jueves, 9 de octubre de 2014

LA TORTOLITA


La Tortolita (Columbina talpacoti) es una pequeña Columbinae de América. Es una paloma de cola corta, que mide 17 centímetros con un peso de aproximadamente 47 gramos. Los machos adultos tienen la cabeza y el cuello gris pálido, con manchas negras debajo de las alas; la cola es negruzca y la parte inferior de las alas es canela y negro. Las hembras son gris oscuro, por lo general coloradas y con menos contraste entre la cabeza y el cuerpo que el macho.

Vive desde México al sur de Perú, en Brasil y en Paraguay; también se encuentra en el norte de la Argentina y en Trinidad y Tobago. En ocasiones se puede ver tan al norte como en el sudeste de los Estados Unidos en el Sur de Tejas y en el Sur de California; principalmente durante el invierno.

Por lo general, construye un nido de ramitas en las copas de los árboles donde pone dos huevos blancos.

La incubación lleva entre 12 a 13 días con 12 a 14 días complementarios para el emplumaje de los polluelos. Ocasionalmente puede incubar un tercer pichón.

Su vuelo es rápido y directo, con aleteos regulares y ocasionalmente con movimientos vigorosos y rápidos de las alas, que son característicos de las palomas en general. 

La Tortolita, llamada también Cocochita, es muy común en las zonas de rastrojos y otros páramos abiertos. La fotos que presento fueron tomada en un árbol de Caoba plantado frente al porche de mi casa.

Si deseas conocer más sobre La Tortolita, ver más fotos y vídeos en otros lugares así como escuchar su canto, te recomiendo visitar la pagina The Internet Bird Collection.


lunes, 6 de octubre de 2014

LOS MISMOS DE SIEMPRE



Sí, son ellos, los mismos de siempre;
los que se apropian de todo,
de calles y aceras,
de los parques, de sus bancas,
de la sombra de los árboles,
de escuelas y universidades,
del cantar del pueblo y del presupuesto ajeno,
luciéndose con cursis corbatas en la podredumbre
que han creado y que con aplausos los recibe.
No te equivoques, son ellos, los mismos de siempre.

Los que un día fueron maldecidos por tu abuelo y,
luego, con el calor del fuego en sus palabras, por tu padre.
Los que dicen defender la justicia, pero terminan quitándole el velo,
para venderla en figurines con poses obscenas al mejor postor,
pasando de mano en mano hasta terminar indefensa, desnuda y violada
por la insaciable e interminable cadena de corrupción.
Son ellos, los de siempre; los que juraron aliviarnos el dolor,
y se convierten en verdugos vestidos de blanco.

Sí, son ellos; a los que el paso del tiempo no los cambia,
son los mismos de siempre.
Los que caminan altivos en la sombra de sus cuarteles,
mostrando sus grados con el mentón en alto,
con la furia de la soberbia pintada en sus ojos,
delatando los gritos y miserias que soportan
los que se encuentran en mazmorras
bajo la custodia de sus botas.
Los que se postran frente al altar,
con el rostro en tierra, recordando la agonía de Jesús,
aunque han violado a millones de niños y niñas alrededor del mundo.

Son ellos, los mismos de siempre.
Los que por paga o migaja quieren dividirnos.
Los protegidos del capital.
Los que hacen rimar su poesía con el corazón vacío.
Los que ciegamente obedecen dictados para enriquecerse.
Los que terminan solitarios al abandonar su trono de inmundicias.
Los que eternamente han pretendido callarnos.
No te equivoques, son ellos, los mismos de siempre.

05/10/2014
Foto: Sergio Orozco.

miércoles, 1 de octubre de 2014

CRIMEN ECOLÓGICO

Esta canción a mí me inspiró porque una vez llegaron a Yolaina todas las instituciones del Estado y fuimos a hacer un recorrido por el cerro de Yolaina. Estaba destruido, me llenó de emoción, me estresé. Una noche pensé voy a escribir esta canción, pero cómo le pongo y dije: Crimen Ecológico.




sábado, 27 de septiembre de 2014

MYTÚ

Mytú 
El Mytú (Crax fasciolata) pertenece al mismo Orden de las gallinas y pavos domésticos así como también a la misma familia de los Yacú.

De carne muy apreciada, lo cual hace que sea una especie muy perseguida por el hombre, el Mytú, también llamado Muitú y Pavo de Monte, puede alcanzar una longitud de 90 cm y un peso de hasta 3 kilogramos.

La hembra es un poco más pequeña y de plumaje diferente, pues a diferencia del macho, posee el color de vientre amarillo, patas rojas y copete blanco con puntas negras.

El hábitat propio de esta especie son los bosques que acompañan los cursos de agua. Se alimenta de hierbas, semillas, granos y frutas, aunque no desprecia insectos y otros invertebrados. Un aspecto interesante de la alimentación del Mytú, como todas las aves, es que ayuda a dispersar muchas semillas. Esto significa que germinan con más facilidad luego de haber pasado por el tracto digestivo del ave.

