Antes, El Bluff
era un puerto de pescadores y estibadores. Todos sus habitantes se sorprendían al ver
las inmensas palas de las hélices de los barcos mercantes salpicando las aguas
azules de su bahía. Al atardecer, en esas mismas aguas, admiraban el paisaje
entre las islas de Miss Lilian, la isla del Venado y la barra con barcos
camaroneros que partían hacia altamar en una faena más. Pero un año los barcos
mercantes dejaron de hacer espuma en la bahía y la flota pesquera se oxidó
aferrada a su muelle. La inmensa bodega de la aduana quedó vacía, los
estibadores sin trabajo permanente y su muelle se convirtió en un desierto
vigilado por guardias nerviosos que limitan el paso. La flota pesquera y la
planta procesadora de mariscos quedó abandonada, sus pescadores deambulaban
alucinados por el andén y los barcos que un día les garantizaban su sustento fueron
desmantelados para ser vendidos como chatarra: trozaban con grandes sierras
eléctricas las máquinas, mástiles y el casco de los barcos para cargar con
ayuda de los estibadores grandes planas que se perdían con ellos al entrar al
río Escondido, llevándose todo lo que había hecho de El Bluff un puerto
próspero de pescadores.
Las bodegas, las
oficinas, los cuartos fríos, la fábrica de hielo, los tanques de almacenamiento
de agua y la línea de procesamiento de mariscos quedaron abandonados en medio
de la planicie que conduce a lo que fue su pista de aterrizaje.
Veinte años
después no quedaba nada de la empresa procesadora de mariscos, excepto los
cimientos de concreto ennegrecidos que Jack y Katty vieron al caminar hacia la
antigua pista, en dirección a las pequeñas lagunas que flanquean sus lados para
pescar.
—Aún quedan las ruinas, Jack —dijo Katty.
Mientras
caminaba, Jack miró a su izquierda, hacia el portón que daba acceso a la línea
de procesamiento de mariscos.
—Allí está —expresó.
—¿Te acordás cuando entrabas a los cuartos fríos?
—preguntó Katty.
—Sí, recuerdo.
—Parece un cementerio desordenado de pilas, rodos
y bandas —opinó ella.
Él no expresó
nada. Caminaron hasta perder de vista los restos de la planta, siguiendo el
camino sinuoso que lleva a la antigua colonia, un tiempo habitada por empleados
de alto nivel de la empresa de mariscos. Por el trayecto, a la derecha fueron
apareciendo pequeñas casas donde antes solamente palmeras y matorrales poblaban
la planicie pantanosa, cubiertas por la frescura de la vegetación del
promontorio que se erige frente a ellas.
—Más ruinas, Katty —dijo Jack señalando las bases
de cemento sobre las que erigían las casas de madera prefabricadas, importadas en
piezas.
—Para el recuerdo —dijo Katty y les tomó una foto
con la cámara de su teléfono.
Cuando
culminaron la cuesta salieron al claro de la pista. A izquierda y derecha, el
azul intenso del cielo sobresalía sobre el color gris de la pista y los
matorrales que crecen a sus lados. Se detuvieron a tomar agua de una botella
que cargaba Jack en su mochila. El calor del mediodía se notaba en la cara de
la muchacha.
—¿Qué es ese ruido? —preguntó Katty.
Era un sonido
constante y fino que provenía del otro lado de la pista. Al cruzarla observaron
varias champas de plástico negro alrededor de una laguna de aguas verde, lamosa
y estancada.
—Son mujeres —dijo Jack al verlas con mazos en
sus manos picando piedras debajo de las champas.
—Mirá, mirá, son cerros de piedrín —agregó Katty,
señalando los alrededores de las champas y a lo largo de la pista en dirección
al mar.
Jack se detuvo
en la laguna del lado izquierdo y entraron a una champa abandonada ubicada en
la orilla. De su mochila sacó las pequeñas cañas de pescar, las desplegó y
colocó los engañadores de colores vistosos.
—No tardan en picar, vamos a sacar unos hermosos
guapotes —dijo Jack.
—Eso espero —respondió Katty, absorta en la caña.
El ruido de las
piedras al ser reventadas no la distraía, ni siquiera quería hablar. Le gustaba
muchísimo pescar con él. Jack tiró el engañador en dirección al centro de la
laguna. Antes acudían a pescar en esas lagunas y en poco tiempo los peces comenzaban
a picar; el tiempo transcurrió sin que lo hicieran. Al principio Katty estaba
tranquila, pero luego comenzó a probar en distintas direcciones, imitando a Jack.
—¿Qué te pasa, Jack?
—No sé —contestó mientras enrollaba la cuerda.
La tarde caía y
la intensidad del sol había disminuido del mismo modo que la frecuencia del
sonido provocado por las mujeres. Katty buscó su bolso, sacó varios sándwiches
y le ofreció uno a Jack.
—No tengo hambre —dijo Jack.
—Dale, Jack, come uno.
Comieron sin cruzar
palabras, observando las cuerdas y el reflejo de los matorrales en el agua.
—Vos tenés la culpa, si no te hubieras marchado…
—Ya lo sé, siempre te lo he dicho, no pude
evitarlo. Es tiempo que lo superes —dijo Katty.
—Para vos es fácil olvidar, siempre olvidas —dijo
Jack.
—¡Ah!, ¡ya basta, Jack!, ¡te lo ruego! ¡No sigas
con lo mismo de siempre, por favor!
—No puedo.
—Vamos, decimé la verdad.
Jack miró hacia
la loma y observó el brillo del faro provocado por los rayos del sol al caer la
tarde.
—Ya no me divierte nada.
Ella lo miró
fijamente, sin decir una sola palabra. Jack continuó:
—Me siento vacío, todo lo bueno ha desaparecido
de mí. No sé, Katty. No sé qué decirte.
—¿Ni siquiera el amor te divierte? —pregunto
Katty.
—No.
Ella se puso de
pie, tomó su bolso y se alejó caminando por el camino que los había llevado
hasta esa laguna de aguas sin vida. Una motoneta salió a la pista, Katty la
detuvo y desapareció montada en ella.
