jueves, 30 de junio de 2022

TORMENTA TROPICAL BONNIE

 


Estamos a menos de 30 horas para que la tormenta tropical Bonnie ingrese a Nicaragua. Según los últimos reportes meteorológicos, tocará tierra por San Juan de Nicaragua, pasará al sur de El Castillo y San Carlos, entrará al territorio de Costa Rica con una trayectoria hacia el Oeste, pasando por Caño Negro, Upala, Los Chiles y Cuajiniquil, posteriormente saldrá al Océano Pacífico.

En toda su trayectoria, afectará con fuertes lluvias y vientos, desde Karawala hasta Limón en Costa Rica. Ingresará al lago de Nicaragua donde afectará el archipiélago de Solentiname y la Isla de Ometepe, y San Juan del Sur en Rivas. Esta trayectoria es similar a la del huracán Otto (2016) que entró por la Reserva Indio – Maíz y fue desviado hacia la región fronteriza de Costa Rica.

Desde que el Centro Nacional de Huracanes pronosticó que no entraría como huracán al territorio nacional se ha dado un alivio en la población. Con las personas y amigos que he conversado dicen que el Juana si fue un verdadero huracán que afectó a las comunidades y colonias de Nueva Guinea, al igual que el casco urbano. No esperan que la tormenta afecte mucho a la infraestructura local, pero todos coinciden que las fuertes lluvias provocarán inundaciones en las áreas vulnerables como Caño Chiquito y todos los ríos, caños y quebradas del municipio. Allí está el mayor riesgo, inclusive en el casco urbano por la saturación de los cauces.

Mucha gente se ha estado preparando con el desrame de árboles en sus patios por el temor que sean derribado por los vientos. Trabajadores de la empresa de cable han estado bien ocupados debido a que tienen que reparar los cables, al igual que las brigadas de Dissur. Cables que han sido cortados debido al desrame de árboles en todos los barrios de la ciudad. Al lado del tramo de la Fifi, cerca de Bancentro, vi que estaban desramando un árbol antiguo al igual que en varias casas de ese sector hacia el oeste.

En el mercado y otros centros de compras la gente ha acudido a abastecerse sin muestras de pánico. Los habitantes saben que deben prepararse con bolsas de plástico, plástico negro, provisiones, botiquín, lámparas de mano y baterías.

El ambiente en la ciudad de Nueva Guinea, en este día soleado, se nota relajado. Nueva Guinea se prepara y espera al Bonnie.

 

30/06/2022

martes, 21 de junio de 2022

CREADORA DE FELICIDAD

Son sonrisas de satisfacción, eso es lo que pienso al ver las amplias sonrisas de los clientes de mi hija cuando retiran sus pasteles. No importa el tamaño, el peso, el tipo ni la forma del pastel, porque siempre se dibuja una amplia sonrisa en sus rostros al tenerlo por primera vez en las manos.

Y los veo, así, sonrientes, de pie en el corredor de la casa. Cuando Emiljamary hace la entrega siempre dan las gracias con esa sonrisa característica de felicidad, de agradecimiento, aunque paguen por el pastel, la gratitud dibujada en la plenitud de la sonrisa, sonrisas plenas, y así, sonriendo se retiran ya sea en motocicleta o en vehículo para disfrutarlo con el agasajado, con el cumpleañero, con la mamá, con la hija, el hijo, la amiga, el novio, la amante, o el padre, el abuelo, la abuela, la familia.

Pienso que en el trayecto esa sonrisa no se apaga, va por las calles de Nueva Guinea como una estela de felicidad que deslumbra a los caminantes hasta llegar a su destino, y allí se multiplica, explota y  contagia a los participantes del festejo. Y de eso es lo que la labor de mi hija se ocupa.

Es creadora de pasteles, de felicidad, no sólo en los que consumen sus pasteles sino en el entorno en que trabaja, en mi casa, su casa, llena el ambiente de alegría, de felicidad, y siempre voy a ella después que escucho desde mi oficina para darme cuenta de que es lo que le causa esa gran carcajada que comparte con Emilce, su mamá, mi mujer, y me contagia de esa dicha que crea al combinar los ingredientes de los pasteles, cuando entran al proceso del horno, al hacer los decorados con aquella paz y tranquilidad requerida para que sean una obra de arte. Ella en su labor, creando, relajada y feliz.