Con respecto a la reproducción, el Mytú construye su nido en depresiones del suelo al que luego cubre con ramitas y plumas. En éste deposita 4 o 5 huevos de color blanco y de unos 10 cm de largo. Cuando los pichones rompen el cascarón son capaces de seguir inmediatamente a su madre en busca de alimento y de protección. La postura se produce en verano.

Su vuelo es bajo, de corta duración, y lo realiza en forma horizontal y a baja altura. Se encuentra en peligro de extinción. Visite el zoológico Thomas Belt ubicado en la ciudad de Juigalpa, Chontales y podrá apreciar su hermosura. Sea generoso, deje una donación acorde a sus posibilidades.

Mytú o Pavo de Monte.

lunes, 22 de septiembre de 2014

EL PAISAJE MÁS BELLO DE LA BAHÍA



Después de cerrar el portón metálico de la bodega de la aduana con un enorme candado, caminaba por el andén tomado de la mano de mi abuelo Felipe. Las llaves, aseguradas al sostenedor de la faja de mi abuelo por una cadena de plata, se estrellaban unas con otras, explotando en un tintineo metálico al caer en el fondo de la bolsa derecha del pantalón caqui de paletones, ruedo volteado y almidonado, siguiendo el ritmo pesado, cansado, de sus pasos.

Minutos antes había jalado cinco veces un mecate amarrado al badajo de la campana de bronce adherida a una columna ubicada frente a su escritorio. El sonido alegre y chillón se expandía más allá de las cajas, bultos y sacos arpillados en la inmensa bodega, anunciando las cinco de la tarde y el fin de la jornada laboral a empleados de oficina ubicados en el segundo piso, a estibadores atareados en el muelle, a guardias permanentemente en actividades de ocio, a los habitantes de los alrededores y más allá de la esquina de Miss Lilian.

Cerca de la casa de mi abuela Manuela, unos treinta minutos después de las cinco campanadas, se detuvo bajo los leves rasguños de la sombra del centenario árbol de Laurel de la India, un poco más allá del florido jardín de doña Rosa Bermúdez. Su mirada se perdía hacia el oeste, en dirección a la Isla del Venado. “Mirá, mirá el paisaje más bello de la bahía”, dijo. Vi los colores del veraniego atardecer caribeño, el sol desvaneciéndose sobre la Isla del Venado.

El paisaje más bello de la bahía
“¡Fíjate bien, fíjate bien!”, agregó señalando la Isla de Miss Lilian y su isla chiquita. En el horizonte el sol se entronizaba sobre la Isla del Venado, dominando el espacio que separa a la isla de Miss Lilian de su isla chiquita, pincelando de color naranja acaramelado el cielo y las aguas de la bahía.

Recuerdo a mi abuelo cuando quedó solo, luego que falleció mi abuela Manuela; por las tardes se sentaba en una mecedora en el corredor eterno de su casa en El Bluff, esperando como un enamorado extasiado, aferrado a un andarivel para levantarse en el momento preciso y, sobre las barandas de concreto, ver una vez más el paisaje más bello de la bahía.
           
En unos de mis viajes fugaces a Bluefields y El Bluff, reviví estos recuerdos que ahora comparto. Como lo hacia mi abuelo, convencí al panguero para que esperáramos el momento preciso para zarpar y, con mi cámara fotográfica, atrapar para toda la vida el paisaje más bello de la bahía de Bluefields.

Ni tormentas, ni huracanes, ni piratas y bucaneros globalizados, ni hijos del Caribe que someten a miserias infrahumanas a sus pueblos, podrán ponerle fin al paisaje más bello de la bahía. Nunca, jamás lo harán, porque son incapaces de admirarlo. Y si un día lo hicieran, el sol no volvería a salir.

jueves, 11 de septiembre de 2014

EN DÍAS LLUVIOSOS



 
En días lluviosos recuerdo mí puerto.
Corriente terrosa surcando la bahía,
ramas y troncos con animales saliendo por la barra hacia la mar.
Estibadores en el muelle tiritando todo el día,
estudiantes en resguardo bajo el alero de la aduana.

Cruzábamos en barcos pos-pos la bahía.
El capitán sin divisar la Isla del Venado,
Half Way Cay, ni la costa norte.
Al calor del motor abríamos libros,
sesiones de estudio hasta llegar a Bluefields.

Con paraguas y capotes nos cubríamos,
corriendo en zigzag entre aceras y corredores.
Maestros y hermanos cristianos nos esperaban,
conscientes del peligro de la travesía que hacíamos.
A tormentas de días lluviosos no temíamos.

Por las tardes jugábamos fútbol bajo la lluvia,
campo encharcado, explotando el lodo al patear la pelota.
Corríamos en la arena, gritando embebidos de alegría.
Nos juntábamos entre amigos por las noches,
con luz y calor de candelas jugábamos naipes: Pedro y desmoche.

El Bluff fue mi cálido hogar en días lluviosos,
un lugar donde muchos crecimos felices.


10/9/2014