miércoles, 30 de agosto de 2023

UN BAILE EN LA CANTINA DE MISS LILIAN




George Downs se levantó de la silla y caminó por el pasillo en dirección al corredor. Desde allí observa el andén del puerto. Varios chavalos juegan sus trompos frente a la escuelita de doña Carmelita. En el muelle de los guardacostas, varios guardias, colgados y sentados en una tarima de madera, pintan el costado izquierdo del G7.

Aparta la vista porque el resplandor del sol en el techo de la aduana le incomoda y camina hacia el puente semi colgante de madera que une la cantina de Miss Lilian con el andén. Se detiene en el centro y dirige la mirada hacia la izquierda, en dirección a la venta de Toño Real y doña Estercita. Varios transeúntes se cruzan en su ir y venir, unos van hacia el lado de la cantina de Miss Pet, buscando al sector de la iglesia católica, y otros hacia las oficinas de la aduana. George da pasos hasta el andén, escudriñando un poco más allá de la venta de Toño Real. Es la segunda vez que deja la mesa que ha ocupado.

La gente que circula por el andén lo observa con cierto grado de interrogación. Va vestido de pantalón vaquero color azul, camisa manga corta de botones, abiertos en la parte superior, mostrando un poco el pecho y calza zapatos mocasines color café. El cabello rizado lo lleva bastante corto, sus ojos son de color café oscuro y sobre sus labios gruesos sobresale un bigote fino. Es un hombre de edad treintañera, de altura mediana y robusto. Les brinda una sonrisa, una muestra de que es capaz de establecer lazos amistosos rápidamente.

Regresa al salón de la cantina y ocupa su lugar. A su izquierda, tres mesas están ocupadas por otros clientes que beben cervezas y ron.

—No te preocupes —dice Shirley—. No tarda, Jessica aseguró que vendría antes de las cuatro de la tarde y siempre cumple lo que dice.

—Eso espero —dice George —. Llevo varios días pensando en este encuentro.

George apura un trago de cerveza y lo saborea con el aroma de flores caribeñas que Shirley deja en el ambiente. Escucha la música de la roconola que ameniza el salón con canciones seleccionadas por los clientes a cambio de una moneda de veinticinco centavos. Son piezas musicales de moda, boleros, salsa y cumbias que alegran el ambiente.

Suspira tras el trago y recuerda el día que la conoció en la ciudad de Bluefields. Los ojos verdes de Jessica lo impactaron y, al voltearse para verla, su figura alta y delgada con cintura en forma de A, moviéndose como las olas en un vaivén ondulante, provocaron que la siguiera en la distancia. En todos los mares navegados, puertos y ciudades visitadas como marino mercante, jamás vio a una mujer tan espectacular.

Cautivado por su elegancia, sigue sus pasos hasta un punto donde bajan de la acera para cruzar la calle y visitar la tienda de William Woo. Con una maniobra galante y veloz, George se adelanta, baja a la calle y, colocándose frente a ellas, extiende su mano. Es Shirley la que corresponde. Ansioso espera tomar la mano de Jessica y, al hacerlo, la ternura de aquella mujer que lo mira sorprendida, lo cautiva.

—Señoritas, mi nombre es George Downs —. Aun sostiene a Jessica y ella no hace ningún intento por desprenderse de su robusta mano.

—Gracias, caballero, usted es muy amable —dice Shirley. George continúa sosteniendo a Jessica, pero Shirley la toma del brazo y ella, con delicadez, retira la mano.

—No las había visto en la ciudad —dice George.

—Vivimos en el puerto de El Bluff, pero somos de Corn Island —responde Shirley.

 —Oh, de verás. Corn Island es la isla que más me gusta —responde con su mirada concentrada de Jessica.

—Somos primas —dice Jessica. Su voz entró por los oídos de George como una canción celestial provocando la liberación de las neuronas del amor en su cerebro.