Jack se quedó
allí por un buen rato. Acostado en el suelo observaba los colores del cielo al
atardecer; Javier apareció por el lado de las casas que se apiñan alrededor del
camino que conduce al mar. Él escuchó sus pasos pero continuó sin moverse.
—¿Y Katty?, ¿qué sucedió? —preguntó.
—Nada, no pasó nada.
—¿Pelearon?
Jack se
incorporó sin contestar y ambos se dirigieron hacia el mar. Al llegar se sentó
en un tronco, observaba sus pies pisando las algas que expulsaban las olas
mientras a su espalda el sol caía más allá de la isla del Venado.
El grupo Los Legendarios del barrio Old Bank de Bluefields danzan en una calle de Nueva Guinea en el marco del primer intercambio cultural entre Nueva Guinea y Bluefields.
La muerte es
inevitable, un día todos y todas transitaremos por su sendero, unos más que
otros le temen, la respetan porque se aferran a la vida. Conversando con los
hermanos Donald y Víctor Rios Obando, primeros fundadores, he logrado recuperar los nombres de las personas fallecidas a principios de la colonización de Nueva Guinea.
1.Macedonio
Amador:
Estaba limpiando
el monte en la parcela de don Eleazar Marenco para la siembra de postrera y
cortó a una culebra barba amarilla por la mitad, pero un pedazo se le fue. Dejó
una burra de monte, se emburró y regresó por la tarde para terminar el trabajo.
La mitad de la barba amarilla, la parte de la cabeza, estaba allí y le picó
arribita del ojo del pie. En esos tiempos no se usaban botas de hule sino que
unos zapatos que llamábamos burrones, eran de cuero con tachuelas en la suela.
Don Eleazar lo llevó al salto del río el Zapote, al “vivero” y allí murió. Nos
pusimos a pensar en dónde lo íbamos a enterrar y nos acordamos del lugar donde
vimos a la Gongolona. Allí lo enterramos, a la orilla del camino y desde
entonces así se llama el cementerio general de Nueva Guinea”, dijo Donald Rios
Obando.
2.Irma
Palma Hernández
Falleció por causa de un
alumbramiento gramatical, el niño se le murió y no pudo dar a luz, se le murió en
el vientre. La partera Susana Cardoza, conocida como Mama Chana, con la ayuda
de Augusto López y Eliazar Marenco, sacaron al niño en pedazos para salvarle la
vida, pero a los cuatro días falleció. “Era la esposa de mi hermano Donald”,
cuenta don Víctor Rios Obando.
3.Víctor
Manuel Velásquez:
Murió ahogado en el Río Plata. Andaba
en busca de maíz y arroz para siembra pero al tratar de cruzar el río se dio
vuelta el bote y se ahogó en la parte más profunda. “Nos avisaron como a las
cuatro de la tarde, lo buscamos hasta muy noche pero fue hasta el día siguiente
que lo sacamos, se lo estaban comiendo los camarones”, recuerda don Víctor Rios.
4.Vicente
Núñez:
Un colono estaba cortando, tumbando
un gran palancón de Rosita. Vicente lo acompañaba, pero al caer el enorme árbol
provocó un gigantesco viento que lo ahogó, le quitó la respiración y murió a
causa de ese viento.
5.Carlos
Hidalgo:
Los encontraron a la orilla de un
inmenso árbol de Almendro. Estaba trabajando en su finca, sembrando arroz.
Estaba muerto, con un golpe en la cabeza y en todo el cuerpo.
6.Gloria
Márquez de Mercado:
Murió con su recién nacida a causa
de un piquete de culebra.
7.Herlinda
Velásquez:
Murió de un tétano por bañarse con
agua helada, amanecida. Ella tenía seis días de haber dado a luz a un niño.
8.Hernon
Barrera:
Estaban socolando la montaña, en un
cerro. Sacaron una tuca que rodaba guindo abajo y se lo pasó llevando. Le
quebró todo el costillar.
EL AMOR:
“La venida de
nosotros a estas montañas fue alegre, pero nos desesperamos por la falta de
amor y tuvimos que salir a buscar a las mujeres. Ver la ternura de la selva al
amanecer, escuchar el canto de los pájaros con nuestra mujer al lado, es la
ternura más grande que hay”, dice Víctor Ríos Obando.
Gozábamos juntos
esa alegría, compartíamos un amor tranquilo en la selva porque la mujer se
sentía gozosa, se sentía satisfecha sin pensar que el hombre que amaba andaba
con otra mujer porque en nuestros pueblos éramos machistas, vagos, nunca le habíamos
dado el verdadero valor a la mujer en el amor, pero aquí en la selva se nos
pasó la mano. El amor, el cariño, nos calentábamos inmersos en el frío de la
madrugada, con el canto de los pájaros, con la luz de la luna, perdidos con el
sonido del agua del salto del río el Zapote reventando en las piedras.
Estábamos
tranquilos con nuestras mujeres, a las seis de la tarde ya estábamos apagando
el candil carretero y nos poníamos a jugar con nuestra mujercita, que bonito,
que confianza, no hay como una mujer feliz, tranquila. Por ese amor, por el
amor en la montaña que tuvimos no le importaba estar descalza, lo importante
para ella era que tenía a su lado al hombre que quería a como ella lo deseaba.
Y nosotros felices, allí con nuestra prenda adorada, nuestras mujeres.
A lo menos yo,
mi señora tuvo diez niños, de ellos seis están vivos y cuatro muertos. Cuando
vine a esta selva sólo un hijo tenía, don Marcos Alvir sólo dos tenía, la Paulita
y Arsenio, después aparecen como cinco, cada año uno, pues. Don Toño Rugama
como de 14 a 15 hijos.
La selva fue
para nosotros de gran provecho, fue una cuna para sobrevivir en el amor, con
amor, con cariño, con esperanza porque había vida. No importaba si no teníamos buenos
zapatos, ni ropa pero había vida, teníamos pescado, jabalí, el venado, la
guardatinaja y los pavones para alimentarnos junto con nuestras mujeres con la
comida natural que Dios le ha dado al hombre en la selva.