Luego, cuando ha finalizado, después de muchas horas trabajando con esmero, la veo pasar con el pastel en sus manos creadoras para colocarlo en el sitio que ha elegido y tomarle la foto para compartir su obra en su página llamada “dulces para el corazón”.

Los admiro, me encantan. Y más aún cuando provoca esas sonrisas con su trabajo, sonrisas que veo, indicadores de satisfacción de sus clientes, que van por el camino llenos de alegría y festejan con sus seres queridos. La felicidad se hace, se moldea y se transmite.

Y yo me lleno de ella, siempre espero a sus clientes para ver la sonrisa dibujada en sus rostros, el indicador de la felicidad que con sus manos hace mi hija.

 

20 de junio de 2022. 

domingo, 29 de mayo de 2022

¡NO TE VAYAS MAYO YA!

 


Mis amigos han publicado libros sobre la historia del Palo de Mayo. Uno dice que el otro le ha plagiado y que no le cita en la bibliografía. Los poetas sin paga han elevado al cielo sus sentimientos sobre mayayalasinki, túlulu, sinsaimasinmailo y lanchtanova. Y los pagados solo ven los colores del dinero.

Y así todos celebramos Mayo Ya, cada quien a su manera. Unos bailando, otros haciendo círculos entre bailarines alrededor del palo, muchos entre el tumulto van y vienen hasta pasar debajo, passanda, y no importa si estás sereno, con tus sentidos en alerta, o si andas hasta los pelos vomitando por las calles: ¡breda!, es la fiesta de Mayo.

Y ahora se nos vienen de todos lados, descubriendo nuevamente lo descubierto por vos, por nosotros y por aquellos que ya se fueron y están ausente en este Mayo Ya. La ciudad se viste como nunca antes para acogerlos, para agasajarlos, para fulminarlos de dicha, de algarabía al ritmo de comparsas, al son de los tambores en las calles, barrios, plazas y parques porque estamos orgullosos de nuestra tradición, y por ellos en nuestras casas se mete el Palo de Mayo, en nuestro cuerpo, es nuestra sangre, es nuestra cultura, es nuestra tradición.

Y se acaba la noche y vuelve el día con el mismo son, el mismo ritmo, el mismo sentir, exaltado por los colores y la pintura de la ciudad, un fin se semana vienen unos y otros se van, singsaimasinmailo. Un mes de bacanal breda.

Un mes dormido, con el dios Baco enaltecido, y en la casa terminamos con los bolsillos volteados sin monedas, mayayalasinki, porque no aprovechamos como muchísimos otros el montar un emprendimiento, no vendemos güirilas, ni quesillos o queso, ni verduras colocadas en canastos en la acera, nos lentiamos. ¡Yufela!, otros se llevan nuestro dinero.

Y se acaba el mes, no te vayas, vení, quédate, que la dicha que nos das sea eterna, que esta celebración por la fertilidad no termine, porque mañana, mañana Mayo Ya, el cielo amanecerá gris, lluvioso y saldremos a las calles barridas y descoloridas con la misma tristeza y desdicha que vive en nuestro corazón los otros once meses del año. ¡No te vayas Mayo Ya!


29 de Mayo de 2022
Mes de Mayo Ya.

domingo, 15 de mayo de 2022

HOMBRES AFORTUNADOS



Mi amigo va de regreso al río.

Las mujeres de su comunidad nadan medio desnudas.

Los hombres llevan puestos pantalones de dril azul

para evitar los piquetes de zancudos.


Nada de eso es sexual, digo.

¡Son mujeres sencillas!, responde sonriendo.

Cabello negro a la cintura, brazos fuertes, 

cintura estrecha y anchas caderas: bellezas del río.


Los hombres llevan la biblia bajo el hombro

y van al culto con camisas de manga larga.