—Lo siento mucho, pero estamos un poco apresuradas —dice Shirley —. Debemos hacer compras de los encargos de nuestras tías y tomar una panga para cruzar la bahía. Quizás puedas visitarnos —concluye, apretándose contra el cuerpo de Jessica.

—Serás bienvenido —dice Jessica. Ambas giraron para cruzar la calle de asfalto y, al ritmo de sus pasos, George nota que ella vuelve su mirada para ratificar que lo hiciera.

—Avísanos —dice Shirley —. Vivimos en casa de nuestras tías, Miss Pet y Miss Lilian. Allí estaremos.

George sale de si mismo y observa que Shirley atiende amenamente a otros clientes que están en mesas ubicadas a su costado derecho. A su izquierda está el amplió pasillo que se prolonga desde la entrada principal hasta el acceso al bar. Una escalinata baja al tambo de la casa desde el pie de la puerta. La brisa del mar proveniente de la playa de El Tortuguero irrumpe por la puerta y la ventana posterior, brindando frescura al salón y a la habitación que Miss Lilian y Mr. Herrera, su marido, comparten.

Los hombres de la mesa adyacente a la ventana ríen a carcajadas y Shirley les regala sonrisas y coquetea al atenderlos. Un hombre flaco, alto y de pelo cortado al ras del cráneo, que junto a otros dos clientes ocupan una mesa cercana a la puerta principal, insiste en bailar con ella, y lo acepta. Es parte de su trabajo, ameniza con su belleza exótica el ambiente de la cantina. Desde que lo hace, el negocio progresa con clientes que buscan amenidad en el puerto.

George se abre camino entre el hombre flaco y Shirley porque danzan en el espacio del pasillo. Camina hacia el corredor y nota que tres chavalos ocupan una de las bancas; observan entusiasmados los movimientos de Shirley. Los transeúntes también se han detenido para observarla. Con sus movimientos y pasos, hace temblar el piso de madera de la casa unida por el puente semi colgante al andén. George sonríe y vuelve la mirada hacia su izquierda, quizás divisa a Jessica. Mira su reloj de pulsera y han transcurrido cinco minutos después de las cuatro de la tarde.

Dos horas antes, abordó una panga en el muelle de la punta de Old Bank. Su panguero, Yarey, lo espera en ella. Comenzó a trabajar como marino mercante a la edad de 18 años, ahorrando lo suficiente para invertir en bienes raíces en la próspera ciudad. Lleva una vida holgada, le gustan las aventuras, pero ahora piensa constantemente es Jessica, la mujer que lo ha sorprendido y entrado estrepitosamente en sus sueños desde el día que la vio en las calles de la ciudad.

De regreso a la mesa escucha a Shirley.

—¡Querida! ¡Estás preciosa!

George levanta la mirada y Jessica se revela en el umbral de la puerta del salón. Lleva puesto un vestido floreado que muestra la línea de sus pechos, está ajustado a su cintura y termina por arriba de sus rodillas. Calza zapatos de tacón. Se levanta de la mesa y la espera con ansias, al ritmo de los latidos acelerados de su corazón. Shirley ha dejado de bailar con el hombre flaco, la recibe con un abrazo y roce de mejillas, y la guía hacia George.

—¡Estás bellísima! —dice George —. Está sorprendido, maravillado ante tanta belleza que no sabe cómo responder por segundos hasta que toma su mano atrayéndola hacia él y besa su mejilla. Inhala su aroma profundamente y sus ojos brillan.

—¡Oh, muchas gracias! —responde Jessica emocionada. Se ve maravillosa, el vestido que lleva puesto expone sus piernas morenas color canela, largas, torneadas y tonificadas.  

Los hombres que ocupan las mesas están expectantes. Jessica los ha dejado en silencio, con vasos y cervezas en sus manos. Las risas y carcajadas abandonaron el salón y la música suena para ellos como si se hubiese pausado, lenta y distante, con el sonido en segundo plano.

