martes, 3 de febrero de 2015

"CUANDO VENIMOS A NUEVA GUINEA, VENIMOS A SUFRIR"



Ronald (R): Nos encontramos con el señor Donald Ríos Obando, uno de los primeros fundadores, que nos va a conceder una entrevista en el marco del 50 Aniversario de la Fundación de Nueva Guinea. Cuéntenos en qué fecha vinieron.

Donald Ríos Obando (DRO): La fecha en que llegamos a la orilla del Río El Zapote, en El Salto, fue el 5 de marzo de 1965. Nos llevó cinco días de viaje, desde nuestro lugar de origen hasta llegar a El Zapote.

R: En el caso de usted, ¿de qué lugar venía?

DRO: Yo venía de Somoto Grande.

R: ¿Fueron 17 los primeros colonos?

DRO: Los primeros fuimos 17, incluyendo dos mujeres; veníamos 5 de Somoto Grande y venían 12 de Carazo, y venían las dos mujeres.

R: Y de esos 17, ¿cuántos se encuentran con vida en la actualidad?

DRO: De los primeros 17 vivimos 4.

R: ¿Quiénes son?

DRO: Está Reynerio Cadena Obando, Nicanor Velázquez, Víctor Ríos Obando y yo, Donald Ríos Obando; 4 de la primera columna.

R: ¿Cuáles fueron los primeros retos que ustedes enfrentaron a su llegada a Nueva Guinea?

DRO: El primer reto fue que, cuando llegamos a esta montaña, realmente desconocíamos porque veníamos de lugares secos, de lugares que se compraba en cualquier lugar y venirse a asentar a una montaña donde no encontrábamos, digamos, aquí abundaba la carne, pero no había el bastimento. Entonces, nosotros aquí, íbamos a pescar, metíamos el anzuelo y ahí venía el pescado, los guapotitos, las mojarras, los sábalos; eso era una belleza: tirábamos un pavón, una guatuza, un jabalí o un chancho de monte. De eso aquí había de sobra, pero el problema que tuvimos nosotros fue el bastimento, ¿dónde hallar tortilla?

R: Acostumbrados a tortilla, sin guineos, sin plátanos. Y con frío, con la lluvia, ¿no?

DRO: Eso fue de las otras condiciones: la lluvia. Aquí, en ese entonces, llovía mínimo, mínimo, diez meses sin cesar, un agua como la que acaba de pasar hace unos cuatro días, no un agua ofensiva pero sí permanente. Más el problema de que no sabíamos dónde hallar comida, porque nosotros decimos “comida” cuando estamos hablando de arroz, de frijoles, de tortilla; nos hacía falta también aceite, jabón, sal, azúcar, esas cosas no las teníamos.

R: No venían con provisiones.

DRO: No veníamos con suficientes provisiones; los puchitos que traíamos cargando nos duraron como unos diez o quince días. Después viene el problema. Ahí es cuando nosotros tenemos una gran decepción: de los primeros 17 se fueron 12; quedamos 7. De Carazo sólo se quedaron 2 y de los de Somoto se fueron, pero no se fueron de viaje, sino que fueron a traer a su esposa; ese fue el caso de Víctor Ríos y de don Marquito Alvir que también fue a traer a su esposa. Eso era necesario porque nosotros aquí teníamos que lavar nuestra ropa, buscar cómo hacer nuestra comida. La gente de Carazo dijo “bueno, aquí, esto es confites en el Infierno, nos vamos” y no volvieron. Nosotros desconocíamos que Miguel Torres había hecho contacto con el doctor Mejía Ubilla, que era Presidente del Instituto Agrario Nicaragüense y, como esto había nacido con la Alianza para el Progreso, era un proyecto que desconocíamos. Cuando venimos aquí, venimos realmente a sufrir. Pero quiero decirte que nosotros aquí, en Nueva Guinea, si vos la ves, históricamente Nueva Guinea es un kilómetro cuadrado y vas a ver que sus calles son rectas. Es ahora que los alcaldes la curvearon porque allí esta esa calle de aquí a los cien metros hay una curva, pero esa la hicieron los trabajadores, los ingenieros de la Alcaldía, pero aquí esto es recto.

R: Se delimitó.

DRO: Se delimitó por cuatro ingenieros. Aquí hay 20 cuadras completitas.

R: Que son el casco histórico.

DRO: Que es el casco histórico de Nueva Guinea.

R: La zona 1, la 2, la 3 y la 4.

DRO: Correcto, eso es todo. Lo demás nació con los problemas. Esos problemas grandes que había… En el mes de abril, a finales de abril trajeron más gente, de León, de Carazo, y vinieron cantidades de gente, pero debido a la lluvia y a la problemática, no hallaba las condiciones y mucha de esa gente se regresó, pero se quedó una parte y así pasó todo ese año. Se pasó trayendo gente el Instituto Agrario. ¿Cuál es la problemática?, estamos hablando del abastecimiento. El Instituto Agrario mandó camiones cargados con mercadería a dejarlos ahí donde doña Engracia López Lazo, una señora que acaba de fallecer.

R: ¿En qué lugar vivía ella?

DRO: En El Espavel buscando El Rama. Ahí había un lugarcito un kilómetro antes de llegar al pobladito de El Espavel; ahí nos apeábamos, es decir, veníamos a salir a El Coral. En ese entonces lo que se hizo fue que se compraron unas mulas y se buscó a unos muleros, entre esos a Ramiro Luna y al que le decían El Chon Güateras, ya falleció también. Esos fueron los que se encargaron de traer las provisiones para acá y de esa forma quedó más gente. El problema es que había gente que había traído niños y eso sí era grave, porque un niño aquí, sin leche, sin avena, sin nada, pues. ¡Imagínate! Entonces después, uno de los problemas más grandes que sufrimos después en Nueva Guinea fueron las enfermedades diarreicas porque no teníamos la cultura de los excusados.

R: Las condiciones higiénicas y sanitarias.

DRO: Sí, y por otro lado las lluvias. Pues, como te digo, la fundación de Nueva Guinea fue de alegría y de sufrimiento, por otro lado. Pero aquí hubo una cosa buenísima: donde está fundada Nueva Guinea, y donde están la mayoría de sus colonias, eran tierras nacionales; no venimos a perjudicar a nadie, por eso no tuvimos problemas.

R: A nadie se le quitó tierras.

DRO: A nadie se le quitó tierras. Por ahí nosotros no tuvimos problemas. El problema de nosotros fue con la adversidad de la zona, la lluvia, los mosquitos, las culebras; el primero que falleció aquí fue mordido por una serpiente, una terciopelo, fue el primero. La primera mujer que murió aquí era mi esposa;murió de que no pudo dar a luz, porque no había condiciones y no teníamos partera bien entrenada, mucho menos teníamos médicos. Esos eran los problemas que nosotros teníamos.

R: Estamos hablando del inicio, ya con el PRICA.