Ellas usan faldas voladas y asisten tomadas

de sus manos: oran y cantan con convicción.


Son activas y trabajadoras. 

Despiertan a las cuatro y a las ocho duermen.

Hacen labores domésticas. 

Ordeñan, cosechan maíz y frijoles,

arrancan yuca y recolectan café.

Ellos reposan en hamacas.


¿En realidad?, pregunto.

Sí, ellas no usan teléfono menos internet. 

Él ríe como colonizador.

Estrecha mi mano y da palmadas en mi espalda.

¡Los hombres que vivimos cerca del río

somos afortunados!, dice con orgullo.

 

Viernes, 13 de mayo de 2022.
Foto: Miguel Barrera. 

domingo, 8 de mayo de 2022

UN CANTO DE TRISTEZA



Esta ciudad se rompe en dos,

con un río y diversos cauces a sus lados.

Un sol solitario y ardiente,

enciende ánimos en el frenético gentío

que por sus calles va y viene.

 

Y cuando llega la lluvia todo lo inunda,

la pista del pasado, las calles y los cauces.

Los carros y los taxis como bestias enojadas,

transitan por las calles pringando desgracias.

 

Al anochecer una luna triste muestra su destello.

La brisa fría llega desde el río,

golpea el cuerpos de los habitantes

que bajo mantas sienten el sudor del techo

cayendo sobre el plástico negro que protege sus sueños.

 

A lo lejos, están los árboles esbeltos,

solitarios en el campo y entre los techos,

y en la memoria de los ancianos que los tumbaron.

En el silencio de la extensión abierta,

el canto de los pájaros,

se escucha sin fuerzas.

Es un canto de tristeza.


Domingo, 8 de Mayo de 2022.

Nueva Guinea, RACCS.



jueves, 28 de abril de 2022

LA VIDA SIGUE SIENDO BUENA

 


Estamos llenos de esperanza,

está en nuestro ADN.

Siempre esperamos confiados

y pretendemos ser felices sin causa.

 

En una rama cubierta por la oscuridad

de una mañana gris en un mundo furioso,

un pajarillo va de rama en rama.

Comienza a cantar, deja escapar un trino,

una canción hacia el cielo,

"chiowichu, chowichio, chiowichu",

reclamando lluvia con su canto.

 

Otros pajarillos lo persiguen,

de rama en rama, no están de acuerdo.

Lo atacan hasta expulsarlo del árbol

cubierto de la neblina mañanera.

 

Con la misma esperanza vuelve a cantar

"chiowichu, chowichio, chiowichu",

desde otro árbol que lo acoge.

Desde el cielo se escucha un trueno

y, poco a poco, comienza a llover.

 

Esa es la prueba, allí está materializada

la esperanza, abrigar un deseo con anticipación.

Un optimista loco ha hecho el milagro.

“Miren, hice que sucediera”, dice con alegría.


Los contrarios también se regocijan.

La vida sigue siendo buena.



28 de marzo de 2022
Nueva Guinea, RACCS.
Foto Propia.

miércoles, 20 de abril de 2022

EL HOMBRE DEL BASTÓN HA MUERTO

 

El hombre sostiene un saco de bramante con su mano izquierda y con la derecha un palo de escoba que le llega casi al hombro. Lo usa de bastón. Da un paso inquietante, es un paso tembloroso, un paso que casi se sale de la línea de sus pasos, pero el palo lo mantiene en equilibrio. Así avanza con el saco y se dirige al andén del parque.

Va a subir las gradas de la esquina noroeste. Sube su pie izquierdo en el primer escalón y con fuerza se apoya en el bastón. Levanta su pie derecho y sube. Mantiene el aliento y exhala, un esfuerzo que se muestra en su rostro moreno, rostro de abandono, arrugado por el paso de los años. Es un hombre delgado que cubre su cabeza con una gorra.

Así, poco a poco, sube las siete gradas para acceder hasta el andén. Culmina y se detiene, vuelve a respirar. Desde allí observa dos esquinas, pero no puede observar la que ocupa el vendedor de frutas. Decide cruzar el parque y se dirige al andén del centro. Va en dirección a la caseta de los lustradores.