Los chavalos sentados en las bancas del corredor se han girado para ver a las hermosas mujeres y muestran sus pequeñas cabezas en el rectángulo iluminado de la ventana.

George le brinda una silla de la mesa que ocupa y Jessica lo acompaña. Shirley los atiende y le sirve ron con coca cola, su bebida preferida, mientras que a George otra cerveza. Se aleja hacia la barra, pero los clientes la demandan, quieren verla bailar y accede a sus deseos.

—Ven Jessica, ven, acompañe a bailar —dice Shirley acercándose a la mesa y tomándola de la mano. —Tú también George, ven con nosotras, bailemos.

Shirley y Jessica se apoderan del salón y George las acompaña.

La morena de ojos verdes, figura alta y delgada, con vestido floreado y piernas largas, camina hacia el centro del salón con un movimiento decidido. George sigue maravillado porque, a pesar de notar un brillo travieso en sus ojos, se siente algo nervioso.

Ella es Jessica, dijo Shirley, saludando en dirección a la hermosa mujer con asombro y respeto a partes iguales.

Con su postura erguida y seria, parecía que estaba ahí para enseñar a caminar elegantemente con libros en la cabeza. La mirada en sus ojos decía claramente que estaba dispuesta a bailar como si de una vedette de cabaré se tratara.

—¿Estás listo? Será mejor que estés listo —dijo Shirley. Observaba a George que admiraba maravillado a Jessica. Los clientes de las diferentes mesas estaban en silencio, admirando a las hermosas mujeres.

La exuberancia de ambas acaparaba la atención, al igual que la asombrosa apariencia y poderosa autoridad en el cuerpo largo y delgado de Jessica que sugería que podía convertirse en instructora de baile en cualquier momento.

En la roconola sonaba la música estridente y comenzó a balancear sus caderas al ritmo de ella.

—¡Vas a aprender a bailar salsa! —gritó Jessica dirigiéndose a George, levantando un brazo delgado. George estaba en otro mundo, un mundo de ensueños y me movía lentamente. Esto no se le escapó a Jessica. Lo agarró del brazo. —Yo conduciré —añadió, como si tuviera alguna duda.

—Uno, dos, uno-dos-tres —dijo, mostrando el ritmo de la música con las rodillas.

A pesar de su naturaleza torpe, bajo su mano sorprendentemente firme, el cuerpo de George mostró una inteligencia cinética que no sabía que tenía. En cuestión de minutos, hasta los más corpulentos y flacos de entre los clientes se acercaban a Shirley, quién acompañaba el ritmo de Jessica, balanceándose, sin vergüenza, al ritmo de la salsa vivificante.

—¡Oh, lo tienes ahora! —ella gritó. Y por un momento, George sintió como si lo tuviera, si eso significaba controlar su cuerpo de una manera completamente nueva.

Las hermosas mujeres transformaron el salón en un espacio festivo, lleno de alegría por sus movimientos sensuales al ritmo de salsa. Los clientes de las mesas lo disfrutan, se levantan con pasos entusiastas a seleccionar canciones bailables en la roconola para que la fiesta continuara.

Luego de bailar varias piezas con Jessica e intercambiando con Shirley otras, George regresa a su mesa a tomar varios tragos de cerveza debido a que se siente un poco agotado, con el corazón acelerado por los movimientos de su cuerpo al ritmo de salsa. Desde allí observa a Jessica.  

Desde el andén, los transeúntes se han apiñado para ver bailar a las mujeres, varias parejas están expectantes y otras cruzan el puente semi colgante para unirse al baile, al igual que otros hombres que han llegado del lado del muelle de la aduana, subiendo las veinticinco gradas que culminan frente a la casa de don Octavio Gómez y doña Juana Angulo. Tapalwás, al escuchar la música y ver desde allí el aglomeramiento de gente frente a la cantina, camina en dirección a ella para saciar su curiosidad. Victoriano, Masayita y el africano, con sus semblantes etílicos, lo esperan sentados en las gradas de acceso a la casa de don Octavio.