DRO: Ya con el PRICA. Cuando te digo de esas comidas que traían ahí, ahí lo que venía eran productos que daba la Alianza para el Progreso.

R: ¿Cuáles son los tres principales problemas que considera que sufrieron los primeros pobladores de Nueva Guinea?

DRO: Uno, la salud, porque no teníamos médicos, no teníamos medicinas; aquí se morían los niños, se enfermaban y se morían por falta de medicina. El otro problema, y lo sentíamos como lo sienten los campesinos, era la falta de caminos; nosotros deseábamos tener una carretera para viajar, porque antes se llevaba uno para salir tres días, los que caminaban más suave se llevaban más tiempo. Después, la falta de crédito para desarrollarnos; ese se nos concedió porque se creó un banco que se llamaba Crédito Supervisado que era parte del Banco Nacional. Crédito supervisado con el IAN con fondos del BID; te daban dos vacas paridas, no es que te daban lo que vos pedías, dos vacas, un caballo y cuatro rollos de alambre. Esas eran nuestras necesidades más sentidas.

R: En esa época.

DRO: En esa época. Porque nosotros de alguna manera resolvíamos, digamos con el agua, para nosotros aquí los ríos, pues.

R: ¿Hacían pozos?

DRO: Hacíamos pozos, pero en el campo no sientes que el agua que estás tomando tal vez está contaminada. Con tal de encontrar el agua. Entonces, eso no era tan de primera necesidad como era el otro problema: pertenecíamos a El Rama, entonces para asentar que se había muerto un niño, no teníamos dónde. Teníamos que ir a Rama y nadie iba porque no teníamos plata, hay que ser honesto. La otra necesidad que nosotros planteamos fue ¿quién nos iba a comprar los productos? A eso tuvimos respuesta en el año de 1968 porque en cuatro lugares pusieron silos, el que antes se llamaba INCEI; entonces ahí nos compraban los productos y ya hubo una respuesta. Pero la carretera la seguimos gestionando y te digo que gracias a los desastres nacionales que se dieron en Nicaragua tuvimos carretera.

R: ¿Cómo El Cerro Negro?

DRO: Esa fue la primera, en 1970, El Cerro Negro. Nosotros teníamos la pista. Entonces vino el diputado Pancho Papi, vino el Obispo de León y una Delegación. Nosotros les hicimos una presentación de todos los productos que aquí se cultivaban; se fueron encantados de ver todo lo que aquí se daba. Había un periódico de Somoza que se llamaba Novedades y en primera página salió ahí: “Nueva Guinea, la tierra de la que fluye leche y miel”. Entonces todo mundo se fijó en Nueva Guinea. Pero estamos hablando de 1970; pasamos 5 años aquí sin camino.

R: Sin comercializar y con un montón de necesidades.

DRO: Primero fueron las necesidades, después se dio el terremoto y entonces ahí hicieron la carretera; así es como nos vino la carretera a Nueva Guinea.

R: De La Curva a Nueva Guinea. ¿En 1972 la inauguraron?

DRO: Sí.

R: Entonces, ya con el IAN, ya con las colonias, ya con la carretera, ya la situación cambia totalmente.

DRO: Es correcto.

R: Ya tienen condiciones mejores, están felices, comercializan, hay un progreso, ¿o no?

DRO: Hay un progreso. Como ese ya fue un proyecto con el Banco Mundial, ¿verdad?, dijeron “bueno, vamos a hacer un hospital”: dos manzanas ahí y se hizo el hospital. Nosotros le decimos hospital; es un centro de salud con camas, pero como nos dijeron que era hospital le seguimos diciendo hospital.

R: Ya con todas esas condiciones, después triunfa la Revolución Sandinista en la zona, cuéntenos cómo fue esa etapa aquí, a grandes rasgos.

DRO: Bueno, esa etapa en esta zona no se sintió mucho. Digamos al final, porque aquí, una columna que venía por la montaña fue aniquilada.

R: Jacinto Hernández, era.

DRO: Jacinto Hernández. Fue aniquilada, entonces aquí realmente no se conoció mucho de eso, pero con la euforia nosotros ya teníamos organizada aquí la célula y habíamos mandado 300 muchachos a la columna de aquí de la carretera, de El Rama, la que traía Pancho. Lo primero que pensábamos era querer ser Municipio, queríamos independizarnos.

R: ¿Eso es ya después que triunfa la Revolución?

DRO: Desde antes queríamos porque no teníamos dónde hacer las gestiones, como te digo, dónde ir a asentar.

R: Triunfa la Revolución ¿y qué pasa entre los años de 1980 y 1984?

DRO: Bueno, en 1979 nosotros hicimos un Comité de Defensa Sandinista (CDS). Ese comité fue el que se encargó de hacer las gestiones para que fuéramos una Junta de Gobierno. Llegamos a ser Junta de Gobierno en noviembre, pero sin ser Municipio; la Revolución aceptó que realmente Nueva Guinea tenía las condiciones para ser Municipio. Ahí es donde me nombran Coordinador de la Junta de Gobierno.

R: Primer Alcalde de Nueva Guinea.

DRO: Es correcto, primer Alcalde de Nueva Guinea. Esa fue una elección a mano abierta. Nosotros aquí ya teníamos una cooperativa, pero era una cooperativa agraria, todavía existe, está ahí en frente de la UNAG, La Unión Campesina, todavía existe. Aquí vinieron unos israelitas a formar cooperativas, porque en los países de ellos hay cooperativas. Nosotros ya teníamos conocimiento de eso, pero no se había hecho tan masivo. Con la Revolución sí, porque ya viene entonces eso de que hay que unir las tierras. Pero donde lo hicieron fue en Jerusalén, ahí con Tuno y otra gente que unieron sus tierras; otros no lo hicimos, nos quedamos en la cooperativa pero sólo como socios sin unir nuestra tierra. Se dieron un montón de proyectos, porque eso sí trajo la Revolución. Nosotros mismos, cuando pasamos a funcionar como Junta de Gobierno, en 1981 nos están declarando el primer municipio que creó la Revolución. Entonces ya nosotros trajimos todas las instituciones, porque ese era el problema, que no habían instituciones; donde no hay municipio no hay instituciones. Ahora en Nueva Guinea están todas las instituciones y nosotros en la Alcaldía comenzamos a hacer gestiones. Una de las primeras gestiones que hicimos fue la del agua potable. Metimos cartas en la Secretaría de Asuntos Municipales (así se llamaba antes) y al Banco Mundial. Nos aprobaron el proyecto y vinieron a hacer el levantamiento topográfico para el agua. Aquí éramos 3,500 habitantes en el casco urbano, entonces a la hora en que se inició el proyecto tuvimos problemas porque con la guerra Nueva Guinea creció.

R: ¿Estamos hablando a partir de qué año de la guerra?
       
DRO: En 1984 comenzó la gente a salir.

