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lunes, 12 de diciembre de 2016

SEMBLANZA DE VIDA DE DOÑA ROSA BERMÚDEZ


Rosa Paulina Mendoza Brenes nació el 30 de marzo de 1923 en El Castillo, Río San Juan. Sus padres fueron Indalecio Mendoza y Berta Brenes. En su infancia se trasladó a vivir a Popoyuapa con sus tíos paternos y luego regresó a El Castillo.

En plena florescencia salió del seno familiar en búsqueda de una nueva vida. La pobreza estrangulaba sus sueños, las labores cotidianas vaciaban su alma, pero las noticias que llegaban sobre el auge bananero, del empleo abundante en la Costa Caribe, la motivó a surcar el Rio San Juan desde El Castillo hasta la barra de El Colorado. La majestuosidad del paisaje, aguas claras, aves cantoras surcando el cielo, hicieron que la esperanza de una nueva vida brotara en su inocente rostro.

Desde la barra de El Colorado se embarcó en la lancha “María del Socorro” y descubrió el furor de las olas del mar, el aroma marino, la brisa salina y atardeceres de ensueño hasta desembarcar en el puerto de El Bluff. En la lancha conoció a Toño Real y le prometió ayuda para obtener un empleo.

Un día después de su llegada, la familia Aróstegui la acogió como a una hija y ella colabora en las labores del hogar.  Por su gracia y belleza en flor, Santiago Bermúdez González la corteja y forman la familia Bermúdez Mendoza compuesta por dos mujeres: Matilde y Socorro aquí presentes, y siete varones: Felipe, Ramón, Fausto (QEPD), Guillermo (QEPD), Martín (QEPD), José Dolores (presente) y Manuel.

Crecí al lado de la casa de mi abuela Manuela y mi abuelo Felipe Álvarez en El Bluff. La familia Bermúdez Mendoza vivió por muchos años frente a nuestra casa y siempre voy a recordar a doña Rosa en su jardín, sembrado y cuidando sus plantas. Tuve la dicha de saborear sus exquisitos platos de comida y crecer con alegría al lado de sus hijos. Mi abuelo Felipe y Santiago, “Chagüito”, eran compañeros de trabajo en la Aduana de El Bluff, donde trabajaron hasta el último de sus días.

Por su espíritu emprendedor y servicio, doña Rosa logró ganarse el corazón de los Blofeños, a quienes sirvió con alegría y compromiso cristiano en la capilla “Nuestra Señora del Carmen” en El Bluff. Colaboró como catequista de bautizos y matrimonios, cuidó de la sacristía con amor y devoción, fue anfitriona de seminarista y sacerdotes a los que deleitaba con sus comidas y repostería. Sirvió a monseñor Smith, monseñor Scheffer, a Fran Smuko y al padre Edwin entre otros más.

Enviuda luego de 48 años al lado de Santiago y se traslada a vivir a la ciudad de Bluefields donde se integra al servicio de la parroquia “Nuestra Señora del Rosario”.

En el año 1996 se traslada a vivir a ciudad Rama con su hija Socorro Bermúdez y su esposo, Rafael Álvarez, mi primo que en paz descansa. Desde su arribo a la ciudad se integra a la orden franciscana seglar, apoya y colabora en actividades para reconstruir el templo de la iglesia católica dañado por el huracán Juana y administra la eucaristía, llevándoles la comunión a los enfermos.

Parte a la presencia del Señor el 9 de diciembre del año 2016, a la edad de 93 años, dejando a su paso por este mundo un gran legado en los 6 hijos que le sobreviven al lado de 30 nietos, 51 bisnietos y 8 tataranietos.

No te detengas ante mi tumba y llores,
no estoy allí. No duermo.
Soy mil vientos soplando.
Soy el centello diamantino de la nieve.
Soy la luz solar sobre el grano maduro.
Soy la tenue lluvia de otoño.

Cuando despiertas en la quietud matinal,
soy la prisa rauda, ligera de quietos pájaros
volando en círculos en el cielo,
soy la tenue luz de las estrellas en la noche.