Muchos hombres,
aunque usted no lo crea, todavía hoy no besan a sus mujeres, pero en esos años
todos aprendimos a besarlas porque los besos en la montaña son más dulces. En
los pueblos besábamos a otras pero a la nuestra nunca, pero aquí nos llenamos
de dulzura, era una miel. Lo lindo es que se relacionó el amor con la selva, el
hombre y la mujer fusionados en esta montaña.
En el parque
central de Nueva Guinea hay un Monumento de la Paz. En ese Monumento de la Paz
aparece el nombre de varios personajes de Nueva Guinea y, entre ellos, el suyo,
Arsenio Alvir Castellón. Quiero que nos comparta ahora, en conmemoración del 50
aniversario de fundación de Nueva Guinea, su historia de trabajo para conseguir la paz en el municipio. Cuéntenos Arsenio, hermano, reverendo, ¿Cómo vino usted a Nueva Guinea?
Arsenio (AAC):
Mi papá, uno de los fundadores de Nueva Guinea, vino con mi mamá. Es de los 17
primeros fundadores y mi mamá fue la primera mujer que vino, yo allí venía de
cuatro años. Recuerdo haber llegado allí al Zapote a pescar todo el día.
Ronald (R): ¿Cómo se
llamaba su papá?
AAC: Se llamaba
Marcos Alvir Nativo y mi mamá Hercilia Castellón.
R: ¿De dónde
eran originarios?
AAC: Nosotros
venimos de Pueblo Nuevo, Estelí, porque mi papá pertenecía a la iglesia
Bautista de Somoto y el pastor era don Miguel Torres, el que trajo al grupo de
campesinos a Nueva Guinea.
R: Se conocieron
allá.
AAC: Si, él era
miembro de la iglesia de don Miguel Torres, mi papá y mi mamá.
R: Entonces
usted chavalo aquí vio todo el proceso de desarrollo cuando comenzaron a
construir la colonia, las colonias, el IAN, todo eso.
Arsenio Alvir Castellón
AAC: Todo, todo.
Tuve la oportunidad de viajar. Bueno, primero viajé de Nueva Guinea a La
Gateada porque me enfermé pequeño y mi papá se tiró una semana cargándome para
sacarme a La Gateada. Dilató una semana porque yo no podía caminar, tenía
problemas en el hígado, no caminaba del dolor. El me cargó una semana, se le
inflamaron los hombros y mi hermanita caminó la semana, era menor, pero como
iba buena, ella caminó hasta La Gateada a pie con mi mamá. Así mi papá me llevó
hasta Managua a las oficinas del IAN y allí me atendieron tranquilo, le daban
dormida a mi papá y oportunidad en el día de trabajar para ganar dinero y
vivir.
R: ¿Y se curó?
AAC: Me curé
para siempre. Si, gracias a Dios.
R: Así lo veo,
sano todavía hermano. Entonces, hablando del tema de su nombre en el monumento
de la Paz que está en el parque central, cuénteme porque aparece usted en ese
monumento, usted es reverendo, pastor de la iglesia Bautista.
AAC: Por dos cosas
digo yo, o talvez por tres. Una es que ya en ese tiempo, en los años ochenta,
yo trabajaba en el CEPAD (Consejo Evangélico Pro-Alianza Denominacional), aquí
era el director de la oficina en Nueva Guinea, también era pastor, pastoreaba,
tuve varias iglesias a mi cargo, San Antonio, Rio Plata, Los Ángeles y otras
comunidades. Y entonces eso, y otra cosa era que también tenía la oportunidad
de comunicarme con otros pastores y se dio la situación del Servicio Militar
Patriótico (SMP) y entonces la gente andaba corriendo, las mamás corrían para
allá y para acá, la verdad es que no se les resolvía ningún problema porque
ellos corrían a las oficinas de los militares y allí se cerraban las puertas,
no había nada que hacer.
R: Ellos los
buscaban a ustedes.
AAC: Entonces
allí nosotros, nos buscó alguna familia y empezamos a hablar por algunas
personas que verdaderamente no podían ir al SMP según el acuerdo que el
gobierno había hecho y había que alguien gestionara el cumplimiento de esos
acuerdos, hijos únicos, en el marco de la edad, varias cosas y así nosotros
reclamábamos, así empezamos a trabajar con la comunidad. Ya después nos
organizamos un grupito de pastores.
R: Pero ese
trabajo por la paz durante esa etapa del SMP, ¿todos los pastores lo apoyaban?
AAC: No, no,
eran poquitos, eran poquitos.
R: ¿Por qué no
se involucraban todos?
AAC: Después de
gestionar un poco el trabajo con la gente del servicio, se nos vino entonces,
se nos acumuló el trabajo ya con gente presa. Empezaron a caer los presos, el
gobierno empezó a echar preso a los campesinos, a los sospechosos del pueblo,
etcétera. Allí ya la población nos invadió pidiendo ayuda, entonces tuvimos que
buscar un grupo más grande de pastores. Pero allí chocamos cuando los pastores
no querían trabajar por la paz.
R: ¿Por qué?
AAC: Porque dice
la palabra del Señor que es necesario que haya guerra para que venga el fin, y
si nosotros trabajábamos por la paz desactivábamos la guerra y entonces nunca
iba a venir el fin, y el fin era la venida del Señor. Muchos pastores creían en
eso, pero es algo absurdo porque el Señor nos hizo el llamado que
bienaventurados los que trabajáramos por la paz, incluso íbamos a ser llamados
hijos de Dios y también herederos de la Tierra. Es un privilegio ser pacifista,
hemos sido llamados para ser pacifistas todos los cristianos, más sin embargo
había esa oposición, costó que se rompiera, muchos no aceptaron pero la mayoría
sí.
R: Se
involucraron a trabajar y cuéntenos cómo es que surgen las Comisiones de Paz,
¿a raíz de eso?
AAC: A raíz de
eso ya vamos trabajando pero no tenemos nombre de Comisión de Paz. Sin nombre,
quizás la gente decía Arsenio, vamos donde Arsenio, vamos donde el otro pastor
que trabaja con Arsenio. Pero ya después, cuando el gobierno formó la Comisión
Nacional de Reconciliación, a finales de 1985, allí estaba metido como
honorario el doctor Gustavo Adolfo Parajón, un pastor bautista, el reverendo
Gustavo Parajón, lo conocíamos muy bien, él nos acompañó en todo ese proceso
anterior, entonces nosotros a partir de allí nos pusimos el nombre de
Comisiones de Paz.