Ahora la cantina se ha convertido en una gran pista de baile y los clientes han tenido que apartar las mesas, pegarlas a la pared del salón y contiguo a las ventanas. George se siente eufórico, la mujer que lo ha hipnotizado es la reina del salón, sus movimientos sensuales llaman la atención de los clientes, los recién incorporados y de los aglomerados en la entrada al puente. George se levanta y regresa a bailar con Jessica. La toma de la cintura y una fuerza de atracción poderosa lo domina a tal grado que la suelta para verla bailar a un par de metros de distancia. Es la mujer más bella que he visto, se dice George.

—¡Me encanta bailar contigo, George! —dice Jessica moviendo sus piernas y cintura con la mirada fija en él.

—¡Y a mí contigo, mi amor!

De repente, un hombre borracho, el flaco que estaba sentado en la mesa adyacente a la ventana, se acerca a Jessica y la agarra bruscamente del brazo.

—¡Vamos, nena, baila conmigo! —dice el flaco con voz pastosa.

Jessica se siente incómoda y trata de soltarse, pero el hombre aprieta su agarre.

—¡Suéltame! No quiero bailar contigo —grita Jessica con voz firme.

George se interpone.

—¡Oye, suéltala!

El flaco, enojado, empuja a George con violencia. George no duda en responder y se enfrenta al flaco, mientras otros hombres en el bar se dan cuenta de la situación y se acercan para ver qué está sucediendo.

HOMBRE 1 (gritando)

—¡Vamos, flaco, déjalo en paz!

HOMBRE 2 (apoyando al flaco)

—¡Déjenlos en paz! Esto no es asunto de ustedes.

La situación se intensifica rápidamente, con algunos hombres tomando partido por George y otros por el flaco. Pronto, la confrontación se convierte en una pelea caótica, con golpes y empujones por todas partes.

George lucha valientemente para proteger a Jessica, pero se ve abrumado por la cantidad de hombres que lo rodean. Jessica, asustada, trata de mantenerse cerca de él y protegerse, pero algunos hombres intentan agredirla también.

En medio del caos, Shirley corre en busca de Mr. Herrera, el marido de Miss Lilian, quien se encuentra en la habitación e interviene con un bate en sus manos, tratando de calmar la situación. George toma el bate y comienza a apartar a los agresores, muchos de ellos huyen después de recibir varios golpes en las piernas y brazos.

George y Jessica, exhaustos y con rasguños, se miran el uno al otro con alivio. Se abrazan, agradecidos de que la pesadilla haya terminado. Algunos clientes del bar los miran con una actitud agresora. Mr. Herrera, protegiendo a Shirley, le dice a George que esos hombres que ha golpeado son vengativos y que lo mejor que puede hacer es dejar la cantina.

—Son guardias vestidos de civil —dice Shirley. Regresarán porque han ido en busca de otros. Debes irte, George.

—Son ellos los que han comenzado la pelea —contesta George. Ha tomado de la mano a Jessica y ella se aferra a su cintura.

—Cariño, salgamos de aquí, iré donde consideres que estaremos seguros —dice Jessica acariciándole el rostro enrojecido.

George se muestra indeciso por unos segundos, pero reacciona tomando con fuerzas la mano de Jessica y camina hacia la puerta de acceso. Ve el gentío en el andén. Cruzan el puente semi colgante y, al salir al andén, la gente le abre paso. Comienzan a correr en dirección a la casa de doña Juana Angulo, al pasar, ve en el corredor a los hombres que están tomando ron, vuelve la mirada hacia el sector del cuartel y observa a varios guardias de uniforme que inician la subida de las veinticinco gradas. Le dice a Jessica que se quite los zapatos de tacón. Por unos segundos se detienen, ella se los quita y corren de prisa, pasan la casa de doña Luisa Sandino que los observa desde el corredor, cruzan el andén de acceso a la entrada a la aduana, las gradas que llevan al parque de la loma y siguen corriendo en dirección a la bajada del muelle de las pangas. Han llegado al parquecito ubicado frente a la casa de los Allen y desde allí George regresa la mirada.