No te detengas ante mi tumba y llores,
no estoy allí. No duermo.
No te detengas ante mi tumba y llores,
no estoy allí.
¡Estoy en todas partes! ¡Vivo!

Rosa Bermúdez, ¡descansa en paz!

Leído en la Catedral de Bluefields.
10 de diciembre de 2016

Bluefields, Nicaragua.

miércoles, 19 de febrero de 2014

HONRAS FÚNEBRES DE MARTÍN BERMÚDEZ MENDOZA

Martín Bermúdez Mendoza nació el 4 de Diciembre de 1955 en el puerto de El Bluff.  Fue el séptimo hijo del matrimonio entre Santiago Bermúdez y Rosa Mendoza. Sus hermanos fueron Felipe, Ramón, Matilde, Fausto (QEPD), Socorro, Guillermo (QEPD), José y Manuel.

Creció como un niño sencillo, serio y dócil. Tenía un modo muy propio de hablar pronunciando con dificultad ciertas palabras. “Cuando tenía entre tres y cuatro meses de embarazo me operaron de apendicitis, me anestesiaron con éter y creo que lo afectó, por ello tenía ese modo de hablar”, recuerda doña Rosa.

Estudió en la escuela de doña Carmelita Bustamante y luego en el colegio San José de Bluefields donde cursó hasta sexto grado porque no quiso seguir asistiendo a clases. A la edad de 19 años se trasladó a trabajar a Corn Island con Efraín Reyes en los yates de Somoza donde aprendió a navegarlos. Posteriormente traslado el yate “Carlina” a través del canal de Panamá hacia Puerto Somoza, hoy puerto Sandino, donde laboró por muchos años como su capitán.

La revolución de 1979 lo sorprendió al mando del yate y se trasladó hacía El Salvador. Trató de obtener el pago de sus salarios pendientes pero le fue imposible. Allí conoció a Richard Macklin y a su esposa doña Laura. Con ellos trabajó ayudándoles en sus quehaceres y posteriormente emigró indocumentado a los Estados Unidos donde se reencontró con ellos, creciendo la amistad y el mutuo aprecio. Se convirtió en la mano derecha de los Macklin y lo adoptaron como hijo, obteniendo la nacionalidad estadounidense. Por muchos años estuvo con ellos en Key West atendiendo los negocios de la familia y posteriormente viajó a Luisiana donde laboró en una draga.

Se casó con una gringa llamada María y tuvieron tres hijos: Rosa, Elizabeth y Patrick. Posteriormente se divorciaron y regresó a Nicaragua, a la ciudad de El Rama, en el año 2003 donde redescubrió el amor, se casó con Mirna Aracelys Gómez Neira y le dio una bella hija llamada Laura Nora Macklin.

Por muchos años estuvo viajando a los Estados Unidos por asuntos laborales pero en el año 2008 tuvo un accidente que lo mantuvo hospitalizado y el miércoles, 22 de Enero del corriente año, a las 7:50 de la mañana falleció en un hospital de Miami.

Por él, nosotros, madre, hermanos y hermanas, hija, sobrinos y amigos nos congregamos para orar por el descanso eterno de su alma.


NO TE DETENGAS ANTE MI TUMBA Y LLORES. 

No te detengas ante mi tumba y llores,
no estoy allí. No duermo.
Soy mil vientos soplando
Soy el centelleo diamantino en la nieve
Soy la luz solar sobre el grano maduro
Soy la tenue lluvia de otoño.
Cuando despiertas en la quietud matinal
soy la prisa rauda, ligera
de quietos pájaros volando en círculos en el cielo.
Soy la tenue luz de las estrellas en la noche.
No te detengas ante mi tumba y llores
No estoy allí. No duermo.
No te detengas ante mi tumba y llores,
no estoy allí. ¡Estoy en todas partes!
vivo...

                                Mary Elizabeth Frye, 1932

Aqui les dejo este vídeo donde Francisco Cruz lee el texto anterior en la iglesia de ciudad Rama, El Rama el día de hoy.



19/02/2014