Son las seis de la mañana y la neblina aún no se disipa. Las palmeras, los almendros y las acacias desprenden gotas microscópicas que caen en el andén, sobre los laureles y los hibiscos, manteniendo la frescura de esa manzana de terreno que en otros tiempos fue el centro de Nueva Guinea.

En la acera de las casas del costado norte, varias mujeres barren la cuneta, recogen la basura en medios barriles de plástico y sacos, y una la barre hasta la acera del parque para que la empleada de la comuna la coloque en el contenedor que se encuentra ubicado a un lado de la calle.

El hombre del bastón en su andar tembloroso también recoge basura, pero de otra índole. Ese es su mayor esfuerzo: sostenido del bastón, que tiembla por su peso, se agacha lentamente, toma la botella, se incorpora y la coloca dentro del saco. Un gran suspiro es el premio a su esfuerzo. Se esmera por levantar botellas de plástico, principalmente aquellas que fueron abandonadas por la noche entre las bancas y andenes, botellas de refrescos y de aguardiente, latas de gaseosas, de jugos y de cerveza. Son las muestras del disfrute de bebedores nocturnos que se ubican en las bancas del costado norte y en los alrededores de la glorieta. Un paraíso que por las noches les brinda invisibilidad aparente.

Frente al puesto del frutero, bajo la sombra de un árbol de aguacate, al lado de una banca, hay varios sacos acomodados y amarrados. El hombre baja del andén y camina hacia ellos por el suelo pelado, sin grama, sobre la tierra desnuda, entre la sombra de los árboles. Los observa con detenimiento como sacando la cuenta de su contenido.

Otro hombre se le acerca. Ha aparecido por el lado de la esquina suroeste, proveniente de la calle central. Es un hombre más corpulento, cabeza redonda con abundante cabello negro tendiendo a cano que la mantiene siempre viendo el suelo, con el rostro surcado por arrugas y muestra una sonrisa como si hubiese sido tatuada permanentemente. Es un poco más bajo que el del bastón. Lleva ropa que aparentemente no se cambia en días. 

Son hombres sencillos, de hábitos etílicos sin duda en el pasado, pero se ven contentos al estar juntos. Me doy cuenta de su camaradería y sigo en mi caminata, pensando en ellos. Me pregunto de dónde son esos hombres desgastados por la vida, ¿si tienen familia, sabrán de ellos? Quizás tenían mujer, su esposa, y posiblemente las vueltas que da la vida los separó de ellas por distintas circunstancias como suele suceder. La vida en un instante da un giro y se torna brutal, arrastrándonos hacia un abismo oscuro y doloroso que doblega nuestra voluntad.

Poca gente circula por el parque a esta hora. Varios chavalos juegan futbol en la cancha, son los que gritan y ríen, y dos o tres mujeres trotan por el andén, dando las vueltas que tiene programadas en su rutina diaria. Los trameros se están desperezando, el frutero levanta la carpa lateral del tramo para comenzar a trocear las frutas de la venta mañanera. Los vigilantes cambian de turno y la mujer de la limpieza sigue en su afán de rastrillar y recoger la basura que luego deposita en el contenedor.

El hombre del bastón ha bajado las gradas en compañía del otro hombre. Han cruzado la calle y se encuentran a la orilla del muro perimetral hecho con piedras canteras de una casa vecina. Sobre el muro hay varias tablas viejas recostadas en un ángulo de casi 45 grados que dejan un espacio en la base de casi dos metros de ancho con la pared, todas cubiertas con ramas secas de palmeras. Desde el lado izquierdo, el hombre del rostro arrugado y de sonrisa permanente, ayudado por el del bastón, aparta ramas de palmeras, ramas de otros árboles ya secas y plástico negro que han sido colocados como tapadera del espacio que se forma adentro, entre las tablas y la pared del muro. Es la guarida del hombre del rostro arrugado y sonriente, es amo y señor de su mansión. Sacan bolsas de plástico quintaleras y más sacos. Conversan entre ellos, se notan contentos. Los toman y vuelven a caminar hacia el parque.

