciencia de ser parte de una misma realidad, el reconocimiento de objetivos e intereses compartidos, la cohesión espontánea y natural, la asociación y agrupamiento para el logro de objetivos comunes bajo la filosofía de unidad en la diversidad, son aspectos vitales para que los blogueros nos consideremos parte de ella, nos permita continuar creciendo, en número de miembros y mejora de nuestros “post”, y acrecentando fortalezas con el fin de que nuestros detractores se convenzan de una vez por todas que la comunicación no se practica únicamente por periodistas profesionales en los grandes medios de comunicación, escritos y televisivos, y que podemos incidir positivamente en la construcción de una agenda ciudadana muchas veces invisibilizada por ellos.
           
Lo que no existe en la comunidad de blogueros Nicaragüenses son aquellos males que aquejan a casi todas las organizaciones o comunidades. No existe el autoritarismo centralizado y verticalista, no existe un “patrón” que baja “la orientación” difundiéndose como una ley divina entre sus adeptos y todos la ejecutan a ciegas sin cuestionarla, les guste o no. No existen salarios ni prebendas, no existe un horario de rígido cumplimiento, no existe competencia desleal, no existe el protagonismo ni el culto a la personalidad, no existe corrupción.
           
A partir de la experiencia del I Festival de Blogs de Nicaragua escribí “un encuentro sorprendente” y, entre varios puntos señalados, indicaba: “Tenemos resultados que deben ser capitalizados. Podemos seguir haciendo muchas cosas, no hay duda. Todo es cuestión de ganas. Cualquier organización, nacional o extranjera, que pretenda hacer incidencia en políticas públicas perfectamente puede financiarnos un proyecto. Para ello es preciso mantener un espíritu espontáneo, relajado, abierto, descentralizado, con un equipo organizador de apoyo que busque siempre el acercamiento y reconocimiento de la comunidad bloguera para que ésta continúe creciendo”. Lo sigo sosteniendo y podemos lograrlo porque existe la comunidad de blogueros Nicaragüenses y es preciso cambiar la visión de nuestros detractores.

Ronald Hill A.
La Colina
Nueva Guinea, RAAS.
Lunes, 27 de febrero de 2012

miércoles, 22 de febrero de 2012

UNA NOCHE FRESCA

Ese miércoles estaba de paso por Managua. Luego de tres gestiones en el día —el tiempo no da para más— me encontraba sentado en la mecedora de la habitación del hotel observando las escenas sangrientas y desgarradoras del noticiero televisivo: lamentos de mutilados por accidentes de tránsito con carne y huesos expuestos sobre el asfalto, ruegos de desamparados, operativos policíacos tras jóvenes de los barrios empobrecidos, el cuchillo ensangrentado en manos asesinas, la sirena desesperada de la ambulancia despejando la vía, el “líder empresarial” augurando feroz lucha con los trabajadores por el salario y las declaraciones de políticos que, como parte de un elenco, posan frente a las cámaras tratando de convencernos de sus actos cargados de irrealidades que deslocalizan nuestra pertenencia al llenarnos de inseguridad por sus juegos de poder. “Suficiente, basta ya”, pensé y salí de prisa hacia el supermercado ubicado en la carretera de los sueños fugaces.
           
Al entrar al supermercado vi largas filas en las cajas registradoras, carritos vacíos, canastas llenas en la noche de verduras frescas, las preferidas de las amas de casa que aprovechan para encontrase entre amigas, escapar de la rutina diaria y aligerar la desesperación provocada por el desgastado salario. En el recorrido encontré a tres mujeres jóvenes que escudriñaban como auditoras en fiesta hasta descubrir, al ritmo apacible de sus voces y risas, las ofertas atractivas en las secciones de vestuario, calzado, útiles escolares y productos de uso personal.
           
Siguiendo a la distancia los pasos festivos de aquellas mujeres, el dialogó de sus imaginarios llenos de realidad, sus movimientos hechiceros, sus finas manos selectoras cargadas de acierto, fui tomando, sin lista previa, varios de los productos que seleccionaban. Al calcular la cuantía de los escogidos en la carretilla, giré hacia el ala izquierda del edificio y, pensando en la capacidad que ellas poseen para sortear la adversidad, me dirigí a la sección de verduras y frutas.

Un mundo multicolor, desvaneciéndose como un migrante al recorrer con la mirada los estantes, desde el rojo intenso, marrón, amarillo, naranja, verde selva y verde musgo, materializado en frutos generados por manos que labran la tierra, constituye la sección en fiesta. Un ambiente acogedor donde la baja temperatura que los conserva sube con el entusiasmo de las manos de mujeres, jóvenes, adultos y niños que admiran, seleccionan, acarician, absorben aromas, empacan en bolsas que desprenden de rodos sostenidos en el cobertizo, los muestran y pesan en basculas colgantes que brillan por el reflejo de las luces que enfatizan los rótulos de la promoción con rebajas de precio hasta del veinte por ciento.
           
Me aproximé admirando ese mundo de colores, aromas y texturas a la sección donde se exponen las raíces y tubérculos para indagar sus precios. Recorrí los estantes, seleccione los que en el trópico húmedo son escasos: lechuga, rábano, coliflor, brócoli, tomate manzano, mostaza china, perejil, apio y zanahoria. Al acercarme a la sección de las frutas escuché a un niño de unos siete años que le decía a su padre: “quiero más uvas, compra una pera de aquellas grandes”; el padre accedió y yo, siguiendo sus deseos, tomé manzanas, peras y uvas. 

El color y la tentación provocó que saboreara las uvas “jumbo” en la medida que escogía los racimos y, en un instante, escuché una dulce voz a mis espaldas: “señor, debe pesarlas y regístralas en caja para comerlas”. Regresé la mirada y descubrí sus finas pestañas encumbradas con pudor, tras cada movimiento de sus párpados opacó ese espacio iluminado con los destellos radiantes de la luz de sus ojos negros almendrados. “Disculpe, la excitación por saborearla es poderosa”, dije y tomé las frutas que con su ayuda pesamos. ¿Desea algo más?, preguntó y sin dudarlo respondí: ¡una sonrisa, regálame una sonrisa! Al expandir sus labios, dos bellos camanances se dibujaron en su rostro moreno y, luego de agradecérselo, me dirigí a la caja registradora donde las filas habían desaparecido.
           
Al salir del local, el aire seco y caluroso, el movimiento de autos en la vía, las manos extendidas por monedas y el recibo de pago con la tarjeta de crédito me ubicaron nuevamente donde las deudas son reales y se convierten muchas veces en susto. A pesar de ello, esa hora en el supermercado, los ojos y la sonrisa de la reina de la noche fresca, aligeró la sofocación y tensión que me provoca la estancia en Managua, donde todo lo imaginario se convierte en realidad.

Ronald Hill A.
La Colina
Nueva Guinea, RAAS.
Domingo, 12 de febrero de 2012