R: Comenzaron a evacuar a la gente a la montaña.

DRO: No, la evacuación fue en 1988.

R: En 1986, 1987, 1988.

DRO: Pero esa gente comenzó a regresar. La gente que se quedó aquí fue la gente que salió espontáneamente, que tienen su finca y ellos sacaron a su familia. Una familia que llega a un pueblo, ya es difícil que la hagas regresar. Ese fue uno de los problemas que hubo aquí con los finqueros y los parceleros. Se salieron y ya la mujer dijo “yo no me vuelvo a ir, me matan o me matan a mi hijo si se lo llevan, o me violan a mi muchacha”. Ese es un problema que se dio.

R: Sufrió la gente del campo.

DRO: Correcto, la gente sufrió en el campo, eso está claro.

R: Esa es una etapa entonces de contradicción, de conflicto, de guerra, de migración, cuando la gente se va para Costa Rica.

DRO: Y se fueron a la guerra unos, otros se fueron al Ejército, otros se fueron para otros municipios, otros para otro país.

R: Después tenemos los años de 1990, cuando pierde el Frente, ¿qué es lo más significativo para usted en esta etapa de los años de 1990?

DRO: La paz, la reconciliación, porque fíjate que Nueva Guinea, a pesar de que vivió unos ocho años, porque hay que ser honestos, nosotros en 1981, 1982 estábamos tranquilos; ya de 1983 para allá comenzó la guerra, hasta 1988… Y viene el huracán Juana que fue en 1988. Pero en ese tiempo también se dan los acuerdos de Sapoa y de Esquipulas, entonces aquí se hicieron comisiones de paz. Esas comisiones de paz jugaron un gran papel. Dábamos un documento de Presidencia de la República donde se le decía al alzado que si se retractaba nadie lo iba a tocar. No se hablaba con el alzado, se hablaba con los familiares, con los delegados de la palabra, con los pastores evangélicos. En esa forma fue que aminoró la guerra. Lo importante fue cuando todo el mundo entregó las armas y aquí hubo paz. Borrón y cuenta nueva. Para serte honesto, yo pensé, yo que fui Alcalde, los primeros 10 años y medio que tuvo Daniel Ortega yo también los tuve, pensé que aquí iba a haber cacería de brujas o pasadas de cuentas, y mira, gracias a dios, aquí no hubo nada. Porque realmente se cometieron errores de los dos lados, con la lengua, con la lengua de uno le pasaban la cuenta a uno, con la lengua del otro le pasaban la cuenta al otro, y entonces para mí esa desamistad estaba en la gente, pero aquí gracias a Dios la gente venía aburrida de la guerra, y la gente está aburrida de la guerra, la gente no quiere guerra.

R: Entonces esa es la etapa del decenio de 1990 y de los primeros diez años del 2000; de los gobiernos  neoliberales, ahora, en este nuevo contexto en el que nos encontramos, ¿cómo ves la situación de Nueva Guinea? Vemos que los campesinos están inconformes, la gente anda marchando en las calles. ¿Cómo ve la situación, usted que es de los colonos iniciales de Nueva Guinea?

DRO: Mira, yo te digo, en este momento yo creo que los campesinos tienen razón, en cuanto a ellos levantarse porque el gobierno no ha tenido la suficiente claridad de venir y decirle al campesino qué es lo que va a hacer y qué es lo que les va a tocar. Vinieron midiendo diez kilómetros a cada lado del río. ¿Qué hicieron?, poner a la gente alborotada: “¿cómo es esto?”, estás hablando de un carril de veinte kilómetros, dijeron, y después entregaron Nicaragua, como lo han dicho.

R: ¿Esa gente es parte de la misma gente que sufrió la guerra o no?

DRO: En parte sí, claro que sí. Ahí están viviendo unos que fueron comandantes de la Resistencia, ahí están. Pero, ¿qué es lo que sucede?, la falta de comunicación, la falta de acercamiento es lo que ha hecho ese problema. El otro problema es que el gobierno local, aunque yo digo que es el gobierno nacional porque si tiene empleados aquí tendría que mandarlos a esclarecer en qué consiste el proyecto. Más bien se les fueron arriba: ahí andan los de otros partidos, ahí en La Unión andaban dos diputados del PLI, andaban de Juigalpa y los de aquí. Y andaba un concejal que es del PLC. Esa gente anda hablando lo que ellos piensan, lo que ellos imaginan, porque ellos no se han sentado a platicar con el gobierno para decir “el proyecto consiste en esto”. Hay desinformación por los dos lados.

R: Y la desconfianza es peligrosa.

DRO: Sí, sí, por lo que les han dicho, pero ahora que se maneja, que vino Telémaco y les dijo aquí en URACCAN que lo más que se puede afectar son dos kilómetros de ancho, entonces la gente está más apaciguada.
                 
R: Pero la gente no deja entrar a nadie allí.

DRO: Ah, sí, porque le siguen manejando la problemática de los que andan con la bandera del medio ambiente, que van a secar el lago, es lo primero que te andan diciendo aquí los políticos y les andan diciendo que les van a expropiar sus tierras.

R: Esta es otra etapa del desarrollo donde ya hay una semilla de conflicto, digamos. A pesar de ese conflicto que sufre la gente del campo, de aquí a 15 o 20 años, ¿cómo ve la zona de Nueva Guinea?

DRO: La miro con mucho futuro. Precisamente hoy hablaba en un entierro con una compañera, y en la esquina, por el parque, allá antes era de Adolfo Hernández, tenía un taller de mecánica, tenía sucias las paredes y todo ahí. Y hoy que voy ahí están construyendo una casa de dos pisos, y antes habían construido otra casa de dos pisos, de la hermana del doctor Rodríguez. Estamos viendo el progreso que se está desarrollando en Nueva Guinea. Ahorita Nueva Guinea recibió el premio del mejor café Robusta, en Europa. Y debido a eso ahora se va a llegar a 10 mil manzanas de café. Otros están con el asunto del cacao. Eso quiere decir que están viviendo grandes proyectos para Nueva Guinea, como la piña, pues.

R: Entonces ve un futuro promisorio, siempre y cuando se resuelvan los problemas.

DRO: Que se resuelvan, que le paguen a la gente, pero el progreso no lo puede parar nadie.