Los persiguen cinco guardias con fusiles en mano que acompañan al hombre flaco que comenzó los disturbios en la cantina de Miss Lilian.

¡Yarey! ¡Yarey! —grita George en dirección al muelle de las pangas. Jessica, a su lado, está agotada y se detienen por unos instantes al bajar las primeras gradas y acceder al área de descanso.

—¡De prisa! ¡De prisa! ¡Enciende el motor!

Yarey se encontraba conversando con otros pangueros en ese sector del muelle y como un delfín entre las aguas entró velozmente en la panga y de un jalón de la correa encendió el motor fuera de borda.

George sostiene a Jessica mientras aborda la panga. Suelta las amarras mientras Yarey la empuja alejándola del muelle. Acelera el motor y maniobra para adentrarse en la corriente que busca su salida al mar. George se ha sentado al lado de Jessica. Vuelven la mirada y ven a los guardias con el flaco en el borde del muelle.

—¡Oh, cariño! Eres valiente —susurra en el oído de George.

—Cariño, conmigo siempre estarás segura.

Jessica descansa en los brazos de George y lo besa con dulzura. George la abraza y, lleno de seguridad, la besa con pasión.

—Mi amor, te amo Jessica, te amo —.

El sol cae entre la isla de Miss Lillian y su compañera, la isla chiquita. Más allá, las olas revientan en la línea de playa de la isla de el Venado. El cielo se cubre de color miel y chocolate, irradiando las olas que la panga corta a su paso en dirección a Bluefields.

A lo lejos, más allá de Half Way Cay, unas lucecitas comienzan a parpadear al irrumpir la noche en el refugio que George tiene preparado para su amada.

 

Julio y agosto, 2023.

Foto propia: Llegando a Bluefields.


martes, 22 de agosto de 2023

AMANECER LLUVIOSO

 


En Nueva Guinea, al amanecer lluvioso,

las luces parpadean, un cuadro silencioso.

El café de palo, compartido con el guarda amigo,

historias de lluvia, tejidas como abrigo.

 

En casas aún durmiendo, sin notar la canción,

la lluvia danza en techos, su dulce bendición.

Enamorados bajo el zinc, susurros en la piel,

goteo de amor intenso, secreto del amanecer.

 

Una mujer en su finca, fogón que despierta,

café y desayuno, su labor que alerta.

Pescadores en el mar, en busca de su pan,

bajo un cielo gris, trazan su propio plan.

 

Dichosos con la lluvia, un tesoro en el corazón,

mientras en otros lugares, el fuego quema sin razón.

Camiones lecheros avanzan, luces que se desvanecen,

La charla con el guarda cesa, en el sendero se mece.

 

Aquí en Nueva Guinea, la lluvia cuenta su relato,

un poema de vida y sensible retrato.

Con las palabras se crearon este rincón,

donde la lluvia y el alma encuentran su canción.

 

22 de agosto de 2023

Foto propia: colibrí en la lluvia.

miércoles, 16 de agosto de 2023

¡OH, CABALLO!

 

Va al paso con sus patas voladas,

en sincronía producen un sonido

metálico con los cascos

al patear el adoquín.

Va paso a paso, bailando,

cabeceando en alerta con alegría.

Ella lo domina, sujeta la rienda

y da toques con las espuelas

cual caricias en el costado.

 

Es una maravilla,

animal dominado,

fuerza retenida por una simple rienda,

energía que se libera en los pasos,

con los que baila al marchar,

izquierda, derecha y al frente,

jala la rienda, cambia el paso

y retrocede al mismo son.

 

Ella lo sostiene, acariciando su crin,

le da fuerzas, marca sus pasos,

hace que baile a su placer.

Veo sus largas piernas embotadas,

sus manos enguantadas,

su rostro protegido por un sombrero,

sus caderas abiertas al lomo

y sus pechos en danza.