R: A partir de
la relación con la Comisión Nacional de Paz y Reconciliación.
AAC: Y
gestionamos entonces que viniera la Comisión Nacional de Reconciliación para
que se reuniera con nosotros, pero como la presidía el cardenal Miguel Obando y
Bravo, me imagino que su agenda era muy grande, nunca tuvo tiempo para venir a
Nueva Guinea a conocer el trabajo, a ayudarnos. El único que venía cada mes era
el doctor Parajón. A raíz de allí fue tan importante el trabajo que fue
necesario hacer Comisiones de Paz en todito el municipio de Nueva Guinea.
Logramos tener 1200 pacifistas. Yo recuerdo al delegado de la iglesia católica
de San Antonio, cuando la comunidad lo nombró como pacifista él dijo: “¿cuál es
mi seguro?, si me pasa algo, quien responde por mi familia”. Alguna gente tenía
miedo, pedía seguridad, pero la única seguridad que nosotros teníamos era que
éramos bienaventurados.
R: Pero en si el
trabajo de la Comisión de Paz, ya constituida la Comisión Nacional de Paz y
Reconciliación y ustedes que adquieren ese nombre, ¿en qué consistía?, además
de mediar en los casos de los que echaban presos y los chavalos que se iban al
Servicio Militar, ¿ya tenían grupos armados aquí en la zona y se involucraron
en las comunidades para que se desarmaran?
AAC: Era grande
el trabajo de la Comisión de Paz. Uno era tener el valor para dialogar con el
gobierno, y fuimos dichosos y bienaventurados que el gobierno Sandinista, estoy
hablando de las estructuras, delegado departamental, el ministro Agustín Lara
de Juigalpa, los secretarios políticos de Nueva Guinea, los jefes militares, se
reunían con nosotros para escuchar todos los abusos que se cometían en todas
las zonas con la gente que talvez nada tenían que ver en el asunto e incluso
con los familiares, etcétera. Entonces teníamos ese diálogo abierto y una de
las cosas importantes es que nos cumplían, mejoraban los acuerdos y lo mismo
hacíamos después con la contra. Nos reuníamos con los jefes de la contra para
también exigir el no abuso, no andar asesinando a la gente sólo porque lo
denunciaban, secuestrando a las personas, incluso llegamos a un acuerdo que no
pelearan en las colonias, que si iban a pelear que se agarraran en los
potreros, en las lomas, donde sea, pero no en los pueblos. La contra y los
sandinistas ayudaron a todo eso.
Era un trabajo
incómodo, difícil, porque como la contra no nos mataba a los comisionados de
paz, a ningún comisionado de paz mató la contra, entonces los sandinistas
decían estos majes son contras y como los sandinistas no nos echaron preso a
ningún comisionado de paz ni nos mataron, entonces los contras decías estos
majes son sandinistas. Era bien difícil, era bien difícil el trabajo de
nosotros. Recuerdo cuando se desarmó la contra en Yolaina, el comandante dijo
“ahora Señor te pido perdón por haber creído que los comisionados de paz eran
sandinistas”, en Yolaina, en el acto central el jefe de la contra pidió perdón
a Dios por pensar mal de nosotros.
R: Entonces se
terminó la guerra, pasamos esa etapa de guerra y llegamos a la época de los
noventa. ¿Considera usted que realmente con todos los acuerdos de la
reconciliación, la desmovilización, con todo eso, alcanzamos la paz en Nueva
Guinea, en la década de los noventa, la década del 2010? ¿Cree usted que la
alcanzamos?
AAC: Pero antes
de eso, ese monumento que está en el parque, en ese monumento hay 1,115
fusiles, allí abajo, enterrados.
R: Es como el
monumento de la paz que lo botaron en Managua.
AAC: Si, pero
allí tenemos 1,115 AK y también unos RPG7, como tres RPG7 que hay enterrados
allí. Hicimos una fosa, llantas, se le pegaron fuego para que se quemaran, se
cortaron. Allí están enterrados. Por eso es que después hemos hecho el
monumento poquito a poco, un monumento sencillo porque la Comisión de Paz nunca
tuvo dinero, el gobierno nunca le ayudó.
Yo recuerdo que
cuando estaba doña Violeta, vino el asistente de doña Violeta, el yerno,
Antonio Lacayo, vino doña Violeta por primera vez y le preparó una entrevista
con la Comisión de Paz y le dijo a Baquedano: ¿tenés dinero para apoyar a la
Comisión de Paz?, Baquedano era el Alcalde, no dice Baquedano, estos merecen
ayuda, entonces dice, nosotros le vamos a dar, llegue el día tal a Managua,
vamos a entregar una ayuda a la Comisión de Paz. Entonces la Comisión de Paz,
que yo la encabezaba, nos vamos para Managua con Leonel Martínez que era el
delegado de la iglesia católica a recibir un presupuesto especial para la
Comisión de Paz. Nosotros gastamos 830 córdobas en ese viaje a Managua y cuando
nos recibieron allá en la Presidencia, fuimos a tesorería, allí estaba el gran
cheque, así grandotote el cheque, 620 pesos.
R: Le quedaron
debiendo.
AAC: Perdimos,
perdimos nosotros. Nunca nos ayudaron los del gobierno. Qué barbaridad,
¿verdad?
R: Por la Paz
hermano que hay que trabajar y hay que trabajar serio, por eso le pregunto si
usted considera que si alcanzamos la paz en la década de los 90 y del 2000 al
2010.
AAC: Bueno,
después del desarme de la contra y todo esto, los comisionados de paz siempre
quedaron en las comunidades resolviendo algunos casos porque la gente creía en
ellos, incluso por decirte algo, servían como juez, si se moría el señor de la
finca ellos servían como juez para hacer las reparticiones justas, entonces en
las comunidades quedaron, todavía hay muchos miembros de las comisiones de Paz
que están intermediando en el desarrollo, en la paz de las comunidades, pero no
hay.
R: Muchos se han
involucrado como facilitadores judiciales también.
ACC: Si, pero no
hay la paz que se desea.
R: ¿Por qué no
hay esa paz?