R: OK, muchas gracias




martes, 20 de enero de 2015

NUEVA GUINEA: "50 AÑOS DE LUCHA CAMPESINA"



Entrevista realizada por Yuridia Jarquín en ocasión del 
50 Aniversario de Fundación de Nueva Guinea
Yuridia Jarquin (Y)
Ronald Hill Álvarez (R)

Y: Cuéntenos en que año y bajo qué condiciones vino a Nueva Guinea

R: Conocí por primera vez Nueva Guinea en el año 1986; trabajaba en el Gobierno Regional de la Quinta Región, producto de ese trabajo, hacía visitas de seguimiento y monitoreo a los municipios que en ese entonces eran parte de la Quinta Región. Después que terminó el conflicto militar, cuando terminó la guerra, en 1990, trabajé con el ACNUR (el Alto Comisionado  de Naciones Unidas para los Refugiados) y me desplacé a la zona de Nueva Guinea para atender a miles de familias que estaban en campos de refugiados en Costa Rica y en Honduras, que después del conflicto armado vinieron nuevamente a reasentarse en su lugar de origen, en este caso a Nueva Guinea. Atendía a esas familias en esas comunidades. Así logré conocer prácticamente toditas las colonias del municipio. Me enamoré de esta zona y me quedé trabajando aquí. Trabajé con la Alcaldía del municipio en 1992-1993, cuando era alcalde Orlando Baquedano, cuando recién se estaba estrenando la Ley de Municipio; ahí ya conocí un poco más la situación, la problemática del municipio y luego comencé a trabajar en un organismo internacional que se llama Ayuda Acción, con un proyecto de desarrollo rural que se implementó aquí del año 1993 hasta el año 2007, cuando finalizó el proyecto en la zona.

Y: ¿Cómo ayuda este proyecto al desarrollo de Nueva Guinea en ese lapso, de 1993 a 2007?

R: Viéndolo en retrospectiva, yo podría decir que ese proyecto, que duró 14 años, en los primeros años –trabajábamos en ese entonces con la UNAG como contraparte- su lógica era tratar de apoyar la reactivación económica de la zona después del conflicto, es decir en la etapa de posguerra, intentando reactivar la economía campesina y contribuir a la pacificación porque todavía después de 1993 había aquí en la zona grupos armados llamados recompas, recontras y revueltos; andaban en la zona operando. Esos primeros años del proyecto, de 1993 a 1996, se trataba de contribuir a reactivar la economía y lograr la pacificación, la reconciliación de la gente en la zona del municipio.

Después hay otra fase a la que nosotros llamamos de ampliación de la intervención, producto de la demanda de las familias en diferentes comarcas y colonias. Primero trabajábamos en pocas comunidades, pero con la intervención durante cuatro o cinco años, las comunidades cercanas a las localidades donde ya trabajábamos, demandaban que llegáramos a trabajar con ellos. Así fue que ampliamos el proyecto, ampliamos la intervención y comenzamos a trabajar en diferentes campos, ya no sólo en la reactivación económica con los campesinos, sino también en salud, educación, con la niñez, en actividades deportivas y recreativas con los niños y las niñas.

Del 2000 al 2007 cambió totalmente la lógica del proyecto, de acuerdo con las nuevas condiciones que se presentaban en la zona, porque ya no era la misma Nueva Guinea de esos primeros años, era ya una zona con un mayor crecimiento económico productivo, debido principalmente a la comercialización de productos campesinos, lo que se logró con la inauguración de la carretera pavimentada de La Curva a Nueva Guinea. Eso le dio un “boom” a la zona; yo recuerdo que en ese entonces comenzaron a entrar al territorio prácticamente todas las organizaciones que actualmente están, que no son ONG, sino principalmente micro financieras, centros de servicios agropecuarios, para atender a la población que demandaba los diferentes servicios. En esta etapa comenzamos a trabajar con organizaciones que fueron surgiendo, producto del trabajo que nosotros hacíamos en la zona, con las comunidades y los líderes comunitarios; comenzamos a trabajar con cooperativas, asociaciones, como la Asociación de Promotores y Parteras (APROSAPANG), y con convenios de colaboración con otros actores locales, el Ministerio de Salud, el Ministerio de Educación, etcétera. Trabajamos con un montón de organizaciones locales, buscando cómo fortalecerlas, porque nosotros ya visualizábamos la salida definitiva de nuestra acción en el territorio de Nueva Guinea, después de esa etapa de acción durante 14 años.

Y: Después de esos 14 años, ¿cree usted que Ayuda en Acción marcó una pauta para que Nueva Guinea se desarrollara?

R: Definitivamente creo que sí, hizo su parte como muchas otras organizaciones que trabajaban en la zona; ninguna organización se puede atribuir que ella es la única que ha contribuido al desarrollo local, todas cumplen con su rol, todas juegan su papel. En ese entonces, yo recuerdo, había una gran colaboración, una gran coordinación, una gran concatenación de diferentes organismos e instituciones que trabajaban juntas, independientemente de su visión del desarrollo local, buscando cómo complementar sus acciones para que hubiera un mayor impacto en beneficio de las comunidades y las familias de Nueva Guinea, al menos en las zona donde nosotros trabajábamos.

Y: ¿Con qué otras organizaciones se asociaron?

R: Se formó una asociación de productores de raíces y tubérculos; se construyó una planta procesadora en San Juan; a unos productores, una empresa de servicios múltiples que luego se transformó en una cooperativa, a la asociación para el desarrollo local de Nueva Guinea que se llamaba ADENG. Se apoyó a prácticamente todas las organizaciones, a COPROLECHE, APROSAPANG, a los PIPITOS, al MINSA, al MECD. Se apoyaba a la propia alcaldía para contribuir a mejorar las condiciones de tratamiento y recolección de la basura, con equipos y medios para poder hacer un trabajo más eficiente en el casco urbano. Se trabajó con las asociaciones de los barrios, con los comités de los barrios y con los comités de desarrollo comunitario en todas las comunidades donde trabajamos. Se benefició a un montón de gente; trabajábamos con 40 comunidades.

Y: Sabemos que en Nueva Guinea hubo muchos momentos, recuerda, usted como historiador (ya entrando en la parte de que sabemos que usted es un personaje en su municipio como historiador) ¿cuáles son los momentos que considera más fuertes que tuvo Nueva Guinea en el aspecto de desarrollo, en estos 50 años?

R: Aquí hay, yo diría, que tres o cuatro momento bien marcados. El primer momento cuando vinieron los primeros colonizadores, la colonización espontánea; cuando vinieron, cuando se asentaron aquí a la orilla de La Guinea Vieja, que no había condiciones y se trasladaron a la parte de El Salto, de El Zapote, donde ahora es el vivero, y ahí comenzaron a crear sus condiciones de vida y a demandar servicios por parte del gobierno de ese entonces, para que los atendieran. Eso hasta que el IAN materializó e impulsó el proyecto de colonización que conocemos como el PRICA, el proyecto Rigoberto Cabezas. Esa es una etapa, la espontánea. 