 

Caballo de paso,

caballo amaestrado,

caballo mimado,

caballo que bailas con ella

sobre tu lomo, a su placer.

Vas elegante ante el mirar

del gentío apretujado

en las calles de la ciudad.

 

Y por un minuto soy vos,

veo un panorama festivo,

dejándome conducir por ella,

apoderándose totalmente de mí,

voy con ella, a su ritmo.

¡Que maravilla, caballo!

el apretar de sus piernas,

el retoque de sus manos,

el aroma de su cuerpo al respirar.

 

¡Oh, caballo!

Ella me lleva a un lugar especial,

con  golpecitos de fusta me hace bailar,

desnuda y eriza mi piel,

y bailo y relincho con ella encima,

atrás, adelante, hacia un lado

y hacia el otro, arriba y abajo.

¡Oh, caballo!

Ella es experta en potros

marca el paso, domina y retiene,

llevándome gustosa por los

caminos placenteros del éxtasis.  

 

¡Oh, caballo! ¡Que dicha, que felicidad!

 

Agosto 2023

Foto: Internet.

martes, 8 de agosto de 2023

EN NOMBRE DEL HAMBRE

 


Después de visitar a la terapeuta

con sesión prolongada de acupuntura,

en el camino de regreso a casa,

toco mi cuello adolorido y digo.

 

Todo estará bien, gracias vida.

Hay acosadores en la oficina,

te exprimen el cerebro, te sacan hasta lo último,

siempre pidiendo sonrientes un favorcito.

 

Son ordenes enmascaradas,

solicitudes desmedidas.

Lo superaré, solamente debo aguantar,

mantenerme activo y cumplir.

 

Pienso en sus madres, mujeres inocentes,

que dieron luz a todos ellos, a esos nombres.

¿Los lastimó algún día?

¿Sus padres los golpeaban?

 

Y la luz del día brilla en la ventana.

El amor es una maravilla, una bendición.

En la despensa hay comida

La veo de pie en la puerta.

 

Su mirada dice ahora todo estará bien.

La ira desaparecerá como la lluvia.

Trago el último bocado,

sintiendo como roza mi corazón.

 

Voy de regreso al trabajo, siempre hay hambre.

 

 

07/08/2023

Foto Propia: luz en la ventana.

domingo, 23 de julio de 2023

FRAGMENTOS Y ASTILLAS

 


Eres singular. Ensayas tu ausencia.

¿Ves la luz? ¿escuchas el ruido? ¿sientes el calor del sol?

 ¿Lo conectas con el día?

Te mueves en la oscuridad, entre fragmentos y astillas.

 

Trato de esperar esos momentos,

incluso cuando se escapan: un gesto de alegría.

Érase una vez no más,

pero vuelves al caer.

 

Somos cada segundo y cada día.

He mirado profundamente a los ojos de hombres y mujeres.

Y temía eso, no hacemos contacto.

El espacio entre nosotros nunca existió.

 

Ya no sé qué pensar.

Sobre la muerte. Que está en alerta.

Acerca de ti. Un deseo desde las ruinas de la memoria.

Porque sí, tú, hacías latir mi corazón,

irregularmente como el tuyo, hasta apagarlo..

 

Dejó de latir, se disiparon los deseos.

Vuelve a tu vida, a los fragmentos y astillas,

a tu memoria que divaga entre las ruinas

de  noches largas y sombrías.

 

14/07/2023

Foto: Líneas, de Sergio Orozco Carazo

jueves, 6 de julio de 2023

GLOSAS SOBRE EL LIBRO "EL GÉNESIS DE NUEVA GUINEA"

 

En la tarde del 24 de junio del 2023 se presentó en el Restaurante La Colina, ciudad de Nueva Guinea, Región Autónoma de la Costa Caribe Sur nicaragüense, el libro “El Génesis de Nueva Guinea”.