ACC: Porque
tenemos la pobreza, los ricos aprovechándose siempre más y estrangulando al
pobre, a veces el gobierno pone oídos sordos a las peticiones de la gente. No
hay crédito a veces para ayudarle a la gente de parte del gobierno para que
ellos puedan resolver sus propios problemas. Siempre hay conflictos, las
tierras, un poco de cosas que se necesita superar para lograr la paz.
R: Mientras
existan injusticias dicen que nunca va a haber paz, ¿será cierto eso?
ACC: Sí y además
nosotros ahora estamos promoviendo la paz hacia otra escala también, antes solo
promovíamos la paz de no matarte y los derechos humanos, ahora estamos
promoviendo la paz desde el punto de vista de paz con la naturaleza, paz con la
tierra, paz con todo lo que es el ambiente.
R: Esa es la
cultura de Paz.
ACC: Estamos
ahora promoviendo la cultura de Paz, más general.
R: Usted que ha
sido fundador de Nueva Guinea, esa trayectoria suya, cómo valora desde ese
trabajo suyo de pastor de la iglesia evangélica, de reverendo y de trabajador
activo, reconocido por la paz en Nueva Guinea, ¿Cómo valora estos 50 años?
AAC: Yo miré
como se formaron las colonias, recuerdo cuando iba a Nuevo León a ver a mi familia
que vino, ya después para lo del Cerro Negro vino a ubicarse a Nuevo león, yo
me tiraba casi todo el día para llegar por aquellos lodazales. Me acuerdo que a
un primo mío se le pegó un macho y no lo pudieron sacar, tuvieron que sacarlo
en pedazos para no estorbar el camino. Entonces, ha como era antes a ahora, a
la gran puchica, cambió totalmente, estamos desarrollados y creo que mejor que
algunos pueblos que tiene 100 años, muchísimo mejor, aquí hallas de todo.
R: ¿Cómo ve a
Nueva Guinea alrededor del tema de la paz después de 50 años?
AAC: Bueno,
totalmente cambiado porque 50 años atrás vivíamos una paz total, las familias
se ayudaban unas a otras. Había un tirador oficial que cazaba y la carne la
tendían a asolear y toda la comunidad comían de la caza, ahora no, ahora es
totalmente diferente. Cincuenta años después hay personas caminando en la calle
pidiendo el bocado de comida, hay gente robándote lo que tenés, entonces es
totalmente diferente.
R: Esa
diferencia implica que aquí se debe trabajar más, seguir esa trayectoria de
trabajo por la paz para lograr una verdadera cultura de paz en Nueva Guinea.
AAC: Nos hemos
desarrollado violentamente rápido, pero no se ha trabajado en el tema de la
cultura de la paz, la iglesia ha trabajado poco en eso…
R: Los gobiernos
locales…
ACC: Los
gobiernos, la iglesia sólo para arriba, hay que salvarse, nada de la lucha por
mejorar el sistema. El gobierno no tiene nada en sus programas aquí en Nueva
Guinea y en otras partes para promover la paz. Entonces debemos de promover la
paz.
R: Entonces
usted ve que en futuro de Nueva Guinea, para tener un nivel superior de
desarrollo, se debe promover la cultura de la paz.
AAC: Totalmente,
y con el eje de la cultura de la paz en el aspecto general. La paz con todo el
ambiente, los árboles, la tierra, con lo animales. Incluso, nosotros hemos
estado en comunidades donde la gente ya pide perdón por lo que ha hecho, yo no
sé si irán a tener perdón en el cielo, pero por lo menos la gente ya dice:
“señor, perdóname porque me tiré este bosque que era necesario que allí
estuviera porque era la casa de tantos animales”. La gente está pidiendo
perdón. Los cristianos que ya están trabajando en el marco de la paz, v
avanzando eso y debe seguir promoviéndose, por lo menos las instituciones del
gobierno que tienen para vigilar, lo que hacen es negociar el espacio que ellos
tienen para vigilar que se cumplan con cuidar el medio ambiente, mejor negocian
el espacio, necesitamos personas conscientes que todos necesitamos vivir en
paz, los animales, todos, el medio ambiente y nosotros. Y eso hay que
promoverlo hermano, desde el restaurante para poder comer tranquilamente.
R: Poner música
suave y en las escuelas sobre todo, a nivel de la educación primaria y
secundaria, a nivel de las universidades.
AAC; Así es,
nosotros hemos colaborado con algunas relaciones, al menos con el padre Checho
Alas, un sacerdote salvadoreño que ahora vive en los Estados Unidos y el
trabaja en el marco de la paz dando videoconferencias. La universidad URACCAN
tiene un modulo de educación sobre la paz.
R: ¿Entonces
para usted sin trabajar el tema de la paz no hay desarrollo integral?
AAC: No hay
desarrollo, hay desarrollo pero sólo vemos calles, caminos, puentes, pero
necesitamos ser pacifistas. ¿Pacifistas para quienes? Todos somos llamados a
ser pacifistas, todo cristiano es llamado a ser pacifista, o sea, no es que
nacen los pacifistas, que hay que ir a la universidad para salir de pacifista,
no, es un principio, como cristianos todos nosotros necesitamos, dijo el Señor,
ser miembros de las comisiones de paz, porque él dijo: “Bienaventurados los
pacificadores porque de ellos es el reino de Dios”.
R: ¿Usted se
siente satisfecho por su labor desarrollada a favor de la paz en Nueva Guinea?
AAC: Yo sigo
trabajando por la paz. Me toca contar la experiencia vivida, elaborar algunos
materiales para dar talleres en El Salvador, en México y en algunas iglesias de
los Estados Unidos. Vieras que interesante, un pastor de una iglesia de Estados
Unidos escuchó sobre el trabajo de un pacifista, y al final dice el pastor:
“pero qué difícil es ser pacifista”. Le preguntó a un hermano de Nueva Guinea,
¿por qué usted es comisionado de paz?, ¡porque soy cristiano!, y dice el
reverendo Don Smith de Estados Unido: “pero yo soy el reverendo, soy el pastor
de una iglesia y no tengo el valor de hacer lo que este hombre hace, entonces
quiere decir que no soy cristiano todavía”. Y lloraba, se sentía incomodo
porque no estaba cumpliendo a lo que ha sido llamado. Nosotros como
comisionados de paz hemos podido llegar a varias partes.
