viernes, 27 de junio de 2014

MI PAJARITO, MI NIÑA, MI AMOR


Este #phonepost lo escribo porque es el cumpleaños de Emiljamary, mi hija. Te acordás de mi escrito donde les compartí mis deseos, y los de mi mujer, por tener una niña después de tres varones. Si no lo leíste podes hacerlo aquí “¡es una niña, una niña!”,  espero que te guste.

Como nació el día de la Virgen del Perpetuo Socorro, mi mujer le puso Socorro por segundo nombre. Sus amigas, al visitarla en la casa con ella tiernita, le decían que le pusiera Socorro. Pero ella ya tenía desde meses atrás listo el nombre que le iba a poner, si nacía mujer como te cuento en ¡es una niña, una niña!

Y nació una niña bella, bellísima: mi pajarito, mi niña, mi amor: Emiljamary. Su nombre es producto de la conjugación de las primeras letras de los nombres de tres mujeres poderosas: la mía, Emilce (Emil), mi cuñada, la hermana de Emilce, Janeth (Ja) y mi suegra, María (Mary).

Acaba de venir, está aquí conmigo y Erick Jamil nos ha tomado la foto que te estoy compartiendo.  Daniela me está enseñando las notas de sus tareas y Emilce está preparándonos el almuerzo por su cumpleaños. No le he comprado regalo todavía pero luego lo hago. 


martes, 10 de junio de 2014

“PARA MÍ LA SEQUÍA NO ES PROBLEMA”


Si la mayoría de los pequeños y medianos ganaderos de Nicaragua invirtieran en la mejora de las condiciones de su finca en cuanto a la alimentación del ganado se refiere, los índices productivos y reproductivos del hato nacional se elevarían, tendrían mayor seguridad frente a  elementos externos que no pueden controlar como la sequía prolongada que se da por el fenómeno del niño, se reduciría la presión sobre las áreas boscosas, es decir que se frenaría el avance de la frontera agrícola, y cada vez serían menos los conflictos sangrientos por la tierra en territorios indígenas del Caribe.

El señor Alfredo Hidalgo Mejía, ganadero de Nueva Guinea, ha mejorado progresivamente las condiciones de su finca para garantizar la alimentación necesaria de su hato conformado por 60 cabezas e implementar un sistema de manejo semi-estabulado. Ha invertido en una galera, comederos, pastos mejorados, cultivo de caña de azúcar, pastos de corte, picadora y un trapiche para producir melaza que emplea en la alimentación del ganado. Es un proceso que ha venido desarrollando desde hace varios años y ahora considera que no tiene problema con la alimentación del ganado.

“Hay que prepararse porque aquí toda la gente tiene pasto Retana, si queremos tener un animalito hay que prepararse. Es caro pero el gusto es tener estos animalitos. Para mí la sequía no es problema”, dice Hidalgo con seguridad. “El agua se ha escaseado pero siempre tengo agua”, agrega.

Ahora su problema es la mano de obra porque no encuentra trabajadores. “La gente no quiere trabajar, quiere ganar bastante pero no quiere trabajar. Un ratito viene uno, un ratito viene otro”, señala.

Al igual que Alfredo existen en el país otros ganaderos que hacen la diferencia, pero la inmensa mayoría de ellos dependen del obsoleto sistema de producción extensivo. Sus inversiones se concentran en tierras y ganado “cholenco” sin ninguna mejora tecnológica. Por ello la ganadería del país tiene bajos índices productivos y reproductivos, y junto a los depredadores ambientales —los invasores de tierras indígenas y los madereros—, sigue siendo considerada enemiga del medio ambiente.

Aquí les dejo este vídeo donde el productor nos explica sus logros.

viernes, 6 de junio de 2014

LAS CASAS MÁS VIEJAS DE NUEVA GUINEA

Antigua casa de Donald Ríos.
Las primeras casas que construyeron los fundadores de Nueva Guinea eran de techo de suita y paredes de guarumo: cortaban el árbol, lo rajaban en dos tapas y con las piezas orientadas verticalmente las forraban.