Después viene la colonización ya planificada que se dio con ese proyecto del PRICA con asesoría israelí y con financiamiento del BID, treinta millones de dólares de ese entonces. Se comienzan a formar las primeras colonias, siendo la primera de ellas Nueva Guinea, después las que quedan aledañas: Yolaina, El Verdún, Río Plata, Los Ángeles, Jerusalén, La Esperanza. Luego, la segunda etapa que nunca concluyó. La segunda etapa no concluye. La primera etapa se desarrolla y promueve el despale indiscriminado. Ese es el proyecto de colonización para incorporar tierras a la producción nacional de granos básicos, a través del despale; se financia granos básicos, ganadería, se prestan servicios, se construye red eléctrica, caminos, o sea, se hace la colonia como tal, siguiendo el modelo del kibutz israelí, con asesoría de los israelitas. Los israelitas tenían la asesoría y se hacen las colonias. Es el único municipio del país en el cual su delimitación política administrativa, además de la comarca, es la intermedia (entre comarca y municipio, entre comarca y distrito) que es la colonia, producto de esa asesoría, de esa visión del kibutz. Entonces ahí se concentra la población en la colonia, se les da vivienda, agua potable, educación, salud, los principales servicios, y queda alrededor la parcela para que pudieran trabajarla.

La otra etapa, la segunda, no concluye el proyecto por la guerra de 1979; cuando triunfa la Revolución Sandinista se paraliza todo, queda abortada la segunda etapa. Por eso encontramos todavía colonias que nunca fueron concluidas: La Salvadorita, Unión y otras que quedaron ahí a medio palo, sobre todo en el norte, en la zona norte; lo que es Kurinwas, San José y toda esa zona no concluye, la parte este y una parte del sur. Entonces se rompe la lógica esa y después se inicia un tercer momento del desarrollo de Nueva Guinea. 

Ese tercer momento es efímero, es corto, es de 1980 a 1984 que hay una paz relativa, se comienzan a organizar cooperativas, hay un auge, se quiere reactivar la economía con grandes proyectos (el cacao, el hule, etcétera) para poder desarrollar la zona. Pero comienza la guerra del decenio de 1980 y todos esos grandes proyectos que se tenían planificados para la zona se abortan, quedan abortados nuevamente. Se hace el conflicto militar, miles de jóvenes se van a la guerra, miles de familias son sacadas de la montaña; entre 1986 y 1987 son evacuadas a los asentamientos y, posteriormente, para remate, el huracán Juana en 1988. La zona queda prácticamente devastada; es una zona que queda herida, herida por el conflicto militar, herida, sangrando, entre la familia porque unos están en un bando y los otros en el otro bando, y en la misma comunidad, la lógica comunitaria se aborta, ya la gente no quiere saber nada, se van, unos comienzan a regresar para asentarse de nuevo, y es la etapa de los años de 1990. 

Lo más significativo de la etapa del decenio de 1990 es la carretera que viene y con ella todo lo que está detrás: más comercio, auge económico, más gente. Siempre lo he dicho: Nueva Guinea es un municipio productivo pero también atractivo, todo mundo quiere venirse para acá, se viene gente de la ciudad para Nueva Guinea. Nueva Guinea es también un municipio que no satisface aún las necesidades de su pueblo, de su gente; una inmensa mayoría de los jóvenes, que son el futuro, emigra, se va. Se van inclusive jóvenes que han estudiado en las comunidades su Primaria, que se hacen bachilleres y que son el futuro técnico-profesional; el recurso humano más rico se nos está yendo, los jóvenes se están yendo para Costa Rica y para otros lados, buscando alternativas de trabajo y empleo porque aquí no hay. A grandes rasgos, eso es el desarrollo en esas etapas de Nueva Guinea.

Y: 50 años de Nueva Guinea, ¿qué significan para usted como habitante, residente y colono de Nueva Guinea? Usted que ha dado seguimiento, que apoyó de cierta forma el desarrollo, ¿qué significan para usted los 50 años de Nueva Guinea?

R: Para mí son 50 años de lucha campesina. Eso es Nueva Guinea y sigue luchando, el campesino sigue en su lucha de poder labrar la tierra, de poder producir, de poder vivir en paz, de tener progreso, de tener bienestar para ellos y su familia, igual que la mayoría de los pobladores que estamos aquí. Nueva Guinea eso es; a nivel nacional, Nueva Guinea es 50 años de lucha campesina. Ha sido una lucha histórica del campesino. Hoy lo vemos todavía: la gente anda ahí manifestándose en contra del canal, porque la gente está desinformada, la gente no sabe, a la gente no se le explica, a la gente no se le consulta. Una de las principales cosas que tiene el campesino de nuestro país es la desconfianza: el que está quemado con leche dicen que sopla las cuajadas, entonces la desconfianza, la desinformación, es el escenario que nos encontramos ahora y que puede generar conflicto; esperamos todos que no se vuelva a dar en esta zona que ha sido tan herida por conflictos armados, por desastres naturales, que no tienen ninguna razón al final, todos estamos convencidos que no nos llevan a ningún lado.

Y: ¿Cómo se visiona Nueva Guinea en 50 años más?

R: No llego hasta allá. Todos quisiéramos tener una zona de paz, de desarrollo, de convivencia, de armonía, de progreso; donde podamos satisfacer todas las necesidades de la población, donde los jóvenes no se vayan, donde los ancianos tengan vida digna, donde las mujeres no sigan siendo marginadas, explotadas y maltratadas, donde todos vivamos en paz, rico, bonito, pero ese escenario, yo creo, aquí hay que trabajar mucho más para lograrlo.

domingo, 18 de enero de 2015

LA ODIADA LÍNEA DE LOS TREINTA



Todo lo tuyo me interesa,
aunque no te das cuenta
de tu timeline siempre estoy atento.
Siempre te espero porque
me agradas, me inspiras, me motivas
con tus pensamientos, tus ocurrencias,
tus fotos, las nuevas donde muestras
las arrugas que ahora como niña lamentas
por pasar la odiada línea de los treinta.
No lo sabes, pero si no lo haces, te extraño.
 
Tu alma vagabunda a mí alrededor
quiero hoy, mañana y siempre,
llenarla con palabras,
susurradas a tu oído,
niña siempre, jamás pasando los treinta,
como canciones de cuna,
alegrando tu corazón, erizando tu piel,
acurrucando tu alma de niña. 
Siempre niña, nunca más de treinta
aunque se te noten casi los cincuenta.

martes, 13 de enero de 2015

VUDÚ DAYS (Wilson, mi amigo)


Desde que desembarqué en el muelle de las pangas de Bluefields me di cuenta que pasaría un fin de semana inolvidable. El rótulo pintado en la pared superior del galerón que da acceso al embarcadero, dando la bienvenida en español, inglés y misquito, me recordó que pisaba territorio pluricultural y multilingüe, la tierra del “sontín”, del Obeah man y de creencias sobrenaturales.

Este viaje no era como la mayor parte de los que he hecho; lo hacía por la urgente necesidad de ver a viejos amigos y amigas en la última semana del año para despedirme de ellos.

    Tengo que ir para bañarme y lavarme en las aguas en mi vieja playa antes que finalice el año —le dije a ella cuando me vio con las maletas.
    Siempre andas creyendo en esas babosadas —respondió haciéndome la señal de la cruz en la espalda, como siempre lo hace cuando tengo que viajar. — Que te vaya bien —agregó.