R: Transmitiendo
la experiencia vivida en Nueva Guinea.
AAC: Sí, porque
antes sólo se escuchaba lo que escribía Marcus Schupi que escribía sobre los
conceptos de paz. Ahora hay muchos escritos de la historia de la Comisión de
Paz de Nueva Guinea.
R: De la que
usted es protagonista.
AAC: En la que
hemos participado y es un honor que mi nombre esté allí. Por ser pacifista.
R: Muchas
gracias Arsenio y esperamos tener paz duradera en Nueva Guinea.
“Mi padre era
líder campesino de un movimiento que demandaba tierras en el norte de
Nicaragua, en el departamento de Jinotega, y él, al frente de un grupo,
hicieron gestiones ante el Instituto Agrario de Nicaragua (IAN) y les
ofrecieron tierras en el Atlántico. Fue así que en 1967, mi padre con ungrupo de familias campesinas vino a Nueva
Guinea y nos instalamos en Río Plata”, dice el Ingeniero Víctor Barrera Duarte
(VDB).
Ronald (R):
¿Desde que llegaron se instalaron en Río Plata?
VBD: No,
estuvimos transitoriamente unos tres o cuatro días aquí, en Nueva Guinea, que
en ese momento era un área despalada con unas cuantas chozas, con unas treinta
o cuarenta familias. No existían calles ni buenas viviendas, había un edificio
de madera que era una cooperativa, un puesto de salud donde es hoy la alcaldía
y las oficinas del IAN que estaban atrás de la iglesia bautista, donde vivía el
coordinador del proyecto del IAN.
R: Después se
trasladaron a Río Plata.
VBD: Sí, el
pastor Miguel Torres Lazo eligió ese lugar para hacer la colonia. Era selva,
totalmente, pura selva. Salías de aquí a doscientos metros después del
monumento de los cuatro evangelios y todo eso para allá era selva.
R: ¿Qué recuerda
usted de esa selva? Eras chavalo. ¿Qué edad tenías?
VBD: Éramos un
grupo de chavalos que veníamos con nuestros padres, con nuestras familias, que
nos habíamos criado unidos allá donde vivíamos y que la mayoría estuvimos
juntos en la escuela. En ese tiempo, en los momentos de ocio, nos dedicábamos a
recorrer la selva con cuidado, por allí cerca, no salíamos muy lejos porque
también había peligros como culebras y víboras. Esto era una maravilla, era
algo como la Amazonia, no había nada que pedirle a la Amazonia.
R: ¿Qué animales
recuerda haber visto en esos años?
VBD: Había
absolutamente todo, menos Anaconda. Te encontrabas con tigres, pumas,
tigrillos, todo, todo, una fauna total, jabalíes, unas cuatro especies de
monos, mono araña, cara blanca, mono bayo grande, el mono aullador, mono Congo
y un monito chiquitito que le llamaban Ceibita, un primate más pequeño que una
ardilla. Estábamos en la selva virgen, en la selva lluviosa.
R: ¿Y comienzan
a construir sus viviendas?
VBD: En ese año,
1967, se estaba instalando un aserrío detrás del gimnasio que está en lo que
era la pista de aterrizaje. Allí se procesaba la madera para las primeras
viviendas que comenzaban a construir aquí. Prácticamente la madera se la
regalaban a los campesinos para que levantaran sus viviendas, les daban el
techo y las construían siguiendo un modelo definido.
R: En ese
entonces no existía la carretera entre Nueva Guinea y La Curva. La gente salía
en La Camiona. Cuéntenos cómo era la Camiona.
VBD: Cuando
venimos sólo existía la trocha que la hicieron con un tractor en la época de
verano y funcionaba hasta el mes de abril, después eso era lodo, totalmente
lodo. Entonces se salía a pie, ocasionalmente viajaba un aparato que le
llamábamos la Camiona que era un gancho de madera con un tabique de tabla que,
jalado por un tractor, traía las provisiones; pero conseguir un raid en la
Camiona era como conseguir un vuelo en un avión. Era tanta la gente que tenía
necesidad de salir que eran pocos los privilegiados que lograban un cupo en la
Camiona; de aquí para allá, de allá para acá, venía totalmente cargada. Pero yo
viajé en dos oportunidades en la Camiona y funcionó hasta mediados de 1969.
R: Cuéntenos
sobre la construcción de la carretera entre La Curva y Nueva Guinea.
VBD: Esa
carretera se construyó en tres etapas. La primera etapa fue el tramo entre La
Curva y El Coral. En el siguiente verano llegó hasta un lugar que se le llama
El Enchape, aquí por El Níspero, y en elverano del año 1972 ya entró hasta Nueva Guinea. Fue construida en tres
veranos, tres años. Ese año fue inaugurada, allí donde está el Monumento de
Nueva Guinea, por Somoza que vino con su Estado Mayor y su gabinete de
gobierno.
R: ¿Cómo aprovechaban
inicialmente la madera?
VBD:
Inicialmente tumbaban los árboles con hacha y la canteaban con sierra
relámpago, esa que se utiliza entre dos personas. A finales de 1969 vino la
invasión de las moto-sierras, la demanda fue mayor y se instalaron más aserríos.
R: Ya con moto-sierras,
con los aserríos, se comienzan a construir las primeras colonias. Díganos
cuáles fueron esas primeras colonias.
VBD: Después de
Nueva Guinea se construye El Verdún, Yolaina y Río Plata. Se construyen al
estilo español, con el sistema cuadrado de cien por cien metros la manzana.
Después se dio una variante en el diseño urbano de la colonia, a raíz de la
llegada de la misión israelí; modificaron eso al modelo de los asentamientos
israelíes y fundaron la colonia Jerusalén y una que se iba a llamar Jericó,
pero que se cambió por los Ángeles a raíz de la erupción del cerro Negro.
R: ¿En qué
consiste ese modelo del asentamiento israelí?