A partir de 1968, el IAN instaló un aserrío en la actual zona 2, propiamente donde se ubica la escuela “Mauricio Cajina”, para sacar la madera necesaria de las casas, escuela y puesto de salud.

“El aserrador era José Ángel Mendoza y los interesados, que éramos todos, ayudábamos a halar y empujar las tucas para sacar las piezas de madera necesarias para hacer las casas”, recuerda Donald Ríos Obando, fundador de Nueva Guinea. “Pero lo primero que construimos fue la escuela en el terreno donde ahora es el parque central, un puesto de salud donde está la alcaldía municipal, y la casa del telégrafo, pegada al lado de la alcaldía”, agrega Donald.

El IAN estableció un modelo de casa que medía 7 x 10 metros, con un pequeño alero en la parte posterior destinado a la cocina y techo de nicalit. La parte interna tenía cuatro divisiones para habitaciones y una sala.

El área destinada para construir todas las casas en la entonces colonia de Nueva Guinea fue de un kilometro cuadrado. “De esa esquina de allí donde está el PALI se trazaron cinco cuadras al sur y cinco al norte, para luego hacer el trazo de diez cuadras al oeste que posteriormente fueron dividas en cinco para diferenciar las zonas del actual casco urbano”, dice Donald Ríos señalando el edificio.   

“El IAN contrató a dos carpinteros que eran los maestros de obras. Uno de ellos era Alejandro Herrera, un tipo bajito, moreno y laborioso, el otro un señor de apellido Villavicencio. Ellos llegaban al terreno de uno que al inicio era de una hectárea, pero luego de hacer los trazos de las calles quedó de una manzana completita. Marcaban donde iba a quedar la casa, siempre distante a unos 6 metros de donde iban la calles, y le daban las instrucciones al carpintero conforme al modelo”, recuerda Donald.

Todos trabajaban en la construcción de las casas, se organizaban grupos de trabajo que funcionaban bajo la lógica de la “mano vuelta”, es decir, todos ayudaban a construir la casa de cada miembro del grupo. “El grupo mío lo formamos Marcos Alvir, Cristóbal Mercado, José Báez, Arturo Montalván, mi tío Humberto Ríos, Natividad Ibarra y Trinidad Paguaga. Éramos amigos, casi todos norteños. Así se formaban los otros grupos, por origen o afinidad entre sus miembros. La primer casa que hicimos fue la de Natividad, vieras la cara de doña Chana (Feliciana) Cardoza, su esposa, cuando la vio terminada, le brillaba de felicidad”, recuerda Donald.

Casa que fue de Simón Hernández
Le solicité a Donald que me mostrara las casas de esos tiempos que aún quedan en la ciudad de Nueva Guinea y con gusto lo hizo. Luego de visitar tres de ellas llegamos a la que era de don Simón Hernández, ubicada en la zona 3, de la iglesia de la Profecía cuadra y media al este, frente a la antigua pista de aterrizaje. Allí florecieron sus recuerdos:

“Don Simón Hernández era de Carazo, de una comarca llamada Dulce Nombre. Era un hombre gordito, moreno y de pelo chirizo,  tenía cicatrices por todos lados, en la cara y en los brazos. Era muy amigable, hablador y tirador. Le gustaba el trago que en ese entonces era prohibido pero él se lo daba a hacer a un señor chele, gato que vivía propiamente en el “tope” donde el rio La Guinea, mal llamado La Verbena, se une con el rio Plata. Yo estaba chavalo, tenía unos 22 años y con Toño Báez, Cesar Báez y Lolo Palma aquí veníamos porque teníamos segura la cususa.