Desde el primer día, después de la una de la tarde, me dirigí en compañía de Silvio Lacayo, Silvio, su hijo, y Fabiola hacia una quinta ubicada en las cercanías del suampo de Lara. Un charco de tierra roja explotó en miles de gotas cuando la camioneta negra se desvió del camino para entrar a la quinta. Se escuchó el sonido del aire comprimido de los amortiguadores asentándose en el lodo; los alrededores, grama, postes, alambre de púas y troncos de los árboles quedaron salpicados de rojo.

En el fondo del terreno sobresale el bosque secundario propio de las planicies caribeñas, prevaleciendo la oscuridad y las sombras, pero a medida que la mirada retrocede se observan rayos de luz que como intrusos calientan el ambiente. En el centro, al lado de un ranchito con techo de suita, crecen plantas ornamentales en macetas hechas de bambú colgadas entre ramas  que forman una escalera viva. Se nota el despale selectivo de árboles y arbustos recién plantados con flores de distintos colores a sus alrededores. “Este es tu santuario”, le dije a Fabiola luego que me mostró con exquisitez sus plantas, los cultivos de sandía, tomate y chiltoma que recién comenzaban a germinar.

Un tronco de madera plantado al lado derecho del ranchito me llamó la atención; Silvio Lacayo, el suegro de Fabiola, me llevó a verlo. Una vara cruza el tronco a forma de brazos de los cuales cuelgan macetas con flores como si fueran sus manos; igual en su base y en el borde superior como si fueran sus pies y cabello. En la parte frontal mediana, el tronco tiene puesto dos trozos de poroplast pintados con acuarela en forma de ojos y más abajo otro como si fuera su lengua; una bufanda se sostiene de la vara con un nudo como colgando de su cuello. “Esto es Vudú, es un muñeco de vudú”, le dije a Silvio Lacayo. “Se llama Wilson”, respondió; me tomó una foto a su lado y regresamos al ranchito.

    ¿Por qué se llama Wilson?
    Así le puso don Silvio —respondió Fabiola.
    Por Wilson, el de la película “El náufrago”, protagonizada por Tom Hanks —dijo Silvio.

En la película el actor pinta una cara en una pelota de basquetbol de la marca Wilson con su mano sangrante y la ubica sobre un tronco. El balón se humaniza. La historia es sobre un hombre, el náufrago, que sufre por mantener la esperanza en la soledad de una isla. Su relación con Wilson puede parecer absurda pero es una excusa para vencer el tabú de hablar solo, de vencer el miedo de caer en la locura y es eso, precisamente dialogar con el balón, lo que lo mantiene cuerdo.

En un momento en que se unieron al grupo otros amigos de Fabiola y Silvio, me acerque a Wilson; le confesé mis penas, toqué sus manos, le acomodé la bufanda, pedí por mis deseos. Al despedirme escuché con claridad el susurró del viento al caer la tarde: “ándate tranquilo”.

La conversación de la noche, ante mi insistencia sobre el vudú y luego de disfrutar un exquisito costillar de cerdo asado, giró en torno a temas relacionados con sucesos sobrenaturales como el que contó una amiga presente. “Abrí la puerta del portón del corredor y al encender la luz vi las machas de patas de gato pintadas con sangre en la pared, alrededor de las ventanas y la puerta. Desde ese día mi niña (la jovencita que estaba a su lado) y yo comenzamos a sentir desesperación si estábamos dentro de la casa, sufríamos de un intenso dolor de cabeza, no podíamos estar tranquilas, mucho menos cuando Juan, mi marido, llegaba de sus viajes desde la Desembocadura”.

Todos escuchaban atentos, iluminados por una tenue luz de luna; Silvio me volvía a ver incrédulo. “Sí, es cierto, tuvimos que buscar ayuda para que nos limpiaran la casa, encontraron cochinadas”, agregó la mujer sin dar más explicaciones. Silvio se me acercó al oído y dijo: “alguna querida que tiene en la Desembocadura le hizo el sontín para que dejara a la mujer”.

Los días siguientes los dediqué para visitar y despedir el año estrechando manos y dando abrazos a viejos amigos. A una amiga tuve que gritarle para que abriera el portón de zinc. Luego de saludarla me hizo pasar a su casa y vi cosas tiradas, desacomodadas en la sala: vasos, platos, fotos, muebles, ropa de uso personal y de cama. Al ver mi cara de sorpresa dijo sonriente: “estoy aprovechando que no está mi mamá, estoy botando chunches viejos y hago limpia antes que termine el año”. Recordé las palabras de otra amiga que hacía referencia a la mamá de mi amiga: “mi mamá no nos dejaba visitar esa casa, decía que allí la mujer se dedicaba a hacer cochinadas”.

Visité a mis familiares en el cementerio de El Bluff e hice un recorrido por varias tumbas de familias de antaño y recientes. “Ahora se roban hasta la tierra de las tumbas; las preferidas son de aquellas personas que la gente considera que hacían brujerías”, dijo el Bena. “Desde chavalo recuerdo que al Mexicano lo consideraban brujo, no por su barba colgándole hasta el pecho ni por sus largas uñas, sino porque él alardeaba de sus poderes sobrenaturales. No podía morir, pasó varias semanas en agonía, daba gritos espantosos que se escuchaban hasta la Booth por las noches y una manada de perros que tenía aullaba lamentándose alrededor de su casa. La familia no soportó su agonía y lo trasladaron a uno de los cuartitos que había hecho en el patio para alquilárselo a la Casimira y otras misquitas, te acordás de la Casimira, ¿verdad?”, agregó.

Los tres días que visité El Bluff me bañe, me lavé y me confesé con mi vieja playa. Fueron tres días de sol, luminosos, con una brisa leve que espantó los jejenes y con un oleaje que permitía nadar en sus azules aguas; también ellas se limpiaban al depositar algas a lo largo de la costa. La espiritualidad y paz que encuentro en esa playa me recordó el susurró de Wilson, mi amigo.

El último día regresé en una caponera hasta el muelle de las pangas y allí me encontré a viejos amigos del puerto. Mientras esperaba la salida de la panga hacia Bluefields conversé con ellos; al tocar el tema de la extrema pobreza en que se encuentran, abandonados y sin esperanzas, uno de ellos, el Chaparro de cabello canoso dijo: “todos las fuckin gobiernas, después de la Somoza, no poder hacer nada bueno, ni pesca, ni petróleo, ni marina, nada, sólo babosadas… y nosotros aquí casi muriendo como si desde Managua nos hacer un gran brujería”.

“También tu mamá creía en brujerías. Decía que a vos nada podía enloquecerte porque te había dado una cura que consiguió en Kakabila”, dijo ella cuando regresé del viaje y le conté lo de Wilson, mi amigo. “Nunca se imaginó que este sontín chontaleño te volvería loco”, agregó con su mirada complaciente.