VBD: Es un
modelo donde las calles no son al estilo español de una manzana cuadrada, sino
que son calles que van siguiendo las curvas de nivel, van capeando las
vaguadas, las vertientes y se construyen conforme a las curvas de nivel. En los
años de 1967, 1968, 1969, se empezaban a dar movimientos en la zona del norte y
comenzaron a llegar campesinos de las zonas cafetaleras y se asentaron en
Jerusalén. Inicialmente el punto de apoyo, de logística, para Jerusalén fue en
un lugar llamado La Leona, que antes le decían El empalme viejo. Ese campamento
lo dirigían unos norteamericanos de los Cuerpos de Paz; allí estaba un joven
llamado David Schigan y en Río Plata estaba otro llamado Richard Lamus, que
apoyaban a las familias de esas colonias en su etapa de fundación.
R: Después de
Jerusalén las siguientes colonias siguen ese modelo. ¿Cuáles fueron esas
colonias?
VBD: Cuando se
da el terremoto de Managua comienza a llegar gente de todos lados de Nicaragua,
no sólo de Managua. Así se inició una colonización masiva en el norte de Nueva
Guinea, comenzando por Caracito donde se encontraba la logística para atender a
esas familias; se atendían unos tres o cuatro días y después se iban a ubicar
en Los Laureles, Jacinto Baca, Talolinga, Kurinwas, San José, San Martín, San
Antonio, San Ramón, San Miguel. Para eso, la misión israelí había enviado al
arquitecto Jorge Martínez a conocer el sistema de la colonia, de asentamiento
en Israel; él vino a implementarlo, a darle continuidad al modelo israelí que
se utilizó en la colonia de Jerusalén.
R: ¿Y las
colonias del sur y del este?
VBD: Se
construyen casi simultáneas; unos pocos meses después inició la colonización en
ese sector, ya vino Providencia, Naciones Unidas y Nuevos Horizontes en el este,
y en el sur El Serrano y La Fonseca. Incluso Las milpas fue parte de esa etapa.
Después vinieron asentamientos que ahora tienen calificativo de colonias pero
realmente no lo son, son asentamientos espontáneos que nacieron siguiendo el
estilo de la colonia.
R: Cuéntenos
sobre el actual casco urbano. ¿Quién fue el primer maestro de Nueva Guinea?
VBD: Cuando vine
había un profesor que era empírico, voluntario, que se llamaba Juan López;
vivía y daba clases en El Verdún. En 1968 vino el profesor William Salomón que
aun está vivo en Bluefields, dando clases en el Colón. El profesor Salomón fue
el primer profesor oficial del Ministerio de Educación. Con el plan de
colonización, después del terremoto de Managua, vino una gran cantidad de
maestros normalistas del lado de Diriamba y San Marcos, y se fueron a cada una
de las colonias. En cada colonia había un agrónomo de parte del IAN, era como el
administrador de la colonia, así le llamaban, pero era un técnico, un
facilitador. También en ese momento se instaló el comando de la Guardia
Nacional. Antes del terremoto era sano, ni ventas de licor habían, solo allí
por el instituto había un lugar que le llamaban El Tope, pero después del
terremoto vinieron las cantinas, billares, juegos de azar, el mercado. En ese
mismo período se construyó La ciudadela, esas dos manzanas, allí en el sector
de los bancos, que era una especie de colonia urbana donde estaban las
viviendas para los profesores, agrónomos y funcionarios, pero con el tiempo no
cubría la demanda de este sector. Para descongestionar Nueva Guinea, el IAN
estaba construyendo unas instalaciones que se llamaba el CRS, el Centro
Regional de Servicios, que estaba ubicado en Los Pintos, que posteriormente fue
una escuela de agricultura y luego una base militar. Allí se estaban
construyendo oficinas para bancos, salud, viviendas para técnicos, una
radioemisora; al final se perdió todo eso, pero el objetivo del CRS era
descongestionar Nueva Guinea de todas las instalaciones administrativas.
R: Se ha dicho
que con el IAN se construyeron fincas modelos. ¿Qué conoce usted de esas fincas
modelos?
VBD: Las fincas
modelo fue un proyecto, un plan de Somoza para repartirle tierras a los altos
mandos de la Guardia Nacional. Eso estaba contemplado en la zona de lo que es
hoy Puerto Príncipe, en la zona Este. En esa zona estaba contemplado repartir
tierras en grandes fincas modelos para los guardias, altos militares. Estaba
contemplado repartirlas en dos etapas, esa de Puerto Príncipe y otra posterior
al lado del Cerro Silva. De esas fincas solamente se delimitaron dos a un
coronel Zúñiga y a René Zelaya, pero no tomaron posesión por el triunfo de la Revolución.
Sin embargo, se habla de unas fincas modelos que en realidad no lo fueron; más
bien eran latifundios que se formaron alrededor de las colonias, producto del boom en el desarrollo agrícola y se
apoderaron de tierras como Cornelio Hueck en la zona de Caracito, los Borges en
los Ranchitos, Urcuyo Maliaños en la zona de Providencia, Gene Thomas en la
zona de Cerro Silva y otros al lado de El Chasmolar. Te hablo de un boom de desarrollo agrícola porque hubo
una producción exagerada de frijol. Naturalmente ya no era la misma selva, ya había
aserríos en Nuevo León, en Jerusalén, dos en Nueva Guinea y otro al lado de
caño Chiquito. Con ese boom vino el
INCEI y se instalaron silos en Jerusalén, en Yolaina y aquí en Nueva Guinea.
R: Y a la par
del boom agrícola se fueron
construyendo los caminos.
VBD: Con el boom agrícola y la colonización vinieron
varios proyectos, entre ellos el Plan de Caminos financiado por el BID, con el
que se instaló un plantel por donde es el actual mercado, con una maquinaria
moderna en ese momento. Con eso se comenzaron a construir los caminos a las
colonias. De igual manera había un plan de mantenimiento de puentes,
principalmente en la vía a la Curva.
R: Después de
toda tu experiencia de vida en Nueva Guinea, ¿cómo ves la perspectiva del
desarrollo a mediano y largo plazo, considerando la dinamización de la economía
local, la comunicación entre Nueva Guinea y Bluefields a través de la carretera,
la construcción de la carretera a Monkey Point y que tengamos una paz duradera
en el municipio?