La esposa de Simón, doña Julia Dávila, era atentísima. Desde que nos miraba allá abajo que veníamos para acá, le gritaba a Simón “allá vienen los muchachos” y nos atendía de maravilla para que probáramos las carnes de los animales que él cazaba. Comíamos bien, nos daba chancho de monte, venado, guardatinaja, pavones, indio viejo, nacatamales, mondongo y cabeza de chancho en pozol. Aquí pasábamos horas y cuando anochecía jugábamos desmoche alumbrados por candiles. Desde aquí, como es alto, teníamos una buena vista sobre toda la pista.

En ese tiempo el guaro era reprimido, pero el joven siempre lo busca. Como era prohibido, don Manuel Pérez, apodado “el burro” como el camión de gasolina que tenía, vendía de todo, incluso guaro. Nosotros comprábamos las cosas que necesitábamos en una cooperativa que formamos, pero los que no eran afiliados le compraban a él. Para que la guardia no lo molestara por la venta del guaro se fue a poner su venta al lado del mojón donde pasaba el carril cero, allá por donde es ahora la barrera, porque allí no regía la prohibición. Cuando se nos acababa la cususa, montados iban a comprar el litro de santa Cecilia, la del piquito rojo”.

    ¿Y tenés fotos de esos tiempos? — le pregunté.
    Nunca pensé cómo iba a ser esto. No, no tengo. Muchas cosas se me han olvidado —respondió Donald.

Seguimos visitando otras casas viejas. Al despedirnos quedamos en que continuaríamos platicando para recuperar viejos recuerdos antes de que se le olviden.

Hijos de Francisco Ríos 

Casa de Corina Obando.

Don Bernabé Morales Moran en su casa.


Casa que fue de Catalino Artola












martes, 27 de mayo de 2014

EL NEGOCIO MÁS LUCRATIVO DE NUEVA GUINEA

El negocio más lucrativo de Nueva Guinea no es el cultivo de café robusta, ni de piña MD2, ni de frijoles, ni quequisque y yuca. Ni las pulperías ni las grandes distribuidoras que obtienen altísimos márgenes de ganancia con la venta de sus productos se equiparan con los  servicios sanitarios ubicados en el mercado municipal.

Son miles de personas que los utilizan diariamente. A razón de C$ 5.00 por cliente —no importa si solamente vas a orinar, eso tenés que pagar— obtienen un ingreso promedio mensual de 300,000.00 córdobas. Sus costos se resumen en personal (2), papel higiénico porque cuando pagas te dan un pedacito que tienen listo, materiales de limpieza (creolina, detergente, escobas, etc.) y pago por la succión de los sedimentos depositados por los nuevoguineenses (de comarcas, colonias y del casco urbano que demandan el servicio) cuando se llenan las fosas sépticas a una pipa que posteriormente los arroja donde se le antoja contaminando el entorno.

Es altamente lucrativo y por ello muchos se pelean para obtener la concesión del gobierno local y operarlos.

jueves, 22 de mayo de 2014

¡AAAYYY HIJO DE PU... !


Ay hijo de pu....! es lo que grité anoche varias veces cuando don Chon me apretó el ojo del pie para sobarme. Una cosa es que te lo diga, pero si te has caído y doblado el ojo de pie, estoy seguro que sabes bien lo intenso que es ese dolor. 

Fue una caída babosa, pendeja, como caída de viejo: repentina, inesperada a tal grado que estuve en el suelo más de dos minutos preguntándome que me había sucedido hasta que el dolor ardiente del raspón en la rodilla derecha me saco del trance y un amigo corrió hacia mí a levantarme. Al poner el pie en el piso, hermana, hermano, imagínate la intensidad del dolor. Trastabillé al apoyarme y tratar de caminar. Me vi el ojo del pie y noté la hinchazón.

Caí boca abajo con el pecho en suelo. Me di cuenta que las llaves que cargaba habían volado por los aires y comencé a buscarlas pero desistí por el dolor. Me senté y vi como crecía la hinchazón. “Tiene que buscar quien lo sobe”, me dijo la Jammy, la muchacha que me ayuda en la cocina. “Tiene que ser ya, ahorita que está caliente”, insistió y luego de pasarle un gel contra el dolor me dio una sobadita que no resistí.