Martes, 13 de enero de 2015

martes, 6 de enero de 2015

CON SU CARGAMENTO PARA LA CIUDAD



Sale
loco de contento con su cargamento
para la ciudad, para la ciudad.
Lleva
en su pensamiento todo un mundo lleno
de felicidad, Ay, de felicidad.

Piensa remediar su situación
del hogar que es toda su ilusión. Sí.
Y alegre,
el jibarito va, pensando así
diciendo así, cantando así por el camino:
"Si yo vendo la carga, mi Dios querido,
un traje a mi viejita voy a comprar."

Y alegre
también su yegua va
al presentir que aquel cantar
es todo un himno de alegría.
Y en eso le sorprende la luz del DÍA.
Y llegan al mercado de la ciudad.

Pasa
la mañana entera sin que nadie quiera
su carga comprar, ay, su carga comprar.
Todo,
todo esta desierto, y el pueblo esta lleno
de necesidad, ay, de necesidad.

Se oye este lamento por doquier
de mi desdichada Borinquen. Sí.
Y triste,
el jibarito va pensando así,
diciendo así, llorando así por el camino:
"¿Qué será de Borinquen mi dios querido?
¿Qué será de mis hijos y de mi hogar?"

Oh Borinquen!
La tierra del Edén,
la que al cantar, el gran Gautier
llamo la perla de los mares.
Ahora que tu te mueres con tus pesares,
déjame que te cante yo también.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

DESPEDIDA DEL AÑO 2014 AL MEDIODÍA (Con tonada del Ave María del Ángelus)


Son las doce del día y no puedo terminar este año sin despedirme y brindarles mis deseos para el año 2015.

Este año que finaliza ha sido genial. Incursioné en el mundo de la fotografía y he captado con mis cámaras varios momentos espectaculares, inolvidables, únicos. La libertad, la autonomía, la independencia y los deseos de vivir la vida intensamente, sin cadenas que esclavizan, me han permitido hacerte parte de muchos de ellos.

He seguido escribiendo tal como hoy lo hago. Al revisar me doy cuenta que he compartido con ustedes un total de 65 escritos, incluyendo vídeos, poemas y fotografías. Han sido 5.4 publicaciones en promedio por mes en mi blog, tu blog Sueños del Caribe.

La dicha y felicidad me ha acompañado dándome la vida nuevos nietos, María Fernanda, mi nieta menor y espero cosechar más, muchos más. Francisco se volvió a casar, Kalinga lo hechizó con sus dones norteños y Aster logró, luego de dejar de beber guaro, construir su casa, además de graduarse en la Universidad.

De la salud no me quejo, dejé de fumar. Pero hay dolor y debo convivir con él, y cuando a ella algo le duele, le doy su sobadita, nos damos nuestra sobadita.

Hay amigos y amigas que se han ido, se me han adelantado. Ellos y ellas, Martín Bermúdez, Juanita Allen, Juan Ramón Acosta y otros, siempre estarán a mi lado, no los ignoro, están conmigo. Me despedí de San Martín, Filmore McDonalds Banks, en su casa, en su cama, en su lecho de agonía: “San Martín, soy yo, Ronald Hill, el catracho, tu compañero de equipo, al que siempre salías corriendo a relevarlo cuando no encontraba el plato, el que fue testigo de tus hazañas como uno de los mejores pícheres de El Bluff y Bluefields”, le dije al oído. Inmediatamente abrió los ojos, balbuceó, parpadeó y le apreté la mano. “Te reconoció”, dijo su hermano, John Banks.

Sigo extrañando, y por eso busco y lo seguiré haciendo, a las amistades de por vida, el aroma caribeño, el sabor a coco y lo salobre del mar, pero no me quejo del verdor del trópico húmedo del que me enamoré por segunda vez. La gente trabajadora, solidaria y cristiana, además de sus paisajes, es el tesoro más grande que tiene Nueva Guinea y, como siempre lo he hecho, seguiré estando al lado de este pueblo trabajador que se merece un futuro mejor, futuro que ha construido con las uñas frente a la adversidad y que se prepara para celebrar los 50 años de su fundación el próximo 5 de marzo del 2015.

El resto es rutina, decepciones, desencantos y planes sin cumplir que los seres humanos siempre retomamos y seguimos luchando por hacerlos realidad. Por ellos, por esos sueños es que seguimos respirando cada mañana al levantarnos, deseo que a todos y todas se les hagan realidad en el 2015. Deseo que los problemas cotidianos no se conviertan en barreras insuperables en su caminar, les deseo salud, mucha salud, paz y armonía en su alrededor. ¡Feliz 2015!

lunes, 22 de diciembre de 2014

BAILE DE SOMBRAS



Ella dibujó su alma en mi cuerpo con la pintura roja de su lápiz labial durante la noche, y al amanecer, se despidió desde la puerta número dos del aeropuerto sembrado de estatuas negras.

Tengo planes, planes para los dos, dijo con sus frágiles brazos sobre mi pecho y sus largas piernas adheridas a las mías, tratando de posponer el momento inevitable.

Las cosas van a cambiar, agregó susurrando mi mejilla con su aliento rosa, puede suceder en cualquier lugar pero... no te imaginas como quisiera verte en Bilwi, caminar de tu mano en el muelle con nuestras sombras bailando al ritmo del oleaje del mar Caribe, compartir la isla solitaria que tengo escondida con vos, mirar el brillo de la luna en tus ojos cuando se levanta sobre la bahía de Bluefields, bailarte al ritmo de tambores garífunas en la grama de Orinoco y manchar el cielo azul con la intensidad de nuestras pasiones.

Me di cuenta que todo era un consuelo, que después de morir en sus brazos, de transitar entre la muerte y la vida a su lado, ella descubrió el dolor que sentía por su partida. Y por eso le dije que me arrepentía de haber llegado tarde a su vida, esa vida de mujer intuitiva y con convicción, libre y alegre, con deseos de vivirla intensamente para mantenerse reluciente y jovial a sus casi treinta años, casi por cumplirlos. Si yo pudiera… dije y selló con su mano mi boca. Tus sueños son los míos, no compliquemos el inicio de algo que estoy segura sucederá, agregó y se levanto de la cama.

El trayecto al aeropuerto fue vacío e interminable como las calles trasnochadas de Managua, sólo nuestras manos se encontraban aferradas unas a la otra. Cuando salí del taxi para abrir la puerta, la vi bajar con el brillo de libertad que descubrí al conocerla y me sentí dichoso de ser parte de su vida.