Esta obra es de la autoría de Ronald Hill Álvarez, licenciado en Zootecnia por la Universidad Centroamericana de Nicaragua (UCA), destacado en la dirección y gerencia de diversos programas y proyectos como activo profesional y ciudadano radicado desde hace más de 30 años en la localidad a la que con este escrito rinde tributo.

Se trata de un libro de cubierta blanda de papel sulfito emplasticado a todo color en la cual aparece el legendario Cerro Brujo de fondo. Teniendo en la portada el nombre del autor y el título de la obra, y en la contraportada una reseña biográfica del autor firmada por el licenciado Hilario Amador Sánchez.

Y en el interior del texto, además de la dedicatoria y las referencias que hace el autor a los suscriptores de honor y seguidores de su Blog “Sueños del Caribe”, de inmediato aparece una excepcional presentación escrita por el reconocido intelectual y académico Guillermo Rothschuh Villanueva en la cual pone en el acto al lector en el contexto histórico, geográfico y estilístico de la obra.

Luego el autor entra en acción mediante el prefacio para indicar cómo, cuándo y por qué llegó a Nueva Guinea, el pueblo que ahora lo ha inspirado para escribir este libro. Acto seguido el autor muestra al lector una caracterización cultural y sociodemográfica con el epígrafe “Los neoguineanos” que es el gentilicio de la población de la localidad sujeto de este compendio.

Después de estos elementos introductorios el autor divide el libro en tres secciones, denominándolas:

 Una historia reciente”, en la cual, y siguiendo el estilo de la crónica periodística matizada con diálogos que se derivan de entrevistas y encuentros amistosos sostenidos con autores directos de la historia de Nueva Guinea, el autor expone la historia que abarca desde el primer día (1 de marzo de 1965) en que 17 jefes de familia procedentes de distintas partes de Nicaragua entraron a los agrestes parajes donde fundarían una colonia agrícola que luego, desde el 8 de noviembre de 1981 en que se declaró como tal, vendría a ser el más próspero de los 153 municipios de Nicaragua.

Testimonios después de la guerra”, en la que se recoge la expresión oral y vital de quienes fueron víctimas directas del impacto de la guerra sufrida en los 80 (del recién ido siglo XX) en Nueva Guinea y sus alrededores.

Nueva Guinea y su gente” en la que, mediante la crónica, reseñas biográficas, reportes periodísticos y hasta alusiones anecdóticas el autor retrata a la gente de a pie que día con día forja la historia de un pueblo que vibra, vive y siente. Y se pasa así revista sobre personajes que reflejan la vulnerabilidad de la psique humana como fue la dolorosa experiencia de Abraham Sánchez, de la solidaridad sin límite como la manifestada hacia Nueva Guinea por el alemán Sigfrid Erwin Ruthing, el tesón por el trabajo honrado como lo reflejan el colono Efraín Martínez Fonseca, la leñadora doña Jacoba, la horneadora Elisa Martínez, la chef Juanita Betancourt, el diversificador agrícola Pedro Figueroa Cruz, los técnicos en electrónica Daniel Meneses y Martín Palacios, el carretonero Reynaldo Jirón, y los personajes colectivos y anónimos que se retratan bajo los títulos ¡Adiós cuñadito” y “Las lavadoras de raíces y tubérculos”. Se consigna también en esta sección del libro una crónica del que ha sido el único que en Nueva Guinea ha obtenido el premio mayor de la Lotería Nacional de Nicaragua. Y no podía faltar, como para completar el cuadro humano de quienes habitan en esta localidad, el padecimiento a causa de la Diabetes que sufre el otrora ágil beisbolista y creativo ebanista Julio César Amador Henríquez, quien al momento del encuentro con el autor de la obra que comentamos ya había perdido parte de su miembro inferior derecho. 