Dos horas después me encontraba en la zona seis, en la casa de don Chon, el sobador. “Siéntese allí”, me dijo señalando una silla de plástico doble. “Esa es la silla de los lamentos”, le dije y me senté. Hermanita, hermanito, ya ni recuerdo lo que le dije, pero un señor que pasó por aquí hace ratito me dijo: “Anoche casi llora cuando lo sobaba don Chon”. La verdad es que no aguantaba, le decía que ya no siguiera, que hoy podía volver a sobarme, que me estaba haciendo verga, que me iba a dejar peor, ¡hijo de puta!, ¡ya, ya, yaaaa! Luego regresé y me puse cataplasmas de hojas de mango hervidas.

Hoy me amaneció morado. Puedo caminar renqueando, pero de hoy en adelante voy a estar pendiente de mis pasos, porque contándotelo recuerdo que fue por las luces de un carro que entraba por el portón las que provocaron que me apresurara para dar el paso falso que terminó en una zanjita a la orilla del andén. Es un esguince, así le dicen los que me han visto y una amiga que le conté lo sucedido me dijo: "Ustedes los hombres son llorones, nada aguantan, que tal si parieran ...". Ni modo pues, a estar quieto por unos días. 


martes, 13 de mayo de 2014

NATURALEZA

Flor de Achiote

Flor de grama de playa


Flor de Caña Fístula

Orquídea de Río Plata

Atardecer en verano

Anochecer en verano

Ronald Hill A.
12/05/2014

jueves, 8 de mayo de 2014

LA EXPECTATIVA DE JUAN

Nehemías tomó la palabra y el auditorio quedó en silencio. El personal de los proyectos de Nueva Guinea y Kukra Hill, unas veinte personas, se acomodaron en sus pupitres para iniciar el curso sobre Planificación Sistémica. El día anterior, los de Nueva Guinea viajaron por tierra a El Rama y luego en panga hasta llegar a Pearl Lagoon, donde se reunieron por la noche para compartir al ritmo de guitarras y canciones creole en un bar ubicado sobre las aguas de la laguna. Ambos equipos de trabajo se llevaban bien y no desperdiciaban ocasión para intercambiar sobre su accionar en beneficio de las familias empobrecidas.
           
Nehemías lo había notado, lo expresó a la hora del desayuno. Ahora, caminando en semicírculos con su camisa manga larga color celeste y pantalón negro de paletones, en el fondo del auditorio del entonces CIEETS explicaba los objetivos del curso. “Ha sido diseñado para mejorar los niveles de planificación y gestión de cada uno de ustedes en su ámbito de trabajo”, dijo eufórico, sosteniendo en su mano izquierda unas tarjetas de apuntes multicolores y gesticulando como orador de mil batallas con su mano derecha.
           
Lo observaba desde la entrada al auditorio, yo estaba casi pegado a la pared, cerca de las gradas de acceso y la puerta principal. Los rayos de luz mañanera entraban por las ventanas del lado lateral derecho y lo iluminaban como reflectores a un actor en el escenario. La brisa cálida en colusión con la luz impregnó el ambiente con el denso aroma de almendros caribeños florecidos y Nehemías se notó falto de respiración por unos instantes hasta que lanzó una pregunta a los presentes. “¿Cuáles son sus expectativas del curso?” Todos quedaron en silencio, se miraban entre ellos sin responder. ¿Alguien puede decirme qué es una expectativa?, volvió a preguntar. Tras unos segundos de silencio, Juan levantó la mano. “Yo les puedo contar algo sobre las expectativas”, dijo y caminó hacia el frente hasta quedar al lado de Nehemías, quien lo observaba de lado, levantando la cabeza. “Explíquele al grupo”, le dijo.
           