Avanzó sobre la alfombra gris de los pesares, nos vemos el próximo año murmuró desde la distancia y con sus manos dijo adiós, borrando las huellas de lo que ahora es parte de mi pasado.

jueves, 18 de diciembre de 2014

UNA MANCHA DE TROMPOS



Nos juntábamos siempre para jugar hasta aburrirnos, disfrutábamos los diferentes juegos de temporadas: una mancha de trompos, haciendo piso y “revoluta” en el juego de chibolas, elevando barriletes y cometas desde la plazoleta del parque de la loma, aprovechando los vientos de noviembre y diciembre para mandar telegramas al cielo con nuestros deseos, hasta las carreras de bicicletas en el tramo de carretera entre el muelle de la Texaco y el comedor de las Chinitas. Siempre éramos los mismos: Kalilita, el Tanquecito, el Guerri, el Sapo, Richard, Alonso, la Melá, Martín, el Cabe, el Flaco y el Zorro Juan.

Para las manchas muchos preferían los trompos de Masaya, hechos de  guayacán con puyones gruesos, pero eran caros porque los pintaban con dibujitos. Otros con su ingenio infantil fabricaban los propios. Richard y Alonso Allen los hacían de la rama de un árbol de Guayaba con grosor medio; con un machete filoso daban los primeros cortes para que tomara forma, luego con un cuchillo hasta moldearle la cabeza y, cuando adquiría el tamaño deseado, lo raspaban con un pedazo de vidrio hasta que quedaran lisos sus contornos al tacto de la mano que posteriormente sacaría pecho a la hora de jugarlo en una mancha. El puyón, el arma destructiva, era el elemento más preciado, además del tamaño y peso del trompo.

    ¿Por qué le quitas el puyón si está nuevo? —le pregunté a Kalilita al verlo sentado en las gradas de su casa, tratando de sacarle el puyón a un trompo de Masaya con un alicate.
    Para la hora de los secos, vas a ver cómo voy a desguazarlos —respondió sin dejar de hacer fuerza, sin dejar de girar el alicate hasta sacarlo.

El mejor puyón era hecho con clavos de acero; con una lima triangular se afilaba la punta del clavo de dos pulgadas, se clavaba en la punta del trompo hasta que quedaban expuestos dos centímetros, luego se le cortaba la cabeza y se afilaba nuevamente hasta que la punta quedaba como la de una aguja. Los primeros bailes del trompo eran de prueba, si no estaba  sedita, si quedaba tatarata, se le daban varios toquecitos con el martillo para ajustarlo y volvía a afilarse.

Vi a Kalilita dar media vuelta sobre su propio eje al tirar el trompo para bailarlo, ese eje de chaparro que lo mantiene adherido al suelo con fuerza y con la suerte de vencer a la muerte en varias ocasiones. Lo recuerdo petrificado, mostrando su perfil izquierdo, su pelo negro chirizo parado como espinas de erizo de mar, sosteniendo la manila de nylon adherida por un nudo al dedo medio de su mano derecha que se movía al vaivén del ritmo de su entusiasmo.

    ¡Te quedó sedita! — dije al ver al trompo bailar en el suelo, en un sólo punto, cerca de su casa, bajo la sombra de los árboles de almendro plantados frente a la agencia aduanera de don Joaquín Bustamante.

Se agachó apurado al pie del trompo, deslizó la palma de su mano derecha con los dedos índice y medio abiertos entre el brillante puyón, mientras que con la izquierda sostenía la manila y con el dedo índice le dio un empujoncito al trompo atrayéndolo hacia la palma de su mano. Su cara brillaba de alegría, el trompo giraba campante en la palma de su mano.

    Está listo para la mancha —dijo.

Frente a la casa de doña Carmelita, al lado derecho del andén, propiamente al dar la vuelta por la esquina de la casa de Miss Lilian, frente al muelle de los guardacostas y el mar azul sobre la playa de El Tortuguero, nos juntábamos a jugar la mancha de trompos. Todos llevaban los trompos ocultos en la bolsa de sus pantalones y, luego de acordar el número de secos que recibiría el trompo del perdedor, se trazaba un círculo en el suelo con un palo y se ponía una moneda en el centro. Ese punto era la mancha y, una vez definido, salían de las bolsas los destructivos trompos con sus relucientes puyones de distintos tamaños y grosores.

Luego de una bailadita de calentamiento, se definía el número de secos que recibiría el trompo del perdedor y comenzaba la tiradera de trompos sobre la mancha. El que dejaba su marca más lejana debía poner su trompo en “la cama”, es decir dentro del centro del círculo, y comenzaban a llover los puyazos de los otros trompos que lo arreaban por todo el patio de doña Carmelita hasta llegar a la “recha”, el límite establecido para la arreada. Si uno de los jugadores fallaba, el dueño del “encamado” lo levantaba y hacia una cruz con el puyón para que el pifiado pusiera su trompo. En ese tirar y poner se regresaba al círculo y el trompo que entraba se hacía merecedor del número de secos acordados.

En ese momento los jugadores amarraban el trompo con la misma cuerda de lanzarlo dándole varias vueltas a la cabeza con uno de los extremos y con el otro al puyón, de tal manera que quedara balanceado para dar los secos. El perdedor se quedaba calladito, sin decir nada, solamente observando.

    Le voy a dar con cariño —dijo Kalilita, volviendo a ver al Guerri.

Se puso de cuclillas frente al trompo del Guerri, con su mano derecha sostenía los dos extremos de la cuerda y con la izquierda su trompo, calculando la distancia y el movimiento pendular para dar los secos. Uno, dos, tres secos y no pudo desguazar el trompo, solamente dejó los cráteres hechos por el puyón. Se levantó, se acercó al andén y le dio tres pasadas al puyón sobre el borde de concreto hecho a base de piedra azul.

    ¡Así no vamos!, gritó el Guerri.
    El que pierde tiene que aguantar —respondió Kalilita sin que ninguno de los otros jugadores protestara.

Volvió a su posición de verdugo, medio escarbó en el suelo y acomodó con delicadeza el trompo del Guerri. “Crack” se escuchó cuando dio el cuarto seco y el lado derecho del trompo voló hacia un lado. Miró hacia arriba buscando los ojos del Guerri y, con la velocidad de su mirada maliciosa, dio el seco de muerte partiéndolo en dos tucos.

Unos días después visité a Kalilita para pedirle que le pusiera a mi trompo un puyón de los que él usaba para desguazarlos. Lo hizo con pericia y mientras me enseñaba a dar los secos en un trompo viejo, con el impulso y la pifiada, el puyón terminó incrustado en el musculo braquiradial de mi brazo izquierdo. Me regaló un poco de guaro lija del que vendían en su casa para que me echara en el hueco y no se me infestara.

Cuando tengo la dicha de encontrarme con ellos, con el Cabe, el Tanquecito, el Sapo y la Melá, es tema obligado conversar sobre esos tiempos de chavalos; para revivirlos, para que no se me olviden, siempre aprovecho cualquier ocasión para contarlo y que recuerden esos tiempos felices que vivimos en el puerto.


Martes, 16 de diciembre de 2014