Así, Ronald Hill Álvarez plasma el desenvolvimiento humano de la gente de esta parte del país en las 153 páginas que conforman su libro “El Génesis de Nueva Guinea”, con un lenguaje libre de rebuscamientos lingüísticos, diáfano e inteligible; apto para lectores avezados, así como para principiantes. Por lo que su lectura es inexcusable tanto para quienes busquen conocer los orígenes de esta parte del Caribe Nicaragüense como para quienes cursan los primeros pasos de la educación formal.

De momento este libro puede hallarse en las principales librerías de Nueva Guinea, y en particular contactándose con Aster Hill al teléfono 8922-5212 quien indica cómo obtenerlo. Adquirirlo no solamente será útil para deleitarse en su lectura, sino para saber hacia dónde va la gente de estos lares partiendo de saber quiénes son, dónde están y de dónde vienen. Y como dice un amigo por ahí: “¡Sea buen nicaragüense, consuma lo que el país produce!”

 

Richard Wilson A.

24/6/23

sábado, 17 de junio de 2023

SINFONÍA DE PENAS Y ALEGRÍAS

 


En los pliegues del tiempo y el pesar,

se desliza el dolor de un ser amado,

un suspiro que el alma ha dejado,

y en el corazón una herida deja al pasar.

 

El reloj implacable avanza sin cesar,

como un sanador que cura las heridas,

con su andar, cicatriza las vidas,

mientras las memorias se van a difuminar.

 

Pero el tiempo también deja su rastro,

en nuestras caras y en nuestras miradas,

fisuras que narran historias pasadas,

reflejos de experiencias, de un pasado ya gastado.

 

La nostalgia se adueña de nuestras almas,

con el peso de los años en nuestros hombros,

valorando cada instante como un tesoro,

anhelando volver a aquellos días sin calma.

 

Extrañamos la calidez de nuestros padres,

la sabiduría de los abuelos añoramos,

buscando en nuestra memoria los ramos,

de momentos perdidos en los que no hay huidas.

 

Y en el ocaso de nuestras vidas, la soledad,

nos susurra al oído en cada noche solitaria,

acompañante silenciosa, compañera solitaria,

en el crepúsculo final, única verdad.

 

Pero aún en la tristeza que nos envuelve,

encontramos belleza en las pequeñas cosas,

un rayo de luz que la oscuridad disipa,

y en la melancolía, el corazón se resuelve.

 

La vida es una sinfonía de penas y alegrías,

donde el tiempo nos moldea con su paso fugaz,

y aunque duelan las ausencias, siempre hay paz,

en cada instante, en cada latido, en cada pena.


17 de junio de 2023

Foto: Trazados 7, Sergio Orozco Carazo.


jueves, 18 de mayo de 2023

CAMINAR Y DIVAGAR

 


En ocasiones cuando empiezo a caminar

mis pensamientos comienzan a divagar.

Después de un rato de andar, divagando,

los identifico y trato de atraparlos,

se desenrollan, en sentido anárquico,

por aquí, por allá, unos se escapan, no vuelven,

de tanto divagar con ellos.

Aparecen y atrapo los que más deseo.

 

A los humanos nos pasa casi siempre lo mismo,

es parte de nuestra naturaleza, es una nube blanca

circulando por nuestra mente que provoca

sutileza, suavidad, exquisitez,

que tratamos de mostrar a otros,

los colores de nuestros hilos intentando

que se den cuenta.

 

Aquí en este lugar,

en este momento, que voy caminando,

divagando, veo sus movimientos,

escucho su voz, la de todo el día,

afuera y dentro de mi cabeza, esa voz que

acompaña mis pensamientos, sentimientos, emociones,

su sonrisa gira con las nubes y

busco sus canciones preferidas.


Entre acordes está su voz

tarareando la canción,

y desenrolla mis pensamientos,

cual hilo expuesto de un tapiz,

unos van y otros vienen como un simple arroyo

que avanza alegre con las primeras lluvias de mayo

hasta salir de mi divagar por los caminos

que recorro y me llevan hasta el río.

 

18 de mayo de 2023

Foto propia.