He dado ocho vueltas y ahora han trasladado a la caseta de los lustradores todos los sacos con su contenido valioso. La camaradería aflora entre ellos. Allí, en esos sacos está el esfuerzo de recolección de la noche, la madrugada y las primeras horas de la mañana. El hombre del bastón es el principal recolector y descansa en el corredor de una de las casas de los alrededores del parque durante las noches para protegerse de cualquier delincuente desbocado y violento que circule o frecuente el parque.

Son hombres gastados por el tiempo que ahora viven de la recolección de desechos para venderlos en un puesto de acopio que luego vende a un intermediario que se los vende a otro y así, hasta que al final llegan al centro de reciclaje. En sus rostros se nota la alegría al contar el esfuerzo de una noche y una mañana.

En sus conciencias cargan las consecuencias de las decisiones que un día tomaron, pero en ese ambiente y entorno, están contentos. Viven su vida y son felices a su manera sin que ningún egoísta y malicioso oportunista, por el momento, trate de destruir el modo en que se ganan la vida. 

Su vida se ha apagado hace tres días. Su compañero recolector me lo ha dicho hoy por la mañana. Con razón, le dije, tengo dos días de no verlo. Le agarró algo feo, como basca y no podía respirar. Lo llevaron al puesto de salud y luego al hospital, allí falleció, dijo.  La vida de Pedro José Marenco Medina, llamado "chabelo", se ha apagado. Lo extrañare todas las mañanas en mi caminata por el parque. Descansa en paz.


Martes, 19 de abril de 2022
Nueva Guinea, RACCS.
Foto propia.
Actualizado 18/11/2023. 

viernes, 8 de abril de 2022

45 AÑOS DESPUÉS

 

Emilce remendaba mis pantalones sentada en la cama, poniéndoles hilos nuevos en los mismos orificios de la costura de los lados para que durarán un poco más, después de años de no poder comprar jeans nuevos. También les cambiaba el elástico a mis calzoncillos para que no se me bajaran. Yo la miraba deslumbrado, como todos los días, no era para menos. Siempre fue una mujer bella.

Tenía el cabello corto, ondulado con un mechón que caía sobre su frente. Sus labios finos de color rosa mostraban una amplia sonrisa, sus ojos color de miel mostraban el brillo de los míos, su piel clara y tersa y su cuerpo esbelto y firme, era un cuerpo de atleta. Bien podía haber enamorado a cualquier hombre, incluso muy adinerado, pero se decidió por mí.

Ella siempre olía a limpio, a frescura. En casa no faltaban detalles que hicieran sentirme a gusto, en esa casita de Juigalpa donde vivíamos en tiempos de postguerra, una casa pequeña y calurosa, y si no fuera por ella se hubiera transformado en un infierno.

Eran tiempos de muchas carencias, de temores y desesperanzas, pero en nuestra casita nada de eso nos desanimaba. Todo por Emilce. Por ella salí de Juigalpa, me vine para el trópico húmedo, abandoné todos los años de vida en esa ciudad, años de trabajo intenso de hasta tres empleos, por las mañanas, por las tardes y por las noches, para poder sobrevivir con nuestros chavalos.

Ella siempre estuvo a mi lado aun cuando me quedé sin empleo en un ambiente hostil, y con su trabajo y sus emprendimientos logró mantener a flote a nuestra familia. Todo ello me hizo ver que nadie puede quitarte tus ideales y, muchos menos, la voluntad y amor que sentimos.

Hoy la sigo viendo de la misma manera. La veo activa en casa, pendiente de todos nuestros hijos y nuestros nietos, cuidando sus plantas y tomando iniciativas que a todos nos brindan un puerto seguro. La veo caminar en los alrededores del patio de nuestra casa y no sé qué haría sin ella, aunque a veces los nietos digan que dejemos de pelear. La conocí un 5 de abril y hoy, 45 años después, la sigo amando.

 

viernes, 8 de abril de 2022
Nueva Guinea, RACCS.