“Les voy a contar, es algo que me sucedió hace ya muchos años cuando era un joven inocente”, dijo Juan sonriendo frente al grupo que lo escuchaba atento. “Fue durante un viaje que hicimos en el Instituto Cristóbal Colón a la isla de San Andrés para desarrollar un intercambio deportivo y cultural. Viajamos de noche en dos de los guardacostas que están en El Bluff. Al llegar nos alojaron, a hombres y mujeres, en una escuela,  acomodamos los colchones que nos dieron a los lados de las paredes de un aula. El primer día jugó el equipo femenino de volibol y allí la vi por primera vez, como todavía recuerdo: alta, pelo corto, delgada, con cinturita fina y piernas largas. Era la rematadora principal del equipo. La había visto en Bluefields, sabía dónde vivía, quiénes eran sus padres y hermanos, pero fue en San Andrés donde me iluminó como chispazo de quiebra plata en cuarto oscuro”.

“La primera noche que pasamos en esa escuela me fijé con lujo de detalles en el punto en que ella dormía, casi de frente a mí, al otro lado del aula, pasando todo el espacio vacío entre nosotros. A ambos lados de ella dormían dos de sus amigas. Al día siguiente jugué con mi equipo de basquetbol y ganamos con diez puntos de diferencia, a pesar de que el juez estaba en contra nuestra. Luego de jugar me fui directo a la cancha donde ella jugaba y, al terminar el juego que ganaron, me uní a su grupo de amigas y amigos para pasar el resto del día visitando Spratt Bay y la cueva de Morgan”.

    ¿Y la expectativa? —preguntó Nehemías mirando seriamente al grupo.
    A eso voy —respondió Juan y siguió su relato.

“Me hechizó, no podía separarme de ella ni dejar de verla en ese short cortito, ni apartar por un instante mi mirada de la cintura y sus piernas largas. La miraba y me correspondida de reojo con el pestañar de sus ojos gatos, esmeraldas como las aguas de la isla. Por la noche, luego de tender el colchón y ponerme un short y camiseta para dormir, tomé la decisión de trasladarme a su lado una vez que apagaron las luces. Hice los cálculos necesarios y media hora después que la oscuridad se apoderó del salón me comencé a mover como gato hacia ella. Cuando abandoné el colchón sentí un escalofrío que me subió por las rodillas pasando mi espalda hasta llegarme al cerebro, la emoción de sentirme a su lado. Iba en total silencio y escuchaba los latidos de mi corazón como tambores de guerra. Me detuve a la mitad del trayecto por un instante, traté de apartar la oscuridad para verla y me di cuenta que me faltaban cuatro gateadas más para llegar hasta sus pies. Mis manos sudaban, no por el contacto con el piso, sino por la desesperación de acariciar sus piernas.
           
“En la última gateada mi mano izquierda toco su colchón y con la derecha palpé como ciego hasta acariciar la planta de su piecito izquierdo. No reaccionó y me sentí con confianza. Me senté al lado del colchón y acaricié sus tobillos con la mayor ternura del mundo, subiendo suavemente por sus piernas. Ella correspondió mis caricias abriendo las piernas sin dar muestra de desconfianza. Con rapidez me subí al colchón, acomodándome entre sus piernas abiertas y busqué su húmedo sexo con mi mano derecha. Cuando traté de acariciarlo, ¡Dios Mío!, ¡qué susto!, ¡agarre el pene erecto de un hombre! Salí corriendo hacia otro lado”.

Todos nos carcajeamos por varios minutos, Nehemías también. Al notar que lo hacía, Nehemías se puso serio y dijo: “Qué buen ejemplo, esa fue una falsa expectativa”. “Sí, pero me sirvió de lección por muchos años y hasta ahora me atrevo a contarlo”, dijo Juan.
           
Los siguientes dos días se desarrolló con éxito el taller sobre Planificación Sistémica y, tanto los hombres como las mujeres del grupo, siempre consideraban las expectativas de la gente a la hora de elaborar el ejemplo de un plan con varias alternativas de acción. “Ese Juan es fiera”, dijo Nehemías al despedirnos en el muelle de Pearl Lagoon.


Miércoles, 07 de mayo de 2014