VBD: Yo creo que
las perspectivas del desarrollo económico y social de Nueva Guinea van a ser
increíblemente superiores a lo que vemos hoy. Sólo pensemos en las capacidades
técnicas que se van a ir desarrollando a través de las universidades; muchos
jóvenes van a estar preparados para ese tiempo. Además podemos ver proyectos de
desarrollo agrícola fuertes como el café, cacao, raíces y tubérculos, frutas,
madera inclusive. El desarrollo integral entre Nueva Guinea y Bluefields se va
a dar, va a haber un intercambio comercial y un desarrollo intercultural muy
importante. Muchos de nuestros productos van a abastecer a Bluefields, ya no
van a tener que llegar de Santo Tomás, de Rama, de Muelle de los Bueyes con el
pedacito de queso en botes, el saco de yuca, de carbón, porque de aquí van ser
camionadas las que van a caer allá. El tráfico de Bluefields a Managua ya no va
a tener el problema de las lluvias, de las pangas, el peligro en el río. La
mercadería, sobre todo las verduras que llegan maltratadas a Bluefields por la
manipulación en los muelles, en los buses, en camiones; aquí va a ser un
transporte directo de Managua a Bluefields con una linda terminal que va a
haber en Bluefields y otra que está programada aquí, con todo y su bypass por la zona del final de la pista
al salir al empalme de El Verdún, el hospital regional y otras cosas que no
imaginamos que van a existir.
R: Nueva Guinea
va a ser un centro de desarrollo intermedio increíble, con un mayor desarrollo
que el actual.
VBD: Increíble. Podemos
decir que esto va a ser como los puertos de montaña que se van creando hasta
donde llega la carretera. Aquí va a converger la producción del sur, de
Atlanta, de Monkey Point, de Bluefields, del sureste y del norte inclusive.
R: ¿Crees vos de
que Nueva Guinea, con esas condiciones, pueda en un momento determinado
materializarse, que sea la cabecera del potencial departamento de Zelaya
Central o la Tercera Región Autónoma?
VBD: De hecho no
tardamos mucho tiempo en ver eso, de hecho ya nos dan un tratamiento como
departamento. Si hacemos comparaciones del desarrollo que han tenido tantos
pueblos en este país en 100 y 150 años de existencia, respecto a lo que tenemos
nosotros en 50 años de existir, es increíble la diferencia. Esto siempre ha ido
para adelante y siempre va a ir para adelante. Estamos en un punto estratégico
de la región, en un punto de convergencia de los otros territorios, y más con
la carretera, va a haber mayor integración. Esto va a influir en el desarrollo
urbano. Ya podemos observar que la infraestructura urbana poco a poco va
mejorando, se está saliendo de la casita tradicional de cuatro paredes y ves
edificios con una arquitectura más actualizada, van mejorando las calles, este
año se van a adoquinar casi tres kilómetros de calles, vienen proyectos de
aguas negras, ampliación de sistemas de agua, nuevos barrios van naciendo, Río
Plata va a ser un barrio de Nueva Guinea, nos estamos uniendo con La Verbena,
pronto con los Ángeles y Verdún, esto va a ser una ciudad muy grande pronto, no
podemos evitarlo. Cada vez más la gente viene de las comunidades buscando las
universidades, los hijos no quieren vivir en el campo solamente, quieren
prepararse y el gobierno les da las oportunidades. Allí va el desarrollo.
R: Vos que has
vivido aquí desde chavalo, ¿cómo podrías describirme todo este proceso de
desarrollo de Nueva guinea, desde sus inicios hasta este momento, en tres
palabras?, ¿cómo lo ves vos, cómo lo valoras, cómo lo sentís?
VBD: Yo diría
tres momentos, y el cuarto que viene. Desde su momento de fundación hasta 1980
fue una cosa muy diferente a la que se dio de 1990 al 2000, incluso al 2010,
fue diferente a los planes de futuro. Si valoramos estos momentos el más
importante es el que viene.
R: ¿Cuál es el
que viene?
VBD: Bueno,
hablábamos de la carretera a Bluefields, a Monkey Point, las carreteras que nos
van a unir con el sur, con Río San Juan, con San Miguelito, el mejoramiento de
la infraestructura urbana, los programas de gobierno, los programas de
producción y tantas cosas más que todavía no conocemos.
R: Y sobre todo
el empeño de la gente. La gente de Nueva Guinea tiene una característica, que
tiene un impulso, una dinámica propia, y así fue que comenzaron, “cuando
nosotros venimos aquí, venimos sin nada, venimos a luchar por vivir”, dice; y
sigue luchando, es luchadora, es emprendedora.
VBD: Hay cultura
de superación en la gente. Hay cambios muy importantes, la gente se da cuenta
del problema ambiental que tenemos producto de la tala indiscriminada de los
bosques, que sucedió en estos años anteriores producto del mismo desarrollo: la
gente para cultivar tenía que derribar la montaña y todo eso no fue controlado,
estamos viendo las consecuencias de eso. Ahora se miran áreas reforestadas, se
miran los cultivos silvopastoriles, la ganadería ya no es la misma, ves
ganadería tecnificada, ves picadoras, embalajes de heno, el hato ganadero ha
aumentado en cantidad y calidad.
R: Todo esto lo
ves como lo soñaron los primeros fundadores, soñaron con el paraíso, construir
la luz en la selva, ¿crees vos que la tengamos?
VBD:
Definitivamente yo nunca me imaginé llegar a ver este municipio como está hoy,
porque en el tiempo en que nosotros venimos era de ponerse a llorar, era de
hincarse a llorar cuando se vivían dificultades, enormes dificultades; a veces
enfermos que cómo los ibas a sacar a la Curva, cómo lo ibas a llevar a Juigalpa;
si no había un avión que viniera a llevárselo estaba muerto. Pensar en lo que
esto fue, en lo que es y lo que va a ser en el futuro, es un sueño, realmente
es un sueño.
R: ¿Es un sueño
hecho realidad?
VBD: ¡Es un
sueño hecho realidad! Muy pronto veremos más cosas, de hecho.
R: OK, Víctor,
muchas gracias por compartir con nosotros.
VBD: Gracias a
usted y esperemos, pues, a ver qué nuevas nos traen